
Andrés Pérez | Escucho las palabras de Sala Martín respecto a que muchos jugadores salen de fiesta, son castigados y se tapa con una lesión y me estremezco. Me estremezco entre otras cosas porque no concibo, por ejemplo, que un tipo como Deco, pieza clave del mejor Barça y que hoy en día sería titular siquiera sin llegar a pestañear en el tiempo que dudamos. No quiero creer, o mejor, no voy a creer las palabras de Sala pero crean un ambiente de mucha preocupación alrededor del club. Y del equipo. Equipo que está triste, sin fuerzas ni motivación para seguir adelante con aquello que esté haciendo en este momento, algo que ni siquiera los mismos jugadores saben. Porque no saben a lo que juegan ni porqué juega. ¿El sueño de la tercera? Si es cierto no lo aparentan, o sus sueños se acaban donde los deportivos y las casas de lujo. No lo sé. Lo que anoche se vió en el Camp Nou es la prueba palpable de que hay un enfermo, que es paciente de la Copa de Europa primero porque está en sus brazos y segundo porque pacientemente ha esperado a semifinales para medirle a un equipo serio. Y el premio a cambio de unos octavos y cuartos risorios es el más gordo de todos. El Manchester United.

Cuando el ambiente viciado de un club afecta a los jugadores se nota en el campo y creo que la prueba más palpable de todo ello es el paupérrimo juego mostrado por el Barcelona en ambos partidos, tanto el de ida como el de vuelta. La afición, en teoría, no debería tener que silbar al equipo, que está en semifinales; pero al afición es inteligente y sabe que ha llegado de rebote, ante un Celtic pobre y un Schalke que ni es alemán ni es equipo serio para la Copa de Europa. Lo más destacado del equipo bávaro ha sido Jones, un jugador que no fue titular en la ida y que anoche pudo haber pegado más de un susto al Barcelona, de la mano de Kuranyi y Asamoah. Lo demás, a excepción del siempre cumplidor Rafinha, es un equipo carente por todos los costados de calidad. Ni siquiera en la UEFA destacaría. Más allá de la inexplicable clasificación ante el Oporto está el quid de la cuestión. Porque el Schalke 04 ha podido ganar esta eliminiatoria. Y si son tan malos, no se explica.

Salió el Barça al campo completamente atemorizado y sin saber qué hacer. Sorprentendemente el Schalke pareció mejor que en la ida y dominó los veinte primeros minutos, aunque no al nivel que el Arsenal lo hizo ayer en Liverpool. Casi daban ganas de llorar viendo el partido y recordando el espectáculo que Liverpool y Arsenal nos ofrecieron ayer. Poco ritmo, pocas ocasiones, jugadores torpes y sin intensidad, poca calidad. En resumidas cuentas, una eliminatoria con dos goles (uno de ellos de auténtico esperpento digno de Valle-Inclán) y un juego insultante para aquellos que pagaron su entrada por ver el proyecto de fútbol que ambos equipos han ofrecido en ambos encuentros. El Barça ha llegado a las semifinales y es el único equipo que no es de las islas. Probablemente también sea el único enfermo de pies a cabeza. No tiene muchas esperanzas la afición y menos aún los jugadores, que juegan sabiéndose inferiores al resto de semifinalistas.

Si bien el Schalke tuvo cuatro ocasiones clarísimas para ponerse uno o dos cero en el marcador ante una pasiva defensa baulgrana, Xavi, con más intención que acierto trató de echarse el equipo a las espaldas y maquillar la pobre imagen del equipo. Antes de que acabara la primera parte, el Barça ya había robado la pelota al Schalke y caminaba lenta y toscamente hacia la meta de Neuer, de nuevo, buen portero. El gol llegó cuando la primera parte caminaba hacia una muerte lenta y dolorosa visto lo visto sobre el césped. Tras un centro de Bojan, un remate extrañísimo, una pelota que vuela y vuela para ser sacada en la línea de gol por Krstajic llegó Touré Yayá (que cada día me parece más grande) y la empujó no sin la torpeza generalizada del partido. Extraño jugador es el marfileño que sin hacer gran cosa en la primera mitad acaba con el depósito vacío todos los partidos. Y extraño nombre para un tipo tan tan grande. Obviando el juego, el gol supuso la confirmación del pase. El Schalke no iba a hacer mucho más, era algo sabido por todos.

Y sin embargo el Barça no fue capaz de sentenciar el partido en la segunda parte. Y eso que tuvo ocasiones para ello. Cuando el estado vicioso y de ansiedad que rodea todo un club se traslada a un campo de fútbol, da igual que seas Henry o Eto'o, todo saldrá mal. Y la prueba más palpable es Henry, jugador exquisito y fantástico donde los haya habido que actualmente parece malo y carente de ideas en una banda izquierda del Barça que se ponga como se ponga Rijkaard, carbura mejor con Sylvinho. Henry tuvo tres jugadas que en sus tiempos del Arsenal hubiera finalizado con una elegancia tremenda. Sin embargo se precipitó para quedar lo mejor posible y erró. Un par de ocasiones , una pitada (injustísima) por el cambio de Bojan y otro soporífero final de partido después el Barça navega entre flotas inglesas. Se enfrenta al Manchester, probablemente el mejor equipo ed Europa y del Mundo con el inconmensurable C. Ronaldo. Ójala que no, ójala que el fútbol pueda presumir de un finalista en Moscú, pero ni se lo merece ni lo va a tener. Tan sólo imaginar a la endeble defensa del Barça en un campo grande como el Camp Nou enfrentada a un auténtico bicho como C. Ronaldo... Dan ganas de cerrar los ojos e ir escribiendo la esquela del Barça en Copa de Europa.
Vía | As, Y digo yo
Imagen | As, Marca, La Gazzetta dello Sport, Mundo Deportivo, Lequipe
Más que Fútbol ● 2008

Cuando el ambiente viciado de un club afecta a los jugadores se nota en el campo y creo que la prueba más palpable de todo ello es el paupérrimo juego mostrado por el Barcelona en ambos partidos, tanto el de ida como el de vuelta. La afición, en teoría, no debería tener que silbar al equipo, que está en semifinales; pero al afición es inteligente y sabe que ha llegado de rebote, ante un Celtic pobre y un Schalke que ni es alemán ni es equipo serio para la Copa de Europa. Lo más destacado del equipo bávaro ha sido Jones, un jugador que no fue titular en la ida y que anoche pudo haber pegado más de un susto al Barcelona, de la mano de Kuranyi y Asamoah. Lo demás, a excepción del siempre cumplidor Rafinha, es un equipo carente por todos los costados de calidad. Ni siquiera en la UEFA destacaría. Más allá de la inexplicable clasificación ante el Oporto está el quid de la cuestión. Porque el Schalke 04 ha podido ganar esta eliminiatoria. Y si son tan malos, no se explica.

Salió el Barça al campo completamente atemorizado y sin saber qué hacer. Sorprentendemente el Schalke pareció mejor que en la ida y dominó los veinte primeros minutos, aunque no al nivel que el Arsenal lo hizo ayer en Liverpool. Casi daban ganas de llorar viendo el partido y recordando el espectáculo que Liverpool y Arsenal nos ofrecieron ayer. Poco ritmo, pocas ocasiones, jugadores torpes y sin intensidad, poca calidad. En resumidas cuentas, una eliminatoria con dos goles (uno de ellos de auténtico esperpento digno de Valle-Inclán) y un juego insultante para aquellos que pagaron su entrada por ver el proyecto de fútbol que ambos equipos han ofrecido en ambos encuentros. El Barça ha llegado a las semifinales y es el único equipo que no es de las islas. Probablemente también sea el único enfermo de pies a cabeza. No tiene muchas esperanzas la afición y menos aún los jugadores, que juegan sabiéndose inferiores al resto de semifinalistas.

Si bien el Schalke tuvo cuatro ocasiones clarísimas para ponerse uno o dos cero en el marcador ante una pasiva defensa baulgrana, Xavi, con más intención que acierto trató de echarse el equipo a las espaldas y maquillar la pobre imagen del equipo. Antes de que acabara la primera parte, el Barça ya había robado la pelota al Schalke y caminaba lenta y toscamente hacia la meta de Neuer, de nuevo, buen portero. El gol llegó cuando la primera parte caminaba hacia una muerte lenta y dolorosa visto lo visto sobre el césped. Tras un centro de Bojan, un remate extrañísimo, una pelota que vuela y vuela para ser sacada en la línea de gol por Krstajic llegó Touré Yayá (que cada día me parece más grande) y la empujó no sin la torpeza generalizada del partido. Extraño jugador es el marfileño que sin hacer gran cosa en la primera mitad acaba con el depósito vacío todos los partidos. Y extraño nombre para un tipo tan tan grande. Obviando el juego, el gol supuso la confirmación del pase. El Schalke no iba a hacer mucho más, era algo sabido por todos.

Y sin embargo el Barça no fue capaz de sentenciar el partido en la segunda parte. Y eso que tuvo ocasiones para ello. Cuando el estado vicioso y de ansiedad que rodea todo un club se traslada a un campo de fútbol, da igual que seas Henry o Eto'o, todo saldrá mal. Y la prueba más palpable es Henry, jugador exquisito y fantástico donde los haya habido que actualmente parece malo y carente de ideas en una banda izquierda del Barça que se ponga como se ponga Rijkaard, carbura mejor con Sylvinho. Henry tuvo tres jugadas que en sus tiempos del Arsenal hubiera finalizado con una elegancia tremenda. Sin embargo se precipitó para quedar lo mejor posible y erró. Un par de ocasiones , una pitada (injustísima) por el cambio de Bojan y otro soporífero final de partido después el Barça navega entre flotas inglesas. Se enfrenta al Manchester, probablemente el mejor equipo ed Europa y del Mundo con el inconmensurable C. Ronaldo. Ójala que no, ójala que el fútbol pueda presumir de un finalista en Moscú, pero ni se lo merece ni lo va a tener. Tan sólo imaginar a la endeble defensa del Barça en un campo grande como el Camp Nou enfrentada a un auténtico bicho como C. Ronaldo... Dan ganas de cerrar los ojos e ir escribiendo la esquela del Barça en Copa de Europa.
Vía | As, Y digo yo
Imagen | As, Marca, La Gazzetta dello Sport, Mundo Deportivo, Lequipe
Más que Fútbol ● 2008






