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miércoles, 27 de abril de 2011
El Manchester United se da un homenaje
Andrés Pérez | Se acaban los elogios para el Manchester United de Alex Ferguson. Anoche, mostrando una contundencia y una determianción al alcance tan sólo de los mejores equipos de siempre, el United borró de un plumazo las escasas posibilidades que ya de antemano con las que el Schalke 04 contaba de cara a disputar la final de Wembley. Con dos goles inapelables, consecutivos, paradigmáticos de la forma simplista y reduccionista de entender el fútbol de este equipo, el United puso el broche de oro a un partido dominado de principio a fin que no finalizó en goleada escandalosa gracias a la prodigiosa actuación de Neuer. A expensas del milagro que pueda obrar el conjunto alemán en Old Trafford, el Manchester United aspira a jugar su tercera final en cuatro años dando fe de su intimidatoria competitividad y de la capacidad de reinventarse que hace gala cuando año tras año ha ido perdiendo unidades de importancia mayúscula. No cabe sino aplaudir a este equipo.
Lejos del exceso ornamental y del pragmatismo físico y táctico del que llevan haciendo gala Barcelona y Real Madrid durante toda la temporada, el United ejecuta un fútbol de acciones economizadas y matices ajustados. No se prodiga demasiado en la creación, aprovecha la ventaja física y táctica que constantemente crean sus carrileros en las bandas, es inteligente en la gestión de sus recursos y demoledor en la ejecución de sus opciones ofensivas. Sin demasiados alardes, reduciendo al mínimo el riesgo y exprimiendo al máximo la rentabilidad de cada pase o desmarque, el United puso al Schalke frente a un pelotón de fusilamiento y tan sólo la providencia o Neuer evitaron un resultado histórico. Cuando la primera parte hubo terminado la cuestión era cuánto tardaría el Manchester en certificar de una vez que su superioridad era apabullante respecto al cuadro alemán.
Fue en la segunda parte, primero Giggs a pase de Rooney y más tarde Rooney a pase de Chicharito Hernández, jugador de rendimiento inesperado a pesar de sus excelentes perspectivas a varios años vista. Los dos coletazos definitivos del United pusieron de manifiesto no ya la incapacidad defensiva de un Schalke desnortado y retratado ante toda su afición sino la ejecución fría y precisa del rodillo creado por Ferguson y dignificado por Giggs o Scholes, anoche, el primero, imprescindible una vez más dentro de un equipo que ha sabido incorporar sabia nueva y mantener el ritmo competitivo a pesar de ello. Prueba de ello es que en esta su más que predecible tercera final no estarán ni Tévez ni Cristiano Ronaldo, dos baluartes básicos del último título conquistado por el United.
De poco le sirvió al Schalke 04 la ilusión despertada por la estrella de Raúl, las cuatro triangulaciones bien ejecutadas antes del aluvión de oportunidades creado por el United o las manos de Neuer. Cuando su rival lo dispuso, murió ahogado. Carrick jugó a su antojo durante todo el partido, Evra y Fabio encontraron carriles vacíos en sus respectivas bandas, Rooney confirmó que se encuentra excesivamente a gusto por detrás del delantero, Valencia ejecutó un constante ejercicio de alarde de sus virtudes físicas y técnicas, Chicharito volvió locos a los pesados Metzelder y Matip y Giggs se elevó por encima de todos los demás para marcar la diferencia con al diligencia y pasmosa naturalidad con la que lo lleva haciendo toda la vida. No fue más el Schalke porque no se lo permitió el United, arrebatador el día de ayer.
La victoria es la consecuencia lógica del dominio clarividente del cuadro inglés. Recuperada su pareja natural de centrales, el equipo toma la forma que mejor desea Ferguson incorporando a Chicharito arriba, que merece mención aparte. A pesar de su juventud y de sus expectativas futuras y no actuales, se mueve con la inteligencia de un delantero con años de bagaje tras de sí, oculta sus ciertas limitaciones técnicas sin prodigarse en la conducción, soltando el balón rápido, y tiene un don natural, el mismo del que hicieron gala jugadores como Solsjkaer o Gerd Múller, para encontrar antes que nadie el hueco al que acudirá la pelota desde un centro lateral. Es una máquina de crear peligro por su agilidad y de puntualizar goles, dado que ni siquiera los fabrica. Es una maravilla. Como este United, triunfador otra vez. Llegará, a buen seguro, ensombrecido por uno de los dos grandes dinosaurios españoles, pero errará quien ose minusvalorar su ya legendaria capacidad competitiva.
Imagen | El País | RTVE.es
miércoles, 6 de abril de 2011
Una goleada que no oculta las carencias del Madrid
Andrés Pérez | Sigue lejos el Real Madrid de ser una máquina infalible a pesar de su contundente goleada al Tottenham. Se atasca con facilidad cuando el rival mantiene el tono físico, no encuentra salidas ante un conjunto encerrado en su área y sus defensas se desconcentran con excesiva frecuencia en campo abierto. No es de extrañar, tras este diagnóstico, que el Tottenham se acercara con cierto peligro al área de Casillas mediada la primera parte, una vez Adebayor ya había adelantado al Madrid y una vez Crouch, en juvenil acto de irresponsabilidad, había decidido dejar a su equipo con un jugador menos. Primero fue Bale, tras una carrera asombrosa desde el centro del campo, y más tarde Van der Vaart solo ante Casillas, antes de que Carvalho impidiera el empate del equipo londinense. Ciertamente, el Madrid no sufrió más. Pero en aquel momento se hallaba muy descolocado.
La expulsión de Crouch supuso un punto de inflexión relativo en el partido. Durante los primeros seis minutos el Tottenham se había encerrado alrededor de Gomes. No por voluntad propia sino por el empuje imparable del Madrid, que en un córner obtuvo premio. Pese a oler sangre, los de Mourinho dejaron recomponerse al Tottenham, que comenzó a manejar levemente y muy lejos de Casillas el balón. Todo ello hasta que Crouch entró con la plantilla por delante por segunda vez. Imaginamos en ese momento a Redknaap seriamente contrariado con su delantero. La marcha prematura de Crouch dejó al Tottenham sin delantero. Y aquí es donde Mourinho debería encontrar motivos para la preocupación: no es que el Madrid se estampara ante el muro londinense en ataque, es que el Tottenham aprovechó los espacios lógicos que el Madrid cedía atrás. Las coberturas llegaban tarde y el caos comenzaba a asomar.
El resto de la primera parte no fue gran cosa. Atormentado por sus propios fantasmas, el Madrid no creó excesivas ocasiones en el área de Gomes. La segunda parte fue otro cantar. Con Marcelo hiperactivo y como el único jugador capaz de romper líneas defensivas en una internada con el balón controlado, Adebayor preparó un salto en suspensión para cruzar el balón con la cabeza hacia un lugar en el que un caótico Gomes jamás imaginaría llegar. El segundo gol sirvió de espoleo para el Madrid, que fulminó físicamente al Tottenham. Aquí sí el conjunto blanco se mostró superior de una forma insultante. Los spurs contaban ya con Defoe en el campo, lo que redujo el volumen de centrocampistas, un placer para Xabi Alonso, que se dedicó a construir y destruir a su antojo.
Marcelo y Xabi Alonso. Ahora que Benzemá ha vuelto al dique seco, son los dos jugadores más importantes del Madrid cuando Ozil se esfuma entre las líneas rivales. Marcelo por desequilibrante e imprevisible y Alonso por estable y racional. El fondo físico imposible de los jugadores blancos hizo el resto hasta el punto de que Sandro, Gallas y Bale sufrieron calambres durante toda la segunda parte. El Tottenham, fundido ante la exigencia física que le proponía el Madrid, se transformó en un trapo, y lo que durante la primera parte se convertía en una agonía posible en al segunda se antojó imposible. No había capacidad para resistir los embistes del Madrid. Un Ronaldo egoísta lo probaba; Ramos se unía al ataque una vez neutralizado Bale; Di María buscaba encontrar salidas a pesar de su creciente irrelevancia en el juego del Madrid; y en defensa Pepe y Carvalho parecían superar sus traumas. El Madrid, entonces sí, era un conjunto temible.
Cuatro a cero, goleada, eliminatoria sentenciada a excepción de hecatombe histórica y dos lecturas. La primera la de un equipo incapaz ante rivales demasiado pergeñados alrededor de su área y nervioso en defensa cuando el rival tiene metros para recorrer. La segunda la de un equipo apabullante que humilla al contrario físicamente y lo remata sin piedad una vez está para el arrastre. Sucedió también ante el Lyon: el Madrid en casa exige demasiado a su rival como para que aguante los 90 minutos. De cara a un futuro enfrentamiento ante el Barça esto tiene un problema evidente: ni el fondo físico de los de Guardiola es tan bajo ni permitirá que el Madrid le imponga el correcalles que sí ha logrado imponer en octavos y en cuartos. El Barça le robará el balón. Y la última vez que al Madrid le sucedió eso recibió cinco goles. A pesar de la goleada, el Madrid debe mejorar si pretende seguir la estela del Barça en un mes que se presenta frenético para ambos equipos.
P.D.
Mientras tanto, en el otro extremo de la galaxia y demostrando que todos los analistas futbolísticos somos auténticos incapaces para este oficio, el Schalke 04 marcó cinco goles al Inter en San Siro y prácticamente dejó sentenciada la eliminatoria. El Schalke, el renqueante y desquilibrado equipo de Raúl que eliminó al Valencia en octavos, ha goleado y humillado al vigente campeón del mundo. Dicho sea de paso y vista su defensa de feria, no es algo que tenga especial mérito. Pero sí sorprende viniendo de un equipo al que nadie esperaba en semifinales —salvo machada heroica de los de Leonardo en Gelsenkirchen— y del que se ha dicho que es caótico, falto de talento, lento, sustentado por sus estrellas y con un cuadro defensivo digno de categorías del infrafútbol. Qué noche de Champions.
Lectura recomendada | El Schalke descuartiza al Inter (El País) | Visto y no visto (Esteban Moneo)
Imagen | El País
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jueves, 10 de marzo de 2011
Y sin embargo se mueve
Andrés Pérez | Sucede con frecuencia en el fútbol: ser mejor implica una demostración práctica. La teoría es papel mojado hasta que se aplica en el plano real. Es cierto, el Valencia tiene mejores mimbres que el Schalke 04, un desordenado conjunto alemán cuya defensa es caótica y cuyas principales virtudes son las individualidades talentosas en el frente de ataque. En apariencia, y a pesar del sufrido empate que los de Emery cosecharon en campo propio, gol de Raúl incluido, el Valencia era el favorito para pasar a los cuartos de final. Tanto la situación del conjunto alemán en Liga como el buen estado de determinados jugadores valencianistas invitaban al optimismo. En teoría. En la práctica no basta con ser mejor sino con saber ser mejor. Y en ese sentido el Schalke impartió una lección.
Se adelantó de nuevo el Valencia, como ya hiciera en Mestalla. Esta vez el encargado de abrir el marcador fue Ricardo Costa, de manera casi fortuita tras un buen destello de calidad de Topal en la banda izquierda, supuesta autovía para los deslices desmesurados del portento físico que es Mathieu. Supuesta puesto que Uchida, el joven lateral japonés que se desempeña en el carril derecho del Schalke, demostró cierta flaqueza defensiva en el campo valencianista pero apenas tuvo errores anoche. El gol de Costa no espoleó al Valencia sino que lo acomodó en una peligrosa tierra de nadie, donde el lento y anodino transcurrir de los acontecimientos, alejado el Schalke de Guaita, conformista el equipo valenciano de cara a la portería de Neuer, relajó en exceso a los de Emery. Al Schalke, equipo de limitaciones técnicas evidentes con un centro del campo huérfano desde la marcha de Rakitic al Sevilla, se le apreciaba más tesón que ideas, lo que, en un principio, no suponía mayores quebraderos de cabeza para David Navarro y Costa, pareja de centrales anoche.
Sin embargo, la acomodación fue excesiva. El Valencia no se relajó: directamente se durmió. Perdió de vista la portería rival y comenzó a preocuparse por el ímpetu plenamente físico que Farfán o Kluge imponían en las bandas. Jurado revoloteaba por el carril izquierdo acompañado de Escudero, grata sorpresa de la noche, y Raúl y Gavranovic buscaban recibir de espaldas a la portería de Guaita. No tuvo especiales contratiempos el canterano hasta que al borde del área, en una acción un tanto desafortunada de Navarro, Gavranovic cayó al suelo. Había transcurrido casi toda la primera parte y el Valencia, a pesar del tanto inicial, no aparentaba ser un equipo que tuviera el partido bajo control. Menos aún cuando Farfán, en un ejercicio fabuloso de precisión, superó la barrera valencianista y firmó el gol de la jornada.
El empate, no obstante, suponía cierto peligro para el Schalke. Tal es la paradoja: ante la falta de ambición del Valencia una vez se puso por delante, Neuer apenas se tuvo que esforzar. Sin embargo, el empate presagiaba malas noticias para el equipo de Magath: con un tanto el Valencia obligaría al Schalke a anotar otros dos. Una empresa algo utópica para un conjunto de limitaciones evidentes como el alemán. Lejos de ello, el Valencia siguió sin rumbo, sin plano, sin idea alguna que transmitir desde el campo. Banega no lograba conectar con Mata y Aduriz se perdía entre la enclenque defensa alemana hasta el punto de marrar un mano a mano claro ante Neuer. Fue un destello, casi un accidente provocado por la debilidad de la defensa del Schalke, en ningún caso el resultado de una tendencia ofensiva.
El Schalke, espoleado por el atronador rugido de su afición, apta como pocas para la entonación de cánticos corales en un estadio de acústica sublime, siguió concentrado en su particular batalla, la de vencer a sus propias limitaciones. Una acometida de Kluge en banda izquierda frente a un Bruno algo parsimonioso deparó en un altísimo centro. Guaita intentó despejar en vez de blocar y falló. El balón pasó por delante de Mathieu y llegó a Farfán, quien en primera instancia mandó el tiro, al borde del área pequeña, al cuerpo de Guaita. El rechace lo aprovechó Gavranovic para adelantar por primera vez al Schalke en la eliminatoria. De ahí al final, al conjunto de Magath sólo le restaba rezar.
Rezar por una defensa adelantada incapaz de medir los pases a su espalda. Hasta en dos ocasiones fueron capaces los centrocampistas valencianistas de superar por alto, en balones frontales, sencillos y francos, a los centrales locales. Ninguna de las dos ocasiones, de clara ruptura de la última línea del Schalke, fue aprovechada por el Valencia. Emery se ofuscó y retiró a Banega, el mejor dotado del equipo valenciano, para dar salida a Tino Costa. Con Soldado en el campo en detrimento de Aduriz la consigna estaba clara: balones por alto. Un caramelo para la defensa del Schalke, feliz en su desempeño aéreo, lo único realmente fiable de sus virtudes. Hasta el minuto final el Valencia dispuso de pocas ocasiones claras y el Schalke entre tanto sufrió para anotar el tercero y sentenciar la eliminatoria. Tras dos ejercicios de fútbol irrisorio, Farfán, con el Valencia en área contraria, marcó el tercero. Había muerto el Valencia víctima de sus propios errores. No es mejor equipo el Schalke, y sin embargo lo fue. No giraba la tierra en torno a nada, y sin embargo se movía. En el fútbol, la teoría es y será simple y mera teoría.
P.D.
En otro orden de cosas, el Tottenham empató a cero en White Hart Lane para echar fuera de los cuartos al Milan. Sólo resta el Inter en competición europea y parte en desventaja la semana que viene frente al Bayern. De caer en Munich, no quedará ningún equipo italiano en competición continental en marzo.
Imagen | El País
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miércoles, 16 de febrero de 2011
Raúl a lo suyo
Andrés Pérez | Debe ser frustrante para la afición del Valencia que Raúl, una vez había anotado a su equipo doce goles a lo largo de toda su carrera vistiendo los colores del Real Madrid, aparezca de nuevo en Mestalla, en la recta final de su carrera y portando los colores de un extravagante equipo alemán, para marcar más goles. Raúl sigue teniendo la habilidad de dejar con cara de pasmo a la grada rival. Anoche se adelantó a Navarro en el área al intuir como nadie la trayectoria de un centro lateral desde la banda izquierda y empató el partido tras un control sutil y un disparo renqueante y bulímico. Era Raúl, con otros colores y con más canas, pero seguía siendo Raúl.
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
Imagen | El País
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
Imagen | El País
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martes, 15 de febrero de 2011
De Raúl y las segundas oportunidades
Andrés Pérez | Probablemente, la imagen que evoca Raúl en la mente de todo espectador cuando se habla de su figura es la de la cuchara. Una forma de vaselina no inventada por él pero sí patentada. Pocos futbolistas han sido capaces de identificar con tamaña facilidad un gesto a su persona. Raúl ha podido, como con tantas otras cosas: un sinfín de goles, trofeos y elogios de todo tipo. Amor y odio, también por partes iguales, despertando los recelos de tantos y la idolatría de otros, ya en su recta final en el Real Madrid, abatido, viejo, lento y sumido en un eterno debate siempre al margen de sus méritos futbolísticos.
El mejor Raúl se apagó hace tiempo. Se pueden esgrimir los datos de dos de sus tres últimas temporadas en el Bernabéu —donde superó la veintena de goles en dos de ellas— e intentar defender la inmaculada trayectoria del delantero, su siempre innegable derroche de energías y de talento, en efecto. Raúl siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, pero el buen Raúl comenzó a desdibujarse tras el Mundial de Corea y la última Liga que consiguió aquel Madrid de ensueño liderado por él y comandado por Zidane, Ronaldo o Figo. La opacidad de la última etapa de aquella gloriosa conjunción de futbolistas ensombreció a Raúl que, cuando se marcharon todos, siguió al borde del acantilado. Seguir en aquel Madrid, post-Florentino y post-galácticos al que se le asociaba de un modo intrínseco a pesar de sus méritos previos, le valió la división definitiva entre detractores y aduladores.
Sus últimos días en España pasaron desapercibidos. Le valió un gol a modo póstumo en La Romareda cierta despedida honorífica antes de tiempo. Decidió marcharse a Alemania sabedor de que su ciclo se había terminado, quizá entendiéndolo demasiado tarde, quizá no. Sea como fuere, la decisión ha rejuvenecido a Raúl, que vive una suerte de segunda juventud más encorvado, más lento, pero igual de intuitivo. Asentado en la titularidad del Schalke, Raúl regresa a España para enfrentarse al Valencia en octavos loando las virtudes del competitivo campeonato alemán, disfrutando los gozos del anonimato en tierra germánica.
Ha marcado 12 goles. Ya ha dejado como marca su habitual cuchara en alguno de ellos. No sería de extrañar encontrar una vez más a Raúl anotando en Mestalla, ante uno de sus equipos fetiche, el Valencia, a quien amargó en la final del 2000 con un último gol imborrable de la retina colectiva. Por ahí andará Raúl, a ratos apagado, a ratos inspirado, con la planta extraña y poco ortodoxa que le caracterizó en su última etapa en el Madrid, revoloteando como siempre ha hecho entre líneas, silencioso, callado, en apariencia dócil. No sería extraño que no apareciera en todo el partido. Para entonces, a modo de destello del futbolista que fue y alardeando de una virtud que nunca perderá, quizá ya haya marcado en una jugada inverosímil, apareciendo tras un rechace, a la espera de una segunda oportunidad. Raúl, asentiremos para entonces todos, asintiendo lacónicamente a los últimos días de un delantero para la posteridad.
Lectura recomendada | "Estoy disfrutando en una Liga mucho más física" (El País)
Imagen | El País
El mejor Raúl se apagó hace tiempo. Se pueden esgrimir los datos de dos de sus tres últimas temporadas en el Bernabéu —donde superó la veintena de goles en dos de ellas— e intentar defender la inmaculada trayectoria del delantero, su siempre innegable derroche de energías y de talento, en efecto. Raúl siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, pero el buen Raúl comenzó a desdibujarse tras el Mundial de Corea y la última Liga que consiguió aquel Madrid de ensueño liderado por él y comandado por Zidane, Ronaldo o Figo. La opacidad de la última etapa de aquella gloriosa conjunción de futbolistas ensombreció a Raúl que, cuando se marcharon todos, siguió al borde del acantilado. Seguir en aquel Madrid, post-Florentino y post-galácticos al que se le asociaba de un modo intrínseco a pesar de sus méritos previos, le valió la división definitiva entre detractores y aduladores.
Sus últimos días en España pasaron desapercibidos. Le valió un gol a modo póstumo en La Romareda cierta despedida honorífica antes de tiempo. Decidió marcharse a Alemania sabedor de que su ciclo se había terminado, quizá entendiéndolo demasiado tarde, quizá no. Sea como fuere, la decisión ha rejuvenecido a Raúl, que vive una suerte de segunda juventud más encorvado, más lento, pero igual de intuitivo. Asentado en la titularidad del Schalke, Raúl regresa a España para enfrentarse al Valencia en octavos loando las virtudes del competitivo campeonato alemán, disfrutando los gozos del anonimato en tierra germánica.
Ha marcado 12 goles. Ya ha dejado como marca su habitual cuchara en alguno de ellos. No sería de extrañar encontrar una vez más a Raúl anotando en Mestalla, ante uno de sus equipos fetiche, el Valencia, a quien amargó en la final del 2000 con un último gol imborrable de la retina colectiva. Por ahí andará Raúl, a ratos apagado, a ratos inspirado, con la planta extraña y poco ortodoxa que le caracterizó en su última etapa en el Madrid, revoloteando como siempre ha hecho entre líneas, silencioso, callado, en apariencia dócil. No sería extraño que no apareciera en todo el partido. Para entonces, a modo de destello del futbolista que fue y alardeando de una virtud que nunca perderá, quizá ya haya marcado en una jugada inverosímil, apareciendo tras un rechace, a la espera de una segunda oportunidad. Raúl, asentiremos para entonces todos, asintiendo lacónicamente a los últimos días de un delantero para la posteridad.
Lectura recomendada | "Estoy disfrutando en una Liga mucho más física" (El País)
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jueves, 10 de abril de 2008
El paciente no inglés (Barcelona 1 - 0 Schalke 04)

Andrés Pérez | Escucho las palabras de Sala Martín respecto a que muchos jugadores salen de fiesta, son castigados y se tapa con una lesión y me estremezco. Me estremezco entre otras cosas porque no concibo, por ejemplo, que un tipo como Deco, pieza clave del mejor Barça y que hoy en día sería titular siquiera sin llegar a pestañear en el tiempo que dudamos. No quiero creer, o mejor, no voy a creer las palabras de Sala pero crean un ambiente de mucha preocupación alrededor del club. Y del equipo. Equipo que está triste, sin fuerzas ni motivación para seguir adelante con aquello que esté haciendo en este momento, algo que ni siquiera los mismos jugadores saben. Porque no saben a lo que juegan ni porqué juega. ¿El sueño de la tercera? Si es cierto no lo aparentan, o sus sueños se acaban donde los deportivos y las casas de lujo. No lo sé. Lo que anoche se vió en el Camp Nou es la prueba palpable de que hay un enfermo, que es paciente de la Copa de Europa primero porque está en sus brazos y segundo porque pacientemente ha esperado a semifinales para medirle a un equipo serio. Y el premio a cambio de unos octavos y cuartos risorios es el más gordo de todos. El Manchester United.

Cuando el ambiente viciado de un club afecta a los jugadores se nota en el campo y creo que la prueba más palpable de todo ello es el paupérrimo juego mostrado por el Barcelona en ambos partidos, tanto el de ida como el de vuelta. La afición, en teoría, no debería tener que silbar al equipo, que está en semifinales; pero al afición es inteligente y sabe que ha llegado de rebote, ante un Celtic pobre y un Schalke que ni es alemán ni es equipo serio para la Copa de Europa. Lo más destacado del equipo bávaro ha sido Jones, un jugador que no fue titular en la ida y que anoche pudo haber pegado más de un susto al Barcelona, de la mano de Kuranyi y Asamoah. Lo demás, a excepción del siempre cumplidor Rafinha, es un equipo carente por todos los costados de calidad. Ni siquiera en la UEFA destacaría. Más allá de la inexplicable clasificación ante el Oporto está el quid de la cuestión. Porque el Schalke 04 ha podido ganar esta eliminiatoria. Y si son tan malos, no se explica.

Salió el Barça al campo completamente atemorizado y sin saber qué hacer. Sorprentendemente el Schalke pareció mejor que en la ida y dominó los veinte primeros minutos, aunque no al nivel que el Arsenal lo hizo ayer en Liverpool. Casi daban ganas de llorar viendo el partido y recordando el espectáculo que Liverpool y Arsenal nos ofrecieron ayer. Poco ritmo, pocas ocasiones, jugadores torpes y sin intensidad, poca calidad. En resumidas cuentas, una eliminatoria con dos goles (uno de ellos de auténtico esperpento digno de Valle-Inclán) y un juego insultante para aquellos que pagaron su entrada por ver el proyecto de fútbol que ambos equipos han ofrecido en ambos encuentros. El Barça ha llegado a las semifinales y es el único equipo que no es de las islas. Probablemente también sea el único enfermo de pies a cabeza. No tiene muchas esperanzas la afición y menos aún los jugadores, que juegan sabiéndose inferiores al resto de semifinalistas.

Si bien el Schalke tuvo cuatro ocasiones clarísimas para ponerse uno o dos cero en el marcador ante una pasiva defensa baulgrana, Xavi, con más intención que acierto trató de echarse el equipo a las espaldas y maquillar la pobre imagen del equipo. Antes de que acabara la primera parte, el Barça ya había robado la pelota al Schalke y caminaba lenta y toscamente hacia la meta de Neuer, de nuevo, buen portero. El gol llegó cuando la primera parte caminaba hacia una muerte lenta y dolorosa visto lo visto sobre el césped. Tras un centro de Bojan, un remate extrañísimo, una pelota que vuela y vuela para ser sacada en la línea de gol por Krstajic llegó Touré Yayá (que cada día me parece más grande) y la empujó no sin la torpeza generalizada del partido. Extraño jugador es el marfileño que sin hacer gran cosa en la primera mitad acaba con el depósito vacío todos los partidos. Y extraño nombre para un tipo tan tan grande. Obviando el juego, el gol supuso la confirmación del pase. El Schalke no iba a hacer mucho más, era algo sabido por todos.

Y sin embargo el Barça no fue capaz de sentenciar el partido en la segunda parte. Y eso que tuvo ocasiones para ello. Cuando el estado vicioso y de ansiedad que rodea todo un club se traslada a un campo de fútbol, da igual que seas Henry o Eto'o, todo saldrá mal. Y la prueba más palpable es Henry, jugador exquisito y fantástico donde los haya habido que actualmente parece malo y carente de ideas en una banda izquierda del Barça que se ponga como se ponga Rijkaard, carbura mejor con Sylvinho. Henry tuvo tres jugadas que en sus tiempos del Arsenal hubiera finalizado con una elegancia tremenda. Sin embargo se precipitó para quedar lo mejor posible y erró. Un par de ocasiones , una pitada (injustísima) por el cambio de Bojan y otro soporífero final de partido después el Barça navega entre flotas inglesas. Se enfrenta al Manchester, probablemente el mejor equipo ed Europa y del Mundo con el inconmensurable C. Ronaldo. Ójala que no, ójala que el fútbol pueda presumir de un finalista en Moscú, pero ni se lo merece ni lo va a tener. Tan sólo imaginar a la endeble defensa del Barça en un campo grande como el Camp Nou enfrentada a un auténtico bicho como C. Ronaldo... Dan ganas de cerrar los ojos e ir escribiendo la esquela del Barça en Copa de Europa.
Vía | As, Y digo yo
Imagen | As, Marca, La Gazzetta dello Sport, Mundo Deportivo, Lequipe
Más que Fútbol ● 2008

Cuando el ambiente viciado de un club afecta a los jugadores se nota en el campo y creo que la prueba más palpable de todo ello es el paupérrimo juego mostrado por el Barcelona en ambos partidos, tanto el de ida como el de vuelta. La afición, en teoría, no debería tener que silbar al equipo, que está en semifinales; pero al afición es inteligente y sabe que ha llegado de rebote, ante un Celtic pobre y un Schalke que ni es alemán ni es equipo serio para la Copa de Europa. Lo más destacado del equipo bávaro ha sido Jones, un jugador que no fue titular en la ida y que anoche pudo haber pegado más de un susto al Barcelona, de la mano de Kuranyi y Asamoah. Lo demás, a excepción del siempre cumplidor Rafinha, es un equipo carente por todos los costados de calidad. Ni siquiera en la UEFA destacaría. Más allá de la inexplicable clasificación ante el Oporto está el quid de la cuestión. Porque el Schalke 04 ha podido ganar esta eliminiatoria. Y si son tan malos, no se explica.

Salió el Barça al campo completamente atemorizado y sin saber qué hacer. Sorprentendemente el Schalke pareció mejor que en la ida y dominó los veinte primeros minutos, aunque no al nivel que el Arsenal lo hizo ayer en Liverpool. Casi daban ganas de llorar viendo el partido y recordando el espectáculo que Liverpool y Arsenal nos ofrecieron ayer. Poco ritmo, pocas ocasiones, jugadores torpes y sin intensidad, poca calidad. En resumidas cuentas, una eliminatoria con dos goles (uno de ellos de auténtico esperpento digno de Valle-Inclán) y un juego insultante para aquellos que pagaron su entrada por ver el proyecto de fútbol que ambos equipos han ofrecido en ambos encuentros. El Barça ha llegado a las semifinales y es el único equipo que no es de las islas. Probablemente también sea el único enfermo de pies a cabeza. No tiene muchas esperanzas la afición y menos aún los jugadores, que juegan sabiéndose inferiores al resto de semifinalistas.

Si bien el Schalke tuvo cuatro ocasiones clarísimas para ponerse uno o dos cero en el marcador ante una pasiva defensa baulgrana, Xavi, con más intención que acierto trató de echarse el equipo a las espaldas y maquillar la pobre imagen del equipo. Antes de que acabara la primera parte, el Barça ya había robado la pelota al Schalke y caminaba lenta y toscamente hacia la meta de Neuer, de nuevo, buen portero. El gol llegó cuando la primera parte caminaba hacia una muerte lenta y dolorosa visto lo visto sobre el césped. Tras un centro de Bojan, un remate extrañísimo, una pelota que vuela y vuela para ser sacada en la línea de gol por Krstajic llegó Touré Yayá (que cada día me parece más grande) y la empujó no sin la torpeza generalizada del partido. Extraño jugador es el marfileño que sin hacer gran cosa en la primera mitad acaba con el depósito vacío todos los partidos. Y extraño nombre para un tipo tan tan grande. Obviando el juego, el gol supuso la confirmación del pase. El Schalke no iba a hacer mucho más, era algo sabido por todos.

Y sin embargo el Barça no fue capaz de sentenciar el partido en la segunda parte. Y eso que tuvo ocasiones para ello. Cuando el estado vicioso y de ansiedad que rodea todo un club se traslada a un campo de fútbol, da igual que seas Henry o Eto'o, todo saldrá mal. Y la prueba más palpable es Henry, jugador exquisito y fantástico donde los haya habido que actualmente parece malo y carente de ideas en una banda izquierda del Barça que se ponga como se ponga Rijkaard, carbura mejor con Sylvinho. Henry tuvo tres jugadas que en sus tiempos del Arsenal hubiera finalizado con una elegancia tremenda. Sin embargo se precipitó para quedar lo mejor posible y erró. Un par de ocasiones , una pitada (injustísima) por el cambio de Bojan y otro soporífero final de partido después el Barça navega entre flotas inglesas. Se enfrenta al Manchester, probablemente el mejor equipo ed Europa y del Mundo con el inconmensurable C. Ronaldo. Ójala que no, ójala que el fútbol pueda presumir de un finalista en Moscú, pero ni se lo merece ni lo va a tener. Tan sólo imaginar a la endeble defensa del Barça en un campo grande como el Camp Nou enfrentada a un auténtico bicho como C. Ronaldo... Dan ganas de cerrar los ojos e ir escribiendo la esquela del Barça en Copa de Europa.
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miércoles, 2 de abril de 2008
No dan para más (Schalke 04 0 - 1 Barcelona)

Ganar 0-1 en campo visitante en unos cuartos de final de la Copa de Europa a priori no está nada mal. Entra dentro de lo catalogable como positivo. Un gol fuera de casa y afrontar la vuelta con el viento soplando a tu favor es lo adecuado, prácticamente lo ideal. Sin embargo al Barça, o mejor dicho, a la afición del Barcelona, no le sirve ganar 0-1 al Schalke 04 en Gelsenkirchen. No valió y no gustó a nadie. Ante un equipo plano y ni siquiera eminentemente alemán, como es el Schalke 04, el Barça ganó incomodísimamente con un tempranero gol de Bojan y con una segunda parte para olvidar especialmente a nivel defensivo. Poco tardaron en desenterrar los fantasmas del Betis y poco tardamos los espectadores en comprobar que el Barça no da para más, es todo lo que puede ofrecer y lamentablemente, no le servirá para pasar de semifinales en esta Copa de Europa.

Llegaba el Barça a Alemania con más dudas que otra cosa y con un valor seguro como es Bojan. Tratamiento especial merece el chaval ya que con 17 años es el seguro que necesita el Barça cuanto menos, para no sumirse en la desesperación que le plantea al aficionado el futuro del equipo baulgrana. Cuando se la pasan a Bojan cualquiera puede comprobar que algo va a salir bien. Puede que un regate o un pase poco mordiente, pero siempre se tiene la seguridad de que lo hará bien y no perderá el balón. Es peligroso arriba sólo con la intención de su mirada y se come a los centrales a pesar de que le saquen más de medio metro de altura, sin exagerar. Insisto en lo de siempre, es algo para estar contento y orgulloso, pero a la vez es para plantearse seriamente el estado del equipo. Un jugador de 17 años no puede ser el máximo valedor de un equipo que pretende ganar todos los títulos.

Enfrente esperaba el Schalke 04. Desde el primer minuto del partido comprobamos lo plano y falto de calidad que es el equipo teutón. A excepción de Rafinha, ningún jugador aparentó tan siquiera merecer jugar la Copa de Europa. La defensa se sustenta en dos centrales muy altos y fuertes, el mediocampo en un jugador fuerte pero bastante falto de calidad como es Pander, en las bandas no hay jugadores que determinen un partido ya que ni Westermann ni Altintop (el del Bayern no, ese es mejor) demostraron nada y arriba Kuranyi estuvo desaparecido. Rafinha sólo no puede ganar un partido, y menos desde el lateral derecho. El Barça salió a dominar y sobre Iniesta y Xavi se sustentó el equipo. Realmente hubo momentos de un buen juego, combinaciones y triangulaciones varias en el mediocampo permitieron al Barcelona marcar en el minuto 12 tras un gran pase de Iniesta a Henry que éste, tras fallar el primer disparo sólo ante Neuer (buen portero a pesar de la cantada) devolvió el rechace a Bojan para que empujara el balón a dos metros de la portería. Pintaba bien el partido pero a pesar de dominar claramente no había ocasiones.

El problema surgió en la segunda parte. Es duro tener que hablar de un Barça apagado y sin funciones ofensivas ni defensivas ante el panorama que presentamos. Un Schalke realmente malo y con el resultado a favor. Pero por extrañas razones que escapan al entendimiento de cualquier aficionado, el Barça este año se apaga en las segundas partes. Y no es comprensible ya que hace dos años no lo hacían. Quizá todo se explique en el cansancio acumulado de los jugadores y en su veteranía, por decirlo de alguna manera, pero más acertadamente, es probable que se explique por el cúmulo de factores psicológicos en los que el Barça se sume cada entrenamiento. La Liga se escapa ante un mal Madrid y en Copa se cayó ante el peor Valencia de los últimos 10 años. Están en cuaros de final ante un equipo flojísimo y sin haber testado ante un grande. No hay sensación de haber algo hecho bien. Al contrario, a pesar de las mil y una facilidades se están hundiendo en su propia miseria. Me pongo en el lugar de los jugadores que han tratado de no esconderse entre la multitud como es el caso de Milito, Iniesta o Henry y me hundo. Si en teoría todo ha sido fácil ¿Cómo hemos llegado a este punto? Se preguntarán.

Al punto de que nadie confíe en ellos, de que nadie se crea el juego del Barça en las primeras partes. Ayer se volvió a demostrar. En la segunda parte el Barça se hundió físicamente personificado especialmente en la figura del marfileño Yayá Touré o Touré Yayá, como gusten. Se ve que no es el mismo que maravilló y apabulló a principio de temporada, le falta gasolina y motivación. Cuando desapareció Touré desapareció el Barça. Con esto no digo que sea Touré la figura clave del Barcelona, que se hizo grande sin él, con esto trato de explicar la ecatombe que sufre cada segunda parte un equipo cansado. Si antes un africano del medio campo corría por tres y ahora no corre ni por sí mismo, el equipo se hunde porque le faltan 4 jugadores en el mediocampo. Iniesta y Xavi no llegan a ningún balón en la segunda parte y es algo triste que un futbolista tan tosco y falto de aptitudes como Pander se hiciera el dueño y señor del partido. En la segunda parte insisto. Todo en la segunda parte.

El Schalke se echó arriba, como no podía ser de otra manera, y con mucho corazón y ninguna calidad puso en apuros al Barça. A balón parado tuvo tres ocasiones clarísimas que ni Westerman ni Larsen (extraño jugador) supieron aprovechar. Me pregunto que hubiera pasado si ahí hubieran estado Cristiano Ronaldo y Tévez. Me autorespondo, gol seguro. Lo descubriremos casi con toda seguridad en las semifinales, que si todo va según lo previsto, alcanzará el Barça en el partido de vuelta. Porque a pesar del mal estado de sus jugadores tanto anímicamente como físicamente, el Schalke tampoco da para más. No parecen unos cuartos de final de la Copa de Europa. Ninguno de los dos equipos da para más. Lo más probable es que en la vuelta suceda lo mismo pero con un Schalke agazapado. Gol de Bojan, dominio en la primera hundimiento en la segunda y a visitar Manchester en las semifinales. De ahí no creo que pasen aunque esto es la Copa de Europa y los milagros aquí sí son posibles. Y sin embargo, a pesar de estar casi en semifinales, los jugadores deberían preguntarse o incluso se pregunten: "¿Qué está pasando?".
En la otra semifinal el Manchester venció 2-0 a la Roma sin Totti. No creo que con el capitán hubieran hecho algo más porque el United ha puesto la directa y no hay quien le pare hacia la final de Moscú. Ronaldo marcó a lo Santillana con un cabezazo estratosférico, de otra galaxia, y confirma lo que todos vemos y lo que todos esperamos que France Football vea: Ronaldo ha de ser el Balón de Oro prácticamente pase lo que pase de aquí a Diciembre. El otro gol lo marco Rooney. Dan miedo. Y más que darán.Hoy: Arsenal - Liverpool y Fenerbaçe - Chelsea. 20.45. Como siempre.
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martes, 1 de abril de 2008
20.45, cuartos

Dejamos de lado la Liga Española, la lamentable federación, el botellazo a Armando y la pugna por una Liga sin nivel. Dejamos de lado la península y nos centramos de lleno, de nuevo y ya iba siendo hora, en la competición de la mística y la gloria. La Copa de Europa. O Champions League, ustedes dirán. Yo seguiré llamándola Copa de Europa probablemente hasta que desaparezca o me muera, quizás el mismo día. No sé que sería de nosotros, los aficionados al buen fútbol, al que significa algo más que dinero y publicidad, al que da la gloria y en el que los milagros son posibles. El de la Copa de Europa. El de equipos como el Liverpool o el Milan. Esta noche vuelve la Champions y en España todavía tenemos algo que decir al respecto. Un representante, el Barcelona, el mismo que anda a medio camino entre la desesperación y la resignación, se enfrenta al alemán Schalke 04, el equipo del poderoso Kuranyi.
Viaja el Barcelona hacia Alemania con más dudas que otra cosa. Si de algo nadie duda es de la perla en ciernes que ahora embelesa toda la ciudad condal, Bojan Krkic, el chaval de 17 años que se ha convertido por méritos propios en el actual espíritu de un equipo desganado y porqué no decirlo, muerto. No hablo de una muerte definitiva. Quizás sería más adecuado hablar de punto muerto, o de coma no permanente. Pero algo va mal y la afición a las puertas del campo de entrenamiento de los jugadores lo demuestra. Si Bojan es la solución, sólo queda rezar para que esta noche Europa entera adivine quien puede ser la futura estrella del Barça y de la Selección Española. Suena raro, y no debería sonar así en un equipo con las estrellas que muestra o desmuestra, pero esta es y debería ser la noche de Bojan.

Enfrente el Schalke 04. Relativamente bien en la Liga doméstica alemana y peligrosísimo a balón parado. Si sobre algo se sustenta el Schalke es sobre su fuerte defensa, sobre la seguridad de su portero, Neuer, al que sitúan cerca de la órbita culé y sobre todo el hombre de los mil idiomas y los mil países, como muy bien le define Borja Barba hoy en Diarios de Fútbol, Kevin Kuranyi. Un Barça mermado física y mentalmente deberá andarse con cuidado también con Rafinha, el defensa mejor valorado en la pasada temporada de la Copa de Europa y uno de los laterales derechos con más proyección ofensiva de Europa. Ganando el Barça está en semifinales. Perdiendo con los nervios fuera de control y con Rijkaard con medio pie del banquillo.
Además, hoy, la reedición de los octavos de final del año pasado. Manchester United - Roma. La Roma tiene dos problemas a mencionar: Por un lado la ya segura baja de Totti para el partido y por otro el fantasma del 7-1 que el año pasado los diablso rojos le endosaron a su portero Doni. Es un fantasma psicológico difícil de superar. Aunque más difícil todavía es superar al favorito y mejor equipo de Europa a día de hoy. Los C. Ronaldo, Roooney, Tévez, Nani, Anderson y compañía. A ver quién es el guapo que se atreve a pararlos.
Vía | Soy Plastic, As, Diarios de Fútbol, Más que Fútbol
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Viaja el Barcelona hacia Alemania con más dudas que otra cosa. Si de algo nadie duda es de la perla en ciernes que ahora embelesa toda la ciudad condal, Bojan Krkic, el chaval de 17 años que se ha convertido por méritos propios en el actual espíritu de un equipo desganado y porqué no decirlo, muerto. No hablo de una muerte definitiva. Quizás sería más adecuado hablar de punto muerto, o de coma no permanente. Pero algo va mal y la afición a las puertas del campo de entrenamiento de los jugadores lo demuestra. Si Bojan es la solución, sólo queda rezar para que esta noche Europa entera adivine quien puede ser la futura estrella del Barça y de la Selección Española. Suena raro, y no debería sonar así en un equipo con las estrellas que muestra o desmuestra, pero esta es y debería ser la noche de Bojan.

Enfrente el Schalke 04. Relativamente bien en la Liga doméstica alemana y peligrosísimo a balón parado. Si sobre algo se sustenta el Schalke es sobre su fuerte defensa, sobre la seguridad de su portero, Neuer, al que sitúan cerca de la órbita culé y sobre todo el hombre de los mil idiomas y los mil países, como muy bien le define Borja Barba hoy en Diarios de Fútbol, Kevin Kuranyi. Un Barça mermado física y mentalmente deberá andarse con cuidado también con Rafinha, el defensa mejor valorado en la pasada temporada de la Copa de Europa y uno de los laterales derechos con más proyección ofensiva de Europa. Ganando el Barça está en semifinales. Perdiendo con los nervios fuera de control y con Rijkaard con medio pie del banquillo.
Además, hoy, la reedición de los octavos de final del año pasado. Manchester United - Roma. La Roma tiene dos problemas a mencionar: Por un lado la ya segura baja de Totti para el partido y por otro el fantasma del 7-1 que el año pasado los diablso rojos le endosaron a su portero Doni. Es un fantasma psicológico difícil de superar. Aunque más difícil todavía es superar al favorito y mejor equipo de Europa a día de hoy. Los C. Ronaldo, Roooney, Tévez, Nani, Anderson y compañía. A ver quién es el guapo que se atreve a pararlos.
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jueves, 13 de marzo de 2008
Torres y los cuartos

Cuando Fernando Torres decidió marcharse al Liverpool aplaudí su decisión. Era la única maner a mi parecer de demostrar si verdaderamente era un gran jugador o una gran ilusión fundada en la desesperación del Atlético. Nunca fui el máximo admirador de Torres y sí me consideré uno de sus principales críticos en su etapa en el Atlético, siempre tachado de sobrevalorado. Me ha hecho cambiar de opinión y se lo agradezco. Porque cuando se marchó a la ciudad del Merseyde me autoconvencí de que era imposible que fuera tan malo como para que Benítez, un entrenador que sabe fichar jugadores medio-alto a poco precio, pagara casi 30 millones de euros po él. Era mucho dinero, y Benítez no pide tanto nunca. Esperé y Torres ha demostrado ser lo que decían de él callándonos a muchos escépticos. Es un delantero total, rápido, con buena técnica y con mucho gol. No se esconde en las grandes citas, y ayer no lo hizo.
Ayer se jugaba la última eliminatoria entre el Inter centenario y el Liverpool de Torres. Cosas de la UEFA, una semana más tarde para no repetir partido en San Siro una misma semana. Quizá el dios del fútbol trató de castigar a la UEFA por tal osadía de trasladar la Champions una semana tarde, este año no se volverá a jugar la champions en San Siro. Detalles aparte, el partido deparó un resultado previsible. Un Liverpool bien asentado atrás y esperando a la contra. El Inter demostró que no tiene manera de sacar el balón jugado desde atrás e Ibrahimovic que en las grandes citas se esconde. Torres y Gerrard demostraron que juntos el Liverpool es el 70% de lo que es, acompañados por un buen equipo pero escaso de brillantez en general. A pesar de todo, a pesar de ser el Inter una mejor plantilla que no un mejor equipo, el Liverpool, no sólo aguantó sino que ganó con un golazo de Torres.

Y el resultado un día después es la hegemonía británica en los cuartos. A mí no me sorprende. De largo, la Premier es el campeonato más competitivo del mundo y sus cuatro primeros equipos hoy por hoy, los cuatro mejores de Europa, discúlpenme seguidores de un apático Barça y de un afortunado Madrid. Un turco, un español, un italiano y un alemán es lo poco que ha sobrevivido a la escaramuza británica, como en los buenos tiempos de Isabel o de Victoria. Cuando el mundo era suyo y los demás observaban impotentes. Resulta que ahora los españoles no tienen mucho más que la mejor plantilla del mundo desmotivada y sin compenetraión, resulta que el Fenerbaçe se clasificó de penalty, que el Schalke salvó la temporada de milagro y que la Roma, parece la única capaz de hacer frente a los de las islas. Porque no nos engañemos, como Liverpool, Chelsea, Manchester United y Arsenal tengan el privilegio de ser emcuadrados en cuatro eliminatorias distintas, tenemos semifinales de passing game y verticalidad descontrolada.
¿Mi favorito? El Manchester por equipo, el Arsenal por juego y el Liverpool por ser el Liverpool. Espero que el rancio Chelsea se quede fuera y que la Roma obtenga un merecido pase a las semifinales, por ser el único equipo de Italia digno y por ser el único equipo fuera de Inglaterra que es capaz de dar lecciones de fútbol, aunque sea al Madrid de hoy en día. Veremos que nos deparan los cuartos. Hasta entonces, un consejo, ver la Premier. Ahora, no tiene precio.
Foto | De archivo
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Ayer se jugaba la última eliminatoria entre el Inter centenario y el Liverpool de Torres. Cosas de la UEFA, una semana más tarde para no repetir partido en San Siro una misma semana. Quizá el dios del fútbol trató de castigar a la UEFA por tal osadía de trasladar la Champions una semana tarde, este año no se volverá a jugar la champions en San Siro. Detalles aparte, el partido deparó un resultado previsible. Un Liverpool bien asentado atrás y esperando a la contra. El Inter demostró que no tiene manera de sacar el balón jugado desde atrás e Ibrahimovic que en las grandes citas se esconde. Torres y Gerrard demostraron que juntos el Liverpool es el 70% de lo que es, acompañados por un buen equipo pero escaso de brillantez en general. A pesar de todo, a pesar de ser el Inter una mejor plantilla que no un mejor equipo, el Liverpool, no sólo aguantó sino que ganó con un golazo de Torres.

Y el resultado un día después es la hegemonía británica en los cuartos. A mí no me sorprende. De largo, la Premier es el campeonato más competitivo del mundo y sus cuatro primeros equipos hoy por hoy, los cuatro mejores de Europa, discúlpenme seguidores de un apático Barça y de un afortunado Madrid. Un turco, un español, un italiano y un alemán es lo poco que ha sobrevivido a la escaramuza británica, como en los buenos tiempos de Isabel o de Victoria. Cuando el mundo era suyo y los demás observaban impotentes. Resulta que ahora los españoles no tienen mucho más que la mejor plantilla del mundo desmotivada y sin compenetraión, resulta que el Fenerbaçe se clasificó de penalty, que el Schalke salvó la temporada de milagro y que la Roma, parece la única capaz de hacer frente a los de las islas. Porque no nos engañemos, como Liverpool, Chelsea, Manchester United y Arsenal tengan el privilegio de ser emcuadrados en cuatro eliminatorias distintas, tenemos semifinales de passing game y verticalidad descontrolada.
¿Mi favorito? El Manchester por equipo, el Arsenal por juego y el Liverpool por ser el Liverpool. Espero que el rancio Chelsea se quede fuera y que la Roma obtenga un merecido pase a las semifinales, por ser el único equipo de Italia digno y por ser el único equipo fuera de Inglaterra que es capaz de dar lecciones de fútbol, aunque sea al Madrid de hoy en día. Veremos que nos deparan los cuartos. Hasta entonces, un consejo, ver la Premier. Ahora, no tiene precio.
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martes, 19 de febrero de 2008
20.45, octavos

Vuelve la Champions y es casi imposible no imaginarme esta noche a las 20.45 frente al televisor, un bol de palomitas y alguna bebida refrescante. Todo preparado para volver a escuchar el himno que nos pone los pelos de punta y para disfrutar del mejor fútbol europeo. Como ya he explicado muchas veces, no son los equipos, no es el fútbol que se practica, es la mística, la épica, los héroes y las doncellas. La doncella. La orejuda. Y como todos los años, los mismos actores, las mismas caras conocidas quizá más viejas, quizá más jovenes. No podía falta, de nuevo el Real Madrid, experto estos últimos años en llegar a octavos y quedarse ahí. Si el año pasado parecía el definitivo con la victoria frente a un Bayern en horas muy bajas en el Bernabeú, la maldición del Madrid estos últimos años le venció más que el gol más rápido de la historia en competición europea: Makaay en 10 segundos. De nuevo los blancos y de nuevo la Roma.

Hace tres meses hubiera apostado por la Roma pero hoy he de apostar por el Real Madrid. Sigo pensando que la máquina total del Real Madrid no lo es tanto. Arrasa, por decir algo, en una Liga en horas muy bajas con la mayoría de los equipos sumidos en profundas crisis estructurales y de indentidad que aúpan a equipos muy dignos sí, pero no tan buenos, a pòsiciones nobles como es el caso del Racing o del Almería. La prueba de fuego para el Madrid es Europa. Si el equipo funciona o no de verdad se demostrará en su primer obstáculo serio (la Roma es de largo el equipo más complicado de entre los tres rivales españoles). El Madrid debería pasar la eliminatoria por jugadores y por el mal momento de la Roma, con un Totti desmotivado y con una crisis en su juego total, a 11 puntos del Inter en Liga. Para los romanos la Champions es la última ilusión a la que agarrarse y posiblemente para Totti como futbolista también.
Sea como sea lo descubriremos esta noche. Un dato objetivo: Los equipos de Schuster tienden a desmoronarse en las segundas vueltas.
Por lo demás, el martes europeo nos deja una eliminatoria colosal entre el líder indiscutible de Italia y entre el equipo con más gloria copera de toda Europa, un cruce sin favorito claro como es el Oporto - Schalke, y una eliminatoria a priori fácil para el Chelsea que se enfrenta al Olympiakos. Apuesto por el Liverpool, por el Oporto (el estado de forma de Lisandro es espectacular) y por el Chelsea aunque ojito al Olympiakos que le puede dar algún susto. A disfrutar. Vuelve la Copa de Europa.
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