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miércoles, 25 de mayo de 2011
Profesionalidad y compromiso por bandera
Víctor Úcar | Hay equipos que cuentan con jugadores capaces de resolver un partido. Otros logran victorias gracias a un fantástico trabajo de estrategia. Y unos pocos consiguen formar un bloque compacto que gana los encuentros jugando de memoria. Sin embargo, aunque los objetivos de una plantilla sean ambiciosos —ganar títulos— o limitados —la permanencia en la élite—, hay dos cuestiones que un vestuario tiene la obligación de reunir si quiere cumplir sus metas: la profesionalidad y el compromiso. Un equipo puede tener más o menos calidad, puede contar con jugadores más o menos talentosos, puede congregar un presupuesto más o menos modesto, pero que el bloque se esfuerce al máximo y demuestre una entrega al cien por cien sobre el terreno de juego es algo que no debe cuestionarse.
En este sentido, aunque podemos recriminar y señalar muchas cuestiones negativas del Real Zaragoza 2010-2011, sería muy injusto no reconocer el esfuerzo que han hecho los profesionales que han conformado el equipo este año para lograr la salvación. Y es cierto, seguramente esta temporada hemos contemplado una de las plantillas zaragocistas con menor calidad de los últimos años, un equipo sin un referente ofensivo capaz de solventar los partidos con sus goles, una zaga lenta, insegura e incapaz de cerrar el grifo durante gran parte de la campaña, o un fondo de armario que ha sobrepasado los límites de la escasez futbolística. Sin embargo, si hay algo que los jugadores de este Real Zaragoza han sabido demostrar sobre el césped ha sido una profesionalidad intachable y un compromiso admirable. Es por eso que el mérito de la permanencia les pertenece exclusivamente a ellos. Bueno, a ellos y a su magnífico director de orquesta: Javier Aguirre.
El técnico mexicano arribó a la capital aragonesa a mediados del mes de noviembre para sustituir al tándem Gay-Nayim y bajo la vitola de ser un entrenador-psicólogo, capaz de levantar el ánimo de una plantilla que en algo más de dos meses se encontraba más cerca de segunda división que de la propia Liga BBVA —solo una victoria y siete puntos en 11 jornadas—. El reto no era nada sencillo, y la confección final de la plantilla tampoco invitaba al optimismo. Tan solo un cambio de dinámica y varios refuerzos invernales aparecían en el horizonte como lejanas soluciones, aunque muy poco convincentes. Además, con Aguirre ejerciendo ya en el cargo, los resultados no mejoraron antes de las navidades: tres puntos en cinco encuentros. El conjunto zaragocista continuaba como colista. La Segunda División parecía todo un hecho.
Sin embargo, con la llegada del nuevo año, el Real Zaragoza sufrió una agradable transformación. Aparentemente, nada que ver tuvieron en ella los dos fichajes invernales —N’Daw apenas ha jugado con la elástica blanquilla y Da Silva, aunque ha sido muy importante en el tramo final, no apareció en escena hasta que Contini cayó lesionado en el mes de abril—, aunque como dijo el técnico mexicano, «todo lo que viene suma para el equipo». Pero sí que cambio la suerte, y con ello la dinámica del grupo: cuatro victorias en cinco choques resucitaron al Zaragoza en un mes de enero milagroso. La salvación seguía siendo difícil, pero ya no resultaba una quimera. La victoria ante la Real Sociedad en la jornada 17 había marcado el punto de inflexión blanquillo, por lo que a partir de ahí la permanencia que había que gestar en la segunda vuelta pasaba por seguir creando de La Romareda un fortín y rascar algún punto fuera de casa.
La fortaleza casera se construyó a base de regularidad —ocho victorias y un empate en los 12 encuentros que se han disputado desde enero de 2011—, pero la hazaña visitante solo tuvo un espejismo de mejora en la jornada 20 con la victoria en La Rosaleda por 1-2 ante un rival directo como el Málaga. Desde entonces hasta el final de temporada un empate en Gijón fue el único botín de los de Aguirre, que acumularon hasta cuatro derrotas consecutivas a domicilio. Sin embargo, en el mejor escenario posible, durante último fin de semana de abril, el Real Zaragoza conseguía una victoria épica ante el Real Madrid (2-3) que le daba prácticamente la permanencia. Tras ese histórico resultado en la capital española, ganando sus dos últimos compromisos locales el club se agarraba a Primera. Pero después de una temporada sufriendo desde la jornada número uno, el equipo maño no iba a permitir que su afición respirase tranquila las últimas jornadas. Una derrota inesperada en La Romareda —que colgó el cartel de no hay billetes— frente a Osasuna y otra desafortunada y a última hora en San Sebastián volvían a meter al equipo en descenso y sin margen de error para atar la permanencia.
Pero si algo ha caracterizado a esta plantilla a lo largo de todo el año es que cuanta más presión y más cerca se encuentra la soga del cuello mejor rinde el colectivo. Y así se demostró en las dos últimas jornadas, concebidas como auténticas finales de copa. La penúltima final se jugó en La Romareda ante el Espanyol, y el equipo, arropado en todo momento por su afición, dio la cara y consiguió los tres puntos que necesitaba para llegar con vida a la última jornada. ¿Quién iba a imaginar que el equipo dependería de sí mismo para salvarse en la jornada 38? Lo cierto es que en navidades era absolutamente inimaginable, pero desde enero se empezó a observar que el compromiso y la profesionalidad de la plantilla podían ser suficientes para lograrlo. Y en esas circunstancias llegó la última y decisiva jornada de la liga. No había más. La derrota condenaba al equipo al infierno de la segunda división; el empate hacía depender del resto de equipos implicados; y la victoria aseguraba la permanencia matemática. Solo había por tanto un único camino a seguir: ganar al Levante —ya salvado— en el Ciudad de Valencia.
Y la afición no estaba dispuesta a perdérselo. En el momento más difícil del Real Zaragoza como institución, más de 10.000 zaragocistas decidieron arropar a su equipo lejos de La Romareda para demostrar su plena confianza en los jugadores. Sin duda, ellos no podían fallar. Se lo debían a la afición. Por eso, de nuevo en una situación de máxima tensión, los jugadores del Real Zaragoza volvieron a responder con otra victoria vital, la última de todas, la definitiva. La permanencia era ya un hecho, pero representaba también un éxito. Y todo ello a pesar de la crítica situación económica del club, de su grave crisis institucional y de su pésima gestión deportiva veraniega. Todo ello a pesar de vivir en un eterno escenario de tensión y presión salpicado por los impagos de Agapito Iglesias, golpeado por las denuncias recibidas de otros clubes nacionales y europeos y ocasionado por estar jugando finales desde las primeras jornadas de liga. Pero todo ello gracias a un excelente ejercicio de compromiso y profesionalidad que podríamos simbolizar en los jugadores más determinantes de la temporada —Gabi y Ponzio—, pero trasladable al resto de la plantilla y a su cuerpo técnico. Sin lugar a dudas, un gran ejemplo a seguir en el futuro.
En MQF | El drama aparca en Riazor
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Víctor Úcar
lunes, 28 de febrero de 2011
Aquellos maravillosos marrulleros
Andrés Pérez | No le será ajeno a cualquier delantero que se desempeñe en España el concepto del central marrullero. Se trata de una especie de defensor abundante en los terrenos de juego nacionales a cualquier nivel, ya sea en cadetes, juveniles o senior. Bordeando el estrecho borde legal que separa lo permisible de lo inaccesible, se muestran altivos y marcan su territorio a base de amedrentar al delantero rival. Sutilmente: una breve tarjeta de bienvenida en forma de zancadilla de espaldas al árbitro, un empujón leve e inocente en un córner, cierto codo sobrevolando la testa del rival, formas variadas de provocación verbal, etcétera. Se pueden hacer una idea.
Es, de largo, el defensa más odioso y odiado. A falta de virtudes que exasperen al delantero dadas sus innatas dotes al corte o en la anticipación, el central marrullero se fortifica bajo un manto de violencia intuida. Intimidación, en suma. Insoportable, desde luego, puesto que basa su talento en una fuerza nada relacionada con el deporte o el talento. A David Navarro, defensa central del Valencia que en los dos últimos años ha encontrado el sitio en la zaga levantina que jamás pudo encontrar en tiempos anteriores y que pasó a la fama por uno de los actos más cobardes que se recuerdan en un campo de fútbol, se le acusa ahora de ejercitar las nobles artes del defensa marrullero.
En Italia, por descontado, a David Navarro se le aplaudiría la gracia como se le ha aplaudido en innumerables ocasiones a Gattuso o Materazzi, auténticos genios del arte de la intimidación. Navarro, ayer domingo en casa del Athletic de Bilbao, mostró su mejor repertorio en un salto con Fernando Llorente: ante la imposibilidad de ganarle en el juego aéreo decidió sacar a pasear un codo, impactando en la testa del delantero riojano para, posteriormente, fingir un choque casual, lances del juego, cosas veredes amigo Sancho. Tanto Llorente como Navarro terminaron el partido con una amarilla, para indignación del delantero y de Javi Martínez, centrocampista que previamente había terminado sangrando tras cruzarse en el camino de Navarro.
La acción de Navarro ha causado la reacción de Llorente, harto, dice, de este tipo de ejemplares defensivos. Navarro es el último en llegar, huelga decir, a una larga y reciente lista de tipos admirablemente odiosos, aquellos que hicieron de la tarea defensiva un arte alejado del fútbol. Ahí van unos cuantos nombres que bien les sonarán a todos: David Albelda, Rubén Baraja, Carlos Marchena, Javi Navarro, Gabriel Heinze, Pablo Alfaro, Matteo Contini, el ya citado Marco Materazzi, Lúcio, y unos cuanto centrocampistas dignos de este ránking. Son aquellos maravillosos marrulleros, leyenda indeleble del fútbol pasado y futuro.
Ante la actitud de David Navarro & cía el árbitro poco puede hacer, en realidad. Es arte puesto que la maestría de bordear el filo de la ley y en pocas ocasiones ser castigado no merece otro calificativo. El árbitro se extralimitaría en sus funciones penalizando un comentario o un laxo empujón. La solución es la misma que a tantos otros males inextirpables, en apariencia, del fútbol: una educación de base que apueste a partes iguales por el deporte, el respeto y la competitividad. Algo inalcanzable a día de hoy a juzgar por el ambiente de cualquier partido entre equipos juveniles de su ciudad más cercana.
Imagen | RTVE.es
Es, de largo, el defensa más odioso y odiado. A falta de virtudes que exasperen al delantero dadas sus innatas dotes al corte o en la anticipación, el central marrullero se fortifica bajo un manto de violencia intuida. Intimidación, en suma. Insoportable, desde luego, puesto que basa su talento en una fuerza nada relacionada con el deporte o el talento. A David Navarro, defensa central del Valencia que en los dos últimos años ha encontrado el sitio en la zaga levantina que jamás pudo encontrar en tiempos anteriores y que pasó a la fama por uno de los actos más cobardes que se recuerdan en un campo de fútbol, se le acusa ahora de ejercitar las nobles artes del defensa marrullero.
En Italia, por descontado, a David Navarro se le aplaudiría la gracia como se le ha aplaudido en innumerables ocasiones a Gattuso o Materazzi, auténticos genios del arte de la intimidación. Navarro, ayer domingo en casa del Athletic de Bilbao, mostró su mejor repertorio en un salto con Fernando Llorente: ante la imposibilidad de ganarle en el juego aéreo decidió sacar a pasear un codo, impactando en la testa del delantero riojano para, posteriormente, fingir un choque casual, lances del juego, cosas veredes amigo Sancho. Tanto Llorente como Navarro terminaron el partido con una amarilla, para indignación del delantero y de Javi Martínez, centrocampista que previamente había terminado sangrando tras cruzarse en el camino de Navarro.
La acción de Navarro ha causado la reacción de Llorente, harto, dice, de este tipo de ejemplares defensivos. Navarro es el último en llegar, huelga decir, a una larga y reciente lista de tipos admirablemente odiosos, aquellos que hicieron de la tarea defensiva un arte alejado del fútbol. Ahí van unos cuantos nombres que bien les sonarán a todos: David Albelda, Rubén Baraja, Carlos Marchena, Javi Navarro, Gabriel Heinze, Pablo Alfaro, Matteo Contini, el ya citado Marco Materazzi, Lúcio, y unos cuanto centrocampistas dignos de este ránking. Son aquellos maravillosos marrulleros, leyenda indeleble del fútbol pasado y futuro.
Ante la actitud de David Navarro & cía el árbitro poco puede hacer, en realidad. Es arte puesto que la maestría de bordear el filo de la ley y en pocas ocasiones ser castigado no merece otro calificativo. El árbitro se extralimitaría en sus funciones penalizando un comentario o un laxo empujón. La solución es la misma que a tantos otros males inextirpables, en apariencia, del fútbol: una educación de base que apueste a partes iguales por el deporte, el respeto y la competitividad. Algo inalcanzable a día de hoy a juzgar por el ambiente de cualquier partido entre equipos juveniles de su ciudad más cercana.
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miércoles, 1 de septiembre de 2010
Real Zaragoza, sobre el papel
Andrés Pérez | Por descontado, la situación es, será y jamás dejó de ser absolutamente catastrófica. Es decir, probablemente eso leerán en cualquier medio especializado del entorno del Real Zaragoza, conjunto dado al extremismo más fatal y reacio al optimismo o, directamente, a la valoración de aspectos positivos y negativos. La exageración, en cualquier caso, inmutable a lo largo de los años, para mal, siempre, tiene su base científica: a nivel económico la situación es francamente precaria y el presidente de la entidad ha tenido que lanzar un plan de ajuste presupuestario de aquí a ocho años para que el club no se vaya al garete; a nivel deportivo la plantilla es corta ya que son diecisiete los jugadores que lucharán por no descender, esto es, por la salvación, lejos de las aspiraciones de tiempos pretéritos en los que el Zaragoza optaba a la UEFA o a una Copa del Rey.
En efecto, lo han deducido correctamente, el Real Zaragoza es hoy un conjunto de mitad de tabla hacia abajo y por lo visto en el último día de mercado europeo lo seguirá siendo mucho tiempo. La realidad es esa. No se puede aspirar más que a la salvación y creer o querer creer que la situación debe y será reversible a corto plazo es una temeridad peligrosa ya que conduce al desencanto, y, por ende, a una ira irracional alejada de cualquier pensamiento crítico. El Real Zaragoza es hoy un conjunto que a nivel económico y deportivo lucha por mantener la categoría. Es doloroso pero es lo que hay. Analicemos pues, al Real Zaragoza, desde ese punto de vista y no desde el que nosotros creyéramos que debiera ser, puesto que no deja de ser un condicional y no una realidad.
La dirección deportiva ha actuado de forma nefasta, claro. Leerán eso y, de hecho, es el calificativo más adecuado. La misma dirección deportiva que el invierno pasado fue capaz de reconstruir un equipo, asearlo, y salvarlo de un descenso que ya había asumido cada rincón del zaragocismo, esa misma, ha sido incapaz de cerrar una mísera cesión o un triste traspaso de poca monta en la última jornada del mercado de fichajes. Sonó Rosenberg y se fue al Racing. Lo mismo sucedió con Waldo Ponce. Parecía Romaric la respuesta pero se quedó en Sevilla. Hablaron de Mario Bermejo y..., en fin, ahí sigue, en Xerez. El Zaragoza no ha contratado nada para suplir ninguno de los puestos en los que anda escaso de recursos, a saber: defensa y delantera.
No hay delantero referencia sobre el papel. El neoprofesional Marco Pérez apunta maneras pero apenas alcanza la veintena de edad; Sinama Pongolle lleva varios años extraviado para el fútbol; Braulio es un jugador que no ha dado la talla. Sobre el papel, insisto: Marco Pérez demuestra calidad y quién sabe si su rendimiento será ascendente y no anodino; Sinama Pongolle fue capaz hace años de hacer del Recreativo de Huelva un equipo interesante. Es decir, como la capacidad de adivinar el futuro parece reservada para un par de iluminados, curiosamente siempre los mismos, lo lógico es decir, eh, oigan, quién sabe.
Y, en defensa, el asunto clama al cielo: el Zaragoza cuenta con dos centrales y dos mediocentros defensivos lentos capaces de desempeñarse en esa posición. A pesar de ello y de tener a Laguardia lesionado, se ha desprendido de tres centrales para esta temporada. Especialmente sangrante es el asunto de Goni, que se largó ayer al Castilla cedido como si sobrara. ¿Los pros? Diogo, Jarosik, Contini y Obradovic es, probablemente, la mejor, sobre el papel, línea defensiva de los equipos que luchan por descender. Nos encontramos de nuevo ante una dirección deportiva caótica pero ante una realidad práctica que es cuanto menos esperanzadora habida cuenta de su rendimiento durante la segunda vuelta del año anterior.
Sucede que en el Zaragoza se mezcla todo, no se marcan los límites de la culpabilidad y el aficionado termina hecho un manojo de indignación en el que no sabe diferenciar al culpable de la víctima. Llegado a ese punto, cualquier jugador se veá imbuido en una espiral destructiva de la que no podrá salir. Llegados a ese punto, los aficionados reclamarán al presidente de turno una explicación coherente de porqué este año tampoco se ha ganado la Copa del Rey.
Lo que hoy es un clamor contra Herrera y Agapito, mañana serán insultos o calificativos poco simpáticos hacia Gay. "Es un inútil", dirán, cuando el día de antes echaban pestes de la dirección deportiva y asumían que efectivamente la plantilla era corta e insuficiente. En cualquier caso la realidad, como siempre, anda en un término medio. Se trata de una conclusión tibia: con una directiva incompetente, a pesar de todo, el Zaragoza tiene un equipo capaz de mantener la categoría. Sobre el papel, claro, como siempre, si las lesiones no lo machacan como vienen haciéndolo.
No, el presente no es un pozo negro de frustración. Eso es el Celta. Oirán cantos de cisnes que llaman a la revolución, como si hubiera un líder al que seguir, una solución a lo existente, como si en vez de por medio del dinero el dueño del club lo fuera por sangre, como si de sentimientos se pudiera financiar una entidad, como si de un cambio fuera posible. Hagan caso omiso. Acudan al campo. Observen. Sigan observando. Oberven más. Reflexionen. Saquen sus conclusiones. Animen. Sigan animando. No decaigan en su empeño. Y, cuando el Zaragoza esté este año en Segunda, esperemos que no, entonces, vuelvan aquí y llámenme de todo. Pero sólo hasta entonces, hagan el favor.
Lectura recomendada | Imposible convencer a nadie (Heraldo de Aragón)
Imagen | Heraldo | El Zaragoza.com
En efecto, lo han deducido correctamente, el Real Zaragoza es hoy un conjunto de mitad de tabla hacia abajo y por lo visto en el último día de mercado europeo lo seguirá siendo mucho tiempo. La realidad es esa. No se puede aspirar más que a la salvación y creer o querer creer que la situación debe y será reversible a corto plazo es una temeridad peligrosa ya que conduce al desencanto, y, por ende, a una ira irracional alejada de cualquier pensamiento crítico. El Real Zaragoza es hoy un conjunto que a nivel económico y deportivo lucha por mantener la categoría. Es doloroso pero es lo que hay. Analicemos pues, al Real Zaragoza, desde ese punto de vista y no desde el que nosotros creyéramos que debiera ser, puesto que no deja de ser un condicional y no una realidad.
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| Romaric, uno de tantos que finalmente no llegó. |
No hay delantero referencia sobre el papel. El neoprofesional Marco Pérez apunta maneras pero apenas alcanza la veintena de edad; Sinama Pongolle lleva varios años extraviado para el fútbol; Braulio es un jugador que no ha dado la talla. Sobre el papel, insisto: Marco Pérez demuestra calidad y quién sabe si su rendimiento será ascendente y no anodino; Sinama Pongolle fue capaz hace años de hacer del Recreativo de Huelva un equipo interesante. Es decir, como la capacidad de adivinar el futuro parece reservada para un par de iluminados, curiosamente siempre los mismos, lo lógico es decir, eh, oigan, quién sabe.
Y, en defensa, el asunto clama al cielo: el Zaragoza cuenta con dos centrales y dos mediocentros defensivos lentos capaces de desempeñarse en esa posición. A pesar de ello y de tener a Laguardia lesionado, se ha desprendido de tres centrales para esta temporada. Especialmente sangrante es el asunto de Goni, que se largó ayer al Castilla cedido como si sobrara. ¿Los pros? Diogo, Jarosik, Contini y Obradovic es, probablemente, la mejor, sobre el papel, línea defensiva de los equipos que luchan por descender. Nos encontramos de nuevo ante una dirección deportiva caótica pero ante una realidad práctica que es cuanto menos esperanzadora habida cuenta de su rendimiento durante la segunda vuelta del año anterior.
Sucede que en el Zaragoza se mezcla todo, no se marcan los límites de la culpabilidad y el aficionado termina hecho un manojo de indignación en el que no sabe diferenciar al culpable de la víctima. Llegado a ese punto, cualquier jugador se veá imbuido en una espiral destructiva de la que no podrá salir. Llegados a ese punto, los aficionados reclamarán al presidente de turno una explicación coherente de porqué este año tampoco se ha ganado la Copa del Rey.
Lo que hoy es un clamor contra Herrera y Agapito, mañana serán insultos o calificativos poco simpáticos hacia Gay. "Es un inútil", dirán, cuando el día de antes echaban pestes de la dirección deportiva y asumían que efectivamente la plantilla era corta e insuficiente. En cualquier caso la realidad, como siempre, anda en un término medio. Se trata de una conclusión tibia: con una directiva incompetente, a pesar de todo, el Zaragoza tiene un equipo capaz de mantener la categoría. Sobre el papel, claro, como siempre, si las lesiones no lo machacan como vienen haciéndolo.
No, el presente no es un pozo negro de frustración. Eso es el Celta. Oirán cantos de cisnes que llaman a la revolución, como si hubiera un líder al que seguir, una solución a lo existente, como si en vez de por medio del dinero el dueño del club lo fuera por sangre, como si de sentimientos se pudiera financiar una entidad, como si de un cambio fuera posible. Hagan caso omiso. Acudan al campo. Observen. Sigan observando. Oberven más. Reflexionen. Saquen sus conclusiones. Animen. Sigan animando. No decaigan en su empeño. Y, cuando el Zaragoza esté este año en Segunda, esperemos que no, entonces, vuelvan aquí y llámenme de todo. Pero sólo hasta entonces, hagan el favor.
Lectura recomendada | Imposible convencer a nadie (Heraldo de Aragón)
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domingo, 25 de abril de 2010
El Ministerio de la Muerte

Andrés Pérez | Cuidado.
Si pasean ustedes por Zaragoza anden con ojo. Hay un grupúsculo de once personas cuyo oficio es deshollar seres vivos. Si les ven, cámbiense de acera. Corran. Huyan. Llamen a la policía. O al Equipo A. Pero jamás, repito, jamás, se acerquen a ellos. Son máquinas preparadas para la aniquilación.
¿Creen que exagero? Ese no soy yo. Repasando la prensa deportiva de hoy uno imagina que en el vestuario del Zaragoza no reparten botas, sino navajas. Al parecer, el partido de ayer en el que el Madrid salió victorioso, se asemejó a la batalla de Kursk, con once futbolistas vestidos de blanco representando al Ministerio de la Muerte. Contini y Eliseu los señalados. El resto, cómplices —la negrita es mía—:
Lo cuenta Jesús Sámano en El País, en la habitualmente brillante sección de deportes. La crónica del redactor del diario de Prisa del encuentro de anoche no destaca precisamente por su calidad, ya que parece más bien un parte de guerra en el cual el enemigo masacró sin piedad. Ya saben, cabezas rodando y piernas a modo de bayonetas. "Por mucho que Undiano propiciara la barra libre", y un jugador del Madrid murió en el terreno de juego.
Violencia, sangre, sudor, lágrimas, morbo, ventas.
Ese es un titular de la web de As. A lo citado, le falta añadir un contundente "y merecen ir todos a la cárcel". Sería el perfecto colofón. Es el Zaragoza un equipo indudablemente violento a tenor de lo leído tras el encuentro frente al Madrid y el Atlético, donde Reyes rozó la mutilación pero Ander Herrera sufrió los conocidos lances del juego.
Ayer también. No se lee gran cosa de las reiteradas faltas de Xabi Alonso al canterano ni, para qué narices contarlo, la clamorosa agresión cobarde de Sergio Ramos, ese buen central de cabeza alborotada. Tras el lamentable codazo de Contini a Higuaín, el teatro exagerado del argentino a falta de argumentos futbolísticos mejores y la consiguiente y justa expulsión, las cámaras captan a Herrera volando entre la trifulca.
La respuesta se encuentra en Sergio Ramos. Su acción, sin embargo, no queda recogida en ningún medio observado por este blog hasta la fecha. Se ve que es la justa represalia ante la barbarie perpetrada por el Zaragoza, ese conjunto de hombres sacados de La Naranja Mecánica. Pongan música de Beethoven al partido de ayer. Seguro que así la dramatización es completa.
P.D.
Y de regalo, aquí tienen una recreación bastante fidedigna de la charla previa al partido de José Aurelio Gay a sus jugadores.
Imagen | Qué
Si pasean ustedes por Zaragoza anden con ojo. Hay un grupúsculo de once personas cuyo oficio es deshollar seres vivos. Si les ven, cámbiense de acera. Corran. Huyan. Llamen a la policía. O al Equipo A. Pero jamás, repito, jamás, se acerquen a ellos. Son máquinas preparadas para la aniquilación.
¿Creen que exagero? Ese no soy yo. Repasando la prensa deportiva de hoy uno imagina que en el vestuario del Zaragoza no reparten botas, sino navajas. Al parecer, el partido de ayer en el que el Madrid salió victorioso, se asemejó a la batalla de Kursk, con once futbolistas vestidos de blanco representando al Ministerio de la Muerte. Contini y Eliseu los señalados. El resto, cómplices —la negrita es mía—:
Nunca le importó la de Casillas, acomplejado como estuvo toda la noche, sólo gallardo para el cuerpo a cuerpo. Por si fuera poco, perdió a Suazo, con el hombro derecho tendido hasta por tres veces. Poco más tiene el Zaragoza, por mucho que se remendara en el mercado invernal. Al equipo le falta un guión, carece de genética y algunos de los recién llegados necesitan un diván. Eliseu, por ejemplo, al que el árbitro consintió su particularísimo combate pugilístico. Con Contini no le quedó más remedio. Su codazo a Higuaín fue un navajazo sin sentido para su equipo, por mucho que Undiano propiciara la barra libre.
Lo cuenta Jesús Sámano en El País, en la habitualmente brillante sección de deportes. La crónica del redactor del diario de Prisa del encuentro de anoche no destaca precisamente por su calidad, ya que parece más bien un parte de guerra en el cual el enemigo masacró sin piedad. Ya saben, cabezas rodando y piernas a modo de bayonetas. "Por mucho que Undiano propiciara la barra libre", y un jugador del Madrid murió en el terreno de juego.
Violencia, sangre, sudor, lágrimas, morbo, ventas.
Undiano no pitó un penalti a Higuaín, perdonó la expulsión a Eliseu y retardó la de Contini
Ese es un titular de la web de As. A lo citado, le falta añadir un contundente "y merecen ir todos a la cárcel". Sería el perfecto colofón. Es el Zaragoza un equipo indudablemente violento a tenor de lo leído tras el encuentro frente al Madrid y el Atlético, donde Reyes rozó la mutilación pero Ander Herrera sufrió los conocidos lances del juego.Ayer también. No se lee gran cosa de las reiteradas faltas de Xabi Alonso al canterano ni, para qué narices contarlo, la clamorosa agresión cobarde de Sergio Ramos, ese buen central de cabeza alborotada. Tras el lamentable codazo de Contini a Higuaín, el teatro exagerado del argentino a falta de argumentos futbolísticos mejores y la consiguiente y justa expulsión, las cámaras captan a Herrera volando entre la trifulca.
La respuesta se encuentra en Sergio Ramos. Su acción, sin embargo, no queda recogida en ningún medio observado por este blog hasta la fecha. Se ve que es la justa represalia ante la barbarie perpetrada por el Zaragoza, ese conjunto de hombres sacados de La Naranja Mecánica. Pongan música de Beethoven al partido de ayer. Seguro que así la dramatización es completa.
P.D.
Y de regalo, aquí tienen una recreación bastante fidedigna de la charla previa al partido de José Aurelio Gay a sus jugadores.
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