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martes, 12 de abril de 2011

El Chelsea, la Champions, el fútbol, la maldición


Andrés Pérez | A John Terry, un londinense de treinta años que se eleva sobre el firme 187 centímetros, aún le deben atormentar los fantasmas de la noche del 21 de mayo de 2008. Terry por aquel entonces era uno de los centrales más temidos en toda Europa. Su planta de inglés cabreado le permitía intimidar a cualquier delantero que le hiciera frente. La colocación, la rapidez al corte y una contundencia inapelable hacían el resto. Es decir, nadie podía imaginar un tipo menos dado al llanto, a la compasión o a la fragilidad emocional que John Terry, capitán del Chelsea, nacido en Londres, 27 años, un tipo realmente duro.

Más tarde se descubriría que, además de todas las virtudes anteriormente descritas, Terry contaba con un turbulento pasado familiar, un padre traficante de drogas y un largo historial de festividades nocturnas y líos de faldas con compañeros de equipo y selección. Pero eso sería mucho más tarde de lo que sucedería aquella noche del 21 de mayo de 2008, cuando John Terry, con el 26 a la espalda, cuidaba meticulosamente cada paso que le acercaba al punto de penalti. Once metros más allá esperaba Edwin Van der Sar, un espigado y veterano portero holandés que en sus últimos años como profesional decidió defender los colores del Manchester United, posiblemente el mejor equipo del mundo aquella temporada. John Terry calculaba cada gesto, cada acción, cada bocanada de aire, cada mirada furtiva dedicada al balón, a la portería o a Van der Sar. Lo hacía porque frente a sí tenía una responsabilidad mayúscula, posiblemente la mayor que hubiera afrontado un jugador del Chelesea jamás.

Contexto. En junio de 2003 Roman Abramovich, un oligarca ruso y una de las personas más adineradas del planeta, había decidido invertir en el Chelsea Football Club, un histórico equipo inglés. Desde su llegada, Abramovich ofreció ilimitado presupuesto al cuerpo tecnico blue para que su equipo lograra títulos por doquier. Consiguió todo lo que se puede conseguir en Inglaterra y desde ese mismo año, 2003, el Chelsea pasó a ser uno de los mejores equipos del planeta alcanzando en sucesivas ocasiones las semifinales de la Copa de Europa. Un dato: los únicos jugadores ingleses capitales en el proyecto de Abramovich eran Lampard y Terry. Otro: tan sólo cinco años más tarde el Chelsea alcanzaría la final, ante el Manchester, en Moscú, Rusia.

Así que allí estaba Terry, cargando el peso de un sinfín de millones de euros invertidos en la consecución de la Champions League. La expectativa y la presión era tal que mientras Terry caminaba hacia Van der Sar las cámaras enfocaron a algunos de los jugadores del Chelsea en el círculo central. Allí se pudo ver cómo Lampard apenas encontraba aire para respirar, a Ashley Cole mirando fijamente el tupido césped de Moscú y a Ballack rezando por no perder otra final. Había llovido, el césped estaba mojado. Cuando John Terry, londinense de 27 años, 187 centímetros de altura, más de 80 kilos de peso, inglés de los pies a la cabeza, capitán del Chelsea, el único jugador de su equipo que no fue contratado con el peso de las libras, cuando John Terry, decíamos, se dispuso a lanzar, la historia decidió ser fiel a sí misma y recrearse en la crueldad.


Terry se resbaló. Su lanzamiento se estrelló en el poste. Los millones no son suficientes, parecía explicar el destino, el fútbol o la maldición. Jamás el Chelsea estuvo tan cerca de acariciar la Copa de Europa. Finalmente y como no podía ser de otro modo, el Manchester, un club de mayor bagaje histórico, se terminó llevando aquel campeonato cuando Anelka, delantero francés del Chelsea, falló su lanzamiento. Atrás quedaba Terry, su resbalón, su corpulencia estrellándose contra el firme, el retumbar interior de miles de aficionados. Atrás quedaba el Chelsea y atrás se ha mantenido desde entonces.

La crueldad del fútbol aún deparaba un vericueto igual de doloroso para el Chelsea y para John Terry. Al año siguiente, en las semifinales del mismo torneo, el Barcelona se clasificó más allá del último minuto de la eliminatoria para la final, en casa del propio Chelsea, tras haberse adelantado en el marcador al principio de la eliminatoria, tras observar impotente cómo sus jugadores caían en el área rival una y otra vez sin obtener premio alguno.

Esta noche, tres años después de lo que sucedió en Moscú, el Chelsea mantiene el mismo bloque y la misma estructura de aquel entonces. Apenas tres jugadores despuntan entre las mismas caras, los mismos gestos, las mismas piernas: Torres, Ramires y David Luiz. Éste último no podrá jugar esta noche precisamente ante le Manchester United. Al Chelsea, a Terry, se el acumulan los años y las posibilidades de vencer en Europa se evaporan. Los fantasmas no se han esfumado. El Chelsea perdió por un gol en el partido de ida contando con ocasiones muy claras para darle la vuelta al encuentro y comprobando, impertérrito, una vez más, cómo sus jugadores siguen cayendo en el área rival sin que nada suceda con posterioridad. El peso del fútbol, el peso de los años. El peso de la maldición que empuja al Chelsea al olvido de la historia, sin cronistas que narren sus victorias y con testigos de su tiempo que expliquen sus miserias.

Lectura recomendada | Cuando el fútbol castiga a quien menos lo merece (Manchester United 1 - 1 Chelsea) (Más que Fútbol) | Justicia poética (Chelsea 1 - 1 Barcelona) (Más que Fútbol) | Maquinaria pesada en movimiento (Diarios de Fútbol)
Imagen | Archivo

miércoles, 29 de abril de 2009

Dominio anodino (Barcelona 0 - 0 Chelsea)

Andrés Pérez | Es posible que al magnífico Barcelona que durante tantos meses ha deleitado a media Europa con su preciosista fútbol se le haya encendido la luz de reserva. Se queda sin gasolina. Digo que es posible puesto que no soy muy dado a aventurarme en arriesgadas premoniciones, las cuales entrañan mucho riesgo para tan poco beneficio posterior. Ayer frente al Chelsea, en casa, donde pocos equipos de nivel han sido capaces de contener la verborrea futbolística de este equipo, el Barcelona tocó y tocó, dominó durante los noventa minutos para nada. El marcador no se movió. Se podrá alegar que el entramado que Hiddink montó en torno a Messi, Iniesta o Xavi era infranqueable, que el fútbol planteado por el equipo londinense fue lamentable e indigno de un semifinalista de Copa de Europa, que Cech paró la ocasión de Eto'o y que Bojan o Hleb perdonaron cuando el partido moría, sí, se puede alegar todo eso y más; sin embargo, hay motivos para la preocupación y entre ellos encontramos la poca profundidad con la que el Barça se desempeñó anoche. El partido de Messi fue bochornoso. Eto'o un contínuo quiero y no puedo sumamente egoísta y Henry pareció perder la frescura que había recuperado tras el pasado año.

Decíamos que el Barcelona dominó durante todo el partido, pero se trató de un dominio absoluto anodino. Horizontal, plano. Se trató más de un partido de balonmano eterno que de un caudal ofensivo imparable por parte del conjunto de Guardiola lo cual puede dar a varias interpretaciones. La primera es que hasta la fecha el Barça no se había enfrentado a un equipo inglés y por ende a uno de los mejores equipos del planeta y la segunda es que el Barça ha perdido el fuelle de hace no ya un mes, sino dos semanas ante el Getafe y su dominio goleador, de toque espectacular y transiciones rápidas, se ha diluido en una red de fútbol que pretende ser estilista convirtiéndose, finalmente, en un soporífero monólogo sin gracia alguna. Quizá la respuesta la hallemos en la conjunción de ambos planteamientos. El Barça tiene menos gasolina, menos chispa, menos verticalidad y el Chelsea es mucho mejor que cualquier equipo al que se haya enfrentado el equipo culé hasta la fecha. El planteamiento defensivo del equipo de Stamford Bridge fue simplemente perfecto.

Si no hablo del partido es porque no lo merece. ¿Ocasiones? Contadas. Drogba casi da el susto tras un error enorme de Márquez en la primera parte justo en el momento en que el Barça mejor jugaba. La ocasión, despejada de manera brillante por Víctor Valdés supuso un punto de inflexión para el resto del partido. El Barcelona se salió por completo del encuentro, perdió la concentración atemorado por la voracidad del delantero africano y por el escandaloso poderío físico del Chelsea. Los últimos minutos de la primera mitad, de hecho, son una prueba fehaciente de ello. Durante la segunda parte el Barça continuó dominando, tocando horizontalmente a excepción de un siempre brillante Iniesta y recibiendo patatas por doquier, seña de identidad de un equipo, el Chelsea, que si bien no es violento no se anda con pequeñeces. Ahí están Essien, Mikel, Terry, Alex o Ballack. Tipos duros. Cuando el equipo de Guardiola quiso encontrar tras tanto mareo de balón a sus delanteros, no lo hizo. O al menos no de la manera deseada. Ni Messi, ni Eto'o, excesivamente egoísta anoche, ni Henry estuvieron a la altura y me preocupa especialmente el asunto Messi, quien lleva más de un partido sin la chispa que hace un mes causaba estragos en los rivales. Anoche no hizo absolutamente nada. Y lo poco que hizo lo hizo mal, lento, apagado, impreciso, desmotivado, cabizbajo, deprimido. De todo menos Messi.

Entre tanto, Iniesta y Xavi siguieron a lo suyo. Sin referencias arriba no podían hacer nada y no lo hicieron. El partido no lo ganó el Barça porque sus delanteros, quienes atesoran más de sesenta goles juntos, no estuvieron y que alguien termine las jugadas es un requisito imprescindible para que el fútbol que plantea el Barça tenga éxito. El Chelsea, sabedor de su superioridad física y bien entrada la segunda parte, psicológica, se creció. Como lo hará en Stamford Bridge. Más allá del resultado, el Barça ha sido un poco menos Barça. La oportunidad era esta, sumar dos goles o más en casa y acudir a Londres con los deberes hechos. Sin embargo, una vez más, la cita en Londres se antoja definitiva para las aspiraciones del Barça esta temporada. Corre el riesgo el Barcelona con la Copa de Europa de que el éxito o fracaso en dicha competición condicione al equipo hasta el punto de echar por tierra sus aspiraciones domésticas. Hará bien Guardiola en reflexionar sobre el partido de anoche —que no fue malo, sucede que acostumbrado uno al caviar detesta el buen paté francés— y acudir a Londres con otro planteamiento. El Chelsea en casa no saldrá parapetado en su defensa. Ni mucho menos.



Vía | You Tube
Imagen | El Mundo

Más que Fútbol ● 2009

jueves, 19 de junio de 2008

Austria y Suiza 2008 | Eterna Alemania (Cuartos I)

Andrés Pérez | Casi digno de análisis psicológico es lo de Alemania. Más de un siglo de existencia futbolística y siguen superándose a sí mismos. Incluso con uno de los peores equipos de la historia de Alemania se han colado en las semifinales ante una Portugal absolutamente irreconocible para muchos pero no más lejos de la cruda realidad para un servidor y otros pocos que pregonabamos durante la fase de grupos ante estupefacción general la excesiva sobre estimación en la que Portugal navegaba. Portugal demostró anoche que Ronaldo lleva toda la Eurocopa desaparecido y que el único jugador de mediocampo hacia adelante que marca las diferencias es Deco. Me apeno por Deco, quien sí mereció llegar realmente más lejos tanto por corazón como por juego desplegado sobre el césped. El resto de Portugal se arrastró lamentablemente por el campo de Basilea ante el de nuevo, rodillo, imperturbable y perfecto equipo alemán. No tienen grandes estrellas más allá del siempre correcto Ballack pero aún así están en semifinales y si nadie, más bien Croacia que Turquía, lo remedia se plantarán en la final. Podolski se fue siempre que quiso, Ballack manejó el partido como y cuando quiso, Portugal y su defensa de los 100 millones de euros hizo reír y Alemania volvió a ser eterna.

Algunos apuntan a la victoria por 2-3 de Alemania de anoche como el preludio del España frente a Italia. En cierto modo puede ser, ya que Italia es de las que siempre están ahí. Pero en menor medida que Alemania. Italia no llega tanto, solo que cuando llega gana. No está de más recordar que dos de sus Mundiales se consiguieron en los albores del fútbol y hasta 50 años después no ganaron otro. Es decir, efectivos sí, mito como Alemania no. Después de esto España caerá contra Italia, pero he de decirlo. Ni España es Portugal, ya que es mejor, ni Italia es Alemania, que también es mejor pero no tiene tanta potra. O como lo quieran llamar a lo de Alemania.

Los goles del partido | Jugadón al primer toque de Alemania demostrando que sabe algo más que de patadones, Portugal se duerme en defensa en el de Klose, Deco maneja la contra perfecta y buen detalle de Nuno Gomes revolviéndose en el área como Müller en sus tiempos para recortar distancias, de nuevo error tremendo de Portugal en defensa en el tercero de Alemania y efímera alegría la de Helder Postiga en el segundo de Portugal, con el partido prácticamente terminado:



Los goles con una mayor definión los teneis en Partidos en Directo.

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Vía | Más que Fútbol, As, Dailymotion
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Más que Fútbol ● 2008

martes, 17 de junio de 2008

Austria y Suiza 2008 | Podolski y diez más (día 10)

Andrés Pérez | Soportaba a duras penas el dantesco espectáculo ofrecido por Alemania frente a Austria sobre el Pratter de Viena y llegué a la conclusión de que Klose, Ballack, Metzelder, Frings y Fritz no podían ser del mismo país y ni siquiera podían representar al mismo equipo que en su día representaron Müller, Netzer, Grabowski, Beckenbauer, Maier o Breitner. La diferencia era abismal, casi delictiva, dolía ver jugar a Alemania. El único que se salvó de la quema fue Podolski, junto a Villa y Holanda lo mejor de esta Eurocopa. Alemania, hoy por hoy, son él y diez más. Austria apeló a una épica más poética que realista y murió arañando el lomo del gigante teutón. Dignamente. Tardó poco Ballack en solucionar el problema fusilando a Macho al comienzo del segundo tiempo. Se ahogaban así las esperanzas locales de un onírico pase a cuartos de final. Enfrente estaba Alemania, la gran Alemania doce veces finaista entre Mundiales y Eurocopas. Pero esta vez la historia tiene pinta de cambiar. El cruce en cuartos enfrentará a Portugal, la selección más sobrevalorada del torneo, contra Alemania, la justamente infravalorada. Los alemanes, de la mano de Low -por cierto, expulsado junto a Hickersberger en otro hito del colectivo arbitral español-, juegan lentísimos. Portugal demasiado rápido. En teoría Portugal habría de imponer su ley, pero Alemania, incluso infame, es Alemania.

En el otro encuentro Polonia quemaba sus últimas opciones de llegar a los ansiados cuartos de final. Nada más lejos de la realidad. Croacia no jugó un gran partido pero venció por la mínima y es la primera selección en alcanzar los nueve puntos de la liguilla de clasificación. Se enfrentará a Turquía, como decíamos ayer, en cuartos, y cuidado con Croacia que se puede plantar en semifinales -y quién dice que no en la final- gracias a la benevolencia de la magnífica mente brillante que ideó el sistema de esta Eurocopa, con dos caminos completamente separados. Por cierto, la mejor noticia de la noche, por encima del resto, fue el gol que Klasnic le marcó a Polonia. Se lo merece.

El golazo de Ballack -vía Fútbol Arte- |



PD: Mientras mantenía mi mente despierta en el aletargado Austria - Alemania gracias a los comentarios de Carlos Martínez, Quique Sánchez Flores -mil veces más agradable como comentarista que como entrenador del Valencia- y Maldini, me enteré vía Devo del experimento que los chicos de Fifa Champions están llevando a cabo esta Eurocopa. Se trata de un Carrusel casero, cada uno desde su casa y con micrófonos privados. Estuve escuchándolo un rato y me pareció bastante interesante comprobar como además de buenos bloggers, son capaces de crear un programa de radio entretenido.

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Vía | As, Fútbol Arte
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 21 de mayo de 2008

Cuando el fútbol castiga a quien menos lo merece (Manchester United 1 - 1 Chelsea)

Andrés Pérez | Once metros. Once metros separaban al Chelsea de la gloria. Entre ellos, el balón, Van der Sar y Terry, el capitán de los blues. Terry ya es una leyenda y como tal se disponía a lanzar el último penalty, el definitivo, el que iba a dar la primera Copa de Europa al Chelsea. Llovía. Abramovich no miraba. Terry tampoco. Ronaldo había fallado y el Manchester pedía clemencia a Dios o a Terry, en cualquier caso no la iban a encontrar. O quizá sí. Todo ocurrió demasiado rápido aunque para John fueron los dos minutos más largos de toda su vida. Ronaldo lloraba. Tampoco miraba. Por una simple fórmula matemática el penalty tenía un 99% de posibilidades de entrar y Van der Sar un 1% de pararlo. Eso siempre que fuera a puerta. Pero el fútbol no entiende de matemáticas ni de compasión. Es por eso, por lo que Terry se resbaló. Se resbaló y el balón se marchó lamiendo el poste a la izquiera de Van der Sar, el mismo que había abandonado para lanzarse al derecho. Todo había salido bien. Falló el suelo, la lluvia, el pie de Terry, el balón o su propia cabeza. Pero falló y lo que vino después fue la derrota más cruel que puede existir en el fútbol. La de la tanda de penalties. John lloraba ahora. Ronaldo reía. El Manchester era campeón.


A decir verdad hubiera merecido tanto ganar el Chelsea como lo mereció finalmente el United. No fue la mejor final de la historia, ni tampoco la que más emoción tuvo hasta el final. Muchos calambres, demasiados nervios. Mediada la segunda parte Terry, Carvalho, Lampard, Ashley Cole y Heargreaves estaban en el suelo, con calambres. Luchar por tres títulos es complicado y cuando un 21 de Mayo te estás jugando la temporada 50 partidos después las piernas se resienten. Pero no quedaba otra más que seguir corriendo. Y eso hicieron. Correr hasta el minuto 120'. Porque si hubo penalties hubo prórroga, y si hubo prórroga hubo un partido igualado. Normalmente las finales igualadas son de dos tipos. Por un lado aquellas finales en las que ninguno juega a nada y el partido acaba empate a nada (Milan - Juventus en 2003) y por otro lado, aquellas que comparten una mitad para cada equipo (Liverpool - MIlan en 2005). La que anoche se jugó en Moscú tuvo más de la segunda que de la primera. Moscú, un lugar frío y alejado de la Europa que todos conocemos. Iba a llover. Pero en Rusia estaban preparados y los aviones encargados de disipar tormentas no tardaron en sobrevolar la ciudad moscovita. Hasta eso estaba dispuesto. Sin embargo, por mucho que la UEFA se empeñe, jugar una final en un campo con las gradas alejadas a 50 metros no es lo mismo que hacerlo en un estadio sin pista olímpica. Y es como si Blatter se hubiera empeñado en repetir escenario cada año. 2005: Estambul; 2006: París; 2007: Atenas; 2008: Moscú. Demasiado lejos, la grada y los jugadores se necesitan cerca.


Estadios aparte, ambos llegaban con la imperiosa necesidad de ganar y lo demostraron durante todo el partido. El Chelsea llegaba a su primera final cinco semifinales después. Desde 2004 el Chelsea ha estado en semifinales y cuatro años después disfrutaba de su primera final. Novato pero no menos peligroso. El Manchester, sin embargo, es otra cosa. Es un grande de Europa sin la suficiente gloria europea, algo parecido al Barcelona o a la Juventus. Europa nunca les sonrió salvo en contadas ocasiones. Ahora el Manchester tiene tres, pero llegaba con dos y con tan sólo cuatro jugadores poseedores de una orejuda. Van der Sar con el Ajax y Giggs, Neville y Scholes con el propio Manchester. Demasiada hambre. Scholes merecía otra Copa y Ronaldo la necesitaba para consolidarse. Por eso el partido fue un manojo de nervios bien controlados. Porque, si la tensión se palpaba en el aire, no hubo fallos que decantaran el partido a excepción del lastimoso gol de Lampard cuando la primera parte finalizaba en manos mancunianas. Si algo tuvo ante todo el encuentro, fue ritmo. Herencia inglesa supongo. Bendita herencia, afirmo.


En teoría el favorito era el Manchester. Porque era su año y por historia. Al comenzar el partido me planteé si el Manchester jugaría igual que contra el Barcelona. Afortunadamente para el bien del espectador ningún equipo se traicionó a si mismo. Y digo afortunadamente porque a pesar del escaso juego del Chelsea en la primera mitad y del Manchester en la segunda, ambos jugaron a lo que sabían y de ahí la igualdad que el encuentro atesoró hasta el penalty que falló Anelka. Jugar contra el Chelsea una eliminatoria es sinónimo de igualdad, el equipo de Mourinho -es su obra- se adapta a cualquier situación y de ahí su metalúrgica rocosidad. Como iba diciendo, el Manchester jugó a lo que supo. Y eso es sinónimo de buen fútbol. Scholes prontó se puso a mandar ante Ballack, Makélélé y Lampard, y Ronaldo fue definitivamente Ronaldo. Lo necesitaba. Necesitaba un partido grande en un escenario grande. Tantos hablaron sobre sus desapariciones en los momentos clave. Tantos dudaron. Ahora nadie duda. Ahora todo el mundo elogia. Ahora todos se apuntan a ficharle. Ahora todos olvidan. Yo si fuera él no olvidaría y seguiría tapando bocas. Al finalizar el encuentro se vió como Giggs le abrazaba, le sujetaba la cabeza frente a él y le decía algo así como: "Eres muy bueno. Esta es la primera. Que sean más." Y Giggs sabe de fútbol. Ronaldo puede proclamarse una leyenda si no pierde la cabeza.


Cabeza. Un remate de cabeza necesitó el Manchester para abrir fuego en el 24'. Hasta entonces mandaban los reds pero no tiraban a puerta. Combinó Brown con Scholes, volvieron locos a Malouda y Ashley Cole, centró el lateral, remató Ronaldo en el segundo palo sólo ante el despiste de Essien. La importancia de tener un extremo rematador de cabeza. Ronaldo lo es, y lo clavó al ladito del palo, donde Cech jamás llegará. 1-0 y el Manchester jugaba mejor y se sentía más a gusto. Hasta entonces el Chelsea era una mala sombra de lo que es. Balonazos a Drogba, que es muy bueno y bajaba todas, pero una segunda línea inexistente. De nuevo Lampard y Ballack se aburrían. De nuevo obviaban el mediocampo. Hasta que Lampard se cansó y pidió balones. Los consiguió, y de un centro suyo vino la primera ocasión del Chelsea. Un despiste de Ferdinand permitió a Ballack plantarse casi solo delante de Van der Sar, que realizó un paradón enorme ante la pifia monumental del capitán del United. El Chelsea avisaba al finalizar la primera parte y certificaba en el 45'. Essien lanzó, rebotó en dos jugadores rojos y entre Van der Sar y Ferdinand -de nuevo- se encargaron de permitir a Lampard, que pasaba por allí, empujarla. Gol psicológico, porque duelen cuando ves que el descanso llega.


Salieron los dos ingleses a observarse en la segunda parte. Tarde para el Manchester. La inercia provocó que el Chelsea mandara y el Manchester obedeciera. Makélélé lo barría todo para que Lampard y Ballack ordenaran. Más allá de Drogba, Lampard, Ronaldo o Rooney, quienes verdaderamente fueron héroes fueron Makélélé y Tévez. Ejemplos perfectos de lucha constante y calidad. Makélélé casi fue el hombre de la final, porque además de barrer pulía con criterio el juego de los blues, que llegaron a disparar 17 veces en toda la segunda parte. A excepción de un palo de Drogba los demás eran lanzamientos demasiado lejanos e imprecisos. La impotencia y el miedo se apoderaba de ambos. Ronaldo desapareció en la segunda parte tras ser el dueño y señor de la primera, Rooney nunca estuvo y Tévez corría pero no hacía más. El Manchester sobrevivía a base de Ferdinand, Browm, Vidic y Evra. Nada funcionaba arriba hasta que Giggs y Nani salieron. Ambos refrescaron y dieron vida al juego del Manchester, que hasta entonces había disfrutado de las mejores ocasiones. Dos a puerta vacía, una de Carrick -en la primera parte- y otra de Giggs. Tévez se lamentaba ahora de sus ocasiones perdidas ante Cech en el primer periódo. Tocaba prórroga. Tocaba esperar.


De tanto esperar se puso a llover, los aviones rusos se quedaron sin gasolina. El cansancio se notó y no quedó otra más que los penalties. Tercera final en cinco años definida en los penalties. Tercer drama. Los penalties dan para varios dramas literarios y papeles como los de Anderson y Belletti, específicamente sacados al campo para lanzar la pena, deberían estar prohibidos. Como, creo, debería estarlo que un defensa lanzara un penalty. Por mucho capitán que sea. Quizá ahí ganó Ferguson a un dignísimo Grant. No supo apreciar -años de experiencia por delante para sir Alex Ferguson- que a un portero le sube la moral si el que lanza es defensa. Por mucho que se llame Terry, insisto. Todo marchaba bien hasta que Ronaldo lanzó incomprensiblemente mal un penalty tonto. Quedaba Terry. 4-4, si marcaba el Chelsea era campeón. Pero la crueldad no entiende de logros y el fútbol tampoco. Fuera como fuera Terry lanzó fuera y ahí perdió la final el Chelsea. Dió igual que Anelka lo fallara, la moral se hundió con Terry. Será la losa de su vida. Van der Sar paró con 37 años el penalty a Anelka y entonces al United se agenció la tercera. Pero el Chelsea, dignísimo subcamepón, quizá recibió demasiado castigo. Terry, en sí mismo, era un poema. Avam Grant le intentaba consolar sin éxito. Como casi todos. Nadie se acordaba de Anelka, básicamente porque, la final, se fue con el resbalón de Terry. Sir Bobby Charlton paseaba por el césped de Moscú emocionado. 50 años de la tragedia de Münich. 40, de la Copa de Europa que él mismo ganó para el club de toda su vida. Un buen hombre. Caminaba emocionado hacia el palco. Allí Giggs, mito en activo, y Ferdinand, levantaron la orejuda para el Manchester. Los sueños de Old Trafford seguirán en escena. Las pesadillas jamás volarán de la cabeza de John Terry. No es el culpable, pero en el fútbol, para que uno gane, otro tiene que fallar. Y le tocó a él. A la leyenda del Chelsea. A uno de los mejores centrales del mundo. A un tipo duro, que acabó llorando en el hombro de Grant cual niño desconsolado sin caramelo que llevarse a la boca. Felicidades Chelsea. Felicidades Manchester. Ánimo, John.

Artículos relacionados | El Manchester campeón de Europa (El Balón Digital), La noche que Manchester y Chelsea jugaron a la ruleta rusa en Moscú (El Hacha de Rubén Uría), Manchester campeón (El que no corre vuela), Siempre nos quedará Anelka (Bar Deportes), El Manchester es el nuevo rey de Europa (El Balón Europeo)
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Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 30 de abril de 2008

El Chelsea se hace grande (Chelsea 3 - 2 Liverpool)

Andrés Pérez | Era complicado encontrar algo que pudiera fallar anoche. Chelsea, Liverpool, Londres, lluvia, barro, fútbol inglés, emoción, noche de champions y grandes jugadores. Lo complicado se transformó en obvio al cabo de cinco minutos. Buen fútbol. Porque, sí, hubo emoción a raudales, pero faltó buen fútbol, jugadas combinadas y en definitiva, calidad sobre el césped. Y no porque los jugadores no la atesoraran, sino porque, salvo el Arsenal, en Inglaterra, la calidad no es un factor primordial. la constancia, el físico y la verticalidad se ven más premiadas que un simple bonito pase. Incluso la metereología se alió con la Copa de Europa, como tantas otra veces, para desvelar el misterio: la pareja de baile en Moscú a mediados de mayo del Manchester United. Fue el Chelsea. Tras otra prórroga, tras otra eliminatoria igualadísima hasta el último minuto, tras otra exhibición de coraje y de fuerza. Tras otra semifinal que, lejos de ser gloriosa, fue emocionante y pasará a la historia precisamente por eso. Cuando el fútbol falla lo único que podemos pedir es emoción, por eso, sería conveniente dar las gracias al fútbol inglés y al Liverpool y al Chelsea por brindarnos lo que hace al fútbol el deporte universal: La posibilidad de lo imposible.


El pase a la final del Chelsea es casi de mal gusto. Sin entrar a valorar la labor de Avan Grant salta a la vista que el Chelsea que viajará a Moscú es herencia al completo del ya alejado Mourinho. Es casi morboso y de mal gusto, por tanto, que ahora, cuando Mourinho está de vacaciones, finalmente el Chelsea se acerque al tan ansiado sueño de Abramovich. La Copa de Europa. Tres semifinales y unos cuartos de final después el Chelsea está en la final. Es, lo que comúnmente se denomina hacerse grande. Grande ya era el Liverpool, desde hace mucho. Su grandeza ahora vive de glorias, gestas a las que tan sólo equipos destinados a la gloria como el propio Liverpool, el Milan o el Real Madrid están destinados. El Liverpool alcanza una cuota de mística que ningún otro equipo en el mundo puede atesorar. Su valor, hoy en día, es el de ganar y ganar para una afición que nunca se cansará de animar. Su valor, es el de seguir creando un equipo ganador que poco a poco y basado en el tremendo éxito de la Copa de Europa del 2005 terminará convirtiéndose en un grandísimo equipo, de nuevo. Si el Liverpool, con todas las carencias que tiene, con todos aquellos jugadores que dicen no tener nivel para jugar en un club que siempre aspira a todo alcanza año sí y casi año también las semifinales de la Copa de Europa, no quiero imaginar que podría ocurrir con dos o tres años más de dinero traído de América. Probablemente nunca lo sepamos, porque probablemente Benítez no alcance esa fecha si el equipo sigue sin ganar una Liga, pero, en caso de que fuera así, recordaré felizmente cuando un equipo de jugadores mediocres venció al todopoderoso Milan una noche en Estambul, en 2005.


Pero este añó no será el del Liverpool. Es el del fútbol inglés personificado en Chelsea y Manchester United. Especial felicitación merece el Chelsea, equipo, como ya he dicho, que se ha hecho grande a base de caer en eliminatorias durante cuatro años seguidos. A base de aprender de los grandes. El dinero da grandes equipos, pero saber llegar a la final de la Copa de Europa no lo producen los petrodólares, sino la experiencia que adquieres cuando Barcelona, Milan, Liverpool o Real Madrid te han apeado de tu sueño europeo. Ahora sí el Chelsea es un grande. Ahora, su camino, gane o no gane la Copa de Europa, se ha visto completado. Tiene un aval que presentar cada año, y si alza la orejuda finalmente, aún más. Encomiable por tanto es lo de los blues. Es el ejemplo perfecto del empeño y del no rendirse nunca. Ejemplo, que personifica Drogba, el delantero total y hoy por hoy el mejor delantero del planeta. No hay futbolista que actualmente combine de la manera que lo hace Drogba tal capacidad técnica, táctica y física. Lo tiene todo y parece imparable. Acapara más del 70% del juego ofensivo del Chelsea y aún sabiendo los rivales que siempre serán sus botas las que canalicen los ataques de los londinenses no lo pueden parar. El hombre de la semifinal, sin duda.


El trabajo de Drogba se ve refutado por una defensa de hierro, por un genio como Lampard y por un recuperado Ballack. Todos ellos salieron al lluvioso campo de Stamford Bridge dominando y con muchas más ocasiones de gol que un dormido Liverpool. El Chelsea era mucho mejor, tenía muchas más ocasiones y certificaba con su actitud su probable pase a la final. Tal fue la avalancha de los de Grant que el gol terminó llegando tras un fallo clamoroso de Arbeloa en defensa. Extraño nerviosismo mostraba la zaga del Liverpool anoche, nerviosismo que finalmente se ha mostrado definitivo en jugadas clave del partido. Si por algo se caracterizaba el Liverpool en Europa más allá de su gloria particular, era por cometer cero fallos cada partido en defensa. Anoche los tuvieron. Y con Drogba enfrente firmaron su sentencia de muerte. Volviendo a la jugada, un pase en profundidad de Lampard a Kalou lo terminó aprovechando el inefable Drogba para con un disparo perfecto batir a Reina. Era el minuto 32 y si nada cambiaba el Chelsea iba a arrasar al Liverpool.


Torres arriba estaba muy solo, Alonso no estaba cuajando su mejor partido, Gerrard no tocaba bola gracias a la gran labor del inagotable Makélélé y Kuyt estaba demasiado disperso en la banda, más allá de su infalible entrega habitual. Las charlas de Benítez en los descansos deberían ser estudiadas alguna vez. Comenzó la segunda parte y Xabi Alonso se puso a los mandos del Liverpool para dominar descaradamente a un Chelsea de metal que esperaba cómodamente en su campo. Cómodamente, todo hay que decirlo. Las buenas intenciones del Liverpool, que siempre combinó más y jugó relativamente mejor, recordaban al Barça del martes, empeñado en tocar pero sin crear ocasiones. Así caminaban los reds hasta que Benayoun dejó su seña de indentidad por Stamford Bridge. Arrancó desde la banda derecha, dejó en el camino a cuatro jugadores rivales y con un magnífico pase entre líneas dejó que Torres hiciera su trabajo. Trabajo, perfectamente culminado ante la salida de Cech. Cristiano Ronaldo debería aprender de Drogba o Torres, estrellas que en los partidos grandes no se ocultan. Se crecen. Hoy por hoy, ambos, Drogba y Torres, son los dos mejores delanteros del planeta.


El Chelsea recordó los fantasmas de los años anteriores y se amedrentó. Entre ellos Drogba. El Liverpool fue el dueño y señor de la segunda parte pero no consiguió marcar un gol que se hubiera mostrado definitivo. Prórroga de nuevo y a sufrir ambos equipos. La prórroga dejó en evidencia las carencias del Liverpool en defensa durante todo el partido. El Chelsea comenzó mejor la primera parte del tiempo añadido pero daba igual, era un partido descaradamente de ida y vuelta. Puramente inglés, aderezado con la mística de la Copa de Europa, claro. Corría el 98' y a Hyppia le entró un arrebato de juvenil. Nerviosísimo, entró a Ballack en la esquina del área. Penalty claro ante la incredulidad de los presentes. Hyppia, curtido en mil y una batallas perdiendo la cabeza en una jugada clave del partido. Anteriormente Rosseti había anulado correctamente un gol de Essien por fuera de juego de Carvalho, que estorbaba a Reina. Con remordimiento o sin él, no dudo en pitar la pena máxima que Lampard ejecutó a la perfección. Literalmente. En teoría no debería haber afectado al Liverpool pero la salida de Torres y en general el despropósito tras un gol inesperado dejaron sin capacidad de reacción a los de Benítez. Un penalty bastante claro a Hyppia, un gol en fuera de juego del Chelsea y un golazo de Babel tras cantada de Cech después, el Liverpool estaba en casa y el Chelsea en Moscú jugándoselo todo a una carta con el Manchester, como en la Premier. Los del norte podrán excusarse en Rosseti, en ese penalty a Hyppia o en ese fuera de juego de Malouda en el tercer gol del Chelsea, pero tal y como me negué en los cuartos de final frente al Arsenal, me niego y se deberían negar a creer que están fuera por el árbitro. Un año toca, y otro, Drogba destroza tu sueño. Es así, nadie dijo que los sueños estuvieran reservados a unos cuantos privilegiados. En eso consiste la magia del fútbol, en que los sueños están al alcance de todos. Felicidades Chelsea. Gracias Liverpool.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | As, Marca, El País

Más que Fútbol ● 2008

martes, 29 de abril de 2008

20.45, semifinales (II)

Andrés Pérez | Y por último, Champions. Digo por último porque la final es otra cosa. Sigue siendo Copa de Europa, sí, el partido más importante, sí. Pero las elimintarorias a ida y vuelta, aquellas que nos vuelcan el corazón y dejan batallas épicas de por medio se acaban con las semifinales de esta noche. Y se podría decir que acaban de buen ver. Gracias, en gran medida, al buen hacer de los equipos ingleses durante la competición, buen hacer, mal acompañado por la presencia de la mayoría de los equipos teóricamente punteros. Sin noticias de los españoles, por mucho que el Barça esté en la semifinal engañosamente, sin noticias de los italianos que salvo la Roma, no supieron hacer frente ninguna eliminatoria y sin noticias de los alemanes, más allá de un rancio Schalke. Me hubiera gustado ver al Oporto en semifinales, probablemente en el sitio del Barcelona. Fatídica tanda de penaltys para los lusos frente al Schalke 04 en cuartos de final. Pero ahora no queda tiempo para lamentarse de una Champions de contrastes provocados por la brillantez y emoción inglesa y por el aburrimiento restante. Ahora, queda contemplar las semifinales.


Mañana juega el Barcelona frente al Manchester en Old Trafford. De él depende no contemplar una justísima final inglesa, pero no creo que lo consiga, he de decir. La ida se saldó con un apurado 0-0 para el Manchester, cierto, pero no es menos cierto que si comparamos el partido del Barcelona con los de Roma o Lyon descubrimos que el Manchester fuera de casa es así, defensivo. Matemáticas aparte, el Barça lo tiene difícil porque no tira a puerta. Con Deco en el campo dominan pero sin el Eto'o de antes, con un Ronaldinho más fuera que dentro y con Henry desaparecido, el Barcelona acusa una alarmante falta de pegada. Dos tiros a Van der Sar en la ida. No sé cuantos cosecharán esta noche en Old Trafford, pero lo que sí sé es que el Manchester no se querrá ir sin goles de Europa, o de su estadio. Si el Barça quiere estar en Moscú debería marcar dos o más goles mínimo. Y no lo veo nada claro.


El miércoles se juega un partido de pronóstico más complicado. El Chelsea lleva 82 partidos sin palmar en casa y acude con la ventaja del gol en propia meta de Riise en la ida, pero el Liverpool es el Liverpool y peores gestas le hemos visto conseguir a lo largo de su larga historia en competiciones europeas. 1-1 en Anfield, en teoría el Chelsea de un renacido Ballack, del gigante Drogba y de la defensa de hierro debería pasar a Moscú, pero el Liverpool juega mejor, es el Liverpool, cuenta con un cuarteto atacante letal (Gerrard, Babel, Kuyt y Torres) y con una pareja de mediocentros que hacen y deshacen a su antojo (Xabi Alonso y Mascherano). Probablemente el partido se decida en el mediocampo, mediocampo que el Chelsea desprecia. He ahí las esperanzas de un motivado Liverpool. Sin embargo, la motivación no lo es todo, y los números, las matemáticas y la lógica dicen que el Chelsea de Grant debería estar en la final. Pero, como todos sabemos, ni el Liverpool, ni la Copa de Europa entienden de números y lógica. Sólo de sueños.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | As, Marca

Más que Fútbol ● 2008

martes, 23 de mayo de 2006

¿Delantero a 50 millones? ¡Compro!

Ahora que llega el verano y los clubes abren la caja empezamos a ver los planes de los diferentes equipos para la próxima temporada. La verdad esque como Abramovich no empieze a tirar de chequera el mercado va a estar paradito, y más todavía cuando Henry el insumiso se queda en su amado Arsenal, lo que frena el vertiginoso intercambio de delanteros que se preveía. Aunque claro, el Moggi-gate y el descenso a Serie B de la Juve va a provocar la entrada en mercado de jugadores de gran calidad y con ganas de irse a uno club bueno antes de que se les pase entre playa y playa y se queden en Serie B...

- El flamante semifinalista de la Copa de Europa, el Villarreal, ha conseguido grandes beneficios gracias a contratos televisivos y recalificaciones de su presidente y de una tacada se trae a Nihat (prefiere la Costa Blanca a la Plaza Roja), a Pires en un estado de decadencia evidente y a Cani, la estrella del Zaragoza que en busca de más dinero abandona nuestra Pilarica para ir a ver cerámicas y suelos bonitos...

- El impresionante despliegue de medios del Atlético de Madrid no va a ser tan impresionante. Al parecer Agüero no está tan cerrado como se creía y va a haber que lucharlo y lo de Rosický ya se ha convertido en lo que no fue. El Mozart del fútbol se marcha a los finalistas de la Copa de Europa, algo que hace de el Arsenal un equipo ya a tener en cuenta para muchos años. El Checo en cuestión tiene 25 años, jovencito y con calidad, que se une a Cesc, Hleb, Eboué, Touré y Henry, el jefe de los gunners.

- La Juventus y su posible matrimonio con la Serie B dejaría numerosos jugadores de calidad en el mercado, veáse: Trezeguet e Ibrahimovic (suenan a baulgranas, Ibrahimovic también rossonero), Camoranesi (al Bayern), Cannavaro, Emerson, Zambrotta (otro que suena para el Barça), Buffon, Vieira etc... Si el cataclismo se confirma, muy probablemente Nedved se retirará después del Mundial.

- Para hablar del Madrid me tomo un respiro. Ya. Miren cuantas cosas: Elecciones, depurar plantilla, nuevo entrenador, nuevos directores deportivos, Roberto Carlos, Ronaldo, Cassano, Albiol, Chivu, Robben, Diarra, Carvalho... demasiadas tareas pendientes.

- El Zaragoza aspira a siete fichajes y tres de ellos mundilalistas. Victor Fernández, el nuevo entrenador quiere un proyecto comprometido y a ver si Agapito se suelta un poco más que el conocido por vox populis como el tacaño de la década aquí en la capital del agua. Suenan fuerte Solari (caro), Regueiro, Alexis, Diogo y Juanfran...

- Para los Abramovich boys, Ballack ya es un nuevo compañero y Shevchenko le podría acompañar. Drogba, Carvalho, Robben y un largo ecétera están hasta cierto lugar de Mourinho, a ver como acaba la cosa...


Seguiremos informando...