Mostrando las entradas con la etiqueta Manchester City. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Manchester City. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de mayo de 2011

Manchester es una fiesta


Andrés Pérez | Hubo un tiempo, durante la década de los ochenta, en el que a los aficionados del United y el City, ambos equipos de Manchester, no tenían gran cosa que celebrar. Los equipos más allá del Mersey, Liverpool y Everton, se repartían, con más fortuna para los reds que para los toffies, la práctica totalidad de los títulos ligueros. Así, en Manchester, lejos de las mieles del éxito deportivo, se consolaban en discotecas maravillosas donde grupos de todo tipo y condición hacían historia sin saberlo, probablemente más ocupados en experimentar con todas las drogas de diseño que les fuera posible. Joy Division había muerto con Ian Curtis y su trágica concepción de la existencia humana se había transformado en New Order, un hedonista grupo de post-punk que creció y creció junto a Tony Wilson y a un garito ya legendario llamado The Haçienda, centro neurálgico de todo lo que sucedería en Manchester durante los años posteriores.

Manchester era una fiesta. La producción musical de aquellos años, a falta de cosas mejores de las que presumir en los terrenos de juego, fue sencillamente abrumadora: New Order, Happy Mondays, The Smiths, The Stone Roses o Inspiral Carpets entre otros muchos dan fe de ello. Pero, como todo en la vida, aquel desmadre continuado que debía ser la ciudad mancuniana en los ochenta terminó por irse al garete, surgió el grunge, todo el mundo comenzó a girar la cabeza en dirección hacia la deprimente Seattle de principios de los noventa y hasta que un par de paletos apellidados Gallagher decidieron perpetrar esa obra magna de la última década del siglo XX llamada Definitely Maybe nadie volvió a preguntarse por aquella ciudad del norte, rica e industrial que no destacaba por absolutamente nada.

Por nada excepto por un equipo que, tras la resaca permanente en la que se instaló el Liverpool, comenzaba, de la mano de un tal Alex Ferguson, a llevarse títulos a espuertas. Y así hasta la decimonovena liga del pasado fin de semana, campeonato que deja en solitario al Manchester United como equipo que más veces ha ganado la Liga en Inglaterra. Armando menos ruido y con una trayectoria neonata en lo tocante a la consecución de títulos, el City, casi al mismo tiempo con un gol del intratable Touré Yayá, levantaba la FA Cup, un trofeo indispensable para que el multimillonario proyecto encabezado por un fondo de inversión árabe continúe en pie y en el futuro, a base de libras, aspire a algo más. Manchester, el pasado fin de semana, volvió a ser una fiesta. Sus dos equipos se repartían los títulos.

No cabe sino admirar al United, un equipo pensado y fabricado para la gloria que con pasmosa facilidad la obtiene año sí año también. A su decimonovena Liga, tras gol de Rooney, el mejor jugador del equipo, hay que sumar una nueva final de la Champions League, esta vez ante el Barcelona. Y poco más queda por decir del magnífico equipo que Ferguson ha ideado. En esta su última temporada se retira en lo más alto. Es el más grande. Sin discusión. Como sin discusión es Mancini un entrenador pobre en recursos y cobarde en sus ejecuciones. Nadie osaría negarle tan orgulloso título a un italiano. De ahí que sorprendiera el domingo ante el Stoke, controlando el partido su City, buscando variantes ofensivas, rotando en Silva para que éste, a base de asociarse con sus compañeros, fabricara ocasiones con más criterio que la pura intuición bruta. No cuesta imaginar al City o al United bailar a sus respecivos rivales al ritmo de 24 Hours Party People o a Ferguson observando en retrospectiva su carrera deportiva con Age Of Consent de fondo, henchido de gloria y placer.

No cuesta, al mismo tiempo, imaginar a toda una ciudad moviendo sus cuerpos indefinidos a ciertas alturas de la noche bajo el techo de la ya finada pero siempre presente Haçienda. Porque, en el fondo, Manchester nunca dejó ni dejará de ser una gran fiesta.

Imagen | El País

lunes, 18 de abril de 2011

Los petrodólares no dan títulos, pero facilitan su consecución


Víctor Úcar | Está más que demostrado que en el fútbol el dinero no lo es todo. Es cierto que ayuda a confeccionar un equipo más competitivo y permite contar con jugadores de más calidad. Sin embargo, y afortunadamente para el fútbol, todavía está prohibido comprar títulos —o al menos jamás ha sido demostrado que algún club haya cometido esta irregularidad en el pasado más inmediato—, y por ello sigue siendo un deporte con algo de emoción. Los dirigentes del Manchester City aterrizaron en Inglaterra en 2008 con la idea de hacer del City una potencia futbolística en la Premier League y también en Europa. Sin embargo, el conjunto celeste continúa sin añadir un solo trofeo a sus vitrinas, repletas de polvo desde los años 70.

Pero tres años después de la llegada de los petrodólares, el vecino «pobre» de Manchester —el United ha sido históricamente el equipo más potente de esta región inglesa, tanto en parámetros económicos como sobre todo deportivos—, tiene por fin la posibilidad de cambiar la tendencia. Es cierto que los red devils tienen la Premier prácticamente en el bolsillo y son favoritos para disputar la final de la Champions contra una de las dos superpotencias de la Liga BBVA —el Real Madrid o el Barcelona—, pero los citizens han logrado algo que hacía mucho tiempo que no conseguían: arrebatarle a su máximo rival la posibilidad de levantar un trofeo; superar el papel de víctima que han desempeñado habitualmente a lo largo de su historia; competir de tú a tú con el vecino «rico»... En definitiva, ser protagonistas por un día en la ciudad de Manchester.

Eso es lo que ocurrió ayer en el majestuoso templo británico de Wembley en las semifinales de la FA Cup, la competición futbolística más antigua del mundo. Los red devils, siempre favoritos en el derby de Manchester, acusaron las ausencias de sus dos estrellas: el delantero de la selección inglesa Wayne Rooney —sancionado por soltar improperios en un partido ante una cámara de televisión— y el veterano y talentoso Ryan Giggs —lesionado tras su magnífica actuación en la vuelta de los cuartos de final de la Champions contra el Chelsea—. Sin duda, dos bajas notables, puesto que se trata de los dos jugadores que mejor entienden este deporte en el conjunto que dirige Sir Alex Ferguson. Por su parte, el City arribaba en Londres con la ausencia de su referente ofensivo, el «apache» Carlos Tévez, posición que Mancini decidió cubrir con el italiano Mario Balotelli, dejando de nuevo a su fichaje estrella del mercado invernal —Dzeko — en el banquillo.


El partido auguraba un clásico choque inglés: las gradas abarrotadas, alternativas para ambas escuadras y mucho músculo e intensidad en el centro del campo. Sin duda, el equipo que fuese capaz de adueñarse de esa parcela del terreno de juego, partiría con una gran ventaja. Y ese es el motivo por el que los citizens consiguieron noquear a sus vecinos. En el primer período ambos conjuntos dispusieron de opciones interesantes, pero nadie se adueñó plenamente del esférico. Es cierto que el City atacaba con más intención que su rival, pero los red devils se agarraban a las siempre peligrosas internadas de Nani por banda y al peligro de su estilete con mayor envergadura, Dimitar Berbatov, en las jugadas aéreas. Sin embargo, en la segunda mitad todo cambió. El marfileño Touré Yaya decidió tomar las riendas de su equipo y, junto a su escudero el holandés De Jong, comenzó a ejercer una dictadura en el centro del campo que ahogó al Manchester United en su propia área. Los de Ferguson se habían quedado sin oxígeno. Y en uno de los intentos por desatascar el juego, Carrick erró un pase al borde del área del United que Touré adivinó a la perfección. El ex jugador del Barça se introdujo en el área y batió a Van der Sar por bajo con un disparo certero. La historia estaba cambiando.

Tras el gol de Touré Yaya, el partido se tornó agresivo, más intenso y muy físico. Mientras los citizens habían salido en el descanso con las ideas muy claras y con el único objetivo de ir a por el partido, el conjunto dirigido por Sir Alex Ferguson, a pesar de estar físicamente en el estadio de Wembley, su actitud mostraba todo lo contrario. Parecía que el ManU no había saltado al césped del histórico campo inglés tras la reanudación, y que seguía en el vestuario. De Jong y Touré Yaya se hicieron dueños absolutos del centro del campo anulando a Scholes y Carrick, que ni siquiera con faltas conseguían arrebatarle la posesión a los musculosos futbolistas que dirige Mancini. Tampoco podemos olvidarnos de la labor de David Silva. Ayer, una vez más, el canario demostró ser el jugador con más calidad sobre el terreno de juego. Gestos sutiles, movimientos inteligentes y pases con una precisión desmesurada permitieron que su equipo le jugase de tú a tú a un Manchester United muy poco consistente y algo desconcentrado. Además, las bandas del conjunto citizen, lideradas por Barry y un omnipresente Kolarov, funcionaron como cuchillas afiladas, para desgracia de los red devils.


Y por si fuera poco, el veterano futbolista del ManU, Paul Scholes, ante la impotencia de ver cómo su equipo era incapaz de hacerle daño a su vecino de Manchester, decidió borrarse del partido a falta de 20 minutos para la conclusión con una entrada criminal y sin ningún sentido —que bien podría haber sido firmada por su mentor y compañero en el centro del campo en sus primeros años de profesional, el irlandés Roy Keane—. Triste final en esta competición para un jugador que ha marcado historia en el club —lleva 17 temporadas y ha afirmado que es probable que se retire el próximo verano— y que es un auténtico referente para la hinchada del United y también para todo el fútbol inglés. Pero paradójicamente, la expulsión del pelirrojo animó a los red devils y amilanó a los citizens. Solo la imprecisión de los de Ferguson pemitió al Manchester City crear algo de peligro en el área de Van der Sar durante los últimos minutos. Nani y el revulsivo Chicharito aportaron electricidad a su equipo y mantuvieron la esperanza hasta el final, aunque ambos sabían que el partido se había perdido en la reanudación debido a una grave falta de actitud de su equipo.

Una locomotora llamada Touré Yaya, bien secundada por sus compañeros, hicieron ayer del City un equipo compacto y difícil de franquear. Una victoria merecida que le permite al Manchester City jugar la final de la FA Cup contra el Stoke City —clasificado tras vencer por 5-0 al Bolton en la otra semifinal— y seguir creciendo como club. Una oportunidad de oro para que los jeques árabes empiecen a estar más tranquilos con sus multimillonarias inversiones —aunque no siempre efectivas—. Una ocasión de ver al vecino «pobre» de Manchester superar por una vez a su máximo rival. Pero la duda está en ver si los citizens serán capaces de aumentar su reducido palmarés o les podrá la presión ante un rival claramente inferior. Lo único que está claro es que, mientras sigan teniendo tanto capital para poder invertir en grandes jugadores, podrán aspirar a títulos con muchas más facilidades que el resto. Y eso, aunque no asegure su consecución, ya es una gran ventaja.

Imagen | Europa Press | Medio Tiempo | El País

martes, 22 de marzo de 2011

La clase media de la Premier se atasca en Europa


Víctor Úcar | En el eterno debate por saber cuál es la liga europea más competitiva hay muchos que se posicionan a favor de la Premier League. Y no les falta razón. Hace unos meses, en Más que Futbol, Mohorte realizó una profunda reflexión acerca de esta cuestión. Sin embargo, a la hora de valorar el potencial de los equipos que forman cada campeonato hay que tener en cuenta otra serie de factores, puesto que es una cuestión que difiere. Un gran termómetro para evaluar el nivel de un equipo consiste en comprobar su rendimiento en competiciones europeas. De este modo, la Premier puede presumir este año, una vez más, de contar con tres equipos entre el selecto grupo de ocho que se disputan la corona del fútbol europeo: Manchester United, Chelsea y Totenham. El Arsenal se quedó por el camino por culpa de un Barça poderoso. Sin embargo, las potencias de la Premier han demostrado que lo son también en Europa.

En cambio, la clase media de la liga inglesa no ha sido capaz de seguir la estela de sus hermanos mayores. Y es que no habrá ningún conjunto inglés entre los ocho mejores de la Europa League; un torneo que sirve para demostrar que hay vida más allá de las potencias futbolísticas europeas, así como para conceder una segunda oportunidad a aquellos equipos a los que la Champions League se les ha quedado grande. Pero a la vez un campeonato difícil y exigente, sobre todo durante las últimas rondas eliminatorias. Al fin y al cabo hablamos de levantar un trofeo, y eso nunca es una tarea sencilla. Aunque parecía serlo para Liverpool y Manchester City. Sin duda, clubes con un presupuesto y una plantilla muy superiores a las de la mayoría —o la totalidad— del resto de equipos de la competición.

El caso de los reds puede hacernos sentir incluso lástima, pues se trata de un conjunto histórico que posee cinco Copas de Europa y tres Copas de la UEFA en sus vitrinas, y que, sin embargo, actualmente camina por un sendero infructuoso. Sin duda hablamos de un clásico, un histórico participante de la máxima competición europea —después de siete años consecutivos, esta temporada es la primera en la que no ha logrado clasificarse para disputar la Champions League—, pero que atraviesa una etapa de cambios y de renovación, tras la salida de jugadores importantes, que le está impidiendo rendir como el club grande europeo que debería ser. El año pasado, al menos, los reds alcanzaron las semifinales de la Europa League tras quedar terceros en la fase de grupos de la Champions. Pero este año no han sido capaces de vencer al Sporting de Braga, un equipo que ha dado la sorpresa —una más esta temporada— y ha impedido que el equipo de Anfield Road luchase por un título que le permitiese salvar la temporada.


Por su parte, el modelo impuesto por el jeque árabe del Manchester City sigue sin ser productivo. Muchos millones invertidos en fichajes, pero el equipo de Roberto Mancini no logra rentabilizarlos con títulos. En esta ocasión, los ucranianos del Dinamo de Kiev frenaron las aspiraciones de the citizens en esta edición de la Europa League, por lo que, un año más, los vecinos del Manchester United continuarán sin tener un nombre en el fútbol continental actual. El 2-0 de la ida se convirtió en una losa importante para el conjunto del norte de Inglaterra, que solo fue capaz de anotar un gol, por mediación de Kolarov, en el City of Manchester en el choque de vuelta. El italiano Mario Ballotelli se convirtió en un gran impedimento para sus compañeros al ser expulsado por una entrada injustificada a la media hora de partido. De este modo, una Recopa de Europa es el único título internacional que ha conseguido el City hasta el momento, y de eso hace ya más de 40 años.

Tampoco debemos olvidarnos que el Aston Villa, sexto en la Premier la temporada pasada, era el equipo que conformaba la terna de equipos clasificados para esta competición, pero los villanos tiraron por la borda su gran campaña 2009/2010 en Inglaterra al no clasificarse siquiera para la fase de grupos del torneo. Y es que este año, la clase media de la Liga Inglesa ha ofrecido un rendimiento muy inferior a lo esperado. Es cierto que, durante los últimos años, los equipos ingleses no han sido capaces de situarse entre los mejores conjuntos de la segunda máxima competición europea —únicamente un subcampeonato del Middlesbrough en la edición de 2006—. Pero la temporada pasada, en la que el Fulham fue subcampeón y el Liverpool semifinalista, los resultados invitaron a creer en un cambio de dinámica. Más aún viendo que este año un club histórico de la Copa de Europa, como el Liverpool, y un aspirante a ser un equipo grande con una plantilla temible, como la del Machester City, participaban en la edición de este año. Dos claros candidatos a llevarse el trofeo de la Europa League. Sin embargo, equipos con un potencial inferior, pero con mucha más entereza han tirado por tierra las expectativas de la clase media inglesa. Está claro que tienen mucho que aprender aún de sus hermanos mayores de la Champions.

Imagen | Zimbio

lunes, 21 de marzo de 2011

Un día más en casa de Su Majestad


Andrés Pérez | Viendo al Arsenal perder en West Bromwich uno podría caer fácilmente en la tentación de pensar que con un delantero como Van Persie el equipo londinense jamás ganará nada. Claro que para entonces Van Persie empujaba el empate a dos en la desangelada portería de Carson, certificando una muy emocionante remontada en un más que vibrante partido. Al Albion se le había pintado el partido de cara cuando en los primeros minutos la defensa del Arsenal decidió observar el transcurrir del universo en un córner. Más aún cuando ya en la segunda parte, sin especial intención del conjunto de Londres de poner en aprietos a la defensa blanquinegra, Almunia decidió hacer las delicias del realizador de la televisión inglesa saliendo a ninguna parte. Obviamente, el encargado de la retransmisión enfocó a Lehmann tras la espectacular pifia. Humor inglés.

Entre tanto el Arsenal dejaba escapar la Premier. Una vez más. La jornada pasada, cuando el United se mostraba ciertamente endeble en Anfield, el equipo de Wenger empató en casa ante el Sunderland. Así, a lo grande. El Manchester, del cual se puede afirmar que su capacidad de crear fútbol es como poco dolorosa, ya encarrilaba su decimonoveno título liguero a pesar de todo venciendo por la mínima y sin necesidad de mostrar mayores alardes. Para qué, se podría preguntar Ferguson cada jornada, si el Arsenal está empeñado en no ganar la Liga. Decía que observando al Arsenal perder ante un equipo que lucha por la salvación, Van Persie no se muestra como un delantero temible. Tampoco del joven Koscielny se podría decir lo mismo, espigado muchacho francés al que en un momento de la segunda parte se pudo ver caer presa de la desesperación a la que le sometió Odemwingie. Ni de Ramsey, que en la primera parte envió un balón al cuerpo de Carson a escasos metros de la línea de gol, con la admirable dificultad que ello conlleva. En general, el Arsenal no da miedo. Acaso inspira cierta compasión a estas alturas, pero no demasiado temor. Y generalmente es un factor que identifica a un equipo campeón.


Es cierto, sería injusto reclamar que el Arsenal volviera a convertirse en aquel conjunto puramente inglés del pasado, en lo que lo más parecido a un pase en el centro del campo era un cabezazo. Pero, en fin, un mínimo de competitividad entra dentro de los cabales de cualquier aficionado. Quien sí parece haber recuperado la dignidad extraviada es el Liverpool, que se impuso cómodamente ante el Sunderland y que en la segunda vuelta firma números de campeón. Una pena que Roy Hodgson lo estropeara todo con su absurdo propósito de tener la carrera de entrenador más bizarra de todos los tiempos. Luis Suárez abandera el rejuvenecido Liverpool de Dalglish en su segunda etapa como entrenador. Sin Torres, quien ejerce de delantero es Carrol, gigantón delantero comprado al Newcastle y al que, en forma, se le adivinan interesantes virtudes junto al uruguayo. Suárez vive desatado. En todos los sentidos. Ayer estuvo a punto de marcharse a la caseta expulsado segundos antes de firmar una obra de arte digna de un genio. Junto a ellos Kuyt vuelve por sus fueros y hasta Lucas Leiva aparenta ser un mediocentro convincente. Cuestión de psicología.

Psicología que enfrenta a Torres con sus demonios. Lejos de la camiseta que portó en Liverpool, el delantero español parece otro futbolista. Ayer ante un Manchester City realmente deprimido tras su eliminación en la Europa League, Torres jugó junto a Kalou en punta y revoloteó entre Kompany y Lescott de aquí para allá, conduciendo hasta el área pero siempre en el lugar inoportuno en el momento requerido. Demasiado lejos o demasiado cerca del pase, nunca en el punto exacto. Así Torres fue incapaz también en su séptimo partido de anotar un gol vistiendo de azul, y posiblemente la ansiedad comenzará a apoderarse de su cabeza. Implicando, por consiguiente, un menor rendimiento dadas sus cuitas internas. A pesar de todo ello, el Chelsea jugó bien, lo cual no deja de ser noticia en Inglaterra. David Luiz volvió a demostrar que es el central del futuro para pasmo del City, incapaz de comprender que el auténtico baluarte ofensivo de los blues no es ninguno de sus cuatro excelsos delanteros, sino un chaval melenudo proveniente de Brasil. Cosas de un día más en casa de Su Majestad, ya ven.

Información adicional | Así está la Premier
Imagen | El País | Los Tiempos

sábado, 5 de marzo de 2011

Touré y su positivo, la historia mil y un veces contada


Andrés Pérez | El pasado tres de marzo el Manchester City hacía público que Kolo Touré había dado positivo en un control antidoping efectuado por la Federación Inglesa. Acto seguido, el club mancuniano decidía apartar provisionalmente al cental marfileño de la disciplina del equipo hasta que se aclarara el asunto. Ni el Manchester City ni la FA desvelaron hace dos días la fecha del control y la sustancia por la que el defensa había hecho pitar la máquina. A día de hoy, dos datos básicos mediante los cuales es posible juzgar un caso de positivo no son públicos por lo que es imposible decir si Touré está en serios problemas o no.

A la espera de que se haga pública la sustancia —extraño, en cualquier caso, que la FA no lo haya hecho público—, Kolo Touré ya se ha excusado. Evidentemente, a Touré sí le han notificado la sustancia mediante la cual ha dado positivo y, con toda seguridad, también la cantidad encontrada en su orina —¿se hacen controles de sangre en el fútbol?—. Que Touré dispone de esta información no es algo intuido sino confirmado por el propio Touré hoy en un comunicado emitido por sus representantes y adelantado el día anterior por Arséne Wenger, el que fuera su entrenador en el Arsenal. Wenger: «Quería controlar su peso porque tenía problemas con ello y le cogió productos adelgazantes a su mujer». Y añade: «Es una sorpresa porque entrené a Toure durante varios años. Lo traje al Arsenal y es un chico con una vida muy sana. Es muy honesto, siempre está en casa, es un hombre de familia y no sospecho de él. No creo que haya consumido nada para mejorar su rendimiento».

Según Touré y Wenger, el defensa, un deportista de élite que tiene controlada la alimentación y el peso por su cuerpo técnico, se encontraba pesado en el campo y no tuvo otra idea mejor que coger el bote de píldoras que su mujer estaba tomando para rebajar peso y consumirlas. Touré no acudió a sus preparadores físicos, en los que la mayoría de los clubes de alto nivel invierten un dineral para mantener la línea y la forma de sus jugadores, no, sino que optó por servirse del consejo de su esposa, la cual seguramente tendría más conocimientos médicos y fisiológicos que el conjunto de matasanos que le observan a diario entrenar. Hay dos opciones: o que Touré esté engrosando la larga lista de dopados que esgrimen excusas inverosímiles o que sea tonto.

Kolo Touré se enfrenta a una sanción de dos años, la prevista en este tipo de casos en la mayoría de los deportes de alto rendimiento a excepción del fútbol. Presumiblemente, sus abogados presentarán diversas alegaciones y estudios médicos que certifiquen la historia de Touré antes de que la FA decida. Quizá para entonces sepamos qué sustancia se ha hallado en el organismo del marfileño. Quizá no. El fútbol funciona así. Hay otros deportistas que ya tomaron el ejemplo de Touré y en algunos casos se roza el absoluto delirio. Muchos de ellos se dan en el mundo del ciclismo y tienen mucho que ver con familiares o mascotas: Rumsas, aquel ciclista lituano que se subió a un podio del Tour de Francia en 2002, excusó la posesión de hormonas de crecimiento en su caravana diciendo que estaban destinadas para su suegra. Mariano Puerta, tenista argentino, edificó una excusa muy pareja a la de Touré y contó que la epinefrina encontrada en su cuerpo antes de la final de Roland Garros de 2005 se debía a que había bebido del vaso de su mujer, la cual tomaba un medicamento con esa sustancia. También va de mascotas: el ciclista Vandenbroucke señaló que la EPO, la morfina y el clembuterol encontrados en su casa eran para su perro.

Al lado de Korda, tenista checó que justificó sus elevados niveles de nandrolona por su alto consumo de carne de vacuno —la ATP señalaría más tarde que tendría que haberse comido 40 vacas al día durante 20 años—, o de Tyler Hamilton, ciclista americano que tras su positivazo por transfusión de sangre explicó que el tener sangre de otra persona en su cuerpo se debía a un hermano gemelo con el que compartió útero y que posteriormente se perdió por el camino, Kolo Touré es un aficionado. En lo que a listado de despistes y positivos accidentales se refiere, claro.

Algunos optan por la versión recreativa, como Gasquet, tenista francés que relacionó su positivo por cocaína con el beso en la boca que le regaló a una mujer en una discoteca. También Simoni, ciclista italiano, tuvo una historia para la cocaína: en su caso se debía a unos caramelos que le habían traído desde Colombia y que contenían dicha sustancia. Más cocaína: Baumann, atleta alemán, especificó que la sustancia encontrada en su organismo se debía única y exclusivamente a que ésta se hallaba en su pasta de dientes. Otros como Boonen o Sotomayor simplemente se lo pasaban bien, aunque Fidel Castro salió en defensa del cubano alegando intereses imperialistas. Un último caso de positivo chanante: Dennis Mitchell creyó oportuno contar que la elevadísima nandrolona encontrada en su cuerpo se debía a que la noche anterior había practicado sexo cuatro veces. Todo un campeón.

Así pues, se antoja necesario cierto escepticismo ante las palabras de Touré. Su historia suena extrañamente familiar con las anteriores. Huelga decir que en la mayor parte de los casos todo son meras mentiras, tretas verbales, juegos de prestidigitación de deportistas y abogados empeñados en evitar la justicia. Ante todo escepticismo: como ya se ha señalado, no se conoce ni la cantidad ni la sustancia por la que el marfileño ha dado positivo. No deja de ser llamativo, no obstante, que antes incluso de ello su ex-entrenador y sus representantes comiencen a repartir excusas.

Por último, merece la pena recordar las palabras del campeón español de los 400 metros lisos, Santiago Ezquerro, tras conocer que LaShawn Merritt, pretendió hacer colar un medicamento para alargar el pene como el motivo de su positivo por dehidroepiandrosterona (DHEA):

Los deportistas no somos tontos. Yo tengo que mirar con lupa cada medicamento que me tomo -aunque sea por un catarro- y él, que lucha por unos objetivos deportivos y económicos mucho mayores, ¿quiere hacernos creer que toma algo sin informarse? Va a ser que no.

En ese caso, más le vale a Touré demostrar que, en efecto, es muy tonto.

Lectura recomendada | Antología de lo absurdo (El Mundo) | Las excusas más curiosas del mundo del dopaje (Mundo Deportivo) | Doping: las excusas más sorprendentes (Marca)
Imagen | Soccerjones

sábado, 12 de febrero de 2011

El premio a la genialidad


Andrés Pérez | Restaban apenas quince minutos para que finalizara el United - City cuando Nani, abierto en banda, levantó la cabeza y puso el balón en el área de Hart. Para entonces ya sucedía la genialidad: Rooney había deducido que el balón se iría algo largo para un remate de cabeza, con lo que se desprendió levemente de Kompany y encadenó en el aire una serie de movimientos a mitad de camino entre lo terrenal y lo espiritual para conectar una tijereta memorable, a la escuadra del portero del City, impotente ante semejante demostración de talento. El United anotaba su segundo tanto.

El valor de la obra de arte de Rooney valía una distancia de ocho puntos —con un partido menos— con su perseguidor vecino, y en la práctica la eliminación teórica del conjunto de Mancini. Se trata del premio a la genialidad, rara vez obviado por el fútbol. Es este un deporte generoso con los arrebatos geniales de los futbolistas inconstantes y superdotados, no tanto con aquellos regulares cuya letanía se desplaza por el terreno de juego durante la totalidad del partido, haciendo y deshaciendo en todos los tramos del juego. Por ello, el gol de Rooney ocultaba a dos hombres: Silva por un lado, revelándose día tras día como uno de los mejores jugadores de la Premier, cabeza erguida y zancada divina; Giggs por otro, cuyas canas en la barba no impiden que repita para pasmo del joven aficionado mancuniano lo que era capaz de hacer en plenitud de juventud, bailar a su par al filo de la banda, en el borde de la marginación.

Tanto Silva como Giggs saben erguirse en los momentos de importancia capital como líderes de sus compañeros. El canario, inclusive, tiene los arrestos futbolísticos necesarios como para compartir encabezamiento espiritual con el capitán nato que es Tévez. Ambos representaban a sus dos equipos en un encuentro paradigma de la Premier: emocionante e imprevisible. Para rematar el cuadro que United y City dibujaban en Old Trafford para deleite del espectador, apareció Rooney. Su gol completaba el significado de Silva y Giggs, del partido, de la Premier, del fútbol. La pincelada estilista y barroca, por excesiva, que decantó la balanza. Porque la genialidad es un boleto de lotería inevitablemente ganador.

Imagen | El Espectador