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miércoles, 1 de junio de 2011

96 puntos


Andrés Pérez | Comienza a ser dificultoso hablar del Barça. Los elogios se agotan pero la brillantez incandescente del conjunto de Guardiola no. La pasada temporada supuso una vuelta a la realidad tras un año, el 2009, en el que el conjunto catalán lo ganó absolutamente todo. Existía la posibilidad de repetir la gesta pero era remota, y el Barça mordió el polvo en Copa ante el Sevilla y en semifinales de Copa de Europa ante el Inter, el único equipo que ha sido capaz de doblegar al Barça en tres años en momentos clave de la temporada. Pese a ello el Barcelona obtuvo la Liga. Este año el Barça ha estado cerca, una vez más, de repetir el triplete obtenido hace dos temporadas, lo cual mejora exponencialmente la anterior: finalista en Copa, una vez más campeón de Liga y campeón de la Champions League.

El Barça comenzó el curso, quizá, levemente intimidado por el nuevo aspecto impoluto y poderoso del Real Madrid, que había contratado a Mourinho, entrenador bastante controvertido en la ciudad condal que el año anterior había obtenido la fórmula adecuada para frenar a uno de los mejores conjuntos de la historia. Así las cosas el Barcelona, durante un buen tramo del año, no se encontraba a sí mismo. Hay que entender ésta última oración en su justa medida: el Barça no se encontraba en el sentido de que no ajusticiaba a los rivales de un modo tan cómodo y espectacular como durante los dos años anteriores, pero seguía siendo muy superior a todos. De este modo perdió en casa ante el inverosímil Hércules que más tarde bajaría a Segunda y pasó algún apuro que otro lejos del Camp Nou en Copa de Europa —Copenaghe, Rubin Kazan—.

A pesar de ello, el Barça era una roca granítica en el Camp Nou y no tuvo mayores problemas durante la primera fase de la Copa de Europa. En Liga todo lo cambió el 5-0 endosado al Madrid. Fue el primer momento en que adquirió el liderato del campeonato y no lo soltaría hasta el final del mismo, a pesar de algún tropiezo puntual —Anoeta, Gijón, Bernabéu—. Aquel partido supuso el despertar definitivo de un equipo que no había cuajado el fútbol que se esperaba de él hasta la fecha. El Barça comenzó a mezclar como siempre había sabido, perfeccionó las dinámicas de juego, los automatismos sin balón, la creatividad de sus mejores jugadores —Messi, Xavi, Iniesta— y acopló con menor dificultad que el año anterior a Ibrahimovic a Villa —y a Mascherano—. Comenzó a golear sin piedad por diferencias de locura —varios partidos ganados con rentas de cinco goles o más, incluida la goleada por 8-0 al Almería en su casa— y sublimó, un día más, la práctica del fútbol. Era, sencillamente, una gozada.

Y lo siguió siendo hasta el mes de abril, en el que se encontró al Madrid en la final de Copa, en las semifinales de Copa de Europa y en un partido bastante intrascendente en Liga. El Barça pareció levemente desestabilizado, al menos en el plano psíquico, por toda la marea mediática creada alrededor de los dos partidos y en la que Guardiola y los jugadores del Barça, tradicionalmente loados por su mesura y saber estar, cayeron quién sabe si voluntaria o involuntariamente. El caso es que el partido inicial de Liga en el Bernabéu supuso un adelanto de lo que llegaría más tarde: un Madrid muy echado hacia atrás. El Barça no arriesgó aquel día porque no lo necesitó, pero se mostró claramente superior como se mostraría en el cómputo total de los cuatro partidos que enfrentarían a ambos.

Y entre Liga y Copa de Europa llegó la Copa del Rey, el único broche amargo a una temporada que ha sido plenamente satisfactoria. Algunos aficionados del Barça otorgaban a este título una importancia menor, en efecto, y de hecho, las sombras alargadas de dos títulos de tanto tallaje como los otros dos previamente citados dejan en un difuminado recuerdo, perezoso y negativo, lo que sucedió aquella noche en Mestalla. Lo que sucedió fue que el Madrid fue mejor en la primera parte mostrándose muy decidido y que en la segunda aguantó todo lo posible para certificar su primer título copero en dos décadas mediante un cabezazo de Ronaldo. El Barça pareció mortal. Y todo el mundo pudo verlo. Y todo el ambiente se deterioró tras un partido de alto voltaje, en el que ningún jugador regaló absolutamente nada, en el que hubo trifulcas, daños colaterales, miradas rencorosas, furibundas provocaciones y una inquina generalizada entre unos y otros.

En ese estado de nerviosismo permanente llegaron ambos a las semifinales de Champions. Y ahí el Barça se mostró infinitamente superior. Supo abstraerse en el campo de las ruedas de prensa y de los titulares, cosa que el Madrid y su entrenador no, y dominó y venció en el Bernabéu con un Messi estelar, espectacular, resolutivo y pieza clave del Barcelona. El Barça había superado su particular prueba de fuego, posiblemente la auténtica final de la temporada. De ahí al término todo fue un camino placentero —celebración del título de Liga mediante— hasta Wembley, donde volvió a imponerse bellamente al Manchester United.

Temporada perfecta, por ende, a excepción del leve punto de oscuridad que supuso la Copa del Rey. El Barça ha rozado el pleno y ha vuelto a alcanzar la excelencia durante media temporada. Messi se ha vuelto a confirmar, por si tenía alguien dudas, como el jugador más determinante y resolutivo del planeta con todo lo que ello conlleva para el Barça —positivo en tanto que se beneficia de ello, negativo en tanto que, el día que no lo esté no sabrá reponerse: capitaliza todo el fútbol del Barcelona, absorbe a sus compañeros—. El resto del equipo ha rayado a un nivel sensacional —a pesar de algunos bajones como el de Piqué o la falta de continuidad de Puyol— y se ha dado una alegría con la recuperación de Abidal —que tras su cáncer ha jugado la final de la Champions—. ¿Objetivo de cara al año que viene? Mantenerse en la línea. Y prácticamente por tendencia debería hacerlo. Aunque la decadencia siempre llega en el momento más inesperado, el Barça sólo necesita leves retoques —quizá algún central, darle más minutos a jugadores como Afellay para que puedan suplir con mayores garantías a los titulares—. Feliz eternidad la suya.

Lectura recomendada | Comparativa en Liga entre Madrid y Barcelona (Marca)
Imagen | El País

jueves, 28 de abril de 2011

Messi brilla en un partido opaco


Andrés Pérez | Al igual que el mejor Maradona del Nápoles, con quien es odiosamente comparado, Lionel Messi consume todos los recursos ofensivos de su equipo. Ya sea con libertad ejerciendo de falso delantero centro o partiendo de posiciones más escoradas hacia la banda, el juego del Barcelona en las inmediaciones del área rival nace en Messi, transita por Messi y finaliza en Messi. Messi lo es todo. Para su deleite, cuenta con diez jugadores que han asimilado de un modo natural destinar balones a un talento vertical capaz de crear en la medular, repartir pases finales a los huecos y finalizar como un delantero de área nato. Es precisamente el talento de Messi lo que anoche afloró en el Bernabéu para prácticamente dejar cerrada la eliminatoria y lo que al mismo tiempo es una virtud y un lastre para su equipo: lo es en tanto que cuanto más crece Messi más irrelevantes son todos los demás a su alrededor. Maradona murió absorbiendo cada equipo en el que era contratado. Messi va camino de ello.

Pero antes de que ese punto de no retorno llegue el Barcelona encuentra una mina de diamantes constante en Messi. Anoche, tras una primera tarde dominada por el tedio y una segunda primero alborotada por cierto ímpetu juvenil y copero del Madrid y más tarde cercenada por la expulsión de Pepe, algo que no debe sorprender a nadie, Messi se irguió como el jugador total del ataque del Barcelona. En un primer momento emuló en un destello todos los goles que en su carrera marcaría Gerd Müller anticipándose a su marcador y empujando un balón lateral. Con posterioridad, cuando sus compañeros escondían y mostraban el balón a los defensores del Real Madrid sin la más mínima intención de avanzar metros hacia Casillas, Messi cosería un balón imposible a sus pies para en un abrir y cerrar de ojos sortear a cinco rivales y superar en el mano a mano al portero madridista. Era el minuto 87. Messi había otorgado brillo a un partido mate.

El planteamiento de Mourinho esta vez falló. Falló en la teoría y falló en la ejecución. El Madrid se agazapó demasiado atrás y descuidó sus responsabilidades ofensivas. No está de más olvidar que jugaba en casa y aún espera un partido de vuelta que se presume irrelevante a no ser que el primer equipo, el filial y el primer juvenil del Barcelona se lesione al completo en lo que resta de semana. No se le puede, o no se le debe, achacar al Madrid que su planteamiento partiera de un fundamento defensivo con objeto de evitar la fuente creadora del Barça. Lo que sí es reprochable es que no lo hiciera bien. Una cosa es jugar desde una visión defensiva, con objeto de proteger las propias debilidades e interrumpir las virtudes ajenas —algo que la Juventus o Italia lleva haciendo toda la vida sin que a nadie le suponga mayor problema— y otra es jugar desde una visión defensiva haciéndolo mal. El problema del Madrid no fue su idea del fútbol, sino que la aplicó sin gracia y rematadamente mal.


Así que en una primera parte de control estéril por parte del Barcelona —a excepción de un buen par de disparos de Xavi, anoche muy liberado sin Pepe a su vera— no sucedió nada. Nada más allá de la confirmación de que es el fin de la selección española, de esta selección española, tal y como la conocíamos: Arbeloa tuvo sus más y sus menos con Pedro, Xavi y Piqué; Piqué tuvo sus más y sus menos con Ramos; Xabi Alonso tuvo sus más y sus menos con Busquets; Villa tuvo sus más y sus menos con Xabi Alonso y ya los había tenido con Arbeloa, y así sucesivamente. Más allá de los líos, todo deparó en una grotesca bronca final en la que un descontrolado Pinto terminó expulsado. El Madrid no había desgastado demasiado su físico presionando arriba, al contrario que en Copa, y el Barcelona tampoco forzaba demasiado la maquinaria.

En realidad, aunque nunca sabremos si es fruto del azar o de una idea maquiavélicamente ejecutada, el plan de Mourinho era aprender de los errores en Mestalla y revertirlos: si el Madrid terminó sin aire la segunda parte de la final de Copa porque en la primera se había fustigado presionando muy arriba, esta vez, en Champions, será exactamente al revés, debió pensar el portugués. Y los diez primeros minutos del Madrid fueron mucho mejores a los anteriores cuarenta y cinco, presionando más arriba, poniendo en apuros a Mascherano en su deficiente salida de balón y mostrando más ambición más allá de proteger el resultado. Tampoco era algo nuevo: hizo lo mismo el año pasado con el Inter en el partido de ida de San Siro. Todo parecía indicar que el partido comenzaría a ser entretenido.

En ese momento, con poca fortuna Pepe hizo una entrada dura sobre Alves. Algunas imágenes mostraban cómo antes de impactar en la tibia del lateral brasileño, la planta del pie de Pepe tocaba claramente balón. Se puede interpretar como un planta salvaje o como el fruto involuntario de la incercia de la acción. Sea como fuere el árbitro, que no había visto la acción, consultó con su asistente y le expulsó. Se acabó el Madrid. Se borró del campo, se autoexpulsó Mourinho, apareció Messi, regaló un gol y una joya para la posteridad, el Barça se dedicó a recrearse en su gloria y el Madrid asistió imponente a la confirmación de que aquel seguía siendo mejor equipo a pesar de la final de Valencia. Ya ven, un clásico en el que sólo un talento superlativo como el del argentino dio fe del supuesto talento que a priori atesoraba. Recuerden que algunos justifican un desigual reparto de los beneficios generados por los derechos televisivos porque Madrid y Barcelona ofrecen un espectáculo sin igual plagado de brillantez que acapara la atención de todo el planeta. Y recuerden partidos tediosos y sin arte alguno como el de anoche para rebatir ese argumento. Y, luego, más tarde, díganse que ustedes vieron jugar a Messi.

Imagen | El País

sábado, 12 de junio de 2010

Capítulo 2 | Messi y el resto



Andrés Pérez | No necesita Argentina mayor estímulo que Messi para armar su juego ofensivo. De hecho, más que un estímulo, es el pulso vital de la selección que dirige Maradona. Lo demostró frente a una desastrosa Nigeria en la faceta defensiva: tan sólo cuando Messi agarraba el balón se encendía una chispa de peligrosidad en el área nigeriana, eran Messi y el resto de jugadores argentinos contemplando el descomunal y desbordante talento del barcelonista. Por ahí anduvo Verón, poniendo en práctica lo que debió ser una orden demente de Maradona: calmar el partido, dormirlo, no terminar con Nigeria cuando pudo y debió hacerlo.

Argentina impuso la tediosa concepción futbolística de Maradona, debemos entender, puesto que a pesar de poder haber goleado a Nigeria no lo hizo y, más allá de los errores de Higuaín y las meritorias paradas de Enyeama, partidazo el suyo, la albiceleste no dio sensación de querer más. Si llegaron las ocasiones fue porque Messi es un jugador vertial que no entiende de juego especulativo, no por una intención expresa de Argentina en su conjunto. Heinze y Samuel se daban el balón el uno al otro dejando pasar el tiempo, Mascherano y Verón, observando la nula presión de Nigeria, decidieron no intervenir.

Así pues, Argentina demuestra dos cosas: por un lado, el inagotable talento de Messi, capaz de ganar él solo cualquier partido, y su excelente capacidad de victoria por KO en ataque, semejante al Real Madrid de esta temporada; y, por otro, que no tiene un medio campo ágil y con criterio capaz de imponer un dominio de alto ritmo en los momentos decisivos: Argentina pudo golear pero nadie debe engañarse puesto que Nigeria fue un juguete roto y blando frente a la pasvidiad del centro del campo albiceleste. A pesar de todo ello, a pesar de la posible goleada de Argentina, Nigeria pudo empatar en un par de ocasiones, dando fe de la inseguridad de la zaga argentina.


Previamente, a la una y media, Corea del Sur dominó y jugó bien frente a una Grecia desaroblada, deprimida y vacía de fútbol. La escasez de jugadores de calidad y un caótico plan defensivo fue un caramelo en las botas de Park Ji Sung y Chu Young Park. Se impuso Corea porque tuvo un plan. Perdió Nigeria porque a pesar de la fortaleza física de sus jugadores y adoleciendo un problema generalizado en las selecciones africanas no tiene dicho plan. Descontando a Grecia, horrorsa, ahora mismo los asiáticos tienen todas las papeletas para meterse a octavos. Argentina, simplemente con los latigazos de Messi, debería pasearse en sus dos partidos restantes.

Resultados de la Jornada 2 (a la hora de publicarse este post aún resta por jugarse el Inglaterra - EEUU, del que se hablará mañana):

Corea del Sur 2 - 0 Grecia
Argentina 1 - 0 Nigeria

Más Mundial | Mejora el fútbol en la segunda fecha (Fran Castarlenas en Let's Dance To Goal)
Imagen | El País

martes, 29 de abril de 2008

20.45, semifinales (II)

Andrés Pérez | Y por último, Champions. Digo por último porque la final es otra cosa. Sigue siendo Copa de Europa, sí, el partido más importante, sí. Pero las elimintarorias a ida y vuelta, aquellas que nos vuelcan el corazón y dejan batallas épicas de por medio se acaban con las semifinales de esta noche. Y se podría decir que acaban de buen ver. Gracias, en gran medida, al buen hacer de los equipos ingleses durante la competición, buen hacer, mal acompañado por la presencia de la mayoría de los equipos teóricamente punteros. Sin noticias de los españoles, por mucho que el Barça esté en la semifinal engañosamente, sin noticias de los italianos que salvo la Roma, no supieron hacer frente ninguna eliminatoria y sin noticias de los alemanes, más allá de un rancio Schalke. Me hubiera gustado ver al Oporto en semifinales, probablemente en el sitio del Barcelona. Fatídica tanda de penaltys para los lusos frente al Schalke 04 en cuartos de final. Pero ahora no queda tiempo para lamentarse de una Champions de contrastes provocados por la brillantez y emoción inglesa y por el aburrimiento restante. Ahora, queda contemplar las semifinales.


Mañana juega el Barcelona frente al Manchester en Old Trafford. De él depende no contemplar una justísima final inglesa, pero no creo que lo consiga, he de decir. La ida se saldó con un apurado 0-0 para el Manchester, cierto, pero no es menos cierto que si comparamos el partido del Barcelona con los de Roma o Lyon descubrimos que el Manchester fuera de casa es así, defensivo. Matemáticas aparte, el Barça lo tiene difícil porque no tira a puerta. Con Deco en el campo dominan pero sin el Eto'o de antes, con un Ronaldinho más fuera que dentro y con Henry desaparecido, el Barcelona acusa una alarmante falta de pegada. Dos tiros a Van der Sar en la ida. No sé cuantos cosecharán esta noche en Old Trafford, pero lo que sí sé es que el Manchester no se querrá ir sin goles de Europa, o de su estadio. Si el Barça quiere estar en Moscú debería marcar dos o más goles mínimo. Y no lo veo nada claro.


El miércoles se juega un partido de pronóstico más complicado. El Chelsea lleva 82 partidos sin palmar en casa y acude con la ventaja del gol en propia meta de Riise en la ida, pero el Liverpool es el Liverpool y peores gestas le hemos visto conseguir a lo largo de su larga historia en competiciones europeas. 1-1 en Anfield, en teoría el Chelsea de un renacido Ballack, del gigante Drogba y de la defensa de hierro debería pasar a Moscú, pero el Liverpool juega mejor, es el Liverpool, cuenta con un cuarteto atacante letal (Gerrard, Babel, Kuyt y Torres) y con una pareja de mediocentros que hacen y deshacen a su antojo (Xabi Alonso y Mascherano). Probablemente el partido se decida en el mediocampo, mediocampo que el Chelsea desprecia. He ahí las esperanzas de un motivado Liverpool. Sin embargo, la motivación no lo es todo, y los números, las matemáticas y la lógica dicen que el Chelsea de Grant debería estar en la final. Pero, como todos sabemos, ni el Liverpool, ni la Copa de Europa entienden de números y lógica. Sólo de sueños.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | As, Marca

Más que Fútbol ● 2008

miércoles, 9 de abril de 2008

Monumento al fútbol (Liverpool 4 - 2 Arsenal)

Andrés Pérez | Lo imposible en ocasiones sucede. Dice Adidas que lo imposible es nada y puede que tenga cierta razón cuando se ven partidos como el de ayer. Y quizás me equivoque, porque lo de anoche en Anfield no fue un partido. Calificar de partido de fútbol ramplón, normal, sin que nada sucediera es una temeridad, un insulto a lo que Liverpool y Arsenal nos ofrecieron sobre el césped verde de Anfield. Particularmente lo denominaría monumento al fútbol, oda al fútbol. Un poema de Lord Byron nunca hubiera despertado tales sensaciones en muchos de los que anoche vimos el encuentro como el enfrentamiento en sí mismo. Y es complicado calificar la envergadura de partidos de este tipo, y es complicado escribir sobre ellos porque uno no sabe exactamente cómo describirlos ni cómo conseguir que las palabras se acerquen siquiera a ya no sólo lo que sucedio, sino a lo que supuso, a lo que despertó, a lo que inspiró. No. Tratar de contar porqué el fútbol consigue el efecto que consigue en todos nosotros es vanal. Es quitarle la mística, la magia, la épica. Y de todo eso tiene mucho el Liverpool, Anfield y la Copa de Europa. De algo que no podemos explicar a ciencia exacta. Es preferible sentarse, pensar un segundo y escribir, o dormir. No hay otra manera de disfrutar lo que anoche se vivió en Anfield.


Lo primero, descubrirme ante Wenger, Fábregas y el Arsenal. Quitarme el sombrero por unos primeros veinte minutos dignos de ser estudiados por todas las academias futbolísticas del mundo y del futuro. Descubrirme por morir de pie y no arrodillado como muchos otros habrían hecho, felicitar, dar la enhorabuena o escribirles por todo eso y más. Por Walcott, por Adebayor, por Hleb. A Wenger particularmente, por conseguir que todos esos chavales dirigidos por un chaval más, Fábregas, hacer del fútbol un verdadero arte. Ni un patadón a excepción de la desesperada final, ni una sola patada de impotencia, ni siquiera bajar los brazos ante el Liverpool y Anfield al rojo vivo. Es como intentar salir del infierno bailando ballet mientras aquellos que purgan sus penas entre el fuego y la lava tratan de morderte cada salto, cada elegante giro de 360º. Eso, tiene un mérito impagable. Particularmente, si el Arsenal no gana nada, soy partidario de darle en exclusividad cualquier tipo de trofeo. Al mejor juego. A un equipo, que gane o no, debería pasar a la historia como uno de los mejores a nivel técnico y ofensivo. Están fuera pero cayeron dignamente.


Y cayeron ante el equipo que partido tras partido agranda el mito en la Copa de Europa. La suerte no se encuentra, se busca y llega. No llega sola, hay razones de peso. Achacar todo el éxito futbolístico de un equipo como el Liverpool a Anfield, a la historia, a la grada o a los arrebatos de genialidad de Gerrard es subestimar su fútbol, a Benítez y a todos los jugadores que componen la plantilla. Es, en resumidas cuentas, obviar la evidencia de otro fútbol. Si hemos de hablar de arte, de un Van Gogh en movimiento, hemos de ver al Arsenal. Pero no sólo a los estilistas les está reservada la gloria. La gracia del fútbol reside ahí. En que cualquiera puede ganar a cualquiera, en que cada partido es un mundo. El Liverpool no es el Ajax de Cruijff, estamos de acuerdo, pero tiene sus argumentos. Personificados en jugadores como Xabi Alonso, Gerrard, Kuyt, Babel o Torres. Si el Liverpool está en semifinales, por tercera vez en cuatro años, algo tendrá que ver Anfield, desde luego, pero quitarle el mérito a un Benítez que ha metido ya al equipo en siete finales, está lejos de ser un análisis futbolístico coherente.


El partido fue un no parar. Un constante derroche de energía y talento, todo junto, mezclado con la dosis justa de mística europea y épica anfieldistica. Los primeros veinte minutos fueron los mejores veinte minutos de la Copa de Europa este año. El Arsenal literalmente se comió al Liverpool en su propio campo. Triangulaciones espectaculares, velocidad de vértigo, acierto y sobre todo talento. Cada pase era muy rápido pero iba al pie y cada control por muy fuerte que el cuero rodara se paraba mansamente en las botas de los Diabý, Adebayor, Hleb, Fábregas y compañía. Así llegó el primer gol, tras una jugada colectiva espectacular (y hago hincapié en lo de espectacular) para ser finalizada en dos toques por Diabý, ese nuevo tipo de Vieira con el regate de Figo. El Arsenal dominó unos cuantos minutos tras el sublime gol con el que condenaba al Liverpool a marcar uno. Hasta entonces sólo The Kop corría por el césped. Pero el Arsenal prontó se relajo subestimando el verdadero potencial del Liverpool y del miedo escénico de Anfield. Tardaron los reds en empatar 10 minutos, lo mismo que tardó el Arsenal en darse cuenta que de seguir así, el Liverpool se los iba a comer. 1-1 tras el perfecto testarazo de Hyppia y entonces a Xabi Alonso le dió un arrebato de liderazgo y se puso a controlar el juego del Liverpool ante un Arsenal que sin comerlo ni beberlo tras unos veinte primeros minutos en los que jugó como el Liverpool como quien come una piruleta se encontraba en una situación más que drástica ya que ni tenía capacidad de respuesta ni parecía tenerla. De repente no eran tan rápidos ni tan precisos. De repente, Fábregas, con el balón en los pies, casi parecía torpe. Lo que hace el miedo escénico. Lo mejor que le podía pasar al Arsenal en ese momento ante la estampida del Liverpool era que llegara la segunda parte y dicho y hecho.


Benítez no tuvo que repetir la ya célebre charla de Estambul que nadie conoce, el Liverpool alzado por The Kop se alzó a por el segundo. Y lo que sucedió en la segunda parte es difícil de recordar seguidamente porque cada jugada era un mundo digna de comentar. El monumento tomaba forma. Mención especial para Mascherano, Kuyt y Flamini hasta que se lesionó. De verdad que no logro explicarme como siguen vivos después de las dos palizas que se han pegado. Mascherano particularmente me alucina. Llegaba a todas y volvía a la carrera para remediar cualquier destrozo que los de alante pudieran provocar. Sin embargo, a Mascherano las luces en ataque se le suelen a pagar, como al Arsenal mediada la segunda parte. Era otro, el partido habia cambiado radicalmente para bien del Liverpool y para drama del Arsenal, que se defendía como podía ante el más que derroche de ocasiones, derroche de ganas del Liverpool, que además, hizo buen fútbol dirigido por Xabi Alonso. Gerrard pasó más desapercibido, casi como Torres, hasta que apareció. Y apareció para colar por la escuadra tras perder a Gallas de vista a la media vuelta el balón en la red de Almunia. La pelota la disparó Torres, pero el impulso final lo dió The Kop. Ya saben, aquello de que aspira los goles. La mejor noticia para el Liverpool y un requiem para el Arsenal que no veía manera de solucionar aquello. El Liverpool parecía más grande y más en forma, quien sabe si por la leyenda o por el peso de la historia, pero tras el gol de Torres tuvo varias ocasiones más para poner el definitivo 3-1 en el marcador. Nunca demasiado claras. Es digno de análisis comprobar como un partido sin ocasiones excesivas es de infarto.


Aunque cierto es, que tras el gol de Torres, Adebayor la empujó fuera cuando lo más difícil era eso mismo, el Arsenal empató en una contra. Como suena. Con el Liverpool ganando y en su propia casa, Benítez los mandó hacia arriba. No hay mejor defensa que un buen ataque sí, pero al autor de la frase se le olvidó la parte en la que la recupera el Arsenal, la coge Walcott, se va de cuatro tipos el doble de grandes que él por velocidad en plan Maradona, la pone atrás y Adebayor, esta vez sí, empata. Explicaría lo que sucedió después pero no dió tiempo siquiera a pensar "Qué bueno es este Walcott" porque al instante Babel se picó e hizo lo propio provocando un penalty. Cuando todos daban por muerto a un más que digno Liverpool, Touré hizo lo que jamás se debe hacer en Copa de Europa. Agarrar a un rival dentro del área con la eliminatoria ganada. Aunque suene obvio. Lanza Gerrard hacia The Kop y 3-2. Esta vez el Arsenal se quedaba sin argumentos. Un golpe demasiado duro. El cuarto daba igual. Fábregas la puso de falta desde el medio campo con todo el Arsenal arriba y en el despeje de Kuyt, Babel puso en evidencia a Fábregas a nivel de velocidad para batir a Almunia. No confundir, Fábregas es el más rápido del mundo pensando, pero no corriendo. No empaña su colosal partido. Babel convertido a héroe y el Liverpool en semis de nuevo. Espera el Chelsea. Repetimos otra vez.

Los goles del partido:



La jugada de Walcott:



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Vía | You tube, Fútbol Arte, As
Imagen | As, Marca, The Times, El País, La Gazzetta dello Sport, Público

Más que Fútbol ● 2008

jueves, 3 de abril de 2008

Al Arsenal siempre le quedará Anfield...(Arsenal 1 - 1 Liverpool)

Todo marchaba considerablemente bien para el Arsenal hasta que Bendtner sacó el balón en la línea de cal de la portería de Reina. Cualquier mortal que en estos momentos lea esta primera línea deducirá que el tal Bendtner es un buen defensa del Liverpool, que cumplió heroicamente su misión, dicho sea de paso, probablemente tendrá cara de obrero de la industria textil y casi con toda seguridad será un tío muy de Liverpool. Que para eso Dios los hizo así, fuertes y orgullosos. Cualquiera que controle algo la Liga Inglesa y no haya visto el partido, probablemente, mientras lea la primera línea se asombre perplejo ante la improbable pero no menos cierta acción de Bendtner. A mediados de la segunda parte, en pleno apogeo del festival ofensivo de los gunners, su delantero que había salido en sustitución de Eboué sacó bajo palos un disparo de Fábregas, su compañero. El resultado en ese momento era de 1-1 y así se quedó. Anfiel decidirá y si el Arsenal cae eliminado, el pobre Bendtner se maldecirá de por vida.


Envidio la Liga Inglesa. Y la envidio porque ofrece partidos trepidantes y de ida y vuelta como el Arsenal - Liverpool de anoche. Partidos en los que gladiadores como Mascherano y estilistas como Hleb brillan a la vez, partidos, en defintiva, de fútbol emocionante, no de somníferas posesiones de balón ni de soporíferos partidos defensivos, algo de lo que andamos sobrados por aquí. Y digo que envidio la Liga Inglesa porque es para sentirse orgulloso de ella seas del equipo que seas. Lo ha demostrado, primero, la presencia de cuatro equipos ingleses en la final, y segundo los buenos papeles de todos ellos menos el de un confiado Chelsea.


Salió el Arsenal a comerse el Liverpool sin tener en cuenta el pequeño pero gran detalle que supone enfrentarse al Liverpool en Copa de Europa. Es otro. No vale nada de lo anterior, no cuenta si le has goleado 7-0 en la cometición doméstica porque en la Copa de Europa en el 90% de los casos tienes que venerar y mostrar respeto ante uno de los más grandes. En horas bajas o no el Liverpool tiene algo cuando se juega el trono continental e intimida sólo con la equipación, anoche negra en lo que fue el destino del pobre Bendtner. Como ya he dicho, el Arsenal salió a matar y comenzó apuñalando. Centro de Van Persie tras un córner y Adebayor sólo empuja a la red. Tres minutos tardó Gerrard, algo experto en batallas de este tipo, en coger la pelota, regatear a Clichý y Gallas, ponerla y contemplar como Kuyt empujaba a su vez el cuero dentro del arco defendido por Almunia. Gerrard es muy bueno y muy veterano, y en la Copa de Europa la experiencia es un grado todavía más importante que en cualquier otra competición. El gol supuso un golpe de autoridad, una manera de decir: "Somos el Liverpool, nunca caminamos solos y aquí estamos, no va a ser fácil y es probable que murais en el intento". El primero en morir fue Eboué, desaparecido y cambiado. El segundo Kuyt, que si no murió en el campo fue por honor, pero estoy convencido de que en el vestuario se derrumbó. Mascherano se mató a correr pero es argentino, otra pasta. El último en caer fue Bendtner, más psicológicamente que físicamente. No todos los días evitas un gol de tu propio equipo.


La segunda parte fue un auténtico recital gunner de cómo atacar sin perder el estilo. El estilo, eso de lo que el 90% de los equipos en España andan carentes. De la mano de Cesc y Flamini (otro que se mató a correr), pasecito tras pasecito pusieron en verdaderos apuros a un Liverpool que recordando cuando el Milan o el Chelsea le bombardeaban a ataques, pudo mantener la moral y algo más importante aún: el marcador. Adebayor dió una lección de cómo tirar desmarques, Mascherano de cómo robar balones y Bendtner... Bueno, Bendtner dió una lección de cómo no hay que estropear un gol cantado. He de decir en su defensa que el chaval estaba de espaldas y no veía la bola, que iba rasa y mansa al fondo de la red. Fue sin querer y le exculpo como la mayoría de los que vieron la jugada, pero su tropiezo quedará para los anales de la historia. Tendrá que correr mucho Bendtner para que le recuerden por otra cosa. Empezar a enterrarlo marcando dos goles en Anfield no estaría mal. Porque al Arsenal, suene duro o no, le queda Anfield o Anfield. Es como caminar hacia el infierno mientras te armas de tu mejor fútbol. La eliminatoria está abierta pero, con el Liverpool en casa y con un gol fuera de ella...

El Chelsea por su parte rozó el ridículo ante el Fenerbaçe, sorpresón de la Champions que ya demostró en Sevilla que es capaz de reponerse incluso a dos goles y dos cantadas de su portero en contra.

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Vía | As
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Más que Fútbol ● 2008

martes, 10 de julio de 2007

Pasen y vean: Esto es la Copa América


La Copa América, siempre se ha caracterizado por ser una competición en la que lo físico y táctico deja paso a la imaginación y al talento. Siempre. Eso sí, dentro de unos límites. Y por ello, normalmente, ha dejado grandes torneos con grandes y muchos goles.
Una cosa es eso, que deje un considerable número de goles. Pero otra bien distinta es lo que está sucediendo en esta Copa América 2007.


Los cuartos de final emparejaban a Brasil - Chile, Uruguay - Venezuela, (que por cierto, inexplicable trama de cruces en cuartos, estos dos partidos repetidos), Argentina - Perú y México - Paraguay.
Brasil llegaba recuperada en teoría del batacazo ante México en su primer partido frente a una Chile clasificada por los pelos y con más dudas que otra cosa. Y pasó lo que pasó. 6-1 favorable a los brasileños en un buen partido de Robinho (pichichi) y en una actuación bastante encomiable de Vagner Love (los nombres brasileños ya no son lo que eran).


Uruguay se enfrentaba de nuevo a Venezuela tras una fas ede clasificación bastante penosa en la que sólo arrancaron una victoria injusta ante Bolivia, la cenicienta del torneo. Tocaba demostrar que la garra charrúa estaba ahí y no se había perdido en Montevideo, y más que eso, tocaba demostrar que la celeste era doble campeona del mundo. Lo demostraron, claro, para eso son uruguayos. 4-1 ante la anfitriona desencantada, Venezuela se fue de su Copa por la puerta de atrás.


En el otro cuadro, jugaba México frente a Paraguay. Partido igualado, a priori, debido a que Paraguay llegaba a los cuartos tras vencer holgadamente a una débil Colombia, a una siempre aceptable EEUU y de perder ante Argentina B. México por su parte llegaba arrasando en la fase preliminar tras ganar a Brasil, Ecuador y empatar con Chile jugándose nada.
Los de Hugo Sánchez, antes del torneo muy criticados, demostraron porqué merecieron estar en la selección. De nuevo Nery Castillo sobresaliente marcando dos goles, goles completados por otros cuatro que dieron el espeluznante resultado de 6-0 en unos cuartos de final de una Copa de selecciones.

Finalmente Argentina se enfrentaba a Perú. Los peruanos se clasificaron en el último suspiro con un gol de Pizarro a una Bolivia que mereció más pero con sensaciones confusas debido al buen juego mostrado frente a Uruguay pero el pobre bagaje frente a Venezuela y Bolivia.
Argentina por su parte, lo de siempre. No jugarán muy bien en esta Copa América pero sigue siendo Argentina y en esta Argentina además juegan todos los buenos. No ocurre como en Brasil donde los Ronaldinho, Kaka', Ronaldo y compañía no quisieron ir, los argentinos siemrpe van. Porque ir con la albiceleste es lo más grande. Y por eso son favoritos, porque tienen toda la artillería afinada y entre ella está Messi en un estado de forma espectacular. A el que hay que añadir a Riquelme, Verón, Diego Milito, Mascherano, Ayala, Gaby Milito, Aimar etc... Me atrevo a decir que hasta el equipo B de Argentina es el máximo favorito para alzarse con el torneo.
Y como favoritos que son, golean. 4-0 a una Perú que no sabía que hacer.

El resultado de los cuartos es extraño. Todos los semifinalistas han goleado en cuartos, en total 22 goles en unos cuartos de final. Muchos goles hasta para la Copa América.
Las semis son las de los de siempre. Es decir, están todos los grandes del continente americano, Brasil, Argentina, Uruguay y México. No ha habido sorpresas. Las a priori cuatro mejores selecciones de América están donde sus seguidores, la historia, la prensa y los mitos de cada ua les exigían estar. ¿Habrás tantos goles? Ójala.

El espectáculo está servido. Toca trasnochar:

Uruguay - Brasil
Argentina - México


Brasil 6 - 1 Chile / Uruguay 4 - 1 Venezuela:





Argentina 4 - 0 Perú:





México 6 - 0 Paraguay:




Fotos | Univisión

martes, 1 de mayo de 2007

Dulce Condena (Liverpool 1 - 0 Chelsea)


Yo, de pequeño, soñaba con la Copa de Europa. Muy simple, y muy común. El problema es que sigo soñando con ella. Es la competición de mis sueños, tenga 8 años o tenga 50, porque permite soñar, permite soñar despiertos, y sobre todo, permite que nuestros sueños se hagan realidad.

Ninguna otra competición en el mundo es capaz de hacer nuestros sueños realidad. Ese gol, bien de chilena bien tras dejar en el camino a tanto inglés (Victor Hugo Morales dixit) en el último minuto que le da la victoria a tu equipo, es posible en la Champions. El Mundial es otra cosa, es más efervescente pero menos mágico, no encierra tanta mística y tanta espiritualidad como lo pueda hacer la Copa de Europa. Es en esta competición en la que podemos contemplar cómo equipos chocan contra su historia, se crean barreras invisibles, mientras otros se lanzan al estrellato apoyados por su historia y sobre todo por su afición.


Sí, el Chelsea es el primero, y el Liverpool el segundo. El Chelsea se convirtió equipo grande el día que un magnate ruso enriquecido por el petróleo le hizo de oro. Fichajes, clase, calidad y un entrenador serio que es más y sobre todo se cree más que sus estrellas, indispensable para controlar un vestuario que bien podría estar inflado de ego y altanería. No lo está y no es por la mano del portugués.
EL Chelsea tiene una barrera moral, una trampa psicológica que le va a costar mucho quitarse de encima. En 4 años ha llegado tres veces a las semifinales y ha caído en otras tantas. No es cuestión de equipo, ya que el Chelsea tenía mejor equipo en sus tres cruces. Es cuestión de afición, es cuestión de historia, pero sobre todo es cuestión de sueños.

La Copa de Europa se cimienta en los sueños, y los cimientos del Liverpool son los más fuertes de Europa. Leí una vez que los jugadores antiguos del Liverpool creían que The Kop aspiraba los goles. Nunca me lo creí. Me demostraron que era cierto en 2005 y me lo han vuelto a demostrar esta noche.
El Chelsea es un gran equipo ojo, y a base de insistir estoy seguro de que en un futuro ganarán una Copa de Europa, necesitan que su historia les pese, necesitan un The Kop. El Liverpool la tiene.


Llegaban los blues con ventaja a Anfield. La táctica de Mourinho estaba clara, atrás, lo más cerca de Cech posible y salir a la contra con un Drogba que tenía que coger todas. El problema es que Anfield se pegó cantando 20 minutos, minutos en los que el Liverpool se salió.
En defensa, Drogba no se llevó ninguna gracias a un gran Agger y a un buen Carragher en las coberturas, en el medio Gerrard pudo con todos, Mascherano se consagró y Zenden estorbó lo suficiente. Y arriba Kuyt no paró de correr ni Crouch de pelear en vano. El Liverpool dominaba (71% - 29% posesión) y el Chelsea no se encontraba. Tenían un zumbido en la oreja preocupante, la grada, que les atormentó hasta que en el 22' tras jugada ensayada Agger marcó.

Con la eliminatoria igualada, al Chelsea le tocó golpear. Pasó a tener el control del juego, Lampard presente, y a incomodar seriamente la meta de Reina. Drogba primero, Essien (con la espalda) después y finalmente Lampard desde un tiro en la banda izquierda demostraron que el Chelsea no iba a regalar el partido.
Y no lo hicieron, en la segunda parte la superioridad de los londinenses se hizo patente definitivamente aunque no consiguieron tener las mejores oportunidades. Curiosa paradoja, cuando el Liverpool más se ahogaba era cuando más daño hacía. Kuyt al larguero tras impresionante testarazo, y posteriormente Crouch de la misma manera metieron el miedo en el cuerpo de los blues. La cosa quedó en a ver quién era el que más miedo tenía, y en esas circunstancias apareció Xabi Alonso para rescatar un mediocampo que se sostenía gracias al impresionante Mascherano.


Así que los 20 últimos minutos fueron más miedo que otra cosa. Si acaso una ocasión clarisima de Drogba y una más en el último minuto a la que no llegó. Fin. Prórroga, más miedo, más gemelos cargados, más de Essien el magnífico, al que esta noche sólo le ha faltado la capa para volar.
El Liverpool a lo suyo, atrás, pero misterios de la vida, más peligroso que el Chelsea. Lanzó Alonso, paró Cech pero con rebote, llegó Kuyt, marcó y levantó el brazo el linier. ¿Fue? Unos dicen que sí, otros que no. Ahora no importa.
La segunda parte de la prórroga para borrarla del vídeo, normal, demasiado miedo, ambos pactaron unos penaltys que decidirían el finalista.

Y fue el Liverpool. Ganó Anfield, primero y sus jugadores después. Ni cinco minutos de descanso, gargantas afónicas, nervios a flor de piel, uñas acabadas, pero seguían cantando cada vez con más fuerza. Reina se irguió como héroe de Liverpool, paró dos, el Liverpool metió todos.


Está condenado a ser grande en Europa. Al igual que estaba condenada España sin representación en estas semifinales. Saben, a mi no me entristece aunque a muchos sí. No he echado de menos al renqueante Barça, ni al rancio Madrid, ni al especulador Valencia.
Esto es fútbol, en estado puro. Gracias Inglaterra por regalarnos unas semifinales como éstas, no hay nada comparable. Gracias Chelsea, gracias Liverpool por condenarnos sin representación española. Dulce Condena.

Fotos | La Gazzeta dello Sport