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sábado, 3 de julio de 2010

Capítulo 20 | Brasil y el valor de la derrota

Andrés Pérez | En Brasil, no es tan importante perder sino cómo se pierde. Es decir, se puede caer marcando la retina de todos los espectadores, como hiciera la selección brasileña en los dos mundiales de los ochenta. Perder no es relevante si se hace tras un estupendo ejercicio de artificio futbolístico, virtuosidad técnica y alegría en el juego. A Brasil hoy no le queda nada de eso, por lo que su derrota ayer frente a Holanda pesa el doble: perder no es tan importante sino cómo se pierde, y Brasil perdió como un equipo mediocre y tedioso. Herencia de Dunga y de dós décadas de fútbol ordenado.

Ahora, cuando Brasil pierde no tiene justificación alguna, no se puede aferrar a la maravilla de su fútbol. La proporción del fracaso se multiplica y las críticas arrecian. El paladar periodístico y el paladar mundano del pueblo, en Brasil, es demasiado exquisito como para irse a casa en el mismo avión que Ghana y, lo más importante, volver a casa con la seguridad de no haber pasado a la historia. Nadie recordará este Brasil de Dunga porque era un equipo concebido únicamente para ganar y no hacerlo es merecer el olvido.

A pesar de adelantarse en el marcador, Brasil se difuminó con la misma rapidez que Holanda comprendió que de perdida al río. Dirigida por Sneijder, ayer imperial, el conjunto holandés, otro que traiciona a la historia pero que gana y, por ende, no es criticado, expulsó a un Brasil que había vivido hasta la fecha por encima de sus posibilidades, creando unas expectativas que en el momento clave no fue capaz de cumplir. Todo el mérito para Holanda, tapada desde un primer momento, olvidada de la pléyade de favoritas, que apartó el maquillaje para hacernos ver la cruda realidad de Brasil.

Brasil se sumió en la impotencia y decidió hacer suya una guerra total en la que todo valió y en la que un pasado de revoluciones Melo acabó en la calle. Apenas intimidó Brasil, en otro tiempo temible por el peso de su leyenda, a una Holanda bien plantada y cerciorada, cada minuto que pasaba, de su victoria y de la incapacidad brasileña. Brasil se mostró incapaz. No hay que culpar a Dunga de la pérdida del estilo brasileño ya que aquel llegó tiempo atrás, pero sí cabe achacarle algo a dicha mutación de Brasil: perdida la identidad, el ADN de su fútbol, Brasil es una más. Un conjunto que de no ganar no es nadie. Más allá de volver a casa en cuartos, el problema de Brasil es ese.

Resultados de la vigésima jornada:

Brasil 1 - 2 Holanda

Más Mundial | El 'dunguismo' acaba con Brasil (José Sámano en El País)
Imagen | El País

martes, 29 de junio de 2010

Capítulo 18 | Brasil contranatura

Andrés Pérez | Entre líneas, el jugador clave de Brasil es Robinho. Su transformación como futbolista ejemplifica la transformación de Brasil como conjunto. Musculado y con una cabeza mejor ordenada a nivel táctico, Robinho baja a recibir los balones que la mediocridad de la medular brasileña no es capaz de hacer llegar a los delanteros. Lee bien el juego entre líneas, atina con los pases en los momentos oportunos y no se ceba con la conducción de balón: en suma, Robinho es el jugador clave de Brasil ya que sobre él rota la transición defensa-ataque.

Robinho ha cambiado porque Dunga le ha hecho cambiar para participar en un Brasil, dicen, táctico y defensivo, novedoso, por tanto. Es falso. Brasil renegó de su mitificado estilo jogo bonito en los 80, cuando una generación espléndida de futbolistas les dejó a las puertas de dos Mundiales. Jugaron como dioses para perder como mortales. Desde entonces, con la llegada de los noventa, Brasil adoptó el doble pivote y triunfó en el 94, alcanzó la final en el 98 y venció de nuevo en Corea y Japón. Desde el Mundial en que Parreira decidió hacer de Mauro Silva el hombre clave de su medio campo, el Brasil de Pelé o de Zico es mero recuerdo. Se europeizó.

Así que no ha de extrañar que, ahora, con un entrenador que fue futbolista defensivo y que participó en esa misma copa del mundo de 1994, en EEUU, Brasil mantenga un centro del campo de contención y fuerza y emplee un sistema que protege su portería y no sufre sin balón. Anoche Brasil se cargó a Chile al contraataque. Mortífera en las transiciones, Robinho en mente, con Alves jugando a ser Paul Breitner actuando de centrocampista libre en apariencia, Brasil dio un recital de cómo jugar al espacio. Una Chile ofuscada de cara a portería hizo el resto.

Cada pérdida de balón del conjunto de Bielsa era otro paso hacia el abismo. Lo fue porque Brasil intimida corriendo hacia arriba con espacios, pensando rápido y actuando con precisión en los momentos claves. Es un equipo letal. Esto les puede provocar un shock a los nostálgicos, pero no por ello será menos real: Brasil es mejor ahora de lo que pudiera ser intentando jugar a lo que un día fue. Como Holanda, otro equipo que ha decidido abandonar, al menos en apariencia, su estilo tradicional o la aureola que dos mundiales le hizo arrastrar. Ahora Holanda especula, reserva fuerzas y resuelve partidos en dos latigazos.

Eslovaquia no plantó la suficiente cara como para intimidar lo suficiente a una Holanda insultantemente cómoda plantada sobre el terreno de juego. No atacó porque no lo necesitó: se aferró a Robben tras un pase de Sneijder. Agarró el futbolista del Bayern el balón escorado en la banda, encaró a dos defensas, se dirigió hacia el pico del área y buscó el palo interior. La jugada de toda la vida de Robben, que por más previsible que sea no impide que sea efectiva. Es muy bueno.

Sufrirá Brasil frente a un equipo que le exigirá más ofensivamente y que, visto lo visto, no va a regalar las facilidades atrás que le regaló Chile. Holanda no se quiere volver loca en los partidos y ante todo y como Dunga mantiene el orden en su centro del campo con Van Bommel y De Jong. Sus centrales, cómodos y protegidos, juegan mejor y ocultan así sus carencias. Espera un gran partido en cuartos. Y, ante todo, espera Robben, el jugador que puede hacer campeona a Holanda. Al fin.

Resultados de la decimoctava jornada:

Holanda 2 - 1 Eslovaquia
Brasil 3 - 0 Chile

Imagen | El País | RTVE

miércoles, 16 de junio de 2010

Capítulo 5 | Ni Brasil lo arregla

Andrés Pérez | Cabe plantearse qué queda de este Mundial si ni siquiera Brasil convence. Es cierto, venció a Corea del Norte, pero lo hizo por la mínima; es cierto, pudo sentenciar antes del gol coreano, pero no oculta las dificultades que encontró el cuadro de Dunga para meterle mano a los asiáticos en la primera parte; es cierto, mañana termina la primera jornada del Mundial, pero la excusa de los nervios o el temor a un resultado adverso no debe difuminarnos la realidad: este Mundial, hasta la fecha, no puede ser calificado de otro modo que decepcionante.

Corea del Norte merece mención aparte. Las alineaciones las realiza el líder máximo coreano, Kim Jong-Il, porque aún no se ha encontrado el modo de que Kim Il Sung las decida desde la tumba. Es el país más hermético del mundo y su selección va acompañada constantemente de comisarios políticos que supervisan sus entrenamientos. En Corea la gente no tiene televisores ni neveras y, de hecho, ni siquiera se plantean su utilidad. No porque no quieran, sino porque se les ha privado del conocimiento de su existencia. La ONU dice que en el país hay un 20% de tasa de mortalidad infantil. En la Corea septentrional se organizan millonarias marchas organizadas que se utilizan como propaganda de la unión del pueblo en torno al Querido Líder. Allí el fútbol es una cuestión de Estado.

Imagino que ser futbolista en Corea no es sencillo. Su gesta, la de clasificarse para este Mundial, pasa por irrelevante pero no lo es: es quizá el gesto más extraño y sentimental que el fútbol le ha brindado al torneo. De ahí que su actuación frente a Brasil merezca más aplauso y reconocimiento que la victoria de la pentacampeona. Brasil saltó al campo, jugó a nada, no pudo derrumbar el muro de la 105ª selección del planeta, se estampó en su falta de creatividad, y duele decirlo viniendo de Brasil, paradigma del fútbol virtuoso, ofensivo, valiente, generoso con el espectador. Dunga ha creado una máquina y ha apartado al talento. En esa situación, quien tuvo que romper a Corea fue una genialidad de Maicon.

Decepcionante Brasil, no lo fue menos Portugal. Empató a cero con Costa de Marfil, siempre mejor plantada, físicamente poderosa, técnicamente mejorada, tácticamente mejorable. En el caos sobreviven las selecciones del África negra pero es en el caos donde encuentran su fórmula para noquear a su rival. Más allá de un disparo potentísimo de Ronaldo al palo en la primera parte, el resto del partido se resumió a un dominio caótico de Costa de Marfil que no venció porque Droba atinó mal en la jugada clave del partido. Portugal sobrevivió y ahí encontramos el fracaso de Costa de Marfil, que sin jugar un gran partido al menos lo intentó o lo quiso intentar. Magro balance para ambos en todo caso.

Y por la mañana se volvió a disputar un encuentro falto de ritmo, carente de intención ofensiva, amordazado e indigno de un Mundial. Eslovaquia contra Nueva Zelanda. Algunos tenían alguna que otra esperanza puesta en Eslovaquia como selección revelación pero deberán esperar: jugó dormida, sin ideas ni intenciones, y a pesar de no merecer Nueva Zelanda el empate quizá merecía cierto castigo Eslovaquia por no lanzarse en tromba contra la cenicienta del torneo. Los kiwis empataron en el último suspiro, probablemente, dinamitando las posibilidades de los eslovacos para el resto del Mundial.
Enlace
Resultados de la quinta jornada:

Nueva Zelanda 1 - 1 Eslovaquia
Costa de Marfil 0 - 0 Portugal
Brasil 2 - 1 Corea del Norte

Más Mundial | Quinta jornada del Mundial (Fran Castarlenas en Let's Dance To Goal) | Tibia victoria de Brasil ante una Corea del Norte peleona (Notas de Fútbol) | Corea del Norte hace sudar a Brasil (El Enganche) | 23º 26´17" (día cinco): Maicon le muestra el camino a Brasil (Agustín Devoti en El Balón Europeo)
Imagen | El País

miércoles, 9 de junio de 2010

Un repaso a cuatro equipos: Brasil

Andrés Pérez | Cuando Dunga llegó a la seleçao pocos le auguraron un futuro prometedor: al igual que cuando se vestía de corto, su estilo como entrenador distaba del cánon brasileño, alegre, ofensivo, sin rigor táctico, al contrario, Dunga se decantaba por el orden y por la seguridad defensiva, sacrificando la espectacularidad y el talento para mejor ocasión. Imposible, no podía triunfar en Brasil, no debía.

A pesar de no poder o de no deber Dunga ganó la Copa América del 2007 con un equipo de jóvenes valores que no practicó un gran fútbol pero que siempre supo lo que tenía que hacer en el momento en que lo tenía que hacer, en suma, que estaba europeizado, por así decirlo, maniatado por las obsesiones tácticas de su entrenador, obsesiones que no en vano llevó a Brasil a imponerse por encima de Argentina, la favorita, un equipo de ensueño que sí practicaba el fútbol que podía anhelar Brasil.

Un Brasil que no era Brasil se proclamaba así campeón de la Copa América con el siguiente objetivo en el horizonte claro: Sudáfrica 2010. Tras una fase de clasificación sencillamente brillante en la que ha perdido únicamente dos partidos y ha encajado once goles —el rigor táctico de Dunga, la primacía de la defensa sobre el ataque—, Brasil llega a Sudáfrica como la eterna campeona que ha perdido su ADN. Y esto último hay que entenderlo no como una desventaja sino como una virtud o al menos como lo que Dunga entiende por virtud: Brasil no es el equipo virtuoso y más preocupado de gustarse a sí mismo que de ganar, como pudiera serlo en otra década, pero Brasil sigue imponiendo su leyenda y su espíritu de ganador para ser una vez más la gran favorita o una de las más grandes.

A pesar de todo, a pesar de un medio campo irreconocible: Gilberto Silva, Elano, Josué, Ramires, Felipe Melo, Baptista, Kaka' y Kleberson. El talento es sospechoso. Brasil, Dunga y todos sus jugadores se autoconvencieron de que sus posibilidades en el Mundial seguían siendo las mismas aunque ya no se jugara como en otros tiempos el día en que acudieron a Argentina y le mojaron la oreja a la selección de Maradona. Con un partido impecable y frente a un equipo oxidado, viejo, sin ideas, perdido en la mediatización de todo cuanto sucede a su alrededor y alrededor de su entrenador, Luis Fabiano se elevó entre los comunes para dinamitar Buenos Aires.

La canarinha ha quedado encuadrada en el llamado grupo de la muerte, junto a su ex-metrópoli Portugal, Cristiano Ronaldo mediante, Costa de Marfil, veremos si Drogba se recupera, y la débil Corea del Norte. Su cruce es contra el grupo de España, por lo que cabe imaginar un duelo en octavos entre las dos máximas favoritas. En cualquier caso, a Brasil le dará igual. Le dará igual que un equipo europeo intercambie los papeles y se adueñe del que históricamente le corresponde por decreto, por genética: el ADN ganador sigue ahí, y quizá por eso Brasil es más temible ahora que nunca.

Lista de convocados de Brasil:

1) Julio César (Inter de Milán)
2) Maicon (Inter de Milán)
3) Lucio (Inter de Milán)
4) Juan (AS Roma)
5) Felipe Melo (Juventus)
6) Michel Bastos (Olimpyque de Lyon)
7) Elano (Galatasaray)
8) Gilberto Silva (Panathinaikos)
9) Luis Fabiano (Sevilla)
10) Kaká (Real Madrid)
11) Robinho (Santos)
12) Gomes (Tottenham)
13) Daniel Alves (FC Barcelona)
14) Luisão (Benfica)
15) Thiago Silva (AC Milan)
16) Gilberto (Cruzeiro)
17) Josué (Wolfsburgo)
18) Ramires (Benfica)
19) Julio Baptista (AS Roma)
20) Kléberson (Flamengo)
21) Nilmar (Villarreal)
22) Doni (AS Roma)
23) Grafite (Wolfsburgo)

Imagen | Rossoneriblog | Deportes Orange

lunes, 29 de junio de 2009

Copa Confederaciones 2009 | Final

Andrés Pérez | Duró el viejo sueño americano lo que Luis Fabiano y Brasil en términos genéricos quiso. Una Confederaciones un tanto extraña, con las grandes selecciones de capa caída. Ganó Brasil porque atesora más calidad y punto. No hubo brillantez, ni genialidad, ni espectáculo. Un torneo devaluado y descafeinado, una final extraña con un desenlace previsto. Estados Unidos golpeó primero por dos veces, planteó un partido defensivo perfecto pero sucumbió ante la impetuosa Brasil y ante su propia inocencia. Tiene arrestos y proyección económica y humana suficiente para ser un grande, pero la falta de ilusión y cultura futbolística hacen mella cada vez que le toca enfrentarse ante una selección de gran nivel. Venció a una España languideciente y estuvo a punto de marcarse una gesta épica ante una Brasil exenta de oficio y falta de calidad. Tan sólo un gris Kaka' indica que, efectivamente, Brasil es Brasil.

Estados Unidos se adelantó pronto con un gol de Dempsey y aumentó la diferencia gracias a Donovan. Sufrió constantemente en defensa y se mantuvo a flote gracias a Howard, héroe de la FA Cup en semifinales frente al Manchester, y a sus centrales, Demerit y Onyewu. Pese a todo, pese a su imponente estado físico y a su ilusión, en cuanto la selección de Dunga, apagada y en absoluto brillante, aceleró los norteamericanos no pudieron seguir su ritmo. Luis Fabiano anotó dos y Lucio certificó la remontada y el acta de defunción para EEUU. Quizá el sueño era demasiado pedir.

Vía | El País
Imagen |El País