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miércoles, 23 de junio de 2010

Capítulo 12 | La miserable Francia

Andrés Pérez | En su delirio particular, cuando Parreira le fue a dar la mano en cortés gesto habitual entre dos entrenadores tras finalizar el encuentro, Raymond Domenech, el hombre más odiado de Francia, le negó el saludo. Con semblante enfuercido, Domenech le debió soltar una retahíla de palabras que le excusaban al tiempo que señalaba hacia el césped. Fue un gesto de impotencia y un gesto de orgullo: tú, Parreira, simbolizando a todo el mundo, no mereces mi saludo. Domenech reflejaba la impotencia de Francia o su propia impotencia al no haber podido dominar a sus seleccionados y al mismo tiempo intentaba, o creo que intentaba, mostrar al mundo una última gota de orgullo.

Desconozco en qué pensaría Domenech al término del encuentro tras negarle el saludo a Parreira, pero es posible imaginar qué debía pensar Evra desde el banquillo, relegado al exilio por su revolución contra el seleccionador, secundado por Abidal y un cúmulo de pesos pesados. El lateral observaba el romo fútbol de sus compañeros ante la apañada Sudáfrica con semblante serio, rodeado de Abidal, Henry y Malouda, lo observaba un rato y se disponía a discutir, o así nos lo hacían creer las cámaras. Poco importaba lo que su selección hiciera: Francia perdía ante la anfitriona dando una imagen peripatética indigna de una selección campeona del mundo y de la mayor tradición futbolística.

La indolencia de los futbolistas franceses, su egolatría, su rebeldía ante un seleccionador desacreditado e incompetente es un síntoma de decadencia absoluta. Francia se halla en estado de descomposición, en el fin de un ciclo repleto de altibajos desde el Mundial que organizara en 1998. Malouda, en el minuto 70, maquilló la presencia de Francia en el Mundial: anotó su único gol y difuminó las posibilidades de Sudáfrica de pasar a octavos. Francia vuelve a casa repudiada por sus ciudadanos y dilapidada por la prensa. No es solamente culpa de Domenech, sino también de unos jugadores que se han comportado de un modo miserable y que miserablemente, repletos de una penuria que merecen, regresan cabizbajos, absurdamente orgullosos de su rebeldía, a la cotidianidad de su día a día. Lejos del Mundial.

Como lejos del Mundial se va Nigeria, africana, ilusionante, decepcionante, todo ello a partes iguales, tras empatar con Corea del Sur, rival de Uruguay en los octavos de final. Lo intentó Nigeria pero se encontró con los propios fantasmas del caos africano, con una suerte de maldición que niega al talento y al físico la táctica adecuada o el gen competitivo adecuado para superar los escollos innumerables que propone cada campeonato mundial. En la desolación de los jugadores nigerianos tras consumarse la eliminación reluce como pocos la de Yakubu, señalado de la noche por un error histórico que le podría pasar a cualquiera pero que le pasó a él. África pierde dos selecciones y de no remediarlo Ghana, perderá a todas en la primera fase. Éste era su Mundial. El fútbol no entiende de sentimentalismo.

En ese mismo grupo, el B, Argentina terminó con Grecia. Amparados bajo la larga sombra de la gesta de la Euro 2004, los jugadores griegos no han aprendido que los milagros sólo se dan una vez cada demasiado tiempo como para intentar, campeonato tras campeonato, obrar la gesta del mismo modo: construyendo un muro frente a su portería. Fue una Argentina apañada, ofensiva, no excesivamente exigida, la encargada de recordárselo. Palermo certificó una victoria previsible con un gol que si no justifica su presencia en la lista de Maradona, sí refuta que todo cuanto rodea al seleccionador argentino desprende hedor a esperpento.

Resultados de la duodécima jornada:

México 0 - 1 Uruguay
Sudáfrica 2 - 1 Francia
Nigeria 2 - 2 Corea del Sur
Grecia 0 - 2 Argentina

Más Mundial | Del barrilete cósmico al sueño de Palermo (Andy Stalman en Sportyou) | Argentina y Corea ya son de octavos (El Enganche) | La autodestrucción de Henry (El Diván del Fútbol) | El imbécil culto y realizado (Enric González sobre Domenech)
Imagen | El País

viernes, 11 de junio de 2010

Capítulo 1 | El espíritu de Sudáfrica

Andrés Pérez | Mientras bajaban del autobús los Bafana Bafana cantaban y retorcían sus huesos al ritmo de una melodía imaginaria. También lo hicieron mientras, frente a más de noventa mil personas, saltaban al Soccer City, el enigmático estadio estrella de la nación que hoy y hasta el once de julio no es Sudáfrica sino África. Todo ello a la vez que dibujan una imperecedera sonrisa, la sonrisa de África, el continente maldito, el continente donde la miseria es un maldito inquilino permanente y, en cambio, se celebra un funeral al alegre ritmo de percusión y cánticos tribales. Esto es África, irradiar felicidad no es un trabajo incompatible con ser pobre.

Aquellos que descreían de Sudáfrica como sede organizadora de este Mundial debieron tragarse todas sus palabras y vanidad en esa histórica imagen que hizo por una vez sonar musicalmente las vuvuzelas. Saltó Sudáfrica y toda África detrás suyo por encima de fronteras para empatar a uno con México tras un partido mediocre tan sólo teñido de emoción en el momento en que una débil y caótica selección sudafricana obtuvo el premio del primer gol por pura justicia humana. Demostró México un espíritu excesivamente conservador que le costó una victoria que se antojaba exigible y necesaria: la presencia de Guardado en el banquillo ya era muy decidora de los planes de Aguirre. México pecó de inocencia en la faceta defensiva y cuando pudo terminar con Sudáfrica, perdida y aturdida por el peso enorme que acarreaba a sus espaldas, no lo hizo. Empató. De haber ganado, hoy sería líder de grupo.

No lo es, pero tampoco lo son Uruguay o Francia, que regalaron al público presente en Green Point un tedioso ejercicio de mediocridad y falta de talento. No en el caso de Francia tanto como en el de Uruguay, o al menos no supuestamente en el caso de Francia tanto como en el de Uruguay: el combinado que dirige de manera absurda Domenech cuenta con jugadores de calidad excelsa pero su esquema táctico es caótico y su motivación nula. Francia demostró su incapacidad para crear fútbol y Uruguay su dependencia por el mejor jugador de los dos primeros partidos disputados, Forlán, que todo lo que hizo lo hizo con sentido, sacrificándose en exceso, desgastándose hasta el punto de marrar la ocasión franca que un apagado Suárez le dejó en bandeja para degollar a Francia. Tampoco, como México, lo hizo, y más allá de eso, el partido se resumió a un ejercicio de impotencia humillante para Francia.

Hoy ha comenzado el Mundial de África. Guárdense las críticas al país organizador en otro momento y deléitense con el espíritu de un pueblo desgraciado y al mismo tiempo eternamente alegre.

Resultados de la Jornada 1:

Sudáfrica 1 - 1 México
Uruguay 0 - 0 Francia

Imagen | El País

martes, 23 de junio de 2009

Copa Confederaciones 2009 | Días 5 y 6

Andrés Pérez | Poco, o muy poco, queda que decir a lo sucedido el pasado fin de semana en Sudáfrica. El grupo de España estaba visto para sentencia, en la práctica, que no en la teoría. España jugó exactamente de la misma manera que jugó contra Irak: lenta, sin frescura, atascada en el ataque y sin claridad. A pesar de ello dominó y ganó cómodamente, aunque, y conviene tenerlo en cuenta, Sudáfrica llegó a acercarse con peligro a la meta de Reina. Récord absoluto de imbatibilidad y de victorias consecutivas. Todo un logro para una selección histórica. Ahora bien, la historia no evita que España mostrara una imagen gris y cansina frente a los anfitriones. Anfitriones que para vanagloria de la FIFA se clasificaron para semifinales y se medirán a Brasil.

Un Brasil que despachó por la vía rápida a Italia. Conviene recordar que este Brasil es más bien mediocre, con tan sólo dos o tres jugadores de verdadero relumbrón y con un entrenador que apuesta por el juego táctico alejado del virtuosismo que antaño enamoraba a todo el mundo y del que ahora se apropia España. A pesar de ello, a pesar de la ineptitud constante de Robinho y de un Kaka' a medio gas, la canarinha vapuleó a una de las peores selecciones italiana que los ojos de un servidor jamás haya contemplado. Sin defensa, sin delanteros y sobre todo, sin fluidez en un medio campo obsoleto con un Pirlo definitivamente decadente. Italia acusó en todo momento la falta de un superclase que antaño, entre tanta mediocridad ofensiva y seguridad defensiva, otorgaba alegría al combinado. Cassano lo vió desde casa.

Pasó Estados Unidos y le tocará enfrentarse a España en un partido cuanto menos atípico. Curioso el caso estadounidense. Es cierto que Egipto acudía sin Zidan y con bajas significativas, pero no es excusa para cuajar semejante partido. Deplorable, por intachable actitud americana. EEUU tiene potencial, como ya dijimos, pero le falta estilo y espíritu. Le falta jugar al fútbol y no al soccer, le falta comprender la esencia del fútbol. No es mal equipo y probablemente caiga ante España, pero, a pesar de ello, la gesta ya ha sido cumplida. Necesitaba vencer por tres goles para clasificarse y así lo hicieron. Particularmente me alegro. Mientras Italia decidía inmolarse y Egipto se dejaba arrastrar por la corriente, Estados Unidos, quien jamás pintó algo en el mundo del fútbol, tiró de heroísmo para llegar a las semifinales de la Copa Confederaciones. Algo es algo.

Imagen | Marca

jueves, 18 de junio de 2009

Copa Confederaciones 2009 | Día 3

Andrés Pérez | En otro universo paralelo, o mejor dicho, en otra latitud muy diferente a la nuestra, el fútbol mantiene aún su espíritu. Sobrevive incorrupto a los desmanes ajenos al propio deporte, se presenta como la esperanza de cualquier humano lastrado por las guerras, las dictaduras, las pestes, las pandemias y la injusticia. Amén de la pobreza, claro. En tal panorama, es normal que el ser humano sea de la raza que sea busque algo de complacencia en un mero y simple deporte. En la ilusión de cada día, en la fiesta, en la felicidad, en evadirse por noventa minutos del drama cotidiano que rodea sus días. Sudáfrica no es el país más pobre de África, al contrario, es el más rico, pero su espíritu es el espíritu del continente. No es el mundial de Sudáfrica. Es el mundial de África, de una cultura, de otro modo de ver la vida. Es el torneo que situará a África, el malogrado continente, la tierra profanada y desmembrada por el hombre blanco tantos años atrás, en el mapa occidental.

No es un asunto menor, no en vano, que por primera vez un país de África sea noticia por un hecho positivo. La afición sudafricana dio una lección a Europa. Entraron gratuitamente, es posible, pero no cejaron en su empeño feliz y decidieron animar, cantar y bailar pese al tedioso partido que se jugaba en el tapiz verde. Animaban a Irak, animaban a España. En realidad era un partido indiferente para todos ellos pero allí estaban, sabedores de su suerte y sabedores de que el fútbol, por encima de todo lo demás, es una fiesta irrepetible capaz de llenar el corazón de quienes lo viven de alegría. España ganó sí, lo hizo a trompicones y jugando uno de los peores partidos del último año, cierto. Pero la noticia no es esa. La noticia es ver sonreir a África.

Sea como fuere, ajenos a la fiesta mundana de la grada, España decidió saltar al campo al ralentí. Con el césped altísimo y dificultando notablemente la circulación del balón del conjunto de Del Bosque, la selección no pudo más que tocar y tocar frente a la muralla que Milutinovic había perpetrado en torno a su portería. Irak se defendió lo más honrosamente posible y demostró como el fútbol es capaz de superar la pobreza y la guerra, amén de la injusticia. Es loable por parte de Irak mantener un conjunto en tales circunstancias y no es menos elogiable que se planten en plena Copa Confederaciones y aguanten el tipo muy dignamente frente a la España actual. Villa, adormecido durante todo el partido, finiquitó el encuentro y se reconcilió consigo mismo tras un centro magistral de Capdevilla. Lo demás, probablemente sobró. Ayer España se enfrentó a muchos de sus rivales de aquí en adelante, y mejor o peor, se sobrepuso para seguir supernado marcas. Ya son 34 partidos sin perder. Histórico.

Sudáfrica venció a Nueva Zelanda por dos goles. Irak, para clasificarse, tendrá que hacer lo propio y esperar que España venza por una diferencia mayor de un gol. Lo tiene complicado, y no deseo nada negativo a Sudáfrica, pero sería memorable que una selección como la irakí alcanzara las semifinales de la Confederaciones y se enfrentara o a Brasil, o a Italia. Mis mejores deseos para ellos. Si alguien se lo merece, es Irak.

Vía | As
Imagen | Marca