Mostrando entradas con la etiqueta Soldado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Soldado. Mostrar todas las entradas
jueves, 10 de marzo de 2011
Y sin embargo se mueve
Andrés Pérez | Sucede con frecuencia en el fútbol: ser mejor implica una demostración práctica. La teoría es papel mojado hasta que se aplica en el plano real. Es cierto, el Valencia tiene mejores mimbres que el Schalke 04, un desordenado conjunto alemán cuya defensa es caótica y cuyas principales virtudes son las individualidades talentosas en el frente de ataque. En apariencia, y a pesar del sufrido empate que los de Emery cosecharon en campo propio, gol de Raúl incluido, el Valencia era el favorito para pasar a los cuartos de final. Tanto la situación del conjunto alemán en Liga como el buen estado de determinados jugadores valencianistas invitaban al optimismo. En teoría. En la práctica no basta con ser mejor sino con saber ser mejor. Y en ese sentido el Schalke impartió una lección.
Se adelantó de nuevo el Valencia, como ya hiciera en Mestalla. Esta vez el encargado de abrir el marcador fue Ricardo Costa, de manera casi fortuita tras un buen destello de calidad de Topal en la banda izquierda, supuesta autovía para los deslices desmesurados del portento físico que es Mathieu. Supuesta puesto que Uchida, el joven lateral japonés que se desempeña en el carril derecho del Schalke, demostró cierta flaqueza defensiva en el campo valencianista pero apenas tuvo errores anoche. El gol de Costa no espoleó al Valencia sino que lo acomodó en una peligrosa tierra de nadie, donde el lento y anodino transcurrir de los acontecimientos, alejado el Schalke de Guaita, conformista el equipo valenciano de cara a la portería de Neuer, relajó en exceso a los de Emery. Al Schalke, equipo de limitaciones técnicas evidentes con un centro del campo huérfano desde la marcha de Rakitic al Sevilla, se le apreciaba más tesón que ideas, lo que, en un principio, no suponía mayores quebraderos de cabeza para David Navarro y Costa, pareja de centrales anoche.
Sin embargo, la acomodación fue excesiva. El Valencia no se relajó: directamente se durmió. Perdió de vista la portería rival y comenzó a preocuparse por el ímpetu plenamente físico que Farfán o Kluge imponían en las bandas. Jurado revoloteaba por el carril izquierdo acompañado de Escudero, grata sorpresa de la noche, y Raúl y Gavranovic buscaban recibir de espaldas a la portería de Guaita. No tuvo especiales contratiempos el canterano hasta que al borde del área, en una acción un tanto desafortunada de Navarro, Gavranovic cayó al suelo. Había transcurrido casi toda la primera parte y el Valencia, a pesar del tanto inicial, no aparentaba ser un equipo que tuviera el partido bajo control. Menos aún cuando Farfán, en un ejercicio fabuloso de precisión, superó la barrera valencianista y firmó el gol de la jornada.
El empate, no obstante, suponía cierto peligro para el Schalke. Tal es la paradoja: ante la falta de ambición del Valencia una vez se puso por delante, Neuer apenas se tuvo que esforzar. Sin embargo, el empate presagiaba malas noticias para el equipo de Magath: con un tanto el Valencia obligaría al Schalke a anotar otros dos. Una empresa algo utópica para un conjunto de limitaciones evidentes como el alemán. Lejos de ello, el Valencia siguió sin rumbo, sin plano, sin idea alguna que transmitir desde el campo. Banega no lograba conectar con Mata y Aduriz se perdía entre la enclenque defensa alemana hasta el punto de marrar un mano a mano claro ante Neuer. Fue un destello, casi un accidente provocado por la debilidad de la defensa del Schalke, en ningún caso el resultado de una tendencia ofensiva.
El Schalke, espoleado por el atronador rugido de su afición, apta como pocas para la entonación de cánticos corales en un estadio de acústica sublime, siguió concentrado en su particular batalla, la de vencer a sus propias limitaciones. Una acometida de Kluge en banda izquierda frente a un Bruno algo parsimonioso deparó en un altísimo centro. Guaita intentó despejar en vez de blocar y falló. El balón pasó por delante de Mathieu y llegó a Farfán, quien en primera instancia mandó el tiro, al borde del área pequeña, al cuerpo de Guaita. El rechace lo aprovechó Gavranovic para adelantar por primera vez al Schalke en la eliminatoria. De ahí al final, al conjunto de Magath sólo le restaba rezar.
Rezar por una defensa adelantada incapaz de medir los pases a su espalda. Hasta en dos ocasiones fueron capaces los centrocampistas valencianistas de superar por alto, en balones frontales, sencillos y francos, a los centrales locales. Ninguna de las dos ocasiones, de clara ruptura de la última línea del Schalke, fue aprovechada por el Valencia. Emery se ofuscó y retiró a Banega, el mejor dotado del equipo valenciano, para dar salida a Tino Costa. Con Soldado en el campo en detrimento de Aduriz la consigna estaba clara: balones por alto. Un caramelo para la defensa del Schalke, feliz en su desempeño aéreo, lo único realmente fiable de sus virtudes. Hasta el minuto final el Valencia dispuso de pocas ocasiones claras y el Schalke entre tanto sufrió para anotar el tercero y sentenciar la eliminatoria. Tras dos ejercicios de fútbol irrisorio, Farfán, con el Valencia en área contraria, marcó el tercero. Había muerto el Valencia víctima de sus propios errores. No es mejor equipo el Schalke, y sin embargo lo fue. No giraba la tierra en torno a nada, y sin embargo se movía. En el fútbol, la teoría es y será simple y mera teoría.
P.D.
En otro orden de cosas, el Tottenham empató a cero en White Hart Lane para echar fuera de los cuartos al Milan. Sólo resta el Inter en competición europea y parte en desventaja la semana que viene frente al Bayern. De caer en Munich, no quedará ningún equipo italiano en competición continental en marzo.
Imagen | El País
Etiquetas:
Aduriz,
Banega,
Champions League,
David Navarro,
Emery,
Escudero,
Farfán,
Gravanovic,
Guaita,
Kluge,
Mata,
Mathieu,
Neuer,
Raúl,
Ricardo Costa,
Schalke 04,
Soldado,
Tino Costa,
Uchida,
Valencia
miércoles, 16 de febrero de 2011
Raúl a lo suyo
Andrés Pérez | Debe ser frustrante para la afición del Valencia que Raúl, una vez había anotado a su equipo doce goles a lo largo de toda su carrera vistiendo los colores del Real Madrid, aparezca de nuevo en Mestalla, en la recta final de su carrera y portando los colores de un extravagante equipo alemán, para marcar más goles. Raúl sigue teniendo la habilidad de dejar con cara de pasmo a la grada rival. Anoche se adelantó a Navarro en el área al intuir como nadie la trayectoria de un centro lateral desde la banda izquierda y empató el partido tras un control sutil y un disparo renqueante y bulímico. Era Raúl, con otros colores y con más canas, pero seguía siendo Raúl.
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
Imagen | El País
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
Imagen | El País
Etiquetas:
Banega,
Champions League,
Chori Domínguez,
Emery,
Farfán,
Guaita,
Huntelaar,
Joaquín,
Jurado,
Navarro,
Raúl,
Schalke 04,
Soldado,
Valencia
martes, 11 de mayo de 2010
Los siete que no llevaría

La pre-selección habitual en vísperas de competición importante de la Selección ya se ha hecho pública. Treinta jugadores. Sobran siete en una lista que, para gracia de todos, rebosa calidad. No en vano, cualquier descarte que salga de la selección tendría serias posibilidades de ir convocado en el 80% de combinados nacionales del Mundial, incluidas algunas de las favoritas —cuesta creer que Javi Martínez no tuviera un hueco en Argentina, por ejemplo—.
Es esta, y remarco en negrita a los siete que descartaría:
Y me explico:

Sea como fuere, habrá que esperar a la lista definitiva.
Imagen | Blogsasuna | Futbol Manía
Es esta, y remarco en negrita a los siete que descartaría:
Porteros
Casillas (Real Madrid)
Reina (Liverpool)
Diego López (Villarreal)
De Gea (Atlético)
Víctor Valdés (Barcelona)
Defensas
Sergio Ramos (Real Madrid)
Albiol (Real Madrid)
Arbeloa (Real Madrid)
Piqué (Barcelona)
Puyol (Barcelona)
Marchena (Valencia)
Capdevila (Villarreal)
Azpilicueta (Osasuna)
Centrocampistas
Xabi Alonso (Real Madrid)
Busquets (Barcelona)
Xavi (Barcelona)
Iniesta (Barcelona)
Silva (Valencia)
Mata (Valencia)
Marcos Senna (Villarreal)
Navas (Sevilla)
Cesc Fábregas (Arsenal)
Cazorla (Villarreal)
Javi Martínez (Athletic)
Delanteros
Villa (Valencia)
Negredo (Sevilla)
Fernando Torres (Liverpool)
Güiza (Fenerbahce)
Llorente (Athletic)
Pedro (Barcelona)
Casillas (Real Madrid)
Reina (Liverpool)
Diego López (Villarreal)
De Gea (Atlético)
Víctor Valdés (Barcelona)
Defensas
Sergio Ramos (Real Madrid)
Albiol (Real Madrid)
Arbeloa (Real Madrid)
Piqué (Barcelona)
Puyol (Barcelona)
Marchena (Valencia)
Capdevila (Villarreal)
Azpilicueta (Osasuna)
Centrocampistas
Xabi Alonso (Real Madrid)
Busquets (Barcelona)
Xavi (Barcelona)
Iniesta (Barcelona)
Silva (Valencia)
Mata (Valencia)
Marcos Senna (Villarreal)
Navas (Sevilla)
Cesc Fábregas (Arsenal)
Cazorla (Villarreal)
Javi Martínez (Athletic)
Delanteros
Villa (Valencia)
Negredo (Sevilla)
Fernando Torres (Liverpool)
Güiza (Fenerbahce)
Llorente (Athletic)
Pedro (Barcelona)
Y me explico:
- De Gea - Diego López: A falta de un tercer portero que tradicionalmente haya copado las convocatorias y que suponga un peso específico en el vestuario, sería una injusticia y un error histórico dejar fuera de la lista al, probablemente, el portero más en forma del planeta: Víctor Valdés. Podríamos discutir ahora si merece ser el segundo portero o incluso el primero, pero dejémoslo para la lista definitiva. Cualquier lista en la que no aparezca Valdés estará incompleta.
- Azpilicueta: Tanto el lateral derecho como el izquierdo están perfectamente cubiertos con Ramos y Capdevilla —uno a cada banda—, y Arbeloa como comodín —y previsible titular en el lateral izquierdo en los partidos importantes—. Aún no ha llegado su momento. Pero llegará, se trata de un jugador excelso.
- Cazorla: A pesar de ser una pieza esencial en la consecución de la Eurocopa, el jugador del Villarreal ha sufrido una temporada repleta de alti-bajos, y su actual buen momento de forma —reflejado en la buena marcha del Villarreal en la recta final de Liga— no habría de ser motivo suficiente para incluirle en la lista definitiva. La exclusión de cualquier otro centrocampista en su favor se debería únicamente a méritos remotos y no cercanos, por lo que sería improductiva.
- Javi Martínez: Un caso semejante al de Azpilicueta. No es, ni de lejos, un centrocampista de corte eminentemente defensivo con aptitudes para la construcción del juego ofensivo. Es decir, un jugador del corte de Xabi Alonso, Senna o Busquets. Se trata de un centrocampista llegador con potencia en medio campo, algo parco quizá, de momento, en la construcción del juego. Verde, por otro lado. Su proyección es magnífica, pero desentona en el elenco de centrocampistas de la selección y no está aún a la altura.

- Pedro: Y hete aquí mi, probablemente, decisión más polémica. Me explico: para mí Pedro es un jugador magnífico con unos fundamentos futbolísticos excelentes, como casi todos los salidos de La Masía. Tiene, además, el privilegiado don de la oportunidad, de estar en el lugar oportuno en el momento oportuno. Su peso en el juego del Barça ha crecido y le ha ganado la carrera a Henry de un modo insultante. Pero Pedro está alzado a los altares de un modo tan sólo semejante al de Higuaín. Es cierto que su talento es innegable, pero no es menos cierto que su imagen talismán le han valido críticas excesivamente favorables alejadas de la realidad, en cierto modo. Su peso en el juego colectivo aún deja mucho que desear, y como extremos, Navas o Mata, amén de estar notablemente perparados, son más aptos.
- Negredo: Si la duda rota alrededor de Güiza o Negredo no debería haber duda. La temporada de Negredo ha sido pobre. Sí, es cierto, también la de Güiza, pero en igualdad de condiciones el gaditano ha reunido más méritos que el jugador sevillista. El apartado de jugador alto y fuerte lo copa Llorente, Negredo sobra. Otra cuestión es si Güiza debiera ir. ¿Nadie se acuerda de Soldado?
Sea como fuere, habrá que esperar a la lista definitiva.
Imagen | Blogsasuna | Futbol Manía
Etiquetas:
Azpilicueta,
De Gea,
Diego López,
Güiza,
Javi Martínez,
Negredo,
Pedro Rodríguez,
Selección Española,
Soldado,
Sudáfrica 2010,
Víctor Valdés
jueves, 11 de febrero de 2010
El efecto Kanouté
Andrés Pérez | Pedro León conducía de manera altiva a su equipo hacia la portería de Palop, el único hombre junto a Navas y Escudé salvable del Sevilla de anoche, cuando Kanouté hizo acto de presencia en el campo. Se fue Luis Fabiano, desaparecido hasta la fecha, como casi todo el Sevilla, eclipsado por un centro del campo dirigido por Casquero colosal, superado en todo momento por los costados, incapaz de hacer frente al reguero de energía que deja Soldado allá donde fuere. Allí se hallaba Pedro León, decíamos, diamante en bruto del fútbol nacional, cuando el de Mali apareció.
Hasta entonces el Sevilla corría detrás del Getafe. Desarbolado, cansado, perdido, en otro mundo, veía peligrar la diferencia de dos goles que había obtenido en la ida. No mantenía el balón y lo pagaba a nivel físico; Boateng, Casquero y Parejo se hicieron los amos y señores del centro del campo y esclavizaron el balón. Había marcado Soldado, necesitaba algo de pausa el Sevilla, algo que en aquel momento, de ansiedad, de peligro, de miedo, se hacía imposible.
En estas Kanouté apareció. Y jugó al gato y el ratón con Rafa y el Cata, centrales del Getafe. Escondió la pelota. Movió elásticamente su gigante cuerpo para acaparar todas y cada una de las pelotas perdidas que la defensa sevillista enviaba al cielo de Madrid. Ralentizó el ritmo de juego provocando faltas. Hundió la espiral efervescente que comenzaba a crear el Getafe en la recta final de partido. Oxigenó, en suma, un equipo que caminaba hacia la eliminación a pesar de la ventaja. En sus gestos, en su elegancia, en su maravillosa forma de controlar cada balón, encontramos la clave oculta del pase del Sevilla hacia la final.
Un jugador diferente, Kanouté, qué duda cabe. Harían bien en temerle Racing o Atlético, candidatos a pareja de baile del Sevilla en la final. Pareja que, por justicia futbolística, debía bailar con el Getafe. Lástima que la justicia sea un término abstracto en el deporte.
Vía | Marca
Imagen | Diario de Sevilla
Hasta entonces el Sevilla corría detrás del Getafe. Desarbolado, cansado, perdido, en otro mundo, veía peligrar la diferencia de dos goles que había obtenido en la ida. No mantenía el balón y lo pagaba a nivel físico; Boateng, Casquero y Parejo se hicieron los amos y señores del centro del campo y esclavizaron el balón. Había marcado Soldado, necesitaba algo de pausa el Sevilla, algo que en aquel momento, de ansiedad, de peligro, de miedo, se hacía imposible.
En estas Kanouté apareció. Y jugó al gato y el ratón con Rafa y el Cata, centrales del Getafe. Escondió la pelota. Movió elásticamente su gigante cuerpo para acaparar todas y cada una de las pelotas perdidas que la defensa sevillista enviaba al cielo de Madrid. Ralentizó el ritmo de juego provocando faltas. Hundió la espiral efervescente que comenzaba a crear el Getafe en la recta final de partido. Oxigenó, en suma, un equipo que caminaba hacia la eliminación a pesar de la ventaja. En sus gestos, en su elegancia, en su maravillosa forma de controlar cada balón, encontramos la clave oculta del pase del Sevilla hacia la final.
Un jugador diferente, Kanouté, qué duda cabe. Harían bien en temerle Racing o Atlético, candidatos a pareja de baile del Sevilla en la final. Pareja que, por justicia futbolística, debía bailar con el Getafe. Lástima que la justicia sea un término abstracto en el deporte.
Vía | Marca
Imagen | Diario de Sevilla
Etiquetas:
Casquero,
Copa del Rey,
Getafe,
Kanouté,
Pedro León,
Sevilla,
Soldado
miércoles, 22 de abril de 2009
No atiende a razones (Real Madrid 3 - 2 Getafe)

Andrés Pérez | Mientras dilucidaba mi teoría final sobre porqué el Real Madrid no juega a nada, es un equipo mediocre y sin embargo se mantiene segundo y con una racha de victorias absolutamente envidiable, sucedió lo que podía suceder y de hecho era previsible. Decía, mientras remataba genialmente toda una serie de argumentos expuestos en una teoría definitiva, la lógica se derrumbó ante la épica, la gloria y demás términos abstractos en los que el lector, el espectador y el aficionado al fútbol tan dado es a perderse. Analizar el partido de ayer del Real Madrid frente al Getafe por medio de un razonamiento lógico es absurdo. Como lo es, probablemente, pretender entender porqué nadie quiere a este Madrid que tantos disgustos da, tantas pitadas causa, tantos planes renovadores de futuro promueve a pesar de su increíble racha de victorias. A pesar de todo ello sigue segundo a seis puntos del Barça, en caso de que éste mañana venza. Por lo pronto, el tan fatídico mes de abril que presuponíamos al Barcelona no ha sido tal. Más bien al contrario. Veremos que sucede ahora que se amontonan los partidos.
Lo de ayer no tuvo nombre. Antes de echar por tierra cualquier razonamiento, cualquier argumento esgrimido con todo tipo de detalles, inclusive el mecanismo lógico por el cual se había llegado hasta él, el Madrid había cuajado un partido lamentable frente al Getafe. O mejor dicho, el Madrid se había mostrado tal y como era frente a un Getafe que juega muy bien al fútbol cuando es él quien controla el balón. Le sucede al equipo de Víctor Muñoz que flojea en defensa, espíritu y otros atributos de los que el Real Madrid sí hace gala. El Getafe jugó anoche mucho mejor al fútbol que el Real Madrid, no tuvo parangón; de hecho, la primera parte, de no ser por el psicológico gol de ese magnífico jugador llamado Higuaín, hubiera finalizado como un auténtico recital del equipo azulón. Controló el juego, axfisió al Madrid en la salida del balón y no cedió ocasiones a una delantera cuanto menos peligrosa por su contundencia. EL Real Madrid fue barrido. No estuvo. Se limitó a figurar y a contemplar el gol de Soldado.
Higuaín alcanzó a empatar antes de que la primera parte finalizara y la grada explotara, el equipo se deprimiera, el Getafe se viniera arriba, el Madrid perdiera y tirara por la borda una Liga que jamás merecerá ganar. Suceda lo que suceda y lo digo ahora. Decíamos que Higuaín empató, y todo lo que pudo ser una hecatombe se convirtió en esperanza. Empate psicológico, el Getafe se hundió, la grada obvió el lamentable juego —no en vano aún celebraba el gol—, y la remontada aún más cerca. Un gol fortuito, en la práctica, maquilló toda una primera parte de despropósitos y deleznables espectaculos ofensivos del equipo de Juande. Así es el fútbol, qué le vamos a hacer, la justicia no figura entre sus características. Justo o no, el marcador ofrecía un empate. Lo que vino después de la primera parte dejó de ser fútbol, añado, dejó de ser un partido. Se convirtió en un bendito esperpento de lo que hasta entonces se estaba jugando, pasó de ser fútbol a espectáculo puro, a adrenalina insuflada directamente en vena. A un teatro de ida y vuelta donde no ganaba quien más acertara sino quien menos fallara, lo que, aun pudiendo parecer una estupidez por la obviedad que rezuma, no tiene nada que ver, amén de lo que finalmente sucedió.
Que fue, aplicado al fútbol, el camarote de los hermanos Marx. Ordenar todo lo que sucedió en la segunda parte es una tarea harto complicada e imposible, temo. Al menos de manera racional, pretendiendo transmitir todo el frenesí que se vivió en directo, desde el sofá de casa o desde el estadio, dio igual, un partido así levanta de su asiento a cualquier espectador se halle donde quiera que se halle. Si algo podía hacer mal el Getafe era precisamente temer la estampida del Real Madrid, agazaparse en torno a Stojkovic y buscar una contra desesperada. Lo hizo, y por momentos parecía tener todo perdido cuando antaño lo tuvo todo ganado, sin embargo y a pesar de fallar Soldado y Albín dos ocasiones absolutamente clamorosas con tintes surrealistas, el Getafe finalmente, se volvió a adelantar, con todo el merecimiento del mundo para qué negarlo. Fue Albín, en un contraataque que fructificó más por demérito madridista que por mérito getafense. No sirvió de mucho. Guti se inventó una falta a la escuadra dos minutos después y empató.
Corría el minuto 86, el partido agonizaba, pero aún quedaba demasiado como para dejarlo escapar. En otro contraataque y con la defensa del Madrid sabrá Dios donde una vez más, Pepe, un buen central, perdió la cabeza si es que alguna vez la tuvo. Corría Casquero hacia Casillas con el consecuente peligro que ello conllevaba y apareció Pepe. Primero empujó a Casquero dentro del área sin ninguna intención de disimular, al conseguirlo, le pisoteó una vez mal, una segunda en plena espalda y no contento con eso cuando el árbitro ya le había expulsado con todo el merecimiento del mundo —queda por ver de cuántos partidos es la sanción, porque debiera serla de muchos— volvió a por un Casquero tendido en el suelo agonizante para pisarle disimuladamente una vez más, pretender pisarle de nuevo y pegarle un bofetón a Albín que pasaba por allí, pero que vestía de azul y alguna culpa tendría que tener para Pepe. Un despropósito. Él solito se lo guisó, el sólito se lo comió. Y cuando el Getafe lo tenía todo en su mano, una vez más... Casquero se inventó un amago de penalty de Panenka, Casillas lo detuvo mansamente, y dos jugadas más tarde Higuaín le rompió la cintura a Cata y posteriormente reventó la red en la escuadra de Stojkovic. ¿Qué por qué el Madrid está segundo a pesar de todo? Repasen los últimos diez minutos del partido de anoche y quizá, por alguna remota casualidad, encuentren una mera explicación banal y mínimamente lógica. Quizá.
Vía | Más que Fútbol
Imagen | El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
Lo de ayer no tuvo nombre. Antes de echar por tierra cualquier razonamiento, cualquier argumento esgrimido con todo tipo de detalles, inclusive el mecanismo lógico por el cual se había llegado hasta él, el Madrid había cuajado un partido lamentable frente al Getafe. O mejor dicho, el Madrid se había mostrado tal y como era frente a un Getafe que juega muy bien al fútbol cuando es él quien controla el balón. Le sucede al equipo de Víctor Muñoz que flojea en defensa, espíritu y otros atributos de los que el Real Madrid sí hace gala. El Getafe jugó anoche mucho mejor al fútbol que el Real Madrid, no tuvo parangón; de hecho, la primera parte, de no ser por el psicológico gol de ese magnífico jugador llamado Higuaín, hubiera finalizado como un auténtico recital del equipo azulón. Controló el juego, axfisió al Madrid en la salida del balón y no cedió ocasiones a una delantera cuanto menos peligrosa por su contundencia. EL Real Madrid fue barrido. No estuvo. Se limitó a figurar y a contemplar el gol de Soldado.
Higuaín alcanzó a empatar antes de que la primera parte finalizara y la grada explotara, el equipo se deprimiera, el Getafe se viniera arriba, el Madrid perdiera y tirara por la borda una Liga que jamás merecerá ganar. Suceda lo que suceda y lo digo ahora. Decíamos que Higuaín empató, y todo lo que pudo ser una hecatombe se convirtió en esperanza. Empate psicológico, el Getafe se hundió, la grada obvió el lamentable juego —no en vano aún celebraba el gol—, y la remontada aún más cerca. Un gol fortuito, en la práctica, maquilló toda una primera parte de despropósitos y deleznables espectaculos ofensivos del equipo de Juande. Así es el fútbol, qué le vamos a hacer, la justicia no figura entre sus características. Justo o no, el marcador ofrecía un empate. Lo que vino después de la primera parte dejó de ser fútbol, añado, dejó de ser un partido. Se convirtió en un bendito esperpento de lo que hasta entonces se estaba jugando, pasó de ser fútbol a espectáculo puro, a adrenalina insuflada directamente en vena. A un teatro de ida y vuelta donde no ganaba quien más acertara sino quien menos fallara, lo que, aun pudiendo parecer una estupidez por la obviedad que rezuma, no tiene nada que ver, amén de lo que finalmente sucedió.
Que fue, aplicado al fútbol, el camarote de los hermanos Marx. Ordenar todo lo que sucedió en la segunda parte es una tarea harto complicada e imposible, temo. Al menos de manera racional, pretendiendo transmitir todo el frenesí que se vivió en directo, desde el sofá de casa o desde el estadio, dio igual, un partido así levanta de su asiento a cualquier espectador se halle donde quiera que se halle. Si algo podía hacer mal el Getafe era precisamente temer la estampida del Real Madrid, agazaparse en torno a Stojkovic y buscar una contra desesperada. Lo hizo, y por momentos parecía tener todo perdido cuando antaño lo tuvo todo ganado, sin embargo y a pesar de fallar Soldado y Albín dos ocasiones absolutamente clamorosas con tintes surrealistas, el Getafe finalmente, se volvió a adelantar, con todo el merecimiento del mundo para qué negarlo. Fue Albín, en un contraataque que fructificó más por demérito madridista que por mérito getafense. No sirvió de mucho. Guti se inventó una falta a la escuadra dos minutos después y empató.
Corría el minuto 86, el partido agonizaba, pero aún quedaba demasiado como para dejarlo escapar. En otro contraataque y con la defensa del Madrid sabrá Dios donde una vez más, Pepe, un buen central, perdió la cabeza si es que alguna vez la tuvo. Corría Casquero hacia Casillas con el consecuente peligro que ello conllevaba y apareció Pepe. Primero empujó a Casquero dentro del área sin ninguna intención de disimular, al conseguirlo, le pisoteó una vez mal, una segunda en plena espalda y no contento con eso cuando el árbitro ya le había expulsado con todo el merecimiento del mundo —queda por ver de cuántos partidos es la sanción, porque debiera serla de muchos— volvió a por un Casquero tendido en el suelo agonizante para pisarle disimuladamente una vez más, pretender pisarle de nuevo y pegarle un bofetón a Albín que pasaba por allí, pero que vestía de azul y alguna culpa tendría que tener para Pepe. Un despropósito. Él solito se lo guisó, el sólito se lo comió. Y cuando el Getafe lo tenía todo en su mano, una vez más... Casquero se inventó un amago de penalty de Panenka, Casillas lo detuvo mansamente, y dos jugadas más tarde Higuaín le rompió la cintura a Cata y posteriormente reventó la red en la escuadra de Stojkovic. ¿Qué por qué el Madrid está segundo a pesar de todo? Repasen los últimos diez minutos del partido de anoche y quizá, por alguna remota casualidad, encuentren una mera explicación banal y mínimamente lógica. Quizá.Vía | Más que Fútbol
Imagen | El Mundo
Más que Fútbol ● 2009
Etiquetas:
Albín,
Casquero,
Crónicas de Partidos,
Getafe,
Guti,
Higuaín,
Liga 08/09,
Panenka,
Pepe,
Real Madrid,
Soldado,
Stojkovic
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



