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miércoles, 4 de mayo de 2011
Será el Barça y será en Wembley
Andrés Pérez | Es probable que no exista mejor modo de ejemplificar el poderío del Barcelona frente a cualquier disposición táctica del rival que el gol de Pedro anoche. Cuando el Real Madrid optó en la segunda parte por adelantar agresivamente la línea de presión y buscar ahogar la salida de balón de sus centrales, éstos no tuvieron más remedio que optar por retrasar el balón para Valdés. En cualquier otro equipo esta situación se solventaría con un balonazo indiscriminado que eliminaría la presión rival a cambio de perder la posesión y atenerse a su construcción ofensiva. En el Barça no. Valdés optó por abrir a banda, con un pase largo y medido, rompiendo la línea de presión por alto y lanzando el contraataque de sus compañeros. Alves recibió el regalo, avanzó metros, buscó a Iniesta, éste a Pedro entre líneas y el canario superó a Casillas en el mano a mano. El Madrid había cambiado el planteamiento y no había servido absolutamente de nada porque seguía perdiendo.
Cuando el Madrid, en el Bernabéu, optó por retrasar sus posiciones, agazaparse en torno a la portería de Casillas, juntar líneas, sembrar minas en el centro del campo, permitir correr verticalmente a Piqué, también murió. Así pues no cabe gran reproche a un Madrid digno anoche en la derrota que apuró sus posibilidades ejecutando planteamientos diversos y mostrando una gran versatilidad —ejemplar en muchos aspectos, esencialmente en el comportamiento hercúleo de sus futbolistas—. Todo lo que intentó Mourinho, desde la defensa cerrada hasta la presión adelantada tratando de destruir el oleaje combinativo del Barcelona, sirvió de más bien poco a excepción de ese caso particular, bello, y épico que supone la Copa del Rey, definitivamente la competición más atractiva de todas en las que este año discutieron Real Madrid y Barcelona.
Sorprendió el Madrid, de nuevo, buscando cercenar los puntos de creación del Barcelona en su propio campo. Adelantó varios metros los lugares en los que sus delanteros presionarían —algo semejante a lo que consiguió en la primera parte de Mestalla— y durante diez minutos el Barça tuvo problemas para controlar el balón y superar el campo de obstáculos sincronizados y pegajosos en el que mutaban los jugadores a las órdenes de Mourinho. Pasados diez minutos de encomiable ejercicio físico del Madrid —robando, intentando distribuir, manteniendo durante cierto tiempo la posesión del balón—, el Barcelona comenzó a superar dicha presión y empujó hacia atrás las líneas defensivas del Real Madrid ejecutando su consabido y posesivo plan de dominación del balón. Es una gran virtud la del Barça: imponer su fútbol conociendo su rival de antemano el plan.
De ahí al final de la primera parte el Barcelona fue mejor, llegó más y sólo el desacierto de Pedro y Villa y las providenciales paradas de Casillas impidieron que al descanso la eliminatoria no sólo estuviera finiquitada sino que pudiera sonrojar a la defensa del Madrid, personificada en Albiol, lento, y en Carvalho, hiperactivo, muy hablador y levemente pasado de revoluciones en cada choque. Tras la reanudación la tónica fue muy semejante a la de la primera parte y el Madrid salió gallardo, altivo, apabullante en el plano físico y forzando al Barcelona a sentirse intimidado. Le disputó el balón, lo ganó por momentos y volvió a su primigenia idea de evitar que los centrales del Barcelona obtuvieran líneas de pase mediante las que abastecer a Iniesta y Xavi, piezas de engranaje entre el inicio y el fin, Messi, de todo el fútbol del Barcelona de Guardiola, preciso e infalible como pocas máquinas habidas en la historia del fútbol.
Pese a la actitud ejemplar del Real Madrid durante la segunda parte, ya sin Higuaín, particularmente pasado de peso, de nuevo imperceptible en los momentos claves de la temporada, y sin Kaka', desaparecido para la causa y sustituido por Ozil, mucho más expresivo y vivaz que el brasileño, el Barcelona volvió al primer párrafo de este artículo y con cuatro jugadores y varias yardas desangeladas que recorrer por delante anotó el primer gol del partido. Volvería el Madrid, impulsivo, a recuperar la fe con el gol de Marcelo pero no quedaba demasiado tiempo. De ahí el final el encuentro volvió a los fueros habituales de esta saga de cuatro enfrentamientos: ásperos y duros, pasados por agua para más escarnio del espectáculo. Fue un final muy decidor de todo lo que en un mes han sabido ofrecer ambos equipos. Más bien nada. Entre tanta mediocridad para lo que se esperaba relució Messi. A fin de cuentas el tipo que, en el Bernabéu, hizo posible que hoy un empate le sirviera al Barcelona. Será el Barcelona y será en Wembley, casi veinte años después de que Koeman lograra, con un tanto indeleble, que el Barcelona levantara por primera vez la Copa de Europa. Ya va camino de la cuarta.
Imagen | El País
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jueves, 28 de abril de 2011
Messi brilla en un partido opaco
Andrés Pérez | Al igual que el mejor Maradona del Nápoles, con quien es odiosamente comparado, Lionel Messi consume todos los recursos ofensivos de su equipo. Ya sea con libertad ejerciendo de falso delantero centro o partiendo de posiciones más escoradas hacia la banda, el juego del Barcelona en las inmediaciones del área rival nace en Messi, transita por Messi y finaliza en Messi. Messi lo es todo. Para su deleite, cuenta con diez jugadores que han asimilado de un modo natural destinar balones a un talento vertical capaz de crear en la medular, repartir pases finales a los huecos y finalizar como un delantero de área nato. Es precisamente el talento de Messi lo que anoche afloró en el Bernabéu para prácticamente dejar cerrada la eliminatoria y lo que al mismo tiempo es una virtud y un lastre para su equipo: lo es en tanto que cuanto más crece Messi más irrelevantes son todos los demás a su alrededor. Maradona murió absorbiendo cada equipo en el que era contratado. Messi va camino de ello.
Pero antes de que ese punto de no retorno llegue el Barcelona encuentra una mina de diamantes constante en Messi. Anoche, tras una primera tarde dominada por el tedio y una segunda primero alborotada por cierto ímpetu juvenil y copero del Madrid y más tarde cercenada por la expulsión de Pepe, algo que no debe sorprender a nadie, Messi se irguió como el jugador total del ataque del Barcelona. En un primer momento emuló en un destello todos los goles que en su carrera marcaría Gerd Müller anticipándose a su marcador y empujando un balón lateral. Con posterioridad, cuando sus compañeros escondían y mostraban el balón a los defensores del Real Madrid sin la más mínima intención de avanzar metros hacia Casillas, Messi cosería un balón imposible a sus pies para en un abrir y cerrar de ojos sortear a cinco rivales y superar en el mano a mano al portero madridista. Era el minuto 87. Messi había otorgado brillo a un partido mate.
El planteamiento de Mourinho esta vez falló. Falló en la teoría y falló en la ejecución. El Madrid se agazapó demasiado atrás y descuidó sus responsabilidades ofensivas. No está de más olvidar que jugaba en casa y aún espera un partido de vuelta que se presume irrelevante a no ser que el primer equipo, el filial y el primer juvenil del Barcelona se lesione al completo en lo que resta de semana. No se le puede, o no se le debe, achacar al Madrid que su planteamiento partiera de un fundamento defensivo con objeto de evitar la fuente creadora del Barça. Lo que sí es reprochable es que no lo hiciera bien. Una cosa es jugar desde una visión defensiva, con objeto de proteger las propias debilidades e interrumpir las virtudes ajenas —algo que la Juventus o Italia lleva haciendo toda la vida sin que a nadie le suponga mayor problema— y otra es jugar desde una visión defensiva haciéndolo mal. El problema del Madrid no fue su idea del fútbol, sino que la aplicó sin gracia y rematadamente mal.
Así que en una primera parte de control estéril por parte del Barcelona —a excepción de un buen par de disparos de Xavi, anoche muy liberado sin Pepe a su vera— no sucedió nada. Nada más allá de la confirmación de que es el fin de la selección española, de esta selección española, tal y como la conocíamos: Arbeloa tuvo sus más y sus menos con Pedro, Xavi y Piqué; Piqué tuvo sus más y sus menos con Ramos; Xabi Alonso tuvo sus más y sus menos con Busquets; Villa tuvo sus más y sus menos con Xabi Alonso y ya los había tenido con Arbeloa, y así sucesivamente. Más allá de los líos, todo deparó en una grotesca bronca final en la que un descontrolado Pinto terminó expulsado. El Madrid no había desgastado demasiado su físico presionando arriba, al contrario que en Copa, y el Barcelona tampoco forzaba demasiado la maquinaria.
En realidad, aunque nunca sabremos si es fruto del azar o de una idea maquiavélicamente ejecutada, el plan de Mourinho era aprender de los errores en Mestalla y revertirlos: si el Madrid terminó sin aire la segunda parte de la final de Copa porque en la primera se había fustigado presionando muy arriba, esta vez, en Champions, será exactamente al revés, debió pensar el portugués. Y los diez primeros minutos del Madrid fueron mucho mejores a los anteriores cuarenta y cinco, presionando más arriba, poniendo en apuros a Mascherano en su deficiente salida de balón y mostrando más ambición más allá de proteger el resultado. Tampoco era algo nuevo: hizo lo mismo el año pasado con el Inter en el partido de ida de San Siro. Todo parecía indicar que el partido comenzaría a ser entretenido.
En ese momento, con poca fortuna Pepe hizo una entrada dura sobre Alves. Algunas imágenes mostraban cómo antes de impactar en la tibia del lateral brasileño, la planta del pie de Pepe tocaba claramente balón. Se puede interpretar como un planta salvaje o como el fruto involuntario de la incercia de la acción. Sea como fuere el árbitro, que no había visto la acción, consultó con su asistente y le expulsó. Se acabó el Madrid. Se borró del campo, se autoexpulsó Mourinho, apareció Messi, regaló un gol y una joya para la posteridad, el Barça se dedicó a recrearse en su gloria y el Madrid asistió imponente a la confirmación de que aquel seguía siendo mejor equipo a pesar de la final de Valencia. Ya ven, un clásico en el que sólo un talento superlativo como el del argentino dio fe del supuesto talento que a priori atesoraba. Recuerden que algunos justifican un desigual reparto de los beneficios generados por los derechos televisivos porque Madrid y Barcelona ofrecen un espectáculo sin igual plagado de brillantez que acapara la atención de todo el planeta. Y recuerden partidos tediosos y sin arte alguno como el de anoche para rebatir ese argumento. Y, luego, más tarde, díganse que ustedes vieron jugar a Messi.
Imagen | El País
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jueves, 7 de abril de 2011
La casi excelencia asegura el clásico
Pablo Orleans | Lo esperado se asegura. El Barça - Madrid de semifinales de la UEFA Champions League está, salvo catástrofe mayúscula, más que hecho. Los cuatro de diferencia, simétricos al trabajo del Madrid ante los ingleses, los ha repetido el Barça, eso sí, no sin riesgo, sufrimiento, ni esfuerzo. Es más, los ucranios del Shakhtar, bien plantados en la alfombra del Camp Nou, llevaron el peligro más de lo que hubiera o hubiese deseado un seguidor culé. Más de lo que hubiere imaginado. La táctica de Lucescu, como el agua. Con un inicio fulgurante en el que la agobiante presión visitante impedía el buen hacer de los de Guardiola, el conjunto ucraniano presionaba con ánimo de lucro y conseguía aumentar la presión sanguínea de la máxima competición europea a los corazones azulgrana.
El trío atacante de los tigres, formado por un activo errante Luiz Adriano en punta, bien escoltado por dos veloces figuras llamadas Douglas Costa y Álex Teixeira, comandaron bien un ataque en el que sólo falto precisión para pasar, controlar y rematar una faena inquietante. Pero apareció Andresito y apagó la llama de la ilusión. Desde aquel insignificante momento, en el que el marcador decantaba el choque en favor de los locales, la estrategia —minuciosamente preparada durante el duro trabajo semanal—, se desvanecía en segundos tras un desafortunado despeje que cogió el que menos debía y que apuntilló con perfecta finalización. De ahí en adelante, once jugadores por detrás del balón auguraban un asedio continuo con contragolpes varios y búsqueda del acierto arriba. No funcionó.
El Barça, fiel experto donde los haya, siguió a lo suyo. Toque, toque, toque y más toque. El balón corría de un lado para otro y el encuentro se asemejó por momentos a un partido de fútbol sala a lo grande. Los rápidos recorridos del balón y la precisión en los desplazamientos desubicaban al rival y mantenían un control total que cojeaba cuando el aburrimiento rozaba lo cómico. El exceso de posesión, repetitivo y monótono, desconcentraba incluso al Barça. El fútbol semihorizontal, envidiable y exquisito, tiene su momento excitante en el preciso momento del desmarque. El pase llega solo. Alves, Villa o Messi buscan el hueco. Xavi, Iniesta o Messi conjugan el pase. Todo rodado. El segundo, perfecta maniobra milimétrica con final feliz.
Tras el descanso, Piqué completó la estrategia de Pep poco antes de que el magnífico zurdazo de Keita apaciguase la alegría ucrania con el accidente de Rakitskiy tras fallo de marcaje de «el jefecito». Cuando todo estaba hecho, cuando la ventaja global era evidente y cuando la fiesta estaba completa en el Camp Nou, Alves inventó una última asistencia para intercambiar papeles con Xavi y abrir las palmas de los culés mostrando el gesto que un día hizo Piqué. El 5-1 final asegura el pase. Diferencia de cuatro goles para ir a Donestk tranquilos, sin Iniesta y con un Messi en blanco crispado, con hambre de gol.
Se han cumplido los pronósticos. El Barça - Madrid se jugará a finales de abril. Cuatro partidos en apenas tres semanas que decidirán el futuro próximo de merengues y culés. Los unos, a seguir manteniendo el nivel de los últimos años acompañando el juego con títulos. Los otros, a volver a esos años gloriosos en los que mandaban en el viejo continente. Y sólo un ganador. Uno para llevarse la gloria en España y Europa. Uno para disfrutar del presente y rentabilizar el futuro. Ya se han abierto las apuestas, ¿quién se llevará el gato al agua?
Imagen | El País
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miércoles, 25 de agosto de 2010
La no clasificación del Sevilla no es un drama
Andrés Pérez | Y el titular ha de entenderse como una frase pronunciada por un espectador ajeno al sevillismo y subjetivamente honesto —siempre he detestado el término objetividad—. Esto es: para el aficionado del Sevilla, como es lógico, la derrota sufrida en la Supercopa de España y la eliminación posterior con dos derrotas ante un equipo de perfil muy bajo para la competición europea son dos batacazos sentimentales de altura. Sucede, sin embargo, que ambos hechos son consecuencia lógica de una realidad algo menos edulcorada de lo que se creía.
Primero los honores: el Sevilla es un grandísimo equipo que representa el buen hacer y el crecimiento escalón a escalón conjugando sabiamente la labor de la cantera y unos recursos económicos limitados pero increíblemente bien utilizados. Todo equipo de mitad de tabla hacia abajo que se precie debería fijarse en el Sevilla e intentar seguir su estela. Del pozo de Segunda y de una remota Liga prácticamente olvidada en el imaginario colectivo, el Sevilla pasó a llevarse dos Copas del Rey, dos Uefas, una Supercopa de Europa y otra de España. Es un palmarés espectacular y conseguido en un muy escaso margen de tiempo. Tan corto, que muchos jugadores, el bloque, la médula espinal, han estado presentes en todos y cada uno de ellos.
Además el Sevilla ha sabido vender bien y reinventarse. Las marchas de Sergio Ramos y Baptista parecían una losa. No lo fueron. La venta de Alves o Keita podían hacer desvanecer el empuje del conjunto: no lo hicieron parcialmente. En suma, una gestión excelente. Una vez recordado todo esto, cabe decir que el Sevilla no es un equipo que esté en la primera línea de la Champions League y su ausencia apenas será recordada como un factor sorpresivo para el resto de candidatos. A pesar de lo que Del Nido dijera el año pasado, el Sevilla nunca fue candidato potencial a alzarse con el trofeo continental.
Muy lejos de aquello quea ahora la realidad del Sevilla. A pesar de su buen hacer, el Sevilla sigue siendo un equipo incapaz de luchar por un título de más altas miras como la Liga y la Copa de Europa. La primera es coto privado de dos clubes, la segunda es un cetro inalcanzable habida cuenta del nivel de los conjuntos extranjeros candidatos al título. Así las cosas, el Sevilla haría bien en resignarse nada infelizmente a la Copa del Rey y a un título que puede ser apreciado menor como la Europa League, pero que no lo es. Centrado en la competición menor del fútbol europeo es más peligroso que desvivido en la Copa de Europa. Más aún: la afición disfrutará más la ilusión de alzar un nuevo título y seguir haciendo historia que un hipotético pase a los cuartos de final. Así que no. La no clasificación del Sevilla para la Champions League no es ningún drama.
Lectura recomendada | Batacazo del Sevilla (El País)
Imagen | Marca
Primero los honores: el Sevilla es un grandísimo equipo que representa el buen hacer y el crecimiento escalón a escalón conjugando sabiamente la labor de la cantera y unos recursos económicos limitados pero increíblemente bien utilizados. Todo equipo de mitad de tabla hacia abajo que se precie debería fijarse en el Sevilla e intentar seguir su estela. Del pozo de Segunda y de una remota Liga prácticamente olvidada en el imaginario colectivo, el Sevilla pasó a llevarse dos Copas del Rey, dos Uefas, una Supercopa de Europa y otra de España. Es un palmarés espectacular y conseguido en un muy escaso margen de tiempo. Tan corto, que muchos jugadores, el bloque, la médula espinal, han estado presentes en todos y cada uno de ellos.
Además el Sevilla ha sabido vender bien y reinventarse. Las marchas de Sergio Ramos y Baptista parecían una losa. No lo fueron. La venta de Alves o Keita podían hacer desvanecer el empuje del conjunto: no lo hicieron parcialmente. En suma, una gestión excelente. Una vez recordado todo esto, cabe decir que el Sevilla no es un equipo que esté en la primera línea de la Champions League y su ausencia apenas será recordada como un factor sorpresivo para el resto de candidatos. A pesar de lo que Del Nido dijera el año pasado, el Sevilla nunca fue candidato potencial a alzarse con el trofeo continental.
Muy lejos de aquello quea ahora la realidad del Sevilla. A pesar de su buen hacer, el Sevilla sigue siendo un equipo incapaz de luchar por un título de más altas miras como la Liga y la Copa de Europa. La primera es coto privado de dos clubes, la segunda es un cetro inalcanzable habida cuenta del nivel de los conjuntos extranjeros candidatos al título. Así las cosas, el Sevilla haría bien en resignarse nada infelizmente a la Copa del Rey y a un título que puede ser apreciado menor como la Europa League, pero que no lo es. Centrado en la competición menor del fútbol europeo es más peligroso que desvivido en la Copa de Europa. Más aún: la afición disfrutará más la ilusión de alzar un nuevo título y seguir haciendo historia que un hipotético pase a los cuartos de final. Así que no. La no clasificación del Sevilla para la Champions League no es ningún drama.
Lectura recomendada | Batacazo del Sevilla (El País)
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martes, 29 de junio de 2010
Capítulo 18 | Brasil contranatura

Andrés Pérez | Entre líneas, el jugador clave de Brasil es Robinho. Su transformación como futbolista ejemplifica la transformación de Brasil como conjunto. Musculado y con una cabeza mejor ordenada a nivel táctico, Robinho baja a recibir los balones que la mediocridad de la medular brasileña no es capaz de hacer llegar a los delanteros. Lee bien el juego entre líneas, atina con los pases en los momentos oportunos y no se ceba con la conducción de balón: en suma, Robinho es el jugador clave de Brasil ya que sobre él rota la transición defensa-ataque.
Robinho ha cambiado porque Dunga le ha hecho cambiar para participar en un Brasil, dicen, táctico y defensivo, novedoso, por tanto. Es falso. Brasil renegó de su mitificado estilo jogo bonito en los 80, cuando una generación espléndida de futbolistas les dejó a las puertas de dos Mundiales. Jugaron como dioses para perder como mortales. Desde entonces, con la llegada de los noventa, Brasil adoptó el doble pivote y triunfó en el 94, alcanzó la final en el 98 y venció de nuevo en Corea y Japón. Desde el Mundial en que Parreira decidió hacer de Mauro Silva el hombre clave de su medio campo, el Brasil de Pelé o de Zico es mero recuerdo. Se europeizó.
Así que no ha de extrañar que, ahora, con un entrenador que fue futbolista defensivo y que participó en esa misma copa del mundo de 1994, en EEUU, Brasil mantenga un centro del campo de contención y fuerza y emplee un sistema que protege su portería y no sufre sin balón. Anoche Brasil se cargó a Chile al contraataque. Mortífera en las transiciones, Robinho en mente, con Alves jugando a ser Paul Breitner actuando de centrocampista libre en apariencia, Brasil dio un recital de cómo jugar al espacio. Una Chile ofuscada de cara a portería hizo el resto.
Cada pérdida de balón del conjunto de Bielsa era otro paso hacia el abismo. Lo fue porque Brasil intimida corriendo hacia arriba con espacios, pensando rápido y actuando con precisión en los momentos claves. Es un equipo letal. Esto les puede provocar un shock a los nostálgicos, pero no por ello será menos real: Brasil es mejor ahora de lo que pudiera ser intentando jugar a lo que un día fue. Como Holanda, otro equipo que ha decidido abandonar, al menos en apariencia, su estilo tradicional o la aureola que dos mundiales le hizo arrastrar. Ahora Holanda especula, reserva fuerzas y resuelve partidos en dos latigazos.
Eslovaquia no plantó la suficiente cara como para intimidar lo suficiente a una Holanda insultantemente cómoda plantada sobre el terreno de juego. No atacó porque no lo necesitó: se aferró a Robben tras un pase de Sneijder. Agarró el futbolista del Bayern el balón escorado en la banda, encaró a dos defensas, se dirigió hacia el pico del área y buscó el palo interior. La jugada de toda la vida de Robben, que por más previsible que sea no impide que sea efectiva. Es muy bueno.
Sufrirá Brasil frente a un equipo que le exigirá más ofensivamente y que, visto lo visto, no va a regalar las facilidades atrás que le regaló Chile. Holanda no se quiere volver loca en los partidos y ante todo y como Dunga mantiene el orden en su centro del campo con Van Bommel y De Jong. Sus centrales, cómodos y protegidos, juegan mejor y ocultan así sus carencias. Espera un gran partido en cuartos. Y, ante todo, espera Robben, el jugador que puede hacer campeona a Holanda. Al fin.
Resultados de la decimoctava jornada:
Holanda 2 - 1 Eslovaquia
Brasil 3 - 0 Chile
Imagen | El País | RTVE
Robinho ha cambiado porque Dunga le ha hecho cambiar para participar en un Brasil, dicen, táctico y defensivo, novedoso, por tanto. Es falso. Brasil renegó de su mitificado estilo jogo bonito en los 80, cuando una generación espléndida de futbolistas les dejó a las puertas de dos Mundiales. Jugaron como dioses para perder como mortales. Desde entonces, con la llegada de los noventa, Brasil adoptó el doble pivote y triunfó en el 94, alcanzó la final en el 98 y venció de nuevo en Corea y Japón. Desde el Mundial en que Parreira decidió hacer de Mauro Silva el hombre clave de su medio campo, el Brasil de Pelé o de Zico es mero recuerdo. Se europeizó.
Así que no ha de extrañar que, ahora, con un entrenador que fue futbolista defensivo y que participó en esa misma copa del mundo de 1994, en EEUU, Brasil mantenga un centro del campo de contención y fuerza y emplee un sistema que protege su portería y no sufre sin balón. Anoche Brasil se cargó a Chile al contraataque. Mortífera en las transiciones, Robinho en mente, con Alves jugando a ser Paul Breitner actuando de centrocampista libre en apariencia, Brasil dio un recital de cómo jugar al espacio. Una Chile ofuscada de cara a portería hizo el resto.
Cada pérdida de balón del conjunto de Bielsa era otro paso hacia el abismo. Lo fue porque Brasil intimida corriendo hacia arriba con espacios, pensando rápido y actuando con precisión en los momentos claves. Es un equipo letal. Esto les puede provocar un shock a los nostálgicos, pero no por ello será menos real: Brasil es mejor ahora de lo que pudiera ser intentando jugar a lo que un día fue. Como Holanda, otro equipo que ha decidido abandonar, al menos en apariencia, su estilo tradicional o la aureola que dos mundiales le hizo arrastrar. Ahora Holanda especula, reserva fuerzas y resuelve partidos en dos latigazos.Eslovaquia no plantó la suficiente cara como para intimidar lo suficiente a una Holanda insultantemente cómoda plantada sobre el terreno de juego. No atacó porque no lo necesitó: se aferró a Robben tras un pase de Sneijder. Agarró el futbolista del Bayern el balón escorado en la banda, encaró a dos defensas, se dirigió hacia el pico del área y buscó el palo interior. La jugada de toda la vida de Robben, que por más previsible que sea no impide que sea efectiva. Es muy bueno.
Sufrirá Brasil frente a un equipo que le exigirá más ofensivamente y que, visto lo visto, no va a regalar las facilidades atrás que le regaló Chile. Holanda no se quiere volver loca en los partidos y ante todo y como Dunga mantiene el orden en su centro del campo con Van Bommel y De Jong. Sus centrales, cómodos y protegidos, juegan mejor y ocultan así sus carencias. Espera un gran partido en cuartos. Y, ante todo, espera Robben, el jugador que puede hacer campeona a Holanda. Al fin.
Resultados de la decimoctava jornada:
Holanda 2 - 1 Eslovaquia
Brasil 3 - 0 Chile
Imagen | El País | RTVE
jueves, 7 de mayo de 2009
Justicia poética (Chelsea 1 - 1 Barcelona)

Andrés Pérez | Digamos que hay dos tipos de justicia para determinar quién debió pasar a la final frente al Manchester United. Por un lado encontramos la justicia pragmática, aquella que atiende a motivos puramente terrenales, a lo plasmado en el terreno de juego. Hubo un equipo que tuvo más ocasiones, que se sintió más seguro, que ejecutó su plan de manera perfecta, que pudo sentenciar la eliminatoria pero visicitudes del destino no logró hacerlo. Por el otro encontramos la justicia poética. Aquella que reivindica el amor platónico del buen fútbol, la filosofía de tocar y moverse, la de mentes privilegiadas que atisban en rincones lóbregos espacios iluminados, la justicia de un equipo al que las trabas inmorales del rival en toda una semifinal de la Copa de Europa le impidieron plasmar la idea más bella que el fútbol jamás haya concebido sobre el césped. Por justicia pragmática el Chelsea era más digno finalista que el Barcelona. Atacó más, creó más peligro y, dejando a un lado el estilo, los caminos, aplicó su plan a la perfección sin fisura alguna. Ahogó a un Barcelona que mereció más por pura justicia romántica. Por morir con un estilo hasta las últimas consecuencias a pesar de siquiera acercarse con mínimo peligro a la puerta de Cech. No logro explicarlo, pero el destino, el misterio, un ser superior o simplemente Iniesta obraron el milagro. Reivindicaron la superviviencia del idealismo.
Hablaba el otro día del idealismo de Wenger y su pléyade de niños que tan bien mimaban el balón. El martes el Manchester se encargó de echar por tierra cualquier atisbo de romántica esperanza que el aficionado al buen fútbol, del cual Barça y Arsenal probablemente sean sus mejores representantes, pudiera tener. Es posible que el idealismo sea pura y exclusivamente idealismo. Filosofía. Ideas sin aplicación práctica. Es posible que quienes intenten vivir de la filosofía mueran en el intento, sucumban ante el pragmatismo obsceno que el Chelsea practicó anoche en Stamford Bridge. Es posible. No lo negaré. Pero el Barça de este año se ha empeñado en demostrar que es posible vivir de la idea, que es posible vencer aplicando en la práctica todo aquello con lo que sueña cualquier aficionado. Es posible ser campeón de Europa frente a equipos industriales y correosos, frente a máquinas perfectamente engrasadas con un conjunto plagado de livianos genios. Anoche estuvo cerca de sucumbir ante el ya citado pragmatismo, anoche el Barcelona estuvo a menos de un metro de descender a los infiernos y defraudarse a sí mismo, a punto de derrumbarse ante un muro de hormigón. Casualidades del destino, exista o no, no lo hizo. Parece señalado para mostrar a todo el mundo que no siempre ha de primar la táctica y el físico. Que la improvisación de jugadores pequeños y no excesivamente veloces puede y debe imponerse a todo lo demás.
Fue un milagro. Lo fue porque el Barça no tuvo opción alguna en todo el partido. Los paralelismos con el Arsenal son asombrosos. Saltó al campo convencido en la aplicación práctica del plan ofensivo, el que debería hacer bastado para alcanzar Roma. Por momentos pareció tener éxtio. Antes del imposible gol de Essien el Barça era mejor, se acercaba con cierta impertinencia a las inmediaciones de Cech y manejaba a un Chelsea desorientado, sin rumbo, esperando que en algún momento indeterminado el conjunto de Guardiola perdiera el balón, la cabeza o el don de jugar al fútbol. Sin embargo en la primera llegada del equipo londinense al área de Valdés, un fatídico rechace sirvió a Essien para demostrar que no sólo Zidane es capaz de dibujar obras de arte. La relevancia no es la misma, entendamos, ni la belleza —Zidane es el paradigma de la elegancia, voleó en seco—, lo cual no es óbice para que el gol pase desde ya a ser el mejor de todo el torneo. Sea como fuere, el Chelsea, sin querer, se había adelantado. Vaticiné días antes que este partido lo decidirían los primeros minutos. Creí no equivocarme cuando fue el Chelsea quien se adelantó. Gol a favor, eliminatoria viento en popa toda vela, férrea defensa del resultado y camino Roma.
Ese era el plan y el Chelsea lo aplicó a la perfección. Al Barcelona, la magnífica volea del africano le impidió pensar con frialdad. No merecía un castigo semejante y a pesar de todo con un gol estaba en la final, sin embargo el conjunto al completo se paralizó. De repente, nadie recordaba cómo jugar al fútbol, cómo bailar a un equipo que estaba sometido desde el primer minuto gracias al movimiento incesante de jugadores y balón. Se paralizó el Barça y esa paraáisis le duró hasta el final del partido. El peligro de tal estado de conmoción no era tanto el no anotar un gol a la postre definitivo como el de permitir al Chelsea lanzarse al contraataque, uno de los equipos con más argumentos para hacer temer al rival en caso de que éste se lance sin miedo a por el empate. Por ahí andaban Drogba y Malouda. El primero desquició un rato largo a Piqué y Yayá y el segundo impedirá que Daniel Alves, jugador insustituible dentro del esquema de Guardiola, juegue la final frente al United. En aquel momento parecía lo de menos. En frío, es algo más grave. Dos intervenciones milagrosas de Valdés permitieron respirar al Barcelona quien no se encontraba ofensivamente. Eto'o, sombra de sí mismo, anclado en una banda. Messi absolutamente des-a-pa-re-ci-do. Iniesta y Xavi mantenían la esperanza a flote, pero el escaso movimiento impedía cualquier posibilidad de acercamiento al área londinense. Resultado, cero ocasiones dignas de mención
El Barça hacía aguas por todas partes, sin embargo, Xavi al frente, el estilo se mantenía. Impertérrito, Guardiola no cambió el esquema siquiera cuando Abidal, iniciada la segunda parte, fue expulsado en una maniobra absolutamente censurable por parte del árbitro en cuestión. Se podrá amparar el Chelsea en el penalty no pitado a Piqué, sí, ya que lo era, pero no debiera olvidar que Abidal jamás debió abandonar el campo y que Essien, a tenor de una entrada delictiva a Iniesta, sí. En cualquier caso el problema mayor del Barça en este momento es que se enfrentará a Ronaldo y a Rooney sin sus laterales titulares. En aquel momento, en absoluto alguien pensaba en Roma. Estaba demasiado lejos. Xavi apoyaba, recibía, le daba salida al balón y conseguía movilizar al equipo. Lo hacía desde la línea divisoria por lo que el Chelsea, arropado atrás, no sufría mayor desdicha que la de despejar una y otra vez los repetitivos y previsibles ataques barcelonistas. Eto'o seguía inédito. Messi desastroso. Iniesta se difuminaba en la izquierda, Keita mantuvo un nivel absolutamente intrascendente, al igual que Busquets, quien se vió superado en todo momento. El baluarte ofensivo del Barça, con uno menos, era desolador. Alves, la última esperanza, luchaba, se ofrecía y llegaba hasta las inmediaciones del área de Cech para a la postre no saber centrar. Desesperación.
Así se debía sentir Xavi, o Piqué, o Yayá Touré, o incluso Valdés, únicos y verdaderos artífices anoche de la clasificación baulgrana. Los tres últimos evitaron la goleada —mención especial para el marfileño, quien sin ser central paró en seco todas y cada una de las acometidas londinenses— y el primero, esto es, Xavi, mantuvo en vilo la dignidad del Barça. El estilo, el tan renombrado estilo. Mantuvo, en resumen, el único argumento posible hoy a favor del Barcelona. En el campo, a excepción de él, nadie más demostró algo digno de mención, superados por el poderío físico de un Chelsea metalúrgico, aplastante, expeditivo, seguro. Y a pesar de todo, a pesar de que el Chelsea a estas alturas del partido podía ir ganando por tres goles de diferencia, a pesar de la inoperancia de Messi y de la inactividad de Eto'o, en un segundo para la historia, a Iniesta se le ocurrió colarla en la escuadra. Es posible que me bailen los datos, pero posiblemente fue el único disparo a puerta del Barça en todo el partido. En la frontal, con el Barça ahogando al Chelsea en los últimos quince minutos. El Barça está en Roma por un auténtico milagro. Iniesta apareció en el minuto final, cuando el Chelsea ya celebraba la victoria. Un gol que a buen seguro dolió. Un gol que probablemente hizo justicia a una idea y no a una praxis, un tanto que otorgó una segunda oportunidad a un Barça quizá ya, legendario.
Vía | Más que Fútbol, YouTube
Imagen | Marca, El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
Hablaba el otro día del idealismo de Wenger y su pléyade de niños que tan bien mimaban el balón. El martes el Manchester se encargó de echar por tierra cualquier atisbo de romántica esperanza que el aficionado al buen fútbol, del cual Barça y Arsenal probablemente sean sus mejores representantes, pudiera tener. Es posible que el idealismo sea pura y exclusivamente idealismo. Filosofía. Ideas sin aplicación práctica. Es posible que quienes intenten vivir de la filosofía mueran en el intento, sucumban ante el pragmatismo obsceno que el Chelsea practicó anoche en Stamford Bridge. Es posible. No lo negaré. Pero el Barça de este año se ha empeñado en demostrar que es posible vivir de la idea, que es posible vencer aplicando en la práctica todo aquello con lo que sueña cualquier aficionado. Es posible ser campeón de Europa frente a equipos industriales y correosos, frente a máquinas perfectamente engrasadas con un conjunto plagado de livianos genios. Anoche estuvo cerca de sucumbir ante el ya citado pragmatismo, anoche el Barcelona estuvo a menos de un metro de descender a los infiernos y defraudarse a sí mismo, a punto de derrumbarse ante un muro de hormigón. Casualidades del destino, exista o no, no lo hizo. Parece señalado para mostrar a todo el mundo que no siempre ha de primar la táctica y el físico. Que la improvisación de jugadores pequeños y no excesivamente veloces puede y debe imponerse a todo lo demás.
Fue un milagro. Lo fue porque el Barça no tuvo opción alguna en todo el partido. Los paralelismos con el Arsenal son asombrosos. Saltó al campo convencido en la aplicación práctica del plan ofensivo, el que debería hacer bastado para alcanzar Roma. Por momentos pareció tener éxtio. Antes del imposible gol de Essien el Barça era mejor, se acercaba con cierta impertinencia a las inmediaciones de Cech y manejaba a un Chelsea desorientado, sin rumbo, esperando que en algún momento indeterminado el conjunto de Guardiola perdiera el balón, la cabeza o el don de jugar al fútbol. Sin embargo en la primera llegada del equipo londinense al área de Valdés, un fatídico rechace sirvió a Essien para demostrar que no sólo Zidane es capaz de dibujar obras de arte. La relevancia no es la misma, entendamos, ni la belleza —Zidane es el paradigma de la elegancia, voleó en seco—, lo cual no es óbice para que el gol pase desde ya a ser el mejor de todo el torneo. Sea como fuere, el Chelsea, sin querer, se había adelantado. Vaticiné días antes que este partido lo decidirían los primeros minutos. Creí no equivocarme cuando fue el Chelsea quien se adelantó. Gol a favor, eliminatoria viento en popa toda vela, férrea defensa del resultado y camino Roma.
Ese era el plan y el Chelsea lo aplicó a la perfección. Al Barcelona, la magnífica volea del africano le impidió pensar con frialdad. No merecía un castigo semejante y a pesar de todo con un gol estaba en la final, sin embargo el conjunto al completo se paralizó. De repente, nadie recordaba cómo jugar al fútbol, cómo bailar a un equipo que estaba sometido desde el primer minuto gracias al movimiento incesante de jugadores y balón. Se paralizó el Barça y esa paraáisis le duró hasta el final del partido. El peligro de tal estado de conmoción no era tanto el no anotar un gol a la postre definitivo como el de permitir al Chelsea lanzarse al contraataque, uno de los equipos con más argumentos para hacer temer al rival en caso de que éste se lance sin miedo a por el empate. Por ahí andaban Drogba y Malouda. El primero desquició un rato largo a Piqué y Yayá y el segundo impedirá que Daniel Alves, jugador insustituible dentro del esquema de Guardiola, juegue la final frente al United. En aquel momento parecía lo de menos. En frío, es algo más grave. Dos intervenciones milagrosas de Valdés permitieron respirar al Barcelona quien no se encontraba ofensivamente. Eto'o, sombra de sí mismo, anclado en una banda. Messi absolutamente des-a-pa-re-ci-do. Iniesta y Xavi mantenían la esperanza a flote, pero el escaso movimiento impedía cualquier posibilidad de acercamiento al área londinense. Resultado, cero ocasiones dignas de mención
El Barça hacía aguas por todas partes, sin embargo, Xavi al frente, el estilo se mantenía. Impertérrito, Guardiola no cambió el esquema siquiera cuando Abidal, iniciada la segunda parte, fue expulsado en una maniobra absolutamente censurable por parte del árbitro en cuestión. Se podrá amparar el Chelsea en el penalty no pitado a Piqué, sí, ya que lo era, pero no debiera olvidar que Abidal jamás debió abandonar el campo y que Essien, a tenor de una entrada delictiva a Iniesta, sí. En cualquier caso el problema mayor del Barça en este momento es que se enfrentará a Ronaldo y a Rooney sin sus laterales titulares. En aquel momento, en absoluto alguien pensaba en Roma. Estaba demasiado lejos. Xavi apoyaba, recibía, le daba salida al balón y conseguía movilizar al equipo. Lo hacía desde la línea divisoria por lo que el Chelsea, arropado atrás, no sufría mayor desdicha que la de despejar una y otra vez los repetitivos y previsibles ataques barcelonistas. Eto'o seguía inédito. Messi desastroso. Iniesta se difuminaba en la izquierda, Keita mantuvo un nivel absolutamente intrascendente, al igual que Busquets, quien se vió superado en todo momento. El baluarte ofensivo del Barça, con uno menos, era desolador. Alves, la última esperanza, luchaba, se ofrecía y llegaba hasta las inmediaciones del área de Cech para a la postre no saber centrar. Desesperación.
Así se debía sentir Xavi, o Piqué, o Yayá Touré, o incluso Valdés, únicos y verdaderos artífices anoche de la clasificación baulgrana. Los tres últimos evitaron la goleada —mención especial para el marfileño, quien sin ser central paró en seco todas y cada una de las acometidas londinenses— y el primero, esto es, Xavi, mantuvo en vilo la dignidad del Barça. El estilo, el tan renombrado estilo. Mantuvo, en resumen, el único argumento posible hoy a favor del Barcelona. En el campo, a excepción de él, nadie más demostró algo digno de mención, superados por el poderío físico de un Chelsea metalúrgico, aplastante, expeditivo, seguro. Y a pesar de todo, a pesar de que el Chelsea a estas alturas del partido podía ir ganando por tres goles de diferencia, a pesar de la inoperancia de Messi y de la inactividad de Eto'o, en un segundo para la historia, a Iniesta se le ocurrió colarla en la escuadra. Es posible que me bailen los datos, pero posiblemente fue el único disparo a puerta del Barça en todo el partido. En la frontal, con el Barça ahogando al Chelsea en los últimos quince minutos. El Barça está en Roma por un auténtico milagro. Iniesta apareció en el minuto final, cuando el Chelsea ya celebraba la victoria. Un gol que a buen seguro dolió. Un gol que probablemente hizo justicia a una idea y no a una praxis, un tanto que otorgó una segunda oportunidad a un Barça quizá ya, legendario.Vía | Más que Fútbol, YouTube
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miércoles, 28 de noviembre de 2007
Con el Sevilla y el Arsenal, da gusto
Cuando salen partidos así, merece la pena perder un par de horas de tu vida sentado en el sofá viendo un simple juego. Ayer el Sevilla y el Arsenal depararon un partido espectacular, vibrante y rápido, en el que el espectador no pudo hacer otra cosa más que sentarse y aplaudir cada jugada, cada pared y cada gol. Ganó el Sevilla, pero el Arsenal (un Arsenal B todo hay que decirlo) cayó con la cabeza muy alta y sabiendo que tenía la clasificación asegurada.
Buen gol el primero de Eduardo. De listo, esperando a que Palop se rindiera. Lo demás, fue el Sevilla. Gigante Alves, gran Luis Fabiano, imponente Keita. Los andaluces volvieron a ser ayer, ese equipó que el año pasado maravilló a toda Europa. Da gusto ver jugar al Sevilla cuando se pone. Y da también mucho gusto, ver jugar a Fábregas. Ayer, el Sánchez Pijuán lo despidió en pie, rendido al mejor jugador español del momento.
Vídeo resumen, Sevilla 3 - 1 Arsenal:
Vía | Dailymotion
Más que Fútbol ● 2007
Buen gol el primero de Eduardo. De listo, esperando a que Palop se rindiera. Lo demás, fue el Sevilla. Gigante Alves, gran Luis Fabiano, imponente Keita. Los andaluces volvieron a ser ayer, ese equipó que el año pasado maravilló a toda Europa. Da gusto ver jugar al Sevilla cuando se pone. Y da también mucho gusto, ver jugar a Fábregas. Ayer, el Sánchez Pijuán lo despidió en pie, rendido al mejor jugador español del momento.
Vídeo resumen, Sevilla 3 - 1 Arsenal:
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lunes, 2 de julio de 2007
Brasil no engaña a nadie (Brasil 3 - 0 Chile)

El fútbol tiene estas cosas. Puedes jugar bien, puedes aguantar hasta el minuto 84' pero puedes perder de goleada. El equipo que tienes enfrente es superior en todos los aspectos, o al menos eso dicen, y sin embargo resistes para perder abultadamente y con la sensación del resto del mundo de que sucumbiste ante una máquina de jugar al fútbol. Eso, le paso a Chile ayer.
Brasil se enfrentaba en su segundo partido de la Copa América a los chilenos de Acosta. Venían de perder estrepitosamente frente a México, pero no sólo de perder, sino de jugar como en el Mundial de Alemania, es decir, lamentablemente.
No sé que le pasa a los brasileños últimamente pero han perdido el toque. Y el toque, en Brasil, era sagrado. Antes, los jugadores tocaban y se movían incansablemente volviendo locos s los rivales por las cualidades técnicas que los genios atesoraban. Ahora, Robinho se la pasa a Alves y ninguno se mueve. Es una selección de gente cansada, no sienten necesidad de desmarque, de movimiento, y así ocurre, que la sensación de apatía y aburrimiento crece a cada minuto.

Y enfrente Chile. Tampoco es que Chile hiciera un gran partido, pero mereció más, o mejor dicho, no mereció tanto en su contra. Chile, de mediocampo para adelante, tiene buenos jugadores. Ahí está Valdivia, que para mí es un jugadorazo más digno de Europa que del Palmeiras, está Mark González, a pesar de la inisistencia de Acosta de colocarle de lateral ida y vuelta con la consecuente paliza del bético, está el Mati, a pesar de que ayer no jugara y no pase por su mejor momento ha hecho una buena segunda vuelta con el Villarreal, y ahí, sobre todo, está Humberto Suazo.
Para mí, es inexplicable como un jugador de la calidad de Suazo sigue en Colo Colo, que con todos los respetos, no es un club del nivel del jugador. Un jugador, delantero, que ayer fue el más destacado de Chile, especialmente en la segunda, debido a varios fogonazos de calidad. Controles orientados y toda una lección de cómo estorbar en una delantera solitaria ocasionalmente apoyada por Lorca.
Suazo tuvo el empate en una jugada en la que se regateó hasta a sí mismo cuando hubo de tirar en el primer recorte. Ahí Chile, y en una jugada posterior de Valdivia, tuvo el 1-1. Cosas del fútbol, a las dos jugadas después Robinho apareció para marcar el 2-0 tras una pifia de la defensa chilena, otra más. Chile tiene buen equipo en ataque, pero es un desastre defensivo. Si Baresi o Scirea vieran a los defensas chilenos les daría un infarto. Contreras está flojo, Vargas es el mejor amigo de los delanteros rivales, Riffo no se encuentra y el único que mantiene algo el tipo es Fuentes. Y así, no llegan a ninguna parte por mucho Suazo que haya, que por cierto, debería ir ya hacia Europa.

En definitiva, triunfo de Brasil que aminorará las críticas hacia la seleçao. Sólo aparentemente, Brasil se recupera. Pero sigue estando rota y sin calidad. No hay juego. Es la peor Brasil de los últimos tiempos. Antes jugaban Pelé, Zico, Sócrates, Romario, y ahora, juegan Josué, Vagner Love y Elano. Hay diferencia.
Hoy:
Juega Argentina, de nuevo con un esquema que no gusta a nadie salvo a Basile. En el partido contra los yankees se salvaron por Messi y porque salió Aimar en la segunda parte. Veremos que hacen hoy frente a una Colombia bastante mal después de que Paraguay le metiera cinco.
Paraguay por su parte se enfrenta a EEUU. Si gana, sentencia el grupo. Argentian lo mismo. A ver que ocurre.
Fotos | Futboleros, Univision
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