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lunes, 16 de mayo de 2011
Sálvese quien pueda
Andrés Pérez | Al Zaragoza no le valían medias tintas y saltó a La Romareda convencido de que sus planes presentes y futuros pasaban únicamente por imponerse al Espanyol. Todo lo demás era inútil y superfluo. Conocedor de ello, Leo Ponzio, un aguerrido mediocentro argentino que va camino de forjar con letras de oro su leyenda en el libro del zaragocismo, robó un balón en las cercanías del área de Kameni, levantó la cabeza, se tomó su tiempo, armó la pierna derecha, soltó un latigazo e introdujo el balón en el fondo de la red para dar una victoria total y agónica a su equipo, del todo redentora. El gol de Ponzio embarraba a cinco equipos más en la lucha por el descenso, que se jugarán la vida a cara o cruz en la última jornada, a saber: Mallorca, Getafe, Real Sociedad, Deportivo de la Coruña y Osasuna.
Todos ellos cuentan ya con 42 puntos o más. De hecho el único que no los tiene, y que por ende está en posición de descenso, es el Zaragoza, cuya excelente segunda vuelta —victoria en el Bernabéu, goleada al Valencia en La Romareda— se ha visto empañada por dos enfrentamientos trágicos ante Osasuna y Real Sociedad, rivales directos en la lucha por el descenso. Paradójico es el caso de la Real Sociedad: ya celebraba la salvación cuando el gol de Aranburu enviaba al abismo al Zaragoza, pero su derrota en Sevilla puso de manifiesto que por más milagros que se obren esta temporada nada, nunca, es suficiente para firmar la supervivencia en la primera categoría. Se despidió Kanouté asesinando, sin piedad, a una Real Sociedad que acaparará todas las miradas junto al Zaragoza en la última jornada al recibir al Getafe, el enfrentamiento clave que ha deparado el calendario y que permite, de nuevo y como en el final de Liga 07/08, que el equipo que gane su partido se salve. Automáticamente.
Por orden. El Mallorca perdió en Almería inexplicablemente y con 44 puntos se encuentra en una situación que jamás imaginó durante el resto de la temporada. Le es ajena esta lucha al Mallorca lo cual aumenta exponencialmente su riesgo. A su favor cuenta con el menor porcentaje de fracaso de los seis implicados: no en vano necesita una concatenación de resultados que pasa porque ninguno de sus rivales pierda. Como era de esperar, el Real Sociedad - Getafe de Anoeta vuelve a ser decisorio. Si Osasuna, Deportivo y Zaragoza ganan y en Anoeta firman un empate, todo ello teniendo en cuenta que el Mallorca pierde, el equipo balear habrá descendido a Segunda División. Improbable. Al Mallorca le basta un punto.
Osasuna perdió en Getafe en otro de los duelos claves de la jornada y otro equipo que aparentemente rozaba la salvación ve peligrar su estatus. Su caso es ejemplar. Tras tres victorias consecutivas ha sido incapaz de alejarse de la zona de peligro, lo cual da fe de lo cara que va a estar la salvación este año: ni más ni menos que por encima de los 42 puntos si el Zaragoza, quien ahora ocupa la última plaza de descenso, suma un punto o más. Se puede llegar a dar el caso de que un equipo descienda con 44 puntos. Una locura. Osasuna, decíamos. Se enfrenta en casa a un Villarreal que no se juega absolutamente nada. Parece improbable que precisamente ahora y ante un equipo sin necesidad competitiva Osasuna pierda un partido en casa. Algo semejante le sucede al Deportivo, que se enfrenta a un Valencia apático en casa.
No obstante poco importará lo que hagan los tres equipos previamente citados si el Zaragoza, que viaja al campo de un Levante previsiblemente primado, no gana. Dado el enfrentamiento entre la Real y el Getafe, al Zaragoza, que está a un punto del conjunto madrileño y cuenta con la diferencia de goles a su favor, le valdría incluso un empate. Huelga decir que es mucho más tranquilizador ganar y que Real Sociedad y Getafe discutan de tú a tú qué equipo debe irse al garete. Así las cosas se presenta una última jornada taquicárdica en la lucha por el descenso más cara de todos los tiempos y se podría decir que la más mediocre. Que equipos como el Zaragoza o el Osasuna, de limitaciones más que evidentes, estén en francas condiciones de mantener la categoría dice más de la Liga que todos los goles anotados por Cristiano Ronaldo o Messi en una temporada. La emoción, eso sí, seguirá estando en el territorio reservado a los parias y al fútbol drama en un sálvese quien pueda legendario de tintes melodramáticos.
La lucha por la salvación en MQF | El orgullo ante la taquicardia (o ser feliz a pesar de todo) | Al Zaragoza le sobran tres minutos | El Deportivo se aferra a Valerón | Necesidades que apremian | Elogio de La Romareda | Bello sufrimiento | El enrarecido ambiente de La Romareda | No se puede fallar tanto | Historias de La Romareda | Las circunstancias externas del fútbol | Aprender a vivir en las profundidades | Emoción en el barro | La emoción estriba en la ausencia de competitividad
Imagen | El País
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martes, 10 de mayo de 2011
Necesidades que apremian
Andrés Pérez | Y casi sin tiempo a digerir lo sucedido en la pasada jornada aparece la siguiente entre semana, desfasada, como el Zaragoza o el Deportivo, que reaccionaron tardíamente a sus acuciantes necesidades; inquieta, como Sporting, Levante, Mallorca, Racing o Málaga, matemáticamente aún en riesgo de terminar con sus huesos en segunda; fulgurante, como la victoria de Osasuna; perecedera, como las rentas de la Real Sociedad. Trágica, en suma, como todo lo que rodea a la lucha por no descender en Primera División. Antes de entrar en materia, un repaso breve a las alturas: pese a la exhibición del Madrid el Barcelona sólo necesita un punto para ser campeón, nada que alegar; el Valencia, equipo irregular por antonomasia, tiene casi hecha su tercera plaza para escarnio del Villarreal, caminante a la deriva por la lejanía que le separa del Athletic o del Atlético, equipos que cierran Europa; y, finalmente, sólo Sevilla o Espanyol podrían optar a otra cosa que no fuera descender. En general, todo demasiado previsible. A lo nuestro.
Exceptuando al Almería, oficialmente equipo de Segunda División, tres equipos fueron los desafortunados en la pasada jornada: Zaragoza, Real Sociedad y Hércules. A éstos últimos su derrota ante el Racing, de nuevo por la mínima ante un rival directo, les acerca severamente a las puertas de segunda. Tiene 33 puntos, a seis de la salvación cuando restan nueve por jugarse. Cuesta creer que consigan todos sus puntos y que alguien a su alrededor se dispare tan absurdamente en un pie. Cerrado este capítulo queda por dirimir el tercer y último pasajero del tren al gélido desierto de la división de plata. Esa posición la ocupa el Deportivo, que no perdió pero sí empató y arruinó la fiesta de la salvación al Sporting en su porpia casa, cosechando un punto que quizá resulte determinante de aquí al final de la Liga. O quizá no.
Entre tanto el Zaragoza se hundió ante Osasuna, que de haber perdido estaría en gravísimos problemas. Algo parecido le sucedió al Getafe, que se aprovechó de las penurias del Almería para sumar tres puntos que de haberse evaporado en el horizonte hubieran supuesto una defunción casi segura. Juega hoy ante el Real Madrid en el Bernabéu, donde sólo Sporting y Zaragoza han extraído beneficio. El problema del Getafe es que hoy sí juega un obstinado Cristiano Ronaldo, que a falta de argumentos mejores pretende demostrar su superioridad ante Messi batiendo el récord goleador de todos los tiempos en la Liga: 38. Está a cinco. Duelos de hoy: Racing y Deportivo reciben a los dos equipos que actualmente ocupan plazas de Europa League, Atlético y Athletic, y que tienen que ganar sí o sí si quieren que el Sevilla no les supere.
Sevilla, por cierto, que también acude a campo ajeno, en concreto a Pamplona, donde Osasuna pretenderá agregar más valor a los tres puntos obtenidos en La Romareda. No se sorprendan sin repentinamente los tres equipos que se enfrentan a equipos en pugna por puestos europeos vencen sus respectivos partidos. La Liga Española es así. Ahora bien: cualquiera de los tres que ose perder puede encontrarse en problemas relativamente acuciantes. Duelos algo más intrascendentes: Levante - Barcelona y Hércules - Mallorca. Sería extraño que cualquiera de los cuatro cambiara su estatus de aquí a final de Liga. Y dos duelos directos.
Málaga - Sporting, bastante electrificado, y Real Sociedad - Real Zaragoza, duelo de absoluta necesidad para ambos. Digámoslo de este modo: salvo para el Zaragoza, ganar supone virtualmente la salvación. El empate supone prolongar la agonía. La derrota acrecentarla. En el caso del Zaragoza, mucho más necesitado, le podría valer el empate apostando su suerte a que con 43 puntos —suponiendo que obtiene los tres siguientes en casa ante el Espanyol, que es mucho suponer— es imposible bajar. Ésta última es una lectura pretendidamente optimista. En realidad cualquier otra cosa que no sea una victoria seguirá siendo realmente peligroso para sus intereses, como casi la mayor parte de equipos que en estas tres últimas jornadas se juegan a cara o cruz el devenir de toda una temporada. Destino, qué obsesiones las tuyas.
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Imagen | Corazón Boquerón
viernes, 25 de marzo de 2011
¡A la huelga!
Andrés Pérez | Ya estarán al tanto: la Liga de Fútbol Profesional pretende realizar una huelga los próximos 2 y 3 de abril. O lo que es lo mismo, no jugar los partidos correspondientes a la jornada 30. La decisión del parón se ha tomado entre todos los clubes que forman la Liga. ¿Todos? No. Un pequeño reducto de rebeldes resisten ahora y siempre al invasor y han presentado ante los juzgados de primera instancia de Madrid una demanda para que se tomen medidas que garanticen que esa jornada se jugará los días previstos por el calendario fijado antes del comienzo de la temporada. Estos clubes son los mismos que reclaman un mejor reparto de los derechos televisivos y que ya se posicionaron en su día contra el actual sistema, a saber, Villarreal, Sevilla, Athletic, Real Zaragoza, Real Sociedad y Espanyol.
La polémica sigue rotando en torno a los derechos televisivos. El montante de equipos que han decidido realizar la huelga pretenden por esta vía presionar al Gobierno para que retire la emisión del partido en abierto, tradición que se mantiene vigente desde los años 60 en aras del «interés general» —algo regulado por la Ley de Interés General promulgada en 1997—. Según los partidarios del parón, no hay ningún interés general en la emisión de un partido todos los fines de semana. Además de esta reivindicación, estos equipos también reclaman un mayor porcentaje de los ingresos obtenidos mediante las apuestas del Estado, esencialmente la Quiniela. En suma, más dinero.
Entre los clubes que han optado por secundar la huelga se encuentran Real Madrid y Barcelona. Se desconocen los motivos que pueden llevar a ambos a reclamar más dinero. Aún más. Sorprende que el resto de clubes estallen ahora ante lo que consideran una «inviable» situación y sin embargo se conformaran en su día con las migajas del reparto de derechos televisivos más desigual y pernicioso para la competición de todo el continente europeo. Augosto César Lendorio, presidente del Deportivo de la Coruña desde tiempos inmemoriales, se ha mostrado como uno de los agentes más activos y llamativos de la lucha por el fin de las emisiones en abierto. Estas han sido algunas de sus palabras al respecto:
El gobierno está provocando sensibles pérdidas por la expropiación de derechos que nos corresponden a clubes de fútbol y si nada lo evita se va a producir un parón empresarial (...) Da la impresión de que la gente no se lo toma en serio pero yo apostaría a que ocurrirá
[...] Me gustaría que hubiera igualdad. O café para todos o para ninguno. Al Depor no le apoya nadie económicamente (...) El fútbol no es comparable a ninguna empresa. No es negocio. Quizá se salven el Barcelona, Madrid y algún otro. Los demás no son buen negocio ahora. Por ejemplo, todo el trabajo del Depor se vino abajo con el penalti de Djukic en 1994. En otro tipo de empresas eso no ocurre, no es comparable. Los equipos que descienden se ven abocados a la Ley Concursal. Se habla mucho de mala gestión, pero cuando se pasa de tener unos ingresos de cuarenta millones a otros de diez, y se conservan al tiempo las mismas obligaciones, se hace difícil salir adelante (...) No es una huelga, es un cierre empresarial por parte de los clubes. Pasan por una situación complicada, deben 694 millones de Hacienda, y todavía falta por saber los datos de la Seguridad Social. La situación no es buena, y ése es un aspecto a tener en cuenta.
Según el máximo dirigente de la entidad coruñesa, los problemas económicos de un club se deben única y exclusivamente al rendimiento deportivo del mismo. Es probable que tanto en Inglaterra como en Alemania muestren objeciones al respecto, pero no lo es tanto que Lendoiro lo entienda. En España lo importante es que la realidad se amolde a la opinión, no al revés. Desde ese punto de vista, desde el que defiende Lendoiro, es incluso lógico culpar a Djukic de los problemas económicos de la entidad que él dirigía en su día. En cualquier caso los futbolistas del Rayo Vallecano, cuyo sueldo se encuentra actualmente congelado tras llevar la familia propietaria del club su conglomerado de empresas a la quiebra, seguro que se mueren de ganas de rebatir a Lendoiro.
El problema de los derechos televisivos pone de relieve una vez más la pésima gestión económica de la mayoría de los clubes de fútbol españoles. Como bien apunta Lendoiro, un club no es una empresa al uso. La mayoría son máquinas de quemar dinero, muchas veces de forma absurda. A modo de reflejo de la situación actual del país, la irresponsable gestión de la mayoría de los clubes españoles se han encontrado con la cruda realidad tras el estallido de la burbuja económica en la que vivían. Y ahora culpan al empedrado. No en vano, se calcula en torno a 700 millones de euros la deuda total que los equipos deben a Hacienda. Según los números de Ángel Torres, presidente del Getafe, club que secunda la huelga, el cierre del partido en abierto cada jornada supondría, atención, 180 millones a repartir para todas las entidades.
Si calculan lo correspondiente a cada uno, obtienen 9 millones de euros. Sin duda una cantidad que solventaría sus agujeros financieros. ¿Es realmente el partido en abierto una desventaja para los equipos? La respuesta la dibuja de forma maestra Roger Sesenrrich en este post:
Es bien sabido que los equipos profesionales en España son, con muy, muy contadas excepciones, una forma excelente de quemar dinero. La mayoría de clubes de fútbol y baloncesto malviven a base de créditos un tanto dudosillos (uno de los múltiples usos de las cajas de ahorros estos últimos años), ayudas públicas más o menos encubiertas, formas de impago creativas o la intervención "amigable" de algún rico potentado. Ganar dinero, lo que se dice ganar dinero, no lo hace nadie (...)
Algo que también me parece bastante incomprensible (especialmente en la liga de fútbol) es la extraña alergia de muchos equipos a que sus aficionados los vean jugar. No es sólo cosa de estadios medio vacios y entradas caras, es la extraña insistencia en tener tantos partidos codificados como sea posible (...) Los equipos americanos acostumbran a tener todos sus partidos en televisión en su mercado local, casi sin excepción (...)
Para evitar que esta emisión constante de partidos reduzca el número de espectadores en los estadios, los equipos americanos en la NFL acostumbran a tener otra estrategia: si no llenan, el partido no se emite por televisión. Esto les da un incentivo enorme en intentar llenar el estadio (si no llenan, no cobran por esa publicidad), y hace que curren en serio para aumentar la afición.
Vaya. Las entidades españolas caminan en la dirección opuesta.
Los seis clubes que se oponen afirman en un comunicado conjunto que la decisión es «una medida desproporcionada, inoportuna, contraria a los intereses de los clubes, de la competición y de los aficionados y, además, contraria a la Ley». Tanto Fernando Roig, máximo dirigente del Villarreal, como Del Nido, del Sevilla, se han mostrado muy críticos con la convocatoria a la huelga. O al parón patronal, como gusten. El primero cree que «plantear una huelga en el fútbol estando como está el país es ridículo y va contra toda lógica», y el segundo se muestra aún más crítico: «Es vergonzoso que la liga española sea la de reparto más desigual del entorno europeo (...) la Liga es tercermundista». Las quejas de este grupo de disidentes rotan en torno al desigual reparto de los derechos televisivos. Es algo que va mucho más allá de la retransmisión o no del partido en abierto. Del Nido, de hecho, aprovecha la ocasión y también critica agriamente la postura de Madrid y Barcelona.
En todo este proceso, lo que más llama la atención es que la mayor parte de clubes que se posicionan a favor de la huelga y en su día a favor del actual reparto sean los más perjudicados por el sistema. Más allá de Atlético y Valencia, la mayoría de equipos que no luchan por una mayor justicia económica no son precisamente ejemplos de viabilidad financiera. El Mallorca, por ejemplo, no ha podido competir en Europa esta temporada dadas sus penosas cuentas. El Levante está en Ley Concursal. Y así sucesivamente. ¿Soluciona algo la huelga? No parece que al Ejecutivo de Zapatero, bastante ocupado en otras lides, le suponga mayor incordio el ruido que puedan ejercer la mayoría de clubes con un parón patronal. ¿Solucionaría algo la eliminación del partido en abierto? Económicamente, según las propias cuentas de Torres, no. Ni de lejos. Y, además, perjudicaría al aficionado medio.
En el fondo sólo hay una solución posible al drama que narra Lendoiro, y es un plante real y valiente el día en que toque negociar de nuevo el reparto de los beneficios obtenidos por las televisiones. Por parte de los clubes perjudicados. No ahora, en este chapucero e improvisado ejercicio de cobardía. Aunque sea evidente a todas luces que no es la mejor del mundo, la Liga no merece tanta mediocridad intelectual y empresarial.
Imagen | Fútbol Report | El País
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jueves, 10 de marzo de 2011
Y sin embargo se mueve
Andrés Pérez | Sucede con frecuencia en el fútbol: ser mejor implica una demostración práctica. La teoría es papel mojado hasta que se aplica en el plano real. Es cierto, el Valencia tiene mejores mimbres que el Schalke 04, un desordenado conjunto alemán cuya defensa es caótica y cuyas principales virtudes son las individualidades talentosas en el frente de ataque. En apariencia, y a pesar del sufrido empate que los de Emery cosecharon en campo propio, gol de Raúl incluido, el Valencia era el favorito para pasar a los cuartos de final. Tanto la situación del conjunto alemán en Liga como el buen estado de determinados jugadores valencianistas invitaban al optimismo. En teoría. En la práctica no basta con ser mejor sino con saber ser mejor. Y en ese sentido el Schalke impartió una lección.
Se adelantó de nuevo el Valencia, como ya hiciera en Mestalla. Esta vez el encargado de abrir el marcador fue Ricardo Costa, de manera casi fortuita tras un buen destello de calidad de Topal en la banda izquierda, supuesta autovía para los deslices desmesurados del portento físico que es Mathieu. Supuesta puesto que Uchida, el joven lateral japonés que se desempeña en el carril derecho del Schalke, demostró cierta flaqueza defensiva en el campo valencianista pero apenas tuvo errores anoche. El gol de Costa no espoleó al Valencia sino que lo acomodó en una peligrosa tierra de nadie, donde el lento y anodino transcurrir de los acontecimientos, alejado el Schalke de Guaita, conformista el equipo valenciano de cara a la portería de Neuer, relajó en exceso a los de Emery. Al Schalke, equipo de limitaciones técnicas evidentes con un centro del campo huérfano desde la marcha de Rakitic al Sevilla, se le apreciaba más tesón que ideas, lo que, en un principio, no suponía mayores quebraderos de cabeza para David Navarro y Costa, pareja de centrales anoche.
Sin embargo, la acomodación fue excesiva. El Valencia no se relajó: directamente se durmió. Perdió de vista la portería rival y comenzó a preocuparse por el ímpetu plenamente físico que Farfán o Kluge imponían en las bandas. Jurado revoloteaba por el carril izquierdo acompañado de Escudero, grata sorpresa de la noche, y Raúl y Gavranovic buscaban recibir de espaldas a la portería de Guaita. No tuvo especiales contratiempos el canterano hasta que al borde del área, en una acción un tanto desafortunada de Navarro, Gavranovic cayó al suelo. Había transcurrido casi toda la primera parte y el Valencia, a pesar del tanto inicial, no aparentaba ser un equipo que tuviera el partido bajo control. Menos aún cuando Farfán, en un ejercicio fabuloso de precisión, superó la barrera valencianista y firmó el gol de la jornada.
El empate, no obstante, suponía cierto peligro para el Schalke. Tal es la paradoja: ante la falta de ambición del Valencia una vez se puso por delante, Neuer apenas se tuvo que esforzar. Sin embargo, el empate presagiaba malas noticias para el equipo de Magath: con un tanto el Valencia obligaría al Schalke a anotar otros dos. Una empresa algo utópica para un conjunto de limitaciones evidentes como el alemán. Lejos de ello, el Valencia siguió sin rumbo, sin plano, sin idea alguna que transmitir desde el campo. Banega no lograba conectar con Mata y Aduriz se perdía entre la enclenque defensa alemana hasta el punto de marrar un mano a mano claro ante Neuer. Fue un destello, casi un accidente provocado por la debilidad de la defensa del Schalke, en ningún caso el resultado de una tendencia ofensiva.
El Schalke, espoleado por el atronador rugido de su afición, apta como pocas para la entonación de cánticos corales en un estadio de acústica sublime, siguió concentrado en su particular batalla, la de vencer a sus propias limitaciones. Una acometida de Kluge en banda izquierda frente a un Bruno algo parsimonioso deparó en un altísimo centro. Guaita intentó despejar en vez de blocar y falló. El balón pasó por delante de Mathieu y llegó a Farfán, quien en primera instancia mandó el tiro, al borde del área pequeña, al cuerpo de Guaita. El rechace lo aprovechó Gavranovic para adelantar por primera vez al Schalke en la eliminatoria. De ahí al final, al conjunto de Magath sólo le restaba rezar.
Rezar por una defensa adelantada incapaz de medir los pases a su espalda. Hasta en dos ocasiones fueron capaces los centrocampistas valencianistas de superar por alto, en balones frontales, sencillos y francos, a los centrales locales. Ninguna de las dos ocasiones, de clara ruptura de la última línea del Schalke, fue aprovechada por el Valencia. Emery se ofuscó y retiró a Banega, el mejor dotado del equipo valenciano, para dar salida a Tino Costa. Con Soldado en el campo en detrimento de Aduriz la consigna estaba clara: balones por alto. Un caramelo para la defensa del Schalke, feliz en su desempeño aéreo, lo único realmente fiable de sus virtudes. Hasta el minuto final el Valencia dispuso de pocas ocasiones claras y el Schalke entre tanto sufrió para anotar el tercero y sentenciar la eliminatoria. Tras dos ejercicios de fútbol irrisorio, Farfán, con el Valencia en área contraria, marcó el tercero. Había muerto el Valencia víctima de sus propios errores. No es mejor equipo el Schalke, y sin embargo lo fue. No giraba la tierra en torno a nada, y sin embargo se movía. En el fútbol, la teoría es y será simple y mera teoría.
P.D.
En otro orden de cosas, el Tottenham empató a cero en White Hart Lane para echar fuera de los cuartos al Milan. Sólo resta el Inter en competición europea y parte en desventaja la semana que viene frente al Bayern. De caer en Munich, no quedará ningún equipo italiano en competición continental en marzo.
Imagen | El País
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jueves, 3 de marzo de 2011
Aprender a vivir en las profundidades
Andrés Pérez | La vida al filo del abismo no entiende de relajaciones ni momentos de distensión. Le sucede al Zaragoza como le suceden a tantos otros equipos en Liga. Anoche sin embargo, mientras se arremangaba para remontar una vez más un marcador adverso por un infantil error defensivo, jugó en cierto modo desinhibido. Las causas de tal tranquilidad, de tal partido ganado finalmente desde un planteamiento reflexivo y no puramente emocional, pueden residir en la mano derecha de Aguirre o en la propia adaptación de los jugadores a las circunstancias de las eternas finales. El Zaragoza ha aprendido a vivir siempre bajo sospecha. Y comprenderse a uno mismo es el primer paso para salvarse.
Se adelantó el Athletic, como llevan haciéndolo infinidad de conjuntos en La Romareda esta temporada. Lo hizo mediante Llorente, único jugador brillante ayer en el adormilado y desdibujado equipo de Caparrós, tras un mal entendimiento entre Jarosik y Doblas. A partir de ahí el Zaragoza, al contrario que en otras estampas semejantes en ocasiones anteriores, agarró el balón y lo circuló en línea de tres cuartos de campo para surtir de balones a Uche, titular en un partido de talla dos años después. Entre Herrera y Boutahar anduvo el juego. De largo los dos jugadores de más talento de la plantilla, permutaron posiciones, abrieron espacios y dibujaron líneas de pase. Por detrás Ponzio barría de nuevo espléndidamente y Gabi percutía aquí y allá, todos ellos con la connivencia de un vertical Bertolo. Jugaba bien el Zaragoza y era noticia.
Llorente, eso sí, causaba terror en Contini y Jarosik cada vez que un balón volaba hacia sus dominios. En todo caso, entre ambos y Lanzaro se las arreglaron para cortarle la energía a base de doblar la marca y una defensa subterránea que terminó desesperando al delantero. El Athletic se agazapó y el Zaragoza se envalentonó: jugó más, tiró más, creó más peligro y confió más en sí mismo. Así las cosas, en la segunda parte el resultado rotó a favor del conjunto local, gol y llanto mediante de Uche. Venció finalmente el Zaragoza porque ha aprendido, como el Levante o como el Racing, a desenvolverse en el lodo. Es tal su aprendizaje que incluso ya se atreve a jugar bien al fútbol. El acompañamiento de una defensa por fin pletórica da como resultado el primer resultado remontado de la temporada y algo más de aire.
A falta de que jueguen Málaga, Almería y Racing, el Sporting vuelve a la zona de descenso tras perder en Sevilla. Deportivo y Osasuna empataron en un partido que se antojaba ya desde el inicio tedioso y el Hércules no pudo arañarle al Villarreal, como sí hicieran los espléndidos ahora Levante y Racing, un punto. Quien se juega la vida es el Almería: con 21 puntos, perder contra el Racing le deja de cualquier modo a cinco puntos de la salvación y, además, espolearía al conjunto cántabro, a un punto del Getafe, en apariencia el primer conjunto alejado de los problemas. Comienzan a abrirse brechas y si el Racing es el primero en hacerlo habrá obtenido media salvación por puro estado de ánimo.
En las alturas, el Barça jugó uno de sus peores partidos de la temporada y sin embargo ganó al Valencia. Víctima toda la temporada de sus propios errores en defensa, ayer mereció como poco el empate aunque no logró encontrar con la fluidez que hubiera requerido a Pinto. El peligro generado por el equipo de Emery fue más intuido que real, y en esa situación el Barça sufrió, pero no lo suficiente. Apenas algunos amagos de Soldado o Pablo Hernández que hicieron arquear la ceja a un cada día más pletórico Abidal. Apareció Adriano, por fin, y sirvió a Messi, que empujó a placer. Uno de los escollos más notables de aquí al final superados por el Barça. Mañana el Madrid confirmará o negará la vida del campeonato.
Imagen | El País
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lunes, 28 de febrero de 2011
Aquellos maravillosos marrulleros
Andrés Pérez | No le será ajeno a cualquier delantero que se desempeñe en España el concepto del central marrullero. Se trata de una especie de defensor abundante en los terrenos de juego nacionales a cualquier nivel, ya sea en cadetes, juveniles o senior. Bordeando el estrecho borde legal que separa lo permisible de lo inaccesible, se muestran altivos y marcan su territorio a base de amedrentar al delantero rival. Sutilmente: una breve tarjeta de bienvenida en forma de zancadilla de espaldas al árbitro, un empujón leve e inocente en un córner, cierto codo sobrevolando la testa del rival, formas variadas de provocación verbal, etcétera. Se pueden hacer una idea.
Es, de largo, el defensa más odioso y odiado. A falta de virtudes que exasperen al delantero dadas sus innatas dotes al corte o en la anticipación, el central marrullero se fortifica bajo un manto de violencia intuida. Intimidación, en suma. Insoportable, desde luego, puesto que basa su talento en una fuerza nada relacionada con el deporte o el talento. A David Navarro, defensa central del Valencia que en los dos últimos años ha encontrado el sitio en la zaga levantina que jamás pudo encontrar en tiempos anteriores y que pasó a la fama por uno de los actos más cobardes que se recuerdan en un campo de fútbol, se le acusa ahora de ejercitar las nobles artes del defensa marrullero.
En Italia, por descontado, a David Navarro se le aplaudiría la gracia como se le ha aplaudido en innumerables ocasiones a Gattuso o Materazzi, auténticos genios del arte de la intimidación. Navarro, ayer domingo en casa del Athletic de Bilbao, mostró su mejor repertorio en un salto con Fernando Llorente: ante la imposibilidad de ganarle en el juego aéreo decidió sacar a pasear un codo, impactando en la testa del delantero riojano para, posteriormente, fingir un choque casual, lances del juego, cosas veredes amigo Sancho. Tanto Llorente como Navarro terminaron el partido con una amarilla, para indignación del delantero y de Javi Martínez, centrocampista que previamente había terminado sangrando tras cruzarse en el camino de Navarro.
La acción de Navarro ha causado la reacción de Llorente, harto, dice, de este tipo de ejemplares defensivos. Navarro es el último en llegar, huelga decir, a una larga y reciente lista de tipos admirablemente odiosos, aquellos que hicieron de la tarea defensiva un arte alejado del fútbol. Ahí van unos cuantos nombres que bien les sonarán a todos: David Albelda, Rubén Baraja, Carlos Marchena, Javi Navarro, Gabriel Heinze, Pablo Alfaro, Matteo Contini, el ya citado Marco Materazzi, Lúcio, y unos cuanto centrocampistas dignos de este ránking. Son aquellos maravillosos marrulleros, leyenda indeleble del fútbol pasado y futuro.
Ante la actitud de David Navarro & cía el árbitro poco puede hacer, en realidad. Es arte puesto que la maestría de bordear el filo de la ley y en pocas ocasiones ser castigado no merece otro calificativo. El árbitro se extralimitaría en sus funciones penalizando un comentario o un laxo empujón. La solución es la misma que a tantos otros males inextirpables, en apariencia, del fútbol: una educación de base que apueste a partes iguales por el deporte, el respeto y la competitividad. Algo inalcanzable a día de hoy a juzgar por el ambiente de cualquier partido entre equipos juveniles de su ciudad más cercana.
Imagen | RTVE.es
Es, de largo, el defensa más odioso y odiado. A falta de virtudes que exasperen al delantero dadas sus innatas dotes al corte o en la anticipación, el central marrullero se fortifica bajo un manto de violencia intuida. Intimidación, en suma. Insoportable, desde luego, puesto que basa su talento en una fuerza nada relacionada con el deporte o el talento. A David Navarro, defensa central del Valencia que en los dos últimos años ha encontrado el sitio en la zaga levantina que jamás pudo encontrar en tiempos anteriores y que pasó a la fama por uno de los actos más cobardes que se recuerdan en un campo de fútbol, se le acusa ahora de ejercitar las nobles artes del defensa marrullero.
En Italia, por descontado, a David Navarro se le aplaudiría la gracia como se le ha aplaudido en innumerables ocasiones a Gattuso o Materazzi, auténticos genios del arte de la intimidación. Navarro, ayer domingo en casa del Athletic de Bilbao, mostró su mejor repertorio en un salto con Fernando Llorente: ante la imposibilidad de ganarle en el juego aéreo decidió sacar a pasear un codo, impactando en la testa del delantero riojano para, posteriormente, fingir un choque casual, lances del juego, cosas veredes amigo Sancho. Tanto Llorente como Navarro terminaron el partido con una amarilla, para indignación del delantero y de Javi Martínez, centrocampista que previamente había terminado sangrando tras cruzarse en el camino de Navarro.
La acción de Navarro ha causado la reacción de Llorente, harto, dice, de este tipo de ejemplares defensivos. Navarro es el último en llegar, huelga decir, a una larga y reciente lista de tipos admirablemente odiosos, aquellos que hicieron de la tarea defensiva un arte alejado del fútbol. Ahí van unos cuantos nombres que bien les sonarán a todos: David Albelda, Rubén Baraja, Carlos Marchena, Javi Navarro, Gabriel Heinze, Pablo Alfaro, Matteo Contini, el ya citado Marco Materazzi, Lúcio, y unos cuanto centrocampistas dignos de este ránking. Son aquellos maravillosos marrulleros, leyenda indeleble del fútbol pasado y futuro.
Ante la actitud de David Navarro & cía el árbitro poco puede hacer, en realidad. Es arte puesto que la maestría de bordear el filo de la ley y en pocas ocasiones ser castigado no merece otro calificativo. El árbitro se extralimitaría en sus funciones penalizando un comentario o un laxo empujón. La solución es la misma que a tantos otros males inextirpables, en apariencia, del fútbol: una educación de base que apueste a partes iguales por el deporte, el respeto y la competitividad. Algo inalcanzable a día de hoy a juzgar por el ambiente de cualquier partido entre equipos juveniles de su ciudad más cercana.
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miércoles, 16 de febrero de 2011
Raúl a lo suyo
Andrés Pérez | Debe ser frustrante para la afición del Valencia que Raúl, una vez había anotado a su equipo doce goles a lo largo de toda su carrera vistiendo los colores del Real Madrid, aparezca de nuevo en Mestalla, en la recta final de su carrera y portando los colores de un extravagante equipo alemán, para marcar más goles. Raúl sigue teniendo la habilidad de dejar con cara de pasmo a la grada rival. Anoche se adelantó a Navarro en el área al intuir como nadie la trayectoria de un centro lateral desde la banda izquierda y empató el partido tras un control sutil y un disparo renqueante y bulímico. Era Raúl, con otros colores y con más canas, pero seguía siendo Raúl.
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
Imagen | El País
Veleidades del destino, al observar al delantero madrileño celebrar un gol, una vez más, en un campo español, el automatismo inevitable es una sonrisa de incredulidad. Se fue del Madrid al Schalke e imaginamos pícaramente cómo Raúl se alzaría como estandarte de un equipo extranjero reviviendo los mejores años de su juventud. Se cumplió. Cruzó el Schalke la línea de los octavos de final y disfrutamos con la morbosa idea de ver a Raúl enfrentarse al Madrid o a otro equipo español. Se cumplió. Antes de que sucediera, a todo el mundo le cabía en la cabeza la imagen de Raúl anotando otro gol, el enésimo, en Mestalla. Se volvió a cumplir. Ante todo esto sólo cabe sonreír. Una sonrisa a mitad de camino entre la admiración y la estupefacción.
Para cuando Raúl había aguado la fiesta valencianista, Emery debía estar tirándose de los pelos. El Schalke, más allá del español, se comportó como un equipo mediocre por debajo de las posibilidades reales del Valencia. Cabe plantearse en este sentido si del Valencia se espera, ahora, más de lo que puede dar. Anoche amagó varias veces con mostrarse indolentemente superior al conjunto alemán pero no certificó tal sospecha. Se mantuvo algo tibio tras el gol de Soldado y sufrió en defensa oportunamente cada vez que Huntelaar peinaba hacia atrás y Raúl, Jurado o Farfán aparecían buscando la prolongación.
El desarrollo de la segunda parte prevía la hecatombe. A pesar del buen hacer de Banega o el Chori Domínguez, al que se le intuyen muchos minutos fructuosos en Liga, el Valencia no terminaba de rematar una faena que se podía complicar dada la voracidad carnívora de todo equipo alemán que se precie. El conjunto de Emery no aceleró el ritmo del partido para buscar el segundo, tampoco hizo sufrir a Neuer en exceso, perdió el norte cuando el Schalke se mostró más agresivo y sufrió en exceso de vértigo europeo. Soldado sólo apareció para un gol, Aduriz se mostró fallón y Joaquín y Vicente, dos aleros otrora titulares en la selección, aparecieron demasiado tarde. A Uchida, el lateral derecho del Schalke, ya se le veía débil y mareado por aquel entonces. Pero era demasiado tarde.
Raúl, que no sufre ni sufrió nunca de vértigo, ya había empatado la eliminatoria. Aún dispuso el Schalke incluso de una oportunidad de Hao, que tras un pase en profundidad del delantero español disparó seco y a la cepa del poste para que Guaita se estirara lo suficiente como para enviar el balón a córner. En esencia, el Schalke, por más que se le califique como un equipo inferior, hizo trabajar más al portero rival que el Valencia. Indómito, Raúl colocó con su gol al Schalke de cara a los cuartos de final. Quién lo iba a decir en verano. Quién se lo iba a decir a Emery tras comprender todos, incluso los aficionados del Schalke, que el Valencia tiene mejor equipo pero es incapaz de demostrarlo.
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martes, 15 de febrero de 2011
De Raúl y las segundas oportunidades
Andrés Pérez | Probablemente, la imagen que evoca Raúl en la mente de todo espectador cuando se habla de su figura es la de la cuchara. Una forma de vaselina no inventada por él pero sí patentada. Pocos futbolistas han sido capaces de identificar con tamaña facilidad un gesto a su persona. Raúl ha podido, como con tantas otras cosas: un sinfín de goles, trofeos y elogios de todo tipo. Amor y odio, también por partes iguales, despertando los recelos de tantos y la idolatría de otros, ya en su recta final en el Real Madrid, abatido, viejo, lento y sumido en un eterno debate siempre al margen de sus méritos futbolísticos.
El mejor Raúl se apagó hace tiempo. Se pueden esgrimir los datos de dos de sus tres últimas temporadas en el Bernabéu —donde superó la veintena de goles en dos de ellas— e intentar defender la inmaculada trayectoria del delantero, su siempre innegable derroche de energías y de talento, en efecto. Raúl siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, pero el buen Raúl comenzó a desdibujarse tras el Mundial de Corea y la última Liga que consiguió aquel Madrid de ensueño liderado por él y comandado por Zidane, Ronaldo o Figo. La opacidad de la última etapa de aquella gloriosa conjunción de futbolistas ensombreció a Raúl que, cuando se marcharon todos, siguió al borde del acantilado. Seguir en aquel Madrid, post-Florentino y post-galácticos al que se le asociaba de un modo intrínseco a pesar de sus méritos previos, le valió la división definitiva entre detractores y aduladores.
Sus últimos días en España pasaron desapercibidos. Le valió un gol a modo póstumo en La Romareda cierta despedida honorífica antes de tiempo. Decidió marcharse a Alemania sabedor de que su ciclo se había terminado, quizá entendiéndolo demasiado tarde, quizá no. Sea como fuere, la decisión ha rejuvenecido a Raúl, que vive una suerte de segunda juventud más encorvado, más lento, pero igual de intuitivo. Asentado en la titularidad del Schalke, Raúl regresa a España para enfrentarse al Valencia en octavos loando las virtudes del competitivo campeonato alemán, disfrutando los gozos del anonimato en tierra germánica.
Ha marcado 12 goles. Ya ha dejado como marca su habitual cuchara en alguno de ellos. No sería de extrañar encontrar una vez más a Raúl anotando en Mestalla, ante uno de sus equipos fetiche, el Valencia, a quien amargó en la final del 2000 con un último gol imborrable de la retina colectiva. Por ahí andará Raúl, a ratos apagado, a ratos inspirado, con la planta extraña y poco ortodoxa que le caracterizó en su última etapa en el Madrid, revoloteando como siempre ha hecho entre líneas, silencioso, callado, en apariencia dócil. No sería extraño que no apareciera en todo el partido. Para entonces, a modo de destello del futbolista que fue y alardeando de una virtud que nunca perderá, quizá ya haya marcado en una jugada inverosímil, apareciendo tras un rechace, a la espera de una segunda oportunidad. Raúl, asentiremos para entonces todos, asintiendo lacónicamente a los últimos días de un delantero para la posteridad.
Lectura recomendada | "Estoy disfrutando en una Liga mucho más física" (El País)
Imagen | El País
El mejor Raúl se apagó hace tiempo. Se pueden esgrimir los datos de dos de sus tres últimas temporadas en el Bernabéu —donde superó la veintena de goles en dos de ellas— e intentar defender la inmaculada trayectoria del delantero, su siempre innegable derroche de energías y de talento, en efecto. Raúl siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, pero el buen Raúl comenzó a desdibujarse tras el Mundial de Corea y la última Liga que consiguió aquel Madrid de ensueño liderado por él y comandado por Zidane, Ronaldo o Figo. La opacidad de la última etapa de aquella gloriosa conjunción de futbolistas ensombreció a Raúl que, cuando se marcharon todos, siguió al borde del acantilado. Seguir en aquel Madrid, post-Florentino y post-galácticos al que se le asociaba de un modo intrínseco a pesar de sus méritos previos, le valió la división definitiva entre detractores y aduladores.
Sus últimos días en España pasaron desapercibidos. Le valió un gol a modo póstumo en La Romareda cierta despedida honorífica antes de tiempo. Decidió marcharse a Alemania sabedor de que su ciclo se había terminado, quizá entendiéndolo demasiado tarde, quizá no. Sea como fuere, la decisión ha rejuvenecido a Raúl, que vive una suerte de segunda juventud más encorvado, más lento, pero igual de intuitivo. Asentado en la titularidad del Schalke, Raúl regresa a España para enfrentarse al Valencia en octavos loando las virtudes del competitivo campeonato alemán, disfrutando los gozos del anonimato en tierra germánica.
Ha marcado 12 goles. Ya ha dejado como marca su habitual cuchara en alguno de ellos. No sería de extrañar encontrar una vez más a Raúl anotando en Mestalla, ante uno de sus equipos fetiche, el Valencia, a quien amargó en la final del 2000 con un último gol imborrable de la retina colectiva. Por ahí andará Raúl, a ratos apagado, a ratos inspirado, con la planta extraña y poco ortodoxa que le caracterizó en su última etapa en el Madrid, revoloteando como siempre ha hecho entre líneas, silencioso, callado, en apariencia dócil. No sería extraño que no apareciera en todo el partido. Para entonces, a modo de destello del futbolista que fue y alardeando de una virtud que nunca perderá, quizá ya haya marcado en una jugada inverosímil, apareciendo tras un rechace, a la espera de una segunda oportunidad. Raúl, asentiremos para entonces todos, asintiendo lacónicamente a los últimos días de un delantero para la posteridad.
Lectura recomendada | "Estoy disfrutando en una Liga mucho más física" (El País)
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lunes, 17 de mayo de 2010
La mejor Liga Escocesa del mundo

Andrés Pérez | En 1985 el Aberdeen se proclamaba campeón de la Premier League Escocesa. Durante las siguientes veinticinco temporadas, incluyendo esta que ya finaliza, dos equipos se han repartido tiránicamente el campeonató escocés: Celtic de Glasgow y Glasgow Rangers. La historia es harto conocida, hasta el punto de reducir al resto de equipos a meros comparsas en la lucha por el título, puro adorno, conjuntos que están ahí prácticamente con el objeto de rellenar. La victoria, como en el tenis, es cuestión de dos. El Celtic acumula 42 títulos ligueros; el Rangers 53. El siguiente equipo con más campeonatos conquistados es el Hibernian. En sus vitrinas relucen cuatro Ligas, la décima parte de las que ostenta el Celtic.
Puede que dentro de quince años recordemos la temporada 2003/2004 del mismo modo que hoy he recordado la del Aberdeen. Como un destello lejano de lo que un día fue una Liga con más de dos contendiendes. Ese año el Valencia se proclamó campeón de Liga en uno de los batacazos más sonados de la historia del Real Madrid, que en apenas media temporada perdió la final de Copa del Rey, ocho puntos de ventaja sobre el Valencia y una eliminatoria de cuartos de final en Champions League que tenía encarrilada frente al Mónaco. Es posible que en la temporada 2028/2029, echemos la vista atrás y observemos un cuarto de siglo de dualidad.
Desde la liga que conquistó el Valencia, Real Madrid y Barcelona han mantenido constantes pulsos por demostrar quién es mejor y quién consigue humillar aún más al rival. Si un año el Madrid obtiene un monumental pasillo del Barcelona, al siguiente el Barça le endosa seis goles en el Bernabeú, el mismo estadio que fue testigo del pasillo. El duelo es espectacular: cuenta con los mejores jugadores del planeta, con máquinas cimentadas en el dinero y en la poderosa fuerza de la cantera, se disputa en dos de los estadios más venerados de la historia del fútbol, acapara el centro de todas las miradas, sus enfrentamientos directos obtienen audiencias millonarias.
Salvando las distancias, que las hay en términos de calidad y poderío económico, en Escocia sucede algo semejante. Apenas cuatro fanáticos del fútbol anglosajón disfrutan de otros partidos de la Liga Escocesa que no enfrenten a los dos grandes. Por todo ello hoy duele en el raciocinio leer cosas como esta.
Un burdo alegato a la espectacularidad para defender treinta puntos de diferencia entre el segundo y el tercer clasificado; una mera excusa, la de la genialidad, para perpetuar una desigualdad sangrante para el fútbol español, para mantener no una injusticia sino un absurdo en términos de lógica deportiva. Si la Liga quiere ser la mejor del mundo no debería aferrarse a los 34 goles de Messi o al exhuberante cuerpo de Cristiano Ronaldo para conseguirlo, sino a la aparición de segundos actores que sean capaces de disputar, con mayor o menor suerte, el campeonato.
No es este un alegato para que Madrid y Barça dejen de ganar, o de fichar, o de crecer. La competitividad obliga y su estatus de superioridad excesivamente superlativa en todos los términos no es tanto culpa suya como de los supervisores y organizadores del torneo. El Madrid y el Barça están en su derecho de poder comprar los jugadores que deseen y así disputar todas las competiciones con posibilidades de victoria: es misión de la Federación y de la Liga intentar que tal derecho se vea regulado a nivel económico por el simple bien del fútbol español.
Quizá algún día eso suceda. Hasta entonces Barça y Madrid seguirán jugando su particular y dramática Liga —ya saben, la prensa obliga— al tiempo que el resto de conjuntos se reparten las migajas. Al tiempo que los ojos del mundo se fijan en Inglaterra o en Italia o en Alemania. Nuestros ojos, entre tanto, seguirán ciegos de talento exagerado en ambos equipos y nos afirmaremos a nosotros mismos que sí, que esto es genial, que nuestra Liga es preciosa y que es la mejor del mundo. Ebrios de un duelo más digno del tenis que del fútbol.
Lectura obligada | La mejor Liga del mundo (John Carlin en El País)
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Puede que dentro de quince años recordemos la temporada 2003/2004 del mismo modo que hoy he recordado la del Aberdeen. Como un destello lejano de lo que un día fue una Liga con más de dos contendiendes. Ese año el Valencia se proclamó campeón de Liga en uno de los batacazos más sonados de la historia del Real Madrid, que en apenas media temporada perdió la final de Copa del Rey, ocho puntos de ventaja sobre el Valencia y una eliminatoria de cuartos de final en Champions League que tenía encarrilada frente al Mónaco. Es posible que en la temporada 2028/2029, echemos la vista atrás y observemos un cuarto de siglo de dualidad.
Desde la liga que conquistó el Valencia, Real Madrid y Barcelona han mantenido constantes pulsos por demostrar quién es mejor y quién consigue humillar aún más al rival. Si un año el Madrid obtiene un monumental pasillo del Barcelona, al siguiente el Barça le endosa seis goles en el Bernabeú, el mismo estadio que fue testigo del pasillo. El duelo es espectacular: cuenta con los mejores jugadores del planeta, con máquinas cimentadas en el dinero y en la poderosa fuerza de la cantera, se disputa en dos de los estadios más venerados de la historia del fútbol, acapara el centro de todas las miradas, sus enfrentamientos directos obtienen audiencias millonarias.
Salvando las distancias, que las hay en términos de calidad y poderío económico, en Escocia sucede algo semejante. Apenas cuatro fanáticos del fútbol anglosajón disfrutan de otros partidos de la Liga Escocesa que no enfrenten a los dos grandes. Por todo ello hoy duele en el raciocinio leer cosas como esta.
En el deporte es recurrente que a los gigantes se les infravalore con la coletilla de que prevalecen por la falta de competencia. Le ocurrió a Jordan, a Indurain... A tantos y tantos. Nada que ver con la realidad. Los genios resultan inalcanzables. Le ha ocurrido al Barça y al Madrid, dos superpotencias fuera del alcance del resto del pelotón. Dos equipos que alistan a buena parte de los mejores futbolistas del mundo, con Messi y Cristiano a la cabeza.
Un burdo alegato a la espectacularidad para defender treinta puntos de diferencia entre el segundo y el tercer clasificado; una mera excusa, la de la genialidad, para perpetuar una desigualdad sangrante para el fútbol español, para mantener no una injusticia sino un absurdo en términos de lógica deportiva. Si la Liga quiere ser la mejor del mundo no debería aferrarse a los 34 goles de Messi o al exhuberante cuerpo de Cristiano Ronaldo para conseguirlo, sino a la aparición de segundos actores que sean capaces de disputar, con mayor o menor suerte, el campeonato.
No es este un alegato para que Madrid y Barça dejen de ganar, o de fichar, o de crecer. La competitividad obliga y su estatus de superioridad excesivamente superlativa en todos los términos no es tanto culpa suya como de los supervisores y organizadores del torneo. El Madrid y el Barça están en su derecho de poder comprar los jugadores que deseen y así disputar todas las competiciones con posibilidades de victoria: es misión de la Federación y de la Liga intentar que tal derecho se vea regulado a nivel económico por el simple bien del fútbol español.Quizá algún día eso suceda. Hasta entonces Barça y Madrid seguirán jugando su particular y dramática Liga —ya saben, la prensa obliga— al tiempo que el resto de conjuntos se reparten las migajas. Al tiempo que los ojos del mundo se fijan en Inglaterra o en Italia o en Alemania. Nuestros ojos, entre tanto, seguirán ciegos de talento exagerado en ambos equipos y nos afirmaremos a nosotros mismos que sí, que esto es genial, que nuestra Liga es preciosa y que es la mejor del mundo. Ebrios de un duelo más digno del tenis que del fútbol.
Lectura obligada | La mejor Liga del mundo (John Carlin en El País)
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lunes, 1 de marzo de 2010
¿Qué esperaban?
Andrés Pérez | ¿Qué querían? ¿Emoción? ¿Varios equipos pugnando por clamarse el mejor del campeonato? ¿Igualdad de condiciones? Ingenuos. ¿Esperaban que uno de los dos pinchara? No. Esperaban mal. Se equivocan. No saben dónde se menten. Ni Barça ni Madrid fallaron en sus respectivas citas así que los periódicos deportivos tuvieron que ingeniárselas para vender periódicos. Emoción la justa. Si acaso la que aporta el Atlético de Madrid cada vez que se enfrenta a un equipo, tenga el nivel que tenga, da espectáculo. Le tocó al Valencia sufrir la ira de un equipo bipolar.
El Real Madrid se bastó de Higuaín, Ronaldo y Kaka' para pasar por encima de un Tenerife carne de Segunda, o simplemente paradigma del nivel que presenta la Liga Española. El Barça hizo lo propio aunque con más dificultades de las esperadas ante el Málaga. En ésta La Mejor Liga Del Mundo los dos grandes no permiten oportunidades para el resto de conjuntos que componen la tabla. Su nivel es paupérrimo en comparación, excesivamente bajo, notablemente inferior. Nada de lo que sorprenderse, pues.
Las crónicas de cada lunes se repiten en los mismos términos, los clichés invaden las páginas de los periódicos, las mismas caras, los mismos gestos. No existe la variedad y comienza a ser desesperante el dominio a dos manos que Madrid y Barça practican en nuestra Liga, que dista mucho de ser la mejor del mundo. El aburrimiento es soporífero en la parte alta de la tabla. Tan sólo un milagro, un golpe de suerte inoportuno, un enfrentamiento ante un equipo de mayor entidad como el Valencia, el Sevilla o el Atlético quizá, o, simplemente, tan sólo un partido en el Camp Nou y otro en el Bernabeú, decida la Liga. Un ciclo eterno que desespera.
En cualquier caso, si prefieren olvidarse de la lucha por el campeonato, siempre tendrán al Atlético. Decidido defensor de la taquicardia, del caos, del surrealismo futbolístico, se impuso al Valencia en términos que tan sólo caben definirse como esquizofrénicos. Agüero desempató el partido de cabeza, lesionado y sin saltar. Entre tanto, en el otro extremo de la galaxia, el Chelsea palmó ante el Manchester City en casa y en la final de la Carling la Premier demostró como se ha de organizar un evento de semejante enjundia. "La mejor Liga del mundo". Respiren. Rían.
Vía | El País
Imagen | Málaga Sur
El Real Madrid se bastó de Higuaín, Ronaldo y Kaka' para pasar por encima de un Tenerife carne de Segunda, o simplemente paradigma del nivel que presenta la Liga Española. El Barça hizo lo propio aunque con más dificultades de las esperadas ante el Málaga. En ésta La Mejor Liga Del Mundo los dos grandes no permiten oportunidades para el resto de conjuntos que componen la tabla. Su nivel es paupérrimo en comparación, excesivamente bajo, notablemente inferior. Nada de lo que sorprenderse, pues.
Las crónicas de cada lunes se repiten en los mismos términos, los clichés invaden las páginas de los periódicos, las mismas caras, los mismos gestos. No existe la variedad y comienza a ser desesperante el dominio a dos manos que Madrid y Barça practican en nuestra Liga, que dista mucho de ser la mejor del mundo. El aburrimiento es soporífero en la parte alta de la tabla. Tan sólo un milagro, un golpe de suerte inoportuno, un enfrentamiento ante un equipo de mayor entidad como el Valencia, el Sevilla o el Atlético quizá, o, simplemente, tan sólo un partido en el Camp Nou y otro en el Bernabeú, decida la Liga. Un ciclo eterno que desespera.
En cualquier caso, si prefieren olvidarse de la lucha por el campeonato, siempre tendrán al Atlético. Decidido defensor de la taquicardia, del caos, del surrealismo futbolístico, se impuso al Valencia en términos que tan sólo caben definirse como esquizofrénicos. Agüero desempató el partido de cabeza, lesionado y sin saltar. Entre tanto, en el otro extremo de la galaxia, el Chelsea palmó ante el Manchester City en casa y en la final de la Carling la Premier demostró como se ha de organizar un evento de semejante enjundia. "La mejor Liga del mundo". Respiren. Rían.
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lunes, 15 de febrero de 2010
El Atlético cumple su papel

Andrés Pérez | Le corresponde al Atlético, por herencia histórica, por motivos que no alcanza a comprender la razón humana, ser la bestia negra del Barcelona. Y no importa que éste esté en un estado de forma magnífico y encadene 21 jornadas ligueras sin perder un sólo partido o que lleve seis años sin alzar un título. En cualquier circunstancia, si el Barça juega en el Calderón sucederán dos cosas: habrá goles y el Barça sufrirá gane o pierda, o, en un caso remoto, a falta de un hecho acaecerá otro. Si a todo esto le sumamos un notorio estado de forma de determinados jugadores del Atlético, una plaga de lesiones inoportuna en las filas del conjunto de Guardiola y un Calderón encendido, el resultado fue el de ayer. Que el Barça jugó su peor partido en dos años.
¿Por qué? Más allá del resultado, de la derrota, del buen planteamiento táctico del Atlético, el Barça fue débil. No practicó un fútbol brillante, anduvo ciertamente descolocado, su fútbol de toque y ruptura de las líneas rivales se convirtió en un descafeinado por inservible dominio absoluto del balón si alguna profundidad. Ibrahimovic anduvo como lleva dos meses, inútil; Messi quiso hacerlo todo ante la pasividad de sus compañeros; Iniesta estuvo inusualmente impreciso y Xavi descolocado. Lo nunca visto. Al Barça le pasó factura la presión psicológica de bajas físicas, esto es, reales. No hay que lanzar ninguna alarma en este sentido.
Perdió el Barça y esto le sirvió al Madrid para acercarse a tan sólo dos puntos. La derrota del Barcelona se explica por la conjunción de varios factores: el rival, el estadio, las bajas, la fatiga psicológica y fisiológica acumulada y un mal día. El Madrid venció al Xerez en Chapín con un Ronaldo en su línea, esto es, esencial, y con un Kaka' notable y mejorado. Imposible extraer conclusiones de buen fútbol, ordenamiento táctico y rentimiento personal de cada jugador: el rival era el colista, una victoria no es un éxito pero un empate o una derrota es un fracaso redomado.
Escasas sorpresas en el resto de la jornada. No considero el empate del Valencia en Gijón algo negativo, más bien al contrario. El Real Zaragoza empató un partido que hace un mes habría perdido con todas las de la ley y de ahí que, amén de jugarse fuera de la Romareda, el resultado frente al Valladolid sea aceptable. El Málaga confirmó su mejoría a costa de un Racing que ha pagado su intentona de llegar a la final de la Copa del Rey; el Sevilla a su ritmo sin practicar un fútbol brillante y dependiendo en gran medida de Zokora y Jesús Navas y el Villarreal quizá mejore a raíz del buen partido que jugó frente al Bilbao, que terminó exasperado tras marrar Iraola el penalti del empate.
Por cierto, la jornada aún no ha terminado. Gracias a la idea de la RFEF esta noche Mallorca y Tenerife juegan. Como dato: quien aquí escribe no podría ir al estadio, sale a las 9 de la universidad. Gracias, genios.
Vía | El País
Imagen | Marca, El Mundo
¿Por qué? Más allá del resultado, de la derrota, del buen planteamiento táctico del Atlético, el Barça fue débil. No practicó un fútbol brillante, anduvo ciertamente descolocado, su fútbol de toque y ruptura de las líneas rivales se convirtió en un descafeinado por inservible dominio absoluto del balón si alguna profundidad. Ibrahimovic anduvo como lleva dos meses, inútil; Messi quiso hacerlo todo ante la pasividad de sus compañeros; Iniesta estuvo inusualmente impreciso y Xavi descolocado. Lo nunca visto. Al Barça le pasó factura la presión psicológica de bajas físicas, esto es, reales. No hay que lanzar ninguna alarma en este sentido.
Perdió el Barça y esto le sirvió al Madrid para acercarse a tan sólo dos puntos. La derrota del Barcelona se explica por la conjunción de varios factores: el rival, el estadio, las bajas, la fatiga psicológica y fisiológica acumulada y un mal día. El Madrid venció al Xerez en Chapín con un Ronaldo en su línea, esto es, esencial, y con un Kaka' notable y mejorado. Imposible extraer conclusiones de buen fútbol, ordenamiento táctico y rentimiento personal de cada jugador: el rival era el colista, una victoria no es un éxito pero un empate o una derrota es un fracaso redomado.Escasas sorpresas en el resto de la jornada. No considero el empate del Valencia en Gijón algo negativo, más bien al contrario. El Real Zaragoza empató un partido que hace un mes habría perdido con todas las de la ley y de ahí que, amén de jugarse fuera de la Romareda, el resultado frente al Valladolid sea aceptable. El Málaga confirmó su mejoría a costa de un Racing que ha pagado su intentona de llegar a la final de la Copa del Rey; el Sevilla a su ritmo sin practicar un fútbol brillante y dependiendo en gran medida de Zokora y Jesús Navas y el Villarreal quizá mejore a raíz del buen partido que jugó frente al Bilbao, que terminó exasperado tras marrar Iraola el penalti del empate.
Por cierto, la jornada aún no ha terminado. Gracias a la idea de la RFEF esta noche Mallorca y Tenerife juegan. Como dato: quien aquí escribe no podría ir al estadio, sale a las 9 de la universidad. Gracias, genios.
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lunes, 30 de noviembre de 2009
Paradoja (Jornada 12)

Andrés Pérez | Paradójicamente, el Real Madrid perdió el partido que mejor disputó en toda la temporada. Cosas del clásico, de la mística y del rival, supongo. Saltó el Madrid ciertamente ordenado y sabedor de su rol: esperar al Barça con las líneas muy juntas y no tan atrás como el año anterior. Presión axfisiante en medio campo, rápida recuperación y velocidad arriba en ventaja numérica. Lo hizo de maravilla hasta que el fuelle se terminó y Kaka', ciertamente inspirado los primeros veinte minutos, y Ronaldo, peligroso, como siempre, se cansaron. Por cierto, sin noticias de Higuaín, ese maravilloso delantero experto en Valladolid, Xerez, Sporting y demás pero nulo ante Milan, Liverpool o Barça, donde la verdadera talla de un jugador se define. Para cuando el Madrid se hubo cansado, el Barça, que no cuajaba un mal encuentro, se encontraba distraído. Aturdido por el ímpetu del eterno rival. Le costó la primera pate e Ibrahimovic para imponer su ley.
Lo hizo a pase de Alves y de volea, el gigantón sueco, esplendoroso, magnífico, irrepetible, genial, peligrosísimo. Los adjetivos no son suficientes. Un golazo y tres puntos, pero más allá de todo eso, tres puntos justificados frente al mejor Madrid del año. Como digo, el partido podría satisfacer a ambos conjuntos. El Barça no jugó su mejor encuentro pero estuvo sólido atrás y se marcó una buena segunda parte, apagando a un cansado Madrid por momentos; y, lo que es más importante, salió del campo con la certeza de que ni el mejor Madrid del año puede con un día mediocre por su parte. El Madrid tampoco debiera deprimirse. Plantó cara y se mostró como un equipo digno, que ya es bastante más de lo que viene haciendo durante toda la temporada.
Cansados todos, al término del encuentro las cámaras buscaban a Iniesta. No es para menos. Fue el mejor y demostró con argumentos plausibles porqué él puede merecer el balón de oro tanto como Xavi o Messi, aunque esa es ya otra historia. Es uno de los mejores jugadores del planeta y todos deberíamos sentirnos afortunados de poder contar con él en la selección. Sin más. 1-0 para el equipo de Guardiola y liderato, un clásico igualadísimo, precioso y satisfactorio. Sin duda, lo que se podía esperar de ambos conjuntos, algo, como digo, novedoso por la parte que le toca al Madrid, del que desconozco si dado el partido de hoy puede comenzar a levantar vuelo en su ideología futbolísitca.
El resto de la jornada no anduvo exenta de sorpresas. El Málaga resucitó frente al Sevilla y sacó un empate que pudo ser mucho más de no ser por, 1) Luis Fabiano y 2) la mala fortuna. El Valencia, nuevo segundo espada de la competición junto al conjunto hispalense, se dejó dos puntos frente al Mallorca, equipo revelación por méritos propios, en un penalti absurdo de Bruno. Por cierto, cada día me convenzo más: Villa es probablemente el mejor delantero del planeta. Qué capacidad.
Por abajo el Zaragoza demostró que lo pasará mal de aquí al final de temporada tras perder ante Osasuna. Pocas luces y muchas sombras, especialmente en lo concerniente a la actitud y la capacidad goleadora, pero como mínimo hubo algo de fútbol y varios rayos de esperanza de cara al futuro liguero. No mereció perder el Zaragoza ni tampoco ganar, lo cual es muy decidor de su fútbol: gaseoso, bonito cuando se pone pero sin pólvora ni energía. Osasuna se llevó los típicos tres puntos que en mayo salvan del descenso. El Zaragoza aún tendrá que encontrar esos tres puntos, temo. Por cierto, el Atlético ganó a costa del Espanyol y el Villarreal decidió inmolarse ante el Sporting, como el Racing ante el Athletic. El Getafe abusó del Xerez y de verdad que la zona baja de la tabla está interesantísima. Como la lucha por el título.
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Lo hizo a pase de Alves y de volea, el gigantón sueco, esplendoroso, magnífico, irrepetible, genial, peligrosísimo. Los adjetivos no son suficientes. Un golazo y tres puntos, pero más allá de todo eso, tres puntos justificados frente al mejor Madrid del año. Como digo, el partido podría satisfacer a ambos conjuntos. El Barça no jugó su mejor encuentro pero estuvo sólido atrás y se marcó una buena segunda parte, apagando a un cansado Madrid por momentos; y, lo que es más importante, salió del campo con la certeza de que ni el mejor Madrid del año puede con un día mediocre por su parte. El Madrid tampoco debiera deprimirse. Plantó cara y se mostró como un equipo digno, que ya es bastante más de lo que viene haciendo durante toda la temporada.Cansados todos, al término del encuentro las cámaras buscaban a Iniesta. No es para menos. Fue el mejor y demostró con argumentos plausibles porqué él puede merecer el balón de oro tanto como Xavi o Messi, aunque esa es ya otra historia. Es uno de los mejores jugadores del planeta y todos deberíamos sentirnos afortunados de poder contar con él en la selección. Sin más. 1-0 para el equipo de Guardiola y liderato, un clásico igualadísimo, precioso y satisfactorio. Sin duda, lo que se podía esperar de ambos conjuntos, algo, como digo, novedoso por la parte que le toca al Madrid, del que desconozco si dado el partido de hoy puede comenzar a levantar vuelo en su ideología futbolísitca.
El resto de la jornada no anduvo exenta de sorpresas. El Málaga resucitó frente al Sevilla y sacó un empate que pudo ser mucho más de no ser por, 1) Luis Fabiano y 2) la mala fortuna. El Valencia, nuevo segundo espada de la competición junto al conjunto hispalense, se dejó dos puntos frente al Mallorca, equipo revelación por méritos propios, en un penalti absurdo de Bruno. Por cierto, cada día me convenzo más: Villa es probablemente el mejor delantero del planeta. Qué capacidad.
Por abajo el Zaragoza demostró que lo pasará mal de aquí al final de temporada tras perder ante Osasuna. Pocas luces y muchas sombras, especialmente en lo concerniente a la actitud y la capacidad goleadora, pero como mínimo hubo algo de fútbol y varios rayos de esperanza de cara al futuro liguero. No mereció perder el Zaragoza ni tampoco ganar, lo cual es muy decidor de su fútbol: gaseoso, bonito cuando se pone pero sin pólvora ni energía. Osasuna se llevó los típicos tres puntos que en mayo salvan del descenso. El Zaragoza aún tendrá que encontrar esos tres puntos, temo. Por cierto, el Atlético ganó a costa del Espanyol y el Villarreal decidió inmolarse ante el Sporting, como el Racing ante el Athletic. El Getafe abusó del Xerez y de verdad que la zona baja de la tabla está interesantísima. Como la lucha por el título.Resultados | (pincha aquí)
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lunes, 23 de noviembre de 2009
Cambio de líder a pesar de todo (Jornada 11)

Andrés Pérez | Tuvo el Madrid un buen arranque frente al Racing de Santander y le sirvió para adelantarse en el marcador. De ahí al final, se diluyó. Peca de inconstante y de altanería el conjunto de Pellegrini sabedor de su enorme calidad individual, pero desconoce que en la virtud de sus jugadores reside el mal del fútbol grupal inconexo y superfluo que desarrolla. A pesar de todo, a pesar de rendirse a la vagancia tras anotar su tanto, a pesar de que el Racing demostró que de haber salido al Bernabeú con un planteamiento más valiente hubiera obtenido mayor recompensa, el Madrid es líder. Lo es porque el Barça es mucho más inconstante, como el Madrid, que el año pasado. Su fútbol a pleno rendimiento sigue siendo inapelable pero sus momentos de esplendor son menos frecuentes esta temporada. De ahí su empate en Bilbao. De ahí que el Madrid llegue líder al Camp Nou.
Merece un epígrafe particular el caso del Barça. Se acerca a una de las semanas claves de toda la temporada con más dudas que certezas, sabedor de su menor efectividad y con Messi perdido y entre algodones. No deberían dispararse las alarmas ya que, no en vano, insisto, el Barça sigue siendo el mejor equipo de España en cuanto a fútbol propuesto y resolución de cara a portería. Pero falla en la regularidad. Pasa de una apatía desesperante al frenesí imparable de la temporada pasada. En la auto-complacencia reside la trampa que se crea a sí mismo el propio Barça, y las dudas le han llegado frente al Inter, jugándose la clasificación para octavos de la Champions, sin liderato y recibiendo a un Madrid presumiblemente inspirado tras la vuelta de Ronaldo.
Parece evidente que el Barça aún no ha alcanzado la excelencia del año pasado, pero también que el Madrid no está en condiciones de discutirle gran cosa el próximo fin de semana si ambos practican el fútbol que conocen. También parece dudoso que este año el Barça arrase del modo que lo hizo el pasado en la Copa y, especialmente, en Europa. Sea como fuere es cuestión de tiempo su recuperación, en caso de llegar, claro está. Sigue habiendo vida tras los dos grandes y una vida bastante agradable. Tanto el Sevilla como el Valencia, dos equipos que han encontrado su identidad, se muestran como la alternativa a los dos grandes.
Notoria alternativa en caso del Sevilla. Ventiló rápidamente a un ingenuo Tenerife por medio de armas proscritas al tiempo que legendarias: los extremos. Navas dio otro recital y Perotti demostró que crece partido a partido hacia un jugador de altos vuelos, muy por encima del ya olvidado, justamente, Capel. En su fútbol vertical, de amplio espectro ya que es moldeable para cada situación, repleto de goleadores, descubrimos el mérito de un Sevilla magnífico, al que da gusto observar. Algo parecido le sucede al Valencia. En la tradicional defensa hercúlea de sus últimos diez años, en un medio campo rocoso que le da una salida rápida al balón y en futbolistas eléctricos y escurridizos arriba nace su magnífica racha. Sus cuatro puntas de lanza se bastan para finiquitar un partido y de ahí la renuncia premeditada del Valencia a dominar a su rival por medio de la posesión. Ahogó al Osasuna, que no arranca.
Como tampoco lo hace el Atlético, desesperado frente a un Deportivo que en cierto modo mereció la misma suerte que su rival. Que el empate era lo más equitativo para ambos conjuntos era una evidencia, pero Pablo se encargó de perpetrar un penalti absurdo y que, efectivamente, era, supuso una nueva derrota del conjunto de Sánchez Flores. El Atlético se hunde en el fondo de la tabla como el Málaga, que empató cochambrosamente frente a un Zaragoza que, si bien cuajó un lamentable fútbol, mereció siempre más que su rival. El partido pasó por ser uno de los peores de los últimos 150 años, pero encontramos tal motivo en el césped de La Rosaleda, la-men-ta-ble. Como lamentable, barriobajero, paleto, rastrero, triste y sancionable fue la actitud de Apoño durante todo el partido, escupiendo a la cara de Ander Herrera. Un vergonzoso personaje que no merece mayor protagonismo y que se retrata a sí mismo con sus actos. Se dedicó todo el partido a provocar sin aportar nada de valor para su equipo. Patético.
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Osasuna - Valencia |
P.D.
No tiene demasiado que ver con la actualidad liguera, pero no se ve un 9-1 todos los días. El Tottenham al Wigan.
Vía | YouTube, Más que Fútbol, Marca
Imagen | El País
Merece un epígrafe particular el caso del Barça. Se acerca a una de las semanas claves de toda la temporada con más dudas que certezas, sabedor de su menor efectividad y con Messi perdido y entre algodones. No deberían dispararse las alarmas ya que, no en vano, insisto, el Barça sigue siendo el mejor equipo de España en cuanto a fútbol propuesto y resolución de cara a portería. Pero falla en la regularidad. Pasa de una apatía desesperante al frenesí imparable de la temporada pasada. En la auto-complacencia reside la trampa que se crea a sí mismo el propio Barça, y las dudas le han llegado frente al Inter, jugándose la clasificación para octavos de la Champions, sin liderato y recibiendo a un Madrid presumiblemente inspirado tras la vuelta de Ronaldo.Parece evidente que el Barça aún no ha alcanzado la excelencia del año pasado, pero también que el Madrid no está en condiciones de discutirle gran cosa el próximo fin de semana si ambos practican el fútbol que conocen. También parece dudoso que este año el Barça arrase del modo que lo hizo el pasado en la Copa y, especialmente, en Europa. Sea como fuere es cuestión de tiempo su recuperación, en caso de llegar, claro está. Sigue habiendo vida tras los dos grandes y una vida bastante agradable. Tanto el Sevilla como el Valencia, dos equipos que han encontrado su identidad, se muestran como la alternativa a los dos grandes.
Notoria alternativa en caso del Sevilla. Ventiló rápidamente a un ingenuo Tenerife por medio de armas proscritas al tiempo que legendarias: los extremos. Navas dio otro recital y Perotti demostró que crece partido a partido hacia un jugador de altos vuelos, muy por encima del ya olvidado, justamente, Capel. En su fútbol vertical, de amplio espectro ya que es moldeable para cada situación, repleto de goleadores, descubrimos el mérito de un Sevilla magnífico, al que da gusto observar. Algo parecido le sucede al Valencia. En la tradicional defensa hercúlea de sus últimos diez años, en un medio campo rocoso que le da una salida rápida al balón y en futbolistas eléctricos y escurridizos arriba nace su magnífica racha. Sus cuatro puntas de lanza se bastan para finiquitar un partido y de ahí la renuncia premeditada del Valencia a dominar a su rival por medio de la posesión. Ahogó al Osasuna, que no arranca.Como tampoco lo hace el Atlético, desesperado frente a un Deportivo que en cierto modo mereció la misma suerte que su rival. Que el empate era lo más equitativo para ambos conjuntos era una evidencia, pero Pablo se encargó de perpetrar un penalti absurdo y que, efectivamente, era, supuso una nueva derrota del conjunto de Sánchez Flores. El Atlético se hunde en el fondo de la tabla como el Málaga, que empató cochambrosamente frente a un Zaragoza que, si bien cuajó un lamentable fútbol, mereció siempre más que su rival. El partido pasó por ser uno de los peores de los últimos 150 años, pero encontramos tal motivo en el césped de La Rosaleda, la-men-ta-ble. Como lamentable, barriobajero, paleto, rastrero, triste y sancionable fue la actitud de Apoño durante todo el partido, escupiendo a la cara de Ander Herrera. Un vergonzoso personaje que no merece mayor protagonismo y que se retrata a sí mismo con sus actos. Se dedicó todo el partido a provocar sin aportar nada de valor para su equipo. Patético.
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P.D.
No tiene demasiado que ver con la actualidad liguera, pero no se ve un 9-1 todos los días. El Tottenham al Wigan.
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lunes, 9 de noviembre de 2009
Habitual (Jornada 10)

Andrés Pérez | El Atlético es un equipo que no admite medias tintas. Pasa de la más absoluta efervescencia a la apatía desesperante en cuestión de segundos, y en tal actitud descubrimos sus carencias. Es inconstante y el paso de los días provoca que las dudas hundan al conjunto en el pozo de la clasificación. Perdió contra el Madrid ejemplificando lo antes dicho. Cuajó una primera parte deplorable frente a un Madrid que tampoco hizo demasiado por imponerse al descanso 2-0, y salió atolondrado, lo que, Perea y el circo habitual mediante, provocó el 3-0. Parecía muerto el equipo de Quique Sánchez Flores pero salió Agüero y resucitó de espíritu a sus compañeros y a la grada. La noche y el día. Así imposible, por más tesón que demuestre Agüero. Casillas, para colmo de males, tuvo una de sus habituales agraciadas noches. Lo paró todo. En estas, ganó el Madrid y se debió reconciliar consigo mismo tras las dudas derivadas del Milan. Lo hizo también el Barça pero alejado de su habitual brillantez. 4-2 al Mallorca sin aspavientos. Vuelta a los cánones habituales de esta nuestra Liga. Ganan los grandes, no hay más historia.
Un punto separa al Barça del Madrid mientras el Sevilla se acerca sigilosamente con 22, a tres del Madrid y cuatro del Barcelona. Venció también 3-2 a un Villarreal que parece querer recuperarse y que sucumbió ante la pegada descomunal de Luis Fabiano y los culebreos de Navas, por fin seleccionado. Quien también decide asomarse por arriba es el Valencia. Venció a un Zaragoza digno y superior en el planteamiento del juego. Me explico. El conjunto de Marcelino palmó 3-1 pero puede salir de Mestalla con la cabeza alta. Le robó el balón al Valencia, lo administró con inteligencia hasta el primer gol de Mata, presionó la salida del balón del conjunto de Emery y se acercaba sospechosamente a las inmediaciones de César. Intentó jugar al fútbol y no agachó la cabeza, pero, eso sí, cometió un error garrafal. Adelantó la defensa frente a los cuatro pequeños diablos que tiene el Valencia arriba, lo que a la postre supuso un infierno. Huelga decir que dos de los tres goles del Valencia jamás debieron subir al marcador, especialmente sagrante el caso del primero, pero no es óbice. El Zaragoza perdió, probablemente de manera justa, pero no hay que caer en el fatalismo. Lo hizo con estilo.
Por abajo, Málaga y Tenerife fueron presa de su propia desesperación, el Getafe no hizo nada por evitar la victoria del Depor, Osasuna dio aire al Almería, el Athletic confirmó que de seguir así no tendrá problemas este año y el Xerez arañó su sexto punto a costa de un flojo Valladolid. Interesante el caso del Xerez. Poco a poco se aferra al sueño de la salvación y en tal pugna contra sí mismo y contra los elementos descubrimos la verdadera belleza de los pozos del fútbol. Veremos.
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Real Madrid y Atlético de Madrid |
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Un punto separa al Barça del Madrid mientras el Sevilla se acerca sigilosamente con 22, a tres del Madrid y cuatro del Barcelona. Venció también 3-2 a un Villarreal que parece querer recuperarse y que sucumbió ante la pegada descomunal de Luis Fabiano y los culebreos de Navas, por fin seleccionado. Quien también decide asomarse por arriba es el Valencia. Venció a un Zaragoza digno y superior en el planteamiento del juego. Me explico. El conjunto de Marcelino palmó 3-1 pero puede salir de Mestalla con la cabeza alta. Le robó el balón al Valencia, lo administró con inteligencia hasta el primer gol de Mata, presionó la salida del balón del conjunto de Emery y se acercaba sospechosamente a las inmediaciones de César. Intentó jugar al fútbol y no agachó la cabeza, pero, eso sí, cometió un error garrafal. Adelantó la defensa frente a los cuatro pequeños diablos que tiene el Valencia arriba, lo que a la postre supuso un infierno. Huelga decir que dos de los tres goles del Valencia jamás debieron subir al marcador, especialmente sagrante el caso del primero, pero no es óbice. El Zaragoza perdió, probablemente de manera justa, pero no hay que caer en el fatalismo. Lo hizo con estilo.Por abajo, Málaga y Tenerife fueron presa de su propia desesperación, el Getafe no hizo nada por evitar la victoria del Depor, Osasuna dio aire al Almería, el Athletic confirmó que de seguir así no tendrá problemas este año y el Xerez arañó su sexto punto a costa de un flojo Valladolid. Interesante el caso del Xerez. Poco a poco se aferra al sueño de la salvación y en tal pugna contra sí mismo y contra los elementos descubrimos la verdadera belleza de los pozos del fútbol. Veremos.
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martes, 20 de octubre de 2009
Humanidad (Jornada 7)

Andrés Pérez | Hablar de humanidad en equipos cimentados en el poder del euro se antoja inverosímil. Pero aún así el fútbol admite sorpresas con las que deleitar al espectador cada jornada que pasa. Es un rayo de luz, una esperanza, pero no por ello, por etérea y circustancial, debemos dejar de aferrarnos a ella. Durante la pasada jornada el Barça empató y se mostró vulnerable ante el Valencia. No jugó bien y empató de manera mediocre, tal y como no nos tiene acostumbrados. Y el Madrid venció, 4-2 al Valladolid, pero mostró síntomas de debilidad cada vez que un jugador vestido de violeta se acercaba al área de Casillas. ¿Suficiente motivo para creer que hay vida más allá de los dos grandes? En absoluto. Pero como les digo, de esperanzas vive el hombre y en las demostraciones de humanidad de seres en teoría por encima del bien y del mal está la grandeza de un deporte que, progersivamente, camina, en España, hacia una polarización triste y degradante.
Como decía, empató el Barça en Valencia en un partido sin historia ni salsa con la que endulzarlo. Aburrieron. Y en el Barça es noticia. En el Valencia, frente al todopoderoso campeón de todo, no es una sorpresa, sino un ejemplo de cómo plantar cara a un conjunto superdotado y superlativo en todos sus sentidos, en cada jugada que trenza, en cada aproximación al área rival, en cada corte expeditivo de sus centrales. La excelencia se apaga con la ilusión, nos dicen, y debemos creer en ello, debemos asumir que por medio de los sueños se consiguen las épicas gestas. No es este un discurso destinado a lapidar al Barcelona. Nada más lejos de la realidad. Es un mero y simple relato de un aficionado harto de ver cómo su Liga se resume en dos equipos por encima del resto por el vil metal.
El Valencia pudo demostrar al mundo entero que sí, que el Barça tiene freno. Y el Valladolid hizo lo propio aunque sorprendiera menos. Es cierto, y no conviene olvidarlo, que el Madrid se llevó los tres puntos, pero no es menos certero que el conjunto de Mendilibar se acercó diez veces con peligro latente a la portería de Casillas, que lanzó diez córners y que logró evidenciar las carencias de un equipo millonario en su propio estadio. El Madrid es un equipo destinado, durante los últimos años, a la tragicomedia. Vence y sufre de una manera trágica y cómica al mismo tiempo, y parece sentirse más a gusto cuando le aprietan que cuando domina con claridad. Lo demuestran día a día, partido a partido, aunque cuesta imaginar que con tal actitud logren imponerse a equipos de mayor talla en todas sus líneas que un más que honroso Valladolid. Si alguien tiene que abandonar el partido del sábado con la cabeza baja no es el conjunto violeta. Es el once tutelado por Pellegrini. Es el club del euro presidido por Florentino. El Madrid atravesó momentos de buen juego, pero el Valladolid supo leer la descordinación absoluta de la defensa blanca. Y en tal hecho, baldío huelga decir, atisbamos otro rayo de esperanza.
Mientras tanto, con el Villarreal hecho polvo, con el Atlético hundido frente al Osasuna y con el Valencia inmerso en un mar de dudas, la Liga seguirá siendo cosa de dos. Porque el resto de equipos no da con la tecla de la excelencia adecuada para fraguar una lucha frente a semejantes titanes. Por debajo, en la mundana realidad, el Zaragoza decidió inmolarse frente a un Racing sometido, el Xerez tiró de orgullo para hundir al Villarreal, el Málaga prefirió arrancar mal, como lo lleva haciendo toda la temporada, el Athletic sucumbió ante un Sporting imperial con De las Cuevas en un estado de forma absolutamente espectacular y el Tenerife se dejó la piel frente a un Espanyol que en absoluto está tan mal como pretende parecer. ¿Humanidad? La cuarta acepción de la RAE dice lo siguiente: "Fragilidad o flaqueza propia del ser humano". Imaginen, por un momento, que la RAE está en lo cierto. Que el título del post es acertado. Imaginen y disfruten en sus sueños. Se evaporarán en la siguiente jornada, cuando los dos grandes de siempre aburran con victorias de abultado calibre.
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Resumen del Real Madrid - Valladolid |
Resumen del Osasuna - Atlético de Madrid |
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Como decía, empató el Barça en Valencia en un partido sin historia ni salsa con la que endulzarlo. Aburrieron. Y en el Barça es noticia. En el Valencia, frente al todopoderoso campeón de todo, no es una sorpresa, sino un ejemplo de cómo plantar cara a un conjunto superdotado y superlativo en todos sus sentidos, en cada jugada que trenza, en cada aproximación al área rival, en cada corte expeditivo de sus centrales. La excelencia se apaga con la ilusión, nos dicen, y debemos creer en ello, debemos asumir que por medio de los sueños se consiguen las épicas gestas. No es este un discurso destinado a lapidar al Barcelona. Nada más lejos de la realidad. Es un mero y simple relato de un aficionado harto de ver cómo su Liga se resume en dos equipos por encima del resto por el vil metal.
El Valencia pudo demostrar al mundo entero que sí, que el Barça tiene freno. Y el Valladolid hizo lo propio aunque sorprendiera menos. Es cierto, y no conviene olvidarlo, que el Madrid se llevó los tres puntos, pero no es menos certero que el conjunto de Mendilibar se acercó diez veces con peligro latente a la portería de Casillas, que lanzó diez córners y que logró evidenciar las carencias de un equipo millonario en su propio estadio. El Madrid es un equipo destinado, durante los últimos años, a la tragicomedia. Vence y sufre de una manera trágica y cómica al mismo tiempo, y parece sentirse más a gusto cuando le aprietan que cuando domina con claridad. Lo demuestran día a día, partido a partido, aunque cuesta imaginar que con tal actitud logren imponerse a equipos de mayor talla en todas sus líneas que un más que honroso Valladolid. Si alguien tiene que abandonar el partido del sábado con la cabeza baja no es el conjunto violeta. Es el once tutelado por Pellegrini. Es el club del euro presidido por Florentino. El Madrid atravesó momentos de buen juego, pero el Valladolid supo leer la descordinación absoluta de la defensa blanca. Y en tal hecho, baldío huelga decir, atisbamos otro rayo de esperanza.
Mientras tanto, con el Villarreal hecho polvo, con el Atlético hundido frente al Osasuna y con el Valencia inmerso en un mar de dudas, la Liga seguirá siendo cosa de dos. Porque el resto de equipos no da con la tecla de la excelencia adecuada para fraguar una lucha frente a semejantes titanes. Por debajo, en la mundana realidad, el Zaragoza decidió inmolarse frente a un Racing sometido, el Xerez tiró de orgullo para hundir al Villarreal, el Málaga prefirió arrancar mal, como lo lleva haciendo toda la temporada, el Athletic sucumbió ante un Sporting imperial con De las Cuevas en un estado de forma absolutamente espectacular y el Tenerife se dejó la piel frente a un Espanyol que en absoluto está tan mal como pretende parecer. ¿Humanidad? La cuarta acepción de la RAE dice lo siguiente: "Fragilidad o flaqueza propia del ser humano". Imaginen, por un momento, que la RAE está en lo cierto. Que el título del post es acertado. Imaginen y disfruten en sus sueños. Se evaporarán en la siguiente jornada, cuando los dos grandes de siempre aburran con victorias de abultado calibre.Resultados | (pincha aquí)
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