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viernes, 11 de junio de 2010

Un repaso a cuatro equipos: Inglaterra

Andrés Pérez | La trayectoria de Inglaterra en los últimos torneos en los que ha participado no cabe definirse de otro modo más que deprimente. Cayó en la Eurocopa 2004 en los penaltis frente a Portugal en cuartos de final; volvió a caer en los penaltis frente a Portugal de nuevo en cuartos de final en el Mundial del 2006; y, en lo que no fue en absoluto ninguna sorpresa, no se clasificó para la pasada Eurocopa: Rusia le apeó de su camino demostrando ser mejor equipo, así de siemple.

Para evitar un nuevo descalabro y un conjunto no competitivo, Inglaterra invocó a Capello y la simple aparición del italiano por el banquillo inglés le situó una vez más en el elenco de favoritas que manejan las casas de apuestas. Llegó Capello, reordenó tácticamente el equipo y mejoró en defensa. Además, acercó a Rooney al área y se las ingenió para colocar a Gerrard y Lampard juntos sin sacar del once titular a Gareth Barry, pieza talismán del italiano a tenor de su participación con la selección.

Inglaterra tiene un equipo que sabe a lo que juega, por fin. Cuenta con Rooney, uno de los mejores delanteros del planeta, que lleva una temporada en estado de gracia y que tiene el suficiente talento como para ganar el Mundial él solo, y con una interesante nómina de jugadores ofensivos entre los que cabe destacar a Aaron Lennon, Walcott o Defoe. A todo ello, al margen incluso de la faceta ofensiva del conjunto, hay que sumarle dos factores que si consiguen rendir como habituan, pueden ser determinantes: tanto Lampard como Gerrard son los dos todocampistas ingleses por excelencia.

Cabe imaginar pues a una Inglaterra fortalecida en el aspecto defensivo por el rigor táctico de Capello pero debilitada tras la lesión inoportuna de Ferdinand que le hará perderse todo el mundial, con poderío físico en un mediocampo netamente ofensivo, Walcott o Lennon en banda, y con una delantera que al ritmo que marque Rooney puede ser temible adecuadamente conjugada. Sí, díganlo en alto, Inglaterra es una de las favoritas para ganar este Mundial. Capello, ya saben, ha sido capaz de rehacer la ilusión de un país que siempre exige a su selección que está a la altura de su sobrevaloradísima historia y leyenda.

Lista de seleccionados de Inglaterra:

1) David James (Portsmouth)
2) Glen Johnson (Liverpool)
3) Ashley Cole (Chelsea)
4) Steven Gerrard (Liverpool)
5) Rio Ferdinand (Manchester United)
6) John Terry (Chelsea)
7) Aaron Lennon (Tottenham)
8) Frank Lampard (Chelsea)
9) Peter Crouch (Tottenham)
10) Wayne Rooney (Manchester United)
11) Joe Cole (Chelsea)
12) Robert Green (West Ham)
13) Stephen Warnock (Aston Villa)
14) Gareth Barry (Manchester City)
15) Matthew Upson (West Ham)
16) James Milner (Aston Villa)
17) Shaun Wright-Phillips (Manchester City)
18) Jamie Carragher (Liverpool)
19) Jermain Defoe (Tottenham)
20) Ledley King (Tottenham)
21) Emile Heskey (Aston Villa)
22) Michael Carrick (Manchester United)
23) Joe Hart (Birmingham)

Lectura recomendada | Inglaterra, confianza en el italiano (Borja Barba en Diarios de Fútbol)
Imagen | Goles España

martes, 4 de noviembre de 2008

20.45, cuarta jornada (I)

Andrés Pérez | En plena polémica aquí por los malos arbitrajes -personificada en Mijatovic y el victimismo del que hace gala el Madrid, no perderse esta columna muy sentida y conmovedora de Relaño en relación a lo mucho que ha perdido el Madrid a lo largo de la historia- ayer un sueco demostró que equivocarse en jugadas elementales no es único del gen español. Lo sufrió el Atlético y se aprovechó el Liverpool de ello, consiguiendo empatar en el minuto 90 un partido que se le había puesto cuesta arriba desde el principio. Sin Torres y colapsado el centro del campo por el Atlético gracias a la honrosa por nada brillante labor de Assunçao, Raúl García y Maniche, el equipo de Benítez tuvo que desplazar su juego hacia la banda, y cuando no pundo, hacia Gerrard, y cuando tampoco pudo, hacia los desmarques siempre peligrosos de Robbie Keane o Kuyt, quienes ayer llegaban siempre un segundo más tarde de lo que debieran. A pesar de ello, a pesar de no desplegar el juego brillante y efectivo mostrado en la competición local, el Liverpool mereció como mínimo el empate. Por las numerosas ocasiones y por el acorralamiento al que sometió al Atlético, quien, dicho sea de paso, jamás mereció un final tan cruel.

Fue cruel como lo hubiera sido una derrota para el Liverpool. Fue cruel porque si bien el Liverpool hubiera perdido por culpa del fútbol, el Atlético tuvo que soñar añoche -pesadillas- con algo que no puede controlar, con algo que no se entrena ni tampoco se prevee, con un penalty en el minuto 90 absolutamente inexistente. Dentro del área de un dubitativo Leo Franco -inexplicable que siga jugando- Pernía y Gerrard entraron al choque en un balón dividido por alto. No pasó nada, e incluso fue Gerrard quien cometió infracción, pero el sueco en cuestión, Martin Hansson, pitó penalty. Gerrard lo transformó e hizo justicia, pero con el agridulce sabor de quien sabe que no es el modo adecuado de conseguirla. El Atlético puede sentirse orgulloso del partido que jugó en Anfield. Tan sólo un exhuberante Xabi Alonso, el mejor del Liverpool desde septiembre y probablemente el mejor mediocentro de Europa, estuvo al nivel de un Liverpool luchador pero poco brillante. Insisto, el Atlético podrá dormir con la conciencia tranquila, con el sabor de boca de haberle plantado cara al Liverpool. En Anfield. Con un arbitro que decidió el partido.

(Modo Ironía On) Por su parte el Barça jugó un frenético partido en el Camp Nou. Recibía al Basilea, uno de los mejores equipos de Europa y absoluto dominador de la Liga suiza, y las expectativas levantadas se superaron. Con un campo absolutamente a reventar, lleno hasta la bandera, el equipo de Guardiola mostró una actitud magnífica durante todo el encuentro, sin dar ni un sólo balón por perdido. Jugaron todas las estrellas destacando por encima de todas un Henry que por momentos volvió a ser quien fue en el Arsenal, aquel jugador vertical y voraz cuya mayor arma era su propia ambición. Messi fue el genio que puso al equipo local por delante, pero la férrea defensa del Basilea impidió la goleada para, posteriormente, lanzarse al ataque desplegando a su vez un fútbol vertiginoso, de pases cortos y fuertes y de triangulaciones de infarto. Tal fue la calidad mostrada por el Basilea que consiguió empatar a falta de pocos minutos del final, cerrando de esta manera un partido épico, que pasará a la historia como uno de los mejores de la Copa de Europa y que sin duda mereció ver. El público despidió a ambos valerosos equipos en pie, sabedor de haber presenciado un partido de aquellos que merecen la pena. Un 1-1 magnífico, que deja al Barcelona con el orgullo intacto y que, cómo no, atrae cada día más al público al Camp Nou. Por cierto, ya está en octavos.

Vía | Real Madrid CF, El País
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008

martes, 29 de abril de 2008

20.45, semifinales (II)

Andrés Pérez | Y por último, Champions. Digo por último porque la final es otra cosa. Sigue siendo Copa de Europa, sí, el partido más importante, sí. Pero las elimintarorias a ida y vuelta, aquellas que nos vuelcan el corazón y dejan batallas épicas de por medio se acaban con las semifinales de esta noche. Y se podría decir que acaban de buen ver. Gracias, en gran medida, al buen hacer de los equipos ingleses durante la competición, buen hacer, mal acompañado por la presencia de la mayoría de los equipos teóricamente punteros. Sin noticias de los españoles, por mucho que el Barça esté en la semifinal engañosamente, sin noticias de los italianos que salvo la Roma, no supieron hacer frente ninguna eliminatoria y sin noticias de los alemanes, más allá de un rancio Schalke. Me hubiera gustado ver al Oporto en semifinales, probablemente en el sitio del Barcelona. Fatídica tanda de penaltys para los lusos frente al Schalke 04 en cuartos de final. Pero ahora no queda tiempo para lamentarse de una Champions de contrastes provocados por la brillantez y emoción inglesa y por el aburrimiento restante. Ahora, queda contemplar las semifinales.


Mañana juega el Barcelona frente al Manchester en Old Trafford. De él depende no contemplar una justísima final inglesa, pero no creo que lo consiga, he de decir. La ida se saldó con un apurado 0-0 para el Manchester, cierto, pero no es menos cierto que si comparamos el partido del Barcelona con los de Roma o Lyon descubrimos que el Manchester fuera de casa es así, defensivo. Matemáticas aparte, el Barça lo tiene difícil porque no tira a puerta. Con Deco en el campo dominan pero sin el Eto'o de antes, con un Ronaldinho más fuera que dentro y con Henry desaparecido, el Barcelona acusa una alarmante falta de pegada. Dos tiros a Van der Sar en la ida. No sé cuantos cosecharán esta noche en Old Trafford, pero lo que sí sé es que el Manchester no se querrá ir sin goles de Europa, o de su estadio. Si el Barça quiere estar en Moscú debería marcar dos o más goles mínimo. Y no lo veo nada claro.


El miércoles se juega un partido de pronóstico más complicado. El Chelsea lleva 82 partidos sin palmar en casa y acude con la ventaja del gol en propia meta de Riise en la ida, pero el Liverpool es el Liverpool y peores gestas le hemos visto conseguir a lo largo de su larga historia en competiciones europeas. 1-1 en Anfield, en teoría el Chelsea de un renacido Ballack, del gigante Drogba y de la defensa de hierro debería pasar a Moscú, pero el Liverpool juega mejor, es el Liverpool, cuenta con un cuarteto atacante letal (Gerrard, Babel, Kuyt y Torres) y con una pareja de mediocentros que hacen y deshacen a su antojo (Xabi Alonso y Mascherano). Probablemente el partido se decida en el mediocampo, mediocampo que el Chelsea desprecia. He ahí las esperanzas de un motivado Liverpool. Sin embargo, la motivación no lo es todo, y los números, las matemáticas y la lógica dicen que el Chelsea de Grant debería estar en la final. Pero, como todos sabemos, ni el Liverpool, ni la Copa de Europa entienden de números y lógica. Sólo de sueños.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | As, Marca

Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 9 de abril de 2008

Monumento al fútbol (Liverpool 4 - 2 Arsenal)

Andrés Pérez | Lo imposible en ocasiones sucede. Dice Adidas que lo imposible es nada y puede que tenga cierta razón cuando se ven partidos como el de ayer. Y quizás me equivoque, porque lo de anoche en Anfield no fue un partido. Calificar de partido de fútbol ramplón, normal, sin que nada sucediera es una temeridad, un insulto a lo que Liverpool y Arsenal nos ofrecieron sobre el césped verde de Anfield. Particularmente lo denominaría monumento al fútbol, oda al fútbol. Un poema de Lord Byron nunca hubiera despertado tales sensaciones en muchos de los que anoche vimos el encuentro como el enfrentamiento en sí mismo. Y es complicado calificar la envergadura de partidos de este tipo, y es complicado escribir sobre ellos porque uno no sabe exactamente cómo describirlos ni cómo conseguir que las palabras se acerquen siquiera a ya no sólo lo que sucedio, sino a lo que supuso, a lo que despertó, a lo que inspiró. No. Tratar de contar porqué el fútbol consigue el efecto que consigue en todos nosotros es vanal. Es quitarle la mística, la magia, la épica. Y de todo eso tiene mucho el Liverpool, Anfield y la Copa de Europa. De algo que no podemos explicar a ciencia exacta. Es preferible sentarse, pensar un segundo y escribir, o dormir. No hay otra manera de disfrutar lo que anoche se vivió en Anfield.


Lo primero, descubrirme ante Wenger, Fábregas y el Arsenal. Quitarme el sombrero por unos primeros veinte minutos dignos de ser estudiados por todas las academias futbolísticas del mundo y del futuro. Descubrirme por morir de pie y no arrodillado como muchos otros habrían hecho, felicitar, dar la enhorabuena o escribirles por todo eso y más. Por Walcott, por Adebayor, por Hleb. A Wenger particularmente, por conseguir que todos esos chavales dirigidos por un chaval más, Fábregas, hacer del fútbol un verdadero arte. Ni un patadón a excepción de la desesperada final, ni una sola patada de impotencia, ni siquiera bajar los brazos ante el Liverpool y Anfield al rojo vivo. Es como intentar salir del infierno bailando ballet mientras aquellos que purgan sus penas entre el fuego y la lava tratan de morderte cada salto, cada elegante giro de 360º. Eso, tiene un mérito impagable. Particularmente, si el Arsenal no gana nada, soy partidario de darle en exclusividad cualquier tipo de trofeo. Al mejor juego. A un equipo, que gane o no, debería pasar a la historia como uno de los mejores a nivel técnico y ofensivo. Están fuera pero cayeron dignamente.


Y cayeron ante el equipo que partido tras partido agranda el mito en la Copa de Europa. La suerte no se encuentra, se busca y llega. No llega sola, hay razones de peso. Achacar todo el éxito futbolístico de un equipo como el Liverpool a Anfield, a la historia, a la grada o a los arrebatos de genialidad de Gerrard es subestimar su fútbol, a Benítez y a todos los jugadores que componen la plantilla. Es, en resumidas cuentas, obviar la evidencia de otro fútbol. Si hemos de hablar de arte, de un Van Gogh en movimiento, hemos de ver al Arsenal. Pero no sólo a los estilistas les está reservada la gloria. La gracia del fútbol reside ahí. En que cualquiera puede ganar a cualquiera, en que cada partido es un mundo. El Liverpool no es el Ajax de Cruijff, estamos de acuerdo, pero tiene sus argumentos. Personificados en jugadores como Xabi Alonso, Gerrard, Kuyt, Babel o Torres. Si el Liverpool está en semifinales, por tercera vez en cuatro años, algo tendrá que ver Anfield, desde luego, pero quitarle el mérito a un Benítez que ha metido ya al equipo en siete finales, está lejos de ser un análisis futbolístico coherente.


El partido fue un no parar. Un constante derroche de energía y talento, todo junto, mezclado con la dosis justa de mística europea y épica anfieldistica. Los primeros veinte minutos fueron los mejores veinte minutos de la Copa de Europa este año. El Arsenal literalmente se comió al Liverpool en su propio campo. Triangulaciones espectaculares, velocidad de vértigo, acierto y sobre todo talento. Cada pase era muy rápido pero iba al pie y cada control por muy fuerte que el cuero rodara se paraba mansamente en las botas de los Diabý, Adebayor, Hleb, Fábregas y compañía. Así llegó el primer gol, tras una jugada colectiva espectacular (y hago hincapié en lo de espectacular) para ser finalizada en dos toques por Diabý, ese nuevo tipo de Vieira con el regate de Figo. El Arsenal dominó unos cuantos minutos tras el sublime gol con el que condenaba al Liverpool a marcar uno. Hasta entonces sólo The Kop corría por el césped. Pero el Arsenal prontó se relajo subestimando el verdadero potencial del Liverpool y del miedo escénico de Anfield. Tardaron los reds en empatar 10 minutos, lo mismo que tardó el Arsenal en darse cuenta que de seguir así, el Liverpool se los iba a comer. 1-1 tras el perfecto testarazo de Hyppia y entonces a Xabi Alonso le dió un arrebato de liderazgo y se puso a controlar el juego del Liverpool ante un Arsenal que sin comerlo ni beberlo tras unos veinte primeros minutos en los que jugó como el Liverpool como quien come una piruleta se encontraba en una situación más que drástica ya que ni tenía capacidad de respuesta ni parecía tenerla. De repente no eran tan rápidos ni tan precisos. De repente, Fábregas, con el balón en los pies, casi parecía torpe. Lo que hace el miedo escénico. Lo mejor que le podía pasar al Arsenal en ese momento ante la estampida del Liverpool era que llegara la segunda parte y dicho y hecho.


Benítez no tuvo que repetir la ya célebre charla de Estambul que nadie conoce, el Liverpool alzado por The Kop se alzó a por el segundo. Y lo que sucedió en la segunda parte es difícil de recordar seguidamente porque cada jugada era un mundo digna de comentar. El monumento tomaba forma. Mención especial para Mascherano, Kuyt y Flamini hasta que se lesionó. De verdad que no logro explicarme como siguen vivos después de las dos palizas que se han pegado. Mascherano particularmente me alucina. Llegaba a todas y volvía a la carrera para remediar cualquier destrozo que los de alante pudieran provocar. Sin embargo, a Mascherano las luces en ataque se le suelen a pagar, como al Arsenal mediada la segunda parte. Era otro, el partido habia cambiado radicalmente para bien del Liverpool y para drama del Arsenal, que se defendía como podía ante el más que derroche de ocasiones, derroche de ganas del Liverpool, que además, hizo buen fútbol dirigido por Xabi Alonso. Gerrard pasó más desapercibido, casi como Torres, hasta que apareció. Y apareció para colar por la escuadra tras perder a Gallas de vista a la media vuelta el balón en la red de Almunia. La pelota la disparó Torres, pero el impulso final lo dió The Kop. Ya saben, aquello de que aspira los goles. La mejor noticia para el Liverpool y un requiem para el Arsenal que no veía manera de solucionar aquello. El Liverpool parecía más grande y más en forma, quien sabe si por la leyenda o por el peso de la historia, pero tras el gol de Torres tuvo varias ocasiones más para poner el definitivo 3-1 en el marcador. Nunca demasiado claras. Es digno de análisis comprobar como un partido sin ocasiones excesivas es de infarto.


Aunque cierto es, que tras el gol de Torres, Adebayor la empujó fuera cuando lo más difícil era eso mismo, el Arsenal empató en una contra. Como suena. Con el Liverpool ganando y en su propia casa, Benítez los mandó hacia arriba. No hay mejor defensa que un buen ataque sí, pero al autor de la frase se le olvidó la parte en la que la recupera el Arsenal, la coge Walcott, se va de cuatro tipos el doble de grandes que él por velocidad en plan Maradona, la pone atrás y Adebayor, esta vez sí, empata. Explicaría lo que sucedió después pero no dió tiempo siquiera a pensar "Qué bueno es este Walcott" porque al instante Babel se picó e hizo lo propio provocando un penalty. Cuando todos daban por muerto a un más que digno Liverpool, Touré hizo lo que jamás se debe hacer en Copa de Europa. Agarrar a un rival dentro del área con la eliminatoria ganada. Aunque suene obvio. Lanza Gerrard hacia The Kop y 3-2. Esta vez el Arsenal se quedaba sin argumentos. Un golpe demasiado duro. El cuarto daba igual. Fábregas la puso de falta desde el medio campo con todo el Arsenal arriba y en el despeje de Kuyt, Babel puso en evidencia a Fábregas a nivel de velocidad para batir a Almunia. No confundir, Fábregas es el más rápido del mundo pensando, pero no corriendo. No empaña su colosal partido. Babel convertido a héroe y el Liverpool en semis de nuevo. Espera el Chelsea. Repetimos otra vez.

Los goles del partido:



La jugada de Walcott:



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Más que Fútbol ● 2008

jueves, 3 de abril de 2008

Al Arsenal siempre le quedará Anfield...(Arsenal 1 - 1 Liverpool)

Todo marchaba considerablemente bien para el Arsenal hasta que Bendtner sacó el balón en la línea de cal de la portería de Reina. Cualquier mortal que en estos momentos lea esta primera línea deducirá que el tal Bendtner es un buen defensa del Liverpool, que cumplió heroicamente su misión, dicho sea de paso, probablemente tendrá cara de obrero de la industria textil y casi con toda seguridad será un tío muy de Liverpool. Que para eso Dios los hizo así, fuertes y orgullosos. Cualquiera que controle algo la Liga Inglesa y no haya visto el partido, probablemente, mientras lea la primera línea se asombre perplejo ante la improbable pero no menos cierta acción de Bendtner. A mediados de la segunda parte, en pleno apogeo del festival ofensivo de los gunners, su delantero que había salido en sustitución de Eboué sacó bajo palos un disparo de Fábregas, su compañero. El resultado en ese momento era de 1-1 y así se quedó. Anfiel decidirá y si el Arsenal cae eliminado, el pobre Bendtner se maldecirá de por vida.


Envidio la Liga Inglesa. Y la envidio porque ofrece partidos trepidantes y de ida y vuelta como el Arsenal - Liverpool de anoche. Partidos en los que gladiadores como Mascherano y estilistas como Hleb brillan a la vez, partidos, en defintiva, de fútbol emocionante, no de somníferas posesiones de balón ni de soporíferos partidos defensivos, algo de lo que andamos sobrados por aquí. Y digo que envidio la Liga Inglesa porque es para sentirse orgulloso de ella seas del equipo que seas. Lo ha demostrado, primero, la presencia de cuatro equipos ingleses en la final, y segundo los buenos papeles de todos ellos menos el de un confiado Chelsea.


Salió el Arsenal a comerse el Liverpool sin tener en cuenta el pequeño pero gran detalle que supone enfrentarse al Liverpool en Copa de Europa. Es otro. No vale nada de lo anterior, no cuenta si le has goleado 7-0 en la cometición doméstica porque en la Copa de Europa en el 90% de los casos tienes que venerar y mostrar respeto ante uno de los más grandes. En horas bajas o no el Liverpool tiene algo cuando se juega el trono continental e intimida sólo con la equipación, anoche negra en lo que fue el destino del pobre Bendtner. Como ya he dicho, el Arsenal salió a matar y comenzó apuñalando. Centro de Van Persie tras un córner y Adebayor sólo empuja a la red. Tres minutos tardó Gerrard, algo experto en batallas de este tipo, en coger la pelota, regatear a Clichý y Gallas, ponerla y contemplar como Kuyt empujaba a su vez el cuero dentro del arco defendido por Almunia. Gerrard es muy bueno y muy veterano, y en la Copa de Europa la experiencia es un grado todavía más importante que en cualquier otra competición. El gol supuso un golpe de autoridad, una manera de decir: "Somos el Liverpool, nunca caminamos solos y aquí estamos, no va a ser fácil y es probable que murais en el intento". El primero en morir fue Eboué, desaparecido y cambiado. El segundo Kuyt, que si no murió en el campo fue por honor, pero estoy convencido de que en el vestuario se derrumbó. Mascherano se mató a correr pero es argentino, otra pasta. El último en caer fue Bendtner, más psicológicamente que físicamente. No todos los días evitas un gol de tu propio equipo.


La segunda parte fue un auténtico recital gunner de cómo atacar sin perder el estilo. El estilo, eso de lo que el 90% de los equipos en España andan carentes. De la mano de Cesc y Flamini (otro que se mató a correr), pasecito tras pasecito pusieron en verdaderos apuros a un Liverpool que recordando cuando el Milan o el Chelsea le bombardeaban a ataques, pudo mantener la moral y algo más importante aún: el marcador. Adebayor dió una lección de cómo tirar desmarques, Mascherano de cómo robar balones y Bendtner... Bueno, Bendtner dió una lección de cómo no hay que estropear un gol cantado. He de decir en su defensa que el chaval estaba de espaldas y no veía la bola, que iba rasa y mansa al fondo de la red. Fue sin querer y le exculpo como la mayoría de los que vieron la jugada, pero su tropiezo quedará para los anales de la historia. Tendrá que correr mucho Bendtner para que le recuerden por otra cosa. Empezar a enterrarlo marcando dos goles en Anfield no estaría mal. Porque al Arsenal, suene duro o no, le queda Anfield o Anfield. Es como caminar hacia el infierno mientras te armas de tu mejor fútbol. La eliminatoria está abierta pero, con el Liverpool en casa y con un gol fuera de ella...

El Chelsea por su parte rozó el ridículo ante el Fenerbaçe, sorpresón de la Champions que ya demostró en Sevilla que es capaz de reponerse incluso a dos goles y dos cantadas de su portero en contra.

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Vía | As
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Más que Fútbol ● 2008

jueves, 13 de marzo de 2008

Torres y los cuartos


Cuando Fernando Torres decidió marcharse al Liverpool aplaudí su decisión. Era la única maner a mi parecer de demostrar si verdaderamente era un gran jugador o una gran ilusión fundada en la desesperación del Atlético. Nunca fui el máximo admirador de Torres y sí me consideré uno de sus principales críticos en su etapa en el Atlético, siempre tachado de sobrevalorado. Me ha hecho cambiar de opinión y se lo agradezco. Porque cuando se marchó a la ciudad del Merseyde me autoconvencí de que era imposible que fuera tan malo como para que Benítez, un entrenador que sabe fichar jugadores medio-alto a poco precio, pagara casi 30 millones de euros po él. Era mucho dinero, y Benítez no pide tanto nunca. Esperé y Torres ha demostrado ser lo que decían de él callándonos a muchos escépticos. Es un delantero total, rápido, con buena técnica y con mucho gol. No se esconde en las grandes citas, y ayer no lo hizo.

Ayer se jugaba la última eliminatoria entre el Inter centenario y el Liverpool de Torres. Cosas de la UEFA, una semana más tarde para no repetir partido en San Siro una misma semana. Quizá el dios del fútbol trató de castigar a la UEFA por tal osadía de trasladar la Champions una semana tarde, este año no se volverá a jugar la champions en San Siro. Detalles aparte, el partido deparó un resultado previsible. Un Liverpool bien asentado atrás y esperando a la contra. El Inter demostró que no tiene manera de sacar el balón jugado desde atrás e Ibrahimovic que en las grandes citas se esconde. Torres y Gerrard demostraron que juntos el Liverpool es el 70% de lo que es, acompañados por un buen equipo pero escaso de brillantez en general. A pesar de todo, a pesar de ser el Inter una mejor plantilla que no un mejor equipo, el Liverpool, no sólo aguantó sino que ganó con un golazo de Torres.


Y el resultado un día después es la hegemonía británica en los cuartos. A mí no me sorprende. De largo, la Premier es el campeonato más competitivo del mundo y sus cuatro primeros equipos hoy por hoy, los cuatro mejores de Europa, discúlpenme seguidores de un apático Barça y de un afortunado Madrid. Un turco, un español, un italiano y un alemán es lo poco que ha sobrevivido a la escaramuza británica, como en los buenos tiempos de Isabel o de Victoria. Cuando el mundo era suyo y los demás observaban impotentes. Resulta que ahora los españoles no tienen mucho más que la mejor plantilla del mundo desmotivada y sin compenetraión, resulta que el Fenerbaçe se clasificó de penalty, que el Schalke salvó la temporada de milagro y que la Roma, parece la única capaz de hacer frente a los de las islas. Porque no nos engañemos, como Liverpool, Chelsea, Manchester United y Arsenal tengan el privilegio de ser emcuadrados en cuatro eliminatorias distintas, tenemos semifinales de passing game y verticalidad descontrolada.

¿Mi favorito? El Manchester por equipo, el Arsenal por juego y el Liverpool por ser el Liverpool. Espero que el rancio Chelsea se quede fuera y que la Roma obtenga un merecido pase a las semifinales, por ser el único equipo de Italia digno y por ser el único equipo fuera de Inglaterra que es capaz de dar lecciones de fútbol, aunque sea al Madrid de hoy en día. Veremos que nos deparan los cuartos. Hasta entonces, un consejo, ver la Premier. Ahora, no tiene precio.

Foto | De archivo

Más que Fútbol ● 2008

martes, 1 de mayo de 2007

Dulce Condena (Liverpool 1 - 0 Chelsea)


Yo, de pequeño, soñaba con la Copa de Europa. Muy simple, y muy común. El problema es que sigo soñando con ella. Es la competición de mis sueños, tenga 8 años o tenga 50, porque permite soñar, permite soñar despiertos, y sobre todo, permite que nuestros sueños se hagan realidad.

Ninguna otra competición en el mundo es capaz de hacer nuestros sueños realidad. Ese gol, bien de chilena bien tras dejar en el camino a tanto inglés (Victor Hugo Morales dixit) en el último minuto que le da la victoria a tu equipo, es posible en la Champions. El Mundial es otra cosa, es más efervescente pero menos mágico, no encierra tanta mística y tanta espiritualidad como lo pueda hacer la Copa de Europa. Es en esta competición en la que podemos contemplar cómo equipos chocan contra su historia, se crean barreras invisibles, mientras otros se lanzan al estrellato apoyados por su historia y sobre todo por su afición.


Sí, el Chelsea es el primero, y el Liverpool el segundo. El Chelsea se convirtió equipo grande el día que un magnate ruso enriquecido por el petróleo le hizo de oro. Fichajes, clase, calidad y un entrenador serio que es más y sobre todo se cree más que sus estrellas, indispensable para controlar un vestuario que bien podría estar inflado de ego y altanería. No lo está y no es por la mano del portugués.
EL Chelsea tiene una barrera moral, una trampa psicológica que le va a costar mucho quitarse de encima. En 4 años ha llegado tres veces a las semifinales y ha caído en otras tantas. No es cuestión de equipo, ya que el Chelsea tenía mejor equipo en sus tres cruces. Es cuestión de afición, es cuestión de historia, pero sobre todo es cuestión de sueños.

La Copa de Europa se cimienta en los sueños, y los cimientos del Liverpool son los más fuertes de Europa. Leí una vez que los jugadores antiguos del Liverpool creían que The Kop aspiraba los goles. Nunca me lo creí. Me demostraron que era cierto en 2005 y me lo han vuelto a demostrar esta noche.
El Chelsea es un gran equipo ojo, y a base de insistir estoy seguro de que en un futuro ganarán una Copa de Europa, necesitan que su historia les pese, necesitan un The Kop. El Liverpool la tiene.


Llegaban los blues con ventaja a Anfield. La táctica de Mourinho estaba clara, atrás, lo más cerca de Cech posible y salir a la contra con un Drogba que tenía que coger todas. El problema es que Anfield se pegó cantando 20 minutos, minutos en los que el Liverpool se salió.
En defensa, Drogba no se llevó ninguna gracias a un gran Agger y a un buen Carragher en las coberturas, en el medio Gerrard pudo con todos, Mascherano se consagró y Zenden estorbó lo suficiente. Y arriba Kuyt no paró de correr ni Crouch de pelear en vano. El Liverpool dominaba (71% - 29% posesión) y el Chelsea no se encontraba. Tenían un zumbido en la oreja preocupante, la grada, que les atormentó hasta que en el 22' tras jugada ensayada Agger marcó.

Con la eliminatoria igualada, al Chelsea le tocó golpear. Pasó a tener el control del juego, Lampard presente, y a incomodar seriamente la meta de Reina. Drogba primero, Essien (con la espalda) después y finalmente Lampard desde un tiro en la banda izquierda demostraron que el Chelsea no iba a regalar el partido.
Y no lo hicieron, en la segunda parte la superioridad de los londinenses se hizo patente definitivamente aunque no consiguieron tener las mejores oportunidades. Curiosa paradoja, cuando el Liverpool más se ahogaba era cuando más daño hacía. Kuyt al larguero tras impresionante testarazo, y posteriormente Crouch de la misma manera metieron el miedo en el cuerpo de los blues. La cosa quedó en a ver quién era el que más miedo tenía, y en esas circunstancias apareció Xabi Alonso para rescatar un mediocampo que se sostenía gracias al impresionante Mascherano.


Así que los 20 últimos minutos fueron más miedo que otra cosa. Si acaso una ocasión clarisima de Drogba y una más en el último minuto a la que no llegó. Fin. Prórroga, más miedo, más gemelos cargados, más de Essien el magnífico, al que esta noche sólo le ha faltado la capa para volar.
El Liverpool a lo suyo, atrás, pero misterios de la vida, más peligroso que el Chelsea. Lanzó Alonso, paró Cech pero con rebote, llegó Kuyt, marcó y levantó el brazo el linier. ¿Fue? Unos dicen que sí, otros que no. Ahora no importa.
La segunda parte de la prórroga para borrarla del vídeo, normal, demasiado miedo, ambos pactaron unos penaltys que decidirían el finalista.

Y fue el Liverpool. Ganó Anfield, primero y sus jugadores después. Ni cinco minutos de descanso, gargantas afónicas, nervios a flor de piel, uñas acabadas, pero seguían cantando cada vez con más fuerza. Reina se irguió como héroe de Liverpool, paró dos, el Liverpool metió todos.


Está condenado a ser grande en Europa. Al igual que estaba condenada España sin representación en estas semifinales. Saben, a mi no me entristece aunque a muchos sí. No he echado de menos al renqueante Barça, ni al rancio Madrid, ni al especulador Valencia.
Esto es fútbol, en estado puro. Gracias Inglaterra por regalarnos unas semifinales como éstas, no hay nada comparable. Gracias Chelsea, gracias Liverpool por condenarnos sin representación española. Dulce Condena.

Fotos | La Gazzeta dello Sport

martes, 14 de noviembre de 2006

Que poca memoria tienen en las Islas


A Bénitez le queda poco en el Liverpool. O al menos eso se rumorea en Anfield. La racha del equipo (6 partidos fuera de casa y un punto) está causando estragos en el Merseyde Red que hace aguas por todos los lados posibles.

Es Gerrard quien silenciosamente, al parecer, abandera un mini-motín apoyado por los viejos del vestuario para acabar con Benítez. El motivo del enfado de Steve-G es que juega pegado a la banda derecha y no en el medio, donde se siente más cómodo y el equipo juega igual... o peor. Pero no solo el inglés duda de Rafa.
Ya hace poco un directivo subió el pan declarando que con el dinero gastado el Liverpool debería mejorar su situación en Liga y que no se descartaba otro entrenador. Fue obligado a dimitir, claro, pero es un secreto a gritos que muchos directivos no con
fían en Benítez, que en copas se muestra intratable y en Liga pincha cual globito de niño inocente caminando por las frías calles de Liverpool.

¿Y la afición? De momento no se quejan, pero si el equipo sigue así no tardarán en hacerlo, más aún sabiendo que Gerrard, la máxima estrella del equipo y el novio de "The Kop", está pelín harto de su entrenador, con el que mantiene una relación profesional, a secas. Que pronto olvida la gente en Inglaterra.

Cómo se nota que Benítez no es de las pijas y pomposas Islas Británicas. Sir Alex Ferguson lleva 20 años en Manchester y hace tiempo ya que no gana algo grande (Liga, Champions), pero como es sir, pues nada, pelillos a la mar.
A la habitual fobia a los españoles, añaden que el Liverpool nunca es fiable en Liga (el año pasado 3º). Pronto se han olvidado que Benítez llegó al Liverpool con peor plantilla que la del resto de equipos y ganó la Copa de Europa, que pronto se olvidan de la Supercopa, o la FA Cup.


Les sacó del pozo a la gloria, y cuando se pone la cosa un poco hacia arriba le lapidan. Ingleses...