martes, 12 de abril de 2011

Historias de La Romareda


Andrés Pérez | El fútbol es un deporte extraño y, como tal, cuenta con aficionados que se comportan de forma extraña. Ayer, durante la disputa del Real Zaragoza - Getafe, los aficionados locales decidieron acordarse del presidente rival las dos veces en las que su equipo anotó. Primero se levantaron como un resorte para celebrar brevemente la gesta y acto seguido, en un ejercicio plenamente español, dedicaron cánticos a la madre de Ángel Torres, máximo dirigente del Getafe. Torres había dicho la semana anterior, en los prolegómenos del importante partido que enfrentaría a ambos equipos, que tenía la firme intención de denunciar al Zaragoza por impago. En concreto, por no abonar el dinero que debe por la compra de Uche, su actual delantero titular. En tal tesitura, la victoria era casi tan importante como descargar las iras contra el presidente rival.

En cualquier otro deporte o en cualquier otro lugar las declaraciones del presidente se hubieran interpretado como lo que son. El derecho legítimo de un club a reclamar el dinero que le deben, pero España y el fútbol son realidades diferentes. Lo son porque la historia no termina aquí. Ya en el segundo gol, el que el extremo Bertolo anotó para pasmo de Ustari, un irregular portero argentino, la afición de La Romareda, consciente de lo injusto que estaba siendo al acordarse de la madre de Ángel Torres en cada gol de su equipo, decidió que también la progenitora de Agapito Iglesias, el presidente de la entidad zaragocista, merecía la misma suerte que la de su homólogo madrileño. Y así, en feliz instantánea, La Romareda cantaba al unísono bellas palabras dedicadas a la memoria de las señoras Torres e Iglesias, mientras el Zaragoza se aferraba a la Primera División a costa de un decadente Getafe.

Los futbolistas siempre acuden raudos a cumplir el papel que les corresponde en la coreografía coral que es cada partido de fútbol. Casquero, capitán del Getafe, se había quejado amargamente durante toda la primera parte por la permisividad del árbitro de cara a las entradas de los jugadores del Zaragoza sobre los del Getafe. Hasta en cuatro ocasiones se vio visiblemente contrariado al mediocentro ante entradas que a su juicio merecían una clara tarjeta amarilla. El árbitro se mostró impasible, aunque Casquero tuviera cierta razón. Nada más comenzar la segunda parte y lejos de mostrarse coherente con sus propias creencias, Casquero vio en primer plano como Boateng arrastraba su pierna para derribar por detrás a Ander Herrera, el prometedor mediapunta del Zaragoza que en verano se marchará al Athletic por las deudas del club maño. Lejos de mantenerse callado, Casquero protestó al árbitro que señalara la infracción.


En el fútbol la vida es contradicción, y como tal la noticia al final del partido no era que el Zaragoza se hubiera plantado a tres puntos del descenso y hubiera hundido al Getafe en la pelea por la salvación, sino que en tres ocasiones se interrumpió el juego porque desde la grada y desde el banquillo local se lanzaron balones para perder tiempo. El ruido deja en un segundo plano las noticias. El Zaragoza jugó un excelente partido en la primera parte demostrando que, de los actualmente involucrados en la lucha por la permanencia, es con toda probabilidad el equipo mejor dotado o que mejor sabe utilizar sus armas para salvarse. Junto al Sporting, ya lejos de la zona de tensión —relativamente—, y al Levante, estelar, se está mostrando con una firmeza impensable en la primera vuelta. El conjunto de Aguirre sabe explotar sus virtudes y, lo más importante, conoce como nadie el resbaladizo terreno en el que se juega la vida.

Getafe y Real Sociedad son ahora las presas fáciles. Su endeblez en la segunda vuelta les ha devuelto al pozo de la lucha por la permanencia, a pesar de sendas primeras vueltas decentes. Los demás siguen ahí. Málaga, Almería, Osasuna, Deportivo, Hércules, Racing. Las mismas caras de toda la temporada. Tanto a Getafe como a Real Sociedad la broma se les puede ir de las manos. A pesar de que aún mantienen cierto colchón de cinco puntos con los puestos de descenso, su tendencia es decadente. De un modo brutalmente agresivo, para más inri. En todo este barullo de cada jornada —en la última el único equipo que arañó tres puntos fue el Sporting, los demás o bien empataron o bien perdieron, para beneplácito del Zaragoza, claro— el conjunto de Aguirre mantiene cierto tono ascendente, especialmente en casa, que le permite posicionarse como un serio candidato a la salvación. Todo un milagro para un equipo que estaba desahuciado en noviembre. Pero es fútbol. No entiende de imposibles.

Imagen | El País | El Mundo

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