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viernes, 25 de abril de 2008

En Liverpool no todos aprendieron a tocar la guitarra (V)

Andrés Pérez | Septiembre de 1978. El Liverpool se presenta ante el mundo como el equipo a batir, como la máquina europea que ese mismo año y el anterior se había proclamado campeona de Europa aún superando la marcha en 1977 de uno de los mejores jugadores del mundo: Kevin Keegan. Era otoño post-mundial. Probablemente tras el Mundial menos Mundial de la historia, el de Argentina 1978, el mismo al que Cruijff no se presentó con su Holanda finalista. Una Holanda, que perdió en la final ante la anfitriona Argentina de la dictadura de Videla. La victoria de Argentina permitió la llegada a Europa de Kempes, Villa, Ardiles y otros muchos. Entre tanto, un equipo llamaba poderosamente la atención: El Nottingham Forest. Campeón de la Liga Inglesa recién ascendido, iba a jugar en la Copa de Europa por primera vez. Nombres como Charlie George o Keegan sonaron en el verano del 78 para el precoz equipo, pero finalmente fue Trevor Francis quien arribó a la ciudad de Midlands Oriental por más de un millón de libras. El sorprendente precio lo justificó su entrenador, Brian Clough: "Es muy caro, pero nos devolverá lo que pagamos. Esta será una gran inversión para el club".


El Liverpool afrontaba la temporada 1978/1979 sin cambios estructurales importantes. Los de siempre seguían ahí. Dalglish, Neal, Hughes, Souness, Mc Dermott y compañía aspiraban a vencer por tercera vez consecutiva a revalidar el título como Campeones de Europa. En primera ronda el enfrentamiento no podía ser más evidente: Nottingham Forest. Los dos únicos equipos de Ingalterra en la competición tendrían que enfrentarse cara a cara en la primera ronda. Las aspiraciones inglesas se reducían a la mitad tan sólo en la primera ronda. La apuesta segura era el Liverpool, campeón intratable con un Anfield inexpugnable, pero el Nottingham Forest había vencido en la Liga Inglesa y si algún equipo conocía perfectamente las posibilidades del novato era el Liverpool, quien ya lo había sufrido el año anterior en Liga. A pesar de que el Nottingham Forest fuera el campeón inglés el Liverpool seguía siendo el Liverpool en Europa. Las tardes y noches de gloria no se olvidan tan fácilmente, se decían en Anfield y se lo tuvieron que repetir cuando en el partido de ida el Nottingham venció al Liverpool 2-0. Fue una sorpresa, pero todavía quedaba el infierno de Anfield, pensaron los aficionados reds. Nada de eso. El Liverpool no fue capaz de hacer ni siquiera un gol al Nottingham. Y eso que Trevor Francis no jugó por lesión.


Al Liverpool le sentó mal la resaca Europea pero se resarció de lo lindo en la temporada 1978/1979 de la Premier. Ganó la Liga con 8 puntos de diferencia frente al Nottingham Forest, en Anfield venció todos los partidos menos dos (con resultados escandalosos como un 7-0 al Tottenham) y comprobó el declive del Manchester United, noveno a 23 puntos del Liverpool. Poco le importó a los de Brian Clough no ganar la Liga cuando en 1979 se coronarían campeones de Europa tras una final inédita frente al Malmoe sueco. En Münich, un gol solitario de Trevor Francis sirvió para que las palabras de Clough sobre el valor de su fichaje fueran refutadas por toda Europa. El Nottingham era el campeón más precoz de la historia. De segunda a primera, del ascenso a ganar la Liga y de ganar la Liga a ganar la Copa de Europa. En tres años habían pasado del lodo de la segunda división inglesa a la gloria de la orejuda plateada. Vivir un sueño es eso, supongo.


Verano de 1979. Inocuo, sin competiciones futbolísticas de alcance. El Liverpool se sentía ofendido por el Forest y ese mismo año aspiraría de nuevo a la Copa de Europa. Un año tachado del calendario en competición europea y nada más. A seguir reinando, a destronar al Forest. Sin embargo, para desgracia del Liverpool, Europa cambiaba de aires. En Inglaterra equipos como el West Bromwich Albion y el Forest alcanzaban plazas europeas, en Alemania, el Hamburgo ponía fin a una década de reinado del Bayern Münich y del Borussia Mönchengladbach, en Brasil acababan con las tarjetas amarillas y EEUU seguía importando genios. Gerd Müller, cansado de la competición alemana, marchaba hacia el Fort Lauderdaler Strikes, junto a George Best. Nada parecía augurar en Europa un cambio de ciclo. Los ingleses eran temidos por todos y sólo un indolente Hamburgo parecía poder dar la sorpresa ante los de las islas. Equipos gloriosos antaño pero relegados a un segundo plano ahora, como el Madrid o el Ajax, buscaban volver a ser quienes fueron frente a tanto británico.


La temporada no empezó bien para los reds, a pesar de las buenas intenciones tras el fracaso anterior. Cuando llegó la hora de la verdad en Europa, frente a un presumiblemente débil Dinamo Tbilisi, marchaban octavos en la competición local y el Nottingham volvía a parecer infrenable. A pesar de que Francis se marchara temporalmente a la Liga americana para ganar más dinero. El Liverpool ganó 2-1 en Anfield y se marchó a Tbilisi con la seguridad de pasar de ronda. Demasiada seguridad pensaron más tarde. El Dinamo le endosó al Liverpool un escandaloso 3-0 que dejaba a los ingleses fuera de la Copa de Europa en primera ronda, otra vez. Y esta vez no era frente al futuro campeón, ni frente a un equipo local de una Liga competitiva. Era frente a un equipo soviético de Georgia. Demasiado ridículo. Demasiado daño a la afición del Liverpool. Eran tiempos oscuros ¿Suponía esta derrota el final definitivo de una era? La Liga decía lo contrario. En una campaña extrañísima el Liverpool volvió a proclamarse campeón con escasos dos puntos de diferencia frente a un recuperado United. Sin embargo no fue una Liga para lanzar cohetes, siete derrotas (todas ellas lejos de Anfield) y diez empates no eran motivo de honra a pesar de la victoria. Mientras tanto, en Europa, Baresi debutaba con el Inter, Cunnigham firmaba por el Real Madrid y el Forest, de nuevo, se proclamaba campeón de Europa.


El Forest se consagró como el heredero del Liverpool en Europa. Inglaterra estaba de enhorabuena pero en Liverpool miraban con desdén al Nottingham a pesar del batacazo de éste en la competición local, donde finalizó quinto a doce puntos del campeón, más centrado en la Copa de Europa que en la Liga. Por cierto, el Forest se impuso en la final al indolente Hamburgo que en un principio trataba de dar la sorpresa. De la mano del ex-red, Kevin Keegan, consiguieron darla pero no lo suficiente. Souness criticó ese mismo año al Forest: "Si nosotros jugásemos así en casa nos silbarían" en alusión al juego defensivo del Forest. Defensivos o no, eran los bicampeones y habían igualado a un equipo histórico en cuestión de tres años. El Liverpool necesitaba responder a esa afrenta, y lo terminaría haciendo.

Os dejo uno de los goles del Dinamo Tbilisi 3 - 0 Liverpool:



Y el gol de Trevor Francis al Malmoe que le dió su primera Copa de Europa al Nottingham Forest:



Otros reportajes | (I), (II), (III), (IV), El Nottingham Forest protagonista en Fiebre Maldini, Nottingham Dorest: Un histórico en el pozo, Reyes de Europa (Nottingham Forest, 1979, 1980)
Vía | 50 años de la Copa de Europa (As) (Fuente Escrita), Más que Fútbol, Zero Zero
Imagen | The reds, Britcorner, BBC, El Balón Digital, 4dsports

Más que Fútbol ● 2008

martes, 11 de septiembre de 2007

En Liverpool no todos aprendieron a tocar la guitarra (IV)


En cualquier taberna de Inglaterra, un hombre, de considerable edad, barba larga y blanca, con una cara llena de arrugas que delataban que había vivido mucho, se tomaba una pinta suavamente. Sin prisas. Dando la sensación de tener todo el tiempo del mundo.
En ese momento llegó otro hombre, estirado, elegante, joven, de unos treinta, pidiendo una Coca Cola . El hombre de la barba se preguntó así mismo de donde habría salido un hombre de tal planta para sentar su culo en ese pub cutre y poco higiénico, incluso se preguntó a sí mismo el precio del traje que llevaba el joven, sin llegar a darle mucha atención; siempre había odiado mucho a los jóvenes ricos del sur, jóvenes valores que despreciaban a sus antepasados.

Mientras ambos hombres trataban de pasar con más pena que gloria en un pub de mala muerte sus vidas, un pin, del escudo del Liverpool asomó por la camisa del hombre joven y repeinado. El hombre que había vivido mucho, perplejo, le dió un trago enorme a su pinta dejando agonizando un par de gotas resistiéndose a caer en la garganta del viejo. Y como si del diablo se tratara, rápidamente su expresión cambió tan radical y tan evidentemente que el hombre joven, el del pin del Liverpool, se giró en su dirección y presenció asustado la expresión de miedo atroz del abuelo. Se acabó la Coca Cola de un trago, aturdido por el fenómeno que tenía delante.

Ambos no sabían a que se enfrentaban. Asustados, se miraban el uno al otro sin dar crédito a lo que estaban viendo, cómo en un bar perdido de la mano de Dios, podían encontrarse con algo tan estupenda y maravillosamente asombroso.
Los segundos transcurrían, pero ninguno se atrevía a dar un paso adelante, a pronunciar algo. El tiempo pasaba como un transeúnte en la taberna, el silencio, se había acomodado, reinaba en el mugriento ambiente de la sala.
El hombre mayor, que ya esperó en toda su vida muchas veces, aburrido ante tanta espera y expectación, pidió otra pinta. El del traje, sin seguir creyendo nada de lo que acontecía en ese lugar, se pidío una Coca Cola más. Esta vez light. Nunca se saben los efectos del azucar.
El silencio es un arma poderosa, y ambos la utilizaron como si de la mayor arma del mundo se tratara. Hasta que el hombre mayor, con su segunda pinta medio vacía, se preparó para soltar palabra alguna. No sabía si un improperio, si una pregunta o si una respuesta. Pero algo tenía que decir.

- Y usted, ¿Porqué es del Liverpool?
- Y usted, ¿porque me hace esa pregunta?
- Lleva un traje lo menos de 500 libras, tiene un Aston Martin Vanquish aparcado a la entrada del Pub más antihigiénico de toda Inglaterra, su frente, le dice al mundo: "Soy asquerosamente rico y triunfador". Posiblemente en casa le esperen dos o tres mujeres guapísimas, y se ha pedido dos Coca Colas una de ellas light. ¿Aún se sigue preguntando como narices le pregunto porqué es del Liverpool? Usted debería ser del Chelsea o del Manchester United.


El hombre trajeado se río. Esbozó una sonrisa sin levantar su mirada de su Cola Light. Pasaron los segundos. Un trago más de cerveza. Otra Coca Cola, por favor. Más silencio. Más expectación. Lo bueno de ambos, es que eran ingleses, y por mucho que uno fuera un muerto de hambre y el otro un snob del sur, ninguno de los dos se andaba con rodeos. De repente, el hombre del traje tomó aire resignadamente y se preparó a soltar un sermón que por su expresión parecía tener grabado en la memoria de tanto repetirlo.

- La primera vez que mi padre me llevó a un campo de fútbol, fue cuando tenía 10 años, en 1982. Un Liverpool – Man U. Nunca había visto un espectáculo semejante, me senté al lado de The Kop, temeroso de entrar en tal jauría, en tal jaula llena de borrachos fervorosos por un gol de unos tipos vestidos de rojo. El Liverpool perdió aquel día. Yo ni siquiera sabía qué significaba el Liverpool. Entendía poco de fútbol. Pero, lo que la grada hizo aquel día, me marcó de por vida. Perdido, acabado el partido, aquellos desgraciados no se movieron de sus asientos. Cantaron y gritaron hasta que se dejaron las gargantas en el intento. Entendí algo así como 'You'll never walk alone'.
- Yo estuve en aquel partido. Me acuerdo perfectamente. El Liverpool jamás mereció perder ante esos bastardos de Manchester.
- Y usted, ¿se acuerda de la final de 1984? ¿De los bailes de Grobbelaar?
- Viajé hasta Roma sólo por ver al Liverpool ganar la cuarta. - Pronunció esto en su acento más cerrado posible, demostrando ser, efectivamente, un tío muy de Liverpool.

Otro trago más, el último y nos vamos. La tarde adquiría tintes rojos de emoción y furia incontenida.

- ¿Sabe qué? Ahora gano mucho dinero, soy rico, empresario de éxito. Pero nada de eso, ni una sola libra ganada cada día, ni una sola mujer conquistada cada noche, ni un sólo Aston Martin nuevo, nada, es capaz de compararse a un gol del Liverpool. En Anfield, o en Moscú. Aquel día que mi padre me llevó a Anfield por primera vez, la grada, dejó en mí una huella imborrable. Comprendí lo que sinificaba un gol de unos tíos de rojo para esos desgraciados. Comprendí que yo, quería sentir algo así cuando un tío de rojo metiera gol. Y gracias a Dios, lo siento cada día. La gente tiende a preguntarme porqué soy del Liverpool, que eso es de obreros malogrados. Nunca respondo. Simplemente recuerdo aquel primer día en Anfield.


El hombre mayor, con los ojos entumecidos, miró al suelo, tratando de no demostrar demasiada emoción, se la contuvo, era de Liverpool, un tipo duro, no podía demostrar algún síntoma de debilidad. Levantó la cabeza. Miró a la barra. La pinta y la Coca Cola estaban acabadas. Otra vez.

- Camarero. Ponga dos pintas a dos scoursers. Estas las pago yo.

El hombre mayor se volvió al trajeado.

- Hijo mío, yo sentí lo mismo la primera vez que pisé Anfield.

Acabadas las pintas, acabados los comentarios sobre Keegan, Dalglish, Rush, Owen o Gerrard, el hombre estirado, elegante, joven, de unos treinta y con un traje carísimo adornado de un pin del Liverpool se marchó dirección a su Aston Martin. Entonces se volvió y observó al hombre de considerable edad, barba larga y blanca, con una cara llena de arrugas que delataban que había vivido mucho, pedirse otra pinta, quizá la primera de la noche y la última de la tarde. No pudo evitar esbozar una sonrisa. La última de la tarde, la primera de la noche. No pudo evitar pensar, que el Liverpool, definitivamente, no tiene fronteras sociales ni nacionales. Llega, siempre, seas de donde seas, seas como seas, cobres lo que cobres, vistas como vistas. Bebas lo que bebas.

Fotos | De archivo
La serie | (I), (II), (III)

Más que Fútbol ● 2007

viernes, 25 de mayo de 2007

En Liverpool no todos aprendieron a tocar la guitarra (III)


Campeones de Europa. Sonaba grande. Sonaba muy grande, y lo hacía en el corazón de todos los aficionados al Liverpool. 1977 se había cerrado como un año glorioso para el Liverpool. Habían conquistado la Copa de Europa con el 'Passing Game' de Shankly, heredado y llevado a cabo perfectamente por Bob Paisley. La pregunta suena a raro hoy en día pero en el otoño de 1977 era el enigma del viejo continente: ¿Repetiría el Liverpool la corona?

No si por Keegan fuera. El ídolo, el alma de The Kop, Kevin Keegan, se había aburrido del Liverpool. La gloria no fue un motivo radical para quedarse. Tampoco el balón de plata. El Hamburgo, reciente campeón de la Recopa de Europa estaba empeñado en hacerse grande e iba por buen camino, con fichajes como Keegan los títulos no iban a tardar en llegar.
Aunque no sólo de Liverpool y de Keegan vivía Europa en 1977. No era ni año de Mundial ni año de Eurocopa. No había habido nada ese verano y lo más próximo internacionalmente hablando era el Mundial de Argentina 1978 en el frío invierno gaucho. Los grandes seguían en crisis, el Real Madrid, antiguo dominador de la competición seguía cayendo en picado. Referencia durante años, los blancos ahora ni se habían clasificado para la máxima competición continental, el único equipo español que lo había conseguido era el Atlético de Madrid comandado por Leivinha.


Pero hablemos del Liverpool. La marcha de Keegan se preveía como insuperable para un equipo que dependía en buena medida del mejor jugador europeo del momento si no hubiera sido por la llegada de un chaval que gracias a su incontestable calidad acabaría enamorando a The Kop, un The Kop que todavía lloraba la marcha de su niño mimado al fútbol alemán. Ese chaval, escocés, proveniente del Celtic, no es otro que Kenny Dalglish, rápido, elegante y ofensivo. Muy ofensivo. Uno de esos jugadores que cuando cogía la pelota sólo tenía la portería en mente.

La primera fase no presentó complicaciones para los reds. Ni para la mayoría de los grandes favoritos: La Juventus de Bettega, el Benfica, el Brujas, el Atlético, el Ajax (reaparece) o el Borussia Mönchengladbach pasaron sin excesivos problemas.
Llegaron los octavos de final en el invierno europeo y el Liverpool se enfrentaba al Dinamo de Dresde, el cual no presentó cara alguna ante el extraordinario recital red en Anfield: 5-1 y la eliminatoria vista para sentencia.
Sin embargo, lo más importante de los octavos de final no fue en absoluto el festín goledor del Liverpool. Mientras la Juve impresionaba y el Atlético pasaba más apuros de los debidos, un jugador decía adiós después de muchas temporadas de talento. Eclipsado por Garrincha, el posiblemente mejor extremo europeo de todos los tiempos junto a Best, se retiraba. Dragan Dzajic decía adiós a la Copa de Europa tras caer el Estrella Roja frente al Borussia Mönchengladbach. Dzajic, balón de bronce en el 68, representaba al extremo romántico por excelencia y está considerado como uno de los mejores jugadores yugoslavos de la historia.


Los cuartos eran otra historia. Los débiles habían caído y no había habido ninguna sorpresa. Todos los grandes estaban allí cuando se les exigió y ahora faltaba por ver cual de ellos era el más digno para disputarse la final de la Copa de Europa en las semifinales.
Quizá, la eliminatoria más apasionante fue la de Juventus y Ajax. El Ajax, resucitado tras la llegada de Tomislav Ivic, quería volver a ser grande y la Juventus quería resarcirse de la derrota en 1973 en la misma final, a las puertas de la gloria. Tal cóctel de emociones sólo podía terminar como terminó: 1-1 en los dos partidos y a resolverlo en los penaltys. La Juve, tuvo más suerte.
El Brujas seguía creciendo y dejó en la cuneta al Atlético, y el Borussia Mönchengladbach alcanzaba de nuevo las semifinales derrotando al inédito Wacker.
El Liverpool, se enfrentaba a otra gloria venida a menos: el Benfica. La cosa estaba difícil, porque un Benfica herido, intentaba de nuevo llegar a la cima de europa. Pero si estaba difícil para los ingleses, para los portugueses resultó un imposible venciendo los reds en ambos partidos con un parcial total de 6-2.


Golpe de autoridad de los muchachos de Paisley. Demostraron que con Keegan o sin él, ellos seguían allí e iban de camino a por la segunda, en dos años. Espíritu, en eso se resume el Liverpool a lo largo de su historia, y este año, no iba a ser menos. Clemence, Neal, Kennedy, Mc Dermott, Heighway, seguían allí y la marcha de Keegan la suplió Dalglish sin necesidad de tiempo de adaptación, algo que hoy, parece indispensable.

Y el destino, o el azar, tan caprichosos ambos para este tipo de duelos, hizo que Borussia Mönchengladbach y Liverpool se enfrentaran de nuevo. La final del año pasado estaba sangrando todavía en los corazones de los orgullosos alemanes, y esta vez, definitivamente, el objetivo era tumbar a esa bestia llamada Liverpool. El Borussia Mönchengladbach buscaba un título desesperadamente y lo hacía con las armas de siempre más un danés buenísimo y balón de oro: Alan Simonsen, una lástima que no puediera jugar el partido de ida.


Partido, que fue favorable para los esperanzados alemanes (no utilizo el gentilicio de Mönchengladbach por razones evidentes). 2-1, milagro. El Liverpool empató el gol de Hannes en el 88' y fue Bonhof quien remontara un minuto más tarde. Demasiada poca renta para salir vivo de Anfield. Efectivamente, la fue. 3-0 se llevaron los alemanes en un partido glorioso para el Liverpool, con la grada volcada y con un debutante que posteriormente escribiría con letras de oro en el libro sagrado de Anfield: Graeme Souness.

De nuevo, final. Esta vez ante el Brujas, equipo al que el Liverpool ya venció en su segunda UEFA. El Brujas no era mal equipo, había eliminado a la Juventus, pero no era suficiente para llegar de favorito. El Liverpool arrasaba en las apuestas y no era para menos. La máquina red estaba entonada y comandada excepcionalmente por Dalglish.
Se jugaba la final en Wembley, y como no podía ser de otra manera, el título se iría para casa de un inglés.
Fue un partido glorioso por parte del Liverpool. 19 tiros a puerta y multitud de llegadas. Los delanteros del Merseyde supusieron una pesadilla para más de un belga aquella noche. Y a pesar de todo, sólo Dalglish, cómo no, sería el que abreiría el marcador, y el que lo cerraría con un solitario gol. 1-0.

Campeones. Por segundo año consecutivo. El Liverpool consolidaba imperio y no parecía haber equipo capaz de frenarle. En estado de gracia, perder a su mejor jugador hacía aparecer a otro igual o mejor que el anterior. El cielo era definitivamente rojo, y lo seguiría siendo muchos años más. Pero nadie dijo que sólo el Liverpool vistiera de rojo.

Continuará...


Vídeo de Dalglish:



El gol de la final de 1978:




Vía | Wikipedia, 50 años de la Copa de Europa (As), Más que Fútbol
Fotos | BBC Sport, UEFA, Calcio Ifrance, De archivo

viernes, 4 de mayo de 2007

En Liverpool no todos aprendieron a tocar la guitarra (II)


Corría el año 1976 y el Liverpool, reciente ganador de la copa de la UEFA, se había metido entre los grandes de Europa. Clasificado para la Copa de Europa. Eran tiempos en los que los teutones dominaban en Europa, 3 años antes, el Bayern de Munich había conseguido alzar la orejuda consecutivamente, conducidos por Beckenbauer y rematados por Müller.
El dominio alemán, incontestable en clubs y selección (campeona del mundo en 1974), empezó a resentirse de la edad de sus estrellas, la mayoría en la recta final de sus carreras. Era año de Eurocopa, y como mandaba la tradición, Alemania Federal estaba en la final. Pero enfrente estaba la Checoslovaquia de Nehoda y Panenka, y el resto de la historia la conocemos todos.

Así que nuestro Liverpool, ante tanto teutón, se presentó con los avales de haber conseguido la UEFA y la Liga doméstica. No era un equipo eminentemente ofensivo, tan sólo marcó 66 goles en 42 partidos, la cifra más baja para un equipo inglés desde la Segunda Guerra Mundial. No importaba. Era una plantilla equilibrada la creada por Bill Shankly y continuada por Bob Pasiley, entre los que destacaba por encima de todos el ídolo de The Kop, el niño genio de Anfield: Kevin Keegan.


Este sería el gran inicio del mítico Liverpool. aquí sí que empezaría su época dorada, la suya y la de toda Inglaterra, porque no sólo los del Merseyde consiguieron copas de Europa (3). El Nottinghan Forest (ya habrá tiempo de hablar de este) y el Aston Villa se coronarían como campeones de Europa, dos y una veces respectivamente.
Pero es el momento de hablar del Liverpool. En sus inicios lo tuvo bastante fácil. Las dos primeras eliminatorias las saldó sin problemas, primero ante los irlandeses del Crusauders y más tarde ante los turcos del Trabzonspor. Estaban arrasando. Acompañados por el ambiente infernal de Anfield y por su excelente plantilla sólo recibieron un gol en contra por 10 a favor.

Europa vivía tiempos confusos. El Madrid, estuvo a punto de no jugar esta edición de la Copa de Europa, ya que un año antes el 'Loco del Bernabeú' casi había dejado sin mentón a Gerd Müller y al árbitro del encuentro Real Madrid - Bayern de Münich.
Además, se estaba produciendo un cambio generacional entre los equipos que aspiraban al trono. El Ajax había sido borrado por completo de la escena, el Milan también, de los equipos campeones sólo el Benfica, el Real Madrid y el Bayern de Münich estaban en las rondas eliminatorias. Era el apogeo de nuevos equipos, tales como el Torino (el segundo mejor Torino de la historia), el Brujas, el Saint Ettiene, el Zúrich, el Borussia Mönchengladbach o el gran Dinamo de Kiev de Blokhin. Tiempos de cambio.


Los grandes además, fueron cayendo poco a poco. Primero el Madrid, de manos del Brujas y posteriormente el mítico Bayern, de manos del Dinamo de Kiev. El Liverpool eliminó al Saint Ettiene y para completar los semifinalistas se unió el Zúrich.
Ya había semifinales. The Kop lo sabía, y estaba exultante, pletórica. Vivió como nunca la noche de la remontada frente al Saint Ettiene y explotó cuando Fairclough marcó el gol de la clasificación.
El pueblo de nuevo era feliz. Su equipo, el Liverpool iba camino de convertirse en el equipo más grande de Europa. El cielo, estaba cada vez más cerca.

Pero para alcanzarlo, había que pasar por el correoso Zúrich. No era un equipo excesivamente brillante, simplemente era un equipo. Un equipo que en ningún momento presentó batalla. En la ida, un 1-3 finiquitó la eliminatoria, y en la vuelta Anfield disfrutó con el 3-0 que daba paso a la final. Además, los jugadores crecían y crecían. Conducidos por Bob Paisley, entrenador y leyenda del Liverpool, no sólo Keegan y Toshak eran ya 'los buenos', Heighway, Phil Neal, Kennedy, Mc Dermott, todos ellos multiplicaron sus prestaciones ante el reto de ser campeones.


Un reto, que pasaba por ganar el Borussia Mönchengladbach. De nuevo. Ambos equipos se veían las caras otra vez desde la final de 1973 en la que el Liverpool (a ida y vuelta) se impusó agónicamente a un equipazo, que estaba dispuesto a mantener la hegemonía babárica en Europa. El Bayern había caído, pero ellos seguían vivos y coleando. Alemania quería continuar su reinado.
El problema para ellos, es que no era el tiempo de las salchichas, sino el del té a media tarde y el del 'fish and cheaps'.

El 25 de Mayo de 1977 se citaron en Roma ambos equipos. El entrenador del Mönchengladbach sabía del peligro de Keegan y puso a su particular perro de presa a marcarlo. Ese era Vogts. Defensa nato, de un carácter indomable, había apagado ya el fuego de Cruijff en la final del mundial del 74 y el de Blokhin en semifinales de este mismo año. Pero Keegan pudo con él, el niño prodigio de The Kop no pudo ser contenido por Vogts, que vió como una y otra vez se marchaba de su marcaje al hombre.
Mc Dermott adelantó al Liverpool, pero Simonssen empató en el 48'. Todo por delante y nada por decidir.


Era el momento de uno de esos guiños del destino que tanto han acompañado al Liverpool a lo largo de la historia. Tommy Smith, fue en las dos UEFA del Liverpool el capitán. Su veteranía, le había relegado a la suplencia, pero la lesión de Thompson le abrió un hueco en el once titular y... Marcó el 2-1. La locura, quedaban 25 minutos pero los aficionados se vinieron arriba. El cielo estaba a escasos centímetros.

Y como no podía ser de otra manera, esos centrímetos los completo Keegan. Terminó de bailar a Vogts, que harto de la indolencia del inglés que tanto atentaba contra su orgullo alemán, le derribó dentro del área. Phil Neal convirtió desde los once metros. Era el 84'. El cielo, ya se empezaba a teñir de rojo y los ángeles comenzaban a cantaban el 'You´ll never walk alone'. Pero el cielo sólo había empezado a teñirse...

Continuará...

Os dejo la final de la FA Cup del 77 entre el Liverpool y el Man U, el 7 de blanco es Keegan.



Vía | Más que Fútbol, Wikipedia
Fotos | De archivo, Toffs, WBLSC, Liverweb

lunes, 30 de abril de 2007

En Liverpool no todos aprendieron a tocar la guitarra (I)


Hay clubes, equipos y luego están los símbolos. El Liverpool FC es un símbolo, quizá el único equipo del mundo que alcance una dimensión humana equivalente a las religiones, incluso superándolas. Que un equipo alcance una dignidad de tal calibre, sólo se puede entender si estamos en una ciudad como la de Liverpool. Ciudad obrera y cuna de la Revolución Industrial... y por ende del fútbol.

El fútbol nace como entretenimiento de los obreros en las escasas horas libres que tenían a lo largo de la semana. En plena lucha por los derechos obreros y por las mejoras en el empleo y en los salarios, el fútbol se destapó como una actividad idónea para deshinibirse y porqué no, para protestar ante los empresarios, ensimismados en deportes con más clase cómo el golf.
En Liverpool, el equipo pionero fue el Everton. Y necesitaba campo.
Fue entonces cuando el alcalde en 1870 decidió destinar 100 hectáreas a un espacio verde llamado Stanley Park, de las cuales 60 hectáreas serían destinadas a espacios deportivos. El Everton destinó parte de Stanley Park a jugar al fútbol (con bastantes espectadores), pero les echaron, así que se trasladaron a los terrenos del barrio de Anfield, donde el propietario también les echó.
El Everton se trasladó a Goodison Park y de allí no se movería, pero el propietario se quedó con un campo de fútbol inutilizado... Así que a John Houlding se le ocurrió crear un equipo: el Liverpool FC.

Mientras en el campo del Everton se reunían casi 10.000 espectadores, en el del Liverpool eran unos cuantos curiosos los que se acercaban a ver a los reds.
El Liverpool creció a la par que lo fue haciendo Anfield, y llegó a conquistar un buen puñado de Ligas y Copas de Inglaterra. Sin embargo, en Europa, ningún equipo ingles conseguía crecer y hacerse grande.
Ahí aparece el Liverpool.


Fue primer equipo inglés que verdaderamente hizo un imperio en Europa consiguiendo entre los 70 y los 80 4 copas de Europa y 2 copas de la UEFA.

Su época dorada comenzó de la mano del inigualable e irrepetible Bill Shankly. Alma del Liverpool y amor platónico de sus aficionados, el profeta que llevaría al Liverpool a la tierra prometida, eso era Shankly para los miles de aficionados del Liverpool.
'He made the people happy' La frase que acompaña a Bill en su estatua de bronce a la entrada de Anfield. Y comenzó a hacer feliz a la gente cuando en 1973 el Liverpool se adjudicó la copa de la UEFA.
Llegaron a la final frente al mítico Borussia Mönchengladbach, equipo en el que figuraban jugadores como Vogts, Bonhof, Netzer o Heynckes, el mejor Borussia de la historia. Allí, se plantaron los del Mersyde, y en el partido de ida en Anfield, los alemanes se llevaron tre
s goles, dos de ellos del espléndido Kevin Kegaan. La vuelta no fue fácil pero el 2-0 a favor del Borussia, le daba la copa al Liverpool; el pueblo lloraba de emoción, creían haber conquistado el cielo, lo que no sabían era que el cielo les esperaba pocos años después.

El Liverpool en ese momento no consiguió hacer época. Tardarían tres años en volver a ganar algo importante en Europa, de nuevo la copa de la UEFA. Era 1976, Inglaterra pasaba malos momentos, a nivel futbolístico no se habían clasificado para el Mundial de Argentina (eliminados a manos de la gran Polonia de Lato) y a nivel social los obreros de nuevo lo pasaban mal. Los efectos de la crisis económica de 1973 eran latentes todavía y la situación obrera no mejoraba. Necesitaban algo por lo que sentirse felices.

'Mucha gente trabaja en una fábrica de nueve a cinco, su trabajo puede consistir en darle mil vueltas a una tuerca. En las tardes de los sábados, esa gente merece algo por lo que ir y por lo que gritar' Rodney Marsh (ex-seleccionador ingles).

Esa frase es lo que resume el espíritu del Liverpool. Su objetivo no es ganar para ser el equipo más grande del mundo, su objetivo es ganar para que el hecho de ser el equipo más grande del mundo haga felices a los millones de obreros que le dan 1000 vueltas a una tuerca.
Shankly lo interpretó como nadie, y en los tiempo de crisis en los que los aficionados necesitaban algo por lo que ir al fútbol y por lo que gritar, apareció el gran Liverpool para hacerlos felices.
Llegó el equipo del obrero a la final frente al potente Brujas de los 70. No fue fácil, en Anfield 3-2 a favor de los del Merseyde, en Brujas 1-1. Otra vez el Liverpool campeón, de nuevo Keegan el líder, esta vez sin Shankly en el banquillo, pero si presente su espíritu. Esta vez, si habría época dorada.

Continuará...

Vídeo espectacular tras conseguir el Liverpool una liga en el 73:



El gran Kevin Keegan:



Vía | Diarios de Fútbol, Wikipedia
Fuente escrita | 50 años de la Copa de Europa (As)
Imagen | Colección propia, Wikipedia