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viernes, 4 de marzo de 2011

Competir o desistir

Andrés Pérez | En uno de sus primeros enfrentamientos desde que aterrizara en Madrid, Mourinho acusó al Sporting de no competir ante el Barça. Preciado, por supuesto, reaccionó con sobriedad y elegancia: «Mourinho es un canalla y un mal compañero». Las quejas del portugués rotaban en torno a la falta de competitividad que algunos equipos de la parte baja de la tabla mostraban cuando saltaban al Camp Nou: como si hubieran regalado el partido de antemano. Huelga decir que Mourinho no protestó anoche cuando Pellegrini afirmó que había saltado al Bernabéu sin ánimo alguno de vencer. Su Málaga había perdido por siete goles de diferencia.

La pregunta se planteó al inicio de la temporada y se mantiene vigente aún hoy: ¿es lícito reservar jugadores cuando se visita a un equipo ante el cual las posibilidades de victoria son nulas? En Italia tendrían clara la respuesta. En Inglaterra, posiblemente, también, aunque sería antagónica. En España Mourinho afirmaría ladinamente que sólo en función de los intereses de su equipo. A Guardiola le imaginamos loando las virtudes de la competición y relajando el tono comprometido de la pregunta. En general, hay una verdad soterrada: todos los equipos que se juegan el descenso llegan al Bernabéu o al Camp Nou con el partido perdido.

El sábado es turno del Zaragoza en Barcelona. Veleidades del destino, ya saben, Aguirre acude con jugadores como Pinter, Marco Pérez o Edmilson, desde hace días apartados de las convocatorias del equipo. Es posible que alguno de ellos sea titular. Aguirre habla de vencer en el Camp Nou pero la realidad de fondo es otra: ante la imposibilidad de vencer a las superpotencias, reservar jugadores y no arriesgar a posibles lesiones o percances de otro tipo parece la opción más inteligente. Se cierne la sospecha de la competición adulterada, pero cabe preguntarse si los equipos menos capacitados económicamente no parten de inicio también ante una competición adulterada dadas las diferencias no proporcionales en el apartado de ingresos televisivos. Es un suponer: de mediar menor diferencia económica entre ambos, quizá alguno de estos equipos se dignara a intentarlo.

Hasta entonces, cumplir el trámite, ejercer de comparsa, sale más rentable. Incluso reconocerlo en público, como Pellegrini. Ante lo que Italia o Inglaterra tendrían una respuesta predeterminada y clara, en España simplemente se asume la realidad como si tal. Ni se aplaude ni se combate: se desiste de superar los defectos.

Imagen | El País

jueves, 3 de marzo de 2011

Mourinho: cuando el personaje devora a la persona


Andrés Pérez | José Mourinho perdió los estribos, de verdad, por primera vez en toda la temporada en su última rueda de prensa. Más allá del enfrentamiento verbal con el excelente periodista que siempre ha sido Ladislao Moñino —al que tildó de hipócrita para luego disculparse en la misma rueda de prensa hasta tres veces—, el técnico luso habló de Manuel Pellegrini, su rival en el banquillo hoy, en los siguientes términos:

A mí no me puede pasar lo mismo que le pasó a Pellegrini. ¿Sabe por qué? Porque si el Real Madrid me echa yo no voy a entrenar al Málaga. Si me echan voy a un gran club de Inglaterra o a un gran club de Italia. No tengo ningún problema en volver a entrenar a un gran club.

En aquel momento Mourinho había atravesado la delgada línea que separa el personaje de la persona y había entrado en el terreno del delirio histriónico. El técnico luso ya no cargaba las tintas contra la prensa o la Federación, sus principales focos de arrebatos iracundos más actuados que sentidos, sino que lo hacía contra un técnico inocente ante el cual no se le conocen rencillas personales. Un técnico que, en honor a la verdad, no podría merecer menos tal agravio.

Manuel Pellegrini abandonó el Real Madrid la temporada pasada tras alcanzar la cifra récord de 96 puntos en Liga y dejar un sabor amargo en las dos competiciones coperas —ridículo histórico ante el Alcorcón incluido—. A su alrededor, el diario Marca y personalmente Eduardo Inda, se creó una campaña de acoso y derribo que traspasó los límites del periodismo y la crítica profesional: Inda y su diario cayeron en la más baja de las fórmulas periodísticas, el linchamiento. Todo parecía ser culpa de Pellegrini y todo rotaba en torno a su supuesta soberbia y altivez. Lejos de la realidad alternativa, vergonzosa y amoral que Marca pregonaba, Pellegrini no dejaba de ser el tipo sencillo y pacífico que sigue siendo.

Salió del Madrid por la puerta de atrás pese a contar con el apoyo de la afición y aún hoy se siente en la desdicha de ser criticado amarga y gratuitamente. Su aspecto melancólico y su mirada entristecida por defecto colaboran en la imagen que se puede llegar a tener de él: apaleado y maltratado por la gran bola mediática que supone el Madrid. Precisamente por eso llegan a sorprender y producir mayor repulsa las palabras de Mourinho.

También sumido en la vorágine mediática que crea el entorno del Madrid, Mourinho se ha convertido en el personaje que la prensa llegó a soñar. La persona queda olvidada y sus pequeñas cuitas con los organismos federativos sobrepasan lo justificable y entran en el campo de la sordidez; sus arrebatos sarcásticos no son tan graciosos como verdaderamente ofensivos; y, lo más importante, su equipo no arrolla. Todo ello en el Real Madrid, un club dado a magnificarlo todo. Mourinho ha sido devorado por su personaje y, de no mediar reflexión, comienza una escalada de histerismo que la «imagen» del Madrid no podrá soportar.

Lectura recomendada | Eduardo Inda o la violencia (Más que Fútbol) | Mourinho, blindado y machacado (La Libreta de Van Gaal) | Manolo el del récord (La Libreta de Van Gaal)
Imagen | Heraldo

miércoles, 19 de mayo de 2010

96 puntos

Andrés Pérez | Como es habitual, la normalidad en el Real Madrid no existe. O hay gloria o hay drama, el término medio brilla por su ausencia. A pesar de haber batido el récord de partidos ganados en una Liga de veinte equipos y de haber alcanzado la asombrosa cifra de 96 puntos, no ha sido campeón. Se ha quedado a un mísero punto del Barça. Visto así, su participación en el torneo es inmejorable. Si recordamos que cayó con un Segunda B en la primera ronda de Copa y que el Lyon, un buen equipo pero lejos de la élite europea, le tiró de la Champions, la temporada del Madrid ha sido desastrosa.

Decía que no se puede analizar o que los analistas no tienden a analizar las temporadas o los actos del Madrid de un modo racional. La normalidad es aquel sueño inalcanzable por la imperiosa necesidad de vender periódicos o aumentar la audiencia. La mediatización es tal que allá donde se pregunte habrá dos respuestas posibles: o no somos tan malos, o esto es un desastre; o Pellegrini no es culpable, o Pellegrini ha de marcharse. De ésto último tiene gran parte de culpa Eduardo Inda, del que sobran las palabras por mil y una veces pronunciadas. Sin embargo, y a pesar de lo sacrílego que pueda sonar, la temporada del Madrid ni es perfecta ni es un desastre. Como suele suceder, oscila en un término medio.

Llegó Florentino a le presidencia y desembolsó más de 250 millones de euros para hacer frente al mejor Barça de la historia. La recuperación del Madrid como gran adquisidor de estrellas polarizó un campeonato ya de por sí dividido entre los dos grandes y el resto. Lo que ha sucedido no es ninguna sorpresa: antes de empezar lo que todo el mundo esperaba era esto, dos equipos excesivamente grandes logrando récords inalcanzables para cualquier otro conjunto. Ronaldo, Kaka', Benzema, Albiol, Arbeloa, Granero y Garay. Siete adquisiciones para hacer un equipazo.

El Madrid ha jugado, por momentos, bien. Por momentos lo ha hecho fatídicamente. Hay que entender el contexto de cada situación: normalmente, ha cuajado partidos ofensivamente magníficos frente a equipos alejados de su órbita, esto es, de la parte baja de la tabla; habitualmente, y especialmente en la primera vuelta, se ha visto superado por conjutos de mayor talla. La falta de juego brillante del Madrid no debe ocultar su mérito: ha marcado más goles que nadie, la famosísima pegada. No es el estilo de este Madrid, o no ha sido, el de dominar futbolísticamente al rival, sino, más bien, el de destrozarle en cuanto ha tenido la oportunidad. Sin contemplaciones.

Es un estilo legítimo, pero ha fallado. Ha fallado en los momentos oportunos, en los que definen un campeonato. El Madrid, más allá de sus propios demonios internos, ha sido un conjunto imparable para 18 equipos de Liga. Ha sido regular, ha defendido bien y a pesar de arrastrar carencias notables en el medio campo, ha marcado más de cien goles. Sin embargo cuando tuvo que estar no estuvo: ni en el Camp Nou, ni en el Bernabeú frente al Barça, ni frente al Lyon, ni frente al Alcorcón. Luces, las de una temporada casi perfecta desde el punto de vista numérico; sombras, muy negras, si vamos a los momentos claves, a aquellos que definen una temporada.

No debería volverse loco el Real Madrid, aunque temo que ya lo ha hecho. Pellegrini se irá y considero que es un error: la primera temporada de Riijkard no fue buena, por más brillante segunda vuelta que cuajara. Cae el Madrid de nuevo en el error de pretender imitar al Barça, de pretender obtener seis títulos en un año, en el año de debut de su nuevo y flamante entrenador. Es tarde, Pellegrini está defenestrado. La plantilla necesita de reformas urgentes, pero no sustanciales: un delantero de mayor talla que Higuaín y un tipo que juegue por delante de Xabi Alonso con criterio, además de un extremo.

Obviando al delantero, que podían haber obtenido por cinco millones más el año pasado —Villa, que ahora se va al Barça—, el Madrid tenía lo que necesita: Sneijder y Robben. Se desprendió de ellos, y no está de más recordarles, porque fue el primer y mayor error de Florentino y sus directivos. Ya es tarde. Sin perder la cabeza, porque hay unos cimientos bestiales, el Madrid debería reponerse lejos de los radicalismos. Aunque, en fin, esa ya es la historia de un mundo utópico.

Lectura recomendada | ¿Queremos volver a ser grandes? (Alfonso del Corral en El País)
Imagen | Club Angel Portugués CR | El Espectador

martes, 16 de marzo de 2010

En el momento oportuno

Andrés Pérez | No es Higuaín un futbolista dado a los momentos grandes. Su virtud radica en los dobletes a equipos de liga, en las defensas enquencles. Es muy meritorio marcarle tres goles al Valladolid y acumular 19 tantos en liga, qué duda cabe, pero no es lo mismo que marcar las diferencias en Champions. Higuaín no las marca. No lo ha hecho nunca y tampoco lo hizo frente al Lyon, donde marró dos ocasiones claras y se hinchó de balones que probablemente no le correspondían.

Higuaín al margen, uno de los jugadores hoy por hoy más sobrevalorados, el Madrid se resarció en Valladolid de sus penas. De una temporada oficiosamente fracasada tras el ridículo espantoso e histórico en Copa del Rey y la eliminación justa frente al Lyon en Champions League. No se ha de engañar el aficionado: ganar la Liga es la migaja de un plato que a principio de temporada, por el precio pagado, se antojaba más sabroso. No lo será y no por ello se ha de perder la calma: pienso que Pellegrini debería seguir; precisamente uno de los principales defectos del Madrid durante los últimos años ha sido el vaivén de entrenadores.

Sea como fuere el chileno tiene parte de culpa en lo sucedido. En el hecho de que una inversión multimillonaria haya caído de dos competiciones coperas antes de lo previsto y de malos modos. Es decir, el Lyon se merendó al Madrid en la segunda parte; Puel dio una lección táctica colocando a Kallstrom y a Gonalons apoderándose del medio campo y presionando arriba la salida del balón del Madrid. Sin Xabi Alonso el conjunto blanco se ofuscó, buscó en exceso la velocidad de sus puntas con nulo éxito gracias a la soberbia actuación de Toulalan y perdió el control, en definitiva.

Un gol de Pjanic certificó una muerte previsible al inicio de la segunda parte pero inesperada al término de la primera, cuando el Madrid mereció marcar más de un gol. No lo hizo. Perdonó, y parece mentira que lo hiciera con los jugadores que atesora. Pero está fuera. Alicaído, melancólico y fuera. La desgracia de sus jugadores es que ahora, hagan lo que hagan en Liga, siempre se antojará insuficiente; siempre se cernirá sobre ellos la sombra del fracaso ante el reto de verdad, ante el fútbol de élite, no en Zorrilla.

A Higuaín le sucede algo parecido. Cualquier logro se verá oscurecido por su ofuscamiento en el momento de la verdad. En el momento oportuno Higuaín no aparece, y sin embargo se le sigue esperando. No dudo de su valía si bien pienso que no es tanto como cuentan los escribas, pero debiera reivindicarse en Lyon, en Liverpool, en Milan, en Manchester, si es que el Madrid se propone llegar a Old Trafford algún día; no sirve en Valladolid o en Almería. Allí su gesta es local. Internacional aún no es. Como no lo es este Madrid. En el momento oportuno falla. Y van seis años, de un modo absolutamente inverosímil.

Vía | Más que Fútbol | As | Marca
Imagen | AFP | Citando la actualidad

miércoles, 17 de febrero de 2010

Un mismo periódico, dos realidades muy distintas

Andrés Pérez | Hay días en los que, leyendo prensa deportiva, a uno le entran ganas de crear un periódico aparte y colocar allí a todas las voces sensatas que aún se escuchan en la primera línea de fuego del periodismo deportivo nacional. Ejemplos los hay a patadas más allá del reducto de los blogs, y uno de ellos es Santiago Segurola. Parece increíble pero no, esto se ha escrito en Marca tras la derrota anoche del Real Madrid:

[...] El Madrid decepcionó en Lyon, donde se volvió a utilizar la coartada de costumbre: Pellegrini. Y todo porque utilizó a Mamadou Diarrá en lugar de Lass Diarra, que si no son lo mismo, lo parece. Es decir, se enfoca el problema a través del entrenador y dos jugadores secundarios. Lo son porque acompañan, no porque se les pida que ganen un partido de este calibre. Como mucho, que no lo pierdan.

De ganarlo deberían encargarse las figuras. Para eso se les contrató. Pues no. El mismo equipo –los arbeloas, por definirles de alguna manera- que ha llevado al Madrid hasta aquí, con menos ayuda de la prevista y con un rendimiento magnífico, aparece como responsable del fiasco de Lyon. No se llevaron las portadas cuando lo merecieron y se les pone en duda ahora, en la derrota. Típico del Madrid y su entorno mediático.

Un análisis bastante acertado, por otro lado, de la situación actual del Real Madrid y sus eternos porqués existenciales. Más allá del acierto o no de Segurola a la hora de hablar del Madrid, cabe elogiar su estilo. Su refinada pluma, su prosa de calidad, su inteligencia a la hora de no caer en los forofismos, su mirada crítica.

Su calidad, su talento. Su integridad, vaya. Parece mentira, decíamos, que semejante periodista escriba en un medio como Marca, cuya editorial, hoy mismo, vuelve a ser ese cómputo de gañanismo paleto rancio como pocos. El estilo de quienes a falta de talento funcionan por medio del amarillismo, de la basura adobada en colorines llamativos y titulares provocativos. Esta basura:

[...] El madridismo sueña con un equipo capaz de imponer su estilo en cualquier campo, pero se encuentra con un entrenador empeñado en revolucionar a los suyos en función del rival. Pellegrini se saltó anoche la máxima que dice que si algo va bien no hay que tocarlo. Cambió un bloque que venía funcionando perfectamente para introducir a un buen futbolista como Diarra, pero que carece por completo de ritmo. Si lo hizo porque no confía en que el equipo pueda imponer su fútbol ante el Olympique, mal. Si lo que tuvo fue un ataque de entrenador, peor.

Ambos supuestos llevan a concluir que, seis meses después, El Ingeniero no tiene un plan para el Madrid.

[Para Inda el único culpable de la derrota del Madrid fue Pellegrini]

No es lo que dice, que también: culpar a Pellegrini de la derrota de ayer no es más que la vía de escape que señala Segurola, paradójicamente, en el mismo periódico. Se trata de la enésima vía de escape mediante la cual no se culpará a las estrellas que debían haber aparecido ante un equipo teóricamente inferior.

No, no se trata del fondo en esencia. Se trata de la forma. De ese tufillo reincidente de este periódico a la hora de hablar de Pellegrini, de la forma de expiar todos los males de una deficiente, quizá, gestión administrativa y directiva por medio de la cabeza de turco de Pellegrini. No es lo peor que hemos leído en Marca, convengamos, pero no deja de chocar que junto a la estilosa pluma de Segurola se perpetren artículos como el anteriormente citado. O como éste, de la mano del indescriptible Inda:

[...] Que el Barça ya no es lo que era lo soltó este menda hará cosa de dos meses entre el escándalo de la corrección política imperante y el histerismo del barcelonismo con menos seny. Barcelonismo cascarrabias que, dicho sea de paso, es cuantitativamente hablando una minoría bastante minoritaria.

[...] Pellegrini debe tener claro que ni a Fernando VII se las ponían tan a huevo. Le han regalado la mejor plantilla del mundo-mundial, un calendario que para sí quisiera Pep y el factor Bernabéu. Claro que siempre puede aparecer un Quique que te amargue la fiesta.

En el otro extremo de la galaxia.

[Visto en La Libreta de Van Gaal]


Vía | Marca, La Libreta de Van Gaal, Más que Fútbol
Imagen | La Razón, Marca

viernes, 30 de octubre de 2009

Golpes autoritarios

En un último intento por zanjar el encontronazo con Pellegrini en Alcorcón, Guti apareció en la sala de prensa de Valdebebas para repetir ante todos los medios lo que ya había asegurado a los medios del club: que no hubo falta de respeto al técnico y que su relación con el chileno es "increíble". Un guante que no ha recogido el técnico chileno, que también desmiente el altercado, pero que le ha dejado fuera de la lista para Getafe, a pesar de que el centrocampista está "perfecto para jugar".

Pobre Guti. Un incomprendido, él. ¿Golpe de autoridad de Pellegrini para demostrar que él realmente manda? Si lo necesita tiene un problema.

Vía | El Mundo

miércoles, 28 de octubre de 2009

Un Madrid de vergüenza

Andrés Pérez | Cuatro, four, vier, quatre, quattro, fyra. Repítanlo un millón de veces hasta que consigan creérselo. El Real Madrid perdió anoche por cuatro goles a cero frente al Alcorcón, equipo de Segunda B. Lo hizo de la manera más ruín y patética que se recuerda a un equipo de su nivel, lo cual es aún más sangrante si tenemos en cuenta que ningún equipo, jamás en la historia, había llevado a cabo un desembolso econónimo tan brutal como el Madrid este año. Sé que es redundar en el mismo tema pero no se puede dejar de lado que una plantilla de 250 millones de euros ha sido humillada, laminada y ridiculizada por un humilde conjunto de Segunda B. El Alcorcón, vaya por delante, hizo el partido de su vida frente al Madrid y merece todo el reconocimiento. Más aún, haría bien el Madrid en aprender de su rival copero ya que le dio una lección de cómo se ha de jugar al fútbol de manera sencilla y eficaz. Basta con cierta presión a la línea defensiva del rival, transiciones rápidas y aperturas constantes a la banda con desdoblamientos del lateral. Así se juega al fútbol en el barrio y así se gana a un grande. Pim, pam, pum. Cuatro goles. Que pase el siguiente.

Eso debieron pensar los miles, por escasos, aficionados que anoche abarrotaron el campo Santo Domingo de Alcorcón. Que pase el siguiente. Y no es para menos. El fútbol es de los humildes, ya lo dije una vez, y lo será por siempre. Equipos como el Alcorcón, gestas como la de anoche dan motivos para reconciliarse con un deporte que parecía sin rumbo en este país, dominado por el talón y por la hipocresía, por el poderío de los grandes y el olvido de los más pequeños y débiles. Hechas las correspondientes presentaciones, no cabe ya sino preguntarse qué le sucede al Madrid. Es posible aceptar que pierda de manera decrépita frente a un conjunto que estuvo a su merced. O que se retratara frente a un envalentonado Sevilla. Pero no ya que se humille, que reciba cuatro goles y lo que quedaron en el tintero, por parte de un equipo mediocre de Segunda B. Porque a fin de cuentas es un equipo mediocre, como todos los que batallan por los campos enfanganados de la tercera división española en orden descendente, orgullosos sí, pero mediocres en su calidad respecto a clubes más poderosos.

La goleada de ayer es una herida que quedará abierta por mucho tiempo en el corazón del Madrid. Desconzoco si tras el ridículo copero vendrán tiempos mejores, y se debe suponer ya que más bajo es complicado caer. Sea como fuere el problema del Madrid obedece a varios frentes. Por un lado el de una plantilla descompensada una vez más, con un banquillo no acorde a los cuatro jugadores excelsos que pueblan la plantilla blanca. Por otro, un entrenador que ha sido incapaz, desconozco los motivos, de otorgar de orden y concierto a la táctica del equipo, de dibujar un plan, de aderezar una defensa en teoría sólida y de otorgar cerebro a un ataque exhuberante. En su empeño Pellegrini ha fracasado y como tal debería marcharse, puesto que se admiten derrotas frente a equipos de alta gama pero no ante un club de Segunda B. Cuesta creerlo pero el equipo de los 250 millones de euros es un juguete roto en manos de unos futbolistas apáticos, un entrenador gélido y una directiva altiva e irresponsable.

Los mismos errores del pasado. Un segundo de a bordo, Valdano, de quien dicen que tiene más importancia que el mismo entrenador. Un nuevo equipo bonito diseñado para las mejores ocasiones carcomido por las fraguas internas de los egos en el cuerpo técnico y en la directiva. Sea como fuere, quienes gozan de mayor culpabilidad son los jugadores, porque a fin de cuentas son ellos quienes anoche permitieron a un equipo inferior un baño de proporciones bíblicas. Quedará en el recuerdo, para mal, la gesta que anoche el Alcorcón perpetró con toda la impunidad del mundo, sin resistencia aparente por parte del Madrid. Será un episodio que atormentará durante varios años a un club nacido para la gloria y a unos jugadores que a día de hoy no valen lo que merecen. Sin motivación ni esperanza, el Madrid es un cadáver deportivo. Y es una notivia positiva, en cierto modo, ya que haría bien el aficionado blanco en darse motivos para la alegría, pensar que de ningún modo es posible descender aún más a los infiernos. La Copa ha retratado a un juguete roto. Quizá sea el punto de inflexión para comenzar, ahora sí, una dinámica ascendente acorde a unos futbolistas que no merecen nada, puesto que nada hacen para merecerlo.

Vía | Más que Fútbol, As
Imagen | Marca

miércoles, 26 de noviembre de 2008

20.45, quinta jornada | Heróica bajo la nieve (?)

Andrés Pérez | Bielorrusia, en ruso, significa literalmente Rusia Blanca. Interesante acepción, dirán ustedes. Poco meritoria, alegarán. No les quitaré la razón. No tiene ningún mérito comenzar una crónica tan fácil con un dato tan inverosímil a la hora de hablar de fútbol. Dejando a un lado las metáforas literarias a las que tanto se da Más que Fútbol la frase inicial de este post no deja de ser una obviedad comprobable en cualquier enciclopedia del mundo. En resumidas cuentas, no tiene mérito. Es fácil, es poco original, suena repetitivo. El Real Madrid fue inmensamente superior al BATE Borisov, el mejor equipo de la paupérrima liga bielorrusa, la liga de la blanca Rusia. Resultó tan obvio el partido, resultó tan previsible, tan exigible para el equipo de Schuster que se desarrollara tal y como se desarrolló que ni la excusa del frío sirvió para paliar los últimos diez minutos de dominio bielorruso e incordio en el área madridista. Tan inocente tal incordio como el propio BATE. El dato con el que este post se inicia no tiene mérito. Que el Madrid ganara ayer 0-1 y se clasificara para los octavos de final de la Copa de Europa, tampoco.

Comienzo así, beligerante, porque temo ya los comentarios de los forofos que escriben en periódicos madridistas. Los temo al escuchar la radio y los temo al leer las palabras de Calderón. Me alegro por el pase madridista, de verdad, pero no comparto la visión tan optimista de tal consecución. Afirma Calderón nada más terminar el encuentro que el Madrid ha vuelto a la senda del año pasado, por otro lado la misma que sucumbió ante el Roma. Da igual que la memoria de Calderón sea tan escasa como su habilidad a la hora de frenar sus impulsos y da igual que fuera el BATE Borisov quien estuviera delante. El Madrid jugó bien, trianguló con orden y en defensa no sufrió a excepción de los últimos diez minutos, pero eso no es ningún síntoma de recuperación ya que incluso bajo mínimos es lo único que se podía exigir al equipo de Schuster. Dominar a un invitado en competición europea, a un equipo de cuarta fila cuyo honor intenta sustituir su falta de calidad, normalmente con nulo éxito ante equipos de reputada historia y amplio presupuesto. Dirán que nunca alabo nada de lo que haga el Madrid. Si es así se debe a que al Madrid, por historia, presupuesto y jugadores se le debe exigir más de lo que ofrece. Es más, un 0-1 en Minsk me parece parco. Burdo. Aburrido. Mediocre.

Repito que el partido fue bueno por parte del Madrid. Guti y Sneijder manejaron a su antojo a un centro del campo de la blanca Rusia tan desorganizado como falto de calidad y entrenamiento táctico, y a partir de ahí el camino estuvo despejado más allá de la nieve que lo rodeaba. Más aún tras el gol de Raúl, el enésimo en competición europea, que despejó cualquier duda por si alguien creía que el BATE tenía recursos suficientes como para poner en aprietos al Real Madrid. El equipo de Schuster salió concentrado, sabedor de sus posibilidades y de sus responsabilidades, y no falló. No tiene más mérito que el de cumplir la obligación de ser superior cuando tu propia idiosincrasia te obliga a serlo. A pesar de que el Madrid siempre fue mejor, a pesar de que las escasas internadas en el área de Casillas nunca depararan un disparo a puerta del rival, a pesar de la solvencia de Pepe atrás, si hay algo achacable al partido de ayer fue la falta latente de un delantero que, a la hora de la verdad, saque las castañas del fuego. La hora de la verdad entendida, claro está, como la hora en la que ganar deja de ser una obligación y se convierte en un auténtico logro. Hablo de los cuartos de final, de las semifinales, allí donde Raúl tiene que resucitar realmente, allí donde Heinze debe despertar, allí donde Guti debe tener los galones que jamás ha tenido ante las citas importantes.

Con todo esto no pretendo criticar al Madrid de anoche, sino a toda la parafernalia que rodea a los púlpitos madridistas cada vez que el equipo vence en Europa y a lo sumo Raúl consigue marcar un gol. El Madrid tiene síntomas de mejora evidente como supone la llegada de Sneijder y Pepe, pero se plantean serias dudas ante la escasez de delanteros que suplan con garantías a Van Nistelrooy e Higuaín. Una lesión del segundo más la ya conocida del primero han deparado un balance desolador: a pesar del tanto de Raúl el Madrid ha desaprovechado de manera lamentable como mínimo tres contraataques claramente aprovechables. La delantera sin los dos delanteros anteriormente citados no da la talla. A pesar de las machadas de Raúl. amén del esfuerzo por dejarse notar de Saviola. Queda por ver qué sucedera cuando el mal llamado Tourmalet de la Liga le llegue o el rival de octavos en Europa sea conocido. Entonces se calibrará de nuevo el nivel del Madrid. Entonces tocará aplaudir si vence, entonces tocará venerar a Raúl si desencaja partidos, será entonces cuando me rinda ante el criterio de Guti y el acierto táctico de Schuster por así decirlo. Pero hasta entonces permitan que no considere las victorias ante el BATE Borisov y el Recreativo dos consecuciones dignas de ser alabadas.

Dejando a un lado el Madrid, el Villarreal empató de nuevo a cero ante el Manchester. Van cuatro. Muy meritorio a pesar de la sensación agridulce que el partido pueda dejar en el aficionado castellonense, acostumbrado últimamente al éxito sin paliativos de su equipo. Es un éxito que un equipo como el Villarreal en cuatro partidos no conceda un sólo gol al Manchester United, tricampeón de la Copa de Europa y el club con más dinero no externo del mundo. Historia pura frente a futuro, y el Villarreal lo ha sabido llevar, lo ha sabido aguantar, lo ha sabido superar. El empate debe saber a victoria, no debemos olvidar quién es el Villarreal -el quién será es más atractivo, pero el futuro siempre está por llegar, a pesar de lo redundante que esto suene- y quién estaba enfrente. El vigente campeón. La victoria en la última jornada ante el Celtic le da el pase al equipo de Pellegrini y un buen partido, a secas, debería bastar para pasar a la siguiente ronda. De hecho ya lo consiguió en Escocia el año de Riquelme. Aunque fue con Forlán y ante el Rangers.

Vía | As, Marca, Más que Fútbol, Wikipedia
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008