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jueves, 21 de abril de 2011

El Madrid se reinventa diecisiete años después


Andrés Pérez | En un partido descomunal, legendario, disputadísimo, agrio, sucio, enquistado y brillante, el Madrid se reinventó a sí mismo para conquistar la Copa del Rey diecisiete años después de que lo hiciera por última vez. Lo hizo ahogando al Barça, planteando un partido extenuante en la parcela física, doblando cada ayuda en defensa, concentrado en cada acción y disputando cada balón como si el devenir de la final dependiera de él. No le caben reproches al esquema táctico de Mourinho, de nuevo sagaz, ni a la ejecución práctica de los futbolistas del Madrid, que, y he aquí la noticia, lograron anular durante más de medio partido la capacidad ofensiva del Barcelona. Lo que en un principio no era más que una utopía, el Madrid lo hizo realidad. Hizo de su partido un súmum de decisiones acertadas a costa del Barça, a ratos brillante, impotente en el plano físico y perdido en lo superfluo.

Vaya por delante que la consecución del título por parte del Madrid no obedece a demérito ajeno sino a la exaltación de las virtudes propias. Lejos de cualquier maniqueísmo, la contraposición de estilos deparó un choque excesivamente vibrante, chispeante por momentos, pasado de revoluciones en ocasiones, precioso en su tónica general por la intensidad con la que se jugó por ambos bandos. Tanto Barcelona como Madrid jugaron un partido excelso determinado en una de las muchas acciones que podían haber sido el punto de inflexión y que no fueron: un cabezazo superlativo de Cristiano Ronaldo, suspendido en el aire como los mejores cabeceadores de siempre, tras una combinación en la banda izquierda entre Di María y Marcelo cuando el Madrid conseguía equilibrar la balanza tras cuarenta y cinco minutos a contracorriente víctima de su propia condición humana, impotente en lo físico y aferrado a la genialidad del impasible y eterno Iker Casillas, determinante un día más, una final más, un torneo más. Su palmarés es ya de leyenda.


Decíamos ayer que todo el problema del Madrid el sábado pasado no fue tanto el planteamiento defensivo como el ofensivo, puesto que al juntar tanto las líneas el Madrid perdía el hilo en ataque y llegaba esporádicamente, sin orden ni continuidad, fruto más bien del inevitable cese de espacios del Barcelona antes que de la capacidad ofensiva de sus delanteros. Mourinho solucionó tal problema adelantando las líneas varios metros. El planteamiento del Madrid fue el mismo que ejecutó en el Bernabéu días atrás solo que más cerca del área de Pinto. Las recuperaciones ahora serían un peligro inminente para el Barcelona y el inicio de las jugadas del conjunto de Guardiola distaría demasiado de la zona de peligro de sus mejores jugadores. Dicho y hecho, con un Pepe omnipresente ejerciendo de delantero, centrocampista llegador y destructor a un mismo tiempo, el Barcelona no se encontró.

Se perdió en la maraña táctica que creó Mourinho, Xabi Alonso y Khedira estelares en las ayudas a sus centrales, así como Ozil y Di María, carrileros y extremos a partes iguales, interiores en defensa cuando Messi o Iniesta acudían a sus bandas, emparejándose con Alves o Adriano cuando éstos subían. El Barça no iniciaba las jugadas con fluidez, sus delanteros no exigían el balón al espacio, Messi pecaba de intrascendente lejos del área de Casillas e Iniesta y Xavi sólo encontraban enemigos cuando levantaban la cabeza. Fue el peor primer tiempo del Barcelona de Guardiola, que a excepción de un lejano disparo y varios saques de esquina fue incapaz de crear peligro a Casillas. No así el Madrid, que rascó abajo y buscó con efusividad a Ronaldo, anoche de ariete, por medio de Ozil. Llegaba más el Madrid, en una ocasión Ronaldo disparando seco para que Pinto repeliera y en otra Pepe elevándose por encima de Alves rematando al palo cuando todo parecía indicar que el balón terminaría en la red.


Se había reinventado el Madrid y había descubierto debilidades en el Barcelona, intimidado en el plano físico y desnortado en la creación de su fútbol, demasiado lejos, demasiado previsible, demasiado lento, demasiados rivales. Mourinho hizo de su defensa una trinchera y Villa murió en ella, perdido en sus propias disputas incluso cuando, ya en la segunda parte, el Barça confirmó que la capacidad de resistencia del Madrid, incluida la de un grandioso Pepe, era humana. Por tendencia natural, el equipo del técnico portugués se había inmolado persiguiendo centrocampistas, presionando, corriendo hacia atrás y lanzando a sus delanteros. Cuando los pulmones fallaron, apareció Iniesta y dotó de sentido al hasta aquel momento ineficaz ataque del Barça.

Iniesta comenzó a levitar sobre el césped de Mestalla y acercó a su equipo al área de Casillas. Para entonces el Barça había eliminado cualquier rastro de la capacidad ofensiva del Madrid. Para entonces Ramos y Carvalho eran los mejores soldados con los que se podía compartir trinchera, imperiales ambos. Junto a ellos Casillas, genio hasta la tumba. Siempre guiado por Iniesta, clarividente y suave como en sus mejores ocasiones, el Barça se encontró hasta en tres ocasiones con Casillas. Primero Messi, más tarde Pedro y finalmente el propio Iniesta, en un paradón inverosímil del arquero madrileño. Corría el minuto 70 y parecía cuestión de tiempo que el Madrid, sólido atrás pero un trapo en manos de Iniesta y de un revitalizado Messi, sucumbiera ante el aluvión de paredes, velocidad en los metros finales y capacidad creativa del Barça. Sin embargo la luz se apagó. También para el Barça. Y lo que restó después fue supervivencia.

Porque el Madrid se reinventó de nuevo y extrajo fuerzas no se sabe muy bien de donde para asustar en dos ocasiones a Pinto, la última Di María, maratoniano anoche, mandando el balón a la escuadra. La respuesta de Pinto fue el último acto antes del tiempo de prolongación. Para entonces la batalla a los puntos estaba igualada, el partido era una delicia y el Barça había intentado recuperar el hilo perdido en los últimos minutos de la segunda parte. Lo consiguió a duras penas y nunca en la misma medida apabullante del segundo periodo. Fue el Madrid quien finalmente, en una triangulación esplendorosa entre Marcelo y Di María, encontró el vuelo de Ronaldo para sentenciar la Copa, ya que de ahí al final sería el propio Madrid quien dispusiera de las mejores ocasiones.

Había resucitado el conjunto de Mourinho. Había ganado la Copa merecidamente y había espantado los fantasmas. Más aún: había demostrado que el Barça, uno de los mejores equipos de siempre, es falible. Y ese era el punto de partida necesario para disputarle la hegemonía.

Imagen | El País

miércoles, 25 de agosto de 2010

La no clasificación del Sevilla no es un drama

Andrés Pérez | Y el titular ha de entenderse como una frase pronunciada por un espectador ajeno al sevillismo y subjetivamente honesto —siempre he detestado el término objetividad—. Esto es: para el aficionado del Sevilla, como es lógico, la derrota sufrida en la Supercopa de España y la eliminación posterior con dos derrotas ante un equipo de perfil muy bajo para la competición europea son dos batacazos sentimentales de altura. Sucede, sin embargo, que ambos hechos son consecuencia lógica de una realidad algo menos edulcorada de lo que se creía.

Primero los honores: el Sevilla es un grandísimo equipo que representa el buen hacer y el crecimiento escalón a escalón conjugando sabiamente la labor de la cantera y unos recursos económicos limitados pero increíblemente bien utilizados. Todo equipo de mitad de tabla hacia abajo que se precie debería fijarse en el Sevilla e intentar seguir su estela. Del pozo de Segunda y de una remota Liga prácticamente olvidada en el imaginario colectivo, el Sevilla pasó a llevarse dos Copas del Rey, dos Uefas, una Supercopa de Europa y otra de España. Es un palmarés espectacular y conseguido en un muy escaso margen de tiempo. Tan corto, que muchos jugadores, el bloque, la médula espinal, han estado presentes en todos y cada uno de ellos.

Además el Sevilla ha sabido vender bien y reinventarse. Las marchas de Sergio Ramos y Baptista parecían una losa. No lo fueron. La venta de Alves o Keita podían hacer desvanecer el empuje del conjunto: no lo hicieron parcialmente. En suma, una gestión excelente. Una vez recordado todo esto, cabe decir que el Sevilla no es un equipo que esté en la primera línea de la Champions League y su ausencia apenas será recordada como un factor sorpresivo para el resto de candidatos. A pesar de lo que Del Nido dijera el año pasado, el Sevilla nunca fue candidato potencial a alzarse con el trofeo continental.

Muy lejos de aquello quea ahora la realidad del Sevilla. A pesar de su buen hacer, el Sevilla sigue siendo un equipo incapaz de luchar por un título de más altas miras como la Liga y la Copa de Europa. La primera es coto privado de dos clubes, la segunda es un cetro inalcanzable habida cuenta del nivel de los conjuntos extranjeros candidatos al título. Así las cosas, el Sevilla haría bien en resignarse nada infelizmente a la Copa del Rey y a un título que puede ser apreciado menor como la Europa League, pero que no lo es. Centrado en la competición menor del fútbol europeo es más peligroso que desvivido en la Copa de Europa. Más aún: la afición disfrutará más la ilusión de alzar un nuevo título y seguir haciendo historia que un hipotético pase a los cuartos de final. Así que no. La no clasificación del Sevilla para la Champions League no es ningún drama.

Lectura recomendada | Batacazo del Sevilla (El País)
Imagen | Marca

miércoles, 16 de junio de 2010

Capítulo 6 | Entre lo paranormal y lo racional: España tropieza ante Suiza

Andrés Pérez | Podía suceder y sucedió aunque fuera improbable: Suiza venció a España en el primer partido del combinado nacional en el Mundial. Fracaso, decepción, desastre, hecatombre, hundimiento, pueden buscar todas las definiciones que quieran en el diccionario pero todas se quedarán cortas y serán una absurda exageración muy española al mismo tiempo. Se quedarán cortas: perder contra Suiza es peligroso y es una mala noticia porque se trata de un equipo menor a España; son exageradas: perder contra Suiza no nos echa del Mundial ni nos resta un ápice de capacidad para llegar lejos o ganarlo.

Cuando la selección pierde partidos como éste, al que no hay que restarle drama pero tampoco sumárselo, llegan los comentarios de toda la vida, el prototipo de español cenizo que por la mañana anda eufórico y por la tarde es un alma desgraciada implorando a las brujas, las meigas y los fenómenos paranormales que se detenga su injusta tortura. Es la Selección un aglutinador de radicales sentimentales incapaces de apartar lo racional de lo emocional, y aunque suene absurdo, quién sabe hasta qué punto ese conjunto de efluvios químicos que rodea al equipo le puede afectar.

Sea como fuere y después de ese inciso extra-futbolístico, Suiza ganó con el mismo merecimiento que el Inter cuando eliminó al Barcelona en el Camp Nou. Con más, si cabe, porque Suiza es un equipo mucho menor en comparación a España que el Inter en relación al Barcelona. Ante la que parecía la candidata número uno y ante la que mejor jugaba al fútbol, esto es, ante una de las mejores selecciones sino la mejor, Suiza hizo lo que tenía que hacer: montar una muralla defensiva y aprovechar una de las dos ocasiones que iba a tener a lo largo del partido. No es antifútbol, es inteligencia. Y Suiza fue inteligente, amén de afortunada: su gol es fruto de cinco rebotes.

Frente al orden y al muro suizo España planteó un partido algo lento pero progresivamente dañino para Suiza, que no dejaba de correr tras el balón. En la primera parte España contó con suficientes ocasiones como para adelantarse en el marcador, y de haberlo hecho estaríamos hablando de una historia muy diferente. No lo hizo, marró, permitió a Suiza marcar y fruto de la ansiedad no supo afrontar una posible remontada. Reaccionó tarde Del Bosque o quizá el error consistió en que jamás tenía que haber reaccionado: en partidos como éste Busquets es un estorbo.

Salieron Navas y Torres y España condicionó su juego al poderío del sevillano en la banda derecha. Inspirado como parecía Navas, España fabricó suficientes ocasiones, de nuevo, como para empatar: un disparo de Iniesta que se escapó a escasos centímetros del palo de la portería Suiza y una jugada en la que Torres demostró no estar físicamente disponible, pero clara. Se lesionó Iniesta en una fuerte entrada de los suizos, a los que no cabe achacarles violencia, entró Pedro, Xabi Alonso estrelló un balón en el larguero y Navas casi rompe la red en un disparo lejano.

Pero nada más. España no trianguló en el mediocampo ante la falta de apoyos que encontró Xavi, ni Torres ni Villa se mostraron activos en la recepción del balón entre líneas, y por las bandas Capdevilla anduvo desconectado y demostrando sus carencias y Sergio Ramos se lesionó cuando estaba siendo el mejor jugador de España. ¿Desastre? Quizá. Pero ni antes éramos el Bayer Leverkusen ni ahora somos la última mierda que cagó Pilatos, como dijera Manolo Preciado. España ha caído ante Suiza y es decepcionante. Pero el equipo es el mismo, los rivales también y la trayectoria de España, de esta España, no de la España del 98 a pesar de su fantasma ni la del 78 a pesar de Cardeñosa, invita a la confianza.

Yo no la he perdido. Sería irracional y absurdo hacerlo. Ahora, quien se quiera aferrar a las meigas, las brujas, los santos y lo paranormal para sumirse en la desesperación y en el fatalismo, está en todo su derecho.

P.D.1

En el partido de la una y media Chile despachó a Honduras sin mayor complicación. Probablemente mereciera más y demostró ser una selección muy complicada. España tendrá que vencer tanto a Honduras como a Chile para pasar a octavos.

P.D.2

Es en estos días uno encuentra el rencor y la mediocridad por doquier. Ésta es la noticia que encabeza la portada del diario deportivo argentino más afamado, Olé: "¿Candidato? Joder..." Y nos quejamos de Inda.

Más Mundial | España descarrila en la primera curva (Enrique Ballester en Diarios de Fútbol) | Sangrante derrota de España (Fran Castarlenas en Let's Dance To Goal) | ¿Pesimista? No, realista (Sergio Santomé en Planeta Fútbol)
Imagen | El País

domingo, 25 de abril de 2010

El Ministerio de la Muerte


Andrés Pérez | Cuidado.

Si pasean ustedes por Zaragoza anden con ojo. Hay un grupúsculo de once personas cuyo oficio es deshollar seres vivos. Si les ven, cámbiense de acera. Corran. Huyan. Llamen a la policía. O al Equipo A. Pero jamás, repito, jamás, se acerquen a ellos. Son máquinas preparadas para la aniquilación.

¿Creen que exagero? Ese no soy yo. Repasando la prensa deportiva de hoy uno imagina que en el vestuario del Zaragoza no reparten botas, sino navajas. Al parecer, el partido de ayer en el que el Madrid salió victorioso, se asemejó a la batalla de Kursk, con once futbolistas vestidos de blanco representando al Ministerio de la Muerte. Contini y Eliseu los señalados. El resto, cómplices —la negrita es mía—:

Nunca le importó la de Casillas, acomplejado como estuvo toda la noche, sólo gallardo para el cuerpo a cuerpo. Por si fuera poco, perdió a Suazo, con el hombro derecho tendido hasta por tres veces. Poco más tiene el Zaragoza, por mucho que se remendara en el mercado invernal. Al equipo le falta un guión, carece de genética y algunos de los recién llegados necesitan un diván. Eliseu, por ejemplo, al que el árbitro consintió su particularísimo combate pugilístico. Con Contini no le quedó más remedio. Su codazo a Higuaín fue un navajazo sin sentido para su equipo, por mucho que Undiano propiciara la barra libre.

Lo cuenta Jesús Sámano en El País, en la habitualmente brillante sección de deportes. La crónica del redactor del diario de Prisa del encuentro de anoche no destaca precisamente por su calidad, ya que parece más bien un parte de guerra en el cual el enemigo masacró sin piedad. Ya saben, cabezas rodando y piernas a modo de bayonetas. "Por mucho que Undiano propiciara la barra libre", y un jugador del Madrid murió en el terreno de juego.

Violencia, sangre, sudor, lágrimas, morbo, ventas.

Undiano no pitó un penalti a Higuaín, perdonó la expulsión a Eliseu y retardó la de Contini

Ese es un titular de la web de As. A lo citado, le falta añadir un contundente "y merecen ir todos a la cárcel". Sería el perfecto colofón. Es el Zaragoza un equipo indudablemente violento a tenor de lo leído tras el encuentro frente al Madrid y el Atlético, donde Reyes rozó la mutilación pero Ander Herrera sufrió los conocidos lances del juego.

Ayer también. No se lee gran cosa de las reiteradas faltas de Xabi Alonso al canterano ni, para qué narices contarlo, la clamorosa agresión cobarde de Sergio Ramos, ese buen central de cabeza alborotada. Tras el lamentable codazo de Contini a Higuaín, el teatro exagerado del argentino a falta de argumentos futbolísticos mejores y la consiguiente y justa expulsión, las cámaras captan a Herrera volando entre la trifulca.

La respuesta se encuentra en Sergio Ramos. Su acción, sin embargo, no queda recogida en ningún medio observado por este blog hasta la fecha. Se ve que es la justa represalia ante la barbarie perpetrada por el Zaragoza, ese conjunto de hombres sacados de La Naranja Mecánica. Pongan música de Beethoven al partido de ayer. Seguro que así la dramatización es completa.

P.D.

Y de regalo, aquí tienen una recreación bastante fidedigna de la charla previa al partido de José Aurelio Gay a sus jugadores.



Imagen | Qué

jueves, 4 de marzo de 2010

Una sensación de superioridad insultante

Andrés Pérez | Lo nunca visto: España se basta ya únicamente con su capacidad de intimidación. Aquello de lo que, precisamente, siempre adolecía. A la sencilla compenetración de todos los futbolistas, la sensación de ser un equipo antes que una selección, la calidad de todos los futbolistas titulares y suplentes y el fútbol virtuoso que ponen en práctica se le une ahora la capacidad de dominar al rival a su gusto. Anoche España se impuso a Francia dónde y cuando quiso. Marcó el ritmo del partido y decidió quién atacaba y cómo. Fue la auténtica dueña del partido.

No es de extrañar, pues, que ante tal tesitura, L'Equipe, en su versión digital, titulara "España se pasea en el Stade de France". En efecto, a pesar de no mantener un juego constante a nivel ofensivo durante todo el encuentro, España se bastó de dos momentos iluminados para finiquitar el amistoso ante una Francia desesperada y desesperante, sin ideas y asentada en futbolistas de más corte táctico que técnico. Dos destellos, de cinco minutos, en los que, en la primera parte, el conjunto de Del Bosque decidió acabar con el partido.

El resto fue un soporífero espectáculo de auto-flagelación para el aficionado francés y un aburrido por emocionante, dadas las circunstancias, encuentro para el seguidor español, que pudo ver cómo su selección se regodeaba andando, repito, andando, frente a su eterna bestia negra. La salida de Xavi en la segunda parte no hizo más que redundar en lo mismo: posesión del balón cuando y cómo quería el combinado nacional. En los momentos en los que se perdía la posesión, España tampoco sufría: ni el ataque de Francia es lo suficientemente poderoso ni la defensa de España hubo de esforzarse lo más mínimo, apenas sufrió, demostrando otra gran virtud del equipo de Del Bosque. La capacidad defensiva.

En la primera parte fue insultante el modo en el cual los Iniesta, Fábregas, Villa, Silva Busquets y Xabi Alonso presionaban, un poco, tampoco demasiado, a la defensa francesa que, ante la falta de ideas, siempre recurría al pelotazo. En tal tesitura, y con un Xabi Alonso espléndido en la recuperación, cualquier fallo de los galos supondría el gol. Así fue. Primero Villa y luego Sergio Ramos. España se largo de París con la sensación de haber domado a Francia de un modo escandalosamente ofensivo para el orgullo de los jugadores franceses. Terminó el partido sin apenas forzar la máquina. Dio la sensación de ser un equipo no ya grande, sino consciente de que es muy grande.

Vía | L'Equipe
Imagen | Qué.es, Marca

lunes, 29 de junio de 2009

No hablen de Leyenda Negra

Andrés Pérez | Como es de costumbre en este país al mínimo síntoma de debilidad que la selección española, la misma que ha batido todos los récordos de victorias consecutivas, partidos invicta y para colmo de bienes se ha proclamado campeona de Europa, ha mostrado el fatalismo ha resurgido. España cayó frente a Estados Unidos y se despidió tercera de la Copa Confederaciones gracias a que Güiza salvó los muebles frente a Sudáfrica en el partido del tercer y cuarto puesto, una patraña de la FIFA. La selección se despide del país africano con un balance desolador. Del buen juego ni rastro, de los goles tan sólo ante Nueva Zelanda y de partidos frente a selecciones presumiblemente rivales en el Mundial nada. Cero. Niet. En efecto no es una buena noticia. España ha llegado cansada y desmotivada a un torneo desprestigiado cuyo único aliciente es medirse a rivales de la talla de Brasil. Siquiera ese objetivo ha sido conseguido por lo que sin paliativos se puede decir que el paso del conjunto de Del Bosque por la competición ha sido un estrepitoso fra-ca-so.

Ahora bien. No seré yo quien dilapide ahora a la selección que hace un año obtuvo el cetro europeo. No sería justo ni real aunque haya carencias notables a pulir. Conviene empezar por los fallos, ya saben, para invitar al optimismo una vez analizados los problemas. Del Bosque no es Aragonés, no es ninguna novedad pero es lo más concluyente que se puede extraer de la estancia en Sudáfrica. Quien antaño ganara la Copa de Europa con el Madrid ni ha mantenido la línea de su predecesor ni la ha mejorado. En la Eurocopa, España jugaba con tres mediapuntas cuando no eran cuatro con la inclusión de Fábregas. Todos ellos por delante de Senna, un único recuperador. A priori una tarea imposible y un suicidio futbolístico. Sin embargo en la abrumadora posesión de balón y en la exhuberante calidad de los mediapuntas residió la clave del éxito. La mejor defensa era un buen ataque y España no sufrió en la retaguardia ni en semifinales ni en la final. Todo un logro, toda una lección de fútbol.

Sin embargo la llegada del Del Bosque ha enterrado en cierto modo la utopía de un centro del campo poblado de jugadores aparantemente incompatibles. Incompetibles puesto que, en teoría, reúnen características semejantes y se mueven en la misma franja del campo. En teoría, no en la práctica. La utopía la confirmó Luis en Viena: se puede jugar con cuatro genios a la vez, sin atender a las bandas ni al tacticismo. Del Bosque en esta Copa y como venía haciendo no ha hecho más que enterrar el sueño de quienes creen en un fútbol plenamente preciosista. Es cierto que faltaba Iniesta y que Silva no estaba en su mejor nivel, pero no es menos cierto que la posición de Villa no ha sido tan retrasada como lo fue en los primeros compases de la Eurocopa o que Xavi ha jugado retrasadísimo, prácticamente a la altura de Xabi Alonso. El espíritu de posesión se mantenía, pero sin el fútbol asociativo de antaño, sin toda una amalgama de jugones alrededor del área. El toque se ha retrasado hacia el medio campo y por tanto, ha aumentado el peligro de no hacer daño a defensas parapetadas frente a su portería.

Tal esquema provoca que Xavi tenga que recorrer mucho campo para asistir a los delanteros, Villa y Torres, ahogados y sin espacios. A excepción de Nueva Zelanda, todos los equipos se han sabido defender de España. No hablamos de selecciones de estima, en absoluto. Sudáfrica, Irak y Estados Unidos. Ante ese panorama, ante un bloqueo insalvable, las bandas se han presentado como la única vía de escape. Así se ganó a Irak, con un centro de Capdevilla y así llegó una y otra vez España al área de Estados Unidos, por medio de Sergio Ramos. Bien, está Torres, dirán los más optimistas. Pero no basta. Torres es un gran cabeceador pero está solo, abandonado a su suerte entre dos o tres centrales tan fuertes y altos como él. Los demás no dan la talla en el área, no nacieron para ello, edifican su fútbol en el balón al suelo, en bajar la pelota al piso, no en la guerra aérea.

Los mediapuntas no han existido esta vez. Hemos pasado de cuatro a cero. Xavi no lo era puesto que jugaba prácticamente a la par de Xabi Alonso. Riera es extremo y Cazorla ha estado por completo desaparecido, por no hablar de Fábregas, quien fue el mejor frente a los americanos pero fue sustituido. Sobre él recaía la misión de enlazar con Villa y Torres pero el esquema de Del Bosque le desplazaba hacia la derecha, perdiendo la asociación adecuada con Xavi. Del fútbol de toque y un socio en cada esquina hemos pasado a la soledad de cada uno de sus componentes. He ahí la clave del fracaso. Porque no conviene engañarse. España ha fracasado.

Sea como fuere la inesperada eliminación no ha de ser necesariamente un drama. Se ha hecho mal pero hay razones de peso para creer que tal desastre no se repetirá en el Mundial. Por lo pronto, la temporada ha hecho mucho daño a determinados jugadores, como los del Barça, agotados, fulminados tras una temproada extenuante. Es posible que el próximo año tal situación se repita, pero entendamos que la temporada terminará mucho antes. Para todos. El grupo tiene calidad, está unido, y a pesar de todo, a pesar del fatalismo imperante, de los medios de comunicación morbosos y lamentables intentando vendernos que la leyenda negra resucita y que la Eurocopa fue flor de un día, seguimos estando ante la mejor generación de futbolistas que este país haya contemplado jamás. Faltaba Iniesta, faltaba Senna, faltaba Silva mentalmente a pesar de su presencia constante en el banquillo. Faltaban los pilares básicos, la filosofía, el espíritu y sobre todo la motivación necesaria para afrontar un torneo de estas características. Conviene pulir los errores sin perder la perspectiva. El equipo sigue siendo el mismo. Su fútbol no ha variado. Del Bosque tendrá que aprender de esta experiencia. Obviando la contumaz estupidez de la leyenda negra.

Vía | El País, Marca, Más que Fútbol
Imagen | Marca

lunes, 4 de mayo de 2009

Xavi en mayúsculas (Real Madrid 2 - 6 Barcelona)

Andrés Pérez | Si algo positivo pudo extraer el Real Madrid del partido del sábado es sin duda, que las formas importan. El cotejo, los preliminares, la elegancia, la palabra, la cena en sí misma son requisitos indispensables a la hora de seducir a una mujer o a un hombre. Sucede exactamente lo mismo en el fútbol. El éxito no entiende de caminos puesto que innumerables son los ejemplos de equipos grises campeones, pero, hay sendas gloriosas donde la probabilidad de alzarse con la victoria siempre es superior. Voy más allá. No ya de alzarse, sino de proclamarse historia pura del balompié, de pasar a los anales dorados de este deporte que tan capaz es de cautivar a la sociedad. La victoria puede serlo todo, no lo negaré, pero edulcorada ella con pequeñas porciones hedonistas, con trazos placenteros de un cuadro dibujado para la gloria, siempre sabe al paladar mucho mejor. El Barça de Guardiola y de Xavi lo sabe. El Madrid de Juande y de dos años de nefasta gestión deportiva a pesar de los títulos ligueros no. Nadie se acordará de quienes alcanzaron dos ligas vulgarmente. Todos guardaremos en nuestros más gratos recuerdos de un equipo creado no para la gloria, sino para el disfrute propio y ajeno. El Barça anotó seis goles en el Bernabeú. No hubo justicia. En fútbol, tal término no existe. El Bernabeú asistió a una dosis de realismo no por esperada menos impactante.

Insisto en que el Barça puede haber mostrado la vía hacia la gloria para el Real Madrid. No hacia la misma sino el camino correcto para hacerlo. Los grandes clubes, al menos en España, siempre tienen la obligación de ganar y de hacerlo soberanamente, con elegacia, cortejando el balón, haciendo de cada jugada algo digno por lo que pagar la entrada. No basta con la épica, la gloria, la raza o la casta, tampoco con el espíritu de Juanito. Si acaso todo ello debe ser la rebeldía de un équipo que se sabe grande, al que la historia le empuja, pero como recurso último cuando las demás armas, las que hacen de los equipos historia viva de este deporte, se hayan agotado. Cuando la munición futbolística escasee. Es entonces cuando la épica deja atrás cualquier axioma lógico y permite el paso a la locura y el desenfreno. Suelen ser contadas las ocasiones en las que tales arrebatos de locura permiten alzarse entre la mediocridad y, no conviene negarlo, pocos equipos, tales como el Madrid, están capacitados para vencer por el puro y simplista hecho de portar un escudo o una zamarra.

Sin embargo y redundo en lo mismo, todo ello no basta. El público siempre exigente necesita de algo más que todo aquello. El Real Madrid caminó el sábado sin saberlo y el Barça planteó su temporada desde ese punto de vista. La diferencia es abismal. Tano cualitativa como psicológica. Hubo un equipo que saltó al campo con un plan, un estilo, una filosofía que aplicar en la práctica y hubo otro que salió en su propio campo a verlas venir, a esperar que el equipo rival, atemorizado por la leyenda de su propio nombre, sucumbiera ante los desafiantes arrebatos enajenados de once jugadores exentos de calidad exhuberante pero no de coraje. No sirvió para nada porque enfrente se postraba un equipo cimentado en el buen fútbol, en la soberana tranquilidad de Xavi en cada jugada que hila, en la elegancia de un rejuvenecido Henry, en la seguridad infranqueable de Piqué, en la genialida de Messi, en un compendio de todo ello llamado Iniesta y en un entrenador que mama de una escuela legendiaria basada en el buen fútbol, el de tocar y moverse, el de jugar fácil y bonito, ofensivamente, pensando siempre en uno mismo y no en el rival. Fallará el Barça porque es mortal, pero lo hará siendo fiel a su filosofía. Como lo fue España este verano. La memoria colectiva no entiende de momentos puntuales como los del Madrid ante el Getafe. Nadie osará pensar que el Madrid de la Quinta del Buitre es uno de los mejores equipos de la historia, a pesar de todo, a pesar de ser un gran equipo. Sin embargo, victorias aparte, todos recordaremos la Holanda de Cruijff. El resultadismo es temporal. La belleza, eterna.

Que el Barça marcara seis tantos en el Bernabeú resume todo el partido, toda la temporada. No caben paliativos. La Liga recaerá en Barcelona con todo merecimiento. El partido del sábado no hizo más que reflejar la trayectoria de ambos equipos durante toda la temporada. Se adelantó el Madrid pero el Barça, guiado por un Xavi para la historia, no se mostró nervioso ni se sumió en la histeria colectiva. Conocedor del ímpetu madridista templó los ánimos a base de fútbol, de triangulaciones interminables en el medio campo, de verticalidad supina, de un Messi estelar y de un Henry que, al igual que Ronaldinho en 2006, mostró las vergüenzas de un Sergio Ramos cada día más endeble en las citas importantes. No es un gran defensor, nadie debe olvidarlo. Es un excelente lateral valiente con proyección ofensiva pero no el lateral derecho definitivo. Cometió tres fallos imperdonables en su banda. El segundo gol de Henry fue absolutamente sangrante. Decíamos que, tras el gol de Higuaín —amén del gol desaparecido, una vez más en una cita importante, por completo— el Barcelona cimentó su victoria a base de tranquilidad y fútbol. Tres goles remontaron el tanto madridista y cuando en la segunda parte de nuevo el Madrid pareció animarse, otros tres goles echaron por tierra la esperanza blanca. No había Liga por más que parara Casillas, el único hombre realmente válido para un club de la categoría del Madrid.

Se terminó la Liga. La eterna persecución. Se terminó este Madrid de entretiempo que ha cosechado dos Ligas y tres fracasos en Europa, allí donde se mide el nivel de los grandes equipos. El Real Madrid, este Real Madrid, nunca fue un equipo solvente y siempre careció de grandes estrellas, suplantadas por un rigor y un compromiso envidiables. Lo decíamos hace poco. Siempre fue encomiable el tesón del equipo de Juande en su empeño por echar por tierra la magnífica temporada del Barcelona —cien goles y 85 puntos a falta de varias jornadas— pero no era más que el espejismo de una Liga de nivel paupérrimo y de un equipo sin compromisos europeos ni coperos y de otro que jugada cada semana dos partidos. Quizá todo se reduzca a una jugada. El sexto gol. Piqué, con tres goles de ventaja a falta de diez minutos arrancó desde su defensa tras un robo para marcar gol. Un central. Un aventajado central. Fútbol espectáculo incluso en la definición, hoy por hoy, no le caben defectos al Barcelona. Supuso lo del sábado el triunfo de una filosofía frente a un planteamiento pragmático debido a las circunstancias. Es suyo el mérito y de nadie más. Alaben hoy a Xavi puesto que él hace un fútbol de otro planeta. Es el jugador perfecto quizá para ejemplificar qué es este Barça. Su partido del Bernabeú es digno para enmarcar. Haría bien el Real Madrid en visualizar todas sus jugadas durante un mes. Aprenderían algo quizá. Sea como fuere, el Madrid volverá. El camino ya lo ha mostrado el Barça. Los títulos se olvidan. El fútbol, el buen fútbol, es eterno.



Vía | Más que Fútbol, YouTube
Imagen | El Mundo, Marca, El País, As

Más que Fútbol ● 2009

jueves, 12 de febrero de 2009

Probablemente la mejor selección del mundo (España 2 - 0 Inglaterra)

Andrés Pérez | Digo más. El probablemente es puro eufemismo, corrección política, tan dada a nuestros tiempos. Probablemente indica que no hay seguridad en tu afirmación y yo creo firmemente que España, hoy por hoy y a tenor de lo visto una vez más, es la mejor selección del planeta. Sin parangón alguno. No hablo ya de resultados, ni de individualidades; tampoco quiero centrarme en títulos conseguidos recientemente ni en el futuro inmediato que pueda tener el equipo. España es la mejor porque practica un fútbol imposible para el resto, un fútbol que en absoluto tiene que envidiar algo a la mejor Brasil de 1970 o a la Holanda de Cruijff. Inglaterra lo sufrió ayer, con un equipo mediocre que justo le dio para capear el temporal español, mediada la segunda parte, lo mejor que pudo. Si hay algo achacable a España, cosa que dudo, es la poca agresividad que muestra en determinadas ocasiones. No es un mal mayor puesto que se ganó la Eurocopa con idéntica poca atracción por la goleada, pero es un pequeño resquicio por el que en un próximo Mundial una selección de un calibre mayor al de una pésima Inglaterra, puede destrozar el sueño de ser campeones del mundo. Un sueño, por muy repetitivo que se antoje, cada vez más real.

España da motivos para soñar. Dejando a un lado la espléndida Eurocopa, el equipo es precisamente eso. Un equipo. España no se sustenta en el individuo sino en el colectivo y eso provoca que estando incluso cualquier figura de primer nivel de la selección, que sin duda los tiene, a un ritmo bajo o en un segundo plano, el resto se eleva ante las adversidades para sacar de sí mismo lo mejor que tenga. Desconozco a estas alturas sin tal demostración de fútbol es la mecha encendida en la Eurocopa y se apagará en pocos meses o, si por el contrario, es el verdadero talento individual que se plasma en el colectivo de cada seleccionado. Probablemente tal disyuntiva se responda a que, en efecto, es la suma de ambas la que conduce a España a la arcadia feliz, sin algún tinte de ironía en éstas últimas palabras. El fútbol roza la perfección cuando la selección lo juega, para desesperación del rival que asiste impotente a un equipo superior en todos los aspectos, sueprlativo, a este ritmo histórico si no lo es ya. Una escuadra absolutamente brillante que nada tiene que envidiarle, definitivamente, tantos años después, a ningún otro.

No es necesario comentar el partido de ayer. No al menos en profundidad. No difiere mucho de cualquier otro a pesar de que el rival diera para que mayores ríos de tinta corrieran en este blog. Inglaterra esperaba enfrente, tiempo después de la escabrosa situación del Bernabeú y de la ya olvidada negativa de la Federación inglesa jugar en el campo madrileño. Es agua pasada. No hay manera mejor de acallar a un rival en cualquier aspecto que otorgándole un precioso baño de fútbol, un regalo para la vista. A pesar de las complicaciones iniciales, comunes para España puesto que el resto ya sabe a qué se enfrenta, la selección supo reponerse y mejor aún, supo adaptarse a las circustancias. Es cierto que cuando se tiene una filosofía con la que morir, conjugado con una calidad colectiva irrepetible, los éxitos llegan, pero la filosofía está para adaptarla. Y cuando el equipo contrario axfisia, España tiene los sufientes recursos más allá del toque aburrido para el rival y glorioso para el aficionado al que el combinado nacional nos acostumbra. Se aferra a algo más que eso. A una contra probable. A un orden notable. A Villa.

Villa abrió la escasa lata que tenía Inglaterra en su interior. Para entonces, mediada la segunda parte, España no jugaba lo mejor que podía. El extraño planteamiento de Del Bosque, con la banda derecha abandonada exclusivamente para Sergio Ramos y con Xabi Alonso y Senna compartiendo centro del campo, provocó que un desorientado Xavi —lo cual es sí mismo es una contradicción— no engranara como suele el equipo. Torres, notablemente bajo de forma, no se enteraba parcialmente de nada y Villa estaba relativamente perdido en el extraño planteamiento del nuevo seleccionador. Inglaterra, pasito misi pasito misa, mantenía el tipo e incluso planteaba ciertos problemas por su lateral izquierdo, con Ashley Cole y Downing. Sin embargo, a pesar de la visible incomodidad del equipo en su totalidad, los escasos destellos de estilismo sirvieron para que, Villa, en una obra genial, adelantara al conjunto nacional.

De ahí al paraíso. Lo que vino en la segunda parte fue un recital del hoy por hoy mejor centrocampista del mundo y para un servidor, uno de los mejores jugadores españoles de la historia sino el mejor. Hablo de Xavi. Ni Ronaldo, ni Messi, ni Kaka' ni Torres. Que me disculpen el resto de nominados al FIFA World Player pero yo me quedo con Xavi. Juega a otra cosa. Vive en otro mundo, mejor, por supuesto. De su cabeza nacieron los mejores momentos de España que humilló literalmente a Inglaterra, impotente ante tal demostración de calidad de los de Del Bosque. Y junto a Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Senna, Silva y demás gente preparada, destinada más bien, a hacer del fútbol un deporte creado para el entretenimiento de la masa. Cuando España juega, el fútbol, definitivamente, es el opio del pueblo. Por ende, la mejor defensa es un buen ataque. No sirve de nada replegarse atrás. No sirve de nada tildar de antiguos a aquellos que ven en el conservadurismo la antítesis del fútbol ententido como espectáculo. No sirve de nada todo ello cuando al tiempo que te humillan, te dominan, te ganan, al tiempo de todo ello decíamos, se defienden inquebrantablemente. España no sufrió atrás. No lo hizo porque quien posee el balón, posee el fútbol. Y, hoy por hoy, quien posee el fútbol es Xavi.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | El Mundo

Más que Fútbol ● 2009

miércoles, 22 de octubre de 2008

La cruda realidad (Juventus 2 - 1 Real Madrid)

Andrés Pérez | Europa es la piedra de toque para el Real Madrid esta temporada. Estaba por ver antes del partido en Il Comunale ante la Juventus cuál era el estado real del equipo blanco frente al resto de candidatos europeos. La Juventus, como leyenda y como italiana, es eterna candidata a llevarse un título que escasea por cantidad en sus vitrinas. Como decía, el partido de ayer para el Real Madrid suponía una piedra de toque, una dosis de realidad tras las victorias ante el Atlético de Madrid y el Zénit de San Petersburgo, dos rivales de entidad. Y resultó que la dosis fue más letal de lo esperado, más descorazonadora de lo que se pudiera esperar. Realmente el Madrid jugó a lo único que sabe jugar, a nada más bien. Ante un equipo bien ordenado atrás y con la calidad de la Juve arriba el equipo sufre, porque no crea juego y su tradicional estilo metalúrgico y poco vistoso se apaga ante un equipo que lleva toda la vida enseñando como se juega a la defensiva. Dando lecciones maestras añado, como la de ayer. La Juventus sabe manejar como nadie el aspecto psicológico sobre el terreno de juego, y a los pocos minutos de empezar cada parte había endosado ya dos goles al equipo español. Aquí estoy yo, vino a decir. Y el Madrid cayó inconsciente.

No habían pasado siquiera cinco minutos cuando Del Piero, el eterno -odiosa comparación la de su partido y el incomensurable Nedved ante la de otros mitos apagados, como Raúl-, perforaba la portería de Casillas tras un fallo garrafal de la defensa. Uno más. Del Piero, que ya no está para largas carreras, vio a Casillas un poco adelantado y armó el disparo con una parábola perfecta para firmar uno de los goles más bonitos en lo que llevamos de competición. A partir de ahí el Madrid se colapsó, sabedor de que no hay plan B cuando el equipo rival juega a lo que suele jugar él mismo. Sneijder no apareció durante 45 minutos y el mediocampo volvió a demostrar que no sabe crear juego sin Guti de por medio. Sergio Ramos y el resto de la defensa se cansaron a lanzar balones largos a la cabeza de Van Nistelrooy, con escaso premio para el delantero holandés para gozo de los defensas turineses. Y sin embargo, a pesar de tener peor equipo y de jugar mucho peor que los de Schuster, la Juve siempre llegaba al área de Casillas con una sensación de peligro constante, normalmente de la mano de Nedved, que con 35 años mantiene un fondo físico envidiable.

Nedved fue el pulmón, una vez más, como durante tantos años, de la Juve. Sus diagonales sin balón volvieron locos a los centrales y al propio Sergio Ramos, que nunca pudo pararle a pesar de lo poco que queda de su otrora velocidad punta. Nedved ordenó con criterio al tiempo que Amauri luchaba abriendo espacios para la entrada de uns segunda línea que nunca llegaba. Cosas de la edad. Del Piero y Nedved siguen siendo los dos mejores jugadores de su equipo, pero no llegan a todo, y de ahí que la Juventus no sea todavía lo que fue. Quizá por eso sea más dolorosa la derrota del Madrid en Il Comunale, porque la Juventus no demostró ser mejor equipo, simplemente mucho más ordenado. Insisto en que la victoria de la Juventus no se debe a su magnífica calidad, que hoy por hoy brilla por su ausencia, sino a su inteligencia a la hora de plantear el partido. Sabían que el Madrid tiene carencias serias cuando tiene que organizar el juego ante un equipo que defiende bien, y sabían también que los de Schuster se han acostumbrado a tener el viento a favor. La evidencia sobre el terreno de juego terminó por despertar a Schuster, quien vio cómo Higuaín luchaba por luchar sin saber muy bien a qué jugar.

Higuaín fue sustituido -tarde- en la segunda parte y entró Robben para dar más profundidad a un equipo plano y aburrido en el que ni Sneijder ni Van der Vaart habían demostrado absolutamente nada de su parangón futbolístico más allá de su disparo desde fuera del área -algo hoy por hoy inherente a cualquier buen centrocampista holandés-. Pero su fogosidad se apagó tan pronto como Pepe le regaló a Nedved un balón en la banda izquierda. El checho centró, Amauri en el segundo palo remató y el balón rebotó en Heinze -defendiendo el segundo palo demasiado por delante de Amauri, que remató a placer- desviándolo hacia la portería de Casillas, que de no haber sido por el toque fatal del argentino hubiera parado el remate. Y vuelta a empezar, un equipo moribundo ante una Juventus pletórica sabedora a su vez de que con poco era superior psicológicamente. Aunque esta vez el Madrid reaccionó acorde a su condición de equipo de raza y casta -dos términos odiosos-. De la mano de un vertical por poco cerebral Robben y de un Sneijder considerablemente recuperado para la causa, los blancos acorralaron una vez más en su historia a la Juventus para buscar la heróica.

Corría el minuto 65' cuando la Juventus comenzaba a defenderse lo más penosamente posible. Ante el aluvión del Madrid -personificado en los trallazos de Sneijder y en los balones colgados que causaron estragos en el área de Manninger- la vieja señora no supo que hacer, y recurrió a la antítesis del fútbol, a su prehistoria, al patadón a la banda como último recurso posible. Quedaban treinta minutos por delante y el Madrid supo buscarle las cosquillas a la Juventus, jugando medianamente ordenado en ataque. Sneijder decidió encerrar a la Juve en su área hasta que tarde o temprano llegara un gol. Y llegó de mano del de siempre, de Van Nistelrooy, que siempre está ahí aunque haya hecho un partido lamentable como el que jugó ayer. Marcó el Madrid y la Juve se quedó sin respuesta ya que Del Piero y Nedved, quienes la habían sostenido hasta ese momento, se desmoronaron físicamente fruto de su avanzada edad. De nuevo, patada a seguir por parte de los italianos y asedio por parte del Madrid. Asedio infructífero. Realmente el Madrid se fue con todo, recordando quién es, pero no consiguió inquietar en exceso a la zaga italiana, que al término del encuentro celebraba la victoria como si hubiera ganado la Copa de Europa en ese mismo instante. Que le pregunten a Chiellini si no. El Madrid ofreció dos caras. La cara amable, la de la segunda parte, la de aunque no haya fútbol como mínimo intentarlo, y la cara desagradable, aquella que muestra cuando se queda sin ideas y no sirve únicamente con la garra y la fuerza. Mucho tendrá que mejorar -como la Juve, por otro lado- para ganar la décima. Mucho, me temo.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008