Mostrando entradas con la etiqueta Juande Ramos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juande Ramos. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de mayo de 2009

Xavi en mayúsculas (Real Madrid 2 - 6 Barcelona)

Andrés Pérez | Si algo positivo pudo extraer el Real Madrid del partido del sábado es sin duda, que las formas importan. El cotejo, los preliminares, la elegancia, la palabra, la cena en sí misma son requisitos indispensables a la hora de seducir a una mujer o a un hombre. Sucede exactamente lo mismo en el fútbol. El éxito no entiende de caminos puesto que innumerables son los ejemplos de equipos grises campeones, pero, hay sendas gloriosas donde la probabilidad de alzarse con la victoria siempre es superior. Voy más allá. No ya de alzarse, sino de proclamarse historia pura del balompié, de pasar a los anales dorados de este deporte que tan capaz es de cautivar a la sociedad. La victoria puede serlo todo, no lo negaré, pero edulcorada ella con pequeñas porciones hedonistas, con trazos placenteros de un cuadro dibujado para la gloria, siempre sabe al paladar mucho mejor. El Barça de Guardiola y de Xavi lo sabe. El Madrid de Juande y de dos años de nefasta gestión deportiva a pesar de los títulos ligueros no. Nadie se acordará de quienes alcanzaron dos ligas vulgarmente. Todos guardaremos en nuestros más gratos recuerdos de un equipo creado no para la gloria, sino para el disfrute propio y ajeno. El Barça anotó seis goles en el Bernabeú. No hubo justicia. En fútbol, tal término no existe. El Bernabeú asistió a una dosis de realismo no por esperada menos impactante.

Insisto en que el Barça puede haber mostrado la vía hacia la gloria para el Real Madrid. No hacia la misma sino el camino correcto para hacerlo. Los grandes clubes, al menos en España, siempre tienen la obligación de ganar y de hacerlo soberanamente, con elegacia, cortejando el balón, haciendo de cada jugada algo digno por lo que pagar la entrada. No basta con la épica, la gloria, la raza o la casta, tampoco con el espíritu de Juanito. Si acaso todo ello debe ser la rebeldía de un équipo que se sabe grande, al que la historia le empuja, pero como recurso último cuando las demás armas, las que hacen de los equipos historia viva de este deporte, se hayan agotado. Cuando la munición futbolística escasee. Es entonces cuando la épica deja atrás cualquier axioma lógico y permite el paso a la locura y el desenfreno. Suelen ser contadas las ocasiones en las que tales arrebatos de locura permiten alzarse entre la mediocridad y, no conviene negarlo, pocos equipos, tales como el Madrid, están capacitados para vencer por el puro y simplista hecho de portar un escudo o una zamarra.

Sin embargo y redundo en lo mismo, todo ello no basta. El público siempre exigente necesita de algo más que todo aquello. El Real Madrid caminó el sábado sin saberlo y el Barça planteó su temporada desde ese punto de vista. La diferencia es abismal. Tano cualitativa como psicológica. Hubo un equipo que saltó al campo con un plan, un estilo, una filosofía que aplicar en la práctica y hubo otro que salió en su propio campo a verlas venir, a esperar que el equipo rival, atemorizado por la leyenda de su propio nombre, sucumbiera ante los desafiantes arrebatos enajenados de once jugadores exentos de calidad exhuberante pero no de coraje. No sirvió para nada porque enfrente se postraba un equipo cimentado en el buen fútbol, en la soberana tranquilidad de Xavi en cada jugada que hila, en la elegancia de un rejuvenecido Henry, en la seguridad infranqueable de Piqué, en la genialida de Messi, en un compendio de todo ello llamado Iniesta y en un entrenador que mama de una escuela legendiaria basada en el buen fútbol, el de tocar y moverse, el de jugar fácil y bonito, ofensivamente, pensando siempre en uno mismo y no en el rival. Fallará el Barça porque es mortal, pero lo hará siendo fiel a su filosofía. Como lo fue España este verano. La memoria colectiva no entiende de momentos puntuales como los del Madrid ante el Getafe. Nadie osará pensar que el Madrid de la Quinta del Buitre es uno de los mejores equipos de la historia, a pesar de todo, a pesar de ser un gran equipo. Sin embargo, victorias aparte, todos recordaremos la Holanda de Cruijff. El resultadismo es temporal. La belleza, eterna.

Que el Barça marcara seis tantos en el Bernabeú resume todo el partido, toda la temporada. No caben paliativos. La Liga recaerá en Barcelona con todo merecimiento. El partido del sábado no hizo más que reflejar la trayectoria de ambos equipos durante toda la temporada. Se adelantó el Madrid pero el Barça, guiado por un Xavi para la historia, no se mostró nervioso ni se sumió en la histeria colectiva. Conocedor del ímpetu madridista templó los ánimos a base de fútbol, de triangulaciones interminables en el medio campo, de verticalidad supina, de un Messi estelar y de un Henry que, al igual que Ronaldinho en 2006, mostró las vergüenzas de un Sergio Ramos cada día más endeble en las citas importantes. No es un gran defensor, nadie debe olvidarlo. Es un excelente lateral valiente con proyección ofensiva pero no el lateral derecho definitivo. Cometió tres fallos imperdonables en su banda. El segundo gol de Henry fue absolutamente sangrante. Decíamos que, tras el gol de Higuaín —amén del gol desaparecido, una vez más en una cita importante, por completo— el Barcelona cimentó su victoria a base de tranquilidad y fútbol. Tres goles remontaron el tanto madridista y cuando en la segunda parte de nuevo el Madrid pareció animarse, otros tres goles echaron por tierra la esperanza blanca. No había Liga por más que parara Casillas, el único hombre realmente válido para un club de la categoría del Madrid.

Se terminó la Liga. La eterna persecución. Se terminó este Madrid de entretiempo que ha cosechado dos Ligas y tres fracasos en Europa, allí donde se mide el nivel de los grandes equipos. El Real Madrid, este Real Madrid, nunca fue un equipo solvente y siempre careció de grandes estrellas, suplantadas por un rigor y un compromiso envidiables. Lo decíamos hace poco. Siempre fue encomiable el tesón del equipo de Juande en su empeño por echar por tierra la magnífica temporada del Barcelona —cien goles y 85 puntos a falta de varias jornadas— pero no era más que el espejismo de una Liga de nivel paupérrimo y de un equipo sin compromisos europeos ni coperos y de otro que jugada cada semana dos partidos. Quizá todo se reduzca a una jugada. El sexto gol. Piqué, con tres goles de ventaja a falta de diez minutos arrancó desde su defensa tras un robo para marcar gol. Un central. Un aventajado central. Fútbol espectáculo incluso en la definición, hoy por hoy, no le caben defectos al Barcelona. Supuso lo del sábado el triunfo de una filosofía frente a un planteamiento pragmático debido a las circunstancias. Es suyo el mérito y de nadie más. Alaben hoy a Xavi puesto que él hace un fútbol de otro planeta. Es el jugador perfecto quizá para ejemplificar qué es este Barça. Su partido del Bernabeú es digno para enmarcar. Haría bien el Real Madrid en visualizar todas sus jugadas durante un mes. Aprenderían algo quizá. Sea como fuere, el Madrid volverá. El camino ya lo ha mostrado el Barça. Los títulos se olvidan. El fútbol, el buen fútbol, es eterno.



Vía | Más que Fútbol, YouTube
Imagen | El Mundo, Marca, El País, As

Más que Fútbol ● 2009

lunes, 15 de diciembre de 2008

Hombres de Honor (Jornada 15)

Andrés Pérez | Se dice con asiduidad que se pierde con honor o que se muere con honor. El honor, como tantos términos abstractos, es un término difuso que cada cual entiende a su manera. Yo no entiendo la derrota honorable, al igual que no entiendo una muerte honorable. Se gana con honor, se vive con honor. En absoluto se pierde con honor, porque la derrota si acaso, es injusta, pero no honorable; al igual que la muerte. Se dijo tras el partido del sábado que el Real Madrid había perdido con honor. Si ya de por sí estoy en contra de las derrotas honoríficas, en ningún caso la puedo aceptar tras al derrota del Real Madrid. El Madrid no perdió ante el Barcelona con honor. Perdió ruinosamente y dando una imagen indigna a su historia, a su escudo y sobre todo a su exacerbado presupuesto de estos tres últimos años. Pareció un equipo nimio, humilde, pequeño, que salió al Camp Nou a defenderse con diez jugadores tras la línea de medio campo. Un equipo sin los arrestos suficientes siquiera para convencerse a sí mismo de que la victoria era posible. Lo más grave no es la derrota, en absoluto. Era previsible. Lo más grave es la predisposición de un club como el Madrid para la derrota, antes de jugar el partido.

Se podrá alegar que el entramado defensivo del Madrid era la única opción viable para frenar el poderío ofensivo del Barça, se podrá alegar que Drenthe y Palanca tuvieron el derbi en sus manos y se podrá alegar que el árbitro debió expulsar a Márquez. El Madrid y la prensa de sus aledaños podrá protegerse tras cualquier muro para evitar reconocer que, más allá de su casta y de su coraje, atributos que nadie se atreve a negarle, el equipo se rebajó a niveles insospechados en el Camp Nou. Parapetado en la muralla defensiva construida por Juande Ramos, Casillas ejerció de héore ante los desmanes del conjunto barcelonés y refutó ante los ojos de medio mundo que el Madrid, lejos de tener un equipo que justifique todo lo invertido en él, demuestra día a día que su fútbol y sus jugadores son mediocres, que sus planteamientos en el campo son equivocados y por supuesto, que el conjunto no tiene los arrestos suficientes para ganar la Copa de Europa, y en segundo término, la Liga. Hoy por hoy, y esto ya no es un problema de Real Madrid en particular, el Barça está por encima de todos. No lo digo por el partido de ayer, en absoluto. El Barcelona tiene un estilo, una filosofía y morirá con ella. Como la tenía España en Austria. Como la tenía el Ajax de Cruijff o el Milan de Sacchi.

La filosofía. Llegamos al fondo de la cuestión, si es que la misma tiene algún fondo. No critico a Juande Ramos porque construyó un despropósito lo mejor que pudo. Es criticable toda la actuación de la directiva y del cuerpo técnico desde el verano pasado hasta hoy, donde el conjunto se encuentra a doce puntos del líder, fuera de los puestos de Copa de Europa y sobrepasado por el Atlético y las circunstancias. Critico en concreto que un equipo como el Real Madrid, con tanta historia de la que se alardea desde el As y el Marca, se rebaje al punto de un dignísimo Recreativo de Huelva o de un no menos digno Getafe, equipos que por su presupuesto y por la calidad de sus jugadores no tienen más remedio que esconderse atrás, esperando la oleada de un equipo superior. Critico que se utilice un doble rasero a la hora de calificar los partidos del Madrid. Hoy la historia pesa y el Madrid no debe jugar como juega pero mañana ante el Barça perder 0-2 y sin haber pasado del mediocampo durante 70 minutos es sinónimo de orgullo y satisfacción, de deberes hechos y de golpe moral al equipo rival. Me cansa la prensa madridista. ¿Nadie lo ve? ¿Nadie ve que el Real Madrid está a doce puntos, camina sin rumbo y se comportó como un club menor ante el Barcelona?

Cuando se sale a no perder normalmente se pierde. Sí, esperaba más del Real Madrid a pesar de su nefasta primera parte de temporada. Y esperaba más precisamente en torno a su historia, tan cacareada desde cualquier esquina blanca que se precie en este país. Un arresto de dignidad y de orgullo reflejado en un fútbol más valiente, no digo ofensivo a ultranza ya que el equipo no está preparado para ello, que pusiera en aprietos constantes al Barcelona. De hecho, en caso de haber apostado por un planteamiento más ofensivo, el equipo hubiera merecido más que una derrota justa. El Barcelona jugó carcomido por la ansiedad, por sus nervios y por la presión infligida por el entorno, que tanto mal hace al fútbol. La presión social, por así decirlo, exigía un 5-0 sin paliativos ni errores. El 2-0 supo a poco lo cual es una incongruencia en sí mismo. El Barça venció justa y merecidamente y el Real Madrid hizo lo propio perdiendo. A unos les viene bien el resultado, a otros, sencillamente y fuera de cualquier discurso moralista en relación al honor de la derrota del sábado, fatal. Y aquí termina para mí un derbi decepcionante por ambas partes. Cada año van a peor.

En lo que respecta al resto de la jornada descubrimos a un Sevilla que camina de nuevo por la senda de la brillantez a costa de un Villarreal que día a día refuta lo aquí escrito de vez en cuando. No soporta el peso de tanto favoritismo ante tan poca historia y experiencia por estos lares. La tendrá, tiempo al tiempo. Golpe a golpe. Golpe a golpe camina el Mallorca que cada día más me recuerda al Real Zaragoza del año pasado. Perdió ante un Getafe que asciende cual espuma en la cerveza y que gana puntos para luchar por Europa, si es que puede, en la recta final de temporada; como luchará el Depor, quien fue humillado en Valladolid, otro aspirante efímero a la gloria europea si mantiene su sorprendente nivel. El Valencia se salvó con lo justo y Emery volvió a demostrar su poco tacto a la hora de utilizar a los reservas, lo cual, en un equipo plagado de lesiones cada año como el Valencia, pasa factura. No pasó ante el Espanyol por la expulsión injusta de Rufete y porque Silva saltó al campo, para alegría de cualquier aficionado al fútbol no sólo español que viera la Eurocopa este verano. El Betis se disparó en un pie cuando pudo empatar en el Calderón, y los allí hospedados, los atléticos, viven más felices que nunca ahora que se sienten superiores al Madrid. ¿Derrota honrosa? Que le pregunten a alguno de los que palmaron esta semana si su honor salva del descenso a final de año.

Resultados | (pincha aquí)

Clasificación | (pincha aquí)

He aquí la prueba del delito |



Vía | As, Marca, Más que Fútbol, YouTube
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008

martes, 9 de diciembre de 2008

No es posible ganar (Jornada 14)

Andrés Pérez | Desde luego que no. No con un equipo descompuesto que funciona a base de adrenalina, no ante un equipazo perfectamente coordinado que funciona a base de la lógica aplastante de Guardiola en el banquillo y Xavi en el campo. El Real Madrid hoy por hoy, y no lo digo yo ojo, lo dice su ex-entrenador, no puede ganar en el Camp Nou. Dicho esto es muy probable que el equipo blanco, fiel a su historia rebelde y tradicionalmente épica consiga llevarse los tres puntos del feudo barcelonista, ya que el fútbol del Madrid y su idiosincrasia actual no atiende a razones, ni a consecuencias, sino a gestas que maquillan una estructura descompuesta —y a juzgar por lo visto en la Asamblea de Socios Compromisarios, corrupta— y un equipo sin rumbo, sin fútbol. Cimentado en la gloria. El Real Madrid lleva tres años practicando equilibrismo sobre un barranco. La suerte, la historia que siempre pesa y la calidad de ciertos jugadores —especialmente notable durante la última temporada— mantuvieron al conjunto en lo más alto del campeonato nacional. Todo eso parece caducar. La suerte es un elemento esquivo, los jugadores marchitan o se lesionan y la historia, no siempre es suficiente. El Real Madrid perdió 3-4 ante el Sevilla en casa. Pero ese es el menor de los problemas, créanme.

Se hunde en un pozo inmenso y lleno de fango en las altas esferas. Tan sólo viendo la Asamblea de Socios Compromisarios uno atisba a comprender la magnitud del problema de la entidad, ya no sólo del equipo. Hablamos de una directiva caciquista, que prentende maquillar su mala gestión con cero críticas, que prentende, digo más, acallar las críticas de la manera más despótica posible. Poniendo buena cara ante el público y la prensa y tratando como la más ruín oposición, el más infiel amante a quienes no creen en Calderón. La gota que colma el vaso no es la censura premeditada. No se engañen. La gota que colma el vaso es la entrada de los energúmenos Ultra Sur en una Asamblea de Socios Compromisarios, de los cuales sin riesgo a la equivocación dudo que haya alguno. Calderón se ampara en los Ultras para maquillar lo inmaquillable y su mandato, más allá de los dos títulos ligueros, pasará a la historia como uno de los más vergonzosos jamás existidos en la entidad blanca. Critica el presidente a Florentino Pérez por marcharse del barco antes de que éste llegara a puerto o naufragara. Él debería hacer lo mismo. O no habrá quien reflote tal petrolero venido a menos.

En este ambiente, tras la vergonzosa Asamblea se presentó el equipo, aquel que determina el estado de ánimo verdadero de la afición, ante el Sevilla. Tal es la desesperación del conjunto que ni siquiera Casillas, hasta la fecha el mejor y más fiable jugador del equipo, responde a las expectativas. Prefiere cavar un hoyo y enterrarlas. Como prefiere hacerlo el Madrid cuando su fútbol siempre se ve superado por el del rival. El Sevilla no fue menos. Kanouté dió una auténtica lección de cómo debe jugar un delantero solitario y al descanso el equipo de Jiménez vencía 1-3 en el Bernabeú. Como a los jugadores del Madrid no se les puede reprochar nada en cuanto a actitud, que no en cuanto a calidad, el equipo de Schuster volvió a recordar aquellas gestas de los dos últimos años y empató el partido en menos de cinco minutos, al inicio del segundo tiempo. El campo volvía a ser un infierno para el equipo rival. No por la épica, ni por la historia, ni por ningun invento extraño que quiera la prensa madridista inventar, sino por Robben, quien hizo de los factores anteriormente nombrados una realidad y no algo etéreo. Sin Robben el equipo hubiera mantenido la misma tónica. Pese a la épica. Pese a la historia.

Cuando el partido era puro espectáculo apareció el árbitro. En Madrid dicen que otra vez. Yo digo que como siempre olvidan cuando se les favorece y recuerdan y lloran amargamente cuando se les perjudica. ¿Alguien tiene en mente el penalty clamoroso de Pepe ante el Huelva que le hubiera dado el empate al Recreativo tras un infame partido del Madrid? ¿Alguien recuerda dos penaltys no pitados al Getafe que hubieran supuesto una humillación histórica? ¿Recuerdas Mijatovic? ¿Recuerdas algo más de lo que te interesa tras tu aire de tipo serio, duro y milimétrico? Sí, el Madrid fue frenado cuando iba a más, en concreto a por un Sevilla despavorido. Pero lo que te quitan hoy te lo darán mañana. Y nadie puede olvidar, más allá del colegiado, la lamentable, infame, indignante actuación de once jugadores mal dirigidos en su propio campo. La primera parte refleja los defectos del Madrid. La segunda las antaño virtudes y ahora escarceos con la gloria. Ni eso basta ya. El duende terminó y cuando el fútbol tiene que aparecer, huye, temeroso de ser ridiculizado en botas de jugadores mediocres en lo puramente futbolístico.

Si el Madrid atraviesa serios problemas —al tiempo que la prensa madrileña pretende maquillar los defectos con los árbitros y los complots— el Barça es su antagonismo. Venció al Valencia por cuatro goles, no titubeó como no ha titubeado en toda la temporada, no encajó un gol y defenestró todo un segundo tiempo. Lo desaprovechó. No dio el máximo y eso debe hacer temer a sus rivales, sean quienes sean. El Barça ha solventado dos de los llamados Pirineos con siete goles a favor y cero en contra. Lleva más de 40 goles en 14 jornadas y tan sólo ha recibido 9. Se muestra intratable dentro y fuera de casa, su fútbol roza la excelencia, sin Iniesta ni Eto'o mantiene un nivel máximo y los actores secundarios, tan patéticos en la Casa Blanca, son magníficos actores dignos de una nominación para el Óscar. Como todo es perfecto y como en el Madrid nada lo es, el próximo derbi lo ganará el Real Madrid. Con nuevo entrenador, Juande Ramos, del que ya habrá tiempo de hablar. Suena a acción precipitada. Una semana antes del derbi. Quién sabe. Queda temporada, el vendabal quizá pase, el Real Madrid quizá se recupere.

En lo que respecta al resto de la Liga, podemos hablar de una de las más prolíficas y espectaculares de los últimos años. Desde la temporada 32/33 —antes de la Guerra Civil— no se marcaban tantos goles a estas alturas de Liga. La Liga, desconozco el porqué, se ha convertido en puro espectáculo, tratando de recuperar el prestigio perdido en los dos últimos años con los equipos medios. Si nuestra Liga es hoy por hoy un espectáculo y una de las mejores en cuanto a calidad no se debe a los dos equipos que han acaparado cuatro párrafos; ni al Valencia; ni al Atlético. Se debe al Getafe, al Racing, al Villarreal, al actual Depor, al Almería del año pasado, al Sevilla de hace dos, a todos aquellos equipos que hacen de la clase media española, probablemente, la mejor del mundo. No debemos engañarnos. Los ridículos de los equipos grandes en Copa de Europa han sido sonados y continuados. Hoy por hoy no hay equipo fácil en la Liga, o no hay uno excesivamente difícil. El asunto es que está tan igualada la competición que cualquier partido es digno de ser visto por medio mundo, dado el espectáculo, la calidad relativa —un término siempre relativo— y sobre todo, la ingente cantidad de goles. Para gracia de uno y escarnio de otros. Escarnio de Osasuna, Villarreal y tantos otros que ven cómo le remontan partidos día sí día también. Ah, el fútbol. País.

Resultados | (pincha aquí)

Clasificación | (pincha aquí)

Vídeo resumen del Real Madrid-Sevilla |



Noticias Relacionadas | Juande Ramos nuevo entrenador del Real Madrid
Vía | As, Marca, Más que Fútbol, You Tube
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 10 de mayo de 2006

De Nervión al cielo (Sevilla 4 - 1 Middlesbrough)

Para muchos la UEFA como competición es un torneo devaluado, sin emoción con cada vez menos incentivos por jugarla, con poco prestigio. Para estos, la UEFA es un torneo menor, una patraña de la organización continental para dar cabida a equipos con suerte que en un año de apogeo ven en la UEFA un premio a una gran temporada. Para estos la UEFA es el torneo al que se llega después de no llegar a la Champions, algo secundario, como si fuera una obligación jugarla, estos son equipos con historia en horas bajas, que creen que la UEFA no es importante, algo anecdótico en el panorama futbolístico, muy divertido sí, pero poco rentable.
Estos jamás entenderán lo que esta noche ha ocurrido en el Phillips Stadium de Eindhoven, allí donde el Sevilla se ha coronado campeón de la copa de la UEFA.

Permítanme la osadía, pero por un momento llegué a pensar que el Sevilla no ganaría la final. Sí, el Sevilla, de Sevilla, un equipo con 100 años de historia. De muy buena historia, con una Liga y 2 copas, con tradición y siempre por las posiciones altas salvos escarceos por segunda.
Un equipo que pese a su peso histórico en España, nunca había conseguido un trofeo continental. Por eso tantos aficionados han llorado esta noche, porque 56 años sin títulos para el en teoría sexto equipo de España, son muchos años. La explosión de alegría y de emoción de la grada sevillista en Holanda fue espectacular, había tantos años de resignamiento, tantas ilusiones perdidas, tantos años de sequía, tantos buenos jugadores para nada, que era imposible que no pasara lo que pasó. El Sevilla tenía que ganar la final porque eran demasiados años sin ganar, porque esta UEFA no era una final cualquiera, era la final por excelencia para los sevillistas; y bueno también porque el Sevilla era técnicamente, tácticamente y hasta físicamente muy superior a los resignados jugadores del Middlesbrough (para evitar confusiones futuras, lo llamaré Boro), pero eso háganme caso es secundario.

El partido se empezó a ganar en la grada. Solo he vivido dos finales en las que una afición sea superior a la de un equipo inglés, la del Zaragoza en 1995 en París a la del Arsenal y la del Sevilla esta noche contra la del Boro. Fue poner la televisión y solo se veían botes, cánticos y alegría en la grada blanca. Los ingleses parecían incomodos ante tanto español de fiesta, como si la final fuera la excusa para la fiesta, en el fondo sevillista se desplegó una pancarta gigante, que decía "Somos Grandes".
Y lo eran, por lo menos más que el Boro y se demostró en el transcurso del partido, con un Sevilla enamorado del fútbol estilista de toque y ataque. Dijo Juande Ramos al principio de esta temporada que al Sevilla le está costando quitarse la fama de equipo duro y correoso, más italiano que español. Pues bien, el Sevilla se la ha quitado, y se vió ayer en el césped de Eindhoven. Desde Palop, pasando por la defensa, llegando a los dos mediocentros y finalizando en los cuatro delanteros. Digo cuatro sí, no estoy ciego ni demasiado enganchado a la televisión generalista de Sogecable, el Sevilla juega con cuatro delanteros dos centros y dos extremos, porque el Sevilla es de los pocos equipos del mundo que juega con dos extremos puros siempre, en este caso Adriano y Jesús Navas. Ambos ofrecieron un partido electrizante, espectacular y vertical siempre mirando para adelante, solo importaba desbordar a los laterales que al final acabaron desquiciados.

No sólo de extremos vivió el partido, también la defensa fue importante, Javi Navarro, Escudé, ese
francés que vino de Holanda sin hacer ruido pero demostrando que es un central de clase y que hasta ha conseguido quitar el puesto a Aitor Ocio y Dragutinovic. David un coloso para Morrison o Macarrone, y Alves. Lo de Alves es espectacular, es como Cafú y hasta más técnico y ofensivo, y miren que eso es difícil, lo que es criminal es que Alves no esté en el Mundial, ni con España ni con Brasil, y con España por una FIFA negligente, pero de eso ya hablaremos otro día.
El mediocampo fue la clave, y especialmente Maresca. Dios del centro medular y goleador del partido, dos goles. Fíjense, los italianos no tienen fama de sacar mediocentros de clase y calidad, pero dos equipos españoles con un italiano en el medio (Villarreal y Tacchinardi) triunfan en Europa. Tópicos fuera.

Luis Fabiano, Saviola, Adriano, Navas, Kanouté... y así hasta todos, porque esta noche todos han sido la mejor versión de sí mismos, todos han jugado como si fuera lo último de sus vidas, como si fuera el partido más importante de la historia del Sevilla, y esque lo era.
El resultado (4-0) no fue exagerado, fue un premio justo a un partido espectacular, glorioso, veloz, y con hambre de ganar, porque 10.000 sevillistas y 56 años sin títulos pesaban mucho y se notó, pero para bien.
Destacar más nombres no serviría para más que ensombrecer otros. Y no me queda espacio y por eso no puedo hablar todo lo que quisiera de Monchi, Juande y de la cantera del Sevilla, de todo el Sevilla, porque esto es un trabajo de amantes al Sevilla, un equipo que bajó a segunda y se destrozó. ¿Y quienes lo levantaron? Los sevillistas, porque Sevilla y el Sevilla tienen un color especial.
Llámenle, por fin, Campeón.