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miércoles, 18 de mayo de 2011

Manchester es una fiesta


Andrés Pérez | Hubo un tiempo, durante la década de los ochenta, en el que a los aficionados del United y el City, ambos equipos de Manchester, no tenían gran cosa que celebrar. Los equipos más allá del Mersey, Liverpool y Everton, se repartían, con más fortuna para los reds que para los toffies, la práctica totalidad de los títulos ligueros. Así, en Manchester, lejos de las mieles del éxito deportivo, se consolaban en discotecas maravillosas donde grupos de todo tipo y condición hacían historia sin saberlo, probablemente más ocupados en experimentar con todas las drogas de diseño que les fuera posible. Joy Division había muerto con Ian Curtis y su trágica concepción de la existencia humana se había transformado en New Order, un hedonista grupo de post-punk que creció y creció junto a Tony Wilson y a un garito ya legendario llamado The Haçienda, centro neurálgico de todo lo que sucedería en Manchester durante los años posteriores.

Manchester era una fiesta. La producción musical de aquellos años, a falta de cosas mejores de las que presumir en los terrenos de juego, fue sencillamente abrumadora: New Order, Happy Mondays, The Smiths, The Stone Roses o Inspiral Carpets entre otros muchos dan fe de ello. Pero, como todo en la vida, aquel desmadre continuado que debía ser la ciudad mancuniana en los ochenta terminó por irse al garete, surgió el grunge, todo el mundo comenzó a girar la cabeza en dirección hacia la deprimente Seattle de principios de los noventa y hasta que un par de paletos apellidados Gallagher decidieron perpetrar esa obra magna de la última década del siglo XX llamada Definitely Maybe nadie volvió a preguntarse por aquella ciudad del norte, rica e industrial que no destacaba por absolutamente nada.

Por nada excepto por un equipo que, tras la resaca permanente en la que se instaló el Liverpool, comenzaba, de la mano de un tal Alex Ferguson, a llevarse títulos a espuertas. Y así hasta la decimonovena liga del pasado fin de semana, campeonato que deja en solitario al Manchester United como equipo que más veces ha ganado la Liga en Inglaterra. Armando menos ruido y con una trayectoria neonata en lo tocante a la consecución de títulos, el City, casi al mismo tiempo con un gol del intratable Touré Yayá, levantaba la FA Cup, un trofeo indispensable para que el multimillonario proyecto encabezado por un fondo de inversión árabe continúe en pie y en el futuro, a base de libras, aspire a algo más. Manchester, el pasado fin de semana, volvió a ser una fiesta. Sus dos equipos se repartían los títulos.

No cabe sino admirar al United, un equipo pensado y fabricado para la gloria que con pasmosa facilidad la obtiene año sí año también. A su decimonovena Liga, tras gol de Rooney, el mejor jugador del equipo, hay que sumar una nueva final de la Champions League, esta vez ante el Barcelona. Y poco más queda por decir del magnífico equipo que Ferguson ha ideado. En esta su última temporada se retira en lo más alto. Es el más grande. Sin discusión. Como sin discusión es Mancini un entrenador pobre en recursos y cobarde en sus ejecuciones. Nadie osaría negarle tan orgulloso título a un italiano. De ahí que sorprendiera el domingo ante el Stoke, controlando el partido su City, buscando variantes ofensivas, rotando en Silva para que éste, a base de asociarse con sus compañeros, fabricara ocasiones con más criterio que la pura intuición bruta. No cuesta imaginar al City o al United bailar a sus respecivos rivales al ritmo de 24 Hours Party People o a Ferguson observando en retrospectiva su carrera deportiva con Age Of Consent de fondo, henchido de gloria y placer.

No cuesta, al mismo tiempo, imaginar a toda una ciudad moviendo sus cuerpos indefinidos a ciertas alturas de la noche bajo el techo de la ya finada pero siempre presente Haçienda. Porque, en el fondo, Manchester nunca dejó ni dejará de ser una gran fiesta.

Imagen | El País

lunes, 9 de mayo de 2011

La Premier se abona al Manchester United


Víctor Úcar | Eléctrico. Intenso. Agresivo. Convincente. Seguro. Con estos y muchos otros calificativos, el Manchester United se aseguró prácticamente el título de la Premier League ante el único rival que podía amenazarle, el Chelsea. Dicen que la fe mueve montañas, pues lo cierto es que los chicos de Sir Alex Ferguson se tomaron estas palabras ayer al pie de la letra, ya que a los 36 segundos ya habían dado el primer golpe sobre la mesa con un gol de Chicharito. Esa es la diferencia entre dos equipos que aspiran cada año a todo: solo el más mentalizado consigue alcanzar el éxito. Y es que en este deporte que tantas pasiones levanta no siempre gana el mejor, pero sí que lo suele hacer el que tiene más confianza en sus posibilidades. Ayer, únicamente un equipo creyó realmente en sí mismo en Old Trafford, y es por eso que, salvo catástrofe mayúscula, el United será el justo campeón de liga la próxima jornada.

A principio de temporada la gente estaba algo desilusionada con el proyecto de este club histórico. El fútbol del Manchester era poco vistoso y las pocas caras nuevas no entusiasmaron a la hinchada. Se apreciaban claras limitaciones y se dudaba del potencial de la plantilla. Sin embargo, ayer pudimos observar que los red devils han ido construyéndose poco a poco a lo largo del campeonato. Es cierto que no es una escuadra que juegue con exquisitez y la verdad es que no cuenta con la brillantez de otras temporadas. Sin embargo, el Manchester ha conseguido formar un equipo con unos valores que le han permitido estar en lo más alto. La solidaridad se ha impuesto este año a las individualidades. Además, el conjunto dirigido por Sir Alex Ferguson derrocha intensidad por los cuatro costados, presiona al equipo rival desde el minuto uno y aprovecha al máximo sus ocasiones de gol en cada partido. El Chelsea comprobó en la tarde de ayer por qué nadie ha sido capaz de anotar un gol en Old Trafford en los primeros 45 minutos de juego. Es por eso que el vendaval al que sometieron los red devils a los blues durante la primera media hora bastó para sellar una nueva victoria. Seguramente la definitiva para adjudicarse la Premier League.

Vidic y el mexicano Chicharito dejaron el partido encarrilado en el primer tercio del encuentro, ya que hasta entonces el Chelsea parecía no haber saltado todavía al césped. Carrick y un omnipresente Park Ji Sung noquearon el musculoso centro del campo ideado por los blues, y el ecuatoriano Valencia desbordó por la banda derecha con un descaro prodigioso. Arriba Rooney y Chicharito se movían con libertad, y un poquito más retrasado el incansable Ryan Giggs continuaba dando lecciones de fútbol. En la retaguardia, la defensa vivía tranquila y Van der Sar apenas tenía que intervenir. El Chelsea parecía no dar más de sí y era incapaz de mostrarse realmente como un serio candidato a revalidar el título de liga. Drogba, una vez más el mejor de los blues, trató de liderar a un equipo que vagaba por el terreno de juego sin las ideas claras y que estaba exhibiendo una actitud un tanto derrotista. Lo cierto es que el Chelsea saltó a Old Trafford sin ninguna esperanza y la justicia le correspondió con una derrota. La entrada de Torres y el gol de Lampard a 20 minutos del final se convirtieron en una mera anécdota. Los pupilos de Ancelotti sabían antes de nadie cómo terminaba la película.


En la recta final del encuentro, Chicharito dispuso de dos ocasiones clarísimas para certificar la victoria de los suyos, pero el hecho de verse ya campeón en su primera aventura con los red devils le impidieron concentrarse de cara a gol. Durante toda la temporada, hemos observado como el Arsenal parecía ser el único equipo capaz de acabar con la regularidad del conjunto dirigido por Sir Alex Ferguson. Sin embargo, los gunners volvieron a quedarse sin pilas en la recta final del campeonato y el Chelsea consiguió recortarle a los red devils nada más y menos que 12 puntos. Y es que, aunque a principios de marzo los blues estaban prácticamente descartados de la lucha por el título, su victoria en Stamford Bridge sobre el ManU logró devolverles la confianza que necesitaban para tratar de pelear por la victoria hasta el final. El problema es que los pupilos de Ancelotti no eran conscientes de lo que significa jugar en Old Trafford esta temporada. El Teatro de los Sueños se ha convertido en un templo inexpugnable para los equipos que lo visitan. En la Premier, los red devils solo han cedido un empate ante el West Brom, y en Liga de Campeones el Rangers escocés y el Valencia fueron los únicos capaces de obtener un punto en el mausoleo inglés. Ya se sabe, la imbatibilidad suele traer grandes recompensas.

Con este triunfo, el Manchester cierra una semana redonda. El miércoles consiguió un billete para disputar la final de la Champions de Wembley ante el FC Barcelona tras golear al Shalke 04 alemán, y ayer acercó un nuevo título de liga a sus vitrinas con un paso de gigante. Los red devils pueden estar contentos con la temporada que han realizado. Derrotar al Barça en la máxima competición europea se torna una empresa muy compleja, pero tienen en su mano ganar la Premier League. Y este año para el Manchester, ganar la Premier no es ninguna tontería. Es cierto que desde que la liga inglesa adoptó el formato actual en 1992 —hasta entonces se conocía como First Division—, el ManU es el máximo dominador. Pero el equipo de Ferguson tiene la oportunidad de hacer algo histórico en el fútbol británico: adelantar al Liverpool en títulos ligueros y convertirse en el equipo inglés más laureado de toda la historia del campeonato doméstico inglés. La historia está a punto de cambiar al norte de Inglaterra.

En MQF | Tendencias
Imagen | Sport Times

miércoles, 27 de abril de 2011

El Manchester United se da un homenaje


Andrés Pérez | Se acaban los elogios para el Manchester United de Alex Ferguson. Anoche, mostrando una contundencia y una determianción al alcance tan sólo de los mejores equipos de siempre, el United borró de un plumazo las escasas posibilidades que ya de antemano con las que el Schalke 04 contaba de cara a disputar la final de Wembley. Con dos goles inapelables, consecutivos, paradigmáticos de la forma simplista y reduccionista de entender el fútbol de este equipo, el United puso el broche de oro a un partido dominado de principio a fin que no finalizó en goleada escandalosa gracias a la prodigiosa actuación de Neuer. A expensas del milagro que pueda obrar el conjunto alemán en Old Trafford, el Manchester United aspira a jugar su tercera final en cuatro años dando fe de su intimidatoria competitividad y de la capacidad de reinventarse que hace gala cuando año tras año ha ido perdiendo unidades de importancia mayúscula. No cabe sino aplaudir a este equipo.

Lejos del exceso ornamental y del pragmatismo físico y táctico del que llevan haciendo gala Barcelona y Real Madrid durante toda la temporada, el United ejecuta un fútbol de acciones economizadas y matices ajustados. No se prodiga demasiado en la creación, aprovecha la ventaja física y táctica que constantemente crean sus carrileros en las bandas, es inteligente en la gestión de sus recursos y demoledor en la ejecución de sus opciones ofensivas. Sin demasiados alardes, reduciendo al mínimo el riesgo y exprimiendo al máximo la rentabilidad de cada pase o desmarque, el United puso al Schalke frente a un pelotón de fusilamiento y tan sólo la providencia o Neuer evitaron un resultado histórico. Cuando la primera parte hubo terminado la cuestión era cuánto tardaría el Manchester en certificar de una vez que su superioridad era apabullante respecto al cuadro alemán.

Fue en la segunda parte, primero Giggs a pase de Rooney y más tarde Rooney a pase de Chicharito Hernández, jugador de rendimiento inesperado a pesar de sus excelentes perspectivas a varios años vista. Los dos coletazos definitivos del United pusieron de manifiesto no ya la incapacidad defensiva de un Schalke desnortado y retratado ante toda su afición sino la ejecución fría y precisa del rodillo creado por Ferguson y dignificado por Giggs o Scholes, anoche, el primero, imprescindible una vez más dentro de un equipo que ha sabido incorporar sabia nueva y mantener el ritmo competitivo a pesar de ello. Prueba de ello es que en esta su más que predecible tercera final no estarán ni Tévez ni Cristiano Ronaldo, dos baluartes básicos del último título conquistado por el United.


De poco le sirvió al Schalke 04 la ilusión despertada por la estrella de Raúl, las cuatro triangulaciones bien ejecutadas antes del aluvión de oportunidades creado por el United o las manos de Neuer. Cuando su rival lo dispuso, murió ahogado. Carrick jugó a su antojo durante todo el partido, Evra y Fabio encontraron carriles vacíos en sus respectivas bandas, Rooney confirmó que se encuentra excesivamente a gusto por detrás del delantero, Valencia ejecutó un constante ejercicio de alarde de sus virtudes físicas y técnicas, Chicharito volvió locos a los pesados Metzelder y Matip y Giggs se elevó por encima de todos los demás para marcar la diferencia con al diligencia y pasmosa naturalidad con la que lo lleva haciendo toda la vida. No fue más el Schalke porque no se lo permitió el United, arrebatador el día de ayer.

La victoria es la consecuencia lógica del dominio clarividente del cuadro inglés. Recuperada su pareja natural de centrales, el equipo toma la forma que mejor desea Ferguson incorporando a Chicharito arriba, que merece mención aparte. A pesar de su juventud y de sus expectativas futuras y no actuales, se mueve con la inteligencia de un delantero con años de bagaje tras de sí, oculta sus ciertas limitaciones técnicas sin prodigarse en la conducción, soltando el balón rápido, y tiene un don natural, el mismo del que hicieron gala jugadores como Solsjkaer o Gerd Múller, para encontrar antes que nadie el hueco al que acudirá la pelota desde un centro lateral. Es una máquina de crear peligro por su agilidad y de puntualizar goles, dado que ni siquiera los fabrica. Es una maravilla. Como este United, triunfador otra vez. Llegará, a buen seguro, ensombrecido por uno de los dos grandes dinosaurios españoles, pero errará quien ose minusvalorar su ya legendaria capacidad competitiva.

Imagen | El País | RTVE.es

miércoles, 13 de abril de 2011

El Chelsea cumple ciclo


Andrés Pérez | Se puede acusar al Manchester United de no practicar un fútbol bello y a Alex Ferguson de no ser especialmente valiente en la mayoría de eliminatorias de Champions League que encara, pero a cambio es innegable que el United creado por el escocés es una máquina difícilmente superable. No necesita de demasiadas estridencias para perforar la red rival y es solvente en defensa incluso cuando Rio Ferdinand, otrora capitán del Manchester y su selección, juega un partido entero lesionado. Esto último no dice demasiado de los atacantes del Chelsea, quienes no intentaron ni una sola vez explotar la carencia del central inglés, demasiado ocupados en solventar sus propios problemas como para aprovechar los del rival. Así las cosas, el Chelsea sumó una nueva decepción europea.

Y parece la última. Al menos de esta generación. Lampard, Terry, Drogba, Essien, Anelka, Ashley Cole, Malouda. La columna vertebral del mejor Chelsea de siempre acumula años a sus espaldas y no encuentra sustitutos de garantías capaces de aportar un mínimo de frescura a la anquilosada estructura blue. El United se rejuvenece progresivamente, sin grandes estridencias; el Arsenal es eternamente joven; el Liverpool siempre encuentra algún que otro outisder con el que competir dignamente; el Chelsea no cambia. Es el mismo de todos los años, solo que más viejo. Y en el fútbol moderno es algo que se paga. Lo comprobó anoche en Old Trafford: incapaz ante la solvente defensa del United, pero nada más. Ni Vidic ni Ferdinand, éste último cojeando desde los primeros compases del encuentro, necesitaron exhibirse para impedir la remontada del Chelsea.

El equipo de Ancelotti comenzó eléctrico, dominador, o al menos lo que en Inglaterra se entiende por dominador, sin que al United la idea le molestara demasiado. En cuanto tenía la oportunidad, Giggs y Carrick buscaban a Park Ji Sung o a Nani para imponer su velocidad en los flancos. Cuando no les encontraban era un esplendoroso Rooney el que bajaba a recibir para crear a su antojo en tres cuartos de campo. Rooney lo es todo en la parcela ofensiva del United cuando juega Chicharito, porque el mexicano no es, digamos, un delantero muy participativo. Se esconde y aparece en el momento más inesperado, presto a empujar balones a un metro de la línea de gol. Así, Chicharito lleva 15 goles en 22 lanzamientos a puerta esta temporada. No se le puede exigir mucho más.


Cuando Chicharito apareció para depositar a escasos centímetros de la portería un medido pase de Giggs desde la banda derecha, el Chelsea se descomponía. Ramires había recibido ya su primera tarjeta y las ocasiones que en minutos anteriores habían puesto en apuros a Van der Sar eran un mero recuerdo. Torres seguía sin aparecer, Lampard estaba lento y tan sólo las internadas violentas de Ramires imponían cierta inquietud entre los espectadores de Old Trafford. A pesar de todo ello, el Chelsea no estaba jugando un mal partido. Lo cual no dice mucho en favor de Ancelotti y su equipo, a decir verdad.

En la segunda parte la tónica del partido fue semejante. El Chelsea inició el periodo algo más dominador, o lo que en Inglaterra se entiende como algo más dominador, y el United se parapetó en torno a su portería, sin exagerar excesivamente el balance defensivo, para buscar a sus hombres rápidos arriba. Como Terry es una sombra de lo que fue y Alex nunca destacó por su velocidad, los delanteros del United se relamieron. Particularmente Nani, quien es un jugador inusualmente pletórico para lo individualista que se muestra. Por aquel entonces Drogba había sustituido a Torres y demostraba por qué la titularidad del español es una anomalía difícilmente explicable: se volvió el motor blue, anotó un golazo y tiró de su equipo en busca de la remontada. Para desgracia del marfileño, un minuto más tarde de su tanto llegaría el de Park Ji Sung. El coreano certificaba que la defensa del Chelsea era una feria y que su ciclo terminaba, posiblemente, ahí.

Imagen | El País

miércoles, 2 de marzo de 2011

Tendencias


Andrés Pérez | No hace mucho, Canal + promocionaba la Premier League con imágenes de partidos en vertical. La sutil metáfora ejemplifica a la perfección la forma de plasmar gráficamente los estados emocionales de los equipos ingleses: a diferencia de la expresión horizontal de la selección española y el actual Barça, en Inglaterra la voracidad ofensiva se plasma en el eje de coordenadas Y, para deleite del espectador ansioso de emociones primarias alejadas de cualquier superficialidad estética. Anoche, tanto Manchester United como Chelsea intercambiaron papeles y asumieron el rol de equipo avasallador/avasallado en función de la capacidad física y psicológica de sus futbolistas.

Fue el United el primero en leer con acierto la debilidad del rival. Si el partido se resume de algún modo, es en la capacidad de ambos de oler la sangre de su adversario. El United, equipo que hace de la velocidad y la movilidad en la parcela ofensiva su forma de existir, mareó durante veinte minutos a un Chelsea apático. Ivanovic y Ramires miraban estupefactos cómo Nani y Evra reinventaban el concepto más anticuado del fútbol: tocarla y ofrecerse al espacio. Por la banda izquierda, vía Evra, llegaban las mejores ocasiones del United. Todas ellas quedaron refrendadas en el gol de Rooney, disparo raso y ajustado al borde de la frontal ante la pasividad dolorosa de la defensa del Chelsea. David Luiz, imperial anoche, incluido.

El Chelsea sucumbía como un juguete roto ante la presumible exhibición ofensiva de Chicharito, Nani, Rooney o Fletcher. No fue tal puesto que en un campo inglés la verticalidad no es una constante. Alejados de la monotonía de los conjuntos dominadores en el plano horizontal, el equipo inglés medio no entiende de constancia y funciona por tendencias. En ocasiones inclina el campo hacia la portería rival; en ocasiones hacia la propia. Así, en el filo que separa la gloria del desastre saltando por encima del centro del campo, United y Chelsea regalaron una segunda mitad vertiginosa.

Antes de ella, al final del primer tiempo, el Chelsea recuperaba sus constantes vitales de la mano de Essien y un interesado pero impotente Lampard. Ramires, jugador que necesita de sus mejores compañeros para rendir, comenzaba a carburar. Anelka corría. Torres aún no. Entre tanto, Ivanovic y Cole decidían volver a parecer futbolistas. Ya en la segunda parte todo rotó en torno a David Luiz, mejor jugador arriba y abajo del conjunto de Ancelotti y central para varios lustros: inteligente al corte, fuerte en el contacto, rápido y con buen manejo de balón, el brasileño destrozó los planes del United voleando un balón a la red dentro del área. Fue David Luiz el empuje y Drogba y Lampard los repuntes finales: uno y otro se bastaron para poner de los nervios a Vidic, que terminó expulsado. Penalty que jamás fue, Lampard que fusiló y victoria marcada por la tendencia decreciente del United y creciente, a base de tensión, del Chelsea.

Cosas del fútbol inglés, en Londres la alegría hoy es doble.

Imagen | Clarín

sábado, 12 de febrero de 2011

El premio a la genialidad


Andrés Pérez | Restaban apenas quince minutos para que finalizara el United - City cuando Nani, abierto en banda, levantó la cabeza y puso el balón en el área de Hart. Para entonces ya sucedía la genialidad: Rooney había deducido que el balón se iría algo largo para un remate de cabeza, con lo que se desprendió levemente de Kompany y encadenó en el aire una serie de movimientos a mitad de camino entre lo terrenal y lo espiritual para conectar una tijereta memorable, a la escuadra del portero del City, impotente ante semejante demostración de talento. El United anotaba su segundo tanto.

El valor de la obra de arte de Rooney valía una distancia de ocho puntos —con un partido menos— con su perseguidor vecino, y en la práctica la eliminación teórica del conjunto de Mancini. Se trata del premio a la genialidad, rara vez obviado por el fútbol. Es este un deporte generoso con los arrebatos geniales de los futbolistas inconstantes y superdotados, no tanto con aquellos regulares cuya letanía se desplaza por el terreno de juego durante la totalidad del partido, haciendo y deshaciendo en todos los tramos del juego. Por ello, el gol de Rooney ocultaba a dos hombres: Silva por un lado, revelándose día tras día como uno de los mejores jugadores de la Premier, cabeza erguida y zancada divina; Giggs por otro, cuyas canas en la barba no impiden que repita para pasmo del joven aficionado mancuniano lo que era capaz de hacer en plenitud de juventud, bailar a su par al filo de la banda, en el borde de la marginación.

Tanto Silva como Giggs saben erguirse en los momentos de importancia capital como líderes de sus compañeros. El canario, inclusive, tiene los arrestos futbolísticos necesarios como para compartir encabezamiento espiritual con el capitán nato que es Tévez. Ambos representaban a sus dos equipos en un encuentro paradigma de la Premier: emocionante e imprevisible. Para rematar el cuadro que United y City dibujaban en Old Trafford para deleite del espectador, apareció Rooney. Su gol completaba el significado de Silva y Giggs, del partido, de la Premier, del fútbol. La pincelada estilista y barroca, por excesiva, que decantó la balanza. Porque la genialidad es un boleto de lotería inevitablemente ganador.

Imagen | El Espectador

lunes, 28 de junio de 2010

Capítulo 17 | La FIFA avergüenza al mundo

Andrés Pérez | No acostumbra este blog a hablar de arbitrajes, pero en esta ocasión su actuación es tan determinante, para mal, que es inevitable hablar de la segunda jornada de los octavos de final sin hablar de los jueces. Argentina y Alemania estarán en cuartos de final demostrando que son mejores equipos que sus oponentes o que al menos han sido mejores que sus oponentes en sus respectivos partidos. Esto es tan cierto como que han sido superiores con un condicionamiento arbitral evidente: no cuesta imaginar qué hubiera sucedido de haberse validado el gol de Lampard que daba el empate a Inglaterra, ni los más que probables problemas de Argentina de haber llegado empatada a cero en el descanso.

El fútbol es un deporte de enormes connotaciones psicológicas en el que un arbitraje calamitoso puede hundir a un equipo. Las decisiones sujetas a la subjetividad, como un agarrón que tan pronto se puede interpretar como tal o como un lance del juego, no deben ser rearbitrables; un hecho objetivo e innegable, como un balón que empíricamente bota tras la línea de gol o como un tanto anotado por un jugador matemáticamente en fuera de juego, no sólo puede serlo sino que por el bien de la salud de este deporte ha de serlo. La televisión no desvirtúa más el deporte que los hechos ilegales no anulados. Así de sencillo.

Dicho todo esto, esencial en un día como el de hoy, Alemania y Argentina se enfrentan en cuartos cuatro años después. Interesante la trayectoria de la selección albiceleste tras la primera fase, hasta la fecha idéntica a la de 2006: México y Alemania. Las similitudes, en todo caso, terminan ahí: hoy Alemania es un equipo de mayor talento y menor fortaleza física, que basa sus argumentos en el talento de Ozil, Müller o Khedira y no en el empuje del anfitrión; hoy Argentina es un equipo mucho menos compacto, dirigido por un motivador, dependiente de un futbolista cada día más individualista, y en resumen, menos equipo, pero con una pegada descomunal.

Eliminó Alemania a Inglaterra con un recital futbolístico. Comandada por Müller, un jugador que no destaca por nada eminentemente futbolístico pero sí por una inteligencia superior en la lectura de los partidos, el conjunto de Löw mezcla velocidad y precisión de forma audaz y amenazante. Juega Alemania de tres cuartos hacia adelante con una velocidad más al resto de selecciones y a todo eso, al talento y a un sistema de fútbol ofensivo y atrevido, añade un carácter competitivo hereditario en cada generación germana. Hoy por hoy es la mejor selección del torneo y de mantener este nivel, la más probable campeona.

El asunto inglés merece párrafo aparte. Capello podrá excusarse en el gol no subido al marcador de Lampard, que fue, pero no podrá ocultar las carencias y vergüenzas de su equipo a pesar de ello. Más allá de la calamidad constante que es su portería, la decadencia de Terry parece afectar a toda la defensa y en términos genéricos a todo el orden táctico del equipo: un centro del campo con cuatro jugadores de corte semejante no es capaz de innovar ni sorprender al contrario; el juego inglés es una constante monótona y cómoda para la defensa rival, que observa feliz la continua desesperación de Rooney. El sistema de Capello ha fracasado.

Frente al nuevo y aplaudido estilo alemán, posible gracias a una generación de talentosos centrocampistas inédita desde hace cuarenta años, se hallará Argentina. México cayó víctima de su debilidad defensiva, anoche un flan, y de la efusividad de los delanteros argentinos. Le tocaba a Tévez armarse de protagonismo a costa de un Messi cada día más desesperado y desesperante: el ansiado tanto no llega y repercute en su capacidad asociativa; amparado en su inigualable capacidad de desborde, Messi decide hacer la guerra por su cuenta en demasiadas ocasiones. Que esté haciendo un gran Mundial es discutible.

Su defensa es vieja y lenta y su centro del campo ordenado pero escaso de talento. Así pues, la lógica indica que debería ser Alemania quien llevara el pesto del partido a merced de una Argentina letal al contragolpe. Sendas defensas son semejantes, lentas y oxidadas, pero, a tenor del fútbol propuesto por ambos, Alemania puede ser más punzante gracias a su excelente fútbol, hipnótico, adecuado, sinónimo de campeón del mundo. Serán unos bonitos cuartos de final.

Resultados de la decimoséptima jornada:

Alemania 4 - 1 Inglaterra
Argentina 3 - 1 México

P.D.1

¡Un saludo para Inglaterra y México! Seguro que estarán disfrutando muchísimo el temor al progreso de Blatter y su negación constante a implantar televisores para rearbitrar jugadas objetivas. Pero ya saben: para Blatter, la injusticia es parte del fútbol. Y somos todos imbéciles, claro que sí.

P.D.2

Aquí un impresentable. Cuando observo a Heinze sobre un terreno de juego, entiendo porqué muchas personas no soportan el fútbol. Representa todo lo que no debe ser este deporte: un juego de caballeros practicado por villanos.

P.D.3

Tras una semana algo ajetreada, Más que Fútbol vuelve a la normalidad diaria. Disculpen las molestias.

Más Mundial | Vergüenza en Bloemfontein: el fin de una generación (Borja Barba en Diarios de Fútbol) | Culpa de Thatcher (Enric González) | Bochorno en pantalla gigante (Diego Torres en El País) | La ley del más fuerte (Ramón Besa en El País)
Imagen | El País

viernes, 11 de junio de 2010

Un repaso a cuatro equipos: Inglaterra

Andrés Pérez | La trayectoria de Inglaterra en los últimos torneos en los que ha participado no cabe definirse de otro modo más que deprimente. Cayó en la Eurocopa 2004 en los penaltis frente a Portugal en cuartos de final; volvió a caer en los penaltis frente a Portugal de nuevo en cuartos de final en el Mundial del 2006; y, en lo que no fue en absoluto ninguna sorpresa, no se clasificó para la pasada Eurocopa: Rusia le apeó de su camino demostrando ser mejor equipo, así de siemple.

Para evitar un nuevo descalabro y un conjunto no competitivo, Inglaterra invocó a Capello y la simple aparición del italiano por el banquillo inglés le situó una vez más en el elenco de favoritas que manejan las casas de apuestas. Llegó Capello, reordenó tácticamente el equipo y mejoró en defensa. Además, acercó a Rooney al área y se las ingenió para colocar a Gerrard y Lampard juntos sin sacar del once titular a Gareth Barry, pieza talismán del italiano a tenor de su participación con la selección.

Inglaterra tiene un equipo que sabe a lo que juega, por fin. Cuenta con Rooney, uno de los mejores delanteros del planeta, que lleva una temporada en estado de gracia y que tiene el suficiente talento como para ganar el Mundial él solo, y con una interesante nómina de jugadores ofensivos entre los que cabe destacar a Aaron Lennon, Walcott o Defoe. A todo ello, al margen incluso de la faceta ofensiva del conjunto, hay que sumarle dos factores que si consiguen rendir como habituan, pueden ser determinantes: tanto Lampard como Gerrard son los dos todocampistas ingleses por excelencia.

Cabe imaginar pues a una Inglaterra fortalecida en el aspecto defensivo por el rigor táctico de Capello pero debilitada tras la lesión inoportuna de Ferdinand que le hará perderse todo el mundial, con poderío físico en un mediocampo netamente ofensivo, Walcott o Lennon en banda, y con una delantera que al ritmo que marque Rooney puede ser temible adecuadamente conjugada. Sí, díganlo en alto, Inglaterra es una de las favoritas para ganar este Mundial. Capello, ya saben, ha sido capaz de rehacer la ilusión de un país que siempre exige a su selección que está a la altura de su sobrevaloradísima historia y leyenda.

Lista de seleccionados de Inglaterra:

1) David James (Portsmouth)
2) Glen Johnson (Liverpool)
3) Ashley Cole (Chelsea)
4) Steven Gerrard (Liverpool)
5) Rio Ferdinand (Manchester United)
6) John Terry (Chelsea)
7) Aaron Lennon (Tottenham)
8) Frank Lampard (Chelsea)
9) Peter Crouch (Tottenham)
10) Wayne Rooney (Manchester United)
11) Joe Cole (Chelsea)
12) Robert Green (West Ham)
13) Stephen Warnock (Aston Villa)
14) Gareth Barry (Manchester City)
15) Matthew Upson (West Ham)
16) James Milner (Aston Villa)
17) Shaun Wright-Phillips (Manchester City)
18) Jamie Carragher (Liverpool)
19) Jermain Defoe (Tottenham)
20) Ledley King (Tottenham)
21) Emile Heskey (Aston Villa)
22) Michael Carrick (Manchester United)
23) Joe Hart (Birmingham)

Lectura recomendada | Inglaterra, confianza en el italiano (Borja Barba en Diarios de Fútbol)
Imagen | Goles España

miércoles, 2 de abril de 2008

No dan para más (Schalke 04 0 - 1 Barcelona)


Ganar 0-1 en campo visitante en unos cuartos de final de la Copa de Europa a priori no está nada mal. Entra dentro de lo catalogable como positivo. Un gol fuera de casa y afrontar la vuelta con el viento soplando a tu favor es lo adecuado, prácticamente lo ideal. Sin embargo al Barça, o mejor dicho, a la afición del Barcelona, no le sirve ganar 0-1 al Schalke 04 en Gelsenkirchen. No valió y no gustó a nadie. Ante un equipo plano y ni siquiera eminentemente alemán, como es el Schalke 04, el Barça ganó incomodísimamente con un tempranero gol de Bojan y con una segunda parte para olvidar especialmente a nivel defensivo. Poco tardaron en desenterrar los fantasmas del Betis y poco tardamos los espectadores en comprobar que el Barça no da para más, es todo lo que puede ofrecer y lamentablemente, no le servirá para pasar de semifinales en esta Copa de Europa.


Llegaba el Barça a Alemania con más dudas que otra cosa y con un valor seguro como es Bojan. Tratamiento especial merece el chaval ya que con 17 años es el seguro que necesita el Barça cuanto menos, para no sumirse en la desesperación que le plantea al aficionado el futuro del equipo baulgrana. Cuando se la pasan a Bojan cualquiera puede comprobar que algo va a salir bien. Puede que un regate o un pase poco mordiente, pero siempre se tiene la seguridad de que lo hará bien y no perderá el balón. Es peligroso arriba sólo con la intención de su mirada y se come a los centrales a pesar de que le saquen más de medio metro de altura, sin exagerar. Insisto en lo de siempre, es algo para estar contento y orgulloso, pero a la vez es para plantearse seriamente el estado del equipo. Un jugador de 17 años no puede ser el máximo valedor de un equipo que pretende ganar todos los títulos.


Enfrente esperaba el Schalke 04. Desde el primer minuto del partido comprobamos lo plano y falto de calidad que es el equipo teutón. A excepción de Rafinha, ningún jugador aparentó tan siquiera merecer jugar la Copa de Europa. La defensa se sustenta en dos centrales muy altos y fuertes, el mediocampo en un jugador fuerte pero bastante falto de calidad como es Pander, en las bandas no hay jugadores que determinen un partido ya que ni Westermann ni Altintop (el del Bayern no, ese es mejor) demostraron nada y arriba Kuranyi estuvo desaparecido. Rafinha sólo no puede ganar un partido, y menos desde el lateral derecho. El Barça salió a dominar y sobre Iniesta y Xavi se sustentó el equipo. Realmente hubo momentos de un buen juego, combinaciones y triangulaciones varias en el mediocampo permitieron al Barcelona marcar en el minuto 12 tras un gran pase de Iniesta a Henry que éste, tras fallar el primer disparo sólo ante Neuer (buen portero a pesar de la cantada) devolvió el rechace a Bojan para que empujara el balón a dos metros de la portería. Pintaba bien el partido pero a pesar de dominar claramente no había ocasiones.


El problema surgió en la segunda parte. Es duro tener que hablar de un Barça apagado y sin funciones ofensivas ni defensivas ante el panorama que presentamos. Un Schalke realmente malo y con el resultado a favor. Pero por extrañas razones que escapan al entendimiento de cualquier aficionado, el Barça este año se apaga en las segundas partes. Y no es comprensible ya que hace dos años no lo hacían. Quizá todo se explique en el cansancio acumulado de los jugadores y en su veteranía, por decirlo de alguna manera, pero más acertadamente, es probable que se explique por el cúmulo de factores psicológicos en los que el Barça se sume cada entrenamiento. La Liga se escapa ante un mal Madrid y en Copa se cayó ante el peor Valencia de los últimos 10 años. Están en cuaros de final ante un equipo flojísimo y sin haber testado ante un grande. No hay sensación de haber algo hecho bien. Al contrario, a pesar de las mil y una facilidades se están hundiendo en su propia miseria. Me pongo en el lugar de los jugadores que han tratado de no esconderse entre la multitud como es el caso de Milito, Iniesta o Henry y me hundo. Si en teoría todo ha sido fácil ¿Cómo hemos llegado a este punto? Se preguntarán.


Al punto de que nadie confíe en ellos, de que nadie se crea el juego del Barça en las primeras partes. Ayer se volvió a demostrar. En la segunda parte el Barça se hundió físicamente personificado especialmente en la figura del marfileño Yayá Touré o Touré Yayá, como gusten. Se ve que no es el mismo que maravilló y apabulló a principio de temporada, le falta gasolina y motivación. Cuando desapareció Touré desapareció el Barça. Con esto no digo que sea Touré la figura clave del Barcelona, que se hizo grande sin él, con esto trato de explicar la ecatombe que sufre cada segunda parte un equipo cansado. Si antes un africano del medio campo corría por tres y ahora no corre ni por sí mismo, el equipo se hunde porque le faltan 4 jugadores en el mediocampo. Iniesta y Xavi no llegan a ningún balón en la segunda parte y es algo triste que un futbolista tan tosco y falto de aptitudes como Pander se hiciera el dueño y señor del partido. En la segunda parte insisto. Todo en la segunda parte.


El Schalke se echó arriba, como no podía ser de otra manera, y con mucho corazón y ninguna calidad puso en apuros al Barça. A balón parado tuvo tres ocasiones clarísimas que ni Westerman ni Larsen (extraño jugador) supieron aprovechar. Me pregunto que hubiera pasado si ahí hubieran estado Cristiano Ronaldo y Tévez. Me autorespondo, gol seguro. Lo descubriremos casi con toda seguridad en las semifinales, que si todo va según lo previsto, alcanzará el Barça en el partido de vuelta. Porque a pesar del mal estado de sus jugadores tanto anímicamente como físicamente, el Schalke tampoco da para más. No parecen unos cuartos de final de la Copa de Europa. Ninguno de los dos equipos da para más. Lo más probable es que en la vuelta suceda lo mismo pero con un Schalke agazapado. Gol de Bojan, dominio en la primera hundimiento en la segunda y a visitar Manchester en las semifinales. De ahí no creo que pasen aunque esto es la Copa de Europa y los milagros aquí sí son posibles. Y sin embargo, a pesar de estar casi en semifinales, los jugadores deberían preguntarse o incluso se pregunten: "¿Qué está pasando?".

En la otra semifinal el Manchester venció 2-0 a la Roma sin Totti. No creo que con el capitán hubieran hecho algo más porque el United ha puesto la directa y no hay quien le pare hacia la final de Moscú. Ronaldo marcó a lo Santillana con un cabezazo estratosférico, de otra galaxia, y confirma lo que todos vemos y lo que todos esperamos que France Football vea: Ronaldo ha de ser el Balón de Oro prácticamente pase lo que pase de aquí a Diciembre. El otro gol lo marco Rooney. Dan miedo. Y más que darán.

Hoy: Arsenal - Liverpool y Fenerbaçe - Chelsea. 20.45. Como siempre.

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Vía | As, Más que Fútbol
Imagen | Mundo Deportivo, Marca, As, El País, Bild

Más que Fútbol ● 2008

martes, 1 de abril de 2008

20.45, cuartos

Dejamos de lado la Liga Española, la lamentable federación, el botellazo a Armando y la pugna por una Liga sin nivel. Dejamos de lado la península y nos centramos de lleno, de nuevo y ya iba siendo hora, en la competición de la mística y la gloria. La Copa de Europa. O Champions League, ustedes dirán. Yo seguiré llamándola Copa de Europa probablemente hasta que desaparezca o me muera, quizás el mismo día. No sé que sería de nosotros, los aficionados al buen fútbol, al que significa algo más que dinero y publicidad, al que da la gloria y en el que los milagros son posibles. El de la Copa de Europa. El de equipos como el Liverpool o el Milan. Esta noche vuelve la Champions y en España todavía tenemos algo que decir al respecto. Un representante, el Barcelona, el mismo que anda a medio camino entre la desesperación y la resignación, se enfrenta al alemán Schalke 04, el equipo del poderoso Kuranyi.

Viaja el Barcelona hacia Alemania con más dudas que otra cosa. Si de algo nadie duda es de la perla en ciernes que ahora embelesa toda la ciudad condal, Bojan Krkic, el chaval de 17 años que se ha convertido por méritos propios en el actual espíritu de un equipo desganado y porqué no decirlo, muerto. No hablo de una muerte definitiva. Quizás sería más adecuado hablar de punto muerto, o de coma no permanente. Pero algo va mal y la afición a las puertas del campo de entrenamiento de los jugadores lo demuestra. Si Bojan es la solución, sólo queda rezar para que esta noche Europa entera adivine quien puede ser la futura estrella del Barça y de la Selección Española. Suena raro, y no debería sonar así en un equipo con las estrellas que muestra o desmuestra, pero esta es y debería ser la noche de Bojan.


Enfrente el Schalke 04. Relativamente bien en la Liga doméstica alemana y peligrosísimo a balón parado. Si sobre algo se sustenta el Schalke es sobre su fuerte defensa, sobre la seguridad de su portero, Neuer, al que sitúan cerca de la órbita culé y sobre todo el hombre de los mil idiomas y los mil países, como muy bien le define Borja Barba hoy en Diarios de Fútbol, Kevin Kuranyi. Un Barça mermado física y mentalmente deberá andarse con cuidado también con Rafinha, el defensa mejor valorado en la pasada temporada de la Copa de Europa y uno de los laterales derechos con más proyección ofensiva de Europa. Ganando el Barça está en semifinales. Perdiendo con los nervios fuera de control y con Rijkaard con medio pie del banquillo.

Además, hoy, la reedición de los octavos de final del año pasado. Manchester United - Roma. La Roma tiene dos problemas a mencionar: Por un lado la ya segura baja de Totti para el partido y por otro el fantasma del 7-1 que el año pasado los diablso rojos le endosaron a su portero Doni. Es un fantasma psicológico difícil de superar. Aunque más difícil todavía es superar al favorito y mejor equipo de Europa a día de hoy. Los C. Ronaldo, Roooney, Tévez, Nani, Anderson y compañía. A ver quién es el guapo que se atreve a pararlos.

Vía | Soy Plastic, As, Diarios de Fútbol, Más que Fútbol
Imagen | As

Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 2 de mayo de 2007

Noche de Champions: Le toca a los artistas


Resaca inglesa. Ayer ya vimos cómo el fútbol en estado puro nos mantuvo hasta los penaltys pegados al televisor. ¿Hoy? Le toca a los que hacen del fútbol un arte.
Manchester y Milan se enfrentan en lo que promete ser uno de los partidos del año (sí otra vez), todo un elenco de jugadorazos se darán cita hoy en el césped de San Siro para rendir otro homenaje al fútbol, o bien para esculpir un monumento parecido al de Old Trafford.

Kaka´y Cristiano Ronaldo monopolizan las portadas. Duelo de dioses, he llegado a leer. No andan descaminados, Kaka´y Ronaldo a día de hoy son los dos mejores jugadores del mundo con permiso de Drogba. En la ida el brasileño se salió, dos goles, consagración y derrota inesperada en el último minuto.
Derrota que consumó el otro invitado a la fiesta: Rooney. No podía faltar, no es tan elegante y dudo que sea tan ligón como cuentan de su amigo portugés, pero en lo que se refiere a lo estrictamente futbolístico Rooney es cómo de ellos. El Manchester a la contra, hoy con Rooney arriba puede regalarnos un festival de cómo jugarle al Milan.

Esta vez no hay cruce de declaraciones mal intencionadas entre ambos entrenadores, hoy, lo que cuenta es la belleza y regalar al aficionado otra final. Ancelotti y Ferguson, elegantes ambos, han dejado paso a sus jugadores en lo que a protagonismo se refiere.
Hoy es el turno de Kaka´, Cristiano Ronaldo y Rooney (bendita juventud), pero habrá lugartenientes que no se querrán perder el tiroteo de saloon en lo que se puede convertir esta noche el césped de Milano: Seedorf, Scholes, Carrick, Pirlo, Gilardino, Giggs, y por supuesto Genaro Gattuso (algún barrendero tendría que haber entre tanto pintor, escultor y arquitecto).

Acomoden el sofá, tomen un aperitivo, relájense, sienténse. Fútbol de salón, servido en 90' minutos. Disfruten.

Foto | De archivo, El País
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sábado, 28 de abril de 2007

En las islas todo decidido

Corría la mitad de la primera parte cuando el Manchester perdía 1-0 en casa del Everton. A su vez, en Stamford Bridge, el Chelsea acababa de remontar un 0-1 en contra del Bolton, dos goles de Kalou ponían como líder a los blues.

En ese momento los londinenses eran líderes a falta de dos jornadas para el final y con un Chelsea - Man U de por medio. Todo iba viento en popa toda vela. Hasta que comenzó la segunda parte, que en un principio no resultó tan desastrosa para los de José Mourinho.
El Everton aumentaba su ventaja y se defendía magistralmente, el Man U no era ni la sombra de lo que remontó al Milan la semana anterior. Hasta que apareció Davies (Bolton) en el 52' y el portero del Everton en el 60' regalando un gol a O'Shea. El Chelsea empataba ahora y el Man U crecía y crecía tras ese gol que les dió oxígeno.
Entró Cristiano Ronaldo para consumar una remontada espectacular con Rooney sobresaliendo, a la par que el Chelsea veía impotente cómo no conseguía batir a Jaaskelainen.

2-2 y 2-4, dos resultados que dejan la Premier vista para sentencia, la única duda que queda es cuando lo hará el Manchester, si la jornada siguiente o la última jornada.

Os dejo el vídeo resumen del Everton - Manchester United:




Chelsea - Bolton