Andrés Pérez | La pasada década (2000-2009), como la gran mayoría, ha dejado imborrables imágenes en el memorial colectivo y una pléyade especialmente prodigiosa de futbolistas para el recuerdo. Si los 90 supusieron un cambio en los usos y hábitos del fútbol, es decir, si en el anterior decenio se fraguaron los mimbres del fútbol plenamente moderno, en éste que ya hemos abandonado hemos asistido a su confirmación. Entre algunos de los futbolistas de mayor talla que la primera década del siglo XXI ha dejado es posible destacar a un grupo de delanteros que durante los mejores años de su madurez asombraron a Europa por su capacidad goleadora, su voracidad de cara a portería y su violento compromiso con el gol cada jornada. Éstos son los goleadores para recordar una década:
Ruud Van Nistelrooy
Van Nistelrooy, a pesar de su aspecto bonachón, fue posiblemente el mayor depredador de área que Europa ha visto jugar en los últimos diez años. El holandés fue un compendio de virtudes que todo delantero debe manejar con eficacia si quiere convertirse en alguien algún día: descomunal en el juego aéreo, inteligente al espacio, capacidad técnica a ras de suelo, táctica impecable de espaldas a la portería y un oportunismo en las jugadas claves desesperante para sus marcadores. El holandés es el más alto de los grandes goleadores de la última década y el que peor suerte tuvo de cara a títulos europeos: no jugó apenas una final de Copa de Europa puesto que cuando llegó al Manchester éste ya había obrado el milagro en Barcelona y, para cuando quiso aterrizar en Madrid, el conjunto de la capital se hallaba lejos de tamañas metas.
En cualquier caso, Van Nistelrooy es uno de los máximos goleadores de la historia de la Champions League, lo cual son palabras mayores. Tras deslumbrar en Holanda anotando un sinfín de goles, el tulipán se acercó al hombro de Ferguson anhelando cotas mayores. El Manchester de Scholes, Giggs, Beckham, Keane o Verón se elevó a las alturas: con Van Nistelrooy el conjunto ganó en voracidad goleadora y obtuvo todos los títulos imaginables en las islas. El holandés suplió el puesto vacante que ya había abandonado años atrás Cantona y dejó una huella indeleble en Old Trafford. Berbatov, años después de su último partido vistiendo de rojo, aún tiene sobre sí la alargada sombra de quien, un día, amagó con alcanzar las cotas de excelencia de Marco Van Basten. Lejos de ser un futbolista total, a Van Nistelrooy le bastó con su apabullante media goleadora: 337 goles en 546 partidos.
Andriy Shevchenko
Shevchenko deslumbró al mundo en la Champions League 1998/1999 llevando a su Dinamo de Kiev a las semifinales de la competición, tras dejar por el camino a equipos tan notorios como Arsenal o Real Madrid, al cual, por cierto, le anotó tres goles. Shevchenko terminó aquella Champions como máximo goleador con ocho tantos. Su Dinamo cayó en semifinales ante el Bayern, posterior mártir de la final en el Camp Nou. El Milan se fijó en él y llamó a sus puertas previendo el elevadísimo rendimiento que el ucraniano podría dar en una liga de alto nivel dadas las virtudes que había mostrado: una velocidad desorbitante compaginada a la perfección con su poderosísimo disparo.
En Italia Shevchenko se salió. Consiguió una Champions League anotando el penalty decisivo en la tanda final ante la Juventus y, como cruz, premió involuntariamente con su fallo, también en la ruleta de los penaltys, en Estambul a aquel Liverpool inverosímil de 2005. Shevchenko causó pavor. Su endiablada potencia en carrera y sus buenos fundamentos técnicos le permitieron vivir por detrás del delantero, jugueteando con sus marcadores en la línea de tres cuartos, apareciendo y escondiéndose, buscando romper las costuras rivales o resolviendo la impotencia de encontrar una jugada con lanzamientos lejanos. A Shevchenko le sobraba con un espacio. Su voracidad y poderío físico se terminaron cuando emigró a Londres tras siete temporadas en Milán donde anotó más de 170 goles. Una recta final mal llevada y decadente a mitad de camino entre el Chelsea y, breve y nuevamente, Milan, ensució la impresionante carrera del mejor jugador ucraniano de siempre. ¿El balance? 309 goles en 614 partidos.
Ronaldo Nazario de Lima
De Ronaldo hablaba Juandi Mora recientemente a raíz de su retirada. Es el primero en retirarse de todos los grandes delanteros del pasado decenio y es, con total seguridad, el que mayor impronta deja en la memoria colectiva. En honor a la verdad, el Ronaldo que maravilló al mundo no jugó a partir del 2000 sino en los últimos años del 90: primero en el PSV, como Van Nistelrooy, posteriormente en Barça e Inter de Milan. El del Barça, en concreto, se postuló como heredero de Pelé y como nuevo gran rey del fútbol. Un trono que alcanzó a medias dadas sus continuas y graves lesiones en la rodilla.
Ronaldo era un ciclón. Un jugador que combinó como ninguno la velocidad y potencia en carrera con la técnica excelsa de los mejores brasileños de siempre. A todo eso, Ronaldo le sumaba la innata capacidad de anotar goles, de perforar porterías y de sentar porteros. Su temporada en Barcelona fue una locura: en 49 partidos marcó 49 goles. Cifras históricas. Se desprendió el Barça de él y aterrizo en el Inter, donde alzó la UEFA, su único trofeo internacional y continuó su apabullante progresión. Entonces se rompió. Se rompió y deambuló tres años en un mar de impotencia e inactividad para volver en 2002, proclamarse pichichi del Mundial y, con dos goles en la final, devolver a Brasil el cetro del fútbol Mundial. Ronaldo viajó al idílico Madrid de Florentino Pérez y allí, ya convertido en un delantero de más área, de menor recorrido, volvió a anotar goles en sus últimos grandes destellos. A partir de ahí, la ruina, decadencia, Milan, Brasil, altercados con los aficionados del Corinthians, y exceso de peso marcaron su final. Para el recuerdo, esto. Y sus 352 goles en 515 partidos.
Samuel Eto'o
De los hasta ahora nombrados, el camerunés es el único que disfruta de un presente esplendoroso. Actualmente en el Inter de Milán, Eto'o lleva 15 goles esta temporada en Liga y ejerce de líder dentro del campo del vigente Campeón de Europa. En lo concerniente a Copas de Europa, Eto'o tiene amplia experiencia: ha ganado tres y ha anotado goles en dos finales diferentes. Ambas con el Barça. Hablar de Eto'o es hablar de la voracidad insaciable de un futbolista que tras ser repudiado por el Madrid se hizo un nombre y una auténtica leyenda en el Camp Nou, abriendo el marcador en las dos finales de Champions que el conjunto culé ha disputado en los últimos años.
Historia viva del fútbol, Eto'o era y es todo fibra. Un jugador que lejos de ostentar una calidad técnica notoria radicaba sus virtudes en la voracidad insaciable que le provocaba la portería rival. Su angustia, no marcar. Su plenitud, inexistente. Para Eto'o lo imposible siempre pareció poco y así, temporada tras temporada, terminó con números de auténtico escándalo. Polémico fuera del campo, abnegado trabajador dentro del mismo, el africano aún tuvo, por orgullo propio, por profesionalidad, los arrestos de marcar más de 30 goles la misma temporada en la que Guardiola le había declarado transferible en verano, antes de iniciarse la competición. De palmarés envidiable, la palabra indomable se creó para Samuel Eto'o, cuya impronta de rebelde sin causa quedará grabada a fuego en el imaginario colectivo tras sus reivindicaciones en pleno Bernabéu, al anotar un tanto, de jugar en el Real Madrid. 247 goles en 479 partidos. Nació en el 81. Los tres delanteros antes nombrados en el 76. Calculen ustedes mismos.
Thierry Henry
Durante muchos años, Henry fue considerado sin ambages el mejor jugador del planeta. Virtudes no le faltaban. A una zancada esplendorosa, Henry sumaba disparo desde larga distancia, técnica exquisita y carisma dentro del campo. El francés había sido campeón del mundo y campeón de Europa con su selección pero aún, a principios de la década, tenía los mejores años de su vida futbolística por delante. Todos ellos, a excepción de los tres últimos, en el Arsenal, en el mejor Arsenal de siempre que lo ganó todo, que durante dos años apenas encontró resistencia en Inglaterra y que, en 2006, acarició la primera Champions League de su historia.
Precisamente Henry sufrió de vértigo, quién lo iba a decir, en aquel partido. Valdés, quien más tarde seria su compañero, impidió que Henry anotara en aquella final. El Arsenal perdió ante el primer gran Barça de la década y Henry, rodeado de un equipo de viejas leyendas y jóvenes valores, aparentó reisgnarse a su sino. Dos años más tarde aterrizaría en Barcelona y, uno más, alzaría la Copa de Europa vistiendo los colores del equipo que un día le torturó. Por aquel entonces Henry era un jugador pegado a la banda, aún de prodigioso desplazamiento y capaz frente a cualquier lateral del planeta. El peso del equipo no lo soportaba ya él, pero su rendimiento fue inconmensurable. Atrás quedaban los años de liderazgo y capitanía en el Arsenal, donde su elegancia sobre el tapete verde le otorgaron el halo de ángel caído del cielo. Un ángel voraz y luminoso que dejó goles de impagable factura. 303 goles en 647 partidos.
Filippo Inzaghi
Inzaghi pertenece a esa clase de delanteros que viven de su oportunismo. Lo lleva haciendo desde que debutara siendo un imberbe en el Piacenza, a mediados de los noventa hasta sus últimos días en Milán. Inzaghi no es rápido, no es alto, no es fuerte, no es un futbolista técnico y tampoco posee una pegada temible. A pesar de ello, es uno de los máximos goleadores históricos de la Copa de Europa y un ídolo irrepetible en Milán, donde ni siquiera ha fraguado los mejores años de su carrera. Es Inzaghi, la excentricidad por bandera y el mito como mayor aval. Uno de esos extraños casos que el fútbol decide premiar.
A Inzaghi se le recuerdan sus mejores años en Turín, vistiendo los colores de la Juventus y marcando durante cuatro años seguidos más de veinte goles por temporada, números asombrosos, especialmente las de su primer año allí, alcanzando la muy admirable cifra de 36 goles en un equipo italiano. Le es indiferente, al Pippo le da igual, como le ha dado igual todo. Sus enfervorizadas celebraciones, su cartel de alborotador nato, su piel cetrina, su eterno pelo lacio y moreno, su histrionismo, todo es tan inherente a su nacionalidad, la italiana, que observándole cuesta no entender los motivos de su idolatría. A pesar de todo, Inzaghi ha sido capaz de anotar en dos temporadas más de diez goles en competición europea. Todo un logro. Algo común para Inzaghi, jugador que vive al filo de la red, en el área pequeña, buscándose la vida en cotos vedados para tipos como él: las alturas, las largas carreras, el cuerpo a cuerpo. Inzaghi, aquel futbolista que anotaría dos goles en una final de Copa de Europa para martirio de Reina, finaliza sus días aún amargando la vida a grandes equipos. El último en sufrirle fue el Real Madrid. Bendito sufrimiento, añado. 315 goles en 607 partidos.
Raúl González Blanco
Albergaba dudas sobre la posibilidad de incluir aquí a Raúl o no. Si bien es cierto que el mejor Raúl pertenece a la primera década del siglo XXI, sería un acto temerario obviar en el balance de su carrera las excelsas primeras cinco temporadas como profesional, todas ellas disputadas en los noventa, Champions League de 1998 inclusive. Asimismo, Raúl no es un nueve. No es un delantero al uso como los anteriormente nombrados. Posiblemente, éste último argumento en contra de su inclusión se volvió, de una forma algo irónica, a su favor: a pesar de no ejercer de delantero puro, Raúl tiene un promedio de goles apabullantes y lidera holgadamente la clasificación de máximo goleador histórico de la Copa de Europa con 69 goles. Números inmejorables, de leyenda, de uno de los mejores jugadores de siempre en España y en Europa.
A Raúl le pesará por siempre su vinculación madridista, su penalty ante Barthez y sus últimos años como profesional en Madrid, siempre rodeados de la polémica sobre su titularidad o estancia en el equipo. Ajeno a todo ello y mucho antes de que Raúl pasara a ser objeto de agrias disputas entre aférrimos a su causa y absolutos opositores, su trayectoria es impecable. De auténtico genio. Raúl, el más prematuro de todos los aquí nombrados, el más genio, el más inteligente, el que mejor supo sacar provecho de sus virtudes, el más puntual a su cita con la Historia, el más temido por hinchadas rivales, termina sus días en Alemania, vistiendo los colores del Schalke, aún a tiempo de amargar la existencia de algunos. En su día fue uno de los mejores jugadores del momento. Alejado siempre de los focos del fútbol mediático, obstinado en su trabajo en el Madrid, a Raúl se le negó un Mundial y un Balón de Oro, títulos que, no tanto el segundo, hubieran engalanado más si cabe su palmarés. Su historial de virtudes, de golazos, de goles inverosímiles, oportunistas, de cuchara, de rebote, de estar ahí. Porque Raúl está, estuvo y siempre estará ahí. Acechando. Oliendo a triunfador. 338 goles en 779 partidos.
Por el camino se quedan unos cuantos. Gracias a todos los que propusisteis nombres de grandes delanteros de la pasada década y al intenso debate que se creó en Twitter. Los nombres de aquellos delanteros que de un modo u otro serán herencia de esta década: Elber, Jardel, Forlán, Makaay, Morientes, Owen, Crespo, Claudio López, Larsson, Palermo, Klose, Drogba o Trezeguet entre otros muchos.
Lectura recomendada | Tabla histórica de goleadores de la Liga de Campeones
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viernes, 11 de marzo de 2011
Delanteros para una década
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jueves, 10 de marzo de 2011
Y sin embargo se mueve
Andrés Pérez | Sucede con frecuencia en el fútbol: ser mejor implica una demostración práctica. La teoría es papel mojado hasta que se aplica en el plano real. Es cierto, el Valencia tiene mejores mimbres que el Schalke 04, un desordenado conjunto alemán cuya defensa es caótica y cuyas principales virtudes son las individualidades talentosas en el frente de ataque. En apariencia, y a pesar del sufrido empate que los de Emery cosecharon en campo propio, gol de Raúl incluido, el Valencia era el favorito para pasar a los cuartos de final. Tanto la situación del conjunto alemán en Liga como el buen estado de determinados jugadores valencianistas invitaban al optimismo. En teoría. En la práctica no basta con ser mejor sino con saber ser mejor. Y en ese sentido el Schalke impartió una lección.
Se adelantó de nuevo el Valencia, como ya hiciera en Mestalla. Esta vez el encargado de abrir el marcador fue Ricardo Costa, de manera casi fortuita tras un buen destello de calidad de Topal en la banda izquierda, supuesta autovía para los deslices desmesurados del portento físico que es Mathieu. Supuesta puesto que Uchida, el joven lateral japonés que se desempeña en el carril derecho del Schalke, demostró cierta flaqueza defensiva en el campo valencianista pero apenas tuvo errores anoche. El gol de Costa no espoleó al Valencia sino que lo acomodó en una peligrosa tierra de nadie, donde el lento y anodino transcurrir de los acontecimientos, alejado el Schalke de Guaita, conformista el equipo valenciano de cara a la portería de Neuer, relajó en exceso a los de Emery. Al Schalke, equipo de limitaciones técnicas evidentes con un centro del campo huérfano desde la marcha de Rakitic al Sevilla, se le apreciaba más tesón que ideas, lo que, en un principio, no suponía mayores quebraderos de cabeza para David Navarro y Costa, pareja de centrales anoche.
Sin embargo, la acomodación fue excesiva. El Valencia no se relajó: directamente se durmió. Perdió de vista la portería rival y comenzó a preocuparse por el ímpetu plenamente físico que Farfán o Kluge imponían en las bandas. Jurado revoloteaba por el carril izquierdo acompañado de Escudero, grata sorpresa de la noche, y Raúl y Gavranovic buscaban recibir de espaldas a la portería de Guaita. No tuvo especiales contratiempos el canterano hasta que al borde del área, en una acción un tanto desafortunada de Navarro, Gavranovic cayó al suelo. Había transcurrido casi toda la primera parte y el Valencia, a pesar del tanto inicial, no aparentaba ser un equipo que tuviera el partido bajo control. Menos aún cuando Farfán, en un ejercicio fabuloso de precisión, superó la barrera valencianista y firmó el gol de la jornada.
El empate, no obstante, suponía cierto peligro para el Schalke. Tal es la paradoja: ante la falta de ambición del Valencia una vez se puso por delante, Neuer apenas se tuvo que esforzar. Sin embargo, el empate presagiaba malas noticias para el equipo de Magath: con un tanto el Valencia obligaría al Schalke a anotar otros dos. Una empresa algo utópica para un conjunto de limitaciones evidentes como el alemán. Lejos de ello, el Valencia siguió sin rumbo, sin plano, sin idea alguna que transmitir desde el campo. Banega no lograba conectar con Mata y Aduriz se perdía entre la enclenque defensa alemana hasta el punto de marrar un mano a mano claro ante Neuer. Fue un destello, casi un accidente provocado por la debilidad de la defensa del Schalke, en ningún caso el resultado de una tendencia ofensiva.
El Schalke, espoleado por el atronador rugido de su afición, apta como pocas para la entonación de cánticos corales en un estadio de acústica sublime, siguió concentrado en su particular batalla, la de vencer a sus propias limitaciones. Una acometida de Kluge en banda izquierda frente a un Bruno algo parsimonioso deparó en un altísimo centro. Guaita intentó despejar en vez de blocar y falló. El balón pasó por delante de Mathieu y llegó a Farfán, quien en primera instancia mandó el tiro, al borde del área pequeña, al cuerpo de Guaita. El rechace lo aprovechó Gavranovic para adelantar por primera vez al Schalke en la eliminatoria. De ahí al final, al conjunto de Magath sólo le restaba rezar.
Rezar por una defensa adelantada incapaz de medir los pases a su espalda. Hasta en dos ocasiones fueron capaces los centrocampistas valencianistas de superar por alto, en balones frontales, sencillos y francos, a los centrales locales. Ninguna de las dos ocasiones, de clara ruptura de la última línea del Schalke, fue aprovechada por el Valencia. Emery se ofuscó y retiró a Banega, el mejor dotado del equipo valenciano, para dar salida a Tino Costa. Con Soldado en el campo en detrimento de Aduriz la consigna estaba clara: balones por alto. Un caramelo para la defensa del Schalke, feliz en su desempeño aéreo, lo único realmente fiable de sus virtudes. Hasta el minuto final el Valencia dispuso de pocas ocasiones claras y el Schalke entre tanto sufrió para anotar el tercero y sentenciar la eliminatoria. Tras dos ejercicios de fútbol irrisorio, Farfán, con el Valencia en área contraria, marcó el tercero. Había muerto el Valencia víctima de sus propios errores. No es mejor equipo el Schalke, y sin embargo lo fue. No giraba la tierra en torno a nada, y sin embargo se movía. En el fútbol, la teoría es y será simple y mera teoría.
P.D.
En otro orden de cosas, el Tottenham empató a cero en White Hart Lane para echar fuera de los cuartos al Milan. Sólo resta el Inter en competición europea y parte en desventaja la semana que viene frente al Bayern. De caer en Munich, no quedará ningún equipo italiano en competición continental en marzo.
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miércoles, 16 de febrero de 2011
Raúl a lo suyo
Andrés Pérez | Debe ser frustrante para la afición del Valencia que Raúl, una vez había anotado a su equipo doce goles a lo largo de toda su carrera vistiendo los colores del Real Madrid, aparezca de nuevo en Mestalla, en la recta final de su carrera y portando los colores de un extravagante equipo alemán, para marcar más goles. Raúl sigue teniendo la habilidad de dejar con cara de pasmo a la grada rival. Anoche se adelantó a Navarro en el área al intuir como nadie la trayectoria de un centro lateral desde la banda izquierda y empató el partido tras un control sutil y un disparo renqueante y bulímico. Era Raúl, con otros colores y con más canas, pero seguía siendo Raúl.
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
Imagen | El País
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
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martes, 15 de febrero de 2011
De Raúl y las segundas oportunidades
Andrés Pérez | Probablemente, la imagen que evoca Raúl en la mente de todo espectador cuando se habla de su figura es la de la cuchara. Una forma de vaselina no inventada por él pero sí patentada. Pocos futbolistas han sido capaces de identificar con tamaña facilidad un gesto a su persona. Raúl ha podido, como con tantas otras cosas: un sinfín de goles, trofeos y elogios de todo tipo. Amor y odio, también por partes iguales, despertando los recelos de tantos y la idolatría de otros, ya en su recta final en el Real Madrid, abatido, viejo, lento y sumido en un eterno debate siempre al margen de sus méritos futbolísticos.
El mejor Raúl se apagó hace tiempo. Se pueden esgrimir los datos de dos de sus tres últimas temporadas en el Bernabéu —donde superó la veintena de goles en dos de ellas— e intentar defender la inmaculada trayectoria del delantero, su siempre innegable derroche de energías y de talento, en efecto. Raúl siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, pero el buen Raúl comenzó a desdibujarse tras el Mundial de Corea y la última Liga que consiguió aquel Madrid de ensueño liderado por él y comandado por Zidane, Ronaldo o Figo. La opacidad de la última etapa de aquella gloriosa conjunción de futbolistas ensombreció a Raúl que, cuando se marcharon todos, siguió al borde del acantilado. Seguir en aquel Madrid, post-Florentino y post-galácticos al que se le asociaba de un modo intrínseco a pesar de sus méritos previos, le valió la división definitiva entre detractores y aduladores.
Sus últimos días en España pasaron desapercibidos. Le valió un gol a modo póstumo en La Romareda cierta despedida honorífica antes de tiempo. Decidió marcharse a Alemania sabedor de que su ciclo se había terminado, quizá entendiéndolo demasiado tarde, quizá no. Sea como fuere, la decisión ha rejuvenecido a Raúl, que vive una suerte de segunda juventud más encorvado, más lento, pero igual de intuitivo. Asentado en la titularidad del Schalke, Raúl regresa a España para enfrentarse al Valencia en octavos loando las virtudes del competitivo campeonato alemán, disfrutando los gozos del anonimato en tierra germánica.
Ha marcado 12 goles. Ya ha dejado como marca su habitual cuchara en alguno de ellos. No sería de extrañar encontrar una vez más a Raúl anotando en Mestalla, ante uno de sus equipos fetiche, el Valencia, a quien amargó en la final del 2000 con un último gol imborrable de la retina colectiva. Por ahí andará Raúl, a ratos apagado, a ratos inspirado, con la planta extraña y poco ortodoxa que le caracterizó en su última etapa en el Madrid, revoloteando como siempre ha hecho entre líneas, silencioso, callado, en apariencia dócil. No sería extraño que no apareciera en todo el partido. Para entonces, a modo de destello del futbolista que fue y alardeando de una virtud que nunca perderá, quizá ya haya marcado en una jugada inverosímil, apareciendo tras un rechace, a la espera de una segunda oportunidad. Raúl, asentiremos para entonces todos, asintiendo lacónicamente a los últimos días de un delantero para la posteridad.
Lectura recomendada | "Estoy disfrutando en una Liga mucho más física" (El País)
Imagen | El País
El mejor Raúl se apagó hace tiempo. Se pueden esgrimir los datos de dos de sus tres últimas temporadas en el Bernabéu —donde superó la veintena de goles en dos de ellas— e intentar defender la inmaculada trayectoria del delantero, su siempre innegable derroche de energías y de talento, en efecto. Raúl siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, pero el buen Raúl comenzó a desdibujarse tras el Mundial de Corea y la última Liga que consiguió aquel Madrid de ensueño liderado por él y comandado por Zidane, Ronaldo o Figo. La opacidad de la última etapa de aquella gloriosa conjunción de futbolistas ensombreció a Raúl que, cuando se marcharon todos, siguió al borde del acantilado. Seguir en aquel Madrid, post-Florentino y post-galácticos al que se le asociaba de un modo intrínseco a pesar de sus méritos previos, le valió la división definitiva entre detractores y aduladores.
Sus últimos días en España pasaron desapercibidos. Le valió un gol a modo póstumo en La Romareda cierta despedida honorífica antes de tiempo. Decidió marcharse a Alemania sabedor de que su ciclo se había terminado, quizá entendiéndolo demasiado tarde, quizá no. Sea como fuere, la decisión ha rejuvenecido a Raúl, que vive una suerte de segunda juventud más encorvado, más lento, pero igual de intuitivo. Asentado en la titularidad del Schalke, Raúl regresa a España para enfrentarse al Valencia en octavos loando las virtudes del competitivo campeonato alemán, disfrutando los gozos del anonimato en tierra germánica.
Ha marcado 12 goles. Ya ha dejado como marca su habitual cuchara en alguno de ellos. No sería de extrañar encontrar una vez más a Raúl anotando en Mestalla, ante uno de sus equipos fetiche, el Valencia, a quien amargó en la final del 2000 con un último gol imborrable de la retina colectiva. Por ahí andará Raúl, a ratos apagado, a ratos inspirado, con la planta extraña y poco ortodoxa que le caracterizó en su última etapa en el Madrid, revoloteando como siempre ha hecho entre líneas, silencioso, callado, en apariencia dócil. No sería extraño que no apareciera en todo el partido. Para entonces, a modo de destello del futbolista que fue y alardeando de una virtud que nunca perderá, quizá ya haya marcado en una jugada inverosímil, apareciendo tras un rechace, a la espera de una segunda oportunidad. Raúl, asentiremos para entonces todos, asintiendo lacónicamente a los últimos días de un delantero para la posteridad.
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miércoles, 10 de febrero de 2010
Raúl o la definitiva transición
Andrés Pérez | Parecía lejano el día en que Raúl González Blanco, uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol español, ocupara permanentemente una plaza en el banquillo del Real Madrid. Lo cierto es que hoy, oscurecido por las jóvenes y refulgentes figuras salidas del talonario de Florentino Pérez, Raúl es suplente con todo el merecimiento del mundo. Su luz se apagó, el cicló se terminó, su juventud se evaporó tiempo atrás y de aquel jugador genial que levantó tres Copas de Europa queda tan sólo la nostalgia de un recuerdo. Raúl es melancolía de lo que un día fue y de lo que no volverá a ser jamás. Cuando un futbolista llega a este punto, conviene plantearse la retirada.
El debate planteado en la prensa madridista durante los últimos años acerca de la titularidad de Raúl y su utilidad en el equipo ha dinamitado su imagen. Ha contribuido a polarizar un debate estéril: la valía de Raúl. Lejos de favorecerle, su condición de morbo + audiencia le ha lacerado de manera irremediable y hoy, aparcado ese debate por irracional, absurdo y pernicioso, Raúl camina cabizbajo y escondido intentando asumir su suplencia, su muerte como alma máter del Real Madrid.
Como digo, es la hora de cruzar la laguna Estigia para Raúl. Desde 2003 no es el mismo, paradójicamente, desde que decidiera dejarse larga melena, paradójicamente desde que tomó el relevo de Hierro en la primera capitanía del equipo. Las lesiones y el paso de una carrera cimentada desde una tierna juventud le pasaron factura con prontitud, haciendo que demasiados renegaran de su calidad y de sus logros hasta la fecha, sin tener en cuenta las circunstancias, ni las evidentes pruebas arguibles en favor de quien estaba de manera perpetua en el ojo del huracán.
Raúl durante los últimos cuatro años nunca ha sido el mismo. Normalmente ha sido un lastre, un jugador lento y plomizo, una habitual losa; también ha marcado goles, sí, también ha sido espíritu, en efecto, pero tampoco es casual que desde su bajón de nivel el equipo no haya pasado de octavos en Copa de Europa. Ni tan santo, ni tan demonio. Raúl lleva más de catorce años al máximo nivel: su ciclo evolutivo aventuraba esto. Una retirada a los treinta y pocos años. Cabe planteárselo sin tildarlo de tabú. Por su bien.
Vía | Wikipedia
Imagen | De archivo
El debate planteado en la prensa madridista durante los últimos años acerca de la titularidad de Raúl y su utilidad en el equipo ha dinamitado su imagen. Ha contribuido a polarizar un debate estéril: la valía de Raúl. Lejos de favorecerle, su condición de morbo + audiencia le ha lacerado de manera irremediable y hoy, aparcado ese debate por irracional, absurdo y pernicioso, Raúl camina cabizbajo y escondido intentando asumir su suplencia, su muerte como alma máter del Real Madrid.
Como digo, es la hora de cruzar la laguna Estigia para Raúl. Desde 2003 no es el mismo, paradójicamente, desde que decidiera dejarse larga melena, paradójicamente desde que tomó el relevo de Hierro en la primera capitanía del equipo. Las lesiones y el paso de una carrera cimentada desde una tierna juventud le pasaron factura con prontitud, haciendo que demasiados renegaran de su calidad y de sus logros hasta la fecha, sin tener en cuenta las circunstancias, ni las evidentes pruebas arguibles en favor de quien estaba de manera perpetua en el ojo del huracán.
Raúl durante los últimos cuatro años nunca ha sido el mismo. Normalmente ha sido un lastre, un jugador lento y plomizo, una habitual losa; también ha marcado goles, sí, también ha sido espíritu, en efecto, pero tampoco es casual que desde su bajón de nivel el equipo no haya pasado de octavos en Copa de Europa. Ni tan santo, ni tan demonio. Raúl lleva más de catorce años al máximo nivel: su ciclo evolutivo aventuraba esto. Una retirada a los treinta y pocos años. Cabe planteárselo sin tildarlo de tabú. Por su bien.
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miércoles, 11 de noviembre de 2009
Enajenación futbolística

Andrés Pérez | Nunca dejen de sorprenderse. Nunca desesperen en su búsqueda: aún puede haber algo peor que palmar 4-0 en Alcorcón tras haber realizado el mayor desembolso económico de la historia. Es posible caer más en el descrédito y es posible que el espectador siga sin explicarse absolutamente nada, deje de comprender el mundo y, hastiado, decida romper el televisor, porque nada merece ya la pena si un equipo de Segunda B es capaz de superar al Real Madrid en todas las facetas del juego para simplemente perder por un gol y eliminar al gigantón del fútbol español. O, seamos felices optimistas, puede suceder que tras contemplar semejante logro, el espectador en cuestión se reconcilie con la humanidad y descorche su mejor botella de vino para celebrar el milagro de cada día, seguir vivo. Como ven la enajenación que domina mi mente me impide hablar de fútbol. Hablo de la vida. Porque la vida es maravillosa, que diría cierto narrador ya en otro tiempo, y alumbra milagros e historias inverosímiles en cada esquina. Como la del Alcorcón. ¿Locura? Explíquenme ustedes de otra manera lo que ha sucedido en sólo dos partidos.
Como decía, era complejo imaginar un descalabro superior a la derrota... Disculpen, a la goleada histórica que el Madrid recibió de un equipo de barrio asentado con cierta holgura en la Segunda B. Pero he de insistir: jamás dejen de sorprenderse, es la gracia de la vida. Y en estas, el Alcorcón, noble equipo exento de calidad alguna en comparación al Real Madrid de los 250 millones de euros, se plantó en el tupido verde césped del Bernabeú, estadio mítico para la gloria, las remontadas y tantas cosas más. Y fue el Madrid quien osó desafiarle, quien hablaba de épica, noche de remontada, espíritu de Juanito y tantas banalidades más en boca de quien es incapaz de llevarlas a cabo. Y el Alcorcón, ni cortado ni amedrentado, planteó fútbol. Simple y llanamente. Ni bueno ni malo. Fútbol, señores, que es más fácil de lo que parece. Bandas, asociación, ensanchar el campo, cierta presión, orden, colocación, y lo que es más importante, conocimiento de causa. En el conjunto de barrio todos y cada uno de los futbolistas sabían qué tenían que hacer en el campo. Así jugar a este bello deporte es mucho más sencillo.
Qué les voy a contar del Madrid que no sepamos ya. Parece increíble, pero un equipo de Segunda B sabe jugar al fútbol mucho mejor que el segundo clasificado de la Liga Española. No es una cuestión de calidad ni de belleza estética. Repetimos: es una cuestión de orden y conocimiento. En el Madrid el orden es inexistente en todas sus líneas y el conocimiento brilla por su ausencia, como Kaka', como Raúl, como el inoperante Gago, como Higuaín, ese maravilloso jugador, como tantos otros que osaron enfrentarse al Alcorcón en la ida. Sin concierto alguno, únicamente Van der Vaart con un disparo lejano acertó a maquillar el ridículo, si es que a tamaño horror le cabe disimulo. El Bernabeú finalizó el partido aplaudiendo al Alcorcón y toreando a su propio Madrid: se llegaron a escuchar olés. ¿Hablar de fútbol, del sistema del Madrid, de las consecuencias y de las posibles soluciones? Venga ya. Una noche como esta merece hablar de todo menos de fútbol. Y en esto también descubrimos la magia de tan encantador entretenimiento.
P.D.
En otro orden de asuntos, el Zaragoza debió decidir que el gol no es su jurisdicción y empató a cero frente al colista de Primera División, huelga decirlo, el Málaga. Málaga que salió de su propio campo, habiendo logrado la clasificación, pitado y abucheado. Según Carrusel Deportivo la segunda parte fue un asedio constante del Zaragoza. Bien, si saben jugar, tocan con holgura, tienen conocimiento de causa que decíamos antes, pero mientras la defensa mantenga el mismo nivel de mediocridad y ningún delantero asome para perforar porterías rivales mantendremos la incertidumbre hasta el final. Yo no desespero. Equipo hay. Faltan los goles.
Vía | Más que Fútbol
Imagen | Marca
Como decía, era complejo imaginar un descalabro superior a la derrota... Disculpen, a la goleada histórica que el Madrid recibió de un equipo de barrio asentado con cierta holgura en la Segunda B. Pero he de insistir: jamás dejen de sorprenderse, es la gracia de la vida. Y en estas, el Alcorcón, noble equipo exento de calidad alguna en comparación al Real Madrid de los 250 millones de euros, se plantó en el tupido verde césped del Bernabeú, estadio mítico para la gloria, las remontadas y tantas cosas más. Y fue el Madrid quien osó desafiarle, quien hablaba de épica, noche de remontada, espíritu de Juanito y tantas banalidades más en boca de quien es incapaz de llevarlas a cabo. Y el Alcorcón, ni cortado ni amedrentado, planteó fútbol. Simple y llanamente. Ni bueno ni malo. Fútbol, señores, que es más fácil de lo que parece. Bandas, asociación, ensanchar el campo, cierta presión, orden, colocación, y lo que es más importante, conocimiento de causa. En el conjunto de barrio todos y cada uno de los futbolistas sabían qué tenían que hacer en el campo. Así jugar a este bello deporte es mucho más sencillo.
Qué les voy a contar del Madrid que no sepamos ya. Parece increíble, pero un equipo de Segunda B sabe jugar al fútbol mucho mejor que el segundo clasificado de la Liga Española. No es una cuestión de calidad ni de belleza estética. Repetimos: es una cuestión de orden y conocimiento. En el Madrid el orden es inexistente en todas sus líneas y el conocimiento brilla por su ausencia, como Kaka', como Raúl, como el inoperante Gago, como Higuaín, ese maravilloso jugador, como tantos otros que osaron enfrentarse al Alcorcón en la ida. Sin concierto alguno, únicamente Van der Vaart con un disparo lejano acertó a maquillar el ridículo, si es que a tamaño horror le cabe disimulo. El Bernabeú finalizó el partido aplaudiendo al Alcorcón y toreando a su propio Madrid: se llegaron a escuchar olés. ¿Hablar de fútbol, del sistema del Madrid, de las consecuencias y de las posibles soluciones? Venga ya. Una noche como esta merece hablar de todo menos de fútbol. Y en esto también descubrimos la magia de tan encantador entretenimiento.P.D.
En otro orden de asuntos, el Zaragoza debió decidir que el gol no es su jurisdicción y empató a cero frente al colista de Primera División, huelga decirlo, el Málaga. Málaga que salió de su propio campo, habiendo logrado la clasificación, pitado y abucheado. Según Carrusel Deportivo la segunda parte fue un asedio constante del Zaragoza. Bien, si saben jugar, tocan con holgura, tienen conocimiento de causa que decíamos antes, pero mientras la defensa mantenga el mismo nivel de mediocridad y ningún delantero asome para perforar porterías rivales mantendremos la incertidumbre hasta el final. Yo no desespero. Equipo hay. Faltan los goles.
Vía | Más que Fútbol
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jueves, 22 de octubre de 2009
Copa de Europa | Esperpento en el Bernabeú (Real Madrid 2 - 3 Milan)

Andrés Pérez | Pocos atributos le quedan a un Milan fosilizado, y pocos demostró durante sesenta minutos. Sin embargo, en su apatía, en su lentitud, en su extrema vejez, consiguió arrastrar al Madrid. Consiguió lo que nadie supo ver, desconozco si fruto de su propia y triste penuria o de un planteamiento táctico inteligente por parte de Leonardo. Adormecido, alicaído, lento, sin espíritu ni energía, cementerio de viejas glorias, penó durante tres cuartas partes del partido tras un Madrid absolutamente inocuo. Se dejó llevar. Se arrastró a la misma desidia adormecida en la que el Milan lleva atascado dos años, equiparó su energía a la de los seniles futbolistas de conjunto rossonero, no hizo absolutamente nada por rematar a un equipo de nivel mediocre que vive por lo que fue, melancólico, taciturno, apenas brillante. Sin embargo, llegado su momento, el Milan supo aprovechar su larga y excesiva experiencia. Supo comprender que el Madrid, tras dormirse, no sería capaz de despertar. Que los años, aunque pesados, son sabiduría. Y desató su huracán. Un último grito de orgullo y rebeldía. Por un momento, quien hasta hace apenas diez minutos parecían decrépitos y ruinosos alrededor de jóvenes y vigorosos muchachos vestidos de blanco, decidió rememorar quién fue. Y lo hizo.
Lo hizo a costa de un Madrid imperfecto y de nuevo desdibujado. Comenzó de manera vibrante el partido, con un clarísimo penalti no pitado a Benzema y con un gol de Raúl tras descorazonador fallo de Dida, a quien la edad domina como a pocos. Consiguió el Madrid afianzarse arriba en el marcador y, la verdad, nadie esperaba que el Milan reaccionara. Pirlo no corría y Seedorf se limitaba a lanzar pases a un joven y descontrolado Pato. Inzaghi no apareció y Ronaldinho confirmó su total arrastre. Tan sólo Nesta imponía seguridad y energía en una zaga lenta e insegura. El Milan era un cromo. Un caramelo para un Madrid que pudo haberlo machacado de haberlo deseado. Pero no lo hizo y en tal error descubrimos el porqué de la victoria visitante. El Milan no ganó por méritos propios, lo hizo por deméritos del conjunto de Pellegrini, quien, apesumbrado, desquiciado por la falta de ritmo de los once viejos jugadores de Leonardo, decidió sentarse y esperar. Como esperaron todos, desde Casillas hasta Benzema pasando por un triste Kaka’. En tal actitud, en tal garrafal error, adivinamos las carencias de un Madrid que anoche paseó sin alma ni espíritu, sin fútbol ni inteligencia. Se dejó llevar al mismo lodo infernal del Milan. Se dejó llevar al mismo partido entre veteranos del conjunto rossonero. Se dejó llevar, en suma, al patetismo, a la ruina, a la tragicomedia, al esperpento.
Por momentos, el encuentro de ayer rozó lo que Valle-Inclán, acertadamente, definía como esperpento. Una situación cochambrosa y patética, aderezada únicamente por el humor. Desde el humor ha de afrontarse lo sucedido anoche y tan sólo desde la sonrisa podría el aficionado perdonar tal gesto de indolencia y pasividad a sus jugadores. Cuesta imaginar porqué con un equipo prácticamente de veteranos, el Madrid decidió perdonarle la vida. La historia se resume en: el Madrid posee el partido, el Madrid tira el partido. Y el Milan, perro viejo, lento pero jamás exento de calidad, supo aprovecharlo. Bastó un fogonazo de Pirlo, otro de Pato, dos garrafales errores de Casillas, un gol de Drenthe que recuperó la ilusión y una genialidad de Seedorf para hacer del partido de anoche algo histórico. Por lo irrepetible, por lo inesperado. Jamás un partido con tan poco ritmo, con tan poca vitalidad, deparó tantas emociones. Entre tanto, haría bien el Madrid en replantearse su sino, en sentar la cabeza tras lo sucedido frente al Milan. Se enfrentaba al primer equipo grande de la temporada y perdió, pero no por la superioridad del rival, como cabría esperar, sino por la propia inferioridad de un Madrid que, empapado, se dejó llevar por la corriente milanesa. Y terminó hundido en lo más profundo pozo del océano.
Vía | Wikipedia
Imagen | Marca
Lo hizo a costa de un Madrid imperfecto y de nuevo desdibujado. Comenzó de manera vibrante el partido, con un clarísimo penalti no pitado a Benzema y con un gol de Raúl tras descorazonador fallo de Dida, a quien la edad domina como a pocos. Consiguió el Madrid afianzarse arriba en el marcador y, la verdad, nadie esperaba que el Milan reaccionara. Pirlo no corría y Seedorf se limitaba a lanzar pases a un joven y descontrolado Pato. Inzaghi no apareció y Ronaldinho confirmó su total arrastre. Tan sólo Nesta imponía seguridad y energía en una zaga lenta e insegura. El Milan era un cromo. Un caramelo para un Madrid que pudo haberlo machacado de haberlo deseado. Pero no lo hizo y en tal error descubrimos el porqué de la victoria visitante. El Milan no ganó por méritos propios, lo hizo por deméritos del conjunto de Pellegrini, quien, apesumbrado, desquiciado por la falta de ritmo de los once viejos jugadores de Leonardo, decidió sentarse y esperar. Como esperaron todos, desde Casillas hasta Benzema pasando por un triste Kaka’. En tal actitud, en tal garrafal error, adivinamos las carencias de un Madrid que anoche paseó sin alma ni espíritu, sin fútbol ni inteligencia. Se dejó llevar al mismo lodo infernal del Milan. Se dejó llevar al mismo partido entre veteranos del conjunto rossonero. Se dejó llevar, en suma, al patetismo, a la ruina, a la tragicomedia, al esperpento.
Por momentos, el encuentro de ayer rozó lo que Valle-Inclán, acertadamente, definía como esperpento. Una situación cochambrosa y patética, aderezada únicamente por el humor. Desde el humor ha de afrontarse lo sucedido anoche y tan sólo desde la sonrisa podría el aficionado perdonar tal gesto de indolencia y pasividad a sus jugadores. Cuesta imaginar porqué con un equipo prácticamente de veteranos, el Madrid decidió perdonarle la vida. La historia se resume en: el Madrid posee el partido, el Madrid tira el partido. Y el Milan, perro viejo, lento pero jamás exento de calidad, supo aprovecharlo. Bastó un fogonazo de Pirlo, otro de Pato, dos garrafales errores de Casillas, un gol de Drenthe que recuperó la ilusión y una genialidad de Seedorf para hacer del partido de anoche algo histórico. Por lo irrepetible, por lo inesperado. Jamás un partido con tan poco ritmo, con tan poca vitalidad, deparó tantas emociones. Entre tanto, haría bien el Madrid en replantearse su sino, en sentar la cabeza tras lo sucedido frente al Milan. Se enfrentaba al primer equipo grande de la temporada y perdió, pero no por la superioridad del rival, como cabría esperar, sino por la propia inferioridad de un Madrid que, empapado, se dejó llevar por la corriente milanesa. Y terminó hundido en lo más profundo pozo del océano.Vía | Wikipedia
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martes, 12 de mayo de 2009
Y digo yo | Censurando, la portada del Marca

Juandi Mora | Yo escribo, como siempre que lo hago para este bendito blog, con ganas de meter cizaña y de hacer daño a esa llaga ya madura donde sea que esté. Señores de Marca, muy señores míos. Tururú, esperad un momento —por eso de mi raulismo campante— sí, está bien dicho, tururú. Son ganas, de verdad que son ganas. Hay un señor que puede estar en el banquillo —y será presidente de este bendito equipo—, el que está en examen. Un jugador franquicia, dice sé —yo cultivado en NBA— es el jugador que marca diferencias, el que quiere todo el mundo. Señores de Marca, me repito. Si no quieren al 7 díganlo. Pero milongas de estas de medio pelo, de diario vendido a espuertas por una sociedad futbolelizada, no.
Milongas, me encanta la palabra, hay muchas en la prensa como para ponerla de portada. Que sí. Que mi fuente me dijo esto. Que sí. Que Ramón Calderón tenía fichado a Kaka' y Tatín a Pelé. Pues también. Señores, que Raúl puede ser el más criticado por esos que dicen que sus goles no valen lo mismo que los de Eto'o o Villa. Pero ¿de ahí a mercancía? 40 kilos dicen que va a cobrar. 40 canicas, me jugaba con ustedes a que no se va. Ostia, que osado el que escribe. Me corroe aquello del "el tio de Y digo yo" es raulista. Sí. Nunca engañé. Este señor tiene treintaytantos como diría Lina Morgan. Si alguien tiene que pagarle es el Madrid. Si alguien tiene que venderle es el madridismo. Amén, amigos.
Vía | Terra, Marca
Imagen | Marca
Más que Fútbol ● 2009
Milongas, me encanta la palabra, hay muchas en la prensa como para ponerla de portada. Que sí. Que mi fuente me dijo esto. Que sí. Que Ramón Calderón tenía fichado a Kaka' y Tatín a Pelé. Pues también. Señores, que Raúl puede ser el más criticado por esos que dicen que sus goles no valen lo mismo que los de Eto'o o Villa. Pero ¿de ahí a mercancía? 40 kilos dicen que va a cobrar. 40 canicas, me jugaba con ustedes a que no se va. Ostia, que osado el que escribe. Me corroe aquello del "el tio de Y digo yo" es raulista. Sí. Nunca engañé. Este señor tiene treintaytantos como diría Lina Morgan. Si alguien tiene que pagarle es el Madrid. Si alguien tiene que venderle es el madridismo. Amén, amigos.
Vía | Terra, Marca
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Más que Fútbol ● 2009
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Y digo yo | por Juandi Mora
jueves, 12 de marzo de 2009
20.45, cuartos de final (II)

Andrés Pérez | Cuesta creer que un equipo que ha costado en tres años algo más de doscientos millones de euros hiciera el ridículo de manera tan estrepitosa la pasada noche en Anfield. Cuesta creer que el Real Madrid no haya superado durante cinco años consecutivos los octavos de final —por no hablar de la eliminación clamorosa del Mónaco en 2004, que fue en cuartos pero igual de deshonrosa— y sobre todo cuesta creer que el mejor jugador y a todas luces el más determinante de un equipo de tal calibre sea el portero. No hubo color. Bueno sí. Uno. En concreto el rojo. Quienes antes de la eliminatoria decían que el Liverpool era un equipo planito, sin fútbol, que se agazapaba atrás y esperaba a su rival debieran replantearse su percepción futbolística. Hay una diferencia notable entre el Liverpool y el Real Madrid. Es cierto que Benítez es un amante de los partidos como los del Bernabeú, pero cuando el equipo necesita dar la talla y mostrarse como un grande, jugando como tal, lo hace. Y no le tiembla el pulso, y lo que es mejor, suele hacerlo de maravilla. La pasada noche se enfrentó un gigante contra un enano. El resultado no es más que la ecuación lógica de los factores.
Haría bien el Real Madrid, como club, en su conjunto en replantearse la estrategia del "Juntos Podemos" y demás frases diseñadas estratégicamente para remontar ligas, partidos y Copas de Europa. El espíritu de Juanito está bien, consigue que el fútbol sea un deporte maravilloso y que un equipo mediocre se proclame campeón dos años consecutivos en una liga de primer nivel, pero con espíritus no se llega a ninguna parte en Europa. No con equipos como el Liverpool delante. En cada momento difícil, el club y su patético entorno mediático se aferra a la épica, a la mística de un club legendario sin caer en que todo ello no sería necesario con un equipo equilibrado y diseñado con inteligencia. No será por dinero. Doscientos millones han construido un equipo absolutamente plano que juega a lo que quiere cuando puede —y he ahí la diferencia radical frente al Liverpool, que juega a lo que quiere casi siempre porque casi siempre puede— o, mejor dicho, cuando le dejan. Si bien en el campeonato doméstico la plantilla se muestra enternecedoramente dispuesta a pesar de sus carencias, en Europa y van cinco años, tal espíritu, por llamarlo de alguna manera, nunca sirve. Debiera el Real Madrid en recordar quién fue y a cuántos equipos eliminó con fútbol y no con espíritu. No se puede vivir siempre de ello.
El fútbol brilló por su ausencia y muchos se dieron de bruces contra el firme. El mojado y terso firme. Dolió, como duele siempre que uno se estrella contra un muro de hormigón, pero debería servir para comenzar una remodelación integral de una plantilla absolutamente mediocre. Comparar uno por uno a cada jugador del Liverpool con cada jugador del Madrid es obsceno, grotesco, incluso de mal gusto. En Anfield, jugaron los mayores del recreo contra los pequeños. Futbolistas convencidos de su labor, trabajadores y talentosos contra niñatos enriquecidos que, salvo contadas excepciones, no son nadie en el mundo del fútbol. Hablo de Higuaín o de Gago, de futbolistas cuyo precio desorbitado ha provocado que sean obligatoriamente sobrevalorados. De manera contínua. Entendamos que uno no se consuela si no quiere, y que cuando se da cuenta de su error intenta ver siempre el lado positivo. Incluso cuando no lo hay. Gago es un mediocentro mediocre hoy, que no ve más allá de lo que pueda ver el mucho más útil y digno Lass; e Higuaín es un delantero de rango menor. De hecho el Madrid saltó al campo con dos delanteros de rango menor, que ni de lejos se encuentran entre los quince mejores de Europa hoy por hoy. Dirán que Raúl sigue marcando goles, pero nadie hará hincapié en que nunca los marca cuando de verdad son necesarios. ¿Cuál fue la última gran actuación del capitán en Europa? ¿Dónde estaba ayer cuando más se le necesitó? Su físico y su fútbol no dan para más.
El inmovilismo de Raúl no es ni de lejos el mayor problema del equipo. Es un problema más, de muchos que arrastra el Real Madrid. Los arrastra por la ineptitud y de tantos necios que aprovecharon antaño cualquier excusa, cualquier triunfo, cualquier buen resultado para justificar una planificación desastrosa, lamentable, patética, de chiste si no fuera dramática. Nadie quiso ver la mediocridad de una plantilla sin recursos en los momentos clave. Nadie dentro del club. Hoy el Madrid es un juguete millonario roto. Defectuoso. Sin una pieza decente. A excepción de Casillas, divino, como siempre —sin él la humillación pudo ser mayor—. Las elecciones del próximo verano permitirán una limpia definitiva de la directiva, el cuerpo técnico y la plantilla. No se trata de defenestrar a la cantidad de medianías que atesora el Madrid hoy y que han provocado que en cinco años no supere los octavos de final de su antaño cortijo particular, siguen siendo jugadores válidos como segunda fila, de esos que el Barça actual, el Liverpool o el Manchester United sacan tanto provecho. Se trata de fichar con cabeza. De olvidarse de Cristiano Ronaldo y de fijarse a tiempo en Xabi Alonso. De no deshechar jamás a un delantero como Eto'o. De probar a la cantera en detrimento de jóvenes sudamericanos carísimos —Mata, Negredo, Arbeloa, Granero, Soldado—. Se trata de volver a hacer las cosas bien. Por el bien del Madrid.
El partido tuvo poca historia. Un Liverpool colosal arrasó a un Madrid empequeñecido. Por parte inglesa es la demostración palpable de lo que el equipo de Benítez es capaz de hacer siempre que tenga el factor Anfield en el partido de vuelta y a Torres —imperial— en plena forma física. Xabi Alonso, Mascherano y Gerrard conforman hoy uno de los mejores centro del campo del mundo y su defensa es segura y expeditiva. Un equipo válido, muy válido, para ganar la Copa de Europa. Sobran las palabras a un equipo que rozó la perfección la pasada noche. Cuatro goles y el doble de ocasiones claras hicieron del partido un festival inglés. Del resto de eliminatorias lo más destacado es el reencuentro del Barcelona con su filosofía. Las dudas tras un bajón comprensible propiciaron un estado de crisis innecesario. El Barça, si juega siempre como sabe y no se deja superar más por lo que se encuentra fuera del terreno de juego que por lo que se encuentra dentro de él, es un serio candidato a llevarse el torneo continental y así lo demostró, arrolando en la primera parte a un Lyon dormido y superado por cualquier costado. Henry, pletórico. Eto'o, a lo suyo. Messi, un genio. Xavi, el mejor organizador del mundo y de la historia de España. Y que tantos sigan empeñándose en negarlo...
Una noticia positiva y otra negativa. El Villarreal pasó merecidamente en Grecia y el Atlético se estrelló en Oporto. Todo en orden. El Atlético es un equipo absolutamente descompensado puesto que cuenta con cuatro jugadores ofensivos superlativos y con una defensa lamentable, irrisoria, patetica, tragicómica. Al Oporto le valió con mantener el resultado en su campo y preocuparse poco de atacar puesto que todos sus esfuerzos debían estar destinados a parar a Forlán y compañía, con el agravante para los colchoneros de que Forlán, incomprensiblemente, no fue titular. El Manchester humilló al Inter, el Bayern hizo lo propio con el Sporting de Lisboa, el Chelsea apunta a semifinales un año más, el Arsenal eliminó al Roma en la patética tanda de penaltys y el resto vuelve a casa con el rabo entre las piernas. Amén del Juventus, quien dignamente estuvo a punto de eliminar al Chelsea. Haría bien el Real Madrid en fijarse en el Juventus. Cayó eliminado pero dió la cara hasta el final. Mantuvo viva su historia, fue fiel a lo que viene siendo durante toda la temporada y nadie, nadie, podrá reprochar su actitud y su fútbol. ¿Su plantilla? Observen las alineaciones de esta temporada. ¿Su presupuesto? Viene de la Serie B. Agravio comparativo, sí.
Vía | As
Imagen | El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
Haría bien el Real Madrid, como club, en su conjunto en replantearse la estrategia del "Juntos Podemos" y demás frases diseñadas estratégicamente para remontar ligas, partidos y Copas de Europa. El espíritu de Juanito está bien, consigue que el fútbol sea un deporte maravilloso y que un equipo mediocre se proclame campeón dos años consecutivos en una liga de primer nivel, pero con espíritus no se llega a ninguna parte en Europa. No con equipos como el Liverpool delante. En cada momento difícil, el club y su patético entorno mediático se aferra a la épica, a la mística de un club legendario sin caer en que todo ello no sería necesario con un equipo equilibrado y diseñado con inteligencia. No será por dinero. Doscientos millones han construido un equipo absolutamente plano que juega a lo que quiere cuando puede —y he ahí la diferencia radical frente al Liverpool, que juega a lo que quiere casi siempre porque casi siempre puede— o, mejor dicho, cuando le dejan. Si bien en el campeonato doméstico la plantilla se muestra enternecedoramente dispuesta a pesar de sus carencias, en Europa y van cinco años, tal espíritu, por llamarlo de alguna manera, nunca sirve. Debiera el Real Madrid en recordar quién fue y a cuántos equipos eliminó con fútbol y no con espíritu. No se puede vivir siempre de ello.
El fútbol brilló por su ausencia y muchos se dieron de bruces contra el firme. El mojado y terso firme. Dolió, como duele siempre que uno se estrella contra un muro de hormigón, pero debería servir para comenzar una remodelación integral de una plantilla absolutamente mediocre. Comparar uno por uno a cada jugador del Liverpool con cada jugador del Madrid es obsceno, grotesco, incluso de mal gusto. En Anfield, jugaron los mayores del recreo contra los pequeños. Futbolistas convencidos de su labor, trabajadores y talentosos contra niñatos enriquecidos que, salvo contadas excepciones, no son nadie en el mundo del fútbol. Hablo de Higuaín o de Gago, de futbolistas cuyo precio desorbitado ha provocado que sean obligatoriamente sobrevalorados. De manera contínua. Entendamos que uno no se consuela si no quiere, y que cuando se da cuenta de su error intenta ver siempre el lado positivo. Incluso cuando no lo hay. Gago es un mediocentro mediocre hoy, que no ve más allá de lo que pueda ver el mucho más útil y digno Lass; e Higuaín es un delantero de rango menor. De hecho el Madrid saltó al campo con dos delanteros de rango menor, que ni de lejos se encuentran entre los quince mejores de Europa hoy por hoy. Dirán que Raúl sigue marcando goles, pero nadie hará hincapié en que nunca los marca cuando de verdad son necesarios. ¿Cuál fue la última gran actuación del capitán en Europa? ¿Dónde estaba ayer cuando más se le necesitó? Su físico y su fútbol no dan para más.
El inmovilismo de Raúl no es ni de lejos el mayor problema del equipo. Es un problema más, de muchos que arrastra el Real Madrid. Los arrastra por la ineptitud y de tantos necios que aprovecharon antaño cualquier excusa, cualquier triunfo, cualquier buen resultado para justificar una planificación desastrosa, lamentable, patética, de chiste si no fuera dramática. Nadie quiso ver la mediocridad de una plantilla sin recursos en los momentos clave. Nadie dentro del club. Hoy el Madrid es un juguete millonario roto. Defectuoso. Sin una pieza decente. A excepción de Casillas, divino, como siempre —sin él la humillación pudo ser mayor—. Las elecciones del próximo verano permitirán una limpia definitiva de la directiva, el cuerpo técnico y la plantilla. No se trata de defenestrar a la cantidad de medianías que atesora el Madrid hoy y que han provocado que en cinco años no supere los octavos de final de su antaño cortijo particular, siguen siendo jugadores válidos como segunda fila, de esos que el Barça actual, el Liverpool o el Manchester United sacan tanto provecho. Se trata de fichar con cabeza. De olvidarse de Cristiano Ronaldo y de fijarse a tiempo en Xabi Alonso. De no deshechar jamás a un delantero como Eto'o. De probar a la cantera en detrimento de jóvenes sudamericanos carísimos —Mata, Negredo, Arbeloa, Granero, Soldado—. Se trata de volver a hacer las cosas bien. Por el bien del Madrid.
El partido tuvo poca historia. Un Liverpool colosal arrasó a un Madrid empequeñecido. Por parte inglesa es la demostración palpable de lo que el equipo de Benítez es capaz de hacer siempre que tenga el factor Anfield en el partido de vuelta y a Torres —imperial— en plena forma física. Xabi Alonso, Mascherano y Gerrard conforman hoy uno de los mejores centro del campo del mundo y su defensa es segura y expeditiva. Un equipo válido, muy válido, para ganar la Copa de Europa. Sobran las palabras a un equipo que rozó la perfección la pasada noche. Cuatro goles y el doble de ocasiones claras hicieron del partido un festival inglés. Del resto de eliminatorias lo más destacado es el reencuentro del Barcelona con su filosofía. Las dudas tras un bajón comprensible propiciaron un estado de crisis innecesario. El Barça, si juega siempre como sabe y no se deja superar más por lo que se encuentra fuera del terreno de juego que por lo que se encuentra dentro de él, es un serio candidato a llevarse el torneo continental y así lo demostró, arrolando en la primera parte a un Lyon dormido y superado por cualquier costado. Henry, pletórico. Eto'o, a lo suyo. Messi, un genio. Xavi, el mejor organizador del mundo y de la historia de España. Y que tantos sigan empeñándose en negarlo...
Una noticia positiva y otra negativa. El Villarreal pasó merecidamente en Grecia y el Atlético se estrelló en Oporto. Todo en orden. El Atlético es un equipo absolutamente descompensado puesto que cuenta con cuatro jugadores ofensivos superlativos y con una defensa lamentable, irrisoria, patetica, tragicómica. Al Oporto le valió con mantener el resultado en su campo y preocuparse poco de atacar puesto que todos sus esfuerzos debían estar destinados a parar a Forlán y compañía, con el agravante para los colchoneros de que Forlán, incomprensiblemente, no fue titular. El Manchester humilló al Inter, el Bayern hizo lo propio con el Sporting de Lisboa, el Chelsea apunta a semifinales un año más, el Arsenal eliminó al Roma en la patética tanda de penaltys y el resto vuelve a casa con el rabo entre las piernas. Amén del Juventus, quien dignamente estuvo a punto de eliminar al Chelsea. Haría bien el Real Madrid en fijarse en el Juventus. Cayó eliminado pero dió la cara hasta el final. Mantuvo viva su historia, fue fiel a lo que viene siendo durante toda la temporada y nadie, nadie, podrá reprochar su actitud y su fútbol. ¿Su plantilla? Observen las alineaciones de esta temporada. ¿Su presupuesto? Viene de la Serie B. Agravio comparativo, sí.Vía | As
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Más que Fútbol ● 2009
domingo, 15 de febrero de 2009
Y digo yo | El arte de empujar el balón

Juandi Mora | Ahora es cuando las portadas de los diarios deportivo partidistas ponen la foto de Raúl y la sitúan a la estela —por encima alguno— de la figura de Don Alfredo Di Stéfano. Al habla un admirador de Raúl González Blanco. Admirador declarado públicamente, que no es fácil. Me molesta en desmanera que mi adorado numero 7 sea comparado con Don Alfredo. El presidente de honor del Real Madrid es único, no hay nada comparable a él como no lo hay a Maradona, Cruijff, Pelé o Zidane. Raúl es Raúl.
Vengo a sumarme a la moda, de hablar de Raúl por superar los goles de La Saeta. Muchos partidos con el 7 a la espalda, muchos enemigos y siempre demostrando lo profesional que es. Discusiones varias con el director de este bendito blog han terminado hablando del pasado más que del presente. Del Raúl Balón de Oro en el 2001, lo fue a recoger Owen en su nombre y por alguna extraña razón se lo apuntaron al inglesito este, de los pichichis; del Raúl de las Copas de Europa, aquel que era admirado por todo el mundo.
Yo en mi mundo de camisetas blancas y 7 bíblicos siempre defiendo al actual Raúl. A un Raúl distinto. El Raúl de los actuales 309 goles, que contados de uno en uno son muchos, el jugador que trabaja para el equipo y practica a la perfección su trabajo del brazalete con la C. Todos eran del Raúl de las cucharas —vaselinas de toda la vida de dios— de los aguanís y del Raúl rápido y decisivo. Yo lo soy ahora, como lo era antes, del Raúl de los goles de churros a los que yo llamo raulianos y de las defensas en área propia para recuperar el balón. Soy del Raúl que grita, el que empuja el balón cuando el portero falla. Después de escribir esto lo tengo claro, yo no soy del Raúl de los 309 goles, no soy del Raul Di Stéfano. Soy raulista sin más.
Vía | AFP
Imagen | AFP, de archivo
Más que Fútbol ● 2009
Vengo a sumarme a la moda, de hablar de Raúl por superar los goles de La Saeta. Muchos partidos con el 7 a la espalda, muchos enemigos y siempre demostrando lo profesional que es. Discusiones varias con el director de este bendito blog han terminado hablando del pasado más que del presente. Del Raúl Balón de Oro en el 2001, lo fue a recoger Owen en su nombre y por alguna extraña razón se lo apuntaron al inglesito este, de los pichichis; del Raúl de las Copas de Europa, aquel que era admirado por todo el mundo.
Yo en mi mundo de camisetas blancas y 7 bíblicos siempre defiendo al actual Raúl. A un Raúl distinto. El Raúl de los actuales 309 goles, que contados de uno en uno son muchos, el jugador que trabaja para el equipo y practica a la perfección su trabajo del brazalete con la C. Todos eran del Raúl de las cucharas —vaselinas de toda la vida de dios— de los aguanís y del Raúl rápido y decisivo. Yo lo soy ahora, como lo era antes, del Raúl de los goles de churros a los que yo llamo raulianos y de las defensas en área propia para recuperar el balón. Soy del Raúl que grita, el que empuja el balón cuando el portero falla. Después de escribir esto lo tengo claro, yo no soy del Raúl de los 309 goles, no soy del Raul Di Stéfano. Soy raulista sin más.Vía | AFP
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Y digo yo | por Juandi Mora
martes, 2 de diciembre de 2008
Huntelaar, un fichaje acertado

Andrés Pérez | Los fichajes realmente productivos de la era Calderón se pueden contar con los dedos de una mano. Van Nistelrooy el primero, a pesar de su longevidad; Sneijder el segundo y Pepe el tercero a pesar de tener un cuerpo de cristal. Son los tres fichajes que verdaderamente han justificado su precio desde que Mijatovic cogiera las riendas de la dirección deportiva de club. Bien, uno más se une a la lista. Por lo menos a priori. Klaas-Jan Huntelaar será jugador del Real Madrid en pocos días y, a pesar de estar lesionado, pienso que puede ser el fichaje más rentable del Real Madrid en muchos años junto al de Pepe y Sneijder. ¿Por qué? Lo decíamos hace pocos días en Más que Fútbol. El mal del Madrid se personifica en una delantera vieja y propensa a las lesiones —ahí está Van Nistelrooy, de baja para el resto de la temporada—, Higuaín es un jugador en periodo de explosión pero pienso que lejos de ser la estrella que se pregona desde los púlpitos madridistas y Saviola es un fraude como estrella y como jugador de cualquier equipo grande. Ante tal situación Huntelaar se presenta como un delantero que ha marcado en torno a 140 goles a lo largo de cinco años en Holanda y que presume de ser uno de los delanteros más prometedores del mundo —25 años—.
Huntelaar es el recambio perfecto para Van Nistelrooy y, particularmente, es un jugador que me apasiona. El prototipo de delantero del norte, fuerte, no muy rápido, técnicamente aceptable y con una pegada descomunal. Se ha hinchado a marcar goles con el Ajax durante cinco años, aunque, todo hay que decirlo, Holanda es una Liga que se presta a las goleadas cada fin de semana. A pesar de ello su talento es innegable, como pienso que es innegable que aportará una dosis de ilusión para el aficionado madridista y porqué no decirlo, para el equipo. Es un fichaje enormemente acertado. Primero por la moral que insufla al equipo saber que ante las dificultades la directiva reacciona, segundo por la notable mejoría que supone su llegada para una delantera maltrecha y tercero para paliar en cierto modo los caldeados ánimos del Bernabeú, tan susceptible. No todo es un camino de rosas, como es de esperar. Si bien Huntelaar es un delantero de talla mundial, no deja de ser un rematador nato. No es un jugador que se fabrique los goles él solo o que levante al equipo si éste no reacciona, tipo Villa. En absoluto. Huntelaar necesita de unas bandas que pongan balones de manera constante y de centrocampistas que jueguen a algo.
Precisamente dos de los actuales problemas del Madrid: una banda izquierda tan sólo adornada por el ímpetu de Drenthe y una derecha inexistente y un centro del campo, si bien imaginativo de tres cuartos de campo hacia adelante, metalúrgico y previsible a la hora de comenzar las jugadas. Veremos cual es la adaptación de Huntelaar al equipo cuando se recupere y veremos si Schuster utiliza el fichaje que tanto pidió en verano. Más allá del esquema táctico o de sus virtudes dentro del equipo de Schuster se plantea una pregunta existencial que ya afectó a Owen en su día. ¿Qué papel juega Raúl tras su fichaje? Con Van Nistelrooy lesionado Higuaín se ha ganado con creces el puesto y Raúl... Bueno, Raúl ha metido un par de goles relativamente importantes y la prensa le ha resucitado por trigésima vez, aupándolo de nuevo como el símbolo de la casta, el coraje, la raza y demás memeces. ¿Se atreverá Schuster a relevar definitivamente a Raúl al banquillo en beneficio del nuevo holandés? Cuando Van Nistelrooy se recupere —si es que lo hace, con 33 años y una temporada de lesión más cuatro meses de recuperación dudo de que su nivel sea el mismo a su vuelta-, ¿será Raúl el cuarto delantero tras Higuaín, Van Nistelrooy y Huntelaar? Un gran fichaje, sí. Como lo fue Owen. Por el bien del Madrid, de Huntelaar y del prestigio de Raúl, espero que la directiva del Madrid no vuelva a caer en el mismo error de siempre. Huntelaar debería ser el relevo.
PD: Ni que decir tiene que Bueno desde ya se ha quedado sin oportunidades.
Noticias relacionadas | ¿Goles para maquillar la crisis? (El Balón Europeo)
Vía | As, Más que Fútbol, Wikipedia
Imagen | Marca, Wikimedia, Soccernews
Más que Fútbol ● 2008
Huntelaar es el recambio perfecto para Van Nistelrooy y, particularmente, es un jugador que me apasiona. El prototipo de delantero del norte, fuerte, no muy rápido, técnicamente aceptable y con una pegada descomunal. Se ha hinchado a marcar goles con el Ajax durante cinco años, aunque, todo hay que decirlo, Holanda es una Liga que se presta a las goleadas cada fin de semana. A pesar de ello su talento es innegable, como pienso que es innegable que aportará una dosis de ilusión para el aficionado madridista y porqué no decirlo, para el equipo. Es un fichaje enormemente acertado. Primero por la moral que insufla al equipo saber que ante las dificultades la directiva reacciona, segundo por la notable mejoría que supone su llegada para una delantera maltrecha y tercero para paliar en cierto modo los caldeados ánimos del Bernabeú, tan susceptible. No todo es un camino de rosas, como es de esperar. Si bien Huntelaar es un delantero de talla mundial, no deja de ser un rematador nato. No es un jugador que se fabrique los goles él solo o que levante al equipo si éste no reacciona, tipo Villa. En absoluto. Huntelaar necesita de unas bandas que pongan balones de manera constante y de centrocampistas que jueguen a algo.
Precisamente dos de los actuales problemas del Madrid: una banda izquierda tan sólo adornada por el ímpetu de Drenthe y una derecha inexistente y un centro del campo, si bien imaginativo de tres cuartos de campo hacia adelante, metalúrgico y previsible a la hora de comenzar las jugadas. Veremos cual es la adaptación de Huntelaar al equipo cuando se recupere y veremos si Schuster utiliza el fichaje que tanto pidió en verano. Más allá del esquema táctico o de sus virtudes dentro del equipo de Schuster se plantea una pregunta existencial que ya afectó a Owen en su día. ¿Qué papel juega Raúl tras su fichaje? Con Van Nistelrooy lesionado Higuaín se ha ganado con creces el puesto y Raúl... Bueno, Raúl ha metido un par de goles relativamente importantes y la prensa le ha resucitado por trigésima vez, aupándolo de nuevo como el símbolo de la casta, el coraje, la raza y demás memeces. ¿Se atreverá Schuster a relevar definitivamente a Raúl al banquillo en beneficio del nuevo holandés? Cuando Van Nistelrooy se recupere —si es que lo hace, con 33 años y una temporada de lesión más cuatro meses de recuperación dudo de que su nivel sea el mismo a su vuelta-, ¿será Raúl el cuarto delantero tras Higuaín, Van Nistelrooy y Huntelaar? Un gran fichaje, sí. Como lo fue Owen. Por el bien del Madrid, de Huntelaar y del prestigio de Raúl, espero que la directiva del Madrid no vuelva a caer en el mismo error de siempre. Huntelaar debería ser el relevo.PD: Ni que decir tiene que Bueno desde ya se ha quedado sin oportunidades.
Noticias relacionadas | ¿Goles para maquillar la crisis? (El Balón Europeo)
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Más que Fútbol ● 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
20.45, quinta jornada | Heróica bajo la nieve (?)

Andrés Pérez | Bielorrusia, en ruso, significa literalmente Rusia Blanca. Interesante acepción, dirán ustedes. Poco meritoria, alegarán. No les quitaré la razón. No tiene ningún mérito comenzar una crónica tan fácil con un dato tan inverosímil a la hora de hablar de fútbol. Dejando a un lado las metáforas literarias a las que tanto se da Más que Fútbol la frase inicial de este post no deja de ser una obviedad comprobable en cualquier enciclopedia del mundo. En resumidas cuentas, no tiene mérito. Es fácil, es poco original, suena repetitivo. El Real Madrid fue inmensamente superior al BATE Borisov, el mejor equipo de la paupérrima liga bielorrusa, la liga de la blanca Rusia. Resultó tan obvio el partido, resultó tan previsible, tan exigible para el equipo de Schuster que se desarrollara tal y como se desarrolló que ni la excusa del frío sirvió para paliar los últimos diez minutos de dominio bielorruso e incordio en el área madridista. Tan inocente tal incordio como el propio BATE. El dato con el que este post se inicia no tiene mérito. Que el Madrid ganara ayer 0-1 y se clasificara para los octavos de final de la Copa de Europa, tampoco.
Comienzo así, beligerante, porque temo ya los comentarios de los forofos que escriben en periódicos madridistas. Los temo al escuchar la radio y los temo al leer las palabras de Calderón. Me alegro por el pase madridista, de verdad, pero no comparto la visión tan optimista de tal consecución. Afirma Calderón nada más terminar el encuentro que el Madrid ha vuelto a la senda del año pasado, por otro lado la misma que sucumbió ante el Roma. Da igual que la memoria de Calderón sea tan escasa como su habilidad a la hora de frenar sus impulsos y da igual que fuera el BATE Borisov quien estuviera delante. El Madrid jugó bien, trianguló con orden y en defensa no sufrió a excepción de los últimos diez minutos, pero eso no es ningún síntoma de recuperación ya que incluso bajo mínimos es lo único que se podía exigir al equipo de Schuster. Dominar a un invitado en competición europea, a un equipo de cuarta fila cuyo honor intenta sustituir su falta de calidad, normalmente con nulo éxito ante equipos de reputada historia y amplio presupuesto. Dirán que nunca alabo nada de lo que haga el Madrid. Si es así se debe a que al Madrid, por historia, presupuesto y jugadores se le debe exigir más de lo que ofrece. Es más, un 0-1 en Minsk me parece parco. Burdo. Aburrido. Mediocre.
Repito que el partido fue bueno por parte del Madrid. Guti y Sneijder manejaron a su antojo a un centro del campo de la blanca Rusia tan desorganizado como falto de calidad y entrenamiento táctico, y a partir de ahí el camino estuvo despejado más allá de la nieve que lo rodeaba. Más aún tras el gol de Raúl, el enésimo en competición europea, que despejó cualquier duda por si alguien creía que el BATE tenía recursos suficientes como para poner en aprietos al Real Madrid. El equipo de Schuster salió concentrado, sabedor de sus posibilidades y de sus responsabilidades, y no falló. No tiene más mérito que el de cumplir la obligación de ser superior cuando tu propia idiosincrasia te obliga a serlo. A pesar de que el Madrid siempre fue mejor, a pesar de que las escasas internadas en el área de Casillas nunca depararan un disparo a puerta del rival, a pesar de la solvencia de Pepe atrás, si hay algo achacable al partido de ayer fue la falta latente de un delantero que, a la hora de la verdad, saque las castañas del fuego. La hora de la verdad entendida, claro está, como la hora en la que ganar deja de ser una obligación y se convierte en un auténtico logro. Hablo de los cuartos de final, de las semifinales, allí donde Raúl tiene que resucitar realmente, allí donde Heinze debe despertar, allí donde Guti debe tener los galones que jamás ha tenido ante las citas importantes.
Con todo esto no pretendo criticar al Madrid de anoche, sino a toda la parafernalia que rodea a los púlpitos madridistas cada vez que el equipo vence en Europa y a lo sumo Raúl consigue marcar un gol. El Madrid tiene síntomas de mejora evidente como supone la llegada de Sneijder y Pepe, pero se plantean serias dudas ante la escasez de delanteros que suplan con garantías a Van Nistelrooy e Higuaín. Una lesión del segundo más la ya conocida del primero han deparado un balance desolador: a pesar del tanto de Raúl el Madrid ha desaprovechado de manera lamentable como mínimo tres contraataques claramente aprovechables. La delantera sin los dos delanteros anteriormente citados no da la talla. A pesar de las machadas de Raúl. amén del esfuerzo por dejarse notar de Saviola. Queda por ver qué sucedera cuando el mal llamado Tourmalet de la Liga le llegue o el rival de octavos en Europa sea conocido. Entonces se calibrará de nuevo el nivel del Madrid. Entonces tocará aplaudir si vence, entonces tocará venerar a Raúl si desencaja partidos, será entonces cuando me rinda ante el criterio de Guti y el acierto táctico de Schuster por así decirlo. Pero hasta entonces permitan que no considere las victorias ante el BATE Borisov y el Recreativo dos consecuciones dignas de ser alabadas.
Dejando a un lado el Madrid, el Villarreal empató de nuevo a cero ante el Manchester. Van cuatro. Muy meritorio a pesar de la sensación agridulce que el partido pueda dejar en el aficionado castellonense, acostumbrado últimamente al éxito sin paliativos de su equipo. Es un éxito que un equipo como el Villarreal en cuatro partidos no conceda un sólo gol al Manchester United, tricampeón de la Copa de Europa y el club con más dinero no externo del mundo. Historia pura frente a futuro, y el Villarreal lo ha sabido llevar, lo ha sabido aguantar, lo ha sabido superar. El empate debe saber a victoria, no debemos olvidar quién es el Villarreal -el quién será es más atractivo, pero el futuro siempre está por llegar, a pesar de lo redundante que esto suene- y quién estaba enfrente. El vigente campeón. La victoria en la última jornada ante el Celtic le da el pase al equipo de Pellegrini y un buen partido, a secas, debería bastar para pasar a la siguiente ronda. De hecho ya lo consiguió en Escocia el año de Riquelme. Aunque fue con Forlán y ante el Rangers.
Vía | As, Marca, Más que Fútbol, Wikipedia
Imagen | Marca
Más que Fútbol ● 2008
Comienzo así, beligerante, porque temo ya los comentarios de los forofos que escriben en periódicos madridistas. Los temo al escuchar la radio y los temo al leer las palabras de Calderón. Me alegro por el pase madridista, de verdad, pero no comparto la visión tan optimista de tal consecución. Afirma Calderón nada más terminar el encuentro que el Madrid ha vuelto a la senda del año pasado, por otro lado la misma que sucumbió ante el Roma. Da igual que la memoria de Calderón sea tan escasa como su habilidad a la hora de frenar sus impulsos y da igual que fuera el BATE Borisov quien estuviera delante. El Madrid jugó bien, trianguló con orden y en defensa no sufrió a excepción de los últimos diez minutos, pero eso no es ningún síntoma de recuperación ya que incluso bajo mínimos es lo único que se podía exigir al equipo de Schuster. Dominar a un invitado en competición europea, a un equipo de cuarta fila cuyo honor intenta sustituir su falta de calidad, normalmente con nulo éxito ante equipos de reputada historia y amplio presupuesto. Dirán que nunca alabo nada de lo que haga el Madrid. Si es así se debe a que al Madrid, por historia, presupuesto y jugadores se le debe exigir más de lo que ofrece. Es más, un 0-1 en Minsk me parece parco. Burdo. Aburrido. Mediocre.
Repito que el partido fue bueno por parte del Madrid. Guti y Sneijder manejaron a su antojo a un centro del campo de la blanca Rusia tan desorganizado como falto de calidad y entrenamiento táctico, y a partir de ahí el camino estuvo despejado más allá de la nieve que lo rodeaba. Más aún tras el gol de Raúl, el enésimo en competición europea, que despejó cualquier duda por si alguien creía que el BATE tenía recursos suficientes como para poner en aprietos al Real Madrid. El equipo de Schuster salió concentrado, sabedor de sus posibilidades y de sus responsabilidades, y no falló. No tiene más mérito que el de cumplir la obligación de ser superior cuando tu propia idiosincrasia te obliga a serlo. A pesar de que el Madrid siempre fue mejor, a pesar de que las escasas internadas en el área de Casillas nunca depararan un disparo a puerta del rival, a pesar de la solvencia de Pepe atrás, si hay algo achacable al partido de ayer fue la falta latente de un delantero que, a la hora de la verdad, saque las castañas del fuego. La hora de la verdad entendida, claro está, como la hora en la que ganar deja de ser una obligación y se convierte en un auténtico logro. Hablo de los cuartos de final, de las semifinales, allí donde Raúl tiene que resucitar realmente, allí donde Heinze debe despertar, allí donde Guti debe tener los galones que jamás ha tenido ante las citas importantes.
Con todo esto no pretendo criticar al Madrid de anoche, sino a toda la parafernalia que rodea a los púlpitos madridistas cada vez que el equipo vence en Europa y a lo sumo Raúl consigue marcar un gol. El Madrid tiene síntomas de mejora evidente como supone la llegada de Sneijder y Pepe, pero se plantean serias dudas ante la escasez de delanteros que suplan con garantías a Van Nistelrooy e Higuaín. Una lesión del segundo más la ya conocida del primero han deparado un balance desolador: a pesar del tanto de Raúl el Madrid ha desaprovechado de manera lamentable como mínimo tres contraataques claramente aprovechables. La delantera sin los dos delanteros anteriormente citados no da la talla. A pesar de las machadas de Raúl. amén del esfuerzo por dejarse notar de Saviola. Queda por ver qué sucedera cuando el mal llamado Tourmalet de la Liga le llegue o el rival de octavos en Europa sea conocido. Entonces se calibrará de nuevo el nivel del Madrid. Entonces tocará aplaudir si vence, entonces tocará venerar a Raúl si desencaja partidos, será entonces cuando me rinda ante el criterio de Guti y el acierto táctico de Schuster por así decirlo. Pero hasta entonces permitan que no considere las victorias ante el BATE Borisov y el Recreativo dos consecuciones dignas de ser alabadas.
Dejando a un lado el Madrid, el Villarreal empató de nuevo a cero ante el Manchester. Van cuatro. Muy meritorio a pesar de la sensación agridulce que el partido pueda dejar en el aficionado castellonense, acostumbrado últimamente al éxito sin paliativos de su equipo. Es un éxito que un equipo como el Villarreal en cuatro partidos no conceda un sólo gol al Manchester United, tricampeón de la Copa de Europa y el club con más dinero no externo del mundo. Historia pura frente a futuro, y el Villarreal lo ha sabido llevar, lo ha sabido aguantar, lo ha sabido superar. El empate debe saber a victoria, no debemos olvidar quién es el Villarreal -el quién será es más atractivo, pero el futuro siempre está por llegar, a pesar de lo redundante que esto suene- y quién estaba enfrente. El vigente campeón. La victoria en la última jornada ante el Celtic le da el pase al equipo de Pellegrini y un buen partido, a secas, debería bastar para pasar a la siguiente ronda. De hecho ya lo consiguió en Escocia el año de Riquelme. Aunque fue con Forlán y ante el Rangers.Vía | As, Marca, Más que Fútbol, Wikipedia
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jueves, 13 de noviembre de 2008
Y digo yo | ¿La copa es ilusión, o la ilusión es la Copa?

Juandi Mora | Me acerco a ustedes señores que saben de esto de la pelotita de cuero y de hombrecillos con pantalón corto después de tanto tiempo, para preguntarles una cosa que no me deja dormir la siesta en el sofá, como siempre hago viendo los documentales de la 2. ¿Realmente es tan poco atractiva la Copa del Rey española como para que los clubs grandes la insulten de tal manera? Me explico intentando abrirles y exponerles mis ideas, surgidas de un mal sabor de boca como aficionado al fútbol y una jaqueca como madridista. Estamos ante la segunda competición futbolística de nuestro país, estamos ante una razón más para demostrar quien es el mejor, quien se lleva el trofeo, pero sin embargo, lo que yo veo, desde mis ojos de crítico compulsivo, es una milonga importante donde se ningunea a los equipos pequeños y a los pequeños que van a ver a sus equipos.
Un chaval de 6 ó 7 años al que le dice su papa que viene el Barça o el Real Madrid a su ciudad, que se pone esa camiseta de Eto’o o Casillas (diría Raúl, pero Casillas está de moda entre la chavalería) y llega al campo habiéndole dicho a sus amiguitos que va a ver a su ídolo; llega al estadio y tan solo se encuentra unos suplentes que van desganados a esa pequeña ciudad, como si de un castigo se tratase, con el único objetivo de pasar el trámite y volverse a casa lo más rápido posible para ver terminar el último capítulo de Sin tetas no hay paraíso o la expulsión de Fulanito Gutierrez de Gran Hermano, mientras que nuestro joven amiguito le pregunta a su papa que cuando sale el que mete los goles o el que levantó la Copa. Señores, la Copa tal y como está concebida no es más que la llegada de la ilusión a ciudades que no ven fútbol de primera, es la búsqueda de la épica de los equipos pequeños, y esta ilusión la destrozan unos equipos que aspiran a todo pero que su ego es más poderoso que su ambición. Este ego hace ningunear a un equipo, a una ciudad y una afición que grita, juega y se deja la piel en el campo porque viene el equipo grande. Todos los equipos dicen que la Copa es un trofeo importante con la boca pequeña. Claro que es importante, el Real Unión de Irún está de fiesta y el Ejido también. Díganme, ¿es importante o no?
Vía | Más que Fútbol, As
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Más que Fútbol ● 2008
Un chaval de 6 ó 7 años al que le dice su papa que viene el Barça o el Real Madrid a su ciudad, que se pone esa camiseta de Eto’o o Casillas (diría Raúl, pero Casillas está de moda entre la chavalería) y llega al campo habiéndole dicho a sus amiguitos que va a ver a su ídolo; llega al estadio y tan solo se encuentra unos suplentes que van desganados a esa pequeña ciudad, como si de un castigo se tratase, con el único objetivo de pasar el trámite y volverse a casa lo más rápido posible para ver terminar el último capítulo de Sin tetas no hay paraíso o la expulsión de Fulanito Gutierrez de Gran Hermano, mientras que nuestro joven amiguito le pregunta a su papa que cuando sale el que mete los goles o el que levantó la Copa. Señores, la Copa tal y como está concebida no es más que la llegada de la ilusión a ciudades que no ven fútbol de primera, es la búsqueda de la épica de los equipos pequeños, y esta ilusión la destrozan unos equipos que aspiran a todo pero que su ego es más poderoso que su ambición. Este ego hace ningunear a un equipo, a una ciudad y una afición que grita, juega y se deja la piel en el campo porque viene el equipo grande. Todos los equipos dicen que la Copa es un trofeo importante con la boca pequeña. Claro que es importante, el Real Unión de Irún está de fiesta y el Ejido también. Díganme, ¿es importante o no?Vía | Más que Fútbol, As
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Y digo yo | por Juandi Mora
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Ramón, Pedja, Bernd y otros jugadores del montón (IV)

Andrés Pérez | Volvemos a la actualidad. ¿Era necesario escribir cuatro posts por la derrota del Madrid? Sí, a pesar de que a nivel particular la derrota no signifique nada nuevo. En realidad, las dos victorias de la Juventus son fruto de una planificación errónea de tres años. A pesar de las buenas intenciones del equipo el año pasado, durante el verano no se hizo absolutamente nada por tapar los agujeros existentes. Aprovechando las antiguas virtudes se apuntaló la mediapunta con Van der Vaart, un grandísimo fichaje, pero a todas luces innecesario. La mejor noticia fue probablemente la vuelta de un campeón de europa, De la Red. Entre tanto salieron a la luz problemas internos entre Mijatovic, Calderón y Schuster. El alemán pedía más y los dos primeros se negaban tras haber gastado sorprendentemente 200 millones de euros en dos años, la mayoría en fichajes que no valían ni un tercio de lo que habían pagado. Llegada la hora de la verdad llegado el momento en el que un equipo con carencias pero bien encaminado necesitaba de un buen desembolso de dinero para apuntalar las zonas más problemáticas, el club no tenía dinero. Mala planificación, errores a largo plazo. Por muchas Ligas que ganes entre tanto.
Como decía, tan sólo llegó el holandés del Hamburgo y para colmo de males se fue Robinho. Muy a pesar de Schuster, quien mostró su descontento repetidas veces en las ruedas de prensa de pretemporada. A día de hoy el Madrid se encuentra en un mar de dudas. Schuster está abandonado a su suerte, que se decidirá en los próximos días, y el conjunto no da la sensación de ya no sólo conquistar Europa, sino tampoco de revalidar por tercera vez consecutiva el título de Liga. ¿Se trata de un proyecto acabado en su punto álgido? Repito que no. El proyecto de Schuster está incompleto, no lo pudo culminar esta temporada. De ahí que no haya ninguna crisis, sino la consecuencia natural de un equipo al que le faltan varias piezas para funcionar bien. Si creamos un vehículo defectuoso, con alguna pieza en mal estado o inexistente, que se rompa es cuestión de tiempo. En tal caso no será cuestión de mala suerte, desdichados acontecimientos o situaciones extremas e inesperadas, sino que nuestro mal fario se deberá a una falta lamentable de previsión. A no coser los pequeños agujeros por considerarlos insignificantes y de este modo arriesgarte en el futuro a que el agujero se haga más grande. Es lo que le sucede al Madrid hoy. No hay crisis. Simplemente selección natural.
¿Soluciones? Se me antojan muchas. Schuster es un alineador más que un entrenador, ya no sabemos si por su latente falta de creatividad en los banquillos -probable- o por la falta de recursos con los que cuenta -muy probable-. El equipo titular podría aspirar a todo en condiciones plenas, pero teniendo en cuenta que tus dos delanteros titulares superan los treinta años y que gran parte de tus jugadores se lesionan con asiduidad, es poco posible tener durante todo el año los once o doce jugadores al completo. Cuando eso suceda es necesario tirar del banquillo, como dicta el manual. Sin embargo Schuster allí no encontrará absolutamente nada. Nada que supla con garantías lo anterior. Dejando a un lado el banquillo conviene replantearse el equipo titular. Que los nuevos sustituyan a los viejos titulares, y que los viejos titulares se vayan al banquillo expulsando a los viejos reservas. Cuestión de ciclos, mejora absoluta de la plantilla.
Como fichar se antoja imposible en diciembre -fichas lo que hay, no lo que deseas- Schuster tendrá que tirar de lo que tenga. Por lo pronto recuperar el medio del campo, vacío. Diarra es un jugador de corte excesivamente torpe y poco dado a la organización. Si se quiere jugar de manera más fluida y con una vocación ofensiva sin perder en exceso la seguridad atrás, De la Red tendría que ser por decreto ley titular. Y que Gago le acompañara realizando las labores de limpieza y ayuda a la defensa. La defensa y el portero son lo mejor del equipo a día de hoy así que dejarlos como están es la mejor opción -fichar un lateral izquierdo de calidad no estaría nada mal para la plantilla-. Solucionado el verdadero problema del equipo, la fluidez y la organización en el medio del campo gracias a la incorporación de un mediocentro magnífico como De la Red al once titular, queda poco por retocar. Robben tendría que ser titular siempre, pero al ser de cristal no puede ser. Para el resto de días las mejores opciones son Sneijder y Van der Vaart, uno a cada lado. Fuertes, potentes e imaginativos. Dados a los momentos difíciles y normalmente no sucumben a la presión, algo que Guti, más genial, no puede decir. Siempre se hunde. Y van...
Finalmente arriba, y muy a mi pesar, los argentinos deberían tener muchos más minutos. Saviola e Higuaín, los dos. No considero a ninguno dos jugadores con el nivel necesario como para ser los delanteros titulares del equipo, pero el lamentable estado de forma permanente de Raúl y las contínuas lesiones de Van Nistelrooy hacen presagiar que uno de los dos jugarán muchos minutos. De hecho, Raúl tendría que ir al banquillo en beneficio de Higuaín, pero temo que eso no sucederá. Saviola como tercera opción hoy por hoy es algo irrisorio, pero por proponerlo no sucede nada. En definitiva, tras cuatro posts en los que he resumido mi parecer de tres años de Ramón Calderón en la directiva del equipo blanco, llego a la conclusión de que el equipo necesita de varios fichajes -entre ellos el entrenador- y considerables reformas tácticas. Exactamente igual que cuando llegó a la presidencia, sólo que con dos títulos ligueros más, dos humillaciones en europa más y 200 millones de euros menos. Quizá la solución sea su dimisión y la de Mijatovic. Aunque esa ya, es otra historia.
Vía | Más que Fútbol
Imagen | De archivo
Más que Fútbol ● 2008
Como decía, tan sólo llegó el holandés del Hamburgo y para colmo de males se fue Robinho. Muy a pesar de Schuster, quien mostró su descontento repetidas veces en las ruedas de prensa de pretemporada. A día de hoy el Madrid se encuentra en un mar de dudas. Schuster está abandonado a su suerte, que se decidirá en los próximos días, y el conjunto no da la sensación de ya no sólo conquistar Europa, sino tampoco de revalidar por tercera vez consecutiva el título de Liga. ¿Se trata de un proyecto acabado en su punto álgido? Repito que no. El proyecto de Schuster está incompleto, no lo pudo culminar esta temporada. De ahí que no haya ninguna crisis, sino la consecuencia natural de un equipo al que le faltan varias piezas para funcionar bien. Si creamos un vehículo defectuoso, con alguna pieza en mal estado o inexistente, que se rompa es cuestión de tiempo. En tal caso no será cuestión de mala suerte, desdichados acontecimientos o situaciones extremas e inesperadas, sino que nuestro mal fario se deberá a una falta lamentable de previsión. A no coser los pequeños agujeros por considerarlos insignificantes y de este modo arriesgarte en el futuro a que el agujero se haga más grande. Es lo que le sucede al Madrid hoy. No hay crisis. Simplemente selección natural.
¿Soluciones? Se me antojan muchas. Schuster es un alineador más que un entrenador, ya no sabemos si por su latente falta de creatividad en los banquillos -probable- o por la falta de recursos con los que cuenta -muy probable-. El equipo titular podría aspirar a todo en condiciones plenas, pero teniendo en cuenta que tus dos delanteros titulares superan los treinta años y que gran parte de tus jugadores se lesionan con asiduidad, es poco posible tener durante todo el año los once o doce jugadores al completo. Cuando eso suceda es necesario tirar del banquillo, como dicta el manual. Sin embargo Schuster allí no encontrará absolutamente nada. Nada que supla con garantías lo anterior. Dejando a un lado el banquillo conviene replantearse el equipo titular. Que los nuevos sustituyan a los viejos titulares, y que los viejos titulares se vayan al banquillo expulsando a los viejos reservas. Cuestión de ciclos, mejora absoluta de la plantilla.
Como fichar se antoja imposible en diciembre -fichas lo que hay, no lo que deseas- Schuster tendrá que tirar de lo que tenga. Por lo pronto recuperar el medio del campo, vacío. Diarra es un jugador de corte excesivamente torpe y poco dado a la organización. Si se quiere jugar de manera más fluida y con una vocación ofensiva sin perder en exceso la seguridad atrás, De la Red tendría que ser por decreto ley titular. Y que Gago le acompañara realizando las labores de limpieza y ayuda a la defensa. La defensa y el portero son lo mejor del equipo a día de hoy así que dejarlos como están es la mejor opción -fichar un lateral izquierdo de calidad no estaría nada mal para la plantilla-. Solucionado el verdadero problema del equipo, la fluidez y la organización en el medio del campo gracias a la incorporación de un mediocentro magnífico como De la Red al once titular, queda poco por retocar. Robben tendría que ser titular siempre, pero al ser de cristal no puede ser. Para el resto de días las mejores opciones son Sneijder y Van der Vaart, uno a cada lado. Fuertes, potentes e imaginativos. Dados a los momentos difíciles y normalmente no sucumben a la presión, algo que Guti, más genial, no puede decir. Siempre se hunde. Y van...
Finalmente arriba, y muy a mi pesar, los argentinos deberían tener muchos más minutos. Saviola e Higuaín, los dos. No considero a ninguno dos jugadores con el nivel necesario como para ser los delanteros titulares del equipo, pero el lamentable estado de forma permanente de Raúl y las contínuas lesiones de Van Nistelrooy hacen presagiar que uno de los dos jugarán muchos minutos. De hecho, Raúl tendría que ir al banquillo en beneficio de Higuaín, pero temo que eso no sucederá. Saviola como tercera opción hoy por hoy es algo irrisorio, pero por proponerlo no sucede nada. En definitiva, tras cuatro posts en los que he resumido mi parecer de tres años de Ramón Calderón en la directiva del equipo blanco, llego a la conclusión de que el equipo necesita de varios fichajes -entre ellos el entrenador- y considerables reformas tácticas. Exactamente igual que cuando llegó a la presidencia, sólo que con dos títulos ligueros más, dos humillaciones en europa más y 200 millones de euros menos. Quizá la solución sea su dimisión y la de Mijatovic. Aunque esa ya, es otra historia.Vía | Más que Fútbol
Imagen | De archivo
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