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jueves, 14 de abril de 2011

El Madrid confirma el clásico


Andrés Pérez | Cuatro clásicos en apenas un mes. Ayer el Real Madrid, venciendo en White Hart Lane con sobrada autoridad, certificó las previsiones y habrá una oferta desmesurada de partidos entre Barcelona y Real Madrid. Es un hecho difícilmente repetible. En lo que resta de temporada, los dos equipos se jugarán tres campeonatos. De lo que acontezca en las tres competiciones pueden suceder varias cosas y extraerse numerosas conclusiones. La primera y más evidente es que el Madrid no es el equipo menor que muchos han dibujado durante toda la temporada tras el 5-0 en el Camp Nou. Sigue la estela del mejor Barça de la historia y del, para muchos, mejor equipo de la historia. No es un mérito menor. Y está en condiciones de robarle dos torneos, pese a que la Liga es un premio demasiado ilusorio.

El resto de conclusiones se extraerán en función de los resultados. Si el Barça se impone en todas las competiciones el Madrid habrá creado para entonces un complejo de inferioridad que sólo se borrará con el paso de los años y de los futuros y previsibles títulos madridistas. Entiéndase que el Barça ya ganó todos los torneos en 2009, pero no directamente ante el Madrid en cuatro enfrentamientos directos en un mes. Pese a que las situaciones sean semejantes, al carga emotiva y mediática es mucho mayor. Si el Madrid no es capaz de llevarse ningún título a sus vitrinas el golpe moral puede ser mayúsculo y puede ocultar y ensombrecer la excelente primera temporada de Mourinho en el banquillo.

Suceda lo que suceda es evidente que el Barça es el mejor equipo. Lo es en tanto que se ha impuesto con claridad en el torneo que premia la regularidad, el baremo que mide la verdadera capacidad de un equipo. Esto no oculta, o no debería, que el Madrid ha mejorado sustancialmente respecto al año anterior. Lo demostró anoche ante el Tottenham. Firme en defensa pese a algunas internadas de los delanteros ingleses, controlador en el centro del campo cuando lo necesita y rápido arriba. El Madrid se encuentra habitualmente colapsado si el equipo rival se cierra atrás, pero el paso de los minutos permite entender mejor el funcionamiento del muro que tiene enfrente. Una vez lo ha estudiado y comprendido es ingenioso a la hora de romperlo.


Cuando no, cuando un equipo le juega cara a cara, el Madrid encuentra espacios y Xabi Alonso los aprovecha con sutileza. Arriba esperan Ronaldo, Di María o Benzema al hueco y Adebayor y Ozil al pie. En cualquier situación el Madrid tiende a encontrar recursos y a explotar sus virtudes. Es su principal punto fuerte: la excelente ocupación de espacios y la rentabilidad de sus acciones ofensivas. Ante el Tottenham el Madrid dominó con placer, combinando con suficiencia en la medular y durmiendo el tempo del partido. Al equipo londinense no parecía incomodarle dicha situación puesto que no puso en demasiados apuros al Madrid.

Le sucedió que apenas alcanzó posiciones ofensivas al borde del área. Tan sólo la salida de Kaka' y Benzema espoleó al equipo cerca de las posiciones de Gomes, ya rendido tras cantar estrepitosamente en un disparo de Ronaldo. El Madrid ha pasado a semifinales sin mostrar su previsible mejor nivel y con ciertas carencias en muchos partidos. La competitividad y la firmeza que ha mostrado el equipo y el plus de psicología y capacidad que suele aportar Mourinho deberían contrarrestar en los próximos enfrentamientos sus carencias. Es el único modo que tiene el Madrid de plantar cara con firmeza al Barça. Se presenta un mes apasionante. Disfruten cuanto puedan y traten de mantenerse al margen de las cavernas mediáticas de uno y otro lado.

Imagen | El País

miércoles, 6 de abril de 2011

Una goleada que no oculta las carencias del Madrid


Andrés Pérez | Sigue lejos el Real Madrid de ser una máquina infalible a pesar de su contundente goleada al Tottenham. Se atasca con facilidad cuando el rival mantiene el tono físico, no encuentra salidas ante un conjunto encerrado en su área y sus defensas se desconcentran con excesiva frecuencia en campo abierto. No es de extrañar, tras este diagnóstico, que el Tottenham se acercara con cierto peligro al área de Casillas mediada la primera parte, una vez Adebayor ya había adelantado al Madrid y una vez Crouch, en juvenil acto de irresponsabilidad, había decidido dejar a su equipo con un jugador menos. Primero fue Bale, tras una carrera asombrosa desde el centro del campo, y más tarde Van der Vaart solo ante Casillas, antes de que Carvalho impidiera el empate del equipo londinense. Ciertamente, el Madrid no sufrió más. Pero en aquel momento se hallaba muy descolocado.

La expulsión de Crouch supuso un punto de inflexión relativo en el partido. Durante los primeros seis minutos el Tottenham se había encerrado alrededor de Gomes. No por voluntad propia sino por el empuje imparable del Madrid, que en un córner obtuvo premio. Pese a oler sangre, los de Mourinho dejaron recomponerse al Tottenham, que comenzó a manejar levemente y muy lejos de Casillas el balón. Todo ello hasta que Crouch entró con la plantilla por delante por segunda vez. Imaginamos en ese momento a Redknaap seriamente contrariado con su delantero. La marcha prematura de Crouch dejó al Tottenham sin delantero. Y aquí es donde Mourinho debería encontrar motivos para la preocupación: no es que el Madrid se estampara ante el muro londinense en ataque, es que el Tottenham aprovechó los espacios lógicos que el Madrid cedía atrás. Las coberturas llegaban tarde y el caos comenzaba a asomar.

El resto de la primera parte no fue gran cosa. Atormentado por sus propios fantasmas, el Madrid no creó excesivas ocasiones en el área de Gomes. La segunda parte fue otro cantar. Con Marcelo hiperactivo y como el único jugador capaz de romper líneas defensivas en una internada con el balón controlado, Adebayor preparó un salto en suspensión para cruzar el balón con la cabeza hacia un lugar en el que un caótico Gomes jamás imaginaría llegar. El segundo gol sirvió de espoleo para el Madrid, que fulminó físicamente al Tottenham. Aquí sí el conjunto blanco se mostró superior de una forma insultante. Los spurs contaban ya con Defoe en el campo, lo que redujo el volumen de centrocampistas, un placer para Xabi Alonso, que se dedicó a construir y destruir a su antojo.


Marcelo y Xabi Alonso. Ahora que Benzemá ha vuelto al dique seco, son los dos jugadores más importantes del Madrid cuando Ozil se esfuma entre las líneas rivales. Marcelo por desequilibrante e imprevisible y Alonso por estable y racional. El fondo físico imposible de los jugadores blancos hizo el resto hasta el punto de que Sandro, Gallas y Bale sufrieron calambres durante toda la segunda parte. El Tottenham, fundido ante la exigencia física que le proponía el Madrid, se transformó en un trapo, y lo que durante la primera parte se convertía en una agonía posible en al segunda se antojó imposible. No había capacidad para resistir los embistes del Madrid. Un Ronaldo egoísta lo probaba; Ramos se unía al ataque una vez neutralizado Bale; Di María buscaba encontrar salidas a pesar de su creciente irrelevancia en el juego del Madrid; y en defensa Pepe y Carvalho parecían superar sus traumas. El Madrid, entonces sí, era un conjunto temible.

Cuatro a cero, goleada, eliminatoria sentenciada a excepción de hecatombe histórica y dos lecturas. La primera la de un equipo incapaz ante rivales demasiado pergeñados alrededor de su área y nervioso en defensa cuando el rival tiene metros para recorrer. La segunda la de un equipo apabullante que humilla al contrario físicamente y lo remata sin piedad una vez está para el arrastre. Sucedió también ante el Lyon: el Madrid en casa exige demasiado a su rival como para que aguante los 90 minutos. De cara a un futuro enfrentamiento ante el Barça esto tiene un problema evidente: ni el fondo físico de los de Guardiola es tan bajo ni permitirá que el Madrid le imponga el correcalles que sí ha logrado imponer en octavos y en cuartos. El Barça le robará el balón. Y la última vez que al Madrid le sucedió eso recibió cinco goles. A pesar de la goleada, el Madrid debe mejorar si pretende seguir la estela del Barça en un mes que se presenta frenético para ambos equipos.

P.D.

Mientras tanto, en el otro extremo de la galaxia y demostrando que todos los analistas futbolísticos somos auténticos incapaces para este oficio, el Schalke 04 marcó cinco goles al Inter en San Siro y prácticamente dejó sentenciada la eliminatoria. El Schalke, el renqueante y desquilibrado equipo de Raúl que eliminó al Valencia en octavos, ha goleado y humillado al vigente campeón del mundo. Dicho sea de paso y vista su defensa de feria, no es algo que tenga especial mérito. Pero sí sorprende viniendo de un equipo al que nadie esperaba en semifinales —salvo machada heroica de los de Leonardo en Gelsenkirchen— y del que se ha dicho que es caótico, falto de talento, lento, sustentado por sus estrellas y con un cuadro defensivo digno de categorías del infrafútbol. Qué noche de Champions.

Lectura recomendada | El Schalke descuartiza al Inter (El País) | Visto y no visto (Esteban Moneo)
Imagen | El País

martes, 5 de abril de 2011

Choque con tintes británicos


Pablo Orleans | Lustro y pico después, más de cinco años de sueños y pesadillas, de noches en vela y fracasos impensables. El Real Madrid vuelve a unos cuartos de final de la UEFA Champions League. Un equipo construido a base de talonario, todo hay que decirlo. Un equipo pensado para ganar con grandes figuras entre sus filas. Jugadores jóvenes resabiados, veteranos ambiciosos y un líder que les rodea, que guía al grupo. Mourinho, el bueno, no entiende de perder. Y eso que su amigo el canalla, el cántabro Preciado, le bajó del cielo liguero y le enseñó a caer en casa tras mucho tiempo —demasiado—, en competición doméstica.

Frente a ellos, de azul celeste en la ida, los spurs se plantarán en el césped de la capital española con la intención de hacer algo bonito en el primer choque para tener opciones en la vuelta. Y el partido se prevé intenso, rápido, típico de la Premier League. El Madrid, conjunto tradicionalmente peleón, conocido luchador, noble y bélico adalid, sostiene en su habitual juego los tintes ingleses más característicos. Sin demasiado control, con déficit defensivo —progresando adecuadamente— ante potentes delanteras, el conjunto que hoy entrena un tal Mourinho es, eso sí, una máquina destructora, un fugaz golpe certero y preciso que fulmina rivales dubitativos en cuestión de segundos.

Y es que, si al tradicional y alocado juego anglosajón, a la ida y vuelta, a los balones directos, rápidos contragolpes e intensos minutos, sumamos el conocimiento de un más que interesante elenco de expertos en la Barclays, el resultado supone una extraña mezcla entre la persistencia y el orgullo español castizo con la sutileza y rapidez característica de los inventores del football. Los Carvalho, Arbeloa, Xabi Alonso, CR7 o Adebayor, curtidos en los verdes campos ingleses, enseñados en las artes del contraataque y expertos del fútbol directo darán a este choque un aspecto británico de espectáculo asegurado.

Choque inglés ante todo, entre un conjunto angloparlante en ascenso y otro ibero en reconstrucción. La ambición de los que hace casi tres décadas que no recargan sus vitrinas europeas y cuya última gran alegría fue hace 20 años, ante la obligación de los reyes del siglo XX por empezar un nuevo ciclo ganador que se hace de rogar. La lucha está programada y el duelo promete. Probablemente lo más parecido a un choque británico con un equipo español de por medio. Y es que si un equipo encajaría a la perfección en la Liga del archipiélago europeo, ése sería el entrenado por Mou. Siéntense, beban con moderación y disfruten del prometedor choque de cuartos de la Champions entre Madrid y Tottenham.

Imagen | UEFA

sábado, 2 de abril de 2011

El dichoso doble pivote


Andrés Pérez | En un futuro no muy lejano nos costará explicar a nuestros hijos cómo Lass llegó a ser titular en el Real Madrid. Su aportación es mínima en la parcela ofensiva, se descoloca con facilidad en defensa y sus muchos kilómetros recorridos obedecen no tanto a un gran desgaste productivo como a ésto último, lo que, además, provoca que llegue tarde en todas las jugadas al corte. Todo lo anteriormente escrito le lleva a jugar al límite del reglamento y a causar más un problema que una solución al equipo. A Khedira le sucede tres cuartas partes de lo mismo. Su virtud es la incorporación desde segunda línea además de su amplio despliegue físico, pero al lado de un jugador que sepa cambiar la orientación del juego con un solo pase. No junto a Lass. El problema de Lass y Kedhira no es cada uno por separado, sino ambos juntos. Y, en realidad, no es culpa suya, sino de Mourinho.

Hasta la victoria del Sporting, Mourinho ha estado más de nueve años sin perder un partido en casa, un logro difícilmente repetible. Sin embargo se equivoca por completo cuando pretende convencer al público y al rival de las virtudes de su equipo cuando, precisamente en casa, salta al campo con Lass y Khedira en la medular. Es un planteamiento que, no cabe duda, obedece a las precauciones tácticas de Mourinho, pero al mismo tiempo es un planteamiento cobarde y contraproducente: los equipos en el Bernabéu salen a agazaparse alrededor de su portero. Ante la falta de espacios, ni Lass ni Khedira están capacitados para generar peligro en las inmediaciones de la portería rival. Más aún cuando no están Xabi Alonso, Marcelo, Ronaldo y Benzemá, cuatro jugadores claves en el Real Madrid a la hora de sorprender en ataque.

El esquema de Mourinho, además, deriva a Ozil a la banda derecha y a Di María a la izquierda, en sustitución del lesionado Ronaldo. Ambas situaciones son anormales ya que Di María se ha pasado toda la temporada jugando en banda derecha y Ozil se encuentra a gusto haciendo y deshaciendo entre líneas, por detrás del delantero. Por su parte, sin Benzemá ni otro delantero que le supla, Adebayor se encuentra demasiado solo. De nada sirve descolgar todos los balones que le llegan si nadie alrededor se acerca a recogerlos. El Madrid, así las cosas, se torna en un equipo muy previsible, carente de talento e incapaz de explotar el poco que atesora —Ozil, Adebayor—.

El Sporting hizo lo que debía, cubriéndose las espaldas de una forma realmente solvente y aprovechando las escasas oportunidades que llegara a tener. Mediada la segunda parte los defensas del Madrid decidieron contemplar el acontecer del universo —preocupante estado de forma el de Carvalho— mientras De las Cuevas empujaba a placer el balón a la red de Casillas. El problema del Madrid ha sido la falta de creatividad, cercenada por un dichoso doble pivote compuesto por dos jugadores que no dan el perfil necesario para partidos de esta índole. No en vano, ha sido Canales el mejor jugador de la segunda parte en los pocos minutos que ha disputado. Cuesta creer que este jugador no cuente con más minutos bajo ninguna circunstancia. Pero eso ahora no importa. El Madrid se aleja, casi de modo definitivo, de uno de los títulos a los que aspiraba. Y lo hace tontamente, por un empeño poco comprensible de su entrenador.

Imagen | 20 Minutos

jueves, 30 de abril de 2009

El idealismo no ha muerto (Manchester United 1 - 0 Arsenal)

Andrés Pérez | ¿Se puede ser campeón de Europa con un equipo insultantemente joven? La respuesta, por el momento, es no. El año pasado el Arsenal cayó en Anfield frente a un envalentonado Liverpool y en 2006, aún con Henry en sus filas, perdió la final tras un partido en el que el equipo de Wenger fue de todo menos uno mismo. Fue infiel a sí mismo. Se fue Henry, Fábregas se alzó como líder, se renovó el equipo y la juventud tomó el poder. Ahí están, una vez más. Imperecederos a pesar de su edad. Frente al eterno Manchester, en las semifinales de la Copa de Europa, a un paso de la final. De la gloria, a dos. El Arsenal saltó ayer en Old Trafford con un equipo donde tan sólo Almunia, Touré y Silvestre pasaban de los 25 años. Llegar a semifinales ya supone una proeza. Hacerlo con un equipo tan inexperto como el del Arsenal aumenta el valor cualitativo del logro. Sin embargo, una vez allí, cabe preguntarse si, tras pasar por encima del equipo de Wenger el Manchester, es aún posible, en el fútbol de hoy, vencer la Copa de Europa con un grupo de niños geniales.

De momento la respuesta es un conduntende no que obliga a quienes sueñan con la proeza gunner —no lo negaré, me encuentro entre ellos— a darse de bruces con la cruda realidad. El Manchester ayer demostró porqué es el vigente campeón de la Copa de Europa y probablemente, junto al Barcelona, el mejor equipo del mundo. Vertical, eterno, permanente, imparable. Un ciclón que conjuga poderío físico, una técnica envidiable y una compenetración inalcanzable para el resto de los equipos. La velocidad con la que el Manchester juega de tres cuartos de cancha hacia arriba no la logra ningún otro equipo en el planeta y, acelerar de manera precisa en las inmediaciones del área rival aumenta siempre las posibilidades de ganar un partido. El Manchester era favorito y demostró porqué. Sin embargo, a pesar de ello, a pesar de que el Arsenal nunca pareció poder empatar, de su defensa endeble y despistada, de la desconcentración que todos y cada uno de los jugadores gunners a excepción de Almunia sufrieron durante la primera parte, a pesar de todo, el resultado tran sólo fue de 1-0 —gol de O'Shea, sí—.

Un resultado a todas luces corto. Visto lo visto anoche, el Arsenal puede volver con tranquilidad a Londres. La goleada pudo ser mayor de no ser por un Almunia que, de nacionalizarse, jugará el Mundial con Inglaterra casi con toda probabilidad, temo. No hay ningún portero nativo a su altura, a pesar de lo que siempre fue Inglaterra para los porteros. Ferguson no debe estar contento. El Manchester pudo liquidar la eliminatoria y sin embargo decidió perdonar la vida al Arsenal. No sentenciar ayer con dos o tres goles más, una idea nada descabellada a tenor de las ocasiones mancunianas, y, a pesar de ello, acudirá a Londres con una efímera ventaja. Para qué negarlo, deseo que el Arsenal alcance la final porque me enamora Wenger, lo hace Fábregas, también Nasri o Adebayor. El fútbol necesita proyectos como el de Wenger. Un equipo imberbe, indolente, que aprende a no arrugarse a pesar de su juventud. Un proyecto, una filosofía. El fútbol necesita de filosofías triunfales en estos tiempos de talonario e indiferencia hacia lo que una idea supone. Un sentimiento. No conviene negarlo, el Arsenal tiene todas las de perder. Sin embargo, el idealismo aún no ha muerto. El Arsenal sigue vivo.

Vía | Más que Fútbol, El País
Imagen | El Mundo

Más que Fútbol ● 2009

miércoles, 9 de abril de 2008

Monumento al fútbol (Liverpool 4 - 2 Arsenal)

Andrés Pérez | Lo imposible en ocasiones sucede. Dice Adidas que lo imposible es nada y puede que tenga cierta razón cuando se ven partidos como el de ayer. Y quizás me equivoque, porque lo de anoche en Anfield no fue un partido. Calificar de partido de fútbol ramplón, normal, sin que nada sucediera es una temeridad, un insulto a lo que Liverpool y Arsenal nos ofrecieron sobre el césped verde de Anfield. Particularmente lo denominaría monumento al fútbol, oda al fútbol. Un poema de Lord Byron nunca hubiera despertado tales sensaciones en muchos de los que anoche vimos el encuentro como el enfrentamiento en sí mismo. Y es complicado calificar la envergadura de partidos de este tipo, y es complicado escribir sobre ellos porque uno no sabe exactamente cómo describirlos ni cómo conseguir que las palabras se acerquen siquiera a ya no sólo lo que sucedio, sino a lo que supuso, a lo que despertó, a lo que inspiró. No. Tratar de contar porqué el fútbol consigue el efecto que consigue en todos nosotros es vanal. Es quitarle la mística, la magia, la épica. Y de todo eso tiene mucho el Liverpool, Anfield y la Copa de Europa. De algo que no podemos explicar a ciencia exacta. Es preferible sentarse, pensar un segundo y escribir, o dormir. No hay otra manera de disfrutar lo que anoche se vivió en Anfield.


Lo primero, descubrirme ante Wenger, Fábregas y el Arsenal. Quitarme el sombrero por unos primeros veinte minutos dignos de ser estudiados por todas las academias futbolísticas del mundo y del futuro. Descubrirme por morir de pie y no arrodillado como muchos otros habrían hecho, felicitar, dar la enhorabuena o escribirles por todo eso y más. Por Walcott, por Adebayor, por Hleb. A Wenger particularmente, por conseguir que todos esos chavales dirigidos por un chaval más, Fábregas, hacer del fútbol un verdadero arte. Ni un patadón a excepción de la desesperada final, ni una sola patada de impotencia, ni siquiera bajar los brazos ante el Liverpool y Anfield al rojo vivo. Es como intentar salir del infierno bailando ballet mientras aquellos que purgan sus penas entre el fuego y la lava tratan de morderte cada salto, cada elegante giro de 360º. Eso, tiene un mérito impagable. Particularmente, si el Arsenal no gana nada, soy partidario de darle en exclusividad cualquier tipo de trofeo. Al mejor juego. A un equipo, que gane o no, debería pasar a la historia como uno de los mejores a nivel técnico y ofensivo. Están fuera pero cayeron dignamente.


Y cayeron ante el equipo que partido tras partido agranda el mito en la Copa de Europa. La suerte no se encuentra, se busca y llega. No llega sola, hay razones de peso. Achacar todo el éxito futbolístico de un equipo como el Liverpool a Anfield, a la historia, a la grada o a los arrebatos de genialidad de Gerrard es subestimar su fútbol, a Benítez y a todos los jugadores que componen la plantilla. Es, en resumidas cuentas, obviar la evidencia de otro fútbol. Si hemos de hablar de arte, de un Van Gogh en movimiento, hemos de ver al Arsenal. Pero no sólo a los estilistas les está reservada la gloria. La gracia del fútbol reside ahí. En que cualquiera puede ganar a cualquiera, en que cada partido es un mundo. El Liverpool no es el Ajax de Cruijff, estamos de acuerdo, pero tiene sus argumentos. Personificados en jugadores como Xabi Alonso, Gerrard, Kuyt, Babel o Torres. Si el Liverpool está en semifinales, por tercera vez en cuatro años, algo tendrá que ver Anfield, desde luego, pero quitarle el mérito a un Benítez que ha metido ya al equipo en siete finales, está lejos de ser un análisis futbolístico coherente.


El partido fue un no parar. Un constante derroche de energía y talento, todo junto, mezclado con la dosis justa de mística europea y épica anfieldistica. Los primeros veinte minutos fueron los mejores veinte minutos de la Copa de Europa este año. El Arsenal literalmente se comió al Liverpool en su propio campo. Triangulaciones espectaculares, velocidad de vértigo, acierto y sobre todo talento. Cada pase era muy rápido pero iba al pie y cada control por muy fuerte que el cuero rodara se paraba mansamente en las botas de los Diabý, Adebayor, Hleb, Fábregas y compañía. Así llegó el primer gol, tras una jugada colectiva espectacular (y hago hincapié en lo de espectacular) para ser finalizada en dos toques por Diabý, ese nuevo tipo de Vieira con el regate de Figo. El Arsenal dominó unos cuantos minutos tras el sublime gol con el que condenaba al Liverpool a marcar uno. Hasta entonces sólo The Kop corría por el césped. Pero el Arsenal prontó se relajo subestimando el verdadero potencial del Liverpool y del miedo escénico de Anfield. Tardaron los reds en empatar 10 minutos, lo mismo que tardó el Arsenal en darse cuenta que de seguir así, el Liverpool se los iba a comer. 1-1 tras el perfecto testarazo de Hyppia y entonces a Xabi Alonso le dió un arrebato de liderazgo y se puso a controlar el juego del Liverpool ante un Arsenal que sin comerlo ni beberlo tras unos veinte primeros minutos en los que jugó como el Liverpool como quien come una piruleta se encontraba en una situación más que drástica ya que ni tenía capacidad de respuesta ni parecía tenerla. De repente no eran tan rápidos ni tan precisos. De repente, Fábregas, con el balón en los pies, casi parecía torpe. Lo que hace el miedo escénico. Lo mejor que le podía pasar al Arsenal en ese momento ante la estampida del Liverpool era que llegara la segunda parte y dicho y hecho.


Benítez no tuvo que repetir la ya célebre charla de Estambul que nadie conoce, el Liverpool alzado por The Kop se alzó a por el segundo. Y lo que sucedió en la segunda parte es difícil de recordar seguidamente porque cada jugada era un mundo digna de comentar. El monumento tomaba forma. Mención especial para Mascherano, Kuyt y Flamini hasta que se lesionó. De verdad que no logro explicarme como siguen vivos después de las dos palizas que se han pegado. Mascherano particularmente me alucina. Llegaba a todas y volvía a la carrera para remediar cualquier destrozo que los de alante pudieran provocar. Sin embargo, a Mascherano las luces en ataque se le suelen a pagar, como al Arsenal mediada la segunda parte. Era otro, el partido habia cambiado radicalmente para bien del Liverpool y para drama del Arsenal, que se defendía como podía ante el más que derroche de ocasiones, derroche de ganas del Liverpool, que además, hizo buen fútbol dirigido por Xabi Alonso. Gerrard pasó más desapercibido, casi como Torres, hasta que apareció. Y apareció para colar por la escuadra tras perder a Gallas de vista a la media vuelta el balón en la red de Almunia. La pelota la disparó Torres, pero el impulso final lo dió The Kop. Ya saben, aquello de que aspira los goles. La mejor noticia para el Liverpool y un requiem para el Arsenal que no veía manera de solucionar aquello. El Liverpool parecía más grande y más en forma, quien sabe si por la leyenda o por el peso de la historia, pero tras el gol de Torres tuvo varias ocasiones más para poner el definitivo 3-1 en el marcador. Nunca demasiado claras. Es digno de análisis comprobar como un partido sin ocasiones excesivas es de infarto.


Aunque cierto es, que tras el gol de Torres, Adebayor la empujó fuera cuando lo más difícil era eso mismo, el Arsenal empató en una contra. Como suena. Con el Liverpool ganando y en su propia casa, Benítez los mandó hacia arriba. No hay mejor defensa que un buen ataque sí, pero al autor de la frase se le olvidó la parte en la que la recupera el Arsenal, la coge Walcott, se va de cuatro tipos el doble de grandes que él por velocidad en plan Maradona, la pone atrás y Adebayor, esta vez sí, empata. Explicaría lo que sucedió después pero no dió tiempo siquiera a pensar "Qué bueno es este Walcott" porque al instante Babel se picó e hizo lo propio provocando un penalty. Cuando todos daban por muerto a un más que digno Liverpool, Touré hizo lo que jamás se debe hacer en Copa de Europa. Agarrar a un rival dentro del área con la eliminatoria ganada. Aunque suene obvio. Lanza Gerrard hacia The Kop y 3-2. Esta vez el Arsenal se quedaba sin argumentos. Un golpe demasiado duro. El cuarto daba igual. Fábregas la puso de falta desde el medio campo con todo el Arsenal arriba y en el despeje de Kuyt, Babel puso en evidencia a Fábregas a nivel de velocidad para batir a Almunia. No confundir, Fábregas es el más rápido del mundo pensando, pero no corriendo. No empaña su colosal partido. Babel convertido a héroe y el Liverpool en semis de nuevo. Espera el Chelsea. Repetimos otra vez.

Los goles del partido:



La jugada de Walcott:



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Vía | You tube, Fútbol Arte, As
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Más que Fútbol ● 2008

jueves, 3 de abril de 2008

Al Arsenal siempre le quedará Anfield...(Arsenal 1 - 1 Liverpool)

Todo marchaba considerablemente bien para el Arsenal hasta que Bendtner sacó el balón en la línea de cal de la portería de Reina. Cualquier mortal que en estos momentos lea esta primera línea deducirá que el tal Bendtner es un buen defensa del Liverpool, que cumplió heroicamente su misión, dicho sea de paso, probablemente tendrá cara de obrero de la industria textil y casi con toda seguridad será un tío muy de Liverpool. Que para eso Dios los hizo así, fuertes y orgullosos. Cualquiera que controle algo la Liga Inglesa y no haya visto el partido, probablemente, mientras lea la primera línea se asombre perplejo ante la improbable pero no menos cierta acción de Bendtner. A mediados de la segunda parte, en pleno apogeo del festival ofensivo de los gunners, su delantero que había salido en sustitución de Eboué sacó bajo palos un disparo de Fábregas, su compañero. El resultado en ese momento era de 1-1 y así se quedó. Anfiel decidirá y si el Arsenal cae eliminado, el pobre Bendtner se maldecirá de por vida.


Envidio la Liga Inglesa. Y la envidio porque ofrece partidos trepidantes y de ida y vuelta como el Arsenal - Liverpool de anoche. Partidos en los que gladiadores como Mascherano y estilistas como Hleb brillan a la vez, partidos, en defintiva, de fútbol emocionante, no de somníferas posesiones de balón ni de soporíferos partidos defensivos, algo de lo que andamos sobrados por aquí. Y digo que envidio la Liga Inglesa porque es para sentirse orgulloso de ella seas del equipo que seas. Lo ha demostrado, primero, la presencia de cuatro equipos ingleses en la final, y segundo los buenos papeles de todos ellos menos el de un confiado Chelsea.


Salió el Arsenal a comerse el Liverpool sin tener en cuenta el pequeño pero gran detalle que supone enfrentarse al Liverpool en Copa de Europa. Es otro. No vale nada de lo anterior, no cuenta si le has goleado 7-0 en la cometición doméstica porque en la Copa de Europa en el 90% de los casos tienes que venerar y mostrar respeto ante uno de los más grandes. En horas bajas o no el Liverpool tiene algo cuando se juega el trono continental e intimida sólo con la equipación, anoche negra en lo que fue el destino del pobre Bendtner. Como ya he dicho, el Arsenal salió a matar y comenzó apuñalando. Centro de Van Persie tras un córner y Adebayor sólo empuja a la red. Tres minutos tardó Gerrard, algo experto en batallas de este tipo, en coger la pelota, regatear a Clichý y Gallas, ponerla y contemplar como Kuyt empujaba a su vez el cuero dentro del arco defendido por Almunia. Gerrard es muy bueno y muy veterano, y en la Copa de Europa la experiencia es un grado todavía más importante que en cualquier otra competición. El gol supuso un golpe de autoridad, una manera de decir: "Somos el Liverpool, nunca caminamos solos y aquí estamos, no va a ser fácil y es probable que murais en el intento". El primero en morir fue Eboué, desaparecido y cambiado. El segundo Kuyt, que si no murió en el campo fue por honor, pero estoy convencido de que en el vestuario se derrumbó. Mascherano se mató a correr pero es argentino, otra pasta. El último en caer fue Bendtner, más psicológicamente que físicamente. No todos los días evitas un gol de tu propio equipo.


La segunda parte fue un auténtico recital gunner de cómo atacar sin perder el estilo. El estilo, eso de lo que el 90% de los equipos en España andan carentes. De la mano de Cesc y Flamini (otro que se mató a correr), pasecito tras pasecito pusieron en verdaderos apuros a un Liverpool que recordando cuando el Milan o el Chelsea le bombardeaban a ataques, pudo mantener la moral y algo más importante aún: el marcador. Adebayor dió una lección de cómo tirar desmarques, Mascherano de cómo robar balones y Bendtner... Bueno, Bendtner dió una lección de cómo no hay que estropear un gol cantado. He de decir en su defensa que el chaval estaba de espaldas y no veía la bola, que iba rasa y mansa al fondo de la red. Fue sin querer y le exculpo como la mayoría de los que vieron la jugada, pero su tropiezo quedará para los anales de la historia. Tendrá que correr mucho Bendtner para que le recuerden por otra cosa. Empezar a enterrarlo marcando dos goles en Anfield no estaría mal. Porque al Arsenal, suene duro o no, le queda Anfield o Anfield. Es como caminar hacia el infierno mientras te armas de tu mejor fútbol. La eliminatoria está abierta pero, con el Liverpool en casa y con un gol fuera de ella...

El Chelsea por su parte rozó el ridículo ante el Fenerbaçe, sorpresón de la Champions que ya demostró en Sevilla que es capaz de reponerse incluso a dos goles y dos cantadas de su portero en contra.

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Más que Fútbol ● 2008