lunes, 4 de abril de 2011

Las circunstancias externas del fútbol


Andrés Pérez | Las circunstancias ajenas al fútbol también forman parte de este deporte. Para bien o para mal, sólo en el fútbol los recoge-pelotas pueden ser el blanco de las críticas de los jugadores del equipo visitante, del mismo modo que, para bien o para mal, sólo en el fútbol es posible negar todo tipo de modernización tecnológica en el arbitraje porque la injusticia forma parte del mismo. Se trata de un deporte tan irreverente que ha conquistado el mundo entero.

Eso sí, las circunstancias externas influyen. Y de su asimilación depende en gran medida crear un ambiente más saludable en el entorno mediático del fútbol. Claro que, de ser así, la prensa deportiva de la mayor parte de los países mediterráneos desaparecería casi por completo. A la anglosajona aún le restaría la posibilidad de hablar de los affaires amorosos de los jugadores de la selección inglesa, pero, ¿qué sería de las tertulias deportivas sin sucesos como el de anoche en el Sánchez Pijuán? Posiblemente la ruina.

El Zaragoza había logrado empatar el partido en casa del Sevilla. Lo había hecho planteando un partido solvente, sin fisuras en la defensa —a excepción de la falta de concentración puntual de Diogo— , y, más allá de una carencia evidente de capacidad intimidatoria en las cercanías del área rival, controlando el tiempo del partido cuando tenía que cruzar la línea del medio campo. Empatar en Sevilla hubiera supuesto un plus de motivación para un equipo que, durante las dos horas previas al inicio del partido, vio cómo todos sus rivales directos por la permanencia ganaron sus partidos. Todos a excepción del Málaga.

Entonces sucedió lo impensable. O una circunstancia externa imprevista. Una acción arbitral muy desafortunada. Tan desafortunada como la excelente obra teatral de Cáceres, un talento interpretativo por conocer. Ponzio y el uruguayo corrían dentro del área cuando el segundo cayó fulminado por un supuesto empujón del argentino. Ponzio por aquel entonces se hallaba, imaginamos que muy a su pesar, a demasiada distancia de Cáceres. No existió el contacto. Sin embargo el linier no lo consideró de este modo y señaló penalty. A partir de ahí el Zaragoza volvió a encontrarse por debajo en el marcador, una situación que no sería capaz de remontar.


Fue una circunstancia lo que determinó la tendencia de partido. Cabe añadir que si el Zaragoza hubiera anotado alguna de las notables ocasiones de las que dispuso de entonces hasta el final del encuentro quizá hubiera empatado. También es cierto que, de haberlo hecho, de tener tal capacidad, ahora no se encontraría tan solo un punto por encima del descenso. Si el fútbol es un deporte influido por circunstancias externas tales como los árbitros, si en ello reside parte de su encanto, en la posibilidad de perder un partido a sabiendas de que ha habido una decisión arbitral injusta, debemos asumirlo como tal. No parece muy lógico pregonar las exclusividad mágica de fútbol en este campo y cuando no sopla el viento a favor protestar por ello.

La cuestión es que el Zaragoza perdió. Hércules, Sporting, Racing, Deportivo y Levante se confabularon de un modo fabuloso para ganar todos sus partidos a costa de equipos que comienzan a ver peligrar su, hasta la fecha, holgada posición en la clasificación, a saber, Real Sociedad y Getafe. El Málaga también perdió, pero tiene 29 puntos, uno menos que el Zaragoza, equipo que marca la salvación. Pese a que todo esto puede parecer dramático para el conjunto maño, no lo es tanto. La historia de esta Liga demuestra que lo que hoy parece definitivo mañana es provisional. Y quien hoy se ve salvado, la siguiente jornada repite al filo del abismo.

Entre tanto hay que observar un momento la clasificación con estupor. El Levante, un club confeccionado con descartes y jóvenes sin experiencia que entró en Ley Concursal el año pasado, se encuentra noveno a cinco puntos de Europa. Es un milagro. Y es maravilloso. En las últimas cinco jornadas tan sólo dos equipos españoles pueden presumir de no haber perdido ningún partido: Barcelona y Levante. La machada de Luis García y sus jugadores merece una estatua de mármol en Valencia. Seguro que si alguien acude al Levante a hablarle de circunstancias externas del fútbol que pueden perjudicar a un equipo lo máximo que podrá encontrar será una sonora carcajada.

Imagen | La Tercera | El País

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