Andrés Pérez | La pasada década (2000-2009), como la gran mayoría, ha dejado imborrables imágenes en el memorial colectivo y una pléyade especialmente prodigiosa de futbolistas para el recuerdo. Si los 90 supusieron un cambio en los usos y hábitos del fútbol, es decir, si en el anterior decenio se fraguaron los mimbres del fútbol plenamente moderno, en éste que ya hemos abandonado hemos asistido a su confirmación. Entre algunos de los futbolistas de mayor talla que la primera década del siglo XXI ha dejado es posible destacar a un grupo de delanteros que durante los mejores años de su madurez asombraron a Europa por su capacidad goleadora, su voracidad de cara a portería y su violento compromiso con el gol cada jornada. Éstos son los goleadores para recordar una década:
Ruud Van Nistelrooy
Van Nistelrooy, a pesar de su aspecto bonachón, fue posiblemente el mayor depredador de área que Europa ha visto jugar en los últimos diez años. El holandés fue un compendio de virtudes que todo delantero debe manejar con eficacia si quiere convertirse en alguien algún día: descomunal en el juego aéreo, inteligente al espacio, capacidad técnica a ras de suelo, táctica impecable de espaldas a la portería y un oportunismo en las jugadas claves desesperante para sus marcadores. El holandés es el más alto de los grandes goleadores de la última década y el que peor suerte tuvo de cara a títulos europeos: no jugó apenas una final de Copa de Europa puesto que cuando llegó al Manchester éste ya había obrado el milagro en Barcelona y, para cuando quiso aterrizar en Madrid, el conjunto de la capital se hallaba lejos de tamañas metas.
En cualquier caso, Van Nistelrooy es uno de los máximos goleadores de la historia de la Champions League, lo cual son palabras mayores. Tras deslumbrar en Holanda anotando un sinfín de goles, el tulipán se acercó al hombro de Ferguson anhelando cotas mayores. El Manchester de Scholes, Giggs, Beckham, Keane o Verón se elevó a las alturas: con Van Nistelrooy el conjunto ganó en voracidad goleadora y obtuvo todos los títulos imaginables en las islas. El holandés suplió el puesto vacante que ya había abandonado años atrás Cantona y dejó una huella indeleble en Old Trafford. Berbatov, años después de su último partido vistiendo de rojo, aún tiene sobre sí la alargada sombra de quien, un día, amagó con alcanzar las cotas de excelencia de Marco Van Basten. Lejos de ser un futbolista total, a Van Nistelrooy le bastó con su apabullante media goleadora: 337 goles en 546 partidos.
Andriy Shevchenko
Shevchenko deslumbró al mundo en la Champions League 1998/1999 llevando a su Dinamo de Kiev a las semifinales de la competición, tras dejar por el camino a equipos tan notorios como Arsenal o Real Madrid, al cual, por cierto, le anotó tres goles. Shevchenko terminó aquella Champions como máximo goleador con ocho tantos. Su Dinamo cayó en semifinales ante el Bayern, posterior mártir de la final en el Camp Nou. El Milan se fijó en él y llamó a sus puertas previendo el elevadísimo rendimiento que el ucraniano podría dar en una liga de alto nivel dadas las virtudes que había mostrado: una velocidad desorbitante compaginada a la perfección con su poderosísimo disparo.
En Italia Shevchenko se salió. Consiguió una Champions League anotando el penalty decisivo en la tanda final ante la Juventus y, como cruz, premió involuntariamente con su fallo, también en la ruleta de los penaltys, en Estambul a aquel Liverpool inverosímil de 2005. Shevchenko causó pavor. Su endiablada potencia en carrera y sus buenos fundamentos técnicos le permitieron vivir por detrás del delantero, jugueteando con sus marcadores en la línea de tres cuartos, apareciendo y escondiéndose, buscando romper las costuras rivales o resolviendo la impotencia de encontrar una jugada con lanzamientos lejanos. A Shevchenko le sobraba con un espacio. Su voracidad y poderío físico se terminaron cuando emigró a Londres tras siete temporadas en Milán donde anotó más de 170 goles. Una recta final mal llevada y decadente a mitad de camino entre el Chelsea y, breve y nuevamente, Milan, ensució la impresionante carrera del mejor jugador ucraniano de siempre. ¿El balance? 309 goles en 614 partidos.
Ronaldo Nazario de Lima
De Ronaldo hablaba Juandi Mora recientemente a raíz de su retirada. Es el primero en retirarse de todos los grandes delanteros del pasado decenio y es, con total seguridad, el que mayor impronta deja en la memoria colectiva. En honor a la verdad, el Ronaldo que maravilló al mundo no jugó a partir del 2000 sino en los últimos años del 90: primero en el PSV, como Van Nistelrooy, posteriormente en Barça e Inter de Milan. El del Barça, en concreto, se postuló como heredero de Pelé y como nuevo gran rey del fútbol. Un trono que alcanzó a medias dadas sus continuas y graves lesiones en la rodilla.
Ronaldo era un ciclón. Un jugador que combinó como ninguno la velocidad y potencia en carrera con la técnica excelsa de los mejores brasileños de siempre. A todo eso, Ronaldo le sumaba la innata capacidad de anotar goles, de perforar porterías y de sentar porteros. Su temporada en Barcelona fue una locura: en 49 partidos marcó 49 goles. Cifras históricas. Se desprendió el Barça de él y aterrizo en el Inter, donde alzó la UEFA, su único trofeo internacional y continuó su apabullante progresión. Entonces se rompió. Se rompió y deambuló tres años en un mar de impotencia e inactividad para volver en 2002, proclamarse pichichi del Mundial y, con dos goles en la final, devolver a Brasil el cetro del fútbol Mundial. Ronaldo viajó al idílico Madrid de Florentino Pérez y allí, ya convertido en un delantero de más área, de menor recorrido, volvió a anotar goles en sus últimos grandes destellos. A partir de ahí, la ruina, decadencia, Milan, Brasil, altercados con los aficionados del Corinthians, y exceso de peso marcaron su final. Para el recuerdo, esto. Y sus 352 goles en 515 partidos.
Samuel Eto'o
De los hasta ahora nombrados, el camerunés es el único que disfruta de un presente esplendoroso. Actualmente en el Inter de Milán, Eto'o lleva 15 goles esta temporada en Liga y ejerce de líder dentro del campo del vigente Campeón de Europa. En lo concerniente a Copas de Europa, Eto'o tiene amplia experiencia: ha ganado tres y ha anotado goles en dos finales diferentes. Ambas con el Barça. Hablar de Eto'o es hablar de la voracidad insaciable de un futbolista que tras ser repudiado por el Madrid se hizo un nombre y una auténtica leyenda en el Camp Nou, abriendo el marcador en las dos finales de Champions que el conjunto culé ha disputado en los últimos años.
Historia viva del fútbol, Eto'o era y es todo fibra. Un jugador que lejos de ostentar una calidad técnica notoria radicaba sus virtudes en la voracidad insaciable que le provocaba la portería rival. Su angustia, no marcar. Su plenitud, inexistente. Para Eto'o lo imposible siempre pareció poco y así, temporada tras temporada, terminó con números de auténtico escándalo. Polémico fuera del campo, abnegado trabajador dentro del mismo, el africano aún tuvo, por orgullo propio, por profesionalidad, los arrestos de marcar más de 30 goles la misma temporada en la que Guardiola le había declarado transferible en verano, antes de iniciarse la competición. De palmarés envidiable, la palabra indomable se creó para Samuel Eto'o, cuya impronta de rebelde sin causa quedará grabada a fuego en el imaginario colectivo tras sus reivindicaciones en pleno Bernabéu, al anotar un tanto, de jugar en el Real Madrid. 247 goles en 479 partidos. Nació en el 81. Los tres delanteros antes nombrados en el 76. Calculen ustedes mismos.
Thierry Henry
Durante muchos años, Henry fue considerado sin ambages el mejor jugador del planeta. Virtudes no le faltaban. A una zancada esplendorosa, Henry sumaba disparo desde larga distancia, técnica exquisita y carisma dentro del campo. El francés había sido campeón del mundo y campeón de Europa con su selección pero aún, a principios de la década, tenía los mejores años de su vida futbolística por delante. Todos ellos, a excepción de los tres últimos, en el Arsenal, en el mejor Arsenal de siempre que lo ganó todo, que durante dos años apenas encontró resistencia en Inglaterra y que, en 2006, acarició la primera Champions League de su historia.
Precisamente Henry sufrió de vértigo, quién lo iba a decir, en aquel partido. Valdés, quien más tarde seria su compañero, impidió que Henry anotara en aquella final. El Arsenal perdió ante el primer gran Barça de la década y Henry, rodeado de un equipo de viejas leyendas y jóvenes valores, aparentó reisgnarse a su sino. Dos años más tarde aterrizaría en Barcelona y, uno más, alzaría la Copa de Europa vistiendo los colores del equipo que un día le torturó. Por aquel entonces Henry era un jugador pegado a la banda, aún de prodigioso desplazamiento y capaz frente a cualquier lateral del planeta. El peso del equipo no lo soportaba ya él, pero su rendimiento fue inconmensurable. Atrás quedaban los años de liderazgo y capitanía en el Arsenal, donde su elegancia sobre el tapete verde le otorgaron el halo de ángel caído del cielo. Un ángel voraz y luminoso que dejó goles de impagable factura. 303 goles en 647 partidos.
Filippo Inzaghi
Inzaghi pertenece a esa clase de delanteros que viven de su oportunismo. Lo lleva haciendo desde que debutara siendo un imberbe en el Piacenza, a mediados de los noventa hasta sus últimos días en Milán. Inzaghi no es rápido, no es alto, no es fuerte, no es un futbolista técnico y tampoco posee una pegada temible. A pesar de ello, es uno de los máximos goleadores históricos de la Copa de Europa y un ídolo irrepetible en Milán, donde ni siquiera ha fraguado los mejores años de su carrera. Es Inzaghi, la excentricidad por bandera y el mito como mayor aval. Uno de esos extraños casos que el fútbol decide premiar.
A Inzaghi se le recuerdan sus mejores años en Turín, vistiendo los colores de la Juventus y marcando durante cuatro años seguidos más de veinte goles por temporada, números asombrosos, especialmente las de su primer año allí, alcanzando la muy admirable cifra de 36 goles en un equipo italiano. Le es indiferente, al Pippo le da igual, como le ha dado igual todo. Sus enfervorizadas celebraciones, su cartel de alborotador nato, su piel cetrina, su eterno pelo lacio y moreno, su histrionismo, todo es tan inherente a su nacionalidad, la italiana, que observándole cuesta no entender los motivos de su idolatría. A pesar de todo, Inzaghi ha sido capaz de anotar en dos temporadas más de diez goles en competición europea. Todo un logro. Algo común para Inzaghi, jugador que vive al filo de la red, en el área pequeña, buscándose la vida en cotos vedados para tipos como él: las alturas, las largas carreras, el cuerpo a cuerpo. Inzaghi, aquel futbolista que anotaría dos goles en una final de Copa de Europa para martirio de Reina, finaliza sus días aún amargando la vida a grandes equipos. El último en sufrirle fue el Real Madrid. Bendito sufrimiento, añado. 315 goles en 607 partidos.
Raúl González Blanco
Albergaba dudas sobre la posibilidad de incluir aquí a Raúl o no. Si bien es cierto que el mejor Raúl pertenece a la primera década del siglo XXI, sería un acto temerario obviar en el balance de su carrera las excelsas primeras cinco temporadas como profesional, todas ellas disputadas en los noventa, Champions League de 1998 inclusive. Asimismo, Raúl no es un nueve. No es un delantero al uso como los anteriormente nombrados. Posiblemente, éste último argumento en contra de su inclusión se volvió, de una forma algo irónica, a su favor: a pesar de no ejercer de delantero puro, Raúl tiene un promedio de goles apabullantes y lidera holgadamente la clasificación de máximo goleador histórico de la Copa de Europa con 69 goles. Números inmejorables, de leyenda, de uno de los mejores jugadores de siempre en España y en Europa.
A Raúl le pesará por siempre su vinculación madridista, su penalty ante Barthez y sus últimos años como profesional en Madrid, siempre rodeados de la polémica sobre su titularidad o estancia en el equipo. Ajeno a todo ello y mucho antes de que Raúl pasara a ser objeto de agrias disputas entre aférrimos a su causa y absolutos opositores, su trayectoria es impecable. De auténtico genio. Raúl, el más prematuro de todos los aquí nombrados, el más genio, el más inteligente, el que mejor supo sacar provecho de sus virtudes, el más puntual a su cita con la Historia, el más temido por hinchadas rivales, termina sus días en Alemania, vistiendo los colores del Schalke, aún a tiempo de amargar la existencia de algunos. En su día fue uno de los mejores jugadores del momento. Alejado siempre de los focos del fútbol mediático, obstinado en su trabajo en el Madrid, a Raúl se le negó un Mundial y un Balón de Oro, títulos que, no tanto el segundo, hubieran engalanado más si cabe su palmarés. Su historial de virtudes, de golazos, de goles inverosímiles, oportunistas, de cuchara, de rebote, de estar ahí. Porque Raúl está, estuvo y siempre estará ahí. Acechando. Oliendo a triunfador. 338 goles en 779 partidos.
Por el camino se quedan unos cuantos. Gracias a todos los que propusisteis nombres de grandes delanteros de la pasada década y al intenso debate que se creó en Twitter. Los nombres de aquellos delanteros que de un modo u otro serán herencia de esta década: Elber, Jardel, Forlán, Makaay, Morientes, Owen, Crespo, Claudio López, Larsson, Palermo, Klose, Drogba o Trezeguet entre otros muchos.
Lectura recomendada | Tabla histórica de goleadores de la Liga de Campeones
Imagen | Google Images
Mostrando entradas con la etiqueta Henry. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Henry. Mostrar todas las entradas
viernes, 11 de marzo de 2011
Delanteros para una década
Etiquetas:
Eto'o,
Henry,
Inzaghi,
Raúl,
Ronaldo,
Shevchenko,
Van Nistelrooy
martes, 8 de junio de 2010
Un repaso a cuatro equipos: Francia
(Ya después de exámenes, por falta de tiempo no ha habido posts durante una semana y larga. Antes de que empiece el mundial intentaré hablar de cuatro selecciones que acuden a la cita como presuntas favoritas. Me gustaría poder hablar de todas pero hay un buen análisis de las citadas en Sudáfrica en Diarios de Fútbol, Let's Dance to Goal, Caverna Mediática y El Balón Europeo)
Andrés Pérez | "La main de dieu", decía L'Equipe el 19 de noviembre del año pasado, un día después de que Francia se clasificara para el Mundial de Sudáfrica con un gol ilegal. La portada era lo suficientemente explícita como para recordarla hoy, tres días antes de que comience el Mundial: la imagen de Henry empujando el balón con la mano para que Gallas lo metiera en la portería a placer, cuando el partido agonizaba y Francia se quedaba sin mundial, resume qué es Francia y cómo llega a Sudáfrica.
Partamos de la siguiente base: Francia jamás debió llegar a Sudáfrica. Irlanda fue mejor en la repesca y tan sólo la negligente actuación del colegiado, en uno de los ejemplos de cataclismo arbitral más graves de los últimos años, le privó del lujo mundialista. Pero el árbitro se equivocó, Francia marcó e Irlanda lloró. La historia es inamovible. Cabe plantearse, sin embargo, hasta qué punto es positivo para los franceses que su selección viaje hasta el continente africano: el disgusto parece seguro.
Cuando Italia apeó a Francia de la Eurocopa medio país asumió que aquel sería el último partido de Raymond Domenech, un tipo antisocial, altivo y prepontente que no cae bien a nadie. La selección vivía de nada puesto que a ningún lugar llegaba y, en tal situación, pocos son los seleccionadores que sobreviven. Misterios del fútbol, Domenech, cuatro años después de conducir a Francia a la final de Alemania 2006, estará en otro Mundial. Dirigiendo una selección sin fe, sin esquema de juego y prácticamente sin mayor posibilidad que la de irse a casa antes de tiempo.
En Francia no se albergan grandes esperanzas. Decía que quizá le hubiera convenido a les bleus no viajar a Sudáfrica, de modo que se hubieran desprendido de Domenech antes de tiempo, para su alivio y gozo. Por lo pronto, Domenech dejó fuera de la lista de convocados a dos de los mayores talentos jóvenes franceses, Nasri y Benzema. Más allá de su rendimiento a lo largo de la temporada, parece improbable que Gignac sea capaz de mejorar el rendimiento del madridista o que Gouvou aporte más que el gunner.
Tras una fase de clasificación calamitosa en la que un milagro final, como decía L'Equipe aquel 19 de noviembre, les dio el pase al Mundial, Francia se enfrentará a Uruguay, Sudáfrica y México. El grupo debería ser asequible, pero el conjunto de Domenech es capaz de lo peor: empató tristemente contra Túnez en un amistoso y hace tres días perdió contra China. Una calamidad de equipo en el que Henry tiene posibilidades de ser titular (!) en detrimento quién sabe si de Gourcuff o de un Malouda incómodo en una posición más retrasada.
¿Sus esperanzas? Pasan por un Riberý inspirado y porque Malouda mantenga el nivelazo que ha mostrado en el Chelsea durante toda la temporada. En cualquier caso, cualquier noticia positiva que irradie la selección será una sorpresa.
La lista de convocados de Francia:
1) Hugo Lloris (Lyon)
2) Bacary Sagna (Arsenal)
3) Eric Abidal (Barcelona)
4) Anthony Réveillère (Lyon)
5) William Gallas (Arsenal)
6) Marc Planus (Burdeos)
7) Franck Ribéry (Bayern Múnich)
8) Yoann Gourcuff (Burdeos)
9) Djibril Cissé (Panathinaikos)
10) Sidney Govou (Lyon)
11) André-Pierre Gignac (Toulouse)
12) Thierry Henry (Barcelona)
13) Patrice Evra (Manchester United)
14) Jérémy Toulalan (Lyon)
15) Florent Malouda (Chelsea)
16) Steve Mandanda (Marsella)
17) Sébastien Squillaci (Sevilla)
18) Alou Diarra (Burdeos)
19) Abou Diaby (Arsenal)
20) Mathieu Valbuena (Marsella)
21) Nicolas Anelka (Chelsea)
22) Gaël Clichy (Arsenal)
23) Cédric Carrasso (Burdeos)
Lectura recomendada | Enajenación mundial transitoria (Antonio Agredano en Diarios de Fútbol)
Imagen | Twipic | Blogdeporte
Andrés Pérez | "La main de dieu", decía L'Equipe el 19 de noviembre del año pasado, un día después de que Francia se clasificara para el Mundial de Sudáfrica con un gol ilegal. La portada era lo suficientemente explícita como para recordarla hoy, tres días antes de que comience el Mundial: la imagen de Henry empujando el balón con la mano para que Gallas lo metiera en la portería a placer, cuando el partido agonizaba y Francia se quedaba sin mundial, resume qué es Francia y cómo llega a Sudáfrica.Partamos de la siguiente base: Francia jamás debió llegar a Sudáfrica. Irlanda fue mejor en la repesca y tan sólo la negligente actuación del colegiado, en uno de los ejemplos de cataclismo arbitral más graves de los últimos años, le privó del lujo mundialista. Pero el árbitro se equivocó, Francia marcó e Irlanda lloró. La historia es inamovible. Cabe plantearse, sin embargo, hasta qué punto es positivo para los franceses que su selección viaje hasta el continente africano: el disgusto parece seguro.
Cuando Italia apeó a Francia de la Eurocopa medio país asumió que aquel sería el último partido de Raymond Domenech, un tipo antisocial, altivo y prepontente que no cae bien a nadie. La selección vivía de nada puesto que a ningún lugar llegaba y, en tal situación, pocos son los seleccionadores que sobreviven. Misterios del fútbol, Domenech, cuatro años después de conducir a Francia a la final de Alemania 2006, estará en otro Mundial. Dirigiendo una selección sin fe, sin esquema de juego y prácticamente sin mayor posibilidad que la de irse a casa antes de tiempo.
En Francia no se albergan grandes esperanzas. Decía que quizá le hubiera convenido a les bleus no viajar a Sudáfrica, de modo que se hubieran desprendido de Domenech antes de tiempo, para su alivio y gozo. Por lo pronto, Domenech dejó fuera de la lista de convocados a dos de los mayores talentos jóvenes franceses, Nasri y Benzema. Más allá de su rendimiento a lo largo de la temporada, parece improbable que Gignac sea capaz de mejorar el rendimiento del madridista o que Gouvou aporte más que el gunner.Tras una fase de clasificación calamitosa en la que un milagro final, como decía L'Equipe aquel 19 de noviembre, les dio el pase al Mundial, Francia se enfrentará a Uruguay, Sudáfrica y México. El grupo debería ser asequible, pero el conjunto de Domenech es capaz de lo peor: empató tristemente contra Túnez en un amistoso y hace tres días perdió contra China. Una calamidad de equipo en el que Henry tiene posibilidades de ser titular (!) en detrimento quién sabe si de Gourcuff o de un Malouda incómodo en una posición más retrasada.
¿Sus esperanzas? Pasan por un Riberý inspirado y porque Malouda mantenga el nivelazo que ha mostrado en el Chelsea durante toda la temporada. En cualquier caso, cualquier noticia positiva que irradie la selección será una sorpresa.
La lista de convocados de Francia:1) Hugo Lloris (Lyon)
2) Bacary Sagna (Arsenal)
3) Eric Abidal (Barcelona)
4) Anthony Réveillère (Lyon)
5) William Gallas (Arsenal)
6) Marc Planus (Burdeos)
7) Franck Ribéry (Bayern Múnich)
8) Yoann Gourcuff (Burdeos)
9) Djibril Cissé (Panathinaikos)
10) Sidney Govou (Lyon)
11) André-Pierre Gignac (Toulouse)
12) Thierry Henry (Barcelona)
13) Patrice Evra (Manchester United)
14) Jérémy Toulalan (Lyon)
15) Florent Malouda (Chelsea)
16) Steve Mandanda (Marsella)
17) Sébastien Squillaci (Sevilla)
18) Alou Diarra (Burdeos)
19) Abou Diaby (Arsenal)
20) Mathieu Valbuena (Marsella)
21) Nicolas Anelka (Chelsea)
22) Gaël Clichy (Arsenal)
23) Cédric Carrasso (Burdeos)
Lectura recomendada | Enajenación mundial transitoria (Antonio Agredano en Diarios de Fútbol)
Imagen | Twipic | Blogdeporte
miércoles, 27 de mayo de 2009
Y ustedes, ¿se acuerdan? (Barça 2 - 0 Manchester United)

Andres Pérez | ¿Se acuerdan de lo que sucedió en el año 2004? El Oporto rácano e industrial de Mourinho comandado magníficamente por Deco se imponía en la Copa de Europa. Días después, Grecia, la Grecia de Otto Rehaggel, la Grecia del absoluto cerrojazo en torno a Nikopolidis se imponía en la Eurocopa. En una Eurocopa mediocre y aburrida, donde el único aliciente de observar a un equipo netamente inferior imponiéndose a todos los demás le dio atractivo. Hagan memoria. Observen. Recuerden ahora lo que sucedió, hará en un mes, el año pasado. España se impuso ante el resto de Europa con un fútbol preciosista, técnico, virtuoso, ofensivo, precioso. Estilista. Un fútbol protagonizado por benditos locos, obsesionados con la estética, despreocupados por todo aquello que no sea jugar al ataque, jugar no ya a ganar, sino a crear arte. Anoche el Barcelona, tal y como hiciera el conjunto de Aragonés hace un año, alcanzó exactamente la misma hazaña. El Barça, este Barça, es historia. Leyenda. El Barça ha conseguido demostrar al mundo que un valor, una filosofía torpedeada por el fútbol pragmático, es capaz de conquistar el planeta.
Es posible que cada uno tenga sus gustos, que la propuesta del Barça no tenga porqué contentar a todo el mundo, pero desde este mínimo rincón de Internet permitan que un servidor se maraville y se congratule de que éste sea el fútbol que impere. El fútbol que conquiste títulos y no se convierta en polvo. No creo que haya comparación entre aquel Oporto y este Barça, como no la hay entre aquella Grecia y esta España. En cinco años el fútbol ha cambiado, y lo que antaño parecía estar determinado por el tacticismo y la ortodoxia de los entrenadores ha dejado paso a un fútbol dominado por la valentía, por el virtuosismo. Por los futbolistas. Por Xavi. Una vez más, Xavi se alzó por encima del bien y del mal y dictaminó el sino de un partido. Su letanía es silenciosa. Dibuja el fútbol como nadie y desiste de llamar la atención. No por ello se ha de menospreciar su valor, ya que, entendamos, Xavi es por méritos propios y más allá de lo que diga el fútbol mediático, el mejor jugador de la Eurocopa y el mejor jugador de la final de la Copa de Europa.
Y posiblemente el mejor jugador del planeta junto a su fiel escudero, junto al más completo y por antonomasia virtuoso. Junto al héroe de Stamford Bridge, Iniesta. Ambos, junto a Puyol, han ganado en un año cuatro títulos de alcance y han otorgado tanto a la selección como al Barça otro estatus histórico. Es una obviedad, sí, pero hay que recordarlo: el Barça ha ganado todo lo que ha disputado este año; y voy más allá, no sólo ha ganado sino que lo ha hecho de la manera más brillante posible, con un fútbol perfecto ante el cual los rivales no tienen nada que hacer. No es tanto la maravilla que fabrica Xavi y engalonan los demás cada partido lo que hace de este Barça un prodigio como la capacidad que tiene de adormecer a su rival, de amilanarlo, de conseguir que, embelesado, se diluya entre las triangulaciones infinitas de unos diabólicos pequeños futbolistas. La prueba más refutable de ello es el Manchester de anoche. Se hundió, anonadado, ante el fútbol de su rival. No supo desplegar su juego, lo cual no implica que no lo tenga. El Barça anula a los rivales, ahí reside su verdadero mérito.
Y anoche, obviamente, no podía ser menos. En realidad, si detalláramos en verdadera profundiad los pormenores de la final, encontraríamos un partido plano y común. Común entendido como la tónica general a la que el Barça nos trae acostumbrados durante toda la temporada. No fue un partido brillante, ni emocionante. No más brillante que el resto de año que el conjunto de Guardiola lleva firmando. Guardiola. Otro inciso: Xavi es su reflejo como fue el reflejo del pensamiento de Aragonés en Austria. Esta es una obra de Guardiola, su más perfecta creación. Su valentía, su aplicación absoluta en cada circunstancia de su ideario futbolístico hacen de su figura la clave para comprender todo lo sucedido este año. Decíamos que el partido fue común. El Barça jugó siempre a lo que ha jugado durante todo el año y ante tal caudal el Manchester se diluyó, se ofuscó, se perdió, no comprendió jamás lo que se gestaba a su alrededor. Puro fútbol.
Comenzó el conjunto de Ferguson, quien ayer erró el planteamiento de manera escandalosa, altivo, poderoso, campeón de Europa. Personificado todo ello en Cristiano Ronaldo, egoísta y ególatra como pocos pero un gran jugador a fin de cuentas. Cuatro disparos suyos sirvieron para desquiciar el planteamiento inicial del Barcelona y sembrar dudas sobre si el conjunto baulgrana podría dominar y aplastar al Manchester tal y como lleva haciendo desde que comenzó el curso futbolístico. Duraron las dudas diez minutos. El tiempo suficiente para que Iniesta arrancara frente al mundo desde el medio campo, abriera a Eto'o y éste firmara un golazo tras sentar a Vidic. De ahí al final de la primera parte sólo hubo un equipo sobre el terreno de juego. Un equipo, que por cierto, desistió de imponer su ley inmediatamente. Sabe el Barça, y ahí reside otra de sus virtudes, que la paciencia es una virtud magnífica cuando se plantea un fútbol de este calibre. No se lanzó desaforadamente por tanto a por el partido. Lo templó. Lo dominó. El Manchester no tuvo capacidad de respuesta en ningún momento, se empequeñeció resignado.
El descanso era el mayor enemigo del conjunto barcelonés ya que permitiría al Manchester despertarse de su letargo constante. Lo hizo. Comandado por Ronaldo, claro, quién si no. Salió Tévez y el Manchester se lanzó hacia arriba, esperanzado de encontrar algún agujero entre el magnífico entramado que Guardiola había tejido. Sin embargo resultó contraproducente ya que la disposición táctica del medio campo de Guardiola unido a la inseguridad del conjunto mancuniano permitió que Xavi e Iniesta se hincharan a robar balones con el equipo rival envalentonado en la meta de Valdés. Esto es, espacios. Espacios cuando Messi, Eto'o y Henry son lanzados por Iniesta y especialmente por Xavi, es sinónimo de peligro. Lo fue, pero el Barça perdonó las tres ocasiones claras que tuvo seguidas al comienzo de la segunda parte y el Manchester, vivo una vez más, volvió a creer. Erróneamente, quizá, pero creyente a fin de cuentas. Se lanzó arriba y su caudal ofensivo no fue más que un leve arañazo en el lomo de la fiera.
Xavi, una vez más, levantó la cabeza. Armó su pie derecho. La puso en la cabeza de un genial Messi. Firmaron, entre ambos, el segundo ante la pasividad de Ferdinand. El Barça terminó el partido en el área del Manchester. Como España en Viena. Quizá, cuando el fútbol de diez años en adelante se vuelva de nuevo táctico y tedioso, los que hayamos presenciado a este Barça nos preguntemos: "Y ustedes, ¿se acuerdan del Barça de Xavi, de la España de los bajitos?". Comprenderemos entonces, que fuimos afortunados.
Vía | Wikipedia, Más que Fútbol
Imagen | El País
Más que Fútbol ● 2009
Es posible que cada uno tenga sus gustos, que la propuesta del Barça no tenga porqué contentar a todo el mundo, pero desde este mínimo rincón de Internet permitan que un servidor se maraville y se congratule de que éste sea el fútbol que impere. El fútbol que conquiste títulos y no se convierta en polvo. No creo que haya comparación entre aquel Oporto y este Barça, como no la hay entre aquella Grecia y esta España. En cinco años el fútbol ha cambiado, y lo que antaño parecía estar determinado por el tacticismo y la ortodoxia de los entrenadores ha dejado paso a un fútbol dominado por la valentía, por el virtuosismo. Por los futbolistas. Por Xavi. Una vez más, Xavi se alzó por encima del bien y del mal y dictaminó el sino de un partido. Su letanía es silenciosa. Dibuja el fútbol como nadie y desiste de llamar la atención. No por ello se ha de menospreciar su valor, ya que, entendamos, Xavi es por méritos propios y más allá de lo que diga el fútbol mediático, el mejor jugador de la Eurocopa y el mejor jugador de la final de la Copa de Europa.
Y posiblemente el mejor jugador del planeta junto a su fiel escudero, junto al más completo y por antonomasia virtuoso. Junto al héroe de Stamford Bridge, Iniesta. Ambos, junto a Puyol, han ganado en un año cuatro títulos de alcance y han otorgado tanto a la selección como al Barça otro estatus histórico. Es una obviedad, sí, pero hay que recordarlo: el Barça ha ganado todo lo que ha disputado este año; y voy más allá, no sólo ha ganado sino que lo ha hecho de la manera más brillante posible, con un fútbol perfecto ante el cual los rivales no tienen nada que hacer. No es tanto la maravilla que fabrica Xavi y engalonan los demás cada partido lo que hace de este Barça un prodigio como la capacidad que tiene de adormecer a su rival, de amilanarlo, de conseguir que, embelesado, se diluya entre las triangulaciones infinitas de unos diabólicos pequeños futbolistas. La prueba más refutable de ello es el Manchester de anoche. Se hundió, anonadado, ante el fútbol de su rival. No supo desplegar su juego, lo cual no implica que no lo tenga. El Barça anula a los rivales, ahí reside su verdadero mérito.
Y anoche, obviamente, no podía ser menos. En realidad, si detalláramos en verdadera profundiad los pormenores de la final, encontraríamos un partido plano y común. Común entendido como la tónica general a la que el Barça nos trae acostumbrados durante toda la temporada. No fue un partido brillante, ni emocionante. No más brillante que el resto de año que el conjunto de Guardiola lleva firmando. Guardiola. Otro inciso: Xavi es su reflejo como fue el reflejo del pensamiento de Aragonés en Austria. Esta es una obra de Guardiola, su más perfecta creación. Su valentía, su aplicación absoluta en cada circunstancia de su ideario futbolístico hacen de su figura la clave para comprender todo lo sucedido este año. Decíamos que el partido fue común. El Barça jugó siempre a lo que ha jugado durante todo el año y ante tal caudal el Manchester se diluyó, se ofuscó, se perdió, no comprendió jamás lo que se gestaba a su alrededor. Puro fútbol.
Comenzó el conjunto de Ferguson, quien ayer erró el planteamiento de manera escandalosa, altivo, poderoso, campeón de Europa. Personificado todo ello en Cristiano Ronaldo, egoísta y ególatra como pocos pero un gran jugador a fin de cuentas. Cuatro disparos suyos sirvieron para desquiciar el planteamiento inicial del Barcelona y sembrar dudas sobre si el conjunto baulgrana podría dominar y aplastar al Manchester tal y como lleva haciendo desde que comenzó el curso futbolístico. Duraron las dudas diez minutos. El tiempo suficiente para que Iniesta arrancara frente al mundo desde el medio campo, abriera a Eto'o y éste firmara un golazo tras sentar a Vidic. De ahí al final de la primera parte sólo hubo un equipo sobre el terreno de juego. Un equipo, que por cierto, desistió de imponer su ley inmediatamente. Sabe el Barça, y ahí reside otra de sus virtudes, que la paciencia es una virtud magnífica cuando se plantea un fútbol de este calibre. No se lanzó desaforadamente por tanto a por el partido. Lo templó. Lo dominó. El Manchester no tuvo capacidad de respuesta en ningún momento, se empequeñeció resignado.
El descanso era el mayor enemigo del conjunto barcelonés ya que permitiría al Manchester despertarse de su letargo constante. Lo hizo. Comandado por Ronaldo, claro, quién si no. Salió Tévez y el Manchester se lanzó hacia arriba, esperanzado de encontrar algún agujero entre el magnífico entramado que Guardiola había tejido. Sin embargo resultó contraproducente ya que la disposición táctica del medio campo de Guardiola unido a la inseguridad del conjunto mancuniano permitió que Xavi e Iniesta se hincharan a robar balones con el equipo rival envalentonado en la meta de Valdés. Esto es, espacios. Espacios cuando Messi, Eto'o y Henry son lanzados por Iniesta y especialmente por Xavi, es sinónimo de peligro. Lo fue, pero el Barça perdonó las tres ocasiones claras que tuvo seguidas al comienzo de la segunda parte y el Manchester, vivo una vez más, volvió a creer. Erróneamente, quizá, pero creyente a fin de cuentas. Se lanzó arriba y su caudal ofensivo no fue más que un leve arañazo en el lomo de la fiera.Xavi, una vez más, levantó la cabeza. Armó su pie derecho. La puso en la cabeza de un genial Messi. Firmaron, entre ambos, el segundo ante la pasividad de Ferdinand. El Barça terminó el partido en el área del Manchester. Como España en Viena. Quizá, cuando el fútbol de diez años en adelante se vuelva de nuevo táctico y tedioso, los que hayamos presenciado a este Barça nos preguntemos: "Y ustedes, ¿se acuerdan del Barça de Xavi, de la España de los bajitos?". Comprenderemos entonces, que fuimos afortunados.
Vía | Wikipedia, Más que Fútbol
Imagen | El País
Más que Fútbol ● 2009
Etiquetas:
Alex Ferguson,
Barça,
Champions League,
Cristiano Ronaldo,
Crónicas de Partidos,
Eto'o,
Ferdinand,
Guardiola,
Henry,
Iniesta,
Manchester United,
Messi,
Vidic,
Xavi
lunes, 4 de mayo de 2009
Xavi en mayúsculas (Real Madrid 2 - 6 Barcelona)

Andrés Pérez | Si algo positivo pudo extraer el Real Madrid del partido del sábado es sin duda, que las formas importan. El cotejo, los preliminares, la elegancia, la palabra, la cena en sí misma son requisitos indispensables a la hora de seducir a una mujer o a un hombre. Sucede exactamente lo mismo en el fútbol. El éxito no entiende de caminos puesto que innumerables son los ejemplos de equipos grises campeones, pero, hay sendas gloriosas donde la probabilidad de alzarse con la victoria siempre es superior. Voy más allá. No ya de alzarse, sino de proclamarse historia pura del balompié, de pasar a los anales dorados de este deporte que tan capaz es de cautivar a la sociedad. La victoria puede serlo todo, no lo negaré, pero edulcorada ella con pequeñas porciones hedonistas, con trazos placenteros de un cuadro dibujado para la gloria, siempre sabe al paladar mucho mejor. El Barça de Guardiola y de Xavi lo sabe. El Madrid de Juande y de dos años de nefasta gestión deportiva a pesar de los títulos ligueros no. Nadie se acordará de quienes alcanzaron dos ligas vulgarmente. Todos guardaremos en nuestros más gratos recuerdos de un equipo creado no para la gloria, sino para el disfrute propio y ajeno. El Barça anotó seis goles en el Bernabeú. No hubo justicia. En fútbol, tal término no existe. El Bernabeú asistió a una dosis de realismo no por esperada menos impactante.
Insisto en que el Barça puede haber mostrado la vía hacia la gloria para el Real Madrid. No hacia la misma sino el camino correcto para hacerlo. Los grandes clubes, al menos en España, siempre tienen la obligación de ganar y de hacerlo soberanamente, con elegacia, cortejando el balón, haciendo de cada jugada algo digno por lo que pagar la entrada. No basta con la épica, la gloria, la raza o la casta, tampoco con el espíritu de Juanito. Si acaso todo ello debe ser la rebeldía de un équipo que se sabe grande, al que la historia le empuja, pero como recurso último cuando las demás armas, las que hacen de los equipos historia viva de este deporte, se hayan agotado. Cuando la munición futbolística escasee. Es entonces cuando la épica deja atrás cualquier axioma lógico y permite el paso a la locura y el desenfreno. Suelen ser contadas las ocasiones en las que tales arrebatos de locura permiten alzarse entre la mediocridad y, no conviene negarlo, pocos equipos, tales como el Madrid, están capacitados para vencer por el puro y simplista hecho de portar un escudo o una zamarra.
Sin embargo y redundo en lo mismo, todo ello no basta. El público siempre exigente necesita de algo más que todo aquello. El Real Madrid caminó el sábado sin saberlo y el Barça planteó su temporada desde ese punto de vista. La diferencia es abismal. Tano cualitativa como psicológica. Hubo un equipo que saltó al campo con un plan, un estilo, una filosofía que aplicar en la práctica y hubo otro que salió en su propio campo a verlas venir, a esperar que el equipo rival, atemorizado por la leyenda de su propio nombre, sucumbiera ante los desafiantes arrebatos enajenados de once jugadores exentos de calidad exhuberante pero no de coraje. No sirvió para nada porque enfrente se postraba un equipo cimentado en el buen fútbol, en la soberana tranquilidad de Xavi en cada jugada que hila, en la elegancia de un rejuvenecido Henry, en la seguridad infranqueable de Piqué, en la genialida de Messi, en un compendio de todo ello llamado Iniesta y en un entrenador que mama de una escuela legendiaria basada en el buen fútbol, el de tocar y moverse, el de jugar fácil y bonito, ofensivamente, pensando siempre en uno mismo y no en el rival. Fallará el Barça porque es mortal, pero lo hará siendo fiel a su filosofía. Como lo fue España este verano. La memoria colectiva no entiende de momentos puntuales como los del Madrid ante el Getafe. Nadie osará pensar que el Madrid de la Quinta del Buitre es uno de los mejores equipos de la historia, a pesar de todo, a pesar de ser un gran equipo. Sin embargo, victorias aparte, todos recordaremos la Holanda de Cruijff. El resultadismo es temporal. La belleza, eterna.
Que el Barça marcara seis tantos en el Bernabeú resume todo el partido, toda la temporada. No caben paliativos. La Liga recaerá en Barcelona con todo merecimiento. El partido del sábado no hizo más que reflejar la trayectoria de ambos equipos durante toda la temporada. Se adelantó el Madrid pero el Barça, guiado por un Xavi para la historia, no se mostró nervioso ni se sumió en la histeria colectiva. Conocedor del ímpetu madridista templó los ánimos a base de fútbol, de triangulaciones interminables en el medio campo, de verticalidad supina, de un Messi estelar y de un Henry que, al igual que Ronaldinho en 2006, mostró las vergüenzas de un Sergio Ramos cada día más endeble en las citas importantes. No es un gran defensor, nadie debe olvidarlo. Es un excelente lateral valiente con proyección ofensiva pero no el lateral derecho definitivo. Cometió tres fallos imperdonables en su banda. El segundo gol de Henry fue absolutamente sangrante. Decíamos que, tras el gol de Higuaín —amén del gol desaparecido, una vez más en una cita importante, por completo— el Barcelona cimentó su victoria a base de tranquilidad y fútbol. Tres goles remontaron el tanto madridista y cuando en la segunda parte de nuevo el Madrid pareció animarse, otros tres goles echaron por tierra la esperanza blanca. No había Liga por más que parara Casillas, el único hombre realmente válido para un club de la categoría del Madrid.
Se terminó la Liga. La eterna persecución. Se terminó este Madrid de entretiempo que ha cosechado dos Ligas y tres fracasos en Europa, allí donde se mide el nivel de los grandes equipos. El Real Madrid, este Real Madrid, nunca fue un equipo solvente y siempre careció de grandes estrellas, suplantadas por un rigor y un compromiso envidiables. Lo decíamos hace poco. Siempre fue encomiable el tesón del equipo de Juande en su empeño por echar por tierra la magnífica temporada del Barcelona —cien goles y 85 puntos a falta de varias jornadas— pero no era más que el espejismo de una Liga de nivel paupérrimo y de un equipo sin compromisos europeos ni coperos y de otro que jugada cada semana dos partidos. Quizá todo se reduzca a una jugada. El sexto gol. Piqué, con tres goles de ventaja a falta de diez minutos arrancó desde su defensa tras un robo para marcar gol. Un central. Un aventajado central. Fútbol espectáculo incluso en la definición, hoy por hoy, no le caben defectos al Barcelona. Supuso lo del sábado el triunfo de una filosofía frente a un planteamiento pragmático debido a las circunstancias. Es suyo el mérito y de nadie más. Alaben hoy a Xavi puesto que él hace un fútbol de otro planeta. Es el jugador perfecto quizá para ejemplificar qué es este Barça. Su partido del Bernabeú es digno para enmarcar. Haría bien el Real Madrid en visualizar todas sus jugadas durante un mes. Aprenderían algo quizá. Sea como fuere, el Madrid volverá. El camino ya lo ha mostrado el Barça. Los títulos se olvidan. El fútbol, el buen fútbol, es eterno.
Vía | Más que Fútbol, YouTube
Imagen | El Mundo, Marca, El País, As
Más que Fútbol ● 2009
Insisto en que el Barça puede haber mostrado la vía hacia la gloria para el Real Madrid. No hacia la misma sino el camino correcto para hacerlo. Los grandes clubes, al menos en España, siempre tienen la obligación de ganar y de hacerlo soberanamente, con elegacia, cortejando el balón, haciendo de cada jugada algo digno por lo que pagar la entrada. No basta con la épica, la gloria, la raza o la casta, tampoco con el espíritu de Juanito. Si acaso todo ello debe ser la rebeldía de un équipo que se sabe grande, al que la historia le empuja, pero como recurso último cuando las demás armas, las que hacen de los equipos historia viva de este deporte, se hayan agotado. Cuando la munición futbolística escasee. Es entonces cuando la épica deja atrás cualquier axioma lógico y permite el paso a la locura y el desenfreno. Suelen ser contadas las ocasiones en las que tales arrebatos de locura permiten alzarse entre la mediocridad y, no conviene negarlo, pocos equipos, tales como el Madrid, están capacitados para vencer por el puro y simplista hecho de portar un escudo o una zamarra.
Sin embargo y redundo en lo mismo, todo ello no basta. El público siempre exigente necesita de algo más que todo aquello. El Real Madrid caminó el sábado sin saberlo y el Barça planteó su temporada desde ese punto de vista. La diferencia es abismal. Tano cualitativa como psicológica. Hubo un equipo que saltó al campo con un plan, un estilo, una filosofía que aplicar en la práctica y hubo otro que salió en su propio campo a verlas venir, a esperar que el equipo rival, atemorizado por la leyenda de su propio nombre, sucumbiera ante los desafiantes arrebatos enajenados de once jugadores exentos de calidad exhuberante pero no de coraje. No sirvió para nada porque enfrente se postraba un equipo cimentado en el buen fútbol, en la soberana tranquilidad de Xavi en cada jugada que hila, en la elegancia de un rejuvenecido Henry, en la seguridad infranqueable de Piqué, en la genialida de Messi, en un compendio de todo ello llamado Iniesta y en un entrenador que mama de una escuela legendiaria basada en el buen fútbol, el de tocar y moverse, el de jugar fácil y bonito, ofensivamente, pensando siempre en uno mismo y no en el rival. Fallará el Barça porque es mortal, pero lo hará siendo fiel a su filosofía. Como lo fue España este verano. La memoria colectiva no entiende de momentos puntuales como los del Madrid ante el Getafe. Nadie osará pensar que el Madrid de la Quinta del Buitre es uno de los mejores equipos de la historia, a pesar de todo, a pesar de ser un gran equipo. Sin embargo, victorias aparte, todos recordaremos la Holanda de Cruijff. El resultadismo es temporal. La belleza, eterna.
Que el Barça marcara seis tantos en el Bernabeú resume todo el partido, toda la temporada. No caben paliativos. La Liga recaerá en Barcelona con todo merecimiento. El partido del sábado no hizo más que reflejar la trayectoria de ambos equipos durante toda la temporada. Se adelantó el Madrid pero el Barça, guiado por un Xavi para la historia, no se mostró nervioso ni se sumió en la histeria colectiva. Conocedor del ímpetu madridista templó los ánimos a base de fútbol, de triangulaciones interminables en el medio campo, de verticalidad supina, de un Messi estelar y de un Henry que, al igual que Ronaldinho en 2006, mostró las vergüenzas de un Sergio Ramos cada día más endeble en las citas importantes. No es un gran defensor, nadie debe olvidarlo. Es un excelente lateral valiente con proyección ofensiva pero no el lateral derecho definitivo. Cometió tres fallos imperdonables en su banda. El segundo gol de Henry fue absolutamente sangrante. Decíamos que, tras el gol de Higuaín —amén del gol desaparecido, una vez más en una cita importante, por completo— el Barcelona cimentó su victoria a base de tranquilidad y fútbol. Tres goles remontaron el tanto madridista y cuando en la segunda parte de nuevo el Madrid pareció animarse, otros tres goles echaron por tierra la esperanza blanca. No había Liga por más que parara Casillas, el único hombre realmente válido para un club de la categoría del Madrid.
Se terminó la Liga. La eterna persecución. Se terminó este Madrid de entretiempo que ha cosechado dos Ligas y tres fracasos en Europa, allí donde se mide el nivel de los grandes equipos. El Real Madrid, este Real Madrid, nunca fue un equipo solvente y siempre careció de grandes estrellas, suplantadas por un rigor y un compromiso envidiables. Lo decíamos hace poco. Siempre fue encomiable el tesón del equipo de Juande en su empeño por echar por tierra la magnífica temporada del Barcelona —cien goles y 85 puntos a falta de varias jornadas— pero no era más que el espejismo de una Liga de nivel paupérrimo y de un equipo sin compromisos europeos ni coperos y de otro que jugada cada semana dos partidos. Quizá todo se reduzca a una jugada. El sexto gol. Piqué, con tres goles de ventaja a falta de diez minutos arrancó desde su defensa tras un robo para marcar gol. Un central. Un aventajado central. Fútbol espectáculo incluso en la definición, hoy por hoy, no le caben defectos al Barcelona. Supuso lo del sábado el triunfo de una filosofía frente a un planteamiento pragmático debido a las circunstancias. Es suyo el mérito y de nadie más. Alaben hoy a Xavi puesto que él hace un fútbol de otro planeta. Es el jugador perfecto quizá para ejemplificar qué es este Barça. Su partido del Bernabeú es digno para enmarcar. Haría bien el Real Madrid en visualizar todas sus jugadas durante un mes. Aprenderían algo quizá. Sea como fuere, el Madrid volverá. El camino ya lo ha mostrado el Barça. Los títulos se olvidan. El fútbol, el buen fútbol, es eterno.Vía | Más que Fútbol, YouTube
Imagen | El Mundo, Marca, El País, As
Más que Fútbol ● 2009
Etiquetas:
Barça,
Casillas,
Crónicas de Partidos,
Guardiola,
Henry,
Higuaín,
Iniesta,
Juande Ramos,
Liga 08/09,
Messi,
Piqué,
Real Madrid,
Sergio Ramos,
Xavi
miércoles, 29 de abril de 2009
Dominio anodino (Barcelona 0 - 0 Chelsea)

Andrés Pérez | Es posible que al magnífico Barcelona que durante tantos meses ha deleitado a media Europa con su preciosista fútbol se le haya encendido la luz de reserva. Se queda sin gasolina. Digo que es posible puesto que no soy muy dado a aventurarme en arriesgadas premoniciones, las cuales entrañan mucho riesgo para tan poco beneficio posterior. Ayer frente al Chelsea, en casa, donde pocos equipos de nivel han sido capaces de contener la verborrea futbolística de este equipo, el Barcelona tocó y tocó, dominó durante los noventa minutos para nada. El marcador no se movió. Se podrá alegar que el entramado que Hiddink montó en torno a Messi, Iniesta o Xavi era infranqueable, que el fútbol planteado por el equipo londinense fue lamentable e indigno de un semifinalista de Copa de Europa, que Cech paró la ocasión de Eto'o y que Bojan o Hleb perdonaron cuando el partido moría, sí, se puede alegar todo eso y más; sin embargo, hay motivos para la preocupación y entre ellos encontramos la poca profundidad con la que el Barça se desempeñó anoche. El partido de Messi fue bochornoso. Eto'o un contínuo quiero y no puedo sumamente egoísta y Henry pareció perder la frescura que había recuperado tras el pasado año.
Decíamos que el Barcelona dominó durante todo el partido, pero se trató de un dominio absoluto anodino. Horizontal, plano. Se trató más de un partido de balonmano eterno que de un caudal ofensivo imparable por parte del conjunto de Guardiola lo cual puede dar a varias interpretaciones. La primera es que hasta la fecha el Barça no se había enfrentado a un equipo inglés y por ende a uno de los mejores equipos del planeta y la segunda es que el Barça ha perdido el fuelle de hace no ya un mes, sino dos semanas ante el Getafe y su dominio goleador, de toque espectacular y transiciones rápidas, se ha diluido en una red de fútbol que pretende ser estilista convirtiéndose, finalmente, en un soporífero monólogo sin gracia alguna. Quizá la respuesta la hallemos en la conjunción de ambos planteamientos. El Barça tiene menos gasolina, menos chispa, menos verticalidad y el Chelsea es mucho mejor que cualquier equipo al que se haya enfrentado el equipo culé hasta la fecha. El planteamiento defensivo del equipo de Stamford Bridge fue simplemente perfecto.
Si no hablo del partido es porque no lo merece. ¿Ocasiones? Contadas. Drogba casi da el susto tras un error enorme de Márquez en la primera parte justo en el momento en que el Barça mejor jugaba. La ocasión, despejada de manera brillante por Víctor Valdés supuso un punto de inflexión para el resto del partido. El Barcelona se salió por completo del encuentro, perdió la concentración atemorado por la voracidad del delantero africano y por el escandaloso poderío físico del Chelsea. Los últimos minutos de la primera mitad, de hecho, son una prueba fehaciente de ello. Durante la segunda parte el Barça continuó dominando, tocando horizontalmente a excepción de un siempre brillante Iniesta y recibiendo patatas por doquier, seña de identidad de un equipo, el Chelsea, que si bien no es violento no se anda con pequeñeces. Ahí están Essien, Mikel, Terry, Alex o Ballack. Tipos duros. Cuando el equipo de Guardiola quiso encontrar tras tanto mareo de balón a sus delanteros, no lo hizo. O al menos no de la manera deseada. Ni Messi, ni Eto'o, excesivamente egoísta anoche, ni Henry estuvieron a la altura y me preocupa especialmente el asunto Messi, quien lleva más de un partido sin la chispa que hace un mes causaba estragos en los rivales. Anoche no hizo absolutamente nada. Y lo poco que hizo lo hizo mal, lento, apagado, impreciso, desmotivado, cabizbajo, deprimido. De todo menos Messi.
Entre tanto, Iniesta y Xavi siguieron a lo suyo. Sin referencias arriba no podían hacer nada y no lo hicieron. El partido no lo ganó el Barça porque sus delanteros, quienes atesoran más de sesenta goles juntos, no estuvieron y que alguien termine las jugadas es un requisito imprescindible para que el fútbol que plantea el Barça tenga éxito. El Chelsea, sabedor de su superioridad física y bien entrada la segunda parte, psicológica, se creció. Como lo hará en Stamford Bridge. Más allá del resultado, el Barça ha sido un poco menos Barça. La oportunidad era esta, sumar dos goles o más en casa y acudir a Londres con los deberes hechos. Sin embargo, una vez más, la cita en Londres se antoja definitiva para las aspiraciones del Barça esta temporada. Corre el riesgo el Barcelona con la Copa de Europa de que el éxito o fracaso en dicha competición condicione al equipo hasta el punto de echar por tierra sus aspiraciones domésticas. Hará bien Guardiola en reflexionar sobre el partido de anoche —que no fue malo, sucede que acostumbrado uno al caviar detesta el buen paté francés— y acudir a Londres con otro planteamiento. El Chelsea en casa no saldrá parapetado en su defensa. Ni mucho menos.
Vía | You Tube
Imagen | El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
Decíamos que el Barcelona dominó durante todo el partido, pero se trató de un dominio absoluto anodino. Horizontal, plano. Se trató más de un partido de balonmano eterno que de un caudal ofensivo imparable por parte del conjunto de Guardiola lo cual puede dar a varias interpretaciones. La primera es que hasta la fecha el Barça no se había enfrentado a un equipo inglés y por ende a uno de los mejores equipos del planeta y la segunda es que el Barça ha perdido el fuelle de hace no ya un mes, sino dos semanas ante el Getafe y su dominio goleador, de toque espectacular y transiciones rápidas, se ha diluido en una red de fútbol que pretende ser estilista convirtiéndose, finalmente, en un soporífero monólogo sin gracia alguna. Quizá la respuesta la hallemos en la conjunción de ambos planteamientos. El Barça tiene menos gasolina, menos chispa, menos verticalidad y el Chelsea es mucho mejor que cualquier equipo al que se haya enfrentado el equipo culé hasta la fecha. El planteamiento defensivo del equipo de Stamford Bridge fue simplemente perfecto.
Si no hablo del partido es porque no lo merece. ¿Ocasiones? Contadas. Drogba casi da el susto tras un error enorme de Márquez en la primera parte justo en el momento en que el Barça mejor jugaba. La ocasión, despejada de manera brillante por Víctor Valdés supuso un punto de inflexión para el resto del partido. El Barcelona se salió por completo del encuentro, perdió la concentración atemorado por la voracidad del delantero africano y por el escandaloso poderío físico del Chelsea. Los últimos minutos de la primera mitad, de hecho, son una prueba fehaciente de ello. Durante la segunda parte el Barça continuó dominando, tocando horizontalmente a excepción de un siempre brillante Iniesta y recibiendo patatas por doquier, seña de identidad de un equipo, el Chelsea, que si bien no es violento no se anda con pequeñeces. Ahí están Essien, Mikel, Terry, Alex o Ballack. Tipos duros. Cuando el equipo de Guardiola quiso encontrar tras tanto mareo de balón a sus delanteros, no lo hizo. O al menos no de la manera deseada. Ni Messi, ni Eto'o, excesivamente egoísta anoche, ni Henry estuvieron a la altura y me preocupa especialmente el asunto Messi, quien lleva más de un partido sin la chispa que hace un mes causaba estragos en los rivales. Anoche no hizo absolutamente nada. Y lo poco que hizo lo hizo mal, lento, apagado, impreciso, desmotivado, cabizbajo, deprimido. De todo menos Messi.
Entre tanto, Iniesta y Xavi siguieron a lo suyo. Sin referencias arriba no podían hacer nada y no lo hicieron. El partido no lo ganó el Barça porque sus delanteros, quienes atesoran más de sesenta goles juntos, no estuvieron y que alguien termine las jugadas es un requisito imprescindible para que el fútbol que plantea el Barça tenga éxito. El Chelsea, sabedor de su superioridad física y bien entrada la segunda parte, psicológica, se creció. Como lo hará en Stamford Bridge. Más allá del resultado, el Barça ha sido un poco menos Barça. La oportunidad era esta, sumar dos goles o más en casa y acudir a Londres con los deberes hechos. Sin embargo, una vez más, la cita en Londres se antoja definitiva para las aspiraciones del Barça esta temporada. Corre el riesgo el Barcelona con la Copa de Europa de que el éxito o fracaso en dicha competición condicione al equipo hasta el punto de echar por tierra sus aspiraciones domésticas. Hará bien Guardiola en reflexionar sobre el partido de anoche —que no fue malo, sucede que acostumbrado uno al caviar detesta el buen paté francés— y acudir a Londres con otro planteamiento. El Chelsea en casa no saldrá parapetado en su defensa. Ni mucho menos.Vía | You Tube
Imagen | El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
miércoles, 25 de febrero de 2009
20.45, octavos de final (I)

Andrés Pérez | Reconozco que como espectador neutral los partidos del Atlético de Madrid son un auténtico placer para los ojos. Entiendo que habiendo pagado la entrada o siendo un feligrés más de la reserva se antoje un tanto complicado disfrutar con una de las oficialmente peores defensas del mundo, pero, qué le voy a hacer. No es mi caso. Y los partidos del equipo de Abel Resino dan para unos cuantos esperpentos dignos del propio Valle-Inclán. De hecho, en caso de haber vivido para contarlo, no dudo de que hoy estaría frente a un teclado dispuesto a parodiar la actuación de anoche por parte de la zaga colchonera. Un cúmulo de perfectos despropósitos que, de no ser dramáticos para un equipo de la talla del madrileño, serían considerablemente graciosos. Insisto que, al estar alejado de cualquier sentimiento positivo o negativo hacia dicho club, mi visión se acerca a la que, por no llorar, echa a reír. En un espectáculo tan grotesco la delantera, añado, la magnífica delantera, queda ensombrecida. De nada valen los dos goles del Atlético. El Oporto se lleva otros tantos a su feudo y tiene media eliminatoria ganada. A tenor, siempre, de que no hacerle un gol a este equipo es un pecado. Grave.
Y sin embargo, el partido comenzó a barlovento para el Atlético de Madrid, antaño equipo de Aguirre, antaño un despropósito en defensa sí, pero antaño un equipo ordenado e incluso en ocasiones, solvente. El Atlético, decíamos, encarriló el partido en el minuto dos gracias al gol de Maxi, tras magnífico pase de Agüero, que decidió borrarse del partido hasta su sustitución. Con ventaja en el marcador el equipo del Manzanares dio toda una lección de porqué cualquier gran equipo se basa siempre en la defensa, al igual que cualquier gran mansión depende de los pilares básicos. En este caso la metáfora habla de centrales, y por extensión, de laterales; algo que, desconozco el porqué, el Atlético no ostenta. Carece de centrales y laterales de calidad y eso que fichajes de renombre no faltan. Ahí están Ufjalusi, Heitinga, Pernía, Seitaridis e incluso Pablo. Tipos solventes en sus clubes de origen. El vestuario rojiblanco para los defensas debe ser absolutamente traumático puesto que solo así explicamos la enorme borrachera mental que atesoran todos y cada uno de ellos. En la práctica sin excepción.
Al tiempo que Seitaridis y Antonio López eran la mofa de cualquier espectador, el Oporto mantenía el nivel de sus enemigos. Esto es, fallaba tanto como la defensa rojiblanca. Cada cinco minutos una ocasión clarísima para los delanteros portugueses que, de no ser por Leo Franco, anoche hubieran cuajado una noche gloriosa, histórica, de aquellas que sentencian eliminatorias. Por el contrario decidieron unirse al esperpento madrileño y perdonaron todo aquello que diferencia los equipos ganadores de los perdedores. El Oporto se fue a casa con un empate que pudo ser una victoria por goleada. Para colmo de sus males, cuando logró empatar aprovechando una de las mayores pifias defensivas de la historia de la humanidad futbolística, el Atlético, Forlán mediante, consiguió adelantarse de nuevo, ante la perplejidad de un público que aplaudía sin saber muy bien ni cómo, ni porqué, ni donde, ni cuando, ni especialmente qué. ¿Qué? Eso mismo se preguntaba el equipo mismo. ¿Cómo? No era posible. En absoluto. El Atlético, por méritos propios añado, merecía ir perdiendo entre cuatro y siete cero. Al contrario, vencía.
El sueño duró poco porque el Oporto, en la enésima jugada ofensiva medianamente bien ejecutada y en la enésima empanada mental de Antonio López y Seitaridis, empató por medio de Lisandro López. El empate no se movería y la película de terror para unos y humor para otros continuará en Oporto, donde, si Abel Resino no lo remedia, el Atlético perecerá fruto de su lamentable defensa, indigna de cualquier equipo de Copa de Europa. Me apena escribir esto puesto que los cuatro de arriba del Atlético son jugadores formidables que juntos y en forma conforman una de las mejores delantera de Europa. Pero el mal endémico de su defensa oculta, borra del mapa su buen hacer e incluso ellos mismos se ven afectados ante tal despropósito defensivo. Si bien el partido del Atlético, cambiando radicalmente de tema, era espectacular por lo lamentable, el del Barça no pasó de la categoría de soberano aburrimiento y eso que el tempranero gol de Juninho en una nueva falta y en un nuevo error de Valdés hacían prometer a un espectador neutral un aluvión ofensivo del Barcelona.
En absoluto. Fue el Lyon quien incluso mereció marcar un segundo gol. El Barça, aletargado como camina ante el nuevo sueño madridista de remontada, perdido en su fe y en su estilo, pendiente del equipo blanco más que de sí mismo y poco convincente anoche y el fin de semana pasado en lo puramente futbolístico, se perdió en lo superfluo. Y cuando tu juego de toque se pierde en lo superfluo corre el riesgo de ser estéril y ridículo. Así sucedió. Benzema y el resto del Lyon pudieron sentenciar el partido a costa de los errores ofensivos del Barça pero no lo hicieron y cuando el equipo de Guardiola reaccionó consiguió empatar. No de manera brillante, ni siquiera con una mejoría cuantiosa respecto al primer tiempo, pero sí de una manera solvente y fiable, la suficiente como para llegar a la vuelta con un empate relativamente beneficioso. El gol de Henry, tras despiste monumental de Cris en el segundo palo en un córner, sirvió de bálsamo y no desatará ni las críticas ni la desesperación. Pero por momentos flotó en el aire. En la cabeza de Guardiola. Son humanos y los bajones psíquicos y físicos son inherentes a ellos mismos, pero haría bien Pep en dar por terminado el respiro y volver a la brillante senda del triunfo. Por su bien.
Vía | Wikipedia, As
Imagen | El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
Y sin embargo, el partido comenzó a barlovento para el Atlético de Madrid, antaño equipo de Aguirre, antaño un despropósito en defensa sí, pero antaño un equipo ordenado e incluso en ocasiones, solvente. El Atlético, decíamos, encarriló el partido en el minuto dos gracias al gol de Maxi, tras magnífico pase de Agüero, que decidió borrarse del partido hasta su sustitución. Con ventaja en el marcador el equipo del Manzanares dio toda una lección de porqué cualquier gran equipo se basa siempre en la defensa, al igual que cualquier gran mansión depende de los pilares básicos. En este caso la metáfora habla de centrales, y por extensión, de laterales; algo que, desconozco el porqué, el Atlético no ostenta. Carece de centrales y laterales de calidad y eso que fichajes de renombre no faltan. Ahí están Ufjalusi, Heitinga, Pernía, Seitaridis e incluso Pablo. Tipos solventes en sus clubes de origen. El vestuario rojiblanco para los defensas debe ser absolutamente traumático puesto que solo así explicamos la enorme borrachera mental que atesoran todos y cada uno de ellos. En la práctica sin excepción.
Al tiempo que Seitaridis y Antonio López eran la mofa de cualquier espectador, el Oporto mantenía el nivel de sus enemigos. Esto es, fallaba tanto como la defensa rojiblanca. Cada cinco minutos una ocasión clarísima para los delanteros portugueses que, de no ser por Leo Franco, anoche hubieran cuajado una noche gloriosa, histórica, de aquellas que sentencian eliminatorias. Por el contrario decidieron unirse al esperpento madrileño y perdonaron todo aquello que diferencia los equipos ganadores de los perdedores. El Oporto se fue a casa con un empate que pudo ser una victoria por goleada. Para colmo de sus males, cuando logró empatar aprovechando una de las mayores pifias defensivas de la historia de la humanidad futbolística, el Atlético, Forlán mediante, consiguió adelantarse de nuevo, ante la perplejidad de un público que aplaudía sin saber muy bien ni cómo, ni porqué, ni donde, ni cuando, ni especialmente qué. ¿Qué? Eso mismo se preguntaba el equipo mismo. ¿Cómo? No era posible. En absoluto. El Atlético, por méritos propios añado, merecía ir perdiendo entre cuatro y siete cero. Al contrario, vencía.
El sueño duró poco porque el Oporto, en la enésima jugada ofensiva medianamente bien ejecutada y en la enésima empanada mental de Antonio López y Seitaridis, empató por medio de Lisandro López. El empate no se movería y la película de terror para unos y humor para otros continuará en Oporto, donde, si Abel Resino no lo remedia, el Atlético perecerá fruto de su lamentable defensa, indigna de cualquier equipo de Copa de Europa. Me apena escribir esto puesto que los cuatro de arriba del Atlético son jugadores formidables que juntos y en forma conforman una de las mejores delantera de Europa. Pero el mal endémico de su defensa oculta, borra del mapa su buen hacer e incluso ellos mismos se ven afectados ante tal despropósito defensivo. Si bien el partido del Atlético, cambiando radicalmente de tema, era espectacular por lo lamentable, el del Barça no pasó de la categoría de soberano aburrimiento y eso que el tempranero gol de Juninho en una nueva falta y en un nuevo error de Valdés hacían prometer a un espectador neutral un aluvión ofensivo del Barcelona.
En absoluto. Fue el Lyon quien incluso mereció marcar un segundo gol. El Barça, aletargado como camina ante el nuevo sueño madridista de remontada, perdido en su fe y en su estilo, pendiente del equipo blanco más que de sí mismo y poco convincente anoche y el fin de semana pasado en lo puramente futbolístico, se perdió en lo superfluo. Y cuando tu juego de toque se pierde en lo superfluo corre el riesgo de ser estéril y ridículo. Así sucedió. Benzema y el resto del Lyon pudieron sentenciar el partido a costa de los errores ofensivos del Barça pero no lo hicieron y cuando el equipo de Guardiola reaccionó consiguió empatar. No de manera brillante, ni siquiera con una mejoría cuantiosa respecto al primer tiempo, pero sí de una manera solvente y fiable, la suficiente como para llegar a la vuelta con un empate relativamente beneficioso. El gol de Henry, tras despiste monumental de Cris en el segundo palo en un córner, sirvió de bálsamo y no desatará ni las críticas ni la desesperación. Pero por momentos flotó en el aire. En la cabeza de Guardiola. Son humanos y los bajones psíquicos y físicos son inherentes a ellos mismos, pero haría bien Pep en dar por terminado el respiro y volver a la brillante senda del triunfo. Por su bien.Vía | Wikipedia, As
Imagen | El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
Etiquetas:
Antonio López,
Atlético de Madrid,
Barça,
Benzema,
Champions League,
Forlán,
Guardiola,
Heitinga,
Henry,
Leo Franco,
Pablo,
Seitaridis,
Ufjalusi,
Valdés
viernes, 28 de noviembre de 2008
Tirando a dar | T'estàs fent un home, Bojan Krkic

Eduardo Lázaro | El frío ya está instalado por completo en el ambiente. No por ello vamos a ser frívolos en demasía. Más que nada porque está en juego una de las más importantes promesas en el panorama futbolístico español. Los diarios del lunes nos despertaban con la imagen de Bojan Krkic desolado en el banquillo del Camp Nou, anunciándonos a bombo y platillo que algo pasa. Si eso es poca frivolidad, que venga Dios y lo vea. Es de memos repetir por enésima vez que estamos hablando de un joven de 18 años. Que tiene todo el mundo por delante, y que como ya dije en mi Carta abierta a Bojan Krkic, depende de su capacidad de desarrollo y mentalidad que un día llegue al elenco de delanteros españoles de leyenda.
Ahora pongámonos en situación. Una locomotora de hacer fútbol (fútbol de salón, del bueno, no hablo de fútbol en el sentido rácano-madridista) como es esta temporada en mayor medida que las anteriores el FC Barcelona, se ve frenada y apunto de descarrilar por el rigor defensivo e inteligencia planteados por Víctor Muñoz, míster del Getafe con contrato hasta fin de obra (los que hayan trabajado así, sabrán que en esta tipología de contratos te pueden echar a la calle a la mínima que la cosa se tuerza sin mediar más explicación). Bojan, estrenando titularidad, ahogado. Su partenaire por la otra banda extraviado en similares circunstancias. Entonces, un entrenador inteligente (sin más inteligencia que la mía o la de ustedes, porque no es precisa) decide que necesita abrir el campo, ensancharlo, dar movilidad y verticalidad, en definitiva, crear juego y por tanto ocasiones. Para ello debe sustituir a Bojan y dar entrada a la voz de la experiencia, Thierry Henry. Se logró un gol y gracias.
El resto ya lo sabemos todos, Bojan al banquillo y los compañeros diciendo "no ploris nen, que no passa gens". Pues sí que pasa, no sé si para el que me lea también, pero a mi me pasa. Y es que cuando un jugador está en juveniles, o en cualquier otra categoría de cantera, el entrenador debe hacer un trabajo fundamental como es pulir las mejores cualidades y descubrir otras nuevas en el chaval. Bojan es un chaval, en efecto. Pero es un jugador del primer equipo con todas las consecuencias. Y las consecuencias son que el interés común está por encima de Bojan Krkic, de Samuel Eto'o o del vicepresidente primero, responsable del área social y portavoz del club Alfons Godall i Martínez. Si el entrenador toma una decisión es en beneficio del bloque (como a la postre se demostró) y Bojan al banquillo sin rechistar. Y en vez de salir los chupatintas de los diarios sensacionalista-deportivos a decir sandeces acerca del tema deberían asumirlo como algo normal. Como una simple sustitución. No buscar el morbo y dispararar a bocajarro.
Es cierto que lloraba sí, pero dudo mucho que lo suyo fueran lágrimas de derrota, de pesadumbre, de indecisión o de no saber por donde le pega a uno el aire. No me lo ha dicho personalmente, ni falta que me hace. Pero pondría las manos en el fuego porque Bojan lloraba de rabia, de mala baba, de saber que te has visto perdido en el entramado defensivo del rival y de que darías las criadillas por volver a entrar en el campo y reventar el arco contrario a base de goles y conseguir hacer vibrar a la afición, a tu afición. Y evidentemente, el noi de Santpedor, que es quien ahora grita desde la banda y da órdenes, que como perro viejo que es ha llegado a tocar con la punta de los dedos el cielo de la Ciudad Condal mucho antes que Krkic, sabe mejor que nadie que el camino a la gloria está jalonado de experiencias y aprendizaje. Tanto sobre el tablao verde de cada domingo como fuera. Y tan importante es bailar y no perder el paso, como lo es saber bajarse y dejar que salga otro a encender el mambo. Y por supuesto, todo ello, forjará el carácter y el espíritu de un jugador al que aún le quedan varias estaciones para llegar a su destino. Y su destino no es otro que el triunfo.
Por tanto, sostengo que no hay que sacar las cosas de quicio y que Pep, sabedor de su origen, sabe lo que se está haciendo con el joven. Recuerdo que el miércoles enchufó otro golito en Champions después de todo esto. Ahora invito a los de la pluma amarilla y cachonda de los diarios deportivos a escribir acerca de la sonrisa del chico en la celebración del gol. Yo no lo leeré; estaré leyendo el Mortadelo. Amén.
Vía | Más que Fútbol
Imagen | Archivo, Salir a Ganar, Sport, Eurosport
Más que Fútbol ● 2008
Ahora pongámonos en situación. Una locomotora de hacer fútbol (fútbol de salón, del bueno, no hablo de fútbol en el sentido rácano-madridista) como es esta temporada en mayor medida que las anteriores el FC Barcelona, se ve frenada y apunto de descarrilar por el rigor defensivo e inteligencia planteados por Víctor Muñoz, míster del Getafe con contrato hasta fin de obra (los que hayan trabajado así, sabrán que en esta tipología de contratos te pueden echar a la calle a la mínima que la cosa se tuerza sin mediar más explicación). Bojan, estrenando titularidad, ahogado. Su partenaire por la otra banda extraviado en similares circunstancias. Entonces, un entrenador inteligente (sin más inteligencia que la mía o la de ustedes, porque no es precisa) decide que necesita abrir el campo, ensancharlo, dar movilidad y verticalidad, en definitiva, crear juego y por tanto ocasiones. Para ello debe sustituir a Bojan y dar entrada a la voz de la experiencia, Thierry Henry. Se logró un gol y gracias.
El resto ya lo sabemos todos, Bojan al banquillo y los compañeros diciendo "no ploris nen, que no passa gens". Pues sí que pasa, no sé si para el que me lea también, pero a mi me pasa. Y es que cuando un jugador está en juveniles, o en cualquier otra categoría de cantera, el entrenador debe hacer un trabajo fundamental como es pulir las mejores cualidades y descubrir otras nuevas en el chaval. Bojan es un chaval, en efecto. Pero es un jugador del primer equipo con todas las consecuencias. Y las consecuencias son que el interés común está por encima de Bojan Krkic, de Samuel Eto'o o del vicepresidente primero, responsable del área social y portavoz del club Alfons Godall i Martínez. Si el entrenador toma una decisión es en beneficio del bloque (como a la postre se demostró) y Bojan al banquillo sin rechistar. Y en vez de salir los chupatintas de los diarios sensacionalista-deportivos a decir sandeces acerca del tema deberían asumirlo como algo normal. Como una simple sustitución. No buscar el morbo y dispararar a bocajarro.
Es cierto que lloraba sí, pero dudo mucho que lo suyo fueran lágrimas de derrota, de pesadumbre, de indecisión o de no saber por donde le pega a uno el aire. No me lo ha dicho personalmente, ni falta que me hace. Pero pondría las manos en el fuego porque Bojan lloraba de rabia, de mala baba, de saber que te has visto perdido en el entramado defensivo del rival y de que darías las criadillas por volver a entrar en el campo y reventar el arco contrario a base de goles y conseguir hacer vibrar a la afición, a tu afición. Y evidentemente, el noi de Santpedor, que es quien ahora grita desde la banda y da órdenes, que como perro viejo que es ha llegado a tocar con la punta de los dedos el cielo de la Ciudad Condal mucho antes que Krkic, sabe mejor que nadie que el camino a la gloria está jalonado de experiencias y aprendizaje. Tanto sobre el tablao verde de cada domingo como fuera. Y tan importante es bailar y no perder el paso, como lo es saber bajarse y dejar que salga otro a encender el mambo. Y por supuesto, todo ello, forjará el carácter y el espíritu de un jugador al que aún le quedan varias estaciones para llegar a su destino. Y su destino no es otro que el triunfo.Por tanto, sostengo que no hay que sacar las cosas de quicio y que Pep, sabedor de su origen, sabe lo que se está haciendo con el joven. Recuerdo que el miércoles enchufó otro golito en Champions después de todo esto. Ahora invito a los de la pluma amarilla y cachonda de los diarios deportivos a escribir acerca de la sonrisa del chico en la celebración del gol. Yo no lo leeré; estaré leyendo el Mortadelo. Amén.
Vía | Más que Fútbol
Imagen | Archivo, Salir a Ganar, Sport, Eurosport
Más que Fútbol ● 2008
Etiquetas:
Barça,
Bojan,
Eduardo Lázaro,
Eto'o,
Guardiola,
Henry,
Tirando a dar | por Eduardo Lázaro
martes, 4 de noviembre de 2008
20.45, cuarta jornada (I)

Andrés Pérez | En plena polémica aquí por los malos arbitrajes -personificada en Mijatovic y el victimismo del que hace gala el Madrid, no perderse esta columna muy sentida y conmovedora de Relaño en relación a lo mucho que ha perdido el Madrid a lo largo de la historia- ayer un sueco demostró que equivocarse en jugadas elementales no es único del gen español. Lo sufrió el Atlético y se aprovechó el Liverpool de ello, consiguiendo empatar en el minuto 90 un partido que se le había puesto cuesta arriba desde el principio. Sin Torres y colapsado el centro del campo por el Atlético gracias a la honrosa por nada brillante labor de Assunçao, Raúl García y Maniche, el equipo de Benítez tuvo que desplazar su juego hacia la banda, y cuando no pundo, hacia Gerrard, y cuando tampoco pudo, hacia los desmarques siempre peligrosos de Robbie Keane o Kuyt, quienes ayer llegaban siempre un segundo más tarde de lo que debieran. A pesar de ello, a pesar de no desplegar el juego brillante y efectivo mostrado en la competición local, el Liverpool mereció como mínimo el empate. Por las numerosas ocasiones y por el acorralamiento al que sometió al Atlético, quien, dicho sea de paso, jamás mereció un final tan cruel.
Fue cruel como lo hubiera sido una derrota para el Liverpool. Fue cruel porque si bien el Liverpool hubiera perdido por culpa del fútbol, el Atlético tuvo que soñar añoche -pesadillas- con algo que no puede controlar, con algo que no se entrena ni tampoco se prevee, con un penalty en el minuto 90 absolutamente inexistente. Dentro del área de un dubitativo Leo Franco -inexplicable que siga jugando- Pernía y Gerrard entraron al choque en un balón dividido por alto. No pasó nada, e incluso fue Gerrard quien cometió infracción, pero el sueco en cuestión, Martin Hansson, pitó penalty. Gerrard lo transformó e hizo justicia, pero con el agridulce sabor de quien sabe que no es el modo adecuado de conseguirla. El Atlético puede sentirse orgulloso del partido que jugó en Anfield. Tan sólo un exhuberante Xabi Alonso, el mejor del Liverpool desde septiembre y probablemente el mejor mediocentro de Europa, estuvo al nivel de un Liverpool luchador pero poco brillante. Insisto, el Atlético podrá dormir con la conciencia tranquila, con el sabor de boca de haberle plantado cara al Liverpool. En Anfield. Con un arbitro que decidió el partido.
(Modo Ironía On) Por su parte el Barça jugó un frenético partido en el Camp Nou. Recibía al Basilea, uno de los mejores equipos de Europa y absoluto dominador de la Liga suiza, y las expectativas levantadas se superaron. Con un campo absolutamente a reventar, lleno hasta la bandera, el equipo de Guardiola mostró una actitud magnífica durante todo el encuentro, sin dar ni un sólo balón por perdido. Jugaron todas las estrellas destacando por encima de todas un Henry que por momentos volvió a ser quien fue en el Arsenal, aquel jugador vertical y voraz cuya mayor arma era su propia ambición. Messi fue el genio que puso al equipo local por delante, pero la férrea defensa del Basilea impidió la goleada para, posteriormente, lanzarse al ataque desplegando a su vez un fútbol vertiginoso, de pases cortos y fuertes y de triangulaciones de infarto. Tal fue la calidad mostrada por el Basilea que consiguió empatar a falta de pocos minutos del final, cerrando de esta manera un partido épico, que pasará a la historia como uno de los mejores de la Copa de Europa y que sin duda mereció ver. El público despidió a ambos valerosos equipos en pie, sabedor de haber presenciado un partido de aquellos que merecen la pena. Un 1-1 magnífico, que deja al Barcelona con el orgullo intacto y que, cómo no, atrae cada día más al público al Camp Nou. Por cierto, ya está en octavos.
Vía | Real Madrid CF, El País
Imagen | Marca
Más que Fútbol ● 2008
Fue cruel como lo hubiera sido una derrota para el Liverpool. Fue cruel porque si bien el Liverpool hubiera perdido por culpa del fútbol, el Atlético tuvo que soñar añoche -pesadillas- con algo que no puede controlar, con algo que no se entrena ni tampoco se prevee, con un penalty en el minuto 90 absolutamente inexistente. Dentro del área de un dubitativo Leo Franco -inexplicable que siga jugando- Pernía y Gerrard entraron al choque en un balón dividido por alto. No pasó nada, e incluso fue Gerrard quien cometió infracción, pero el sueco en cuestión, Martin Hansson, pitó penalty. Gerrard lo transformó e hizo justicia, pero con el agridulce sabor de quien sabe que no es el modo adecuado de conseguirla. El Atlético puede sentirse orgulloso del partido que jugó en Anfield. Tan sólo un exhuberante Xabi Alonso, el mejor del Liverpool desde septiembre y probablemente el mejor mediocentro de Europa, estuvo al nivel de un Liverpool luchador pero poco brillante. Insisto, el Atlético podrá dormir con la conciencia tranquila, con el sabor de boca de haberle plantado cara al Liverpool. En Anfield. Con un arbitro que decidió el partido.
(Modo Ironía On) Por su parte el Barça jugó un frenético partido en el Camp Nou. Recibía al Basilea, uno de los mejores equipos de Europa y absoluto dominador de la Liga suiza, y las expectativas levantadas se superaron. Con un campo absolutamente a reventar, lleno hasta la bandera, el equipo de Guardiola mostró una actitud magnífica durante todo el encuentro, sin dar ni un sólo balón por perdido. Jugaron todas las estrellas destacando por encima de todas un Henry que por momentos volvió a ser quien fue en el Arsenal, aquel jugador vertical y voraz cuya mayor arma era su propia ambición. Messi fue el genio que puso al equipo local por delante, pero la férrea defensa del Basilea impidió la goleada para, posteriormente, lanzarse al ataque desplegando a su vez un fútbol vertiginoso, de pases cortos y fuertes y de triangulaciones de infarto. Tal fue la calidad mostrada por el Basilea que consiguió empatar a falta de pocos minutos del final, cerrando de esta manera un partido épico, que pasará a la historia como uno de los mejores de la Copa de Europa y que sin duda mereció ver. El público despidió a ambos valerosos equipos en pie, sabedor de haber presenciado un partido de aquellos que merecen la pena. Un 1-1 magnífico, que deja al Barcelona con el orgullo intacto y que, cómo no, atrae cada día más al público al Camp Nou. Por cierto, ya está en octavos.Vía | Real Madrid CF, El País
Imagen | Marca
Más que Fútbol ● 2008
Etiquetas:
Atlético de Madrid,
Barça,
Basilea,
Champions League,
Gerrard,
Guardiola,
Henry,
Kuyt,
Leo Franco,
Liverpool FC,
Messi,
Pernía,
Rafa Benítez,
Robbie Keane,
Xabi Alonso
sábado, 14 de junio de 2008
Austria y Suiza 2008 | Hundimiento azul (Día 7)

Andrés Pérez | Dirk y Klaas deben estar exultantes. Como media Holanda. Ayer, el desde ya favorito número uno para ganar la Eurocopa a falta de que España se enfrente esta tarde a Suecia, vapuleó a una Francia que si bien tuvo oportunidades destacables durante todo el partido dejó una sensación de apatía desagradable para toda su afición. Francia es un equipo viejo, descompuesto y sin motivación. Desde la retirada de Zidane no se ha producido un relevo generacional intenso y Domenech ha seguido contando con viejas glorias en estados lamentablemente deprimidos. Henry, Thuram, Abidal, Vieira, Makélélé, todos ellos estaban ya hace muchos años, en la época gloriosa de Francia. Pero ahora tienen diez años más, y junto a su envejecimiento no han llegado nuevas figuras jóvenes de primer nivel. Las hay, sí, pero no como para sustituit al equipo entero. Ayer se llevó cuatro goles de la atrevida Holanda de Van Basten, que funciona como un reloj y que es más mecánica que nunca. Cuando hay que tocar y manejar el partido, lo hace, cuando hay que aguantar y jugar a la contra, lo hace, y cuando hay simplemente que defender, también lo hace. Y todo bien.
Van Basten se llevó innumerables críticas tras el Mundial que apeó a Holanda en octavos de final frente a Portugal. En aquel Mundial, Holanda llegó a octavos gracias a las ayudas arbitrales contra Costa de Marfil, pero en esta Eurocopa, es difícil pensar que Holanda vaya a ser apeada en cuartos de final. Se enfrentará al equipo que se quede segundo en el Grupo D, el de España, y es favorita a ganar contra quien juegue. Incluso contra España. Abrió la lata bleu Kuyt con un testarazo perfecto. Francia, especulativa a más no poder, enfrascada en ese estilo italianesco que le llevó tristemente a la final del Mundial, no supo que hacer. Tan sólo Riberý, genio y figura desde cualquier posición del campo, parecía saber que Francia necesitaba irse arriba. Los franceses tuvieron muchas ocasiones que Van der Sar paró y se unió más aún a la desesperación francesa. La segunda parte comenzó como la segunda, salvando que Henry falló una ocasión clarísima y que Van Persie marcó la suya. Recortó el inefable Henry pero al minuto Robben -entonadísimo- se inventó el tercero de Holanda, que a partir de ahí se dejó llevar hasta el último y espectacular gol de Sneijder. Cuidado con Holanda.
Por su parte, los otros azules, los azzurri, empataron y gracias ante Rumanía, equipo que de ganar a Holanda estará matemáticamente clasificado para cuartos de final en lo que es una carambola nada descartable. Francia e Italia, los dos finalistas del Mundial -vaya tela-, tienen un punto cada una y Rumanía dos. Holanda es ya matemáticamente primera así que es de preveer que sacará a los reservas contra Rumanía. Si Rumanía gana ante Holanda B dejará a los dos azules hundidos en la fase de grupos. Italia jugó bien, dentro de lo que cabe, con las novedades de De Rossi, Del Piero y Perrotta en ataque. En realidad sirvió de poco. Los italianos se olvidaron de jugar y se dedicaron a colgar balones constantemente al área rumana, donde esperaba el gigantón Toni para cazar alguno. Y resultó que quienes fueron cazados fueron ellos mismos, caminaba la segunda parte de un partido frenético con ocasiones de ambos rivales y Zambrotta le regaló el gol a Mutu en una cesión estúpida del defensor del Milan.
Mutu no perdonó y el gol dejaba fuera a Italia, que acto seguido reaccionó, sacó a Cassano -el mejor de Italia ayer- y se dedicó a colgar balones una y otra vez. En uno de ellos, Lobont, que lo había parado todo -mención aparte el gol anulado a Toni, legal- se olvidó de Panucci en el segundo palo y el héroe de Escocia lo fue también ante Rumanía. Sin embargo, como a Italia todo le sale mal y ya ni siquiera es un seguro de vida en defensa, Panucci pasó de héroe a villano en lo que va de un respiro a otro. Agarró escandalosamente a Niculae dentro del área pero el penalty lo paró Buffon, que deja viva a Italia. Un dato, de los diez goles marcados en el grupo C, siete son de Holanda, y otro dato, si Rumanía pierde y Francia e Italia empatan, se clasificaría Rumanía con dos puntos por mejor gol average. El grupo de la muerte resultó ser el grupo de la comedia.
Noticias Relacionadas:
Imagen | Marca
Más que Fútbol ● 2008
Van Basten se llevó innumerables críticas tras el Mundial que apeó a Holanda en octavos de final frente a Portugal. En aquel Mundial, Holanda llegó a octavos gracias a las ayudas arbitrales contra Costa de Marfil, pero en esta Eurocopa, es difícil pensar que Holanda vaya a ser apeada en cuartos de final. Se enfrentará al equipo que se quede segundo en el Grupo D, el de España, y es favorita a ganar contra quien juegue. Incluso contra España. Abrió la lata bleu Kuyt con un testarazo perfecto. Francia, especulativa a más no poder, enfrascada en ese estilo italianesco que le llevó tristemente a la final del Mundial, no supo que hacer. Tan sólo Riberý, genio y figura desde cualquier posición del campo, parecía saber que Francia necesitaba irse arriba. Los franceses tuvieron muchas ocasiones que Van der Sar paró y se unió más aún a la desesperación francesa. La segunda parte comenzó como la segunda, salvando que Henry falló una ocasión clarísima y que Van Persie marcó la suya. Recortó el inefable Henry pero al minuto Robben -entonadísimo- se inventó el tercero de Holanda, que a partir de ahí se dejó llevar hasta el último y espectacular gol de Sneijder. Cuidado con Holanda.
Por su parte, los otros azules, los azzurri, empataron y gracias ante Rumanía, equipo que de ganar a Holanda estará matemáticamente clasificado para cuartos de final en lo que es una carambola nada descartable. Francia e Italia, los dos finalistas del Mundial -vaya tela-, tienen un punto cada una y Rumanía dos. Holanda es ya matemáticamente primera así que es de preveer que sacará a los reservas contra Rumanía. Si Rumanía gana ante Holanda B dejará a los dos azules hundidos en la fase de grupos. Italia jugó bien, dentro de lo que cabe, con las novedades de De Rossi, Del Piero y Perrotta en ataque. En realidad sirvió de poco. Los italianos se olvidaron de jugar y se dedicaron a colgar balones constantemente al área rumana, donde esperaba el gigantón Toni para cazar alguno. Y resultó que quienes fueron cazados fueron ellos mismos, caminaba la segunda parte de un partido frenético con ocasiones de ambos rivales y Zambrotta le regaló el gol a Mutu en una cesión estúpida del defensor del Milan.
Mutu no perdonó y el gol dejaba fuera a Italia, que acto seguido reaccionó, sacó a Cassano -el mejor de Italia ayer- y se dedicó a colgar balones una y otra vez. En uno de ellos, Lobont, que lo había parado todo -mención aparte el gol anulado a Toni, legal- se olvidó de Panucci en el segundo palo y el héroe de Escocia lo fue también ante Rumanía. Sin embargo, como a Italia todo le sale mal y ya ni siquiera es un seguro de vida en defensa, Panucci pasó de héroe a villano en lo que va de un respiro a otro. Agarró escandalosamente a Niculae dentro del área pero el penalty lo paró Buffon, que deja viva a Italia. Un dato, de los diez goles marcados en el grupo C, siete son de Holanda, y otro dato, si Rumanía pierde y Francia e Italia empatan, se clasificaría Rumanía con dos puntos por mejor gol average. El grupo de la muerte resultó ser el grupo de la comedia.Noticias Relacionadas:
- Demoledor (Dale Pelota)
- El mecanismo 'oranje' guillotina a Domenech (Diarios de Fútbol)
- Los holandeses sí que pueden (Falta Directa)
- 'Azurros' para el desayuno y 'Galos' para el almuerzo (El balón Europeo)
- Arrivederci, bon voyáge (Órbita Gustems)
Imagen | Marca
Más que Fútbol ● 2008
jueves, 8 de mayo de 2008
Un pasillo que duró 90 minutos (Jornada 36)

Andrés Pérez | Intercalada en la semana, sin tiempo para digerir lo sucedido durante el fin de semana venía la trigésimo sexta jornada de Liga. Jornada, en la que de no ser por la ya confirmada victoria del Real Madrid hubiera servido para asistir a un derbi más, a otro partido entre blancos y azulgranas. A otro ambiente. A otra cosa. Otra cosa, definitivamente eso es lo que supuso el partido. Cuando el Real Madrid caminaba en el minuto 60' de la segunda parte con un contundente 3-0 sobre el cuerpo inerte y moribundo del Barcelona recordé la portada del As tras el 3-0 que el Barcelona le endosó al Real Madrid en 2005, en el Camp Nou: "Cambio de ciclo" decía todo el mundo. Ahora evoqué la misma imagen, la de un equipo desganado, sin motivación, viciado y con un futuro siniestro. La de un Barcelona lamentable. Es la primera paliza que recibe el Barcelona del Madrid desde que tengo recuerdo futbolístico. Y no se me olvidará. Porque el Barça ha denigrado su prestigio a mínimos inconcebibles. Y no culpo a nadie, porque no soy quien para hacerlo. Digo que se ha denigrado y me quedo ahí, y lo hago sin señalar siquiera de refilón el ya tristemente célebre pasillo que el Barça hubo de dedicar al Real Madrid. Finalmente, y a pesar de todo, no fue más que una anécdota. El partido en sí, fue un pasillo para el Real Madrid.

Se había hablado de ello durante toda la semana y probablemente sea necesario pasarse por DDF y por La Libreta de Van Gaal para comprender lo verdaderamente risorio de todo el circo montado alrededor del pasillo. En todo caso no supuso ninguna humillación para el Barcelona, más aún, apareció más digno en el pasillo que en el resto del partido. La imagen quedará grabada en la historia como la de un equipo elegante cerrando filas frente a un equipo campeón y señor, con su capitán a la cabeza dando la mano en un excelente signo de deportividad al eterno rival. Eterno, decían. Anoche ni fue eterno ni fue rival. Hago hincapié especialmente en el partido del Barça porque para el Real Madrid lo de ayer fue una pachanga, un partido de patio de recreo donde los de cuarto abusan de los de primero. Realmente lo pareció. Porque incluso Diarra y Marcelo se acercaron con muchísimo peligro a la portería de un fúnebre, como el resto del Barcelona, Valdés. Sin mediocampo y sobre todo sin motivación, los culés deambularon por el tupido césped del Bernabeú firmando su acta de muerte incluso antes de haber recibido el primer disparo.

Podrán excusarse en el árbitro, en que dos de los cuatro goles jamás debieron subir al marcador o en que así, sin nada por lo que jugar y sabiendo la mitad de ellos que no estarán al año que viene, es difícil mantener la cabeza levantada. Pero sabrán que están traicionándose a sí mismos. Este Barça tiene mucho del Madrid galáctico, y como bien decía Juandi en este mismo blog, si viendo la misma piedra este verano van a tropezar igualmente será un espectáculo dantesco. El partido, que en el fondo es lo de menos, fue un escandaloso 4-1 con un Real Madrid que cuajó el mejor choque de la temporada. Gago y Diarra, antaño criticados hasta la saciedad, jugaron como nunca y parecieron la pareja de mediocentros perfecta. No creo que sea el momento de engañarse. Lo de ayer no sirve, no había rival. Tan sólo un digno Henry, ensimismado o encofrado en una lucha consigo mismo levantó la cabeza y recuperó el aliento. Quizá jugó su mejor partido anoche, o quizá fue mediocre y destacó entre el lodo. Messi tuvo tres jugadas para el recuerdo, pero ni siquiera pareció querer correr. Ni el resto.

Lo del Barça da para cinco o seis posts así que como el partido en sí no tiene ninguna relevancia es mejor mirar hacia abajo, donde este extraño miércoles liguero si fue decisivo. Decisivo, por ejemplo, porque el Valencia y el Getafe están prácticamente salvados. Ambos vencieron y respiraron, algo que ni Valladolid, ni sobre todo Zaragoza, Recreativo y Osasuna pueden hacer. El más perjudicado fue el Osasuna, que volvió a palmar en el último minuto, sabedor de su mala suerte. El Recre cayó previsiblemente ante el mejor Villarreal y el Valladolid sacó un punto del no campo del Betis (jugó en La Cartuja). Se jugará entre tres con todo en contra para Osasuna, equipo al que ni siquiera le vale el factor campo. La Liga por abajo es una incógnita también para el Zaragoza, que no sacó puntos de Valencia cuando pudo haberlo hecho. Tras cuatro partidos puntuando la racha se rompe y si no gana el sábado al Real Madrid B estará en apuros muy serios a falta de una jornada para la conclusión.

En Europa todo quedó más decidido. A falta de que el Atlético se enfrente al peor equipo de la segunda vuelta, el Espanyol, el Sevilla recupera su quinta plaza empatado a puntos con un Atlético que no se puede permitir perder teniéndolo todo a favor. El Racing recibió una sobredosis de realidad al caer 3-0 bajo la lluvia que le impuso el Sevilla, tras un partido excelso. Los santanderinos apuran sus opciones de Copa de Europa pero sería una utopía pensar que un desinflado Racing puede ahora remontar el sueño. Aunque no hay que olvidarlo ni permitir que nos ciegue una maravillosa temporada: la Uefa es mucho más premio del que hubieran creído en septiembre. El sueño sigue, a no ser que el Mallorca, ya a tres puntos del Racing lo impida. Algo complicado, ya que el Racing sigue dependiendo de sí mismo. Y quiere mantener vivo el sueño.
Resultados (a falta del Atlético de Madrid - Espanyol) |
Racing 0 - 3 Sevilla
Murcia 1 - 2 Athletic
Mallorca 2 - 1 Osasuna
Valencia 1 - 0 Zaragoza
Deportivo 1 - 0 Levante
Recreativo 0 - 2 Villarreal
Getafe 4 - 2 Almería
Betis 1 - 1 Valladolid
Real Madrid 4 - 1 Barcelona
Clasificación | (pincha aquí)
La goleada del Madrid...
El detalle: Cuando el Deportivo caminaba hacia otra victoria más, frente a un Levante ya hundido, la grada gallega cantó: "¡Que les paguen, diles que les paguen, diles que le paguen, de una puta vez!" Todo un detallazo que demuestra la empatía que siente el fútbol español con el dramático caso del Levante.
Vía | You Tube, Marca, As, Más que Fútbol, Diarios de Fútbol, La Libreta de Van Gaal
Imagen | As, Marca, Heraldo de Aragón
Más que Fútbol ● 2008

Se había hablado de ello durante toda la semana y probablemente sea necesario pasarse por DDF y por La Libreta de Van Gaal para comprender lo verdaderamente risorio de todo el circo montado alrededor del pasillo. En todo caso no supuso ninguna humillación para el Barcelona, más aún, apareció más digno en el pasillo que en el resto del partido. La imagen quedará grabada en la historia como la de un equipo elegante cerrando filas frente a un equipo campeón y señor, con su capitán a la cabeza dando la mano en un excelente signo de deportividad al eterno rival. Eterno, decían. Anoche ni fue eterno ni fue rival. Hago hincapié especialmente en el partido del Barça porque para el Real Madrid lo de ayer fue una pachanga, un partido de patio de recreo donde los de cuarto abusan de los de primero. Realmente lo pareció. Porque incluso Diarra y Marcelo se acercaron con muchísimo peligro a la portería de un fúnebre, como el resto del Barcelona, Valdés. Sin mediocampo y sobre todo sin motivación, los culés deambularon por el tupido césped del Bernabeú firmando su acta de muerte incluso antes de haber recibido el primer disparo.

Podrán excusarse en el árbitro, en que dos de los cuatro goles jamás debieron subir al marcador o en que así, sin nada por lo que jugar y sabiendo la mitad de ellos que no estarán al año que viene, es difícil mantener la cabeza levantada. Pero sabrán que están traicionándose a sí mismos. Este Barça tiene mucho del Madrid galáctico, y como bien decía Juandi en este mismo blog, si viendo la misma piedra este verano van a tropezar igualmente será un espectáculo dantesco. El partido, que en el fondo es lo de menos, fue un escandaloso 4-1 con un Real Madrid que cuajó el mejor choque de la temporada. Gago y Diarra, antaño criticados hasta la saciedad, jugaron como nunca y parecieron la pareja de mediocentros perfecta. No creo que sea el momento de engañarse. Lo de ayer no sirve, no había rival. Tan sólo un digno Henry, ensimismado o encofrado en una lucha consigo mismo levantó la cabeza y recuperó el aliento. Quizá jugó su mejor partido anoche, o quizá fue mediocre y destacó entre el lodo. Messi tuvo tres jugadas para el recuerdo, pero ni siquiera pareció querer correr. Ni el resto.

Lo del Barça da para cinco o seis posts así que como el partido en sí no tiene ninguna relevancia es mejor mirar hacia abajo, donde este extraño miércoles liguero si fue decisivo. Decisivo, por ejemplo, porque el Valencia y el Getafe están prácticamente salvados. Ambos vencieron y respiraron, algo que ni Valladolid, ni sobre todo Zaragoza, Recreativo y Osasuna pueden hacer. El más perjudicado fue el Osasuna, que volvió a palmar en el último minuto, sabedor de su mala suerte. El Recre cayó previsiblemente ante el mejor Villarreal y el Valladolid sacó un punto del no campo del Betis (jugó en La Cartuja). Se jugará entre tres con todo en contra para Osasuna, equipo al que ni siquiera le vale el factor campo. La Liga por abajo es una incógnita también para el Zaragoza, que no sacó puntos de Valencia cuando pudo haberlo hecho. Tras cuatro partidos puntuando la racha se rompe y si no gana el sábado al Real Madrid B estará en apuros muy serios a falta de una jornada para la conclusión.

En Europa todo quedó más decidido. A falta de que el Atlético se enfrente al peor equipo de la segunda vuelta, el Espanyol, el Sevilla recupera su quinta plaza empatado a puntos con un Atlético que no se puede permitir perder teniéndolo todo a favor. El Racing recibió una sobredosis de realidad al caer 3-0 bajo la lluvia que le impuso el Sevilla, tras un partido excelso. Los santanderinos apuran sus opciones de Copa de Europa pero sería una utopía pensar que un desinflado Racing puede ahora remontar el sueño. Aunque no hay que olvidarlo ni permitir que nos ciegue una maravillosa temporada: la Uefa es mucho más premio del que hubieran creído en septiembre. El sueño sigue, a no ser que el Mallorca, ya a tres puntos del Racing lo impida. Algo complicado, ya que el Racing sigue dependiendo de sí mismo. Y quiere mantener vivo el sueño.
Resultados (a falta del Atlético de Madrid - Espanyol) |
Racing 0 - 3 Sevilla
Murcia 1 - 2 Athletic
Mallorca 2 - 1 Osasuna
Valencia 1 - 0 Zaragoza
Deportivo 1 - 0 Levante
Recreativo 0 - 2 Villarreal
Getafe 4 - 2 Almería
Betis 1 - 1 Valladolid
Real Madrid 4 - 1 Barcelona
Clasificación | (pincha aquí)
La goleada del Madrid...
El detalle: Cuando el Deportivo caminaba hacia otra victoria más, frente a un Levante ya hundido, la grada gallega cantó: "¡Que les paguen, diles que les paguen, diles que le paguen, de una puta vez!" Todo un detallazo que demuestra la empatía que siente el fútbol español con el dramático caso del Levante.
Vía | You Tube, Marca, As, Más que Fútbol, Diarios de Fútbol, La Libreta de Van Gaal
Imagen | As, Marca, Heraldo de Aragón
Más que Fútbol ● 2008
Etiquetas:
Atlético de Madrid,
Barça,
Diarra,
Gago,
Getafe,
Henry,
Liga 07/08,
Liga Española,
Osasuna,
Racing de Santander,
Real Madrid,
Real Zaragoza,
Recreativo de Huelva,
Sevilla,
Valencia,
Valladolid
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






