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martes, 31 de mayo de 2011
92 puntos
Andrés Pérez | Las temporadas en el Real Madrid nunca son comunes ni rutinarias. En ello ponen especial énfasis todos los medios de comunicación que rodean al club de la capital. Era previsible que este año, tras la contratación de Mourinho, lo que ya de por sí era un circo se elevara a la máxima potencia. Ha sucedido y no ha sido agradable, ni en Madrid ni en Barcelona. En general, se puede calificar la temporada del Madrid como levemente exitosa respecto a la del año anterior —mejora exponencial en las dos competiciones coperas y semejantes resultados en Liga— pero constantemente torpedeada y ensuciada por la marea mediática desatada a su alrededor. Así pues, no es de extrañar que se observe en retrospectiva el año con cierto sabor amargo.
Tras la cierta desazón que produjo la temporada pasada, con Pellegrini al mando, con las recientes incorporaciones de Cristiano Ronaldo, Kaka' y Benzema y la llegada de uno de los mejores entrenadores de la última década, sobrado de carisma y con la aureola de ganador nato que le había llevado a conquistar dos Champions League, varias ligas y varias copas en Portugal, Inglaterra e Italia, el ambiente en Madrid era realmente ilusionante. La llegada de estrellas pujantes como Ozil o Di María y la incorporación de jugadores bastante fiables a priori como Carvalho o el metalúrgico Khedira consiguieron que, en términos genéricos, el Madrid aspirara a competir de igual a igual con el Barcelona. Este último punto serviría de losa para el equipo durante el resto del año.
Nadie recaería por aquel entonces en lo ilusorio de pretender que un equipo recién formado igualara en compenetración y proyección de juego a uno que llevaba casi cinco años gestándose en una misma base de futbolistas —Messi, Puyol, Iniesta, Xavi, Valdés, Abidal—. Comenzó el Madrid precipitado en Mallorca, donde se llevó el primer varapalo de la temporada empatando ante un rival, a priori, asequible. En aquel partido fue titular el también recién adquirido Canales, joven promesa del fútbol español que pareció contar, a principios del curso, con el beneplácito de Mourinho. A Canales le sucedería como a Pedro León: ambos se apagarían el restod el año. La derrota más tarde del Barcelona en casa ante el Hércules y los progresos evidentes del Madrid harían olvidar las dudas iniciales.
El Madrid cogió cuajo. Higuaín seguía en un espléndido estado de forma, Ronaldo también, Ozil se acoplaba a la perfección en la parcela ofensiva, Di María crecía en confianza, Carvalho desprendía carisma y seguridad en el centro de la defensa y Xabi Alonso se erguía definitivamente como el líder nato del conjunto. En Champions apenas tuvo inconvenientes e incluso se permitió el lujo de empatar en San Siro en los compases finales, uno de esos partidos que en los últimos años habría perdido casi con toda probabilidad —sería Pedro León el héroe de la noche, en el único momento feliz de su estancia en el Bernabéu—, y en Liga mantenía con firmeza la primera plaza ejerciendo de equipo autoritario en casa y práctico y resolutivo lejos de ella. Tal era la situación de optimismo creciente en Madrid que, en vísperas del importante partido en el Camp Nou, no eran pocos quienes observaban en el conjunto de Mourinho cierto favoritismo.
Y a partir de ahí, tras el cinco cero demoledor que el Barcelona infligió al equipo blanco, todo lo que durante prácticamente una vuelta había sido un camino esperanzador se tiñó de acidez. Mourinho respondió con el carácter que le caracteriza a las primeras críticas que le vertía cierto sector de la prensa. El partido del Camp Nou dejó entrever ciertas carencias ofensivas del equipo. El Madrid no mezclaba bien, sufría en los partidos y no jugaba particularmente bonito. A pesar de ello terminó la primera vuelta como una centella imponiéndose a Villarreal, Sevilla y Valencia, manteniendo vivas las esperanzas de conquistar aún la Liga. Sucedió, en el último partido de la primera vuelta, que empató en casa de un deshauciado Almería y que, dos jornadas después, perdió en casa de Osasuna, también equipo que luchaba por no descender.
A partir de ahí la Liga pareció un objetivo más lejano —pese a que el Barça empataría más tarde en casa del Sporting—. La clasificación tanto de Madrid como de Barcelona para semifinales de la Champions y la ya por aquel entonces segura final de Copa entre ambos dejó en un segundo plano la competición doméstica para el Madrid. Frente a sí tenía dos títulos bastante lejanos en el tiempo y los debía conseguir frente al Barça. En abril el punto de amargura, ambiente viciado y provocaciones constantes entre uno y otro lado llegaba a su punto álgido y, en tal situación, demostrada en la primera vuelta la inferioridad deportiva del Madrid respecto al Barcelona, ganar tanto la Copa como la Champions eran requisitos indispensables.
Y sucedió que el Madrid ganó la Copa del Rey brillantemente, que previamente había empatado en el Bernabéu y que en Champions no tuvo ninguna opción. En fin, todo aquello había saltado por los aires con la rueda de prensa de Guardiola el día antes del partido de ida en el Bernabéu. Tras el partido de vuelta en el Camp Nou la temporada del Madrid había terminado, no sin un poso ciertamente agrio, resultante de lo acontecido en el ámbito extradeportivo. Algunos aficionados neutrales tenían la sensación de que toda aquella parafernalia creada en el entorno del Madrid y que felizmente secundó el del Barça sólo podía quedar justificada en caso de victoria en la mayor parte de las competiciones. Al no ser así, aquel capítulo resultó bastante ridículo.
La temporada del Madrid no se puede entender sin lo sucedido a su alrededor, especialmente en el mes de abril. Entre otros motivos porque ha servido de punta de lanza de algunos sectores tanto de la afición como del Barcelona —como del periodismo más próximo al Madrid— para exigir la dimisión o la destitución de Mourinho pese a los logros deportivos. Y más allá del ruido creado sobre el club, hay que valorar los resultados deportivos para emitir un juicio de valor medianamente útil a la hora de analizar el futuro del Madrid — lejos de las etéreas e intangibles cualidades de imagen, filosofía y espíritu de club.
En general, el año ha sido bastante positivo en Madrid. A excepción de la Liga, donde ha conseguido cuatro puntos menos que el año pasado, el equipo ha mejorado en todas las competiciones —consiguiendo una que se resistía desde hacía casi veinte años y superando los octavos en otra, algo que no lograba hacía siete años—. Por otro lado, y algo que puede ser incluso más importante, es posible que se haya apostado definitivamente por un proyecto realmente a largo plazo. Mourinho ha llegado para quedarse y a una plantilla espectacular, excelsa y sobrada de talento se le adivinan enormes posibilidades con el poso de un año de toma de contacto y sistemas de juego ya adquiridos. Porque este que llega y no el que abandonamos, será la auténtica prueba de fuego para Mourinho.
Lectura recomendada | Comparativa en Liga entre Madrid y Barcelona (Marca)
En MQF | 96 puntos (temporada 09/10)
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miércoles, 4 de mayo de 2011
La épica no resultó para llegar a Wembley
Juandi Mora | Llovía, se había confirmado que no habría show Mourinho y el Real Madrid salía con Kaka' e Higuaín al campo. A los optimistas la lluvia les sabía a épica. Los pesimistas recordaban el estado de forma del brasileño y el canguelo del argentino cuando hay que agarrarse los machos y luchar. Yo, en mitad de las dos posturas, confiaba en un gol blanco en la primera mitad y de ahí a lo desconocido.
Agobiante, inquieto, desbocado. Así salía el Real Madrid al Camp Nou. Con ganas de asustar, de dejar constancia de que la camiseta blanca y el escudo redondo con corona y franja morada cruzando no es novato en estas lindezas. Se había cambiado a los toros por elegantes caballos. Que corrían, pero no lo suficiente con el objetivo de amasar el balón cuando estuviese de cara. Sin embargo, el despliegue físico duró treinta minutos. Aquí se acababa la actitud que me gusta del «luchan por sus laureles». Lo de «con respeto y emoción» terminó cuando quien está en el banquillo no respeta la historia de un club señor.
Seguía optimista. Las paradas de Casillas se acercaba a aquel binomio de principios de siglo cuando el guardameta madridista se convertía en santo y la demoledora delantera ajusticiaba al intrépido rival. Sin embargo, ni ruido ni nueces. El Real Madrid no era capaz de llegar y el Barça asediaba la portería. Con la llegada del segundo tiempo volvió a llover. Volví a creer en la épica.
Fallo arbitral al margen, porque lo hubo, el Madrid perdió la concentración y ahí llegó el gol de Pedro. Un jugador con el don de la oportunidad. Cuesta arriba, lloviendo y con afiladas piedras en la subida afrontaba el nuevo partido de treinta minutos el equipo madridista. Los blancos no se resignaban y luchando llegó un balón al palo que parecía otra gracia más de Zeus. En cambio, el balón volvía a Di María que regalaba el empate a Marcelo. Tiempo había, veinte minutos. Dos veces diez para un equipo que no es capaz de jugar al fútbol sin atropellos. Ansiedad y fútbol directo es lo mismo que cabeza, cesta y guillotina. Un suicidio. Mi ilusión se esfumaba. Ese optimismo del equipo luchador que juega de blanco. Ni los arreones de Cristiano, ni los destellos de Ozil. Nada ha sido suficiente para mandar al Real Madrid a Wembley. Irá el que mejor jugó a fútbol. A jugar una final que ya creen ganada. Ojo, hay que jugarla. Por experiencia madridista lo digo.
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En MQF | Mourinho no sabe de las grandes noches del Bernabéu
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Será el Barça y será en Wembley
Andrés Pérez | Es probable que no exista mejor modo de ejemplificar el poderío del Barcelona frente a cualquier disposición táctica del rival que el gol de Pedro anoche. Cuando el Real Madrid optó en la segunda parte por adelantar agresivamente la línea de presión y buscar ahogar la salida de balón de sus centrales, éstos no tuvieron más remedio que optar por retrasar el balón para Valdés. En cualquier otro equipo esta situación se solventaría con un balonazo indiscriminado que eliminaría la presión rival a cambio de perder la posesión y atenerse a su construcción ofensiva. En el Barça no. Valdés optó por abrir a banda, con un pase largo y medido, rompiendo la línea de presión por alto y lanzando el contraataque de sus compañeros. Alves recibió el regalo, avanzó metros, buscó a Iniesta, éste a Pedro entre líneas y el canario superó a Casillas en el mano a mano. El Madrid había cambiado el planteamiento y no había servido absolutamente de nada porque seguía perdiendo.
Cuando el Madrid, en el Bernabéu, optó por retrasar sus posiciones, agazaparse en torno a la portería de Casillas, juntar líneas, sembrar minas en el centro del campo, permitir correr verticalmente a Piqué, también murió. Así pues no cabe gran reproche a un Madrid digno anoche en la derrota que apuró sus posibilidades ejecutando planteamientos diversos y mostrando una gran versatilidad —ejemplar en muchos aspectos, esencialmente en el comportamiento hercúleo de sus futbolistas—. Todo lo que intentó Mourinho, desde la defensa cerrada hasta la presión adelantada tratando de destruir el oleaje combinativo del Barcelona, sirvió de más bien poco a excepción de ese caso particular, bello, y épico que supone la Copa del Rey, definitivamente la competición más atractiva de todas en las que este año discutieron Real Madrid y Barcelona.
Sorprendió el Madrid, de nuevo, buscando cercenar los puntos de creación del Barcelona en su propio campo. Adelantó varios metros los lugares en los que sus delanteros presionarían —algo semejante a lo que consiguió en la primera parte de Mestalla— y durante diez minutos el Barça tuvo problemas para controlar el balón y superar el campo de obstáculos sincronizados y pegajosos en el que mutaban los jugadores a las órdenes de Mourinho. Pasados diez minutos de encomiable ejercicio físico del Madrid —robando, intentando distribuir, manteniendo durante cierto tiempo la posesión del balón—, el Barcelona comenzó a superar dicha presión y empujó hacia atrás las líneas defensivas del Real Madrid ejecutando su consabido y posesivo plan de dominación del balón. Es una gran virtud la del Barça: imponer su fútbol conociendo su rival de antemano el plan.
De ahí al final de la primera parte el Barcelona fue mejor, llegó más y sólo el desacierto de Pedro y Villa y las providenciales paradas de Casillas impidieron que al descanso la eliminatoria no sólo estuviera finiquitada sino que pudiera sonrojar a la defensa del Madrid, personificada en Albiol, lento, y en Carvalho, hiperactivo, muy hablador y levemente pasado de revoluciones en cada choque. Tras la reanudación la tónica fue muy semejante a la de la primera parte y el Madrid salió gallardo, altivo, apabullante en el plano físico y forzando al Barcelona a sentirse intimidado. Le disputó el balón, lo ganó por momentos y volvió a su primigenia idea de evitar que los centrales del Barcelona obtuvieran líneas de pase mediante las que abastecer a Iniesta y Xavi, piezas de engranaje entre el inicio y el fin, Messi, de todo el fútbol del Barcelona de Guardiola, preciso e infalible como pocas máquinas habidas en la historia del fútbol.
Pese a la actitud ejemplar del Real Madrid durante la segunda parte, ya sin Higuaín, particularmente pasado de peso, de nuevo imperceptible en los momentos claves de la temporada, y sin Kaka', desaparecido para la causa y sustituido por Ozil, mucho más expresivo y vivaz que el brasileño, el Barcelona volvió al primer párrafo de este artículo y con cuatro jugadores y varias yardas desangeladas que recorrer por delante anotó el primer gol del partido. Volvería el Madrid, impulsivo, a recuperar la fe con el gol de Marcelo pero no quedaba demasiado tiempo. De ahí el final el encuentro volvió a los fueros habituales de esta saga de cuatro enfrentamientos: ásperos y duros, pasados por agua para más escarnio del espectáculo. Fue un final muy decidor de todo lo que en un mes han sabido ofrecer ambos equipos. Más bien nada. Entre tanta mediocridad para lo que se esperaba relució Messi. A fin de cuentas el tipo que, en el Bernabéu, hizo posible que hoy un empate le sirviera al Barcelona. Será el Barcelona y será en Wembley, casi veinte años después de que Koeman lograra, con un tanto indeleble, que el Barcelona levantara por primera vez la Copa de Europa. Ya va camino de la cuarta.
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jueves, 28 de abril de 2011
Mourinho no sabe de las grandes noches del Bernabéu
Juandi Mora | Como decía en la previa, el Real Madrid jugaba uno de los partidos que lleva jugando desde su creación. De los que los rivales temen solamente pisar el césped del Bernabéu. Las noches gloriosas. Y eso es lo que esperaban los madridistas.
Pero no salieron las cosas. Fueron rebasados por la derecha por el fútbol que realizó su rival. El sistema, criticado o no, era el que Mourinho había planteado. El mismo que en la Copa, idéntico nada más. Sin embargo, la intensidad no fue la misma, el partido era de 180 minutos y no daban una copa al más efectivo cuando pitara el árbitro el final en el Bernabéu. La presión no fue la misma en los delanteros, Cristiano se cansó cabreado de ser el único que cercaba a los defensas, Ozil, desubicado, no se encontraba y el «fideo» Di María corría como pollo sin cabeza. La táctica se fue al garete. Sin el posicionamiento en el campo el Real Madrid no es nada más que un puñado de individualidades. Un equipo que juega mecánicamente a atacar, como un equipo de niños en el patio del colegio. Perdidos, con ambición, con el jugador chupón luchando cada balón, pero perdidos. Luego vino el resto.
Cuando el partido, aun con el dominio culé, parecía que se podía convertir en un encuentro decidido por una jugada suelta, como el de Copa, a Pepe se le cruzó el cable. Como siempre, para que nos vamos a engañar. Duro plantillazo sobre el jugador rival, peligroso, injustificable en directo. Sancionable con una pena algo menor cuando se ve en repetidas ocasiones. Mourinho por su parte dejó de ser decisivo en ese mismo momento. Se autoexpulsó. Pataleta de ego. Minutos después sentado en la grada, autocompadeciéndose, dejó de ser el entrenador del Real Madrid en ese partido.
Dos cambios tenía el Real Madrid en la recámara. Algo con lo que dinamitar un partido perdido. Una locura para que algo lo cambiara, un revulsivo. Un central menos, un centrocampista más. Dos centrales menos, un delantero más. Lo que hace un entrenador que quiere ganar una eliminatoria. Me dan igual las milongas que cuente en la rueda de prensa si el equipo vence. Si el equipo lucha por su título por antonomasia. Tiró el partido, Messi lo recogió y lo alojó dentro de la portería de Casillas. El Real Madrid dice adiós a la eliminatoria, a la Décima, a su misticismo en el Bernabéu. A su competición.
En MQF | Messi brilla en un partido opaco
En MQF | La dureza y el racanismo se pagan caros
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jueves, 21 de abril de 2011
El Madrid se reinventa diecisiete años después
Andrés Pérez | En un partido descomunal, legendario, disputadísimo, agrio, sucio, enquistado y brillante, el Madrid se reinventó a sí mismo para conquistar la Copa del Rey diecisiete años después de que lo hiciera por última vez. Lo hizo ahogando al Barça, planteando un partido extenuante en la parcela física, doblando cada ayuda en defensa, concentrado en cada acción y disputando cada balón como si el devenir de la final dependiera de él. No le caben reproches al esquema táctico de Mourinho, de nuevo sagaz, ni a la ejecución práctica de los futbolistas del Madrid, que, y he aquí la noticia, lograron anular durante más de medio partido la capacidad ofensiva del Barcelona. Lo que en un principio no era más que una utopía, el Madrid lo hizo realidad. Hizo de su partido un súmum de decisiones acertadas a costa del Barça, a ratos brillante, impotente en el plano físico y perdido en lo superfluo.
Vaya por delante que la consecución del título por parte del Madrid no obedece a demérito ajeno sino a la exaltación de las virtudes propias. Lejos de cualquier maniqueísmo, la contraposición de estilos deparó un choque excesivamente vibrante, chispeante por momentos, pasado de revoluciones en ocasiones, precioso en su tónica general por la intensidad con la que se jugó por ambos bandos. Tanto Barcelona como Madrid jugaron un partido excelso determinado en una de las muchas acciones que podían haber sido el punto de inflexión y que no fueron: un cabezazo superlativo de Cristiano Ronaldo, suspendido en el aire como los mejores cabeceadores de siempre, tras una combinación en la banda izquierda entre Di María y Marcelo cuando el Madrid conseguía equilibrar la balanza tras cuarenta y cinco minutos a contracorriente víctima de su propia condición humana, impotente en lo físico y aferrado a la genialidad del impasible y eterno Iker Casillas, determinante un día más, una final más, un torneo más. Su palmarés es ya de leyenda.
Decíamos ayer que todo el problema del Madrid el sábado pasado no fue tanto el planteamiento defensivo como el ofensivo, puesto que al juntar tanto las líneas el Madrid perdía el hilo en ataque y llegaba esporádicamente, sin orden ni continuidad, fruto más bien del inevitable cese de espacios del Barcelona antes que de la capacidad ofensiva de sus delanteros. Mourinho solucionó tal problema adelantando las líneas varios metros. El planteamiento del Madrid fue el mismo que ejecutó en el Bernabéu días atrás solo que más cerca del área de Pinto. Las recuperaciones ahora serían un peligro inminente para el Barcelona y el inicio de las jugadas del conjunto de Guardiola distaría demasiado de la zona de peligro de sus mejores jugadores. Dicho y hecho, con un Pepe omnipresente ejerciendo de delantero, centrocampista llegador y destructor a un mismo tiempo, el Barcelona no se encontró.
Se perdió en la maraña táctica que creó Mourinho, Xabi Alonso y Khedira estelares en las ayudas a sus centrales, así como Ozil y Di María, carrileros y extremos a partes iguales, interiores en defensa cuando Messi o Iniesta acudían a sus bandas, emparejándose con Alves o Adriano cuando éstos subían. El Barça no iniciaba las jugadas con fluidez, sus delanteros no exigían el balón al espacio, Messi pecaba de intrascendente lejos del área de Casillas e Iniesta y Xavi sólo encontraban enemigos cuando levantaban la cabeza. Fue el peor primer tiempo del Barcelona de Guardiola, que a excepción de un lejano disparo y varios saques de esquina fue incapaz de crear peligro a Casillas. No así el Madrid, que rascó abajo y buscó con efusividad a Ronaldo, anoche de ariete, por medio de Ozil. Llegaba más el Madrid, en una ocasión Ronaldo disparando seco para que Pinto repeliera y en otra Pepe elevándose por encima de Alves rematando al palo cuando todo parecía indicar que el balón terminaría en la red.
Se había reinventado el Madrid y había descubierto debilidades en el Barcelona, intimidado en el plano físico y desnortado en la creación de su fútbol, demasiado lejos, demasiado previsible, demasiado lento, demasiados rivales. Mourinho hizo de su defensa una trinchera y Villa murió en ella, perdido en sus propias disputas incluso cuando, ya en la segunda parte, el Barça confirmó que la capacidad de resistencia del Madrid, incluida la de un grandioso Pepe, era humana. Por tendencia natural, el equipo del técnico portugués se había inmolado persiguiendo centrocampistas, presionando, corriendo hacia atrás y lanzando a sus delanteros. Cuando los pulmones fallaron, apareció Iniesta y dotó de sentido al hasta aquel momento ineficaz ataque del Barça.
Iniesta comenzó a levitar sobre el césped de Mestalla y acercó a su equipo al área de Casillas. Para entonces el Barça había eliminado cualquier rastro de la capacidad ofensiva del Madrid. Para entonces Ramos y Carvalho eran los mejores soldados con los que se podía compartir trinchera, imperiales ambos. Junto a ellos Casillas, genio hasta la tumba. Siempre guiado por Iniesta, clarividente y suave como en sus mejores ocasiones, el Barça se encontró hasta en tres ocasiones con Casillas. Primero Messi, más tarde Pedro y finalmente el propio Iniesta, en un paradón inverosímil del arquero madrileño. Corría el minuto 70 y parecía cuestión de tiempo que el Madrid, sólido atrás pero un trapo en manos de Iniesta y de un revitalizado Messi, sucumbiera ante el aluvión de paredes, velocidad en los metros finales y capacidad creativa del Barça. Sin embargo la luz se apagó. También para el Barça. Y lo que restó después fue supervivencia.
Porque el Madrid se reinventó de nuevo y extrajo fuerzas no se sabe muy bien de donde para asustar en dos ocasiones a Pinto, la última Di María, maratoniano anoche, mandando el balón a la escuadra. La respuesta de Pinto fue el último acto antes del tiempo de prolongación. Para entonces la batalla a los puntos estaba igualada, el partido era una delicia y el Barça había intentado recuperar el hilo perdido en los últimos minutos de la segunda parte. Lo consiguió a duras penas y nunca en la misma medida apabullante del segundo periodo. Fue el Madrid quien finalmente, en una triangulación esplendorosa entre Marcelo y Di María, encontró el vuelo de Ronaldo para sentenciar la Copa, ya que de ahí al final sería el propio Madrid quien dispusiera de las mejores ocasiones.
Había resucitado el conjunto de Mourinho. Había ganado la Copa merecidamente y había espantado los fantasmas. Más aún: había demostrado que el Barça, uno de los mejores equipos de siempre, es falible. Y ese era el punto de partida necesario para disputarle la hegemonía.
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jueves, 14 de abril de 2011
El Madrid confirma el clásico
Andrés Pérez | Cuatro clásicos en apenas un mes. Ayer el Real Madrid, venciendo en White Hart Lane con sobrada autoridad, certificó las previsiones y habrá una oferta desmesurada de partidos entre Barcelona y Real Madrid. Es un hecho difícilmente repetible. En lo que resta de temporada, los dos equipos se jugarán tres campeonatos. De lo que acontezca en las tres competiciones pueden suceder varias cosas y extraerse numerosas conclusiones. La primera y más evidente es que el Madrid no es el equipo menor que muchos han dibujado durante toda la temporada tras el 5-0 en el Camp Nou. Sigue la estela del mejor Barça de la historia y del, para muchos, mejor equipo de la historia. No es un mérito menor. Y está en condiciones de robarle dos torneos, pese a que la Liga es un premio demasiado ilusorio.
El resto de conclusiones se extraerán en función de los resultados. Si el Barça se impone en todas las competiciones el Madrid habrá creado para entonces un complejo de inferioridad que sólo se borrará con el paso de los años y de los futuros y previsibles títulos madridistas. Entiéndase que el Barça ya ganó todos los torneos en 2009, pero no directamente ante el Madrid en cuatro enfrentamientos directos en un mes. Pese a que las situaciones sean semejantes, al carga emotiva y mediática es mucho mayor. Si el Madrid no es capaz de llevarse ningún título a sus vitrinas el golpe moral puede ser mayúsculo y puede ocultar y ensombrecer la excelente primera temporada de Mourinho en el banquillo.
Suceda lo que suceda es evidente que el Barça es el mejor equipo. Lo es en tanto que se ha impuesto con claridad en el torneo que premia la regularidad, el baremo que mide la verdadera capacidad de un equipo. Esto no oculta, o no debería, que el Madrid ha mejorado sustancialmente respecto al año anterior. Lo demostró anoche ante el Tottenham. Firme en defensa pese a algunas internadas de los delanteros ingleses, controlador en el centro del campo cuando lo necesita y rápido arriba. El Madrid se encuentra habitualmente colapsado si el equipo rival se cierra atrás, pero el paso de los minutos permite entender mejor el funcionamiento del muro que tiene enfrente. Una vez lo ha estudiado y comprendido es ingenioso a la hora de romperlo.
Cuando no, cuando un equipo le juega cara a cara, el Madrid encuentra espacios y Xabi Alonso los aprovecha con sutileza. Arriba esperan Ronaldo, Di María o Benzema al hueco y Adebayor y Ozil al pie. En cualquier situación el Madrid tiende a encontrar recursos y a explotar sus virtudes. Es su principal punto fuerte: la excelente ocupación de espacios y la rentabilidad de sus acciones ofensivas. Ante el Tottenham el Madrid dominó con placer, combinando con suficiencia en la medular y durmiendo el tempo del partido. Al equipo londinense no parecía incomodarle dicha situación puesto que no puso en demasiados apuros al Madrid.
Le sucedió que apenas alcanzó posiciones ofensivas al borde del área. Tan sólo la salida de Kaka' y Benzema espoleó al equipo cerca de las posiciones de Gomes, ya rendido tras cantar estrepitosamente en un disparo de Ronaldo. El Madrid ha pasado a semifinales sin mostrar su previsible mejor nivel y con ciertas carencias en muchos partidos. La competitividad y la firmeza que ha mostrado el equipo y el plus de psicología y capacidad que suele aportar Mourinho deberían contrarrestar en los próximos enfrentamientos sus carencias. Es el único modo que tiene el Madrid de plantar cara con firmeza al Barça. Se presenta un mes apasionante. Disfruten cuanto puedan y traten de mantenerse al margen de las cavernas mediáticas de uno y otro lado.
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sábado, 2 de abril de 2011
El dichoso doble pivote
Andrés Pérez | En un futuro no muy lejano nos costará explicar a nuestros hijos cómo Lass llegó a ser titular en el Real Madrid. Su aportación es mínima en la parcela ofensiva, se descoloca con facilidad en defensa y sus muchos kilómetros recorridos obedecen no tanto a un gran desgaste productivo como a ésto último, lo que, además, provoca que llegue tarde en todas las jugadas al corte. Todo lo anteriormente escrito le lleva a jugar al límite del reglamento y a causar más un problema que una solución al equipo. A Khedira le sucede tres cuartas partes de lo mismo. Su virtud es la incorporación desde segunda línea además de su amplio despliegue físico, pero al lado de un jugador que sepa cambiar la orientación del juego con un solo pase. No junto a Lass. El problema de Lass y Kedhira no es cada uno por separado, sino ambos juntos. Y, en realidad, no es culpa suya, sino de Mourinho.
Hasta la victoria del Sporting, Mourinho ha estado más de nueve años sin perder un partido en casa, un logro difícilmente repetible. Sin embargo se equivoca por completo cuando pretende convencer al público y al rival de las virtudes de su equipo cuando, precisamente en casa, salta al campo con Lass y Khedira en la medular. Es un planteamiento que, no cabe duda, obedece a las precauciones tácticas de Mourinho, pero al mismo tiempo es un planteamiento cobarde y contraproducente: los equipos en el Bernabéu salen a agazaparse alrededor de su portero. Ante la falta de espacios, ni Lass ni Khedira están capacitados para generar peligro en las inmediaciones de la portería rival. Más aún cuando no están Xabi Alonso, Marcelo, Ronaldo y Benzemá, cuatro jugadores claves en el Real Madrid a la hora de sorprender en ataque.
El esquema de Mourinho, además, deriva a Ozil a la banda derecha y a Di María a la izquierda, en sustitución del lesionado Ronaldo. Ambas situaciones son anormales ya que Di María se ha pasado toda la temporada jugando en banda derecha y Ozil se encuentra a gusto haciendo y deshaciendo entre líneas, por detrás del delantero. Por su parte, sin Benzemá ni otro delantero que le supla, Adebayor se encuentra demasiado solo. De nada sirve descolgar todos los balones que le llegan si nadie alrededor se acerca a recogerlos. El Madrid, así las cosas, se torna en un equipo muy previsible, carente de talento e incapaz de explotar el poco que atesora —Ozil, Adebayor—.
El Sporting hizo lo que debía, cubriéndose las espaldas de una forma realmente solvente y aprovechando las escasas oportunidades que llegara a tener. Mediada la segunda parte los defensas del Madrid decidieron contemplar el acontecer del universo —preocupante estado de forma el de Carvalho— mientras De las Cuevas empujaba a placer el balón a la red de Casillas. El problema del Madrid ha sido la falta de creatividad, cercenada por un dichoso doble pivote compuesto por dos jugadores que no dan el perfil necesario para partidos de esta índole. No en vano, ha sido Canales el mejor jugador de la segunda parte en los pocos minutos que ha disputado. Cuesta creer que este jugador no cuente con más minutos bajo ninguna circunstancia. Pero eso ahora no importa. El Madrid se aleja, casi de modo definitivo, de uno de los títulos a los que aspiraba. Y lo hace tontamente, por un empeño poco comprensible de su entrenador.
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jueves, 17 de marzo de 2011
El Madrid rompe con su pasado reciente
Andrés Pérez | Acudía el Madrid con gran urgencia al partido de vuelta de los octavos de final. La urgencia que provoca el peso de seis años sin superar una ronda que comenzaba a mostrarse maldita y que era reflejo de las miserias del conjunto madridista durante los últimos años a pesar de los exiguos campeonatos de Liga. Ante el reto que proponía su historia reciente, el conjunto de Mourinho respondió con virulencia ocasional y espesura general. En cualquier caso doblegó a su bestia negra, el Lyon, domado a pesar de su buen sentido del juego y excesivamente blando en las pocas ocasiones de las que dispuso. Su inocencia defensiva la aprovechó un Madrid, esta vez, desbocado.
Como lo lleva durante toda la temporada. Al Madrid se le podrá achacar falta de fluidez en el juego, excesiva verticalidad o demasiada dependencia de sus individualidades, pero no capacidad de remate e intimidación. Cerca del área rival, Benzema, Ronaldo, Ozil o Di María son jugadores versátiles en todas las zonas del campo, rápidos y potentes. Además dotados técnicamente. Una pesadilla para la defensa rival, por más que no encaje el esquema o el centro del campo no gobierne como debiera con Xabi Alonso y Khedira. Es el recurso del Madrid, aferrarse a la violencia ofensiva de sus mejores jugadores. No deja de ser un recurso lícito y, ante todo, efectivo.
El Madrid salió con la intención de controlar el juego pero no pudo hacerlo dados sus evidentes nervios y el buen hacer del centro del campo francés, donde Toulalan y Kallstrom ofrecieron la calma que la parcela ofensiva del Madrid nunca encontró. Los tres primeros minutos fueron un frenesí que auguraba serios problemas para Lloris. Sin embargo, el Lyon clamó el tempo del partido y trianguló con sobriedad para poner en apuros a la defensa blanca en más de una ocasión. Transcurrió la primera parte con la sensación de que era el Madrid el equipo necesitado de un gol para pasar a cuartos de final y no el Lyon. Mal presagio. En los últimos minutos del primer periodo, no obstante, el Madrid decidió aplicar la misma línea de juego que el Lyon y enarbolando jugadas a ras de suelo consiguió acercarse con más inteligencia al área francesa. Fue Marcelo, en una de sus muchas subidas por banda, quien tras tirar una pared con Ronaldo y un recorte excelso anotó el primero.
El panorama no difería en exceso para el Lyon dado que seguía necesitando un gol para estar en la eliminatoria. El escenario, sin embargo, era el ideal para el Madrid, que exigía menos paciencia y más juego directo dadas las urgencias del Lyon, más volcado hacia arriba y cediendo más espacios en su retaguardia. En ese contexto, el papel de los defensores franceses fue clave. Excesivamente inocentes, un robo de balón deparó en un balón largo de Marcelo a la espalda de Lovren, anoche calamitoso, que no acertó a despejar. La pelota se quedó franca para Benzema, que la cosió a su pie y la encajó bajo las piernas de Lloris, al que se le cayó el larguero encima.
Para entonces el partido y la eliminatoria estaban sentenciados. Fue entonces cuando se encontró mejor el Madrid, anotando incluso un tercero tras otra actuación desafortunada de Lovren. No debe engañarse el Madrid: ha doblegado a su rival con la autoridad que refleja el resultado, no su juego. No hay más superioridad que su voracidad y brutalidad en el área rival. Su primera parte fue gris y mediocre y ante un rival de mayor talla se le adivinan más problemas a un Madrid que, en ocasiones, peca de ansiedad. No piensa y resume su plan ofensivo en balones rápidos a sus veloces delanteros, incluido Ozil, desaprovechado en circunstancias así. Sea como fuere, la maldición, el peso de la historia, se ha resquebrajado. De la historia reciente, se entiende. El Madrid ya está en cuartos, de nuevo. Dispone de plantilla, entrenador y capacidad para ser temible en cualquier circunstancia. Pero ha de mejorar. Inevitablemente si desea ganar esta Champions.
P.D.
Comentario aparte merece la actuación de Pepe. Agredió en dos ocasiones a dos jugadores diferentes del Lyon sin motivo aparente. La primera, un planchazo injustificado a Lisandro al borde del área de Casillas. La segunda, un arrebato encolerizado que casi termina con la cara de Cissoko en el hospital. Pepe tiene un grave problema psicológico. Sus arrebatos de ira le pueden costar muy caros al Madrid, y con Albiol en el banquillo no parece que merezca la pena de este modo arriesgar. Alguien debería hablar con él.
Imagen | El País
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lunes, 31 de enero de 2011
La losa del Camp Nou
Andrés Pérez | Al tiempo que Camuñas empujaba el balón a la red, al Real Madrid se le agotaban las expectativas de ganar la Liga. En Pamplona el conjunto de Mourinho se mostró psicológicamente endeble, corto de efectivos y nulo de ideas en ataque, colapsado no se sabe muy bien si por la ausencia de Xabi Alonso, el infierno que supone acudir al Reyno de Navarra o la presión que le debe suponer jugar, últimamente, conocedor de la victoria del Barça de antemano. Quizá sean los factores definitorios o quizá sean coyunturales. Quizá el equipo no está preparado aún para hacer frente a un Barça estratosférico que camina a golpe de goleada hacia su tercera Liga consecutiva.
Desde que Casillas encajara cinco goles en el Camp Nou con la consiguiente y comprensible humillación nacional de los pupilos de Mourinho, el Real Madrid no ha levantado cabeza. Curiosamente una de las principales características históricas de las plantillas del portugués ha sido la fortaleza psicológica, algo que a estas alturas de temporada no parece disfrutar el Madrid. Y digo parece puesto que es enero y las posibilidades de una resurrección en forma de remontada inverosímil a modo de la temporada 2006/2007 existen. Son remotas habida cuenta del estado de forma del Barcelona, pero existen, puesto que esto sigue siendo un deporte y la lógica un inconveniente muy molesto para la épica. Psicología, decíamos: el rendimiento post-Camp Nou sólo se puede calificar como decepcionante.
Previo al paso por el campo del Barça, el Madrid era un equipo ciertamente efectivo. Y hasta cierto puto espectacular. No está de más recordar alguna que otra goleada en el Bernabéu o las excelentes sensaciones que transmitió en algunas fases de la recta final de 2010, con un Di María en estado de gracia, Ronaldo haciendo goles día tras día y un centro del campo perfectamente engranado, Xabi Alonso al mando, Khedira en la destrucción y Ozil creciendo a cada jornada. Aquel era un Madrid impetuoso, voraz, enérgico que sumía a sus rivales en una espiral de frenesí apta únicamente para conjuntos físicamente portentosos a un tiempo que técnicamente irreprochables. No era lo que, con toda seguridad, aspiraba a conseguir Mourinho, no aún, pero se le acercaba.
De aquel conjunto queda poco. Físicamente el Madrid está hundido, qué mejor prueba de ello que el episodio de Pamplona, con todos los titulares hundidos en enero y sin algún revulsivo de nivel en el banquillo. La plantilla parece ser corta a estas alturas de la temporada puesto que, oh, sorpresa, jugadores como Lass o Granero no dan el perfil, Kaka' sigue sin aparecer, Benzema es intermitente y Canales o Pedro León son inexistentes. La cuesta de enero, dicen. Moral y físicamente el Madrid está, a día de hoy, a más de 7 puntos de un Barça que va con la directa y al que le resta contar días en el calendario para, de seguir así todo, proclamarse campeón.
Lo cual es profundamente aburrido.
Lectura recomendada | El Madrid precisa más que un 'nueve' (José Sámano en El País)
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lunes, 28 de junio de 2010
Capítulo 17 | La FIFA avergüenza al mundo

Andrés Pérez | No acostumbra este blog a hablar de arbitrajes, pero en esta ocasión su actuación es tan determinante, para mal, que es inevitable hablar de la segunda jornada de los octavos de final sin hablar de los jueces. Argentina y Alemania estarán en cuartos de final demostrando que son mejores equipos que sus oponentes o que al menos han sido mejores que sus oponentes en sus respectivos partidos. Esto es tan cierto como que han sido superiores con un condicionamiento arbitral evidente: no cuesta imaginar qué hubiera sucedido de haberse validado el gol de Lampard que daba el empate a Inglaterra, ni los más que probables problemas de Argentina de haber llegado empatada a cero en el descanso.
El fútbol es un deporte de enormes connotaciones psicológicas en el que un arbitraje calamitoso puede hundir a un equipo. Las decisiones sujetas a la subjetividad, como un agarrón que tan pronto se puede interpretar como tal o como un lance del juego, no deben ser rearbitrables; un hecho objetivo e innegable, como un balón que empíricamente bota tras la línea de gol o como un tanto anotado por un jugador matemáticamente en fuera de juego, no sólo puede serlo sino que por el bien de la salud de este deporte ha de serlo. La televisión no desvirtúa más el deporte que los hechos ilegales no anulados. Así de sencillo.
Dicho todo esto, esencial en un día como el de hoy, Alemania y Argentina se enfrentan en cuartos cuatro años después. Interesante la trayectoria de la selección albiceleste tras la primera fase, hasta la fecha idéntica a la de 2006: México y Alemania. Las similitudes, en todo caso, terminan ahí: hoy Alemania es un equipo de mayor talento y menor fortaleza física, que basa sus argumentos en el talento de Ozil, Müller o Khedira y no en el empuje del anfitrión; hoy Argentina es un equipo mucho menos compacto, dirigido por un motivador, dependiente de un futbolista cada día más individualista, y en resumen, menos equipo, pero con una pegada descomunal.
Eliminó Alemania a Inglaterra con un recital futbolístico. Comandada por Müller, un jugador que no destaca por nada eminentemente futbolístico pero sí por una inteligencia superior en la lectura de los partidos, el conjunto de Löw mezcla velocidad y precisión de forma audaz y amenazante. Juega Alemania de tres cuartos hacia adelante con una velocidad más al resto de selecciones y a todo eso, al talento y a un sistema de fútbol ofensivo y atrevido, añade un carácter competitivo hereditario en cada generación germana. Hoy por hoy es la mejor selección del torneo y de mantener este nivel, la más probable campeona.
El asunto inglés merece párrafo aparte. Capello podrá excusarse en el gol no subido al marcador de Lampard, que fue, pero no podrá ocultar las carencias y vergüenzas de su equipo a pesar de ello. Más allá de la calamidad constante que es su portería, la decadencia de Terry parece afectar a toda la defensa y en términos genéricos a todo el orden táctico del equipo: un centro del campo con cuatro jugadores de corte semejante no es capaz de innovar ni sorprender al contrario; el juego inglés es una constante monótona y cómoda para la defensa rival, que observa feliz la continua desesperación de Rooney. El sistema de Capello ha fracasado.
Frente al nuevo y aplaudido estilo alemán, posible gracias a una generación de talentosos centrocampistas inédita desde hace cuarenta años, se hallará Argentina. México cayó víctima de su debilidad defensiva, anoche un flan, y de la efusividad de los delanteros argentinos. Le tocaba a Tévez armarse de protagonismo a costa de un Messi cada día más desesperado y desesperante: el ansiado tanto no llega y repercute en su capacidad asociativa; amparado en su inigualable capacidad de desborde, Messi decide hacer la guerra por su cuenta en demasiadas ocasiones. Que esté haciendo un gran Mundial es discutible.
Su defensa es vieja y lenta y su centro del campo ordenado pero escaso de talento. Así pues, la lógica indica que debería ser Alemania quien llevara el pesto del partido a merced de una Argentina letal al contragolpe. Sendas defensas son semejantes, lentas y oxidadas, pero, a tenor del fútbol propuesto por ambos, Alemania puede ser más punzante gracias a su excelente fútbol, hipnótico, adecuado, sinónimo de campeón del mundo. Serán unos bonitos cuartos de final.
Resultados de la decimoséptima jornada:
Alemania 4 - 1 Inglaterra
Argentina 3 - 1 México
P.D.1
¡Un saludo para Inglaterra y México! Seguro que estarán disfrutando muchísimo el temor al progreso de Blatter y su negación constante a implantar televisores para rearbitrar jugadas objetivas. Pero ya saben: para Blatter, la injusticia es parte del fútbol. Y somos todos imbéciles, claro que sí.
P.D.2
Aquí un impresentable. Cuando observo a Heinze sobre un terreno de juego, entiendo porqué muchas personas no soportan el fútbol. Representa todo lo que no debe ser este deporte: un juego de caballeros practicado por villanos.
P.D.3
Tras una semana algo ajetreada, Más que Fútbol vuelve a la normalidad diaria. Disculpen las molestias.
Más Mundial | Vergüenza en Bloemfontein: el fin de una generación (Borja Barba en Diarios de Fútbol) | Culpa de Thatcher (Enric González) | Bochorno en pantalla gigante (Diego Torres en El País) | La ley del más fuerte (Ramón Besa en El País)
Imagen | El País
El fútbol es un deporte de enormes connotaciones psicológicas en el que un arbitraje calamitoso puede hundir a un equipo. Las decisiones sujetas a la subjetividad, como un agarrón que tan pronto se puede interpretar como tal o como un lance del juego, no deben ser rearbitrables; un hecho objetivo e innegable, como un balón que empíricamente bota tras la línea de gol o como un tanto anotado por un jugador matemáticamente en fuera de juego, no sólo puede serlo sino que por el bien de la salud de este deporte ha de serlo. La televisión no desvirtúa más el deporte que los hechos ilegales no anulados. Así de sencillo.
Dicho todo esto, esencial en un día como el de hoy, Alemania y Argentina se enfrentan en cuartos cuatro años después. Interesante la trayectoria de la selección albiceleste tras la primera fase, hasta la fecha idéntica a la de 2006: México y Alemania. Las similitudes, en todo caso, terminan ahí: hoy Alemania es un equipo de mayor talento y menor fortaleza física, que basa sus argumentos en el talento de Ozil, Müller o Khedira y no en el empuje del anfitrión; hoy Argentina es un equipo mucho menos compacto, dirigido por un motivador, dependiente de un futbolista cada día más individualista, y en resumen, menos equipo, pero con una pegada descomunal.Eliminó Alemania a Inglaterra con un recital futbolístico. Comandada por Müller, un jugador que no destaca por nada eminentemente futbolístico pero sí por una inteligencia superior en la lectura de los partidos, el conjunto de Löw mezcla velocidad y precisión de forma audaz y amenazante. Juega Alemania de tres cuartos hacia adelante con una velocidad más al resto de selecciones y a todo eso, al talento y a un sistema de fútbol ofensivo y atrevido, añade un carácter competitivo hereditario en cada generación germana. Hoy por hoy es la mejor selección del torneo y de mantener este nivel, la más probable campeona.
El asunto inglés merece párrafo aparte. Capello podrá excusarse en el gol no subido al marcador de Lampard, que fue, pero no podrá ocultar las carencias y vergüenzas de su equipo a pesar de ello. Más allá de la calamidad constante que es su portería, la decadencia de Terry parece afectar a toda la defensa y en términos genéricos a todo el orden táctico del equipo: un centro del campo con cuatro jugadores de corte semejante no es capaz de innovar ni sorprender al contrario; el juego inglés es una constante monótona y cómoda para la defensa rival, que observa feliz la continua desesperación de Rooney. El sistema de Capello ha fracasado.
Frente al nuevo y aplaudido estilo alemán, posible gracias a una generación de talentosos centrocampistas inédita desde hace cuarenta años, se hallará Argentina. México cayó víctima de su debilidad defensiva, anoche un flan, y de la efusividad de los delanteros argentinos. Le tocaba a Tévez armarse de protagonismo a costa de un Messi cada día más desesperado y desesperante: el ansiado tanto no llega y repercute en su capacidad asociativa; amparado en su inigualable capacidad de desborde, Messi decide hacer la guerra por su cuenta en demasiadas ocasiones. Que esté haciendo un gran Mundial es discutible.Su defensa es vieja y lenta y su centro del campo ordenado pero escaso de talento. Así pues, la lógica indica que debería ser Alemania quien llevara el pesto del partido a merced de una Argentina letal al contragolpe. Sendas defensas son semejantes, lentas y oxidadas, pero, a tenor del fútbol propuesto por ambos, Alemania puede ser más punzante gracias a su excelente fútbol, hipnótico, adecuado, sinónimo de campeón del mundo. Serán unos bonitos cuartos de final.
Resultados de la decimoséptima jornada:
Alemania 4 - 1 Inglaterra
Argentina 3 - 1 México
P.D.1
¡Un saludo para Inglaterra y México! Seguro que estarán disfrutando muchísimo el temor al progreso de Blatter y su negación constante a implantar televisores para rearbitrar jugadas objetivas. Pero ya saben: para Blatter, la injusticia es parte del fútbol. Y somos todos imbéciles, claro que sí.
P.D.2
Aquí un impresentable. Cuando observo a Heinze sobre un terreno de juego, entiendo porqué muchas personas no soportan el fútbol. Representa todo lo que no debe ser este deporte: un juego de caballeros practicado por villanos.
P.D.3
Tras una semana algo ajetreada, Más que Fútbol vuelve a la normalidad diaria. Disculpen las molestias.
Más Mundial | Vergüenza en Bloemfontein: el fin de una generación (Borja Barba en Diarios de Fútbol) | Culpa de Thatcher (Enric González) | Bochorno en pantalla gigante (Diego Torres en El País) | La ley del más fuerte (Ramón Besa en El País)
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lunes, 14 de junio de 2010
Capítulo 3 | Simplemente Alemania

Andrés Pérez | Cuesta recordar un partido de peor nivel en un Mundial que el ofrecido por Eslovenia y Argelia dirimido en un error garrafal del portero argelino para suerte de los eslovenos. Quizá no signifique nada o quizá lo signifique todo: tanto ese gesto, esa broma de mal gusto que el Jabulani le ha jugado a Fawzi Chaouchi, como el partido en sí mismo resumen gran parte de lo sucedido en los tres primeros días, esto es, porteros determinando partidos para mal y un pobre fútbol maltratado por la cobardía y la falta de talento.
Hasta que llegó Alemania y eterna, radiante, competitiva, seria, inteligente y Alemania, simplemente Alemania, se postuló como la otra gran favorita más allá de por el puro peso de la historia. La presencia de Ozil y de Müller en el once de Löw y la ausencia de un Ballack que ya ha aportado todo lo que tenía que aportar al fútbol otorgan al combinado germano un aire rejuvenecido y fresco ante el que poco ha podido hacer una roma Australia, que ha asistido impotente al recital de fútbol, a su manera pero recital, de Alemania y Ozil. Es Ozil, el joven jugador del Werder Bremen, la joya que Alemania no tenía desde tiempos inmemoriales, un jugador determinante capaz de marcar la diferencia por encima del rodillo colectivo.
Se eleva el alemán de origen turco por el resto de sus compañeros para hacer brillar aún más el buen hacer equilibrado y sobrio de Müller y la segunda juventud permanente que vive Klose cada vez que un Mundial asoma la cabeza en el calendario. Khedira y Schweinsteiger dan la solidez adecuada al centro del campo sin descuidar una aseada y personal creación y atrás Friedrich y Mertesacker parecen un seguro adecuado para las aspiraciones de una selección completísima, que sabe competir, que lo demuestra, que no se anda con rodeos y que juega muy bien al fútbol. Esta Alemania suma el peso tradicional de su leyenda y hecos reales y tangibles. Tan tangible como el destrozo que le ha hecho a Australia, cuyos jugadores soñarán esta noche con Ozil.
Antes de Alemania quien alegró la tarde fue Ghana. Se impuso a la Serbia de Antic merecidamente con una imagen notable tanto en defensa como en ataque y pudiendo haber marcado algún gol más. Serbia no rindió al nivel que se esperaba de su buena camada de jugadores jóvenes, pero a pesar de ello en la primera parte dominó y jugo mejor que Ghana. Ghana, en todo caso y tras la victoria frente a Serbia, se postula como la gran favorita para acompañar a Alemania a los octavos de final y no sería descartable imaginar que en caso de Inglaterra ser la primera clasificada del Grupo C tendría no pocos problemas para doblegar al conjunto africano.
Resultados de la tercera jornada:
Argelia 0 - 1 Eslovenia
Serbia 0 - 1 Ghana
Alemania 4 - 0 Australia
P.D.1
Hablando de Inglaterra, ayer rindió a un nivel menor del esperado frente a la siempre bien apañada selección estadounidense y empató a uno tras un garrafal y tremendo fallo de su portero tras un lanzamiento de Dempsey blando y raso. Green vio como el Jabulani se resbalaba entre sus manos para introducirse mansamente en la portería inglesa al mismo tiempo que ninguno de sus compañeros se acercaba a consolarle y Capello volvía la mirada asumiendo algo que parecía haber previsto pero aún se negaba a creer. Más allá del error de Green, humano y decidor de la maldición que acompaña a la portería inglesa allá donde va, Inglaterra anduvo algo tosca y certificó algo que ya se sabía: la pareja Lampard - Gerrard no funciona.
P.D.2
Cuando Inda abre la boca suele ser para decir estupideces. En esta ocasión no deja pasar la oportunidad de la gala de ceremonia del Mundial para castigar con su verborrea inclasificable a la organización sudafricana. Si notan un extraño olor mientras leen el párrafo que a continuación adjunto no se extrañen: es el hedor de la hez periodística.
[Visto en La Libreta de Van Gaal]
Más Mundial | Crónica del tercer día (Fran Castarlenas en Let's Dance to Goal) | Mundial 2010, las notas del día (2) (Sergio Cortina en Diarios de Fútbol) | 23º 26´17" (las claves de Sudáfrica 2010): días uno y dos (Agustín Devoti en El Balón Europeo)
Imagen | El País
Hasta que llegó Alemania y eterna, radiante, competitiva, seria, inteligente y Alemania, simplemente Alemania, se postuló como la otra gran favorita más allá de por el puro peso de la historia. La presencia de Ozil y de Müller en el once de Löw y la ausencia de un Ballack que ya ha aportado todo lo que tenía que aportar al fútbol otorgan al combinado germano un aire rejuvenecido y fresco ante el que poco ha podido hacer una roma Australia, que ha asistido impotente al recital de fútbol, a su manera pero recital, de Alemania y Ozil. Es Ozil, el joven jugador del Werder Bremen, la joya que Alemania no tenía desde tiempos inmemoriales, un jugador determinante capaz de marcar la diferencia por encima del rodillo colectivo.
Se eleva el alemán de origen turco por el resto de sus compañeros para hacer brillar aún más el buen hacer equilibrado y sobrio de Müller y la segunda juventud permanente que vive Klose cada vez que un Mundial asoma la cabeza en el calendario. Khedira y Schweinsteiger dan la solidez adecuada al centro del campo sin descuidar una aseada y personal creación y atrás Friedrich y Mertesacker parecen un seguro adecuado para las aspiraciones de una selección completísima, que sabe competir, que lo demuestra, que no se anda con rodeos y que juega muy bien al fútbol. Esta Alemania suma el peso tradicional de su leyenda y hecos reales y tangibles. Tan tangible como el destrozo que le ha hecho a Australia, cuyos jugadores soñarán esta noche con Ozil.Antes de Alemania quien alegró la tarde fue Ghana. Se impuso a la Serbia de Antic merecidamente con una imagen notable tanto en defensa como en ataque y pudiendo haber marcado algún gol más. Serbia no rindió al nivel que se esperaba de su buena camada de jugadores jóvenes, pero a pesar de ello en la primera parte dominó y jugo mejor que Ghana. Ghana, en todo caso y tras la victoria frente a Serbia, se postula como la gran favorita para acompañar a Alemania a los octavos de final y no sería descartable imaginar que en caso de Inglaterra ser la primera clasificada del Grupo C tendría no pocos problemas para doblegar al conjunto africano.
Resultados de la tercera jornada:
Argelia 0 - 1 Eslovenia
Serbia 0 - 1 Ghana
Alemania 4 - 0 Australia
P.D.1
Hablando de Inglaterra, ayer rindió a un nivel menor del esperado frente a la siempre bien apañada selección estadounidense y empató a uno tras un garrafal y tremendo fallo de su portero tras un lanzamiento de Dempsey blando y raso. Green vio como el Jabulani se resbalaba entre sus manos para introducirse mansamente en la portería inglesa al mismo tiempo que ninguno de sus compañeros se acercaba a consolarle y Capello volvía la mirada asumiendo algo que parecía haber previsto pero aún se negaba a creer. Más allá del error de Green, humano y decidor de la maldición que acompaña a la portería inglesa allá donde va, Inglaterra anduvo algo tosca y certificó algo que ya se sabía: la pareja Lampard - Gerrard no funciona.
P.D.2
Cuando Inda abre la boca suele ser para decir estupideces. En esta ocasión no deja pasar la oportunidad de la gala de ceremonia del Mundial para castigar con su verborrea inclasificable a la organización sudafricana. Si notan un extraño olor mientras leen el párrafo que a continuación adjunto no se extrañen: es el hedor de la hez periodística.
La ceremonia de inauguración del Mundial fue vulgar, monótona, como de hace 30 años. Parecía como extraída de uno de los últimos capítulos de ‘Cuéntame’. Por un momento imaginé a Antonio Alcántara contemplando a través de su Telefunken cómo se levantaba el telón del primer campeonato del mundo en esa África que también existe. [...] Comparada con la de los Juegos Olímpicos de Pekín, parecía una fiesta de pueblo. [...] Fue un monumental monumento a la chapuza. El público arribó al Soccer City con el tiempo justo o directamente tarde por el espectacular atasco que se lió en el centro de Johannesburgo, por unas caravanes que ríanse de las que padecemos en Madrid o Barcelona un viernes a la hora de comer. La estampa era patética: los 1.500 artistas que participaron en la sosísima performance ejercitaban bellísimas danzas tribales en un estadio ocupado a esas horas, tres y pico de la tarde, por la mitad de los 91.000 espectadores.
[Visto en La Libreta de Van Gaal]
Más Mundial | Crónica del tercer día (Fran Castarlenas en Let's Dance to Goal) | Mundial 2010, las notas del día (2) (Sergio Cortina en Diarios de Fútbol) | 23º 26´17" (las claves de Sudáfrica 2010): días uno y dos (Agustín Devoti en El Balón Europeo)
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