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martes, 31 de mayo de 2011

92 puntos


Andrés Pérez | Las temporadas en el Real Madrid nunca son comunes ni rutinarias. En ello ponen especial énfasis todos los medios de comunicación que rodean al club de la capital. Era previsible que este año, tras la contratación de Mourinho, lo que ya de por sí era un circo se elevara a la máxima potencia. Ha sucedido y no ha sido agradable, ni en Madrid ni en Barcelona. En general, se puede calificar la temporada del Madrid como levemente exitosa respecto a la del año anterior —mejora exponencial en las dos competiciones coperas y semejantes resultados en Liga— pero constantemente torpedeada y ensuciada por la marea mediática desatada a su alrededor. Así pues, no es de extrañar que se observe en retrospectiva el año con cierto sabor amargo.

Tras la cierta desazón que produjo la temporada pasada, con Pellegrini al mando, con las recientes incorporaciones de Cristiano Ronaldo, Kaka' y Benzema y la llegada de uno de los mejores entrenadores de la última década, sobrado de carisma y con la aureola de ganador nato que le había llevado a conquistar dos Champions League, varias ligas y varias copas en Portugal, Inglaterra e Italia, el ambiente en Madrid era realmente ilusionante. La llegada de estrellas pujantes como Ozil o Di María y la incorporación de jugadores bastante fiables a priori como Carvalho o el metalúrgico Khedira consiguieron que, en términos genéricos, el Madrid aspirara a competir de igual a igual con el Barcelona. Este último punto serviría de losa para el equipo durante el resto del año.

Nadie recaería por aquel entonces en lo ilusorio de pretender que un equipo recién formado igualara en compenetración y proyección de juego a uno que llevaba casi cinco años gestándose en una misma base de futbolistas —Messi, Puyol, Iniesta, Xavi, Valdés, Abidal—. Comenzó el Madrid precipitado en Mallorca, donde se llevó el primer varapalo de la temporada empatando ante un rival, a priori, asequible. En aquel partido fue titular el también recién adquirido Canales, joven promesa del fútbol español que pareció contar, a principios del curso, con el beneplácito de Mourinho. A Canales le sucedería como a Pedro León: ambos se apagarían el restod el año. La derrota más tarde del Barcelona en casa ante el Hércules y los progresos evidentes del Madrid harían olvidar las dudas iniciales.

El Madrid cogió cuajo. Higuaín seguía en un espléndido estado de forma, Ronaldo también, Ozil se acoplaba a la perfección en la parcela ofensiva, Di María crecía en confianza, Carvalho desprendía carisma y seguridad en el centro de la defensa y Xabi Alonso se erguía definitivamente como el líder nato del conjunto. En Champions apenas tuvo inconvenientes e incluso se permitió el lujo de empatar en San Siro en los compases finales, uno de esos partidos que en los últimos años habría perdido casi con toda probabilidad —sería Pedro León el héroe de la noche, en el único momento feliz de su estancia en el Bernabéu—, y en Liga mantenía con firmeza la primera plaza ejerciendo de equipo autoritario en casa y práctico y resolutivo lejos de ella. Tal era la situación de optimismo creciente en Madrid que, en vísperas del importante partido en el Camp Nou, no eran pocos quienes observaban en el conjunto de Mourinho cierto favoritismo.

Y a partir de ahí, tras el cinco cero demoledor que el Barcelona infligió al equipo blanco, todo lo que durante prácticamente una vuelta había sido un camino esperanzador se tiñó de acidez. Mourinho respondió con el carácter que le caracteriza a las primeras críticas que le vertía cierto sector de la prensa. El partido del Camp Nou dejó entrever ciertas carencias ofensivas del equipo. El Madrid no mezclaba bien, sufría en los partidos y no jugaba particularmente bonito. A pesar de ello terminó la primera vuelta como una centella imponiéndose a Villarreal, Sevilla y Valencia, manteniendo vivas las esperanzas de conquistar aún la Liga. Sucedió, en el último partido de la primera vuelta, que empató en casa de un deshauciado Almería y que, dos jornadas después, perdió en casa de Osasuna, también equipo que luchaba por no descender.

A partir de ahí la Liga pareció un objetivo más lejano —pese a que el Barça empataría más tarde en casa del Sporting—. La clasificación tanto de Madrid como de Barcelona para semifinales de la Champions y la ya por aquel entonces segura final de Copa entre ambos dejó en un segundo plano la competición doméstica para el Madrid. Frente a sí tenía dos títulos bastante lejanos en el tiempo y los debía conseguir frente al Barça. En abril el punto de amargura, ambiente viciado y provocaciones constantes entre uno y otro lado llegaba a su punto álgido y, en tal situación, demostrada en la primera vuelta la inferioridad deportiva del Madrid respecto al Barcelona, ganar tanto la Copa como la Champions eran requisitos indispensables.

Y sucedió que el Madrid ganó la Copa del Rey brillantemente, que previamente había empatado en el Bernabéu y que en Champions no tuvo ninguna opción. En fin, todo aquello había saltado por los aires con la rueda de prensa de Guardiola el día antes del partido de ida en el Bernabéu. Tras el partido de vuelta en el Camp Nou la temporada del Madrid había terminado, no sin un poso ciertamente agrio, resultante de lo acontecido en el ámbito extradeportivo. Algunos aficionados neutrales tenían la sensación de que toda aquella parafernalia creada en el entorno del Madrid y que felizmente secundó el del Barça sólo podía quedar justificada en caso de victoria en la mayor parte de las competiciones. Al no ser así, aquel capítulo resultó bastante ridículo.

La temporada del Madrid no se puede entender sin lo sucedido a su alrededor, especialmente en el mes de abril. Entre otros motivos porque ha servido de punta de lanza de algunos sectores tanto de la afición como del Barcelona —como del periodismo más próximo al Madrid— para exigir la dimisión o la destitución de Mourinho pese a los logros deportivos. Y más allá del ruido creado sobre el club, hay que valorar los resultados deportivos para emitir un juicio de valor medianamente útil a la hora de analizar el futuro del Madrid — lejos de las etéreas e intangibles cualidades de imagen, filosofía y espíritu de club.

En general, el año ha sido bastante positivo en Madrid. A excepción de la Liga, donde ha conseguido cuatro puntos menos que el año pasado, el equipo ha mejorado en todas las competiciones —consiguiendo una que se resistía desde hacía casi veinte años y superando los octavos en otra, algo que no lograba hacía siete años—. Por otro lado, y algo que puede ser incluso más importante, es posible que se haya apostado definitivamente por un proyecto realmente a largo plazo. Mourinho ha llegado para quedarse y a una plantilla espectacular, excelsa y sobrada de talento se le adivinan enormes posibilidades con el poso de un año de toma de contacto y sistemas de juego ya adquiridos. Porque este que llega y no el que abandonamos, será la auténtica prueba de fuego para Mourinho.

Lectura recomendada | Comparativa en Liga entre Madrid y Barcelona (Marca)
En MQF | 96 puntos (temporada 09/10)
Imagen | El País

miércoles, 4 de mayo de 2011

Será el Barça y será en Wembley


Andrés Pérez | Es probable que no exista mejor modo de ejemplificar el poderío del Barcelona frente a cualquier disposición táctica del rival que el gol de Pedro anoche. Cuando el Real Madrid optó en la segunda parte por adelantar agresivamente la línea de presión y buscar ahogar la salida de balón de sus centrales, éstos no tuvieron más remedio que optar por retrasar el balón para Valdés. En cualquier otro equipo esta situación se solventaría con un balonazo indiscriminado que eliminaría la presión rival a cambio de perder la posesión y atenerse a su construcción ofensiva. En el Barça no. Valdés optó por abrir a banda, con un pase largo y medido, rompiendo la línea de presión por alto y lanzando el contraataque de sus compañeros. Alves recibió el regalo, avanzó metros, buscó a Iniesta, éste a Pedro entre líneas y el canario superó a Casillas en el mano a mano. El Madrid había cambiado el planteamiento y no había servido absolutamente de nada porque seguía perdiendo.

Cuando el Madrid, en el Bernabéu, optó por retrasar sus posiciones, agazaparse en torno a la portería de Casillas, juntar líneas, sembrar minas en el centro del campo, permitir correr verticalmente a Piqué, también murió. Así pues no cabe gran reproche a un Madrid digno anoche en la derrota que apuró sus posibilidades ejecutando planteamientos diversos y mostrando una gran versatilidad —ejemplar en muchos aspectos, esencialmente en el comportamiento hercúleo de sus futbolistas—. Todo lo que intentó Mourinho, desde la defensa cerrada hasta la presión adelantada tratando de destruir el oleaje combinativo del Barcelona, sirvió de más bien poco a excepción de ese caso particular, bello, y épico que supone la Copa del Rey, definitivamente la competición más atractiva de todas en las que este año discutieron Real Madrid y Barcelona.

Sorprendió el Madrid, de nuevo, buscando cercenar los puntos de creación del Barcelona en su propio campo. Adelantó varios metros los lugares en los que sus delanteros presionarían —algo semejante a lo que consiguió en la primera parte de Mestalla— y durante diez minutos el Barça tuvo problemas para controlar el balón y superar el campo de obstáculos sincronizados y pegajosos en el que mutaban los jugadores a las órdenes de Mourinho. Pasados diez minutos de encomiable ejercicio físico del Madrid —robando, intentando distribuir, manteniendo durante cierto tiempo la posesión del balón—, el Barcelona comenzó a superar dicha presión y empujó hacia atrás las líneas defensivas del Real Madrid ejecutando su consabido y posesivo plan de dominación del balón. Es una gran virtud la del Barça: imponer su fútbol conociendo su rival de antemano el plan.


De ahí al final de la primera parte el Barcelona fue mejor, llegó más y sólo el desacierto de Pedro y Villa y las providenciales paradas de Casillas impidieron que al descanso la eliminatoria no sólo estuviera finiquitada sino que pudiera sonrojar a la defensa del Madrid, personificada en Albiol, lento, y en Carvalho, hiperactivo, muy hablador y levemente pasado de revoluciones en cada choque. Tras la reanudación la tónica fue muy semejante a la de la primera parte y el Madrid salió gallardo, altivo, apabullante en el plano físico y forzando al Barcelona a sentirse intimidado. Le disputó el balón, lo ganó por momentos y volvió a su primigenia idea de evitar que los centrales del Barcelona obtuvieran líneas de pase mediante las que abastecer a Iniesta y Xavi, piezas de engranaje entre el inicio y el fin, Messi, de todo el fútbol del Barcelona de Guardiola, preciso e infalible como pocas máquinas habidas en la historia del fútbol.

Pese a la actitud ejemplar del Real Madrid durante la segunda parte, ya sin Higuaín, particularmente pasado de peso, de nuevo imperceptible en los momentos claves de la temporada, y sin Kaka', desaparecido para la causa y sustituido por Ozil, mucho más expresivo y vivaz que el brasileño, el Barcelona volvió al primer párrafo de este artículo y con cuatro jugadores y varias yardas desangeladas que recorrer por delante anotó el primer gol del partido. Volvería el Madrid, impulsivo, a recuperar la fe con el gol de Marcelo pero no quedaba demasiado tiempo. De ahí el final el encuentro volvió a los fueros habituales de esta saga de cuatro enfrentamientos: ásperos y duros, pasados por agua para más escarnio del espectáculo. Fue un final muy decidor de todo lo que en un mes han sabido ofrecer ambos equipos. Más bien nada. Entre tanta mediocridad para lo que se esperaba relució Messi. A fin de cuentas el tipo que, en el Bernabéu, hizo posible que hoy un empate le sirviera al Barcelona. Será el Barcelona y será en Wembley, casi veinte años después de que Koeman lograra, con un tanto indeleble, que el Barcelona levantara por primera vez la Copa de Europa. Ya va camino de la cuarta.

Imagen | El País

jueves, 14 de abril de 2011

El Madrid confirma el clásico


Andrés Pérez | Cuatro clásicos en apenas un mes. Ayer el Real Madrid, venciendo en White Hart Lane con sobrada autoridad, certificó las previsiones y habrá una oferta desmesurada de partidos entre Barcelona y Real Madrid. Es un hecho difícilmente repetible. En lo que resta de temporada, los dos equipos se jugarán tres campeonatos. De lo que acontezca en las tres competiciones pueden suceder varias cosas y extraerse numerosas conclusiones. La primera y más evidente es que el Madrid no es el equipo menor que muchos han dibujado durante toda la temporada tras el 5-0 en el Camp Nou. Sigue la estela del mejor Barça de la historia y del, para muchos, mejor equipo de la historia. No es un mérito menor. Y está en condiciones de robarle dos torneos, pese a que la Liga es un premio demasiado ilusorio.

El resto de conclusiones se extraerán en función de los resultados. Si el Barça se impone en todas las competiciones el Madrid habrá creado para entonces un complejo de inferioridad que sólo se borrará con el paso de los años y de los futuros y previsibles títulos madridistas. Entiéndase que el Barça ya ganó todos los torneos en 2009, pero no directamente ante el Madrid en cuatro enfrentamientos directos en un mes. Pese a que las situaciones sean semejantes, al carga emotiva y mediática es mucho mayor. Si el Madrid no es capaz de llevarse ningún título a sus vitrinas el golpe moral puede ser mayúsculo y puede ocultar y ensombrecer la excelente primera temporada de Mourinho en el banquillo.

Suceda lo que suceda es evidente que el Barça es el mejor equipo. Lo es en tanto que se ha impuesto con claridad en el torneo que premia la regularidad, el baremo que mide la verdadera capacidad de un equipo. Esto no oculta, o no debería, que el Madrid ha mejorado sustancialmente respecto al año anterior. Lo demostró anoche ante el Tottenham. Firme en defensa pese a algunas internadas de los delanteros ingleses, controlador en el centro del campo cuando lo necesita y rápido arriba. El Madrid se encuentra habitualmente colapsado si el equipo rival se cierra atrás, pero el paso de los minutos permite entender mejor el funcionamiento del muro que tiene enfrente. Una vez lo ha estudiado y comprendido es ingenioso a la hora de romperlo.


Cuando no, cuando un equipo le juega cara a cara, el Madrid encuentra espacios y Xabi Alonso los aprovecha con sutileza. Arriba esperan Ronaldo, Di María o Benzema al hueco y Adebayor y Ozil al pie. En cualquier situación el Madrid tiende a encontrar recursos y a explotar sus virtudes. Es su principal punto fuerte: la excelente ocupación de espacios y la rentabilidad de sus acciones ofensivas. Ante el Tottenham el Madrid dominó con placer, combinando con suficiencia en la medular y durmiendo el tempo del partido. Al equipo londinense no parecía incomodarle dicha situación puesto que no puso en demasiados apuros al Madrid.

Le sucedió que apenas alcanzó posiciones ofensivas al borde del área. Tan sólo la salida de Kaka' y Benzema espoleó al equipo cerca de las posiciones de Gomes, ya rendido tras cantar estrepitosamente en un disparo de Ronaldo. El Madrid ha pasado a semifinales sin mostrar su previsible mejor nivel y con ciertas carencias en muchos partidos. La competitividad y la firmeza que ha mostrado el equipo y el plus de psicología y capacidad que suele aportar Mourinho deberían contrarrestar en los próximos enfrentamientos sus carencias. Es el único modo que tiene el Madrid de plantar cara con firmeza al Barça. Se presenta un mes apasionante. Disfruten cuanto puedan y traten de mantenerse al margen de las cavernas mediáticas de uno y otro lado.

Imagen | El País

miércoles, 23 de marzo de 2011

El resurgir de Benzema


Andrés Pérez | Sobrevivir al Madrid no es sencillo. Lo sabe bien Benzema, cuya presión mediática ha soportado durante año y medio para luego resurgir de unas cenizas de las que nadie, probablemente ni él mismo, esperaban gran cosa. En el Madrid la ley es rendir. No hay periodo de adaptación, no hay edad que sirva de excusa y, en términos genéricos, no hay lógica que permita comprender la manifiesta incapacidad del club y sus aficionados de ser pacientes. Dicho nerviosismo, acompasado por una presión mediática inigualable en cualquier otro conjunto deportivo, conduce a no pocos futbolistas al ostracismo, sumergidos en la vorágine de rendimiento inmediato y duda eterna que se cierne sobre ellos.

Benzema era uno de tantos. Como Kaka', su fichaje aupó las esperanzas del aficionado la temporada pasada cuando junto a Cristiano Ronaldo conformaban, en apariencia, una tripleta letal en la parcela ofensiva del Madrid. Tanto el brasileño como él no rindieron nunca al nivel previsto y entre lesiones y periodos depresivos transcurrió una temporada antera. Benzema no pudo consigo mismo, con la presión y con Higuaín. El argentino, que también sufrió del mismo mal que el francés en su primer medio año en Madrid, alcanzó su cénit como delantero centro el año anterior formando con Ronaldo una pareja demoledora de cara a portería. El buen estado de Higuaín parecía ir de la mano del declive prematuro de Benzema. Al tiempo que uno subía, el otro bajaba.

Sin solución de continuidad, esta situación se mantuvo al inicio de esta temporada. En lo que supuso una carambola del destino imagino que muy agradecida por Benzema, Higuaín se lesionó de gravedad para los siguientes seis meses. Todos miraron al francés. La oportunidad escondía una segunda lectura: si bien contaría con minutos, de no ser capaz de demostrar su valía estaría desterrado para siempre. No cabía otra opción en la cabeza de nadie, Benzema había de rendir. Lejos de ello, el delantero se mostró parsimonioso y ladino como pocas veces se le recuerda, a pesar de algunos destellos goleadores ante equipos menores como Levante en Copa o Auxerre en el Bernabeú. Sin ser aún decisivo y con un Madrid en crisis psicológica tras la goleada del Camp Nou, Mourinho exigió un delantero. Y llegó Adebayor.

Llegó Adebayor, se lesionó Ronaldo y Benzema, para sorpresa de la gran mayoría, ha resurgido en su posición natural, detrás de un delantero centro. Lleva alrededor de una decena de partidos marcando consecutivamente y ha sido decisivo en la mayoría de encuentros en los que lo ha hecho dado que en muchos de ellos abrió el marcador. Eso se traduce en puntos. El 2011 de Benzema está siendo estelar con actuaciones destacadas ante Racing o Lyon. Es decisivo en Champions y su carrera contra Higuaín, que en pocos días volverá a estar a tono para jugar, se ha decantado imprevisiblemente a su favor. Benzema atesora de nuevo las virtudes que le hicieron fichar por el Madrid. Es el delantero que todos estaban esperando tras salir de un pozo del que nadie ha salido —un saludo para Kaka'—. Es una excelente noticia para Mourinho.

Imagen | El Madridista

miércoles, 9 de junio de 2010

Un repaso a cuatro equipos: Brasil

Andrés Pérez | Cuando Dunga llegó a la seleçao pocos le auguraron un futuro prometedor: al igual que cuando se vestía de corto, su estilo como entrenador distaba del cánon brasileño, alegre, ofensivo, sin rigor táctico, al contrario, Dunga se decantaba por el orden y por la seguridad defensiva, sacrificando la espectacularidad y el talento para mejor ocasión. Imposible, no podía triunfar en Brasil, no debía.

A pesar de no poder o de no deber Dunga ganó la Copa América del 2007 con un equipo de jóvenes valores que no practicó un gran fútbol pero que siempre supo lo que tenía que hacer en el momento en que lo tenía que hacer, en suma, que estaba europeizado, por así decirlo, maniatado por las obsesiones tácticas de su entrenador, obsesiones que no en vano llevó a Brasil a imponerse por encima de Argentina, la favorita, un equipo de ensueño que sí practicaba el fútbol que podía anhelar Brasil.

Un Brasil que no era Brasil se proclamaba así campeón de la Copa América con el siguiente objetivo en el horizonte claro: Sudáfrica 2010. Tras una fase de clasificación sencillamente brillante en la que ha perdido únicamente dos partidos y ha encajado once goles —el rigor táctico de Dunga, la primacía de la defensa sobre el ataque—, Brasil llega a Sudáfrica como la eterna campeona que ha perdido su ADN. Y esto último hay que entenderlo no como una desventaja sino como una virtud o al menos como lo que Dunga entiende por virtud: Brasil no es el equipo virtuoso y más preocupado de gustarse a sí mismo que de ganar, como pudiera serlo en otra década, pero Brasil sigue imponiendo su leyenda y su espíritu de ganador para ser una vez más la gran favorita o una de las más grandes.

A pesar de todo, a pesar de un medio campo irreconocible: Gilberto Silva, Elano, Josué, Ramires, Felipe Melo, Baptista, Kaka' y Kleberson. El talento es sospechoso. Brasil, Dunga y todos sus jugadores se autoconvencieron de que sus posibilidades en el Mundial seguían siendo las mismas aunque ya no se jugara como en otros tiempos el día en que acudieron a Argentina y le mojaron la oreja a la selección de Maradona. Con un partido impecable y frente a un equipo oxidado, viejo, sin ideas, perdido en la mediatización de todo cuanto sucede a su alrededor y alrededor de su entrenador, Luis Fabiano se elevó entre los comunes para dinamitar Buenos Aires.

La canarinha ha quedado encuadrada en el llamado grupo de la muerte, junto a su ex-metrópoli Portugal, Cristiano Ronaldo mediante, Costa de Marfil, veremos si Drogba se recupera, y la débil Corea del Norte. Su cruce es contra el grupo de España, por lo que cabe imaginar un duelo en octavos entre las dos máximas favoritas. En cualquier caso, a Brasil le dará igual. Le dará igual que un equipo europeo intercambie los papeles y se adueñe del que históricamente le corresponde por decreto, por genética: el ADN ganador sigue ahí, y quizá por eso Brasil es más temible ahora que nunca.

Lista de convocados de Brasil:

1) Julio César (Inter de Milán)
2) Maicon (Inter de Milán)
3) Lucio (Inter de Milán)
4) Juan (AS Roma)
5) Felipe Melo (Juventus)
6) Michel Bastos (Olimpyque de Lyon)
7) Elano (Galatasaray)
8) Gilberto Silva (Panathinaikos)
9) Luis Fabiano (Sevilla)
10) Kaká (Real Madrid)
11) Robinho (Santos)
12) Gomes (Tottenham)
13) Daniel Alves (FC Barcelona)
14) Luisão (Benfica)
15) Thiago Silva (AC Milan)
16) Gilberto (Cruzeiro)
17) Josué (Wolfsburgo)
18) Ramires (Benfica)
19) Julio Baptista (AS Roma)
20) Kléberson (Flamengo)
21) Nilmar (Villarreal)
22) Doni (AS Roma)
23) Grafite (Wolfsburgo)

Imagen | Rossoneriblog | Deportes Orange

miércoles, 19 de mayo de 2010

96 puntos

Andrés Pérez | Como es habitual, la normalidad en el Real Madrid no existe. O hay gloria o hay drama, el término medio brilla por su ausencia. A pesar de haber batido el récord de partidos ganados en una Liga de veinte equipos y de haber alcanzado la asombrosa cifra de 96 puntos, no ha sido campeón. Se ha quedado a un mísero punto del Barça. Visto así, su participación en el torneo es inmejorable. Si recordamos que cayó con un Segunda B en la primera ronda de Copa y que el Lyon, un buen equipo pero lejos de la élite europea, le tiró de la Champions, la temporada del Madrid ha sido desastrosa.

Decía que no se puede analizar o que los analistas no tienden a analizar las temporadas o los actos del Madrid de un modo racional. La normalidad es aquel sueño inalcanzable por la imperiosa necesidad de vender periódicos o aumentar la audiencia. La mediatización es tal que allá donde se pregunte habrá dos respuestas posibles: o no somos tan malos, o esto es un desastre; o Pellegrini no es culpable, o Pellegrini ha de marcharse. De ésto último tiene gran parte de culpa Eduardo Inda, del que sobran las palabras por mil y una veces pronunciadas. Sin embargo, y a pesar de lo sacrílego que pueda sonar, la temporada del Madrid ni es perfecta ni es un desastre. Como suele suceder, oscila en un término medio.

Llegó Florentino a le presidencia y desembolsó más de 250 millones de euros para hacer frente al mejor Barça de la historia. La recuperación del Madrid como gran adquisidor de estrellas polarizó un campeonato ya de por sí dividido entre los dos grandes y el resto. Lo que ha sucedido no es ninguna sorpresa: antes de empezar lo que todo el mundo esperaba era esto, dos equipos excesivamente grandes logrando récords inalcanzables para cualquier otro conjunto. Ronaldo, Kaka', Benzema, Albiol, Arbeloa, Granero y Garay. Siete adquisiciones para hacer un equipazo.

El Madrid ha jugado, por momentos, bien. Por momentos lo ha hecho fatídicamente. Hay que entender el contexto de cada situación: normalmente, ha cuajado partidos ofensivamente magníficos frente a equipos alejados de su órbita, esto es, de la parte baja de la tabla; habitualmente, y especialmente en la primera vuelta, se ha visto superado por conjutos de mayor talla. La falta de juego brillante del Madrid no debe ocultar su mérito: ha marcado más goles que nadie, la famosísima pegada. No es el estilo de este Madrid, o no ha sido, el de dominar futbolísticamente al rival, sino, más bien, el de destrozarle en cuanto ha tenido la oportunidad. Sin contemplaciones.

Es un estilo legítimo, pero ha fallado. Ha fallado en los momentos oportunos, en los que definen un campeonato. El Madrid, más allá de sus propios demonios internos, ha sido un conjunto imparable para 18 equipos de Liga. Ha sido regular, ha defendido bien y a pesar de arrastrar carencias notables en el medio campo, ha marcado más de cien goles. Sin embargo cuando tuvo que estar no estuvo: ni en el Camp Nou, ni en el Bernabeú frente al Barça, ni frente al Lyon, ni frente al Alcorcón. Luces, las de una temporada casi perfecta desde el punto de vista numérico; sombras, muy negras, si vamos a los momentos claves, a aquellos que definen una temporada.

No debería volverse loco el Real Madrid, aunque temo que ya lo ha hecho. Pellegrini se irá y considero que es un error: la primera temporada de Riijkard no fue buena, por más brillante segunda vuelta que cuajara. Cae el Madrid de nuevo en el error de pretender imitar al Barça, de pretender obtener seis títulos en un año, en el año de debut de su nuevo y flamante entrenador. Es tarde, Pellegrini está defenestrado. La plantilla necesita de reformas urgentes, pero no sustanciales: un delantero de mayor talla que Higuaín y un tipo que juegue por delante de Xabi Alonso con criterio, además de un extremo.

Obviando al delantero, que podían haber obtenido por cinco millones más el año pasado —Villa, que ahora se va al Barça—, el Madrid tenía lo que necesita: Sneijder y Robben. Se desprendió de ellos, y no está de más recordarles, porque fue el primer y mayor error de Florentino y sus directivos. Ya es tarde. Sin perder la cabeza, porque hay unos cimientos bestiales, el Madrid debería reponerse lejos de los radicalismos. Aunque, en fin, esa ya es la historia de un mundo utópico.

Lectura recomendada | ¿Queremos volver a ser grandes? (Alfonso del Corral en El País)
Imagen | Club Angel Portugués CR | El Espectador

lunes, 1 de marzo de 2010

¿Qué esperaban?

Andrés Pérez | ¿Qué querían? ¿Emoción? ¿Varios equipos pugnando por clamarse el mejor del campeonato? ¿Igualdad de condiciones? Ingenuos. ¿Esperaban que uno de los dos pinchara? No. Esperaban mal. Se equivocan. No saben dónde se menten. Ni Barça ni Madrid fallaron en sus respectivas citas así que los periódicos deportivos tuvieron que ingeniárselas para vender periódicos. Emoción la justa. Si acaso la que aporta el Atlético de Madrid cada vez que se enfrenta a un equipo, tenga el nivel que tenga, da espectáculo. Le tocó al Valencia sufrir la ira de un equipo bipolar.

El Real Madrid se bastó de Higuaín, Ronaldo y Kaka' para pasar por encima de un Tenerife carne de Segunda, o simplemente paradigma del nivel que presenta la Liga Española. El Barça hizo lo propio aunque con más dificultades de las esperadas ante el Málaga. En ésta La Mejor Liga Del Mundo los dos grandes no permiten oportunidades para el resto de conjuntos que componen la tabla. Su nivel es paupérrimo en comparación, excesivamente bajo, notablemente inferior. Nada de lo que sorprenderse, pues.

Las crónicas de cada lunes se repiten en los mismos términos, los clichés invaden las páginas de los periódicos, las mismas caras, los mismos gestos. No existe la variedad y comienza a ser desesperante el dominio a dos manos que Madrid y Barça practican en nuestra Liga, que dista mucho de ser la mejor del mundo. El aburrimiento es soporífero en la parte alta de la tabla. Tan sólo un milagro, un golpe de suerte inoportuno, un enfrentamiento ante un equipo de mayor entidad como el Valencia, el Sevilla o el Atlético quizá, o, simplemente, tan sólo un partido en el Camp Nou y otro en el Bernabeú, decida la Liga. Un ciclo eterno que desespera.

En cualquier caso, si prefieren olvidarse de la lucha por el campeonato, siempre tendrán al Atlético. Decidido defensor de la taquicardia, del caos, del surrealismo futbolístico, se impuso al Valencia en términos que tan sólo caben definirse como esquizofrénicos. Agüero desempató el partido de cabeza, lesionado y sin saltar. Entre tanto, en el otro extremo de la galaxia, el Chelsea palmó ante el Manchester City en casa y en la final de la Carling la Premier demostró como se ha de organizar un evento de semejante enjundia. "La mejor Liga del mundo". Respiren. Rían.

Vía | El País
Imagen | Málaga Sur

martes, 23 de febrero de 2010

"La mejor liga del mundo"

[Ronaldo se salió ante el Villarreal]

Andrés Pérez | Tras la llegada de Ibrahimovic, Kaka' y Ronaldo este verano al Barça y al Madrid nos bombardearon con un lema ya olvidado: "La liga española es la mejor liga del mundo". Y se aceptó como máxima universal a la que no le cabía ninguna duda a pesar de que la realidad distara de semejante axioma, temerario cuanto menos. Creímos que por tener a los mejores jugadores y, probablemente, a los dos equipos más poderosos del planeta lo teníamos todo. Mejor dicho: creían. "La mejor liga del mundo". Esa era la consigna, prohibido discutirlo.

Pues bien, el sábado el Barcelona goleó en uno de los peores partidos de la temporada tras el del Atlético al Racing de Santander. Le endosó cuatro goles. Sin Ibrahimovic. Y todo ello a pesar de practicar un fútbol que, para lo que suele ser el Barça, tiraba a mediocre. Por su parte, el Madrid se dio un festín —y en especial Cristiano Ronaldo, de nuevo demostrando que es el 90% del ataque madridista— a costa de un blandísimo Villarreal, equipo al borde del abismo en la Europa League e inmerso en plena crisis existencial en mitad de la tabla.

Madrid y Barça gobiernan tiránicamente la liga hasta el punto de que nadie espera ya que palmen frente a rivales que no superen la cuarta posición. El interés de la liga se reduce a cuatro partidos, uno arriba uno abajo, a falta de que las últimas jornadas deparen el habitual drama de la lucha por sobrevivir en Primera. ¿Es esa la mejor liga del mundo, como decían? Que cada uno saque sus conclusiones. Pero yo ví el mismo sábado a todo un Everton vapulear al todopoderoso Manchester. ¿Se imaginan al Mallorca dando un baño al Barcelona? La mejor liga del mundo.

Vía | El País, As
Imagen | Marca

miércoles, 17 de febrero de 2010

El Madrid de los últimos años (Olympique Lyon 1 - 0 Real Madrid)

Andrés Pérez | Parece afectarle una negativa afección al Real Madrid cada vez que este año pisa territorio europeo. No ha cuajado un sólo buen partido en Copa de Europa desde que comenzó esta temporada el torneo, todo ello a pesar de los 300 millones de euros que en teoría debían estar destinados, por calidad de las figuras y nostalgia de tiempos pretéritos, a alzarse con el máximo cetro europeo. Nada. Niet. Rien. Cero. El Madrid, una temporada más, camina rumbo al fracaso en la competición. Perdió anoche en Lyon, 1-0, tercera visita al campo del Olympique sin anotar un tanto, tercera derrota consecutiva.

Los porqués son variados pero obedecen a una misma razón: la falta de fluidez en el centro del campo y una posesión inocua a los pies de un equipo que tan sólo sabe jugar por el centro, donde los rivales son más capaces de frenar los geniales impulsos de Ronaldo, auténtico y único baluarte ofensivo regular del Madrid. Las bandas, aquel territorio desconocido desde la marcha del anoche, por ejemplo, muy útil Robben, son ocupadas por mediapuntas como Kaka', centrocampistas de todo tipo de corte como Granero o delanteros que no lo son tal como Higuaín. Terreno inhóspito y de fácil defensa para laterales capaces.

Capaces, claro, no laterales de los equipos de la zona baja de la Liga Española. Tanto Réveillère como Cissokho lo son. Ofuscado Xabi Alonso ante la falta de espacios a lo que reduce el Madrid su fútbol ofensivo, incapaz Ronaldo de hacer frente a toda la defensa, demostrado un día más que Higuaín es un futbolista llanito en partidos de alta gama, el Lyon trabajó rápidamente sus transiciones defensa-ataque para sorprender al Madrid en inferioridad numérica en defensa. Lo consiguió varias veces y de ahí que tirara más a puerta.

Optó por probar en la banda izquierda del Madrid, su lugar más débil, allí donde paseaba Marcelo y donde jugaba al gato y al ratón Gouvou. Pjanic y Delgado se encargaron de lanzar rápidas ofensivas donde el Madrid tenía problemas para recular. Tan sólo el buen hacer de la pareja de centrales y Arbeloa impidió que el Lyon se acercara con mayor peligro a Casillas, quien, a falta de puntería de Lisandro, no tuvo mayor trabajo a lo largo del partido. Caminaba el minuto 30 de la segunda parte y lo poco positivo que ostentaba el Madrid, cierta inquietud que causaba en la defensa del Lyon, lo había perdido.

Un par de azotes de los franceses en forma de balón parado y en estas se llegó a la segunda parte. Con un Madrid perdido, de nuevo, sin fluidez, sin energía, sin saber cómo hacerlo para sobreponerse. Y con un Lyon seguro de sí mismo, menos talentoso pero más inteligente. Un trallazo de Makoun que batió a Casillas, dos contras que pudieron ser más de no ser por Albiol y Garay y un Xabi Alonso inoperante ante la falta de movimientos arriba, punto. El Madrid camina sobre los mismos pecados de otros años a falta de soluciones mejores. La única noticia positiva para el conjunto de Pellegrini es que aún les queda un partido. Nada más.

Vía | As
Imagen | Marca, El País

lunes, 30 de noviembre de 2009

Paradoja (Jornada 12)

Andrés Pérez | Paradójicamente, el Real Madrid perdió el partido que mejor disputó en toda la temporada. Cosas del clásico, de la mística y del rival, supongo. Saltó el Madrid ciertamente ordenado y sabedor de su rol: esperar al Barça con las líneas muy juntas y no tan atrás como el año anterior. Presión axfisiante en medio campo, rápida recuperación y velocidad arriba en ventaja numérica. Lo hizo de maravilla hasta que el fuelle se terminó y Kaka', ciertamente inspirado los primeros veinte minutos, y Ronaldo, peligroso, como siempre, se cansaron. Por cierto, sin noticias de Higuaín, ese maravilloso delantero experto en Valladolid, Xerez, Sporting y demás pero nulo ante Milan, Liverpool o Barça, donde la verdadera talla de un jugador se define. Para cuando el Madrid se hubo cansado, el Barça, que no cuajaba un mal encuentro, se encontraba distraído. Aturdido por el ímpetu del eterno rival. Le costó la primera pate e Ibrahimovic para imponer su ley.

Lo hizo a pase de Alves y de volea, el gigantón sueco, esplendoroso, magnífico, irrepetible, genial, peligrosísimo. Los adjetivos no son suficientes. Un golazo y tres puntos, pero más allá de todo eso, tres puntos justificados frente al mejor Madrid del año. Como digo, el partido podría satisfacer a ambos conjuntos. El Barça no jugó su mejor encuentro pero estuvo sólido atrás y se marcó una buena segunda parte, apagando a un cansado Madrid por momentos; y, lo que es más importante, salió del campo con la certeza de que ni el mejor Madrid del año puede con un día mediocre por su parte. El Madrid tampoco debiera deprimirse. Plantó cara y se mostró como un equipo digno, que ya es bastante más de lo que viene haciendo durante toda la temporada.

Cansados todos, al término del encuentro las cámaras buscaban a Iniesta. No es para menos. Fue el mejor y demostró con argumentos plausibles porqué él puede merecer el balón de oro tanto como Xavi o Messi, aunque esa es ya otra historia. Es uno de los mejores jugadores del planeta y todos deberíamos sentirnos afortunados de poder contar con él en la selección. Sin más. 1-0 para el equipo de Guardiola y liderato, un clásico igualadísimo, precioso y satisfactorio. Sin duda, lo que se podía esperar de ambos conjuntos, algo, como digo, novedoso por la parte que le toca al Madrid, del que desconozco si dado el partido de hoy puede comenzar a levantar vuelo en su ideología futbolísitca.

El resto de la jornada no anduvo exenta de sorpresas. El Málaga resucitó frente al Sevilla y sacó un empate que pudo ser mucho más de no ser por, 1) Luis Fabiano y 2) la mala fortuna. El Valencia, nuevo segundo espada de la competición junto al conjunto hispalense, se dejó dos puntos frente al Mallorca, equipo revelación por méritos propios, en un penalti absurdo de Bruno. Por cierto, cada día me convenzo más: Villa es probablemente el mejor delantero del planeta. Qué capacidad.

Por abajo el Zaragoza demostró que lo pasará mal de aquí al final de temporada tras perder ante Osasuna. Pocas luces y muchas sombras, especialmente en lo concerniente a la actitud y la capacidad goleadora, pero como mínimo hubo algo de fútbol y varios rayos de esperanza de cara al futuro liguero. No mereció perder el Zaragoza ni tampoco ganar, lo cual es muy decidor de su fútbol: gaseoso, bonito cuando se pone pero sin pólvora ni energía. Osasuna se llevó los típicos tres puntos que en mayo salvan del descenso. El Zaragoza aún tendrá que encontrar esos tres puntos, temo. Por cierto, el Atlético ganó a costa del Espanyol y el Villarreal decidió inmolarse ante el Sporting, como el Racing ante el Athletic. El Getafe abusó del Xerez y de verdad que la zona baja de la tabla está interesantísima. Como la lucha por el título.

Resultados | (pincha aquí)

Clasificación | (pincha aquí)

El resumen del clásico |




Vía | YouTube, Marca
Imagen | El Mundo

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Enajenación futbolística

Andrés Pérez | Nunca dejen de sorprenderse. Nunca desesperen en su búsqueda: aún puede haber algo peor que palmar 4-0 en Alcorcón tras haber realizado el mayor desembolso económico de la historia. Es posible caer más en el descrédito y es posible que el espectador siga sin explicarse absolutamente nada, deje de comprender el mundo y, hastiado, decida romper el televisor, porque nada merece ya la pena si un equipo de Segunda B es capaz de superar al Real Madrid en todas las facetas del juego para simplemente perder por un gol y eliminar al gigantón del fútbol español. O, seamos felices optimistas, puede suceder que tras contemplar semejante logro, el espectador en cuestión se reconcilie con la humanidad y descorche su mejor botella de vino para celebrar el milagro de cada día, seguir vivo. Como ven la enajenación que domina mi mente me impide hablar de fútbol. Hablo de la vida. Porque la vida es maravillosa, que diría cierto narrador ya en otro tiempo, y alumbra milagros e historias inverosímiles en cada esquina. Como la del Alcorcón. ¿Locura? Explíquenme ustedes de otra manera lo que ha sucedido en sólo dos partidos.

Como decía, era complejo imaginar un descalabro superior a la derrota... Disculpen, a la goleada histórica que el Madrid recibió de un equipo de barrio asentado con cierta holgura en la Segunda B. Pero he de insistir: jamás dejen de sorprenderse, es la gracia de la vida. Y en estas, el Alcorcón, noble equipo exento de calidad alguna en comparación al Real Madrid de los 250 millones de euros, se plantó en el tupido verde césped del Bernabeú, estadio mítico para la gloria, las remontadas y tantas cosas más. Y fue el Madrid quien osó desafiarle, quien hablaba de épica, noche de remontada, espíritu de Juanito y tantas banalidades más en boca de quien es incapaz de llevarlas a cabo. Y el Alcorcón, ni cortado ni amedrentado, planteó fútbol. Simple y llanamente. Ni bueno ni malo. Fútbol, señores, que es más fácil de lo que parece. Bandas, asociación, ensanchar el campo, cierta presión, orden, colocación, y lo que es más importante, conocimiento de causa. En el conjunto de barrio todos y cada uno de los futbolistas sabían qué tenían que hacer en el campo. Así jugar a este bello deporte es mucho más sencillo.

Qué les voy a contar del Madrid que no sepamos ya. Parece increíble, pero un equipo de Segunda B sabe jugar al fútbol mucho mejor que el segundo clasificado de la Liga Española. No es una cuestión de calidad ni de belleza estética. Repetimos: es una cuestión de orden y conocimiento. En el Madrid el orden es inexistente en todas sus líneas y el conocimiento brilla por su ausencia, como Kaka', como Raúl, como el inoperante Gago, como Higuaín, ese maravilloso jugador, como tantos otros que osaron enfrentarse al Alcorcón en la ida. Sin concierto alguno, únicamente Van der Vaart con un disparo lejano acertó a maquillar el ridículo, si es que a tamaño horror le cabe disimulo. El Bernabeú finalizó el partido aplaudiendo al Alcorcón y toreando a su propio Madrid: se llegaron a escuchar olés. ¿Hablar de fútbol, del sistema del Madrid, de las consecuencias y de las posibles soluciones? Venga ya. Una noche como esta merece hablar de todo menos de fútbol. Y en esto también descubrimos la magia de tan encantador entretenimiento.

P.D.

En otro orden de asuntos, el Zaragoza debió decidir que el gol no es su jurisdicción y empató a cero frente al colista de Primera División, huelga decirlo, el Málaga. Málaga que salió de su propio campo, habiendo logrado la clasificación, pitado y abucheado. Según Carrusel Deportivo la segunda parte fue un asedio constante del Zaragoza. Bien, si saben jugar, tocan con holgura, tienen conocimiento de causa que decíamos antes, pero mientras la defensa mantenga el mismo nivel de mediocridad y ningún delantero asome para perforar porterías rivales mantendremos la incertidumbre hasta el final. Yo no desespero. Equipo hay. Faltan los goles.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | Marca

jueves, 22 de octubre de 2009

Copa de Europa | Esperpento en el Bernabeú (Real Madrid 2 - 3 Milan)

Andrés Pérez | Pocos atributos le quedan a un Milan fosilizado, y pocos demostró durante sesenta minutos. Sin embargo, en su apatía, en su lentitud, en su extrema vejez, consiguió arrastrar al Madrid. Consiguió lo que nadie supo ver, desconozco si fruto de su propia y triste penuria o de un planteamiento táctico inteligente por parte de Leonardo. Adormecido, alicaído, lento, sin espíritu ni energía, cementerio de viejas glorias, penó durante tres cuartas partes del partido tras un Madrid absolutamente inocuo. Se dejó llevar. Se arrastró a la misma desidia adormecida en la que el Milan lleva atascado dos años, equiparó su energía a la de los seniles futbolistas de conjunto rossonero, no hizo absolutamente nada por rematar a un equipo de nivel mediocre que vive por lo que fue, melancólico, taciturno, apenas brillante. Sin embargo, llegado su momento, el Milan supo aprovechar su larga y excesiva experiencia. Supo comprender que el Madrid, tras dormirse, no sería capaz de despertar. Que los años, aunque pesados, son sabiduría. Y desató su huracán. Un último grito de orgullo y rebeldía. Por un momento, quien hasta hace apenas diez minutos parecían decrépitos y ruinosos alrededor de jóvenes y vigorosos muchachos vestidos de blanco, decidió rememorar quién fue. Y lo hizo.

Lo hizo a costa de un Madrid imperfecto y de nuevo desdibujado. Comenzó de manera vibrante el partido, con un clarísimo penalti no pitado a Benzema y con un gol de Raúl tras descorazonador fallo de Dida, a quien la edad domina como a pocos. Consiguió el Madrid afianzarse arriba en el marcador y, la verdad, nadie esperaba que el Milan reaccionara. Pirlo no corría y Seedorf se limitaba a lanzar pases a un joven y descontrolado Pato. Inzaghi no apareció y Ronaldinho confirmó su total arrastre. Tan sólo Nesta imponía seguridad y energía en una zaga lenta e insegura. El Milan era un cromo. Un caramelo para un Madrid que pudo haberlo machacado de haberlo deseado. Pero no lo hizo y en tal error descubrimos el porqué de la victoria visitante. El Milan no ganó por méritos propios, lo hizo por deméritos del conjunto de Pellegrini, quien, apesumbrado, desquiciado por la falta de ritmo de los once viejos jugadores de Leonardo, decidió sentarse y esperar. Como esperaron todos, desde Casillas hasta Benzema pasando por un triste Kaka’. En tal actitud, en tal garrafal error, adivinamos las carencias de un Madrid que anoche paseó sin alma ni espíritu, sin fútbol ni inteligencia. Se dejó llevar al mismo lodo infernal del Milan. Se dejó llevar al mismo partido entre veteranos del conjunto rossonero. Se dejó llevar, en suma, al patetismo, a la ruina, a la tragicomedia, al esperpento.

Por momentos, el encuentro de ayer rozó lo que Valle-Inclán, acertadamente, definía como esperpento. Una situación cochambrosa y patética, aderezada únicamente por el humor. Desde el humor ha de afrontarse lo sucedido anoche y tan sólo desde la sonrisa podría el aficionado perdonar tal gesto de indolencia y pasividad a sus jugadores. Cuesta imaginar porqué con un equipo prácticamente de veteranos, el Madrid decidió perdonarle la vida. La historia se resume en: el Madrid posee el partido, el Madrid tira el partido. Y el Milan, perro viejo, lento pero jamás exento de calidad, supo aprovecharlo. Bastó un fogonazo de Pirlo, otro de Pato, dos garrafales errores de Casillas, un gol de Drenthe que recuperó la ilusión y una genialidad de Seedorf para hacer del partido de anoche algo histórico. Por lo irrepetible, por lo inesperado. Jamás un partido con tan poco ritmo, con tan poca vitalidad, deparó tantas emociones. Entre tanto, haría bien el Madrid en replantearse su sino, en sentar la cabeza tras lo sucedido frente al Milan. Se enfrentaba al primer equipo grande de la temporada y perdió, pero no por la superioridad del rival, como cabría esperar, sino por la propia inferioridad de un Madrid que, empapado, se dejó llevar por la corriente milanesa. Y terminó hundido en lo más profundo pozo del océano.

Vía | Wikipedia
Imagen | Marca

lunes, 29 de junio de 2009

Copa Confederaciones 2009 | Final

Andrés Pérez | Duró el viejo sueño americano lo que Luis Fabiano y Brasil en términos genéricos quiso. Una Confederaciones un tanto extraña, con las grandes selecciones de capa caída. Ganó Brasil porque atesora más calidad y punto. No hubo brillantez, ni genialidad, ni espectáculo. Un torneo devaluado y descafeinado, una final extraña con un desenlace previsto. Estados Unidos golpeó primero por dos veces, planteó un partido defensivo perfecto pero sucumbió ante la impetuosa Brasil y ante su propia inocencia. Tiene arrestos y proyección económica y humana suficiente para ser un grande, pero la falta de ilusión y cultura futbolística hacen mella cada vez que le toca enfrentarse ante una selección de gran nivel. Venció a una España languideciente y estuvo a punto de marcarse una gesta épica ante una Brasil exenta de oficio y falta de calidad. Tan sólo un gris Kaka' indica que, efectivamente, Brasil es Brasil.

Estados Unidos se adelantó pronto con un gol de Dempsey y aumentó la diferencia gracias a Donovan. Sufrió constantemente en defensa y se mantuvo a flote gracias a Howard, héroe de la FA Cup en semifinales frente al Manchester, y a sus centrales, Demerit y Onyewu. Pese a todo, pese a su imponente estado físico y a su ilusión, en cuanto la selección de Dunga, apagada y en absoluto brillante, aceleró los norteamericanos no pudieron seguir su ritmo. Luis Fabiano anotó dos y Lucio certificó la remontada y el acta de defunción para EEUU. Quizá el sueño era demasiado pedir.

Vía | El País
Imagen |El País

martes, 23 de junio de 2009

Copa Confederaciones 2009 | Días 5 y 6

Andrés Pérez | Poco, o muy poco, queda que decir a lo sucedido el pasado fin de semana en Sudáfrica. El grupo de España estaba visto para sentencia, en la práctica, que no en la teoría. España jugó exactamente de la misma manera que jugó contra Irak: lenta, sin frescura, atascada en el ataque y sin claridad. A pesar de ello dominó y ganó cómodamente, aunque, y conviene tenerlo en cuenta, Sudáfrica llegó a acercarse con peligro a la meta de Reina. Récord absoluto de imbatibilidad y de victorias consecutivas. Todo un logro para una selección histórica. Ahora bien, la historia no evita que España mostrara una imagen gris y cansina frente a los anfitriones. Anfitriones que para vanagloria de la FIFA se clasificaron para semifinales y se medirán a Brasil.

Un Brasil que despachó por la vía rápida a Italia. Conviene recordar que este Brasil es más bien mediocre, con tan sólo dos o tres jugadores de verdadero relumbrón y con un entrenador que apuesta por el juego táctico alejado del virtuosismo que antaño enamoraba a todo el mundo y del que ahora se apropia España. A pesar de ello, a pesar de la ineptitud constante de Robinho y de un Kaka' a medio gas, la canarinha vapuleó a una de las peores selecciones italiana que los ojos de un servidor jamás haya contemplado. Sin defensa, sin delanteros y sobre todo, sin fluidez en un medio campo obsoleto con un Pirlo definitivamente decadente. Italia acusó en todo momento la falta de un superclase que antaño, entre tanta mediocridad ofensiva y seguridad defensiva, otorgaba alegría al combinado. Cassano lo vió desde casa.

Pasó Estados Unidos y le tocará enfrentarse a España en un partido cuanto menos atípico. Curioso el caso estadounidense. Es cierto que Egipto acudía sin Zidan y con bajas significativas, pero no es excusa para cuajar semejante partido. Deplorable, por intachable actitud americana. EEUU tiene potencial, como ya dijimos, pero le falta estilo y espíritu. Le falta jugar al fútbol y no al soccer, le falta comprender la esencia del fútbol. No es mal equipo y probablemente caiga ante España, pero, a pesar de ello, la gesta ya ha sido cumplida. Necesitaba vencer por tres goles para clasificarse y así lo hicieron. Particularmente me alegro. Mientras Italia decidía inmolarse y Egipto se dejaba arrastrar por la corriente, Estados Unidos, quien jamás pintó algo en el mundo del fútbol, tiró de heroísmo para llegar a las semifinales de la Copa Confederaciones. Algo es algo.

Imagen | Marca

martes, 16 de junio de 2009

El problema no es lo que vale, es lo que cobra

Andrés Pérez | Llego tarde, lo sé, pero el cuerpo me lo pide. Tanto se ha hablado, tanto se ha dicho de la nueva política del Real Madrid en el mercado de fichajes que se antoja complicado mantenerse al margen a pesar de preferir destinar los quehaceres diarios a asuntos más relevantes. El Real Madrid se ha gastado 150 millones de euros en dos futbolistas. Meros personajes sin más habilidad que darle bien patadas al balón. ¿Valen eso? ¿Merece la pena pagar semejante cantidad por dos hombres mundanos y corrientes alejados de un esférico de cuero y de un tupido césped? Como personas desconozco su valía económica, si es que tal condición se puede medir en dinero, pero como negocio y como trabajadores de una empresa es probable que lo valgan. Entendamos, es un negocio maravilloso alejado del ámbito deportivo. El Madrid tiene deuda, ficha a un jugador carísimo como es Cristiano Ronaldo, sí, pero sus beneficios a pesar de todo se ven incrementados. En términos empresariales, y de esto Florentino Pérez entiende un rato largo, es un negocio redondo, lícito y absolutamente lógico. Nada que reprochar pues, a pagar 94 millones de euros por alguien si ese alguien, llámenlo X, es capaz de revertir y duplicar tal cantidad.

Insisto en que en términos empresariales no hay nada achacable a Florentino Pérez. Ronaldo y Kaka' reportarán muchos beneficios, más de lo que han costado. Nadie osaría a juzgar a cualquier empresario por comprar a un precio altísimo la última tecnología si con ella es capaz de triplicar los beneficios de una empresa. Es una apuesta futura, es una apuesta segura. Se lo puede permitir puesto que tiene dinero para ello. En resumidas cuentas, progreso. Alejado del ámbito puramente económico, además, sendos fichajes otorgan al Madrid un plus de calidad innegable en lo estrictamente deportivo. Por tanto son dos fichajes redondos a un altísimo y desorbitado coste, sí, pero valen su peso en oro puesto que sus beneficios superan la inversión. Por tanto el problema no es lo que valgan como mercancía, o como negocio, sino lo que cobran. Como empresa, el Real Madrid juega sus cartas y las juega bien. Redundo en que no hay nada malo en ello. Ahora bien, a uno se le saltan las lágrimas al escuchar que Cristiano Ronaldo ganará mil euros a la hora.

Calculen, España va camino de ser un país con la mitad de la población cobrando escasos mil euros. Mil euristas. Mil euros al mes, aproximadamente lo mismo que Cristiano Ronaldo, un hombre sin más valor que lucir palmito y crear magia con un cuero redondo, en sesenta minutos de su vida. Ahí, probablemente, radique la verdadera locura de este fútbol, convertido en mercado y que mantiene su espíritu, levemente, por las aficiones. Impertérritas ante tanta desfachatez, ante tanto derroche y sinrazón económica. La mercantilización del fútbol alcanzó hace tiempo el punto de no retorno y el asunto de Ronaldo y su altísima ficha es un caso más, dentro de tantos, de cómo el deporte maneja cifras injustas e insospechadas tiempo atrás, de cuando el fútbol era un deporte de honor, sueños e ilusión deportiva.


[El Ferrari de Ronaldo, estrellado tras estrenarlo]

Pocos jugadores merecen cobrar lo que cobran. Entiendo que para la moral del resto de la humanidad, o, sin ir más lejos, de todos aquellos que cada mes se dejan la piel y la vida en su trabajo para recibir mil miseros euros, el sueldo astronómico de los futbolistas sea toda una vejación. Una falta de respeto. Lo entiendo y de hecho lo comparto. A este ritmo, el fútbol terminará por autodestruirse. Es posible que el sueldo desorbitado de las grandes estrellas abrume al ciudadano mundano de a pie, sí, pero debiera recordar que el fútbol no es más que el espejo de la sociedad en la que se fragua. No es tan desmesurado el sueldo de Ronaldo, Messi, Ibrahimovic o Kaka' como el de los altos ejecutivos que, sentados en su despacho, han llevado a centenares de empresas a la quiebra. No es tan obsceno ver a Cristiano Ronaldo estrellando Ferraris en Inglaterra como que los altos cargos de AIG, la aseguradora americana que tuvo que rescatar el Gobierno Obama, se repartieran los fondos del Gobierno destinados a reflotar la empresa en vacaciones paradisiacas. No lo es tanto si recordamos cómo los grandes gerifaltes de General Motors, hundida la empresa, acudieron en helicópteros privados a la Casa Blanca con media plantilla mundial de patitas en la calle.

El fútbol es el espejo de lo que somos. De la sociedad que hemos creado, premiando injustamente a quienes creíamos que lo merecían. Una vez agotada la bonanza, el dinero, el crecimiento, el capitalismo salvaje, una vez hundido todo ello, en suma, nos duele comprobar lo imbéciles que hemos sido hasta ahora. No es más que eso. De la demagogia se encarga la prensa afín al Barça.

Vía | Quinta Velocidad, El Universal, Mundo Deportivo, El Mundo, El País, Finanzas
Imagen | Cadena Ser, The Guardian, Buzz

viernes, 5 de junio de 2009

No lo destruyan más

Andrés Pérez | Nunca he sido especial amigo de los constantes rumores que durante esta época del año bombardean al espectador, al lector, al oyente. Rumores variopintos: unos creíbles, otros tantos irrisorios merecedores de una sección en cualquier programa de humor que cope la radio o la televisión española. Dar relevancia a tales rumores es un error que todos, absolutamente todos, cometen. Y cuando se habla del Real Madrid, rumor, es igual a audiencia, morbo, periódicos vendidos, en resumen: dinero. Rumor, morbo, dinero, espectadores. Es así de simple y no hay que buscar mayores explicaciones a tal desprestigio de la autoridad periodística deportiva.

Pese a todo, simpre queda un pequeño resquicio para hablar de tales rumores, en muchas ocasiones incluso creíbles. Quizá Kaka', Silva, Riberý, Cristiano Ronaldoy van—, Xabi Alonso o Villa terminen en el Madrid. Quizá. Quizá los extraterrestres aterricen este verano en el planeta tierra y se apoderen del deporte rey, para escarnio de los humanos. Quizá a Messi le crezca otra pierna con la que volver aún más locos a los defensas. Quizá Platini recobre el conocimiento. Hasta entonces, por favor, no destruyan aún más esta profesión. Tan vejada. Tan maltratada.

Vía | As, Mundo Deportivo, Marca
Imagen | As

Más que Fútbol ● 2009

viernes, 7 de noviembre de 2008

Ramón, Pedja, Bernd y otros jugadores del montón (I)

Andrés Pérez | Supongamos que vamos conduciendo por una carretera de alta montaña. Rodamos plácidamente entre los maravillosos parajes de los Alpes y llegado el momento nos topamos con una montaña absolutamente colosal, gigantesca, grandiosa. Se llama Alpe D'Huez. La ascendemos emulando en nuestra mente a las gestas ciclistas más gloriosas de la historia. Nuestra progresión ascendente es evidente. Sin embargo, llegado el momento, Alpe D'Huez se torna en una estación de esquí y toca descender. La bajada, cuando has subido mucho, obviamente, es más acentuada de lo normal. Rebobinamos. Ahora rodamos en los Pirineos, igual de bellos pero menos majestuosos, y nos encontramos con el Portalet, el último puerto que separa España y Francia tras dejar a un lado Formigal. No hace falta ser un genio para contemplar una subida. Como tampoco hace falta serlo para, si se ha estado en Alpe D'Huez o como mínimo se ha observado, saber que en absoluto alcanza el groso tamaño de aquella cima. Una vez coronado el Portalet la bajada da inicio. Tanto si bajas de Alpe D'Huez como si bajas del Portalet, llegas abajo. Pero la caída, y sobre todo, a dónde has llegado, es muy diferente.

Entiendo la incredulidad del lector tras haber leído el primer párrafo. No se trata de ningún drama existencialista, aunque pueda parecerlo en caso de muchos periodistas empeñados en teñir de amarillo cualquier noticia que pase por sus manos. En realidad el primer párrafo pretendía y pretende ser una metáfora más o menos original -juzguen ustedes- sobre la situación actual en la que veo al Real Madrid. Tras su derrota previsible ante la Juventus la prensa de Madrid y la opinión pública en general hablan de crisis en el seno madridista. Bien. Yo, escéptico desde la llegada de Calderón al poder de la cúpula blanca, no creo que haya crisis. Y sencillamente no lo creo porque no creo que el lógico encadenamiento de los sucesos se haya de catalogar como crisis. Crisis es lo que sufrió el Barcelona cuando tras ser Campeón de Europa perdió todo lo que aspiraba a ganar, cuando tras maravillar al mundo con su fútbol decidió inmolarse y no jugar a nada. Crisis es algo inesperado, excesivamente preocupante y sin aparente solución preventiva. Crisis es lo que atraviesa el mundo. Crisis no es lo que le sucede al Madrid. Porque crisis es un cambio sustancial de los acontecimientos, siempre a peor.

Repasemos acontecimientos. Florentino Pérez, hastiado tras constatar la decadencia de sus estrellas mimadas desistió en su empeño de mantener al Real Madrid como el mejor equipo del mundo, algo que era dos años antes del comienzo de su decadencia. Treas terminar la temporada con un presidente temporal, Fernando Martín, se convocaron elecciones para designar a un nuevo presidente que devolviera al equipo a donde debía estar. Venció Ramón Calderón en las ya célebres elecciones de los votos por correo. Tan sospechosas como lícitas, finalmente, Calderón se asentó como presidente de la entidad blanca gracias a sus promesas electorales, tan idílicas como finalmente irrealizables. Entre los tres nombres que propugnaba en 2006, Ramón Calderón y su director deportivo Pedja Mijatovic aseguraban a Kaka', Fábregas y Robben. ¿Fichajes factibles o un sueño más? Aún recuerdo con gran sonrisa en la cara las afirmaciones clarividentes de Calderón sobre Kaka'. "Jugará en el Madrid". Ya veo. A día de hoy la política de fichajes de la directiva blanca se ha tornado en catastrófica. Y eso que se han gastado 200 millones de euros en la mayor operación de despilfarro jamás contemplada. Si en algo se basa la actual situación del Madrid es en la mala política de fichajes.

[Continuará]

Vía | Más que Fútbol
Imagen | Marca, Apuerta

Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Sobre el Balón de Oro

Nunca le he dado mucha importancia a los premios como el Balón de Oro. El fútbol, más allá de los individualismos y de los grandes jugadores capaces de ganar torneos, que evidentemente existen, no es sólo eso. Kaka' sin Gattuso no sería tan bueno, Maradona sin Henrique tampoco, ni Pelé sin Clodoaldo.
Este año, el Balón de Oro, como todo el mundo sabe se lo ha llevado Kaka'. Y lo suyo, ahora, sería poner un vídeo del genio brasileño, repasar su año, su carrera y demás visicitudes que engolorien un poquito más la imagen del considerado hoy por hoy mejor jugador del mundo. Pero no lo voy a hacer. Porque no considero el Balón de Oro como un galardón realmente relevante. Prefiero exaltar la maravillosa temporada del Milán en la Champions League, prefiero resaltar, a un equipo y no a un jugador. Prefiero hablar de Gattuso, de Ambrosini, de Jankulovský o de Maldini, el mejor defensa de la historia que nunca se llevará uno de estos premios. Quizá por eso no le dé importancia a lo que diga France Football. Desechan a jugadores como Maldini y en cambio premian a Cannavaro.

Así que, os dejo un vídeo de Maldini y otro de Gattuso. Aquellos que no llenan portadas, pero que sí ganan títulos.

Maldini:



Gatusso:



Vía | Youtube

Más que Fútbol ● 2007