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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los amistosos están para perderlos

Andrés Pérez | Apenas cuesta recordar cuando desde los tronos de la prensa mediática se calificaba a España como la campeona del mundo en amistosos. El término, a mitad de camino entre lo jocoso y lo autocomplaciente, servía para rellenar notables actuaciones ante selecciones de nivel, candidatas, campeonas del mundo, competitivas. Por aquel entonces España y su título no solían atravesar la barrera de los cuartos de final. El feliz título se vio enterrado tras ganar la Eurocopa y comenzamos a bailar sobre su tumba cuando la selección se proclamó campeona del mundo. Como tal, ayer, perdió abultadamente ante Argentina.

Se podría decir que Argentina es la campeona del mundo en amistosos. En honor a la verdad, Argentina fue algo más: fue una selección que durante los primeros quince minutos supo aprovechar su exceso de revoluciones y la apatía desesperante de su rival; fue un conjunto no rejuvenecido pero sí inteligentemente dirigido, no como en el Mundial; y fue un equipo, en suma. El resultado es justo pero abultado e irreal. Amén de los primeros quince minutos de absoluto caos español, Argentina no demostró tener ningún atributo futbolístico superior a España. Prueba de ello fue la constante y progresiva mejora del seleccionado nacional, que poco a poco consiguió conectar ideas para encerrar a una Argentina que, también hay que decirlo, no pareció preocuparse.

Intentar extrapolar conclusiones definitivas de un amistoso ante Argentina en Argentina es temerario y absurdo. Lo es por diversos motivos: el once titular de España, el espíritu con el que Del Bosque —sus cambios mecánicos en la segunda parte son buena prueba de ello— afrontó el encuentro, y la notable falta de agresividad de más de la mitad de los jugadores. En fin, un amistoso. Lo que habitualmente no sería en absoluto noticiable hoy es un drama. España es así. El término medio es un incómodo intruso, aquí nos van los extremos.

Cabría plantearse lo injusto de verter críticas sobre Del Bosque y este plantel de jugadores que apenas han sufrido dos derrotas en dos años y lo han ganado absolutamente todo; esto es, cabría plantearse lo injusto de crucificar a alguien por el mero hecho actuar lo más humanamente posible, errando, pero el terreno de la ética es un fangoso lugar para el debate futbolístico. Probablemente. Se cuestiona la importancia del partido, pues. En ese caso, no cabe remitirse más que a la definición que da la RAE: 2. adj. Dicho de un encuentro deportivo: Que no es de competición. Realmente, no parece factible que el prestigio logrado en la competición más importante del mundo se desvanezca por la primera derrota clara, por resultado, en dos años.

Leerán que la derrota oscurece el brillo de la estrella en el pecho. En fin, más allá del bonito recurso poético, los amistosos están para perderlos.

Imagen | El País

jueves, 8 de julio de 2010

Capítulo 23 | Llora Alemania


Andrés Pérez | Entre tanto futbolista técnico y desacomplejado, Puyol es un extraño. Sus pies cuadrados y su prevalencia del físico sobre lo técnico desentona en una selección que se desvive por el manejo del balón antes que por el corazón. En cualquier caso, Puyol es una leyenda. Lo es en el Barça, donde no desentona menos, y lo es en la selección, donde acumula un sinfín de internacionalidades con apenas un puñado de goles. El fútbol también sabe recompensar: en el futuro se contará que corría el minuto 75' cuando el tipo que no era como los demás fusiló a Neuer con la cabeza.

Puyol marcó anoche el gol más importante de su vida, el que otorgaba a una España vertical, descomunal, virtuosa y paciente el pase a la primera final de una Copa del Mundo en toda su historia. El domingo se enfrentará a Holanda en la primera final sin un campeón en liza desde 1978, donde también Holanda estuvo presente y donde cimentó su mística: la de un equipo bello incapaz de salir campeón. No es el caso de España: consiguió la Eurocopa, tiene aire de conjunto ganador, ha aprendido a competir al mismo nivel que Alemania, Brasil o Italia. El mérito hay que atribuirlo a la mejor generación de jugadores de la historia del país y a un desplante a los complejos necesario y liberador.

España está en la final. Repítanselo si aún no se lo creen, están en su derecho. Lo está tras borrar a Alemania del campo. Alemania se está acostumbrando a perder, pero mantiene su presencia: juega finales, alcanza semifinales y cae dignamente. El camino para reencontrarse con un título es el correcto y una espléndida generación de jugadores hará el resto. Honor obliga a reconocer las virtudes del derrotado, de la mejor selección de fútbol de la Historia. Llora Alemania otra vez frente a España, causante de pesadillas para Schweinsteiger o Lahm, presentes en Viena, presentes en Durban. Pocos mejor que ellos podrían explicar la magnitud de esta España.

Una magnitud que alcanzará a que en el futuro se recuerde su fútbol, su planteamiento, su filosofía futbolística, en el top cinco de selecciones memorables. La afirmación parece imprudente habida cuenta de la facilidad que tiene el fútbol de destruir mitos prematuros, pero lo hecho y, sobre todo, la forma de hacerlo, invita a creerlo. Frente a Alemania y con cinco centrocampistas, ya que Pedro lo fue, España deshizo las líneas defensivas de Alemania, jugó un fútbol perfecto, impidió hilar a una Alemania virtuosa y remató un partido espléndido de un modo cruel: con un gol de córner, precisamente a Alemania.

Eliminó, y hay que recordarlo, al conjunto que ante Inglaterra y Argentina en octavos y cuartos había acumulado a su favor ocho tantos. Como si el deceso del fantasma de cuartos hubiera espoleado la mente de Xavi, Alonso, Iniesta o Busquets, España encontró su camino en semifinales. Desacomplejada, desestresada, sabedora de que la marca histórica de los cuartos de final ya se había superado, de que su exigencia, esa, ya era un hecho, el conjunto de Del Bosque jugó como si no hubiera mañana. Deleitó, venció, provocó lágrimas en su rival.

España está en la final de la Copa del Mundo. De manera brillante. En el futuro, podrán contar que su selección bañó en fútbol dorado a Alemania.

Resultados de la vigésimotercera jornada:

Alemania 0 - 1 España

Más Mundial | Épica y mucho arte (José Sámano en El País)
Imagen | El País

miércoles, 30 de junio de 2010

¡Viven!


Eduardo Lázaro | Y eso es lo más importante. Haber salido con vida de un choque que se envenenó tras empezar con una traca que duró los tres primeros petardazos que repelió mi tocayo Eduardo —gran portero— y la defensa portuguesa. A partir de ahí, ¿qué quieren que les cuente? Cada cual sacará sus conclusiones, y yo, después de meditarlo, he decidido tomar la vía del optimismo y la confianza.

Sí, hemos vuelto a jugar con un doble pivote inefectivo y nefasto; un doble pivote que debilita la faceta ofensiva y que, además, no nos ayuda en la presión y en la recuperación de balones. Hemos vuelto a errar dejando en desuso desatascadores del juego como Cesc o Silva. Hemos sufrido una alarmante falta de ideas, de rapidez, de precisión y lo que es peor... de autoridad. Y, desde luego, que no hemos salido victoriosos ni por obra del tan manoseado doble pivote, ni por la entrada de Marchena o Pedro. Algunos dicen que Llorente ha sido la clave... bueno.

Quédense con un dato irrefutable: por mucho que se equivoque el seleccionador, por muy peliagudas que se pongan las cosas, terminamos ganando. Y perdónenme, pero eso es de selección grande. No diré yo que seamos la última maravilla balompédica, pero estamos en cuartos de final de un Mundial y, quizá, beneficiados por un cruce asequible para plantarnos en semifinales. Tómenlo así, les sabrá mucho mejor.

Veinticinco buenos minutos han servido para tumbar a la hermana pobre de la Península Ibérica, esa selección venida a menos comandada por el pobre más rico del mundo, el amigo de las cámaras y los gestos grandilocuentes... el hipervalorado y desaparecido CR9. ¿Saldremos vivos de una hipotética semifinal contra Argentina o Alemania? Quizá para entonces haya comprendido nuestro preparador lo que nos conviene y lo que no, pero aun así, ha quedado demostrado que tenemos lo suficiente para salir vivos.

Y sí, ¡viven!, y eso es suficiente para creer que quizá podamos tumbar a cualquiera.

Más Mundial | España encontró a Llorente (Más que Fútbol)
Imagen | El País

Capítulo 19 | España encontró a Llorente

Andrés Pérez | Parece paradójico y decidor que España encontrara la vía de escape en Llorente, un delantero que de los pies a la cabeza se eleva por encima del metro noventa. Paradójico puesto que España es un equipo pequeño en estatura, que radica su virtud en la triangulación de jugadores técnicos y físicamente poco dotados. Decidor puesto que pone de relieve las dificultades que atravesó el conjunto para traspasar la red portuguesa: no lo consiguió hasta que el hombre que desentona provocó un cortocircuito en la defensa portuguesa.

Fue Llorente y fue España. Un Mundial se compone de una mezcla de psicología y suerte. Jugar bien no siempre es indispensable. España, a pesar del peso de la historia, ha encontrado la psicología en la capacidad de no mermar su juego a pesar de la adversidad o de la impotencia; también ha encontrado la suerte ya que de otro modo no se explica que, aun jugando de modo mediocre o al menos mediocre para lo que nos tenía acostumbrados, se imponga a sus rivales. Sucedió con Chile y sucedió con Portugal.

Hasta la entrada de Llorente por un desubicado, bajo de forma, desmotivado e indigesto Torres, para el que la solución más evidente es la suplencia, España anduvo perdida en un doble pivote que ni creó ni destruyó. Achicó Portugal sabiamente cualquier espacio y convirtió su defensa en una cárcel de difícil salida para Xavi e Iniesta, perdidos en la maraña de pantalones verdes, anhelando un movimiento de desmarque que nunca llegaba y una referencia válida arriba que no existía. Ahogada en su sistema y en la sapiencia defensiva lusa, la selección chocaba una y otra vez primero frente a sí misma y luego frente a Portugal.

Segura de sí misma, la selección de Queiroz buscó sus bazas: sin practicar gran fútbol buscaba a Almeida, referencia ofensiva, para encontrar segundas jugadas o superioridad numérica frente a la defensa española. Encontró ciertos vericuetos por los que intimidar a un preocupante e inseguro Casillas, pero no anotó. No mereció más Portugal que España y lo demostró tras recibir el gol, en posible fuera de juego. Gol que llegó tras una jugada excelsa de Busquets, Iniesta, Xavi y Villa y tras dos ocasiones claras que no entraron.

Las dudas se ciernen sobre España pero adopta la forma de un conjunto campeón a pesar de todo. Está en cuartos de final y se la jugará ante Paraguay, que no demostró nada ante Japón. Quizá la solución sea sustituir a uno de los dos del doble pivote para dar entrada a Fábregas o quizá, simplemente, Del Bosque no quiera asumir riesgos innecesarios en la creación y de ahí, y no tanto por el doble pivote, la lentitud y la parsimonia creativa de España. Quizá no, seguro, Torres no esté para jugar. En cualquier caso, y esto no es un probable sino algo real, España está en cuartos tras dos partidos que, años atrás hubiera perdido.

El peso del campeón, lo llaman. Sin ilusionar ni convencer a un aficionado medio acostumbrado a la divinidad durante dos años, el camino sigue siendo firme. Es la mejor noticia.

Resultados de la decimonovena jornada:

Paraguay 0 - 0 Japón (pasa Paraguay en los penaltis)
España 1 - 0 Portugal

P.D.

Del otro partido mejor no hablar, porque se puede hallar fácilmente entre los dos o tres peores de la historia de los mundiales. Cobardes Japón y Paraguay, la suerte se decantó del lado sudamericano en unos penaltis, de nuevo, dramáticos. Cualquiera de los dos hubiera sido un injusto vencedor.

Imagen | El País

jueves, 17 de junio de 2010

España, Suiza, el tiempo, el fútbol

Eduardo Lázaro | He de reconocer que, durante el trayecto de vuelta a casa después del partido, me ha recorrido un sudor frío pensando en que tenía que ponerme a las teclas en cuanto llegara. Cuando Andrés sugirió la idea de redactar las crónicas del devenir de la selección española en este Mundial, nadie nos hubiéramos creído que nos encontraríamos en éstas. Palmando ante Suiza en el primer partido y con el cuerpo descompuesto.

Pues bien, ante la descomposición acuciante, he decidido que no voy a hablar de España, si no de Suiza. Y no es por pesimismo, al contrario, es que pienso que ésta no ha sido más que una de las innumerables "pelanadas" en la Historia de este bendito país. Lo dejaremos en "La cagada del 16-J", creo que no hay más que añadir. Suiza ha ganado porque ha interpretado perfectamente el partido y sabía a quién tenía delante, cosa que nosotros no. Suiza ha sido capaz de mantener un orden táctico y una ocupación espacial cuasi perfecta, anulando el juego de toque español y achicando con esmero cada vez que el conjunto castellano se desmelenaba. Suiza nos ha ganado por pura inteligencia —nadie habla de calidad o de trabajo—, ha esperado atrás con todo, nos ha regalado la pelota y se ha conformado con salir de la cueva lo justito, lo suficiente para hacernos un gol y ponérnoslos de corbata un par de ocasiones más.

Podemos darle mil vueltas al partido y sacar otras mil interpretaciones, pero ahí está el resultado. Da igual que hayamos tirado más de veinte veces a puerta, da igual que hayamos tenido un alto porcentaje de posesión, da igual todo. Hemos perdido.

Eso sí, convendría recordar que los señores que hoy han vestido la zamarra roja, hace tan sólo dos años, fueron campeones de Europa. Vamos, que entienden de esto, que saben jugar al fútbol. Por eso mismo creo que lo más importante es darle carpetazo al asunto lo antes posible y ponerse manos a la obra para doblegar a Honduras y Chile. Y punto. Sabemos y podemos, no nos dejemos llevar por el derrotismo a las primeras de cambio. Dejemos los viejos fantasmas en su sitio que esto no ha hecho más que empezar; eso sí, no nos podemos permitir más "tostadas" como la de hoy.

¡Don Vicente, apunte!, Navas ha sido un puñal en la segunda parte, ¿por qué no probamos de titular? Busquets y Xabi Alonso, pivote defensivo, ¿acaso Suiza era Brasil? A ver si es que hemos pecado de conservadores y la solución será dedicarse a tirar entre los tres palos desde el primer tiempo. Váyase usted a saber, porque este fútbol —como el tiempo—, se ha vuelto loco.

El lunes más y, seguro, mejor.

Lectura recomendada | Entre lo paranormal y lo racional: España tropieza ante Suiza (Más que Fútbol)
Imagen | El País

jueves, 4 de marzo de 2010

Una sensación de superioridad insultante

Andrés Pérez | Lo nunca visto: España se basta ya únicamente con su capacidad de intimidación. Aquello de lo que, precisamente, siempre adolecía. A la sencilla compenetración de todos los futbolistas, la sensación de ser un equipo antes que una selección, la calidad de todos los futbolistas titulares y suplentes y el fútbol virtuoso que ponen en práctica se le une ahora la capacidad de dominar al rival a su gusto. Anoche España se impuso a Francia dónde y cuando quiso. Marcó el ritmo del partido y decidió quién atacaba y cómo. Fue la auténtica dueña del partido.

No es de extrañar, pues, que ante tal tesitura, L'Equipe, en su versión digital, titulara "España se pasea en el Stade de France". En efecto, a pesar de no mantener un juego constante a nivel ofensivo durante todo el encuentro, España se bastó de dos momentos iluminados para finiquitar el amistoso ante una Francia desesperada y desesperante, sin ideas y asentada en futbolistas de más corte táctico que técnico. Dos destellos, de cinco minutos, en los que, en la primera parte, el conjunto de Del Bosque decidió acabar con el partido.

El resto fue un soporífero espectáculo de auto-flagelación para el aficionado francés y un aburrido por emocionante, dadas las circunstancias, encuentro para el seguidor español, que pudo ver cómo su selección se regodeaba andando, repito, andando, frente a su eterna bestia negra. La salida de Xavi en la segunda parte no hizo más que redundar en lo mismo: posesión del balón cuando y cómo quería el combinado nacional. En los momentos en los que se perdía la posesión, España tampoco sufría: ni el ataque de Francia es lo suficientemente poderoso ni la defensa de España hubo de esforzarse lo más mínimo, apenas sufrió, demostrando otra gran virtud del equipo de Del Bosque. La capacidad defensiva.

En la primera parte fue insultante el modo en el cual los Iniesta, Fábregas, Villa, Silva Busquets y Xabi Alonso presionaban, un poco, tampoco demasiado, a la defensa francesa que, ante la falta de ideas, siempre recurría al pelotazo. En tal tesitura, y con un Xabi Alonso espléndido en la recuperación, cualquier fallo de los galos supondría el gol. Así fue. Primero Villa y luego Sergio Ramos. España se largo de París con la sensación de haber domado a Francia de un modo escandalosamente ofensivo para el orgullo de los jugadores franceses. Terminó el partido sin apenas forzar la máquina. Dio la sensación de ser un equipo no ya grande, sino consciente de que es muy grande.

Vía | L'Equipe
Imagen | Qué.es, Marca

lunes, 16 de noviembre de 2009

España o la peligrosa autocomplacencia

Andrés Pérez | Cayó España en la apatía de la rutina victoriosa. Lo hizo consciente de su superioridad sobre un rival enclenque, venido a menos, marrullero y dirigido por un impresentable revanchista incapaz de asumir los notables fallos que atesora su conjunto. No es excusa que Argentina trasladara el partido a su terreno, al de la confrontación, la patada fácil y la bronca generalizada. España se durmió como venía avisando Del Bosque, a quien el tiempo le dio la razón. Haría bien el seleccionador nacional en arengar debidamente a un grupo que no debe dormirse porque en tal apatía reside el fracaso.

No digo que España haya entrado en una dinámica de confianza excesiva, sino que podría llegar a ella. A pesar de todo cuajó un primer tiempo maravilloso en el que aunló a una Argentina muy débil. Sin recursos a los que aferrarse, con un Messi desesperado, se resignó al contragolpe. Y en tal resignación descubrimos las carencias de un equipo mediocre. El baile de seleccionados impide que llegue la estabilidad para un equipo cuyo juego no fluye porque sus líneas se deshilachan ante el dominio del rival. Sucede que Argentina no sabe a qué juega, y en tal vacío de ideal reside su estraetgia. Embarrar el partido y lanzarse rápida hacia la portería contraria cuando el contrario entra en su demencial juego. España lo hizo, cayó en la trampa, y Argentina consiguió que el combinado nacional olvidara su esencia. En tal tesitura llegó el gol de Argentina.

Al contragolpe. Balón y a correr. Argumentos escasos para ganar un Mundial, si es lo que pretende Maradona. La marrullería habitual de Heinze contagió al resto de argentinos y las piernas de Xavi, Silva, Iniesta o Villa lo pagaron caro. A pesar de todo, de una segunda parte floja y conformista de España, un último arreón plagado de fútbol logró de penalty el tanto que otorgaba la victoria a España. Justamente. Argentina puede desenvolverse bien en un partido de este nivel, pero España no debería haber caído en el círculo vicioso al que le arrastró una impotente Argentina. A pulir por parte de Del Bosque la inquietante muestra de arrogancia por parte de España. El trabajo psicológico se antoja esencial, primero, para no caer en el la autocomplacencia, y, segundo, para saber sobreponerse a rivales que ante la impotencia que supone plantar cara al fútbol de España, actuarán como Argentina. Tirarán de barrio, por si suena la flauta. Sea como fuere, es una alegría saber que un campeón del mundo siempre estigmatizado por encima de España, ha de recurrir a ello.

Imagen | Marca

lunes, 29 de junio de 2009

No hablen de Leyenda Negra

Andrés Pérez | Como es de costumbre en este país al mínimo síntoma de debilidad que la selección española, la misma que ha batido todos los récordos de victorias consecutivas, partidos invicta y para colmo de bienes se ha proclamado campeona de Europa, ha mostrado el fatalismo ha resurgido. España cayó frente a Estados Unidos y se despidió tercera de la Copa Confederaciones gracias a que Güiza salvó los muebles frente a Sudáfrica en el partido del tercer y cuarto puesto, una patraña de la FIFA. La selección se despide del país africano con un balance desolador. Del buen juego ni rastro, de los goles tan sólo ante Nueva Zelanda y de partidos frente a selecciones presumiblemente rivales en el Mundial nada. Cero. Niet. En efecto no es una buena noticia. España ha llegado cansada y desmotivada a un torneo desprestigiado cuyo único aliciente es medirse a rivales de la talla de Brasil. Siquiera ese objetivo ha sido conseguido por lo que sin paliativos se puede decir que el paso del conjunto de Del Bosque por la competición ha sido un estrepitoso fra-ca-so.

Ahora bien. No seré yo quien dilapide ahora a la selección que hace un año obtuvo el cetro europeo. No sería justo ni real aunque haya carencias notables a pulir. Conviene empezar por los fallos, ya saben, para invitar al optimismo una vez analizados los problemas. Del Bosque no es Aragonés, no es ninguna novedad pero es lo más concluyente que se puede extraer de la estancia en Sudáfrica. Quien antaño ganara la Copa de Europa con el Madrid ni ha mantenido la línea de su predecesor ni la ha mejorado. En la Eurocopa, España jugaba con tres mediapuntas cuando no eran cuatro con la inclusión de Fábregas. Todos ellos por delante de Senna, un único recuperador. A priori una tarea imposible y un suicidio futbolístico. Sin embargo en la abrumadora posesión de balón y en la exhuberante calidad de los mediapuntas residió la clave del éxito. La mejor defensa era un buen ataque y España no sufrió en la retaguardia ni en semifinales ni en la final. Todo un logro, toda una lección de fútbol.

Sin embargo la llegada del Del Bosque ha enterrado en cierto modo la utopía de un centro del campo poblado de jugadores aparantemente incompatibles. Incompetibles puesto que, en teoría, reúnen características semejantes y se mueven en la misma franja del campo. En teoría, no en la práctica. La utopía la confirmó Luis en Viena: se puede jugar con cuatro genios a la vez, sin atender a las bandas ni al tacticismo. Del Bosque en esta Copa y como venía haciendo no ha hecho más que enterrar el sueño de quienes creen en un fútbol plenamente preciosista. Es cierto que faltaba Iniesta y que Silva no estaba en su mejor nivel, pero no es menos cierto que la posición de Villa no ha sido tan retrasada como lo fue en los primeros compases de la Eurocopa o que Xavi ha jugado retrasadísimo, prácticamente a la altura de Xabi Alonso. El espíritu de posesión se mantenía, pero sin el fútbol asociativo de antaño, sin toda una amalgama de jugones alrededor del área. El toque se ha retrasado hacia el medio campo y por tanto, ha aumentado el peligro de no hacer daño a defensas parapetadas frente a su portería.

Tal esquema provoca que Xavi tenga que recorrer mucho campo para asistir a los delanteros, Villa y Torres, ahogados y sin espacios. A excepción de Nueva Zelanda, todos los equipos se han sabido defender de España. No hablamos de selecciones de estima, en absoluto. Sudáfrica, Irak y Estados Unidos. Ante ese panorama, ante un bloqueo insalvable, las bandas se han presentado como la única vía de escape. Así se ganó a Irak, con un centro de Capdevilla y así llegó una y otra vez España al área de Estados Unidos, por medio de Sergio Ramos. Bien, está Torres, dirán los más optimistas. Pero no basta. Torres es un gran cabeceador pero está solo, abandonado a su suerte entre dos o tres centrales tan fuertes y altos como él. Los demás no dan la talla en el área, no nacieron para ello, edifican su fútbol en el balón al suelo, en bajar la pelota al piso, no en la guerra aérea.

Los mediapuntas no han existido esta vez. Hemos pasado de cuatro a cero. Xavi no lo era puesto que jugaba prácticamente a la par de Xabi Alonso. Riera es extremo y Cazorla ha estado por completo desaparecido, por no hablar de Fábregas, quien fue el mejor frente a los americanos pero fue sustituido. Sobre él recaía la misión de enlazar con Villa y Torres pero el esquema de Del Bosque le desplazaba hacia la derecha, perdiendo la asociación adecuada con Xavi. Del fútbol de toque y un socio en cada esquina hemos pasado a la soledad de cada uno de sus componentes. He ahí la clave del fracaso. Porque no conviene engañarse. España ha fracasado.

Sea como fuere la inesperada eliminación no ha de ser necesariamente un drama. Se ha hecho mal pero hay razones de peso para creer que tal desastre no se repetirá en el Mundial. Por lo pronto, la temporada ha hecho mucho daño a determinados jugadores, como los del Barça, agotados, fulminados tras una temproada extenuante. Es posible que el próximo año tal situación se repita, pero entendamos que la temporada terminará mucho antes. Para todos. El grupo tiene calidad, está unido, y a pesar de todo, a pesar del fatalismo imperante, de los medios de comunicación morbosos y lamentables intentando vendernos que la leyenda negra resucita y que la Eurocopa fue flor de un día, seguimos estando ante la mejor generación de futbolistas que este país haya contemplado jamás. Faltaba Iniesta, faltaba Senna, faltaba Silva mentalmente a pesar de su presencia constante en el banquillo. Faltaban los pilares básicos, la filosofía, el espíritu y sobre todo la motivación necesaria para afrontar un torneo de estas características. Conviene pulir los errores sin perder la perspectiva. El equipo sigue siendo el mismo. Su fútbol no ha variado. Del Bosque tendrá que aprender de esta experiencia. Obviando la contumaz estupidez de la leyenda negra.

Vía | El País, Marca, Más que Fútbol
Imagen | Marca

jueves, 18 de junio de 2009

Copa Confederaciones 2009 | Día 3

Andrés Pérez | En otro universo paralelo, o mejor dicho, en otra latitud muy diferente a la nuestra, el fútbol mantiene aún su espíritu. Sobrevive incorrupto a los desmanes ajenos al propio deporte, se presenta como la esperanza de cualquier humano lastrado por las guerras, las dictaduras, las pestes, las pandemias y la injusticia. Amén de la pobreza, claro. En tal panorama, es normal que el ser humano sea de la raza que sea busque algo de complacencia en un mero y simple deporte. En la ilusión de cada día, en la fiesta, en la felicidad, en evadirse por noventa minutos del drama cotidiano que rodea sus días. Sudáfrica no es el país más pobre de África, al contrario, es el más rico, pero su espíritu es el espíritu del continente. No es el mundial de Sudáfrica. Es el mundial de África, de una cultura, de otro modo de ver la vida. Es el torneo que situará a África, el malogrado continente, la tierra profanada y desmembrada por el hombre blanco tantos años atrás, en el mapa occidental.

No es un asunto menor, no en vano, que por primera vez un país de África sea noticia por un hecho positivo. La afición sudafricana dio una lección a Europa. Entraron gratuitamente, es posible, pero no cejaron en su empeño feliz y decidieron animar, cantar y bailar pese al tedioso partido que se jugaba en el tapiz verde. Animaban a Irak, animaban a España. En realidad era un partido indiferente para todos ellos pero allí estaban, sabedores de su suerte y sabedores de que el fútbol, por encima de todo lo demás, es una fiesta irrepetible capaz de llenar el corazón de quienes lo viven de alegría. España ganó sí, lo hizo a trompicones y jugando uno de los peores partidos del último año, cierto. Pero la noticia no es esa. La noticia es ver sonreir a África.

Sea como fuere, ajenos a la fiesta mundana de la grada, España decidió saltar al campo al ralentí. Con el césped altísimo y dificultando notablemente la circulación del balón del conjunto de Del Bosque, la selección no pudo más que tocar y tocar frente a la muralla que Milutinovic había perpetrado en torno a su portería. Irak se defendió lo más honrosamente posible y demostró como el fútbol es capaz de superar la pobreza y la guerra, amén de la injusticia. Es loable por parte de Irak mantener un conjunto en tales circunstancias y no es menos elogiable que se planten en plena Copa Confederaciones y aguanten el tipo muy dignamente frente a la España actual. Villa, adormecido durante todo el partido, finiquitó el encuentro y se reconcilió consigo mismo tras un centro magistral de Capdevilla. Lo demás, probablemente sobró. Ayer España se enfrentó a muchos de sus rivales de aquí en adelante, y mejor o peor, se sobrepuso para seguir supernado marcas. Ya son 34 partidos sin perder. Histórico.

Sudáfrica venció a Nueva Zelanda por dos goles. Irak, para clasificarse, tendrá que hacer lo propio y esperar que España venza por una diferencia mayor de un gol. Lo tiene complicado, y no deseo nada negativo a Sudáfrica, pero sería memorable que una selección como la irakí alcanzara las semifinales de la Confederaciones y se enfrentara o a Brasil, o a Italia. Mis mejores deseos para ellos. Si alguien se lo merece, es Irak.

Vía | As
Imagen | Marca

martes, 9 de junio de 2009

Incompetencia federativa

Andrés Pérez | Los partidos amistosos, huelga decirlo, son intrascendentes y más si se trata de uno de estas características. El malogrado país azerí, Azarbaiyán, pudo congratularse de la presencia de la mejor seleccion hoy por hoy del planeta y el conjunto de Del Bosque decidió afrontarlo como lo que era: una pachanga. No da para más. Un 6-0 más, Villa batiendo récords y el resto del equipo superando el trámite de la manera más honrosa posible. Aún no alcanzo a comprender el verdadero propósito de hoy. ¿Tan mal están las arcas de la Federación que necesita viajar hasta un país que dista de Sudáfrica ocho mil kilómetros? ¿Era un mal necesario? Según parece. Los 750.000 euros que percibirá la federación ya pueden servir verdaderamente para algo, el cansancio de semejante viaje no vale tanto. El equipo de Vogts ni siquiera sirvió como sparring de altura.

Dejando a un lado el asunto azerí, España viajará a Sudáfrica, allí donde se juega la Copa Confederaciones, con la vitola de favorita. Por jugadores, por juego, por experiencia reciente y por la asombrosa racha de 32 victorias consecutivas, todo un logro sin precedentes en la historia de la selección y cercana ya a los legendarios récords de Hungría y Brasil. Es posible que la Copa Confederaciones no desperte la pasión que pueda despertar la Eurocopa o el Mundial, es algo absolutamente lógico. Servirá, sin embargo, para reforzar moralmente al equipo en caso de victoria. La derrota se tornará intrascendente al tratarse de un torneo menor y la victoria será interpretada en clave de superioridad frente a dos selecciones candidatas a adjudicarse el mundial de 2010: Italia y Brasil. Entendamos, España nunca ha sido capaz de doblegar a Brasil en torneo oficial. La victoria supondría un refrendo moral jamás contemplado. Amén del premio económico, tan importante para esta Federación, la cual alcanza cotas de incompetencia jamás imaginadas.

Vía | Wikipedia, Noticias24
Imagen | El País

lunes, 30 de marzo de 2009

Quince de quince

Andrés Pérez | Las matemáticas no engañan, o eso dicen. Los números dicen que España es la única selección del continente que ha ganado todos los partidos disputados y, a día de hoy una vez más, la más fiable. Quién lo diría, hace más de un año cuando todos los jugadores estaban en la picota, Luis Aragonés incluido. El partido ante Turquía no tuvo gran misterio. Una España superada por la presión turca no practicó un fútbol brillante debido en parte al doble pivote en el que Del Bosque incurre últimamente. Pienso que es un error. España fue campeona de europa con un mediocentro de contención, dos delanteros y tres centrocampistas ofensivos de cuya imaginación dependía el resto del equipo. Cuando esos tres mediapuntas pasan a ser dos y, para más inri, cuando esos dos se desplazan a las bandas la imaginación no desaparece puesto que es imposible con jugadores de la talla de Xavi o Cazorla, pero sí mengua. Si hay que elegir entre Senna y Xabi Alonso para que Silva vuelva a la titularidad o para que llegado el momento juegen Fábregas, Xavi e Iniesta, se elige. Y debería ser Xabi Alonso, por motivos obvios.

Si bien hay que entender que la labor de Senna es esencial. Redundo en lo mismo, bendito problema el de la selección, pero problema a fin de cuentas. El rompecabezas ha de ser solucionado puesto que ante Estonia, Armenia y demás equipos de rango menor el entramado táctico no es tan esencial como la inspiración de cara a portería; pero ante equipos cuajados y expertos en desquiciar a grandes conjuntos la labor táctica, la estrategia, el atrevimiento, deciden partidos. Y en esos partidos a España sólo le sirve imaginar, no contener. Sea como fuere, la selección lo ha ganado todo, va camino de no perder en dos años y para colmo de bienes, resuelve partidos en jugadas fortuitas. Ver para creer.

Vía | Uefa, As
Imagen | El Mundo

Más que Fútbol ● 2009

martes, 24 de marzo de 2009

No conviene confiarse

Andrés Pérez | España es por méritos propios la número uno del ránking mundial de selecciones de la FIFA. Se proclamó campeona de Europa con un fútbol antológico el pasado verano en Austria y Suiza y actualmente atesora dos de los mejores delanteros del planeta, una media de ensueño con cuatro futbolistas de otro mundo cuyo valor se revaloriza constantemente y en defensa, a pesar de no contar con jugadores que marcarán una época, se muestra fiable y segura. Amén de Casillas, del que sobran las palabras. No sufre en la fase de clasificación para Sudáfrica 2010 y es la máxima favorita para llevarse la inminente Copa Confederaciones. Todo es un camino adornado con pétalos de rosas, ciervos inocentes y demás metáforas que se les ocurran, sí, todo es precioso y nunca lo fue por lo que magnificamos el actual momento de la selección, servidor el primero. Sin embargo ante Turquía conviene no confiarse. Primero porque seguimos siendo España, la misma selección de toda la vida, falible y perdedora, y segundo porque los excesos de confianza siempre repercuten en una catástrofe tan magna como la heróica gesta anteriormente conseguida. Y, ya puestos, porque Turquía fue eliminada de milagro en la pasada Eurocopa en semifinales.

A nivel futbolístico y en teoría Turquía no tiene nada que hacer frente a España. Veremos si es cierto. El combinado turco cuenta con jugadores de calidad notable y con un espíritu inigualable que les llevó a las semifinales en Austria a base de goles en el último minuto, in extremis, causando serios traumas a la República Checa, a Suiza y a Croacia en el colmo del oportunismo turco. Si bien Turquía es un equipo complicado no debiera suponer un escollo de relevancia alguna para España. Entendamos pues que el único enemigo de la selección es la propia selección. Es su creciente ego, su comprensible exceso de confianza a tenor no ya de los resultados, sino del juego practicado sobre cualquier estadio que cuente con cualquier tupido césped verde sobre el que un balón de cuero pueda rodar. España se enfrenta el próximo fin de semana a España. A once jugadores contra su subconsciente. A excepción de Bélgica y Grecia —en un partido de puro trámite— la selección no ha tenido que remontar ni en la Eurocopa ni en lo que llevamos de la fase de clasificación por lo que su comportamiento ante un posible gol que le ponga contra la espada y la pared es absolutamente imprevisible. El dominio constanet del balón, apabullante, en ocasiones desesperante para el conjunto rival se puede tornar en un arma de doble filo cuando el equipo rival se encierra atrás parapetado tras un gol a favor.

Las semejanzas con el Barça de Riijkard son notables. Era un equipo que, si bien estaba perefctamente capacitado para remontar, siempre parecía hacerlo de forma agoníca, por completo desesperante llevando el balón de uno a otro lado del campo, frenet al área rival, buscando un hueco en una pared de hormigón armado. Basta recordar eliminatorias frente al Chelsea, el Liverpool o la final de 2006 frente al Arsenal para comprobarlo. España no sabe jugar alocadamente, con corazón. Juega con cabeza, con una prodigiosa cabeza personificada en Xavi, Iniesta y Xabi Alonso, pero sin empuje cuando más necesario es. Por el momento tal estado de ánimo nunca ha sido necesario. Con el control total del esférico se han solucionado todos los problemas, nunca la máxima de un buen ataque es la mejor defensa ha sido tan plausible sobre un campo de fútbol; y es por ello por lo que debiera preocuparse Del Bosque. Si Turquía se pone con un gol por delante la selección se colapsará en un fútbol que se perderá en lo superfluo a no ser que el técnico tenga algo preparado. Quizá una arenga. Quizá un revulsivo que rompa la línea defensiva del conjunto otomano. Quizá un milagro. Desconocemos el dato porque la selección no ha necesitado remontar jamás en esta nueva era, no al menos en partidos de relevancia supina —obviemos por un instante a la endeble Bélgica, Turquía está a otro nivel—, lo cual es una excelente noticia, pero siempre se ha de ir un paso por delante.

España se puede sumir en la desesperación de lo efímero del tiempo. Es decir, España puede tocar, tocar, tocar y tocar fiel a su estilo y dejar escapar el tiempo buscando una grieta en el muro armado que pretende esquivar. Obviamente el conjunto cuenta con recursos de sobra para superar el hándicap. La convocatoria de Mata por el maltrecho Iniesta es una buena y una mala noticia. España pierde al jugador que, junto a Xavi, mueve los hilos del equipo; pero gana en verticalidad y desparpajo. Mata es delantero o extremo, es rápido, es regateador y tiene gol. Idóneo ante la posibilidad de una remontada heróica. Nada que ver con el descontrolado Capel. Villa, otro valencianista siempre pesca en río revuelto, la movilidad de Torres siempre consigue abrir espacios en las defensas y el recurso de Llorente permite incluso buscar balones aéreos en un último intento desesperado por remontar. Claro que todo esto son suposiciones. Benditas suposiciones, añado. Bendito problema si éste es del único que España tiene que preocuparse. Quizá este post caiga en balde y la selección siga deleitanto al mundo entero con un fútbol por completo fuera de lo normal.

Vía | Más que Fútbol, FIFA
Imagen | El Mundo, Marca

Más que Fútbol ● 2009

jueves, 12 de febrero de 2009

Probablemente la mejor selección del mundo (España 2 - 0 Inglaterra)

Andrés Pérez | Digo más. El probablemente es puro eufemismo, corrección política, tan dada a nuestros tiempos. Probablemente indica que no hay seguridad en tu afirmación y yo creo firmemente que España, hoy por hoy y a tenor de lo visto una vez más, es la mejor selección del planeta. Sin parangón alguno. No hablo ya de resultados, ni de individualidades; tampoco quiero centrarme en títulos conseguidos recientemente ni en el futuro inmediato que pueda tener el equipo. España es la mejor porque practica un fútbol imposible para el resto, un fútbol que en absoluto tiene que envidiar algo a la mejor Brasil de 1970 o a la Holanda de Cruijff. Inglaterra lo sufrió ayer, con un equipo mediocre que justo le dio para capear el temporal español, mediada la segunda parte, lo mejor que pudo. Si hay algo achacable a España, cosa que dudo, es la poca agresividad que muestra en determinadas ocasiones. No es un mal mayor puesto que se ganó la Eurocopa con idéntica poca atracción por la goleada, pero es un pequeño resquicio por el que en un próximo Mundial una selección de un calibre mayor al de una pésima Inglaterra, puede destrozar el sueño de ser campeones del mundo. Un sueño, por muy repetitivo que se antoje, cada vez más real.

España da motivos para soñar. Dejando a un lado la espléndida Eurocopa, el equipo es precisamente eso. Un equipo. España no se sustenta en el individuo sino en el colectivo y eso provoca que estando incluso cualquier figura de primer nivel de la selección, que sin duda los tiene, a un ritmo bajo o en un segundo plano, el resto se eleva ante las adversidades para sacar de sí mismo lo mejor que tenga. Desconozco a estas alturas sin tal demostración de fútbol es la mecha encendida en la Eurocopa y se apagará en pocos meses o, si por el contrario, es el verdadero talento individual que se plasma en el colectivo de cada seleccionado. Probablemente tal disyuntiva se responda a que, en efecto, es la suma de ambas la que conduce a España a la arcadia feliz, sin algún tinte de ironía en éstas últimas palabras. El fútbol roza la perfección cuando la selección lo juega, para desesperación del rival que asiste impotente a un equipo superior en todos los aspectos, sueprlativo, a este ritmo histórico si no lo es ya. Una escuadra absolutamente brillante que nada tiene que envidiarle, definitivamente, tantos años después, a ningún otro.

No es necesario comentar el partido de ayer. No al menos en profundidad. No difiere mucho de cualquier otro a pesar de que el rival diera para que mayores ríos de tinta corrieran en este blog. Inglaterra esperaba enfrente, tiempo después de la escabrosa situación del Bernabeú y de la ya olvidada negativa de la Federación inglesa jugar en el campo madrileño. Es agua pasada. No hay manera mejor de acallar a un rival en cualquier aspecto que otorgándole un precioso baño de fútbol, un regalo para la vista. A pesar de las complicaciones iniciales, comunes para España puesto que el resto ya sabe a qué se enfrenta, la selección supo reponerse y mejor aún, supo adaptarse a las circustancias. Es cierto que cuando se tiene una filosofía con la que morir, conjugado con una calidad colectiva irrepetible, los éxitos llegan, pero la filosofía está para adaptarla. Y cuando el equipo contrario axfisia, España tiene los sufientes recursos más allá del toque aburrido para el rival y glorioso para el aficionado al que el combinado nacional nos acostumbra. Se aferra a algo más que eso. A una contra probable. A un orden notable. A Villa.

Villa abrió la escasa lata que tenía Inglaterra en su interior. Para entonces, mediada la segunda parte, España no jugaba lo mejor que podía. El extraño planteamiento de Del Bosque, con la banda derecha abandonada exclusivamente para Sergio Ramos y con Xabi Alonso y Senna compartiendo centro del campo, provocó que un desorientado Xavi —lo cual es sí mismo es una contradicción— no engranara como suele el equipo. Torres, notablemente bajo de forma, no se enteraba parcialmente de nada y Villa estaba relativamente perdido en el extraño planteamiento del nuevo seleccionador. Inglaterra, pasito misi pasito misa, mantenía el tipo e incluso planteaba ciertos problemas por su lateral izquierdo, con Ashley Cole y Downing. Sin embargo, a pesar de la visible incomodidad del equipo en su totalidad, los escasos destellos de estilismo sirvieron para que, Villa, en una obra genial, adelantara al conjunto nacional.

De ahí al paraíso. Lo que vino en la segunda parte fue un recital del hoy por hoy mejor centrocampista del mundo y para un servidor, uno de los mejores jugadores españoles de la historia sino el mejor. Hablo de Xavi. Ni Ronaldo, ni Messi, ni Kaka' ni Torres. Que me disculpen el resto de nominados al FIFA World Player pero yo me quedo con Xavi. Juega a otra cosa. Vive en otro mundo, mejor, por supuesto. De su cabeza nacieron los mejores momentos de España que humilló literalmente a Inglaterra, impotente ante tal demostración de calidad de los de Del Bosque. Y junto a Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Senna, Silva y demás gente preparada, destinada más bien, a hacer del fútbol un deporte creado para el entretenimiento de la masa. Cuando España juega, el fútbol, definitivamente, es el opio del pueblo. Por ende, la mejor defensa es un buen ataque. No sirve de nada replegarse atrás. No sirve de nada tildar de antiguos a aquellos que ven en el conservadurismo la antítesis del fútbol ententido como espectáculo. No sirve de nada todo ello cuando al tiempo que te humillan, te dominan, te ganan, al tiempo de todo ello decíamos, se defienden inquebrantablemente. España no sufrió atrás. No lo hizo porque quien posee el balón, posee el fútbol. Y, hoy por hoy, quien posee el fútbol es Xavi.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | El Mundo

Más que Fútbol ● 2009

viernes, 24 de octubre de 2008

"Oiría al pueblo"

Andrés Pérez | El seleccionador nacional de la Selección Española de Fútbol cobra su salario de los impuestos de todos los españoles. Es una realidad, una frase bastante obvia que no aporta nada nuevo. Lo sé, pero al parecer, para Del Bosque, cobrar del dinero del comúnmente llamado pueblo implica tomar sus decisiones basándose en el criterio del mismo, lo cual no es su misión. Hablo de esto porque hoy en as.com (y deduzco que a su vez en la edición impresa) me he encontrado con este titular: "Si me pasase lo que a Luis con Raúl, oiría al pueblo". Y me he asustado ya que tales palabras son atribuídas a Vicente Del Bosque. Más tarde, leyendo el cuerpo de la noticia, he descubierto que textualmente esa oración nunca ha salido de la boca del seleccionador, sino que ha sido una treta muy válida por parte del redactor para llamar la atención. Aunque, en el fondo, la esencia del comentario de Del Bosque sea la misma que la del titular. Lo cual me preocupa, ya que la misión de un seleccionador no es escuchar al pueblo y formar el equipo en relación a su criterio, sino formar el equipo en relación a su criterio. Que para eso cobra.

Por otro lado, leyendo la noticia, encontré esto: "¿Y si viviera una situación similar a la del seleccionador anterior, a quién el pueblo le pedía la presencia de un jugador, ¿le convocaría?". La pregunta del periodista es cuanto menos absurda y ventajista. ¿El pueblo pidió a Raúl para la Eurocopa? ¿Quién es el pueblo? ¿Los redactores de Marca o de As? ¿O el entorno del jugador madridista que se relaciona con los periodistas de sendos periódicos? No podía dejar de comentar tal pregunta ya que hacía tiempo que no me reía tanto leyendo prensa deportiva. Concretamente desde este día. Hasta lo que yo comprendo ni el periodista debiera haber formulado jamás una pregunta tan ignorante ni Del Bosque tendría que haber respondido como respondió, afirmando que hay que escuchar al pueblo en la formación de un equipo de fútbol. Está muy bien que de fútbol hablemos todos y comprendamos hasta cierto punto todos, pero no es suficiente como para que la composición del equipo nacional se someta a referéndum, o en su defecto, que la convocatoria de un jugador a todas luces inferior al resto de seleccionados se someta a consulta popular. Dicho todo esto he de aclarar que no tengo nada en contra de Raúl, quien hace su trabajo y lucha por volver a la selección sin decir una palabra más alta que otra, sino contra su entorno y todos quienes hasta la exaltación más absurda aburren cada fin de semana que el capitán del Madrid marca dos goles con que debe ir a la selección. Hemos ganado la Eurocopa. ¿No es suficiente para terminar con el dichoso debate?

Noticias relacionadas | "Hay que escuchar lo que quiere la gente"
Vía | As, Más que Fútbol
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 10 de septiembre de 2008

No más Capel -de momento-

Andrés Pérez | Siempre he sido un enamorado de los extremos. Me parecen esos grandes olvidados del fútbol moderno, en el que cualquier genio de una capacidad física limitada se ve obligado a defender en pro de su equipo. El fútbol total es lo que conlleva, la desaparición total o parcial de extremos. Hoy en día no gustan, los entrenadores y los propios jugadores prefieren reconvertirlos. Si se tiene la clase suficiente el jugador termina por ser un atacante letal, que puede abarcar cualquier zona del campo; si no, la opción más recurrente es la de reconvertirlo a interior figurante o medio centro luchador. En cualquier caso, el fútbol pierde. Normalmente, los genios de la banda condicionan el comportamiento de un equipo, y ya no gusta. Hablo de ellos como defensor de su causa, pero he de alegar, que en este caso no trato de defender la presencia de un extremo en la Selección Española.

Hablo de Diego Capel, el flamante jugador del Sevilla que de una temporada a otra se ha convertido en la revelación zurda de la Liga. Capel es un jugador extremadamente rápido. Demasiado, creo. Su velocidad no es acorde a su rapidez mental, y eso, en determinadas circunstancias que contra una selección como la española se repiten contínuamente, es un problema para él y para el resto del equipo. Desconozco el empeño de Del Bosque -del que ya habrá tiempo para hablar- por situar a este buen jugador, pero joven y con muchas cosas que aprender, en el once inicial de la selección. Acto seguido, de desconocerlo, me refiero, me paro y pienso acertadamente: "Faltaba Silva", pero temo que no sea esa el fondo de la cuestión. Es decir, intuyo en la presencia de Capel un mal endémico que comienza a afectar a la prensa y al seleccionador. Un capricho, un genio de un día, un Morning Glory. Algo parecido a lo que supuso Reyes en su día, pero de menor calidad, añado.

Capel es un jugador desequilibrante y un extremo de calidad pero de un nivel menor. Para que un extremo de tales circunstancias encajara en el ya clarificado tras la Eurocopa estilo de la selección, su calidad debiera ser desbordante, de tal calibre que eclipsara a las estrellas ya conocidas y consagradas. Que ocultara bajo su sombra, en definitiva, el estilo pausado, horizontal, mentalmente activo y preciso de Xavi, Iniesta o Fábregas. El estilo del que Torres y Villa se nutren de manera geométrica en cada pase que los mediapuntas destinan hacia el área rival. Capel no es ni de lejos, un jugador que supere en calidad al resto. Y su estilo de juego, por posición y habilidad, no encaja en el esquema de la selección, que rompe de lleno con la idea de jugar con cuatro mediapuntas que dominen por completo los partidos. Capel es un jugador excesivamente hiperactivo, nervioso hasta el extremo. Tan útil para romper defensas como inservible para parar un partido, para pensar.

Es misión del entrenador elegir a cada jugador para cada partido sí, y una vez expuestos los motivos por los que creo que Capel no debería ser titular en la selección, paso al plano personal. Capel no levanta la cabeza. Su jugada más típica, a la par que dañina, es coger el balón escorado en la banda izquierda, bajar la cabeza y correr, correr tanto como pueda hasta que el campo no de para más y centre, por supuesto, sin levantar la cabeza. Está bien frente a defensas de talla menor y lentos. Pero no está tan bien frente a selecciones de calidad. Y ese es el principal defecto en el que Capel incurre una y otra vez, sin siquiera intentar remediarlo. No concibo como un jugador puede llegar a ser muy bueno sin levantar la cabeza, y por tanto, no concibo como Capel puede jugar en la selección de titular en detrimento de jugadores más imaginativos, no tan rápidos, pero igual de desequilibrantes, como es el caso de Cazorla. La selección se condiciona a sí misma con el jugador del Sevilla, quien, por su parte, se pone la venda y corre. Una de las últimas jugadas del partido contra Bosnia de Capel sobre el campo fue el ejemplo perefcto de su defecto. Agarró el balón en la banda izquierda, corrió hacia la derecha obviando varios desmarques de Villa y una vez no tuvo más campo para correr se vio rodeado de bosnios. Ante tal tesitura, pasó atrás y desperdició el contraatque. Si corrije el error, probablemente, Capel será un extremo superior cuya habilidad encaje en el estilo de la selección -estilo que excluye los extremos-, pero hasta entonces, no más Capel, gracias.

PD: No soy el único.

Vía | As, Diario de Sevilla
Foto | Marca, Daily Mail, El País

Más que Fútbol ● 2008