miércoles, 30 de junio de 2010

¡Viven!


Eduardo Lázaro | Y eso es lo más importante. Haber salido con vida de un choque que se envenenó tras empezar con una traca que duró los tres primeros petardazos que repelió mi tocayo Eduardo —gran portero— y la defensa portuguesa. A partir de ahí, ¿qué quieren que les cuente? Cada cual sacará sus conclusiones, y yo, después de meditarlo, he decidido tomar la vía del optimismo y la confianza.

Sí, hemos vuelto a jugar con un doble pivote inefectivo y nefasto; un doble pivote que debilita la faceta ofensiva y que, además, no nos ayuda en la presión y en la recuperación de balones. Hemos vuelto a errar dejando en desuso desatascadores del juego como Cesc o Silva. Hemos sufrido una alarmante falta de ideas, de rapidez, de precisión y lo que es peor... de autoridad. Y, desde luego, que no hemos salido victoriosos ni por obra del tan manoseado doble pivote, ni por la entrada de Marchena o Pedro. Algunos dicen que Llorente ha sido la clave... bueno.

Quédense con un dato irrefutable: por mucho que se equivoque el seleccionador, por muy peliagudas que se pongan las cosas, terminamos ganando. Y perdónenme, pero eso es de selección grande. No diré yo que seamos la última maravilla balompédica, pero estamos en cuartos de final de un Mundial y, quizá, beneficiados por un cruce asequible para plantarnos en semifinales. Tómenlo así, les sabrá mucho mejor.

Veinticinco buenos minutos han servido para tumbar a la hermana pobre de la Península Ibérica, esa selección venida a menos comandada por el pobre más rico del mundo, el amigo de las cámaras y los gestos grandilocuentes... el hipervalorado y desaparecido CR9. ¿Saldremos vivos de una hipotética semifinal contra Argentina o Alemania? Quizá para entonces haya comprendido nuestro preparador lo que nos conviene y lo que no, pero aun así, ha quedado demostrado que tenemos lo suficiente para salir vivos.

Y sí, ¡viven!, y eso es suficiente para creer que quizá podamos tumbar a cualquiera.

Más Mundial | España encontró a Llorente (Más que Fútbol)
Imagen | El País

Capítulo 19 | España encontró a Llorente

Andrés Pérez | Parece paradójico y decidor que España encontrara la vía de escape en Llorente, un delantero que de los pies a la cabeza se eleva por encima del metro noventa. Paradójico puesto que España es un equipo pequeño en estatura, que radica su virtud en la triangulación de jugadores técnicos y físicamente poco dotados. Decidor puesto que pone de relieve las dificultades que atravesó el conjunto para traspasar la red portuguesa: no lo consiguió hasta que el hombre que desentona provocó un cortocircuito en la defensa portuguesa.

Fue Llorente y fue España. Un Mundial se compone de una mezcla de psicología y suerte. Jugar bien no siempre es indispensable. España, a pesar del peso de la historia, ha encontrado la psicología en la capacidad de no mermar su juego a pesar de la adversidad o de la impotencia; también ha encontrado la suerte ya que de otro modo no se explica que, aun jugando de modo mediocre o al menos mediocre para lo que nos tenía acostumbrados, se imponga a sus rivales. Sucedió con Chile y sucedió con Portugal.

Hasta la entrada de Llorente por un desubicado, bajo de forma, desmotivado e indigesto Torres, para el que la solución más evidente es la suplencia, España anduvo perdida en un doble pivote que ni creó ni destruyó. Achicó Portugal sabiamente cualquier espacio y convirtió su defensa en una cárcel de difícil salida para Xavi e Iniesta, perdidos en la maraña de pantalones verdes, anhelando un movimiento de desmarque que nunca llegaba y una referencia válida arriba que no existía. Ahogada en su sistema y en la sapiencia defensiva lusa, la selección chocaba una y otra vez primero frente a sí misma y luego frente a Portugal.

Segura de sí misma, la selección de Queiroz buscó sus bazas: sin practicar gran fútbol buscaba a Almeida, referencia ofensiva, para encontrar segundas jugadas o superioridad numérica frente a la defensa española. Encontró ciertos vericuetos por los que intimidar a un preocupante e inseguro Casillas, pero no anotó. No mereció más Portugal que España y lo demostró tras recibir el gol, en posible fuera de juego. Gol que llegó tras una jugada excelsa de Busquets, Iniesta, Xavi y Villa y tras dos ocasiones claras que no entraron.

Las dudas se ciernen sobre España pero adopta la forma de un conjunto campeón a pesar de todo. Está en cuartos de final y se la jugará ante Paraguay, que no demostró nada ante Japón. Quizá la solución sea sustituir a uno de los dos del doble pivote para dar entrada a Fábregas o quizá, simplemente, Del Bosque no quiera asumir riesgos innecesarios en la creación y de ahí, y no tanto por el doble pivote, la lentitud y la parsimonia creativa de España. Quizá no, seguro, Torres no esté para jugar. En cualquier caso, y esto no es un probable sino algo real, España está en cuartos tras dos partidos que, años atrás hubiera perdido.

El peso del campeón, lo llaman. Sin ilusionar ni convencer a un aficionado medio acostumbrado a la divinidad durante dos años, el camino sigue siendo firme. Es la mejor noticia.

Resultados de la decimonovena jornada:

Paraguay 0 - 0 Japón (pasa Paraguay en los penaltis)
España 1 - 0 Portugal

P.D.

Del otro partido mejor no hablar, porque se puede hallar fácilmente entre los dos o tres peores de la historia de los mundiales. Cobardes Japón y Paraguay, la suerte se decantó del lado sudamericano en unos penaltis, de nuevo, dramáticos. Cualquiera de los dos hubiera sido un injusto vencedor.

Imagen | El País

martes, 29 de junio de 2010

Capítulo 18 | Brasil contranatura

Andrés Pérez | Entre líneas, el jugador clave de Brasil es Robinho. Su transformación como futbolista ejemplifica la transformación de Brasil como conjunto. Musculado y con una cabeza mejor ordenada a nivel táctico, Robinho baja a recibir los balones que la mediocridad de la medular brasileña no es capaz de hacer llegar a los delanteros. Lee bien el juego entre líneas, atina con los pases en los momentos oportunos y no se ceba con la conducción de balón: en suma, Robinho es el jugador clave de Brasil ya que sobre él rota la transición defensa-ataque.

Robinho ha cambiado porque Dunga le ha hecho cambiar para participar en un Brasil, dicen, táctico y defensivo, novedoso, por tanto. Es falso. Brasil renegó de su mitificado estilo jogo bonito en los 80, cuando una generación espléndida de futbolistas les dejó a las puertas de dos Mundiales. Jugaron como dioses para perder como mortales. Desde entonces, con la llegada de los noventa, Brasil adoptó el doble pivote y triunfó en el 94, alcanzó la final en el 98 y venció de nuevo en Corea y Japón. Desde el Mundial en que Parreira decidió hacer de Mauro Silva el hombre clave de su medio campo, el Brasil de Pelé o de Zico es mero recuerdo. Se europeizó.

Así que no ha de extrañar que, ahora, con un entrenador que fue futbolista defensivo y que participó en esa misma copa del mundo de 1994, en EEUU, Brasil mantenga un centro del campo de contención y fuerza y emplee un sistema que protege su portería y no sufre sin balón. Anoche Brasil se cargó a Chile al contraataque. Mortífera en las transiciones, Robinho en mente, con Alves jugando a ser Paul Breitner actuando de centrocampista libre en apariencia, Brasil dio un recital de cómo jugar al espacio. Una Chile ofuscada de cara a portería hizo el resto.

Cada pérdida de balón del conjunto de Bielsa era otro paso hacia el abismo. Lo fue porque Brasil intimida corriendo hacia arriba con espacios, pensando rápido y actuando con precisión en los momentos claves. Es un equipo letal. Esto les puede provocar un shock a los nostálgicos, pero no por ello será menos real: Brasil es mejor ahora de lo que pudiera ser intentando jugar a lo que un día fue. Como Holanda, otro equipo que ha decidido abandonar, al menos en apariencia, su estilo tradicional o la aureola que dos mundiales le hizo arrastrar. Ahora Holanda especula, reserva fuerzas y resuelve partidos en dos latigazos.

Eslovaquia no plantó la suficiente cara como para intimidar lo suficiente a una Holanda insultantemente cómoda plantada sobre el terreno de juego. No atacó porque no lo necesitó: se aferró a Robben tras un pase de Sneijder. Agarró el futbolista del Bayern el balón escorado en la banda, encaró a dos defensas, se dirigió hacia el pico del área y buscó el palo interior. La jugada de toda la vida de Robben, que por más previsible que sea no impide que sea efectiva. Es muy bueno.

Sufrirá Brasil frente a un equipo que le exigirá más ofensivamente y que, visto lo visto, no va a regalar las facilidades atrás que le regaló Chile. Holanda no se quiere volver loca en los partidos y ante todo y como Dunga mantiene el orden en su centro del campo con Van Bommel y De Jong. Sus centrales, cómodos y protegidos, juegan mejor y ocultan así sus carencias. Espera un gran partido en cuartos. Y, ante todo, espera Robben, el jugador que puede hacer campeona a Holanda. Al fin.

Resultados de la decimoctava jornada:

Holanda 2 - 1 Eslovaquia
Brasil 3 - 0 Chile

Imagen | El País | RTVE

lunes, 28 de junio de 2010

Capítulo 17 | La FIFA avergüenza al mundo

Andrés Pérez | No acostumbra este blog a hablar de arbitrajes, pero en esta ocasión su actuación es tan determinante, para mal, que es inevitable hablar de la segunda jornada de los octavos de final sin hablar de los jueces. Argentina y Alemania estarán en cuartos de final demostrando que son mejores equipos que sus oponentes o que al menos han sido mejores que sus oponentes en sus respectivos partidos. Esto es tan cierto como que han sido superiores con un condicionamiento arbitral evidente: no cuesta imaginar qué hubiera sucedido de haberse validado el gol de Lampard que daba el empate a Inglaterra, ni los más que probables problemas de Argentina de haber llegado empatada a cero en el descanso.

El fútbol es un deporte de enormes connotaciones psicológicas en el que un arbitraje calamitoso puede hundir a un equipo. Las decisiones sujetas a la subjetividad, como un agarrón que tan pronto se puede interpretar como tal o como un lance del juego, no deben ser rearbitrables; un hecho objetivo e innegable, como un balón que empíricamente bota tras la línea de gol o como un tanto anotado por un jugador matemáticamente en fuera de juego, no sólo puede serlo sino que por el bien de la salud de este deporte ha de serlo. La televisión no desvirtúa más el deporte que los hechos ilegales no anulados. Así de sencillo.

Dicho todo esto, esencial en un día como el de hoy, Alemania y Argentina se enfrentan en cuartos cuatro años después. Interesante la trayectoria de la selección albiceleste tras la primera fase, hasta la fecha idéntica a la de 2006: México y Alemania. Las similitudes, en todo caso, terminan ahí: hoy Alemania es un equipo de mayor talento y menor fortaleza física, que basa sus argumentos en el talento de Ozil, Müller o Khedira y no en el empuje del anfitrión; hoy Argentina es un equipo mucho menos compacto, dirigido por un motivador, dependiente de un futbolista cada día más individualista, y en resumen, menos equipo, pero con una pegada descomunal.

Eliminó Alemania a Inglaterra con un recital futbolístico. Comandada por Müller, un jugador que no destaca por nada eminentemente futbolístico pero sí por una inteligencia superior en la lectura de los partidos, el conjunto de Löw mezcla velocidad y precisión de forma audaz y amenazante. Juega Alemania de tres cuartos hacia adelante con una velocidad más al resto de selecciones y a todo eso, al talento y a un sistema de fútbol ofensivo y atrevido, añade un carácter competitivo hereditario en cada generación germana. Hoy por hoy es la mejor selección del torneo y de mantener este nivel, la más probable campeona.

El asunto inglés merece párrafo aparte. Capello podrá excusarse en el gol no subido al marcador de Lampard, que fue, pero no podrá ocultar las carencias y vergüenzas de su equipo a pesar de ello. Más allá de la calamidad constante que es su portería, la decadencia de Terry parece afectar a toda la defensa y en términos genéricos a todo el orden táctico del equipo: un centro del campo con cuatro jugadores de corte semejante no es capaz de innovar ni sorprender al contrario; el juego inglés es una constante monótona y cómoda para la defensa rival, que observa feliz la continua desesperación de Rooney. El sistema de Capello ha fracasado.

Frente al nuevo y aplaudido estilo alemán, posible gracias a una generación de talentosos centrocampistas inédita desde hace cuarenta años, se hallará Argentina. México cayó víctima de su debilidad defensiva, anoche un flan, y de la efusividad de los delanteros argentinos. Le tocaba a Tévez armarse de protagonismo a costa de un Messi cada día más desesperado y desesperante: el ansiado tanto no llega y repercute en su capacidad asociativa; amparado en su inigualable capacidad de desborde, Messi decide hacer la guerra por su cuenta en demasiadas ocasiones. Que esté haciendo un gran Mundial es discutible.

Su defensa es vieja y lenta y su centro del campo ordenado pero escaso de talento. Así pues, la lógica indica que debería ser Alemania quien llevara el pesto del partido a merced de una Argentina letal al contragolpe. Sendas defensas son semejantes, lentas y oxidadas, pero, a tenor del fútbol propuesto por ambos, Alemania puede ser más punzante gracias a su excelente fútbol, hipnótico, adecuado, sinónimo de campeón del mundo. Serán unos bonitos cuartos de final.

Resultados de la decimoséptima jornada:

Alemania 4 - 1 Inglaterra
Argentina 3 - 1 México

P.D.1

¡Un saludo para Inglaterra y México! Seguro que estarán disfrutando muchísimo el temor al progreso de Blatter y su negación constante a implantar televisores para rearbitrar jugadas objetivas. Pero ya saben: para Blatter, la injusticia es parte del fútbol. Y somos todos imbéciles, claro que sí.

P.D.2

Aquí un impresentable. Cuando observo a Heinze sobre un terreno de juego, entiendo porqué muchas personas no soportan el fútbol. Representa todo lo que no debe ser este deporte: un juego de caballeros practicado por villanos.

P.D.3

Tras una semana algo ajetreada, Más que Fútbol vuelve a la normalidad diaria. Disculpen las molestias.

Más Mundial | Vergüenza en Bloemfontein: el fin de una generación (Borja Barba en Diarios de Fútbol) | Culpa de Thatcher (Enric González) | Bochorno en pantalla gigante (Diego Torres en El País) | La ley del más fuerte (Ramón Besa en El País)
Imagen | El País

miércoles, 23 de junio de 2010

Capítulo 13 | Emoción a flor de piel (y un Alemania - Inglaterra en octavos)

Más que Fútbol | Fue un destello, pero pudo redimir este Mundial en su totalidad. Apenas debían quedar segundos para que el colegiado pitara el final del encuentro, Estados Unidos empataba con Argelia y Eslovenia perdía con Inglaterra: el Grupo C, un grupo de fútbol tedioso, parco en talento, aburrido, que deparó probablemente el peor partido del Mundial enfrentando a Inglaterra y a Argelia, en el que Estados Unidos había propuesto mejor fútbol, se definía por un gol. El de Defoe ante Eslovenia. Dejaba fuera a Estados Unidos y a Argelia y permitía el pase a Eslovenia a pesar de su derrota. Inglaterra, tan contenta, se puso a especular pero ni por esas una poco inspirada Eslovenia era capaz de anotar, total, tampoco lo necesitaba. En estas, la mejor selección del grupo, EEUU, imploraba un milagro.

Inexplicablemente, o explicablemente puesto que esto es fútbol y no debemos olvidarlo, el milagro llegó. El destino, o la justicia futbolística, deparó un final poético a falta de dos minutos para que terminara el partido, con EEUU desesperada incapaz de abrir el cerrojo argelino, siempre presta a manejar con soltura el balón, cuidándole, apostando por un fútbol vertical y elaborado para deleite del aficionado. A pesar de todo ello, el conjunto de Bradley era incapaz. Simplemente incapaz. Minuto 92, Altidore la recibe en banda, la pone, remata Dempsey, sale bien el portero argelino que bloca pero que no consigue amarrar el balón. En ese impás, en esa décima de segundo, se decidió el futuro de EEUU en el Mundial: paralizada la afición, llegó Landon Donovan, el mejor jugador de la historia del país, para empujar el Jabulani a la red, celebrar efusivamente, dejar cara de pasmados a los eslovenos y dar una merecidísima clasificación a su selección como primera de grupo.

Cambiando de tercio, si lo que queremos es hablar de juego y de derroche de esfuerzos, no pasen por alto el partido que han protagonizado Alemania y Ghana. Quizás uno de los más interesantes, por no decir el que más, de lo que va de Mundial. Los germanos pusieron el control y el dominio, y los africanos pusieron la emoción en el contragolpe y la garra suficiente como para haber dado un susto de muerte a la maquinaria de precisión que es la selección centroeuropea. Özil, inexplicablemente, marró la ocasión más clara para adelantar a su equipo en el primer tiempo. No obstante, en el minuto 59, apareció para sellar el pase a octavos de su selección como primera de grupo y, de paso, materializar uno de los cruces más peligrosos que se pondrán en juego en la siguiente ronda: Alemania Vs Inglaterra.

Ghana, por su parte, puede respirar aliviada y disfrutar de la derrota más dulce, y es que, contra pronóstico y casi contranatura, Serbia puede ir haciendo las maletas tras ser incapaz de ganar a Australia. Los pupilos de Antic, después de encarnar el leitmotiv de la primera mitad en la que deberían haber hecho los deberes, han terminado sucumbiendo ante la raza de unos australianos crecidos y que a falta de fútbol de salón, han tirado del oficio y eficiencia suficientes para adelantarse en el marcador. Poco más puede añadirse, salvo la palpable salud coronaria de ambas aficiones, posiblemente al borde del colapso cardiaco.

Si alguien creía que en este campeonato estaba ya la suerte echada, he aquí una muestra de que el destino es, a veces, cruel, y que el fútbol, como la vida misma, no siempre responde a la lógica. Que siga la fiesta.

Resultados de la decimotercera jornada:

Inglaterra 1 - 0 Eslovenia
EEUU 1 - 0 Argelia
Alemania 1 - 0 Ghana
Serbia 1 - 2 Australia

Imagen | El Mundo | El País

Tiempo de repudiados

Andrés Pérez | Georges Clemenceau fue un notable político francés durante las primeras décadas del siglo XX. A él le atribuyen las exigentes y revanchistas cláusulas del Tratado de Versalles por el cual Alemania, tras la Primera Guerra Mundial, quedaba reducida a la mísera República de Weimar y veía su orgullo nacional y sus recursos económicos diezmados hasta el punto de provocar un ánimo revanchista aún más fuerte, capaz de derivar en la Segunda Guerra Mundial. Clemenceau también dijo una vez que la vida de un hombre es más interesante si ha fracasado puesto que eso denotaba intención de superarse. Quizá era una frase autobiográfica a tenor de lo sucedido dos décadas después del Tratado de Versalles.

Raymond Domenech es un fracasado. También es francés y también es un repudiado. Entre lo poético y lo desgraciado navega el repudiado, el mártir, el culpable únicamente de ser recordado por lo único fiable en un ser humano: su capacidad de fallo. Domenech navegará el resto de su vida recordado por la caótica forma de dirigir a Francia durante seis años largos. Pasará a la memoria colectiva de Francia como uno de los entrenadores más fracasados de su historia, un título amargo y melancólico, gris, pesado, y a su vez redentor. Redentor puesto que el repudiado termina convirtiéndose en el desdichado eje de la cólera de sus semejantes, culpable únicamente, ante los ojos de la historia, tras el linchamiento público pertinente, de haber fallado. De haber expuesto al público su real condición: la del fallo como lo único seguro del ser humano.

Yakubu Aiyegbeni es otro fracasado y probablemente otro repudiado. Ante la portería de Corea del Sur vacía empujó, a un escaso metro de la línea de gol, un balón fuera. Más allá de lo ridículo de la acción, en su fallo reside el sino de su selección y del fútbol africano: ya fuera del Mundial, incomprensiblemente caótica haciendo del mísero acto de colocar el pie toda una odisea. Hoy, ayer, mañana, Yakubu protagonizará una de las imágenes más desgraciadas de la historia de los mundiales, como en su día Cardeñosa. Como Domenech, como Cardeñosa, cargará con su cruz por el resto de sus días y la injusta memoria colectiva le recordará por un error puntual, por el peso de su error y no por el de sus aciertos.

Tendemos a discriminar al fracado, al repudiado, porque tememos convertirnos en uno de ellos. Porque sabemos que la capacidad de error es lo que define por naturaleza al ser humano, que es nuestra constante como raza y que en cualquier momento estamos a merced del fracaso. Lo alejamos, lo satanizamos, lo satirizamos, lo dilapidamos hasta que conseguimos hacernos creer que no somos como ellos. La sociedad es cobarde y el fútbol no entiende de justicia ni de amparo. Yakubu y Domenech son hoy las dos personas más desgraciadas del planeta puesto que sobre ellos se desploma la enorme losa del fracaso nacional. Son, serán, unos repudiados.

No olviden las palabras de Clemenceau. Si fracasaron fue porque intentaron superarse.



Lectura recomendada | El imbécil culto y realizado (Enric González) | La miserable Francia (Más que Fútbol)
Imagen | CBC