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jueves, 12 de mayo de 2011

Al Zaragoza le sobran tres minutos


Andrés Pérez | Rendida al juego aéreo, la Real Sociedad anotó el gol que le daba la victoria en el minuto 87, tras un disparo al borde del área de su capitán que rebotó en un defensa y en el portero antes de entrar en la portería. Enfrente, la víctima, fue el Real Zaragoza, injusto derrotado en un duelo frenético y tosco, paradigma de la lucha por el descenso, exento de toda calidad y radiante en emoción, trágico para un equipo, feliz para otro. El gol de Aranburu, resumen gráfico del devenir general de un partido plagado de imprecisiones y obstáculos, condenaba al Zaragoza, antepenúltimo, en puestos de descenso, segunda derrota consecutiva, a un punto de la salvación, marcada por el Getafe, equipo que, pese a su lamentable aspecto, se mantiene en mejor posición. Al menos depende de sí mismo. Aquel fogonazo de la Real, a falta de tres minutos para que el partido concluyera, fue una inyección casi letal para el conjunto de Aguirre.

La derrota fue injusta. El choque fue eso. Precisamente un choque. Un accidente de la naturaleza entre dos equipos cuya primera necesidad no es el balón sino la intimidación física. Con los escasos jugadores de calidad recluidos en las bandas, el centro del campo se convirtió en lo que se suele convertir cuando dos equipos buscan sobrevivir a toda costa. En una trinchera. Volaban los balones por encima de los mediocentros, duchos todos ellos. A duras penas y en pocas ocasiones algún delantero encontraba algún espacio o algún jugador de tres cuartos de campo oxigenaba el devenir del encuentro con algún pase en profundidad, nada común, anomalías prohibidas, destellos indignos en un partido como aquel. Le sucedió a Tamudo, pero ni siquiera su gol fue tan fruto de su mérito propio como el infortunio de Doblas, que regaló la portería. Más allá de este hecho, puntual, ningún equipo parecía feliz llevando la iniciativa.

El planteamiento lo modificó el Zaragoza, más necesitado, dando entrada a Boutahar. El holandés es una brújula. Bertolo y Lafita son estupendas puntas de lanza incisivas a un tiempo que imprecisas, pero en momentos de necesidad creativa restan más que suman, todo lo contrario que Boutahar, zurdo talentoso capaz de medir los tiempos, de asociarse con Herrera y Gabi, de romper líneas rivales, de ser imaginativo, de otorgar ritmo al ataque renqueante del Zaragoza. De su mano llegaron los minutos más excelsos del Zaragoza. De la mano de Gabi llegó el gol, imperial en el lanzamiento de un libre directo. Igualado el partido los dos equipos se volvieron locos y lejos de firmar el pacto táctico de no agresión de la primera parte se embarcaron en un duelo a garrotazos épico y bello. Los dos fallaron. A la Real le acompañó un pequeño vericueto preparado por el azar. Al Zaragoza el infortunio.


Así las cosas y tras la espectacular, emotiva y merecidísima victoria de Osasuna ante el Sevilla en el Reyno de Navarra —los tres equipos que peleaban por la Europa League perdieron sus respectivos partidos ante conjuntos que buscaban la salvación— comandada una vez más por un brillante Camuñas, el Zaragoza no depende de sí mismo. Cabe la posibilidad de que el Zaragoza gane sus dos partidos y descienda a Segunda. Es improbable, pero es así. Por cierto que el Hércules ya es el segundo equipo que se va a la división de plata tras empatar con el Mallorca, parcialmente salvado, como la Real, como el Osasuna, incluso como el Levante, que empató con el Barcelona para que éste se proclamara campeón, ninguna novedad en este campo, ninguna emoción, ninguna noticia.

A excepción de la derrota del Getafe, todo lo que pudo suceder en contra del Real Zaragoza sucedió. Casi sin tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido llegará el domingo una nueva jornada, la penúltima, en la que habrá que atender a un sinfín de partidos. Las posibilidades en la tabla de clasificación dados los múltiples duelos entre sí son muy variadas, algo que beneficia en las condiciones actuales al Zaragoza. En cualquier caso parece evidente que es cosa de dos: Getafe y Zaragoza. Cualquier otro equipo que finalmente descienda será una sorpresa. De la capacidad de reinventarse de cada uno y de mentalizarse de cara a lo que queda de Liga dependerán sus posibilidades de salvación. De ello y de ese factor imperceptible y mitológico llamado suerte que, de un modo bastante clarividente, termina perjudicando siempre al peor equipo.

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Imagen | El País

martes, 10 de mayo de 2011

Necesidades que apremian


Andrés Pérez | Y casi sin tiempo a digerir lo sucedido en la pasada jornada aparece la siguiente entre semana, desfasada, como el Zaragoza o el Deportivo, que reaccionaron tardíamente a sus acuciantes necesidades; inquieta, como Sporting, Levante, Mallorca, Racing o Málaga, matemáticamente aún en riesgo de terminar con sus huesos en segunda; fulgurante, como la victoria de Osasuna; perecedera, como las rentas de la Real Sociedad. Trágica, en suma, como todo lo que rodea a la lucha por no descender en Primera División. Antes de entrar en materia, un repaso breve a las alturas: pese a la exhibición del Madrid el Barcelona sólo necesita un punto para ser campeón, nada que alegar; el Valencia, equipo irregular por antonomasia, tiene casi hecha su tercera plaza para escarnio del Villarreal, caminante a la deriva por la lejanía que le separa del Athletic o del Atlético, equipos que cierran Europa; y, finalmente, sólo Sevilla o Espanyol podrían optar a otra cosa que no fuera descender. En general, todo demasiado previsible. A lo nuestro.

Exceptuando al Almería, oficialmente equipo de Segunda División, tres equipos fueron los desafortunados en la pasada jornada: Zaragoza, Real Sociedad y Hércules. A éstos últimos su derrota ante el Racing, de nuevo por la mínima ante un rival directo, les acerca severamente a las puertas de segunda. Tiene 33 puntos, a seis de la salvación cuando restan nueve por jugarse. Cuesta creer que consigan todos sus puntos y que alguien a su alrededor se dispare tan absurdamente en un pie. Cerrado este capítulo queda por dirimir el tercer y último pasajero del tren al gélido desierto de la división de plata. Esa posición la ocupa el Deportivo, que no perdió pero sí empató y arruinó la fiesta de la salvación al Sporting en su porpia casa, cosechando un punto que quizá resulte determinante de aquí al final de la Liga. O quizá no.

Entre tanto el Zaragoza se hundió ante Osasuna, que de haber perdido estaría en gravísimos problemas. Algo parecido le sucedió al Getafe, que se aprovechó de las penurias del Almería para sumar tres puntos que de haberse evaporado en el horizonte hubieran supuesto una defunción casi segura. Juega hoy ante el Real Madrid en el Bernabéu, donde sólo Sporting y Zaragoza han extraído beneficio. El problema del Getafe es que hoy sí juega un obstinado Cristiano Ronaldo, que a falta de argumentos mejores pretende demostrar su superioridad ante Messi batiendo el récord goleador de todos los tiempos en la Liga: 38. Está a cinco. Duelos de hoy: Racing y Deportivo reciben a los dos equipos que actualmente ocupan plazas de Europa League, Atlético y Athletic, y que tienen que ganar sí o sí si quieren que el Sevilla no les supere.

Sevilla, por cierto, que también acude a campo ajeno, en concreto a Pamplona, donde Osasuna pretenderá agregar más valor a los tres puntos obtenidos en La Romareda. No se sorprendan sin repentinamente los tres equipos que se enfrentan a equipos en pugna por puestos europeos vencen sus respectivos partidos. La Liga Española es así. Ahora bien: cualquiera de los tres que ose perder puede encontrarse en problemas relativamente acuciantes. Duelos algo más intrascendentes: Levante - Barcelona y Hércules - Mallorca. Sería extraño que cualquiera de los cuatro cambiara su estatus de aquí a final de Liga. Y dos duelos directos.

Málaga - Sporting, bastante electrificado, y Real Sociedad - Real Zaragoza, duelo de absoluta necesidad para ambos. Digámoslo de este modo: salvo para el Zaragoza, ganar supone virtualmente la salvación. El empate supone prolongar la agonía. La derrota acrecentarla. En el caso del Zaragoza, mucho más necesitado, le podría valer el empate apostando su suerte a que con 43 puntos —suponiendo que obtiene los tres siguientes en casa ante el Espanyol, que es mucho suponer— es imposible bajar. Ésta última es una lectura pretendidamente optimista. En realidad cualquier otra cosa que no sea una victoria seguirá siendo realmente peligroso para sus intereses, como casi la mayor parte de equipos que en estas tres últimas jornadas se juegan a cara o cruz el devenir de toda una temporada. Destino, qué obsesiones las tuyas.

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Imagen | Corazón Boquerón

martes, 3 de mayo de 2011

Bello sufrimiento


Andrés Pérez | En la lucha por el descenso lo improbable se torna en milagroso. Le sucedió al Real Zaragoza el sábado, victorioso en el Bernabéu, demasiado ocupado como estaba el Madrid en sus cuitas internas y externas a raíz del pasado partido de Champions; y también a la Real Sociedad, que remontó un gol en contra de Thiago Alcántara para doblegar al Barcelona, olvidado de si mismo en un campeonato que tiene a su merced si la próxima jornada obtiene un punto más que el Real Madrid. El milgaro se obró, el Zaragoza elevó el vuelo gracias a Lafita y a una estructura defensiva admirable y la Real recuperó aliento tras una segunda vuelta para olvidar en la que se ha complicado la vida de un modo absurdo. Fue el sábado, también, cuando el Deportivo no obtuvo el mismo premio ante un equipo en franca ascensión como el Atlético de Madrid: perdió y ahí se mantuvo, con 38 puntos, uno por encima del descenso.

Descenso que marca el Getafe, parcialmente hundido tras firmar una segunda vuelta de campeonato deplorable a la altura del Espanyol —con la salvedad de que el equipo catalán tiene desde la primera mitad de la temporada la salvación hecha—. El Getafe perdió en Villarreal tras adelantarse en el marcador víctima de su propia endeblez como conjunto, preso del pánico al verse al filo del acantilado, ausente de magia y de duende que le haga respirar en una recta final de campeonato que se presenta maravillosamente agónica para un buen número de equipos, a saber, los comprendidos entre la novena y la decimonovena posición —siendo generosos—: Levante, 43 puntos; Sporting, 42 puntos; Mallorca, 42 puntos —otro cuya segunda vuelta está siendo épica—; Real Sociedad, 41 puntos; Racing de Santander, 40 puntos; Real Zaragoza, 39 puntos; Málaga, 39 puntos; Osasuna, 38 puntos; Deportivo, 38 puntos; y, en posiciones de descenso, Getafe con 37 puntos y Hércules con 33. Descendido virtualmente queda el Almería, a 12 puntos de la salvación. Tendría que ganar los cuatro partidos que le restan para obrar el milagro.

Parece evidente que uno de los equipos con más posibilidades de terminar con sus huesos en Segunda es el Hércules, que perdió ante el Málaga de Baptista, jugador que por increíble que parezca está en un equipo que lucha por sobrevivir. A cinco puntos de una salvación que se irá por encima de los 40 puntos y con un calendario poco favorable por delante —esencialmente un Racing que de ganar la semana que viene confirmaría la permanencia y un Atlético ascendente que busca la Champions—, el Hércules tiene todas las papeletas para ser el siguiente en acompañar al Almería. La auténtica incógnita, para la que actualmente es complejo realizar supuestos, es saber quién acompañará al conjunto alicantino —el cual se puede salvar, no obstante—. Lo que resta de aquí al final de temporada es un sufrimiento maravilloso, bello y repleto de emoción.


Por tendencia, estado de forma y en cierto modo calendario —aún tiene que viajar al Bernabéu, enfrentarse al Osasuna en casa en un partido que se preve brutal y acudir la última jornada de liga a San Sebastián—, el Getafe es en la actualidad el último equipo por el que alguien apostaría su dinero a la salvación. No es únicamente que se encuentre en puestos de descenso: es que de sus últimos cinco partidos ha ganado uno y llega sus últimos cuatro partidos desnortados, desestabilizado psicológicamente tras el revuelo levantado por la compra del club de un fondo de inversión de Dubái y con jugadores clave, como Gavilán, lesionados o, como Colunga, en muy bajo estado de forma. El Getafe se ha dejado llevar. No es la primera vez que le ocurre, pero sí es la primera vez que está realmente abocado al fracaso. De su descendente trayectoria aspiran a vivir los demás.

Osasuna ganó su partido del domingo ante el inefable Valencia de Emery —capaz al mismo tiempo de machacar al Villarreal para más tarde perder ante rivales tan dispares como Real Madrid u Osasuna— y causó gran inquietud en Zaragoza, Málaga, Santander y San Sebastián, que parecían abocados a la virtual salvación antes de que el conjunto pamplonica pasara de los 35 puntos a los 38. De haber perdido ante el Valencia el Osasuna estaría mucho más hundido que el Getafe, pero ganó. Ganó y todo va a estallar felizmente por los aires en las próximas cuatro jornadas. Por lo pronto el próximo domingo: duelo de genial bajura en La Romareda entre el Zaragoza y los navarros. Si el Zaragoza gana alcanzará los 42 puntos y un empate en la siguiente jornada en San Sebastián le supondía la virtual salvación —y quién sabe si matemática—. Se puede decir algo aproximado de Osasuna. El empate no beneficia a ninguno. Ni siquiera a el resto de rivales: estarían tan cerca de la muerte como de la vida, suponiendo gran inquietud a todo el mundo. Será sin duda el partido que acapare más miradas.

El Deportivo se enfrentará al Sporting, el aparentemente más salvado de todos junto al Levante. Una victoria del Deportivo le ayudaría a limpiar su negativa perspectiva al borde del abismo. Una derrota le hundiría y salvaría al Sporting definitivamente. Sucede que el Sporting tampoco se puede relajar: si pierde se acercan casi todos demasiado. El Málaga visita el Calderón —el Atlético puede ser juez del descenso— y debería puntuar porque sus tres siguientes enfrentamientos no son sencillos —Sporting, Athletic y Barcelona—; el Levante acude al campo del Athletic —un empate le vale— y el otro duelo estrella de la jornada enfrentará a Racing y Hércules. Sucede algo parecido a en La Romareda: si el Racing gana se salva virtualmente; si pierde le da alas a un Hércules aún con fe; si empatan ninguno estará particularmente contento —aunque el Racing estaría mucho más cerca de salvarse—.

No osen perderse la lucha por el descenso la próxima jornada. Promete ser dramática.

Lectura recomendada | Clasificación de Primera División
Imagen | Sportyou | Noticias de Navarra

martes, 12 de abril de 2011

Historias de La Romareda


Andrés Pérez | El fútbol es un deporte extraño y, como tal, cuenta con aficionados que se comportan de forma extraña. Ayer, durante la disputa del Real Zaragoza - Getafe, los aficionados locales decidieron acordarse del presidente rival las dos veces en las que su equipo anotó. Primero se levantaron como un resorte para celebrar brevemente la gesta y acto seguido, en un ejercicio plenamente español, dedicaron cánticos a la madre de Ángel Torres, máximo dirigente del Getafe. Torres había dicho la semana anterior, en los prolegómenos del importante partido que enfrentaría a ambos equipos, que tenía la firme intención de denunciar al Zaragoza por impago. En concreto, por no abonar el dinero que debe por la compra de Uche, su actual delantero titular. En tal tesitura, la victoria era casi tan importante como descargar las iras contra el presidente rival.

En cualquier otro deporte o en cualquier otro lugar las declaraciones del presidente se hubieran interpretado como lo que son. El derecho legítimo de un club a reclamar el dinero que le deben, pero España y el fútbol son realidades diferentes. Lo son porque la historia no termina aquí. Ya en el segundo gol, el que el extremo Bertolo anotó para pasmo de Ustari, un irregular portero argentino, la afición de La Romareda, consciente de lo injusto que estaba siendo al acordarse de la madre de Ángel Torres en cada gol de su equipo, decidió que también la progenitora de Agapito Iglesias, el presidente de la entidad zaragocista, merecía la misma suerte que la de su homólogo madrileño. Y así, en feliz instantánea, La Romareda cantaba al unísono bellas palabras dedicadas a la memoria de las señoras Torres e Iglesias, mientras el Zaragoza se aferraba a la Primera División a costa de un decadente Getafe.

Los futbolistas siempre acuden raudos a cumplir el papel que les corresponde en la coreografía coral que es cada partido de fútbol. Casquero, capitán del Getafe, se había quejado amargamente durante toda la primera parte por la permisividad del árbitro de cara a las entradas de los jugadores del Zaragoza sobre los del Getafe. Hasta en cuatro ocasiones se vio visiblemente contrariado al mediocentro ante entradas que a su juicio merecían una clara tarjeta amarilla. El árbitro se mostró impasible, aunque Casquero tuviera cierta razón. Nada más comenzar la segunda parte y lejos de mostrarse coherente con sus propias creencias, Casquero vio en primer plano como Boateng arrastraba su pierna para derribar por detrás a Ander Herrera, el prometedor mediapunta del Zaragoza que en verano se marchará al Athletic por las deudas del club maño. Lejos de mantenerse callado, Casquero protestó al árbitro que señalara la infracción.


En el fútbol la vida es contradicción, y como tal la noticia al final del partido no era que el Zaragoza se hubiera plantado a tres puntos del descenso y hubiera hundido al Getafe en la pelea por la salvación, sino que en tres ocasiones se interrumpió el juego porque desde la grada y desde el banquillo local se lanzaron balones para perder tiempo. El ruido deja en un segundo plano las noticias. El Zaragoza jugó un excelente partido en la primera parte demostrando que, de los actualmente involucrados en la lucha por la permanencia, es con toda probabilidad el equipo mejor dotado o que mejor sabe utilizar sus armas para salvarse. Junto al Sporting, ya lejos de la zona de tensión —relativamente—, y al Levante, estelar, se está mostrando con una firmeza impensable en la primera vuelta. El conjunto de Aguirre sabe explotar sus virtudes y, lo más importante, conoce como nadie el resbaladizo terreno en el que se juega la vida.

Getafe y Real Sociedad son ahora las presas fáciles. Su endeblez en la segunda vuelta les ha devuelto al pozo de la lucha por la permanencia, a pesar de sendas primeras vueltas decentes. Los demás siguen ahí. Málaga, Almería, Osasuna, Deportivo, Hércules, Racing. Las mismas caras de toda la temporada. Tanto a Getafe como a Real Sociedad la broma se les puede ir de las manos. A pesar de que aún mantienen cierto colchón de cinco puntos con los puestos de descenso, su tendencia es decadente. De un modo brutalmente agresivo, para más inri. En todo este barullo de cada jornada —en la última el único equipo que arañó tres puntos fue el Sporting, los demás o bien empataron o bien perdieron, para beneplácito del Zaragoza, claro— el conjunto de Aguirre mantiene cierto tono ascendente, especialmente en casa, que le permite posicionarse como un serio candidato a la salvación. Todo un milagro para un equipo que estaba desahuciado en noviembre. Pero es fútbol. No entiende de imposibles.

Imagen | El País | El Mundo

lunes, 4 de abril de 2011

Las circunstancias externas del fútbol


Andrés Pérez | Las circunstancias ajenas al fútbol también forman parte de este deporte. Para bien o para mal, sólo en el fútbol los recoge-pelotas pueden ser el blanco de las críticas de los jugadores del equipo visitante, del mismo modo que, para bien o para mal, sólo en el fútbol es posible negar todo tipo de modernización tecnológica en el arbitraje porque la injusticia forma parte del mismo. Se trata de un deporte tan irreverente que ha conquistado el mundo entero.

Eso sí, las circunstancias externas influyen. Y de su asimilación depende en gran medida crear un ambiente más saludable en el entorno mediático del fútbol. Claro que, de ser así, la prensa deportiva de la mayor parte de los países mediterráneos desaparecería casi por completo. A la anglosajona aún le restaría la posibilidad de hablar de los affaires amorosos de los jugadores de la selección inglesa, pero, ¿qué sería de las tertulias deportivas sin sucesos como el de anoche en el Sánchez Pijuán? Posiblemente la ruina.

El Zaragoza había logrado empatar el partido en casa del Sevilla. Lo había hecho planteando un partido solvente, sin fisuras en la defensa —a excepción de la falta de concentración puntual de Diogo— , y, más allá de una carencia evidente de capacidad intimidatoria en las cercanías del área rival, controlando el tiempo del partido cuando tenía que cruzar la línea del medio campo. Empatar en Sevilla hubiera supuesto un plus de motivación para un equipo que, durante las dos horas previas al inicio del partido, vio cómo todos sus rivales directos por la permanencia ganaron sus partidos. Todos a excepción del Málaga.

Entonces sucedió lo impensable. O una circunstancia externa imprevista. Una acción arbitral muy desafortunada. Tan desafortunada como la excelente obra teatral de Cáceres, un talento interpretativo por conocer. Ponzio y el uruguayo corrían dentro del área cuando el segundo cayó fulminado por un supuesto empujón del argentino. Ponzio por aquel entonces se hallaba, imaginamos que muy a su pesar, a demasiada distancia de Cáceres. No existió el contacto. Sin embargo el linier no lo consideró de este modo y señaló penalty. A partir de ahí el Zaragoza volvió a encontrarse por debajo en el marcador, una situación que no sería capaz de remontar.


Fue una circunstancia lo que determinó la tendencia de partido. Cabe añadir que si el Zaragoza hubiera anotado alguna de las notables ocasiones de las que dispuso de entonces hasta el final del encuentro quizá hubiera empatado. También es cierto que, de haberlo hecho, de tener tal capacidad, ahora no se encontraría tan solo un punto por encima del descenso. Si el fútbol es un deporte influido por circunstancias externas tales como los árbitros, si en ello reside parte de su encanto, en la posibilidad de perder un partido a sabiendas de que ha habido una decisión arbitral injusta, debemos asumirlo como tal. No parece muy lógico pregonar las exclusividad mágica de fútbol en este campo y cuando no sopla el viento a favor protestar por ello.

La cuestión es que el Zaragoza perdió. Hércules, Sporting, Racing, Deportivo y Levante se confabularon de un modo fabuloso para ganar todos sus partidos a costa de equipos que comienzan a ver peligrar su, hasta la fecha, holgada posición en la clasificación, a saber, Real Sociedad y Getafe. El Málaga también perdió, pero tiene 29 puntos, uno menos que el Zaragoza, equipo que marca la salvación. Pese a que todo esto puede parecer dramático para el conjunto maño, no lo es tanto. La historia de esta Liga demuestra que lo que hoy parece definitivo mañana es provisional. Y quien hoy se ve salvado, la siguiente jornada repite al filo del abismo.

Entre tanto hay que observar un momento la clasificación con estupor. El Levante, un club confeccionado con descartes y jóvenes sin experiencia que entró en Ley Concursal el año pasado, se encuentra noveno a cinco puntos de Europa. Es un milagro. Y es maravilloso. En las últimas cinco jornadas tan sólo dos equipos españoles pueden presumir de no haber perdido ningún partido: Barcelona y Levante. La machada de Luis García y sus jugadores merece una estatua de mármol en Valencia. Seguro que si alguien acude al Levante a hablarle de circunstancias externas del fútbol que pueden perjudicar a un equipo lo máximo que podrá encontrar será una sonora carcajada.

Imagen | La Tercera | El País

jueves, 3 de marzo de 2011

Aprender a vivir en las profundidades


Andrés Pérez | La vida al filo del abismo no entiende de relajaciones ni momentos de distensión. Le sucede al Zaragoza como le suceden a tantos otros equipos en Liga. Anoche sin embargo, mientras se arremangaba para remontar una vez más un marcador adverso por un infantil error defensivo, jugó en cierto modo desinhibido. Las causas de tal tranquilidad, de tal partido ganado finalmente desde un planteamiento reflexivo y no puramente emocional, pueden residir en la mano derecha de Aguirre o en la propia adaptación de los jugadores a las circunstancias de las eternas finales. El Zaragoza ha aprendido a vivir siempre bajo sospecha. Y comprenderse a uno mismo es el primer paso para salvarse.

Se adelantó el Athletic, como llevan haciéndolo infinidad de conjuntos en La Romareda esta temporada. Lo hizo mediante Llorente, único jugador brillante ayer en el adormilado y desdibujado equipo de Caparrós, tras un mal entendimiento entre Jarosik y Doblas. A partir de ahí el Zaragoza, al contrario que en otras estampas semejantes en ocasiones anteriores, agarró el balón y lo circuló en línea de tres cuartos de campo para surtir de balones a Uche, titular en un partido de talla dos años después. Entre Herrera y Boutahar anduvo el juego. De largo los dos jugadores de más talento de la plantilla, permutaron posiciones, abrieron espacios y dibujaron líneas de pase. Por detrás Ponzio barría de nuevo espléndidamente y Gabi percutía aquí y allá, todos ellos con la connivencia de un vertical Bertolo. Jugaba bien el Zaragoza y era noticia.

Llorente, eso sí, causaba terror en Contini y Jarosik cada vez que un balón volaba hacia sus dominios. En todo caso, entre ambos y Lanzaro se las arreglaron para cortarle la energía a base de doblar la marca y una defensa subterránea que terminó desesperando al delantero. El Athletic se agazapó y el Zaragoza se envalentonó: jugó más, tiró más, creó más peligro y confió más en sí mismo. Así las cosas, en la segunda parte el resultado rotó a favor del conjunto local, gol y llanto mediante de Uche. Venció finalmente el Zaragoza porque ha aprendido, como el Levante o como el Racing, a desenvolverse en el lodo. Es tal su aprendizaje que incluso ya se atreve a jugar bien al fútbol. El acompañamiento de una defensa por fin pletórica da como resultado el primer resultado remontado de la temporada y algo más de aire.


A falta de que jueguen Málaga, Almería y Racing, el Sporting vuelve a la zona de descenso tras perder en Sevilla. Deportivo y Osasuna empataron en un partido que se antojaba ya desde el inicio tedioso y el Hércules no pudo arañarle al Villarreal, como sí hicieran los espléndidos ahora Levante y Racing, un punto. Quien se juega la vida es el Almería: con 21 puntos, perder contra el Racing le deja de cualquier modo a cinco puntos de la salvación y, además, espolearía al conjunto cántabro, a un punto del Getafe, en apariencia el primer conjunto alejado de los problemas. Comienzan a abrirse brechas y si el Racing es el primero en hacerlo habrá obtenido media salvación por puro estado de ánimo.

En las alturas, el Barça jugó uno de sus peores partidos de la temporada y sin embargo ganó al Valencia. Víctima toda la temporada de sus propios errores en defensa, ayer mereció como poco el empate aunque no logró encontrar con la fluidez que hubiera requerido a Pinto. El peligro generado por el equipo de Emery fue más intuido que real, y en esa situación el Barça sufrió, pero no lo suficiente. Apenas algunos amagos de Soldado o Pablo Hernández que hicieron arquear la ceja a un cada día más pletórico Abidal. Apareció Adriano, por fin, y sirvió a Messi, que empujó a placer. Uno de los escollos más notables de aquí al final superados por el Barça. Mañana el Madrid confirmará o negará la vida del campeonato.

Imagen | El País

domingo, 13 de febrero de 2011

Emoción en el barro


Andrés Pérez | Cuando el drama del Zaragoza se condensaba en un planteamiento táctico inexistente y en una motivación psicológica negativa, el hecho de que la plantilla fuera de corte mediocre pasaba en cierto modo desapercibido. Digo en cierto modo porque, de un modo evidente rastros de la falta de calidad los había en cada partido, pero en general las derrotas se cimentaban en errores flagrantes o una apatía desesperante. El Zaragoza parecía un trapo. Un trapo raspado y sucio, sin vida, muerto.

Ahora que Aguirre ha agarrado las riendas de conjunto, el Zaragoza muestra una solvencia táctica antes impensable. El equipo sabe a lo que juega y la imagen que transmite no es la del desvencijado futuro club de Segunda División que apuntaba en la primera vuelta. No obstante, la calidad de la plantilla sigue siendo la que era a pesar de las incorporaciones de N'Daw y Da Silva. El primero ha debutado hoy sin aportar nada realmente destacable. Esto es, el Zaragoza sigue siendo un equipo mediocre, de perfil bajo e inferior a la mayoría de sus rivales. También al Hércules, por lo que el planteamiento de Aguirre hoy tenía sentido: pescar un gol y parapetarse atrás aguantando las embestidas de un rival superior.


El Hércules no encontró más camino que el de Tiago Gomes, que entre líneas llegó a causar serios quebraderos de cabeza a la defensa de Leo Franco. Por ahí se encontró Ponzio imperial, a gusto en su rol de barrendero oficial del reino. Lo hace como nadie. La labor defensiva del Zaragoza, por ende, fue irreprochable y los datos lo demuestran: tan sólo un tiro de volea débil y manso ejerció el equipo alicantino antes del esplendoroso gol de Farinós. El Zaragoza no sufría y ganaba gracias a un tempranero gol de Braulio. En ataque se ofuscaba, puesto que sus ideas no rezuman genialidad, pero el planteamiento era correcto, el Zaragoza, como equipo inferior que es, jugaba sus bazas y sus bazas consistían en aguantar y salir al contraataque.

No sirvió porque el Hércules contó con dos excelsas jugadas de Farinós. La primera un golazo para enmarcar y la segunda un pase a la espalda de Jarosik que aprovechó el siempre presente Trezeguet. La diferencia la marcan los jugadores, y en última instancia el Hércules los tiene y el Zaragoza no. La derrota se debe a eso. Nada más. Jarosik y Contini se coordinaron mal en la última jugada del partido regalando a Trezeguet su décimo gol en liga, todos en casa.


La zona baja de la clasificación es un espectáculo gozoso. El Hércules anotaba el segundo sobre la bocina, como un Málaga envalentonado en el segundo tiempo que remontó dos goles en contra del Getafe por pura ambición, espoleado por el empuje de sus fichajes invernales, superior Baptista a todos los demás. La locura se desataba en La Rosaleda con el gol de Rondón más allá del último segundo, pura adrenalina. Emoción en el barro, espectáculo sin límites. También el del Levante. Hace poco escribía Enrique Ballester esto en Diarios de Fútbol:

Como gran parte de la plantilla que bracea, con apuro, hacia la meta de la salvación, esa defensa conquista por la empatía que provoca. A saber, es el motor de una banda de marginados, viejos y/o cedidos. A mitad camino entre grupo salvaje y pandilla basura. Y encima visten Luanvi. Nadie los quería, pobres, y nadie está explicando ahora como ellos, en romántica lección, el valor colectivo del juego. A veces sale mal, como en Copa en el Bernabéu; y a veces sale bien, como al rascar un empate en casa al Madrid, o al provocar el sudor del Barça en el Camp Nou, pero el Levante es siempre un equipo con plan. En concreto, con el plan comunal que marca Luis García Plaza, que ya firmó un ascenso inverosímil -el club en pleno rescate financiero, un presupuesto ridículo…- subrayando la importancia del concepto de bloque.

Pocos equipos merecen la salvación tanto como el Levante, en lo que cabe calificar como un hermoso milagro. Hoy sumaba a costa del Almería su tercera victoria consecutiva: algo que contradice toda lógica.

Hay más: ayer el Racing fulminó al Sevilla para alegría de su nuevo dueño en pleno éxtasis de El Sardinero. También en Gijón la afición terminó dando por bueno el empate ante el Barça. Todos ganan, todos pierden, todos empatan. Las jornadas pasan y cada derrota parece la última en el fondo de la tabla, pero en realidad las distancias siguen siendo semejantes. No en vano el Hércules está dos puntos por encima del Zaragoza. Todos los demás se siguen condensando en un espacio de tres-cuatro puntos jornada tras jornada, suceso tras suceso, hasta el drama de la recta final. Una competición enajenada y sensacional.

Lectura recomendada | Resultados de la Jornada 23 y clasificación
Imagen | Heraldo | El País

martes, 8 de febrero de 2011

La emoción estriba en la ausencia de competitividad


Andrés Pérez | Es cierto que a la Liga le falta competitividad y emoción en la disputa por el título. Con los datos en la mano, cuesta sostener aquel axioma universal y repetido a modo de verdad única de que la Liga es la mejor liga del mundo ya que cualquier comparación con la Liga Inglesa, por ejemplo, se cae por su propio peso. Más allá de la zona noble de la tabla, donde Barça y Madrid imponen su hegemonía millonaria e imposible de seguir, en el resto de la competición sí se puede hablar de emoción —a raudales— y no tanto de competitividad —escasa—. Veamos.

En, aproximadamente, el ecuador de la competición, los nueve últimos equipos de la clasificación se condensan en un espacio de cinco puntos. Los que separan al Real Zaragoza, duodécimo —algo sorprendente para cualquiera que haya seguido la actualidad o la primera vuelta del conjunto dirigido por Aguirre—, y al Málaga, último con 18 puntos —no menos sorprendente habida cuenta de la inversión millonaria efectuada por sus nuevos dueños árabes—. Entre ellos se ubican la siguiente relación de equipos: Sporting, Osasuna, Hércules, Racing, Deportivo, Levante y Almería. Lo peor del campeonato sin temor a la equivocación.

De mención es, quizá a modo anecdótico, que los dos únicos equipos que han conseguido vencer o bien al Real Madrid o bien al Barcelona se encuentran aquí: Osasuna y Hércules. También el Almería logró extraer un empate en su campo de la visita del Real Madrid. Nimieces, detalles, curiosidades para amantes de la estadística: los últimos nueve equipos del campeonato son fiel reflejo del mediocre nivel competitivo del que adolece la Liga por diversos motivos. El primero de ellos y quizá más cercano es el más que injusto reparto de fondos entre los clubes españoles provenientes de los contratos televisivos, reparto desigual que apenas deja unas escasas migajas a los conjuntos de la zona baja de la tabla, poniendo en peligro no ya su viabilidad deportiva sino también su propia existencia.


Existencia al mismo tiempo puesta en peligro por la crisis económica y por la gestión penosa y derrochadora durante los últimos años de sus principales dirigentes, acostumbrados a vivir en la opulencia nacida de unos beneficios difícilmente sostenibles a largo plazo. La escasez de miras, en suma, la incapacidad de prever el futuro ha deparado en esta situación, de auténtica devaluación del campeonato. El ejemplo más clarividente de todo ello es el Real Zaragoza, equipo al filo de su propia existencia como entidad —un descenso a Segunda División, con una deuda acumulada de más de 130 millones de euros supondría una más que posible ley concursal o desaparición del club— y rumiando la resaca de un desastre directivo sin precedentes en la historia del club. Como decía, el Zaragoza se ha pasado buena parte de la primera vuelta sin ser capaz de ganar un partido y sufriendo derrotas de envergadura ante rivales directos y no tan directos. Actualmente es el que encabeza la lista de los candidatos a descender a Segunda División y llevaba, hasta su empate ante el Racing de Santander, tres victorias seguidas por la mínima.

Que el Zaragoza esté en esa posición no dice gran cosa del resto de equipos ni de la competición en sí misma. El Almería pudo empatar ante el Real Madrid, pero también ha recibido 16 goles en tres partidos ante el Barça, siendo incapaz de anotar en ninguno de ellos. El Depor, por su parte, navega a la deriva tras un breve interludio de tranquilidad a mediados de la primera vuelta. Actualmente su entrenador, Lotina, termina criticando implícita y explícitamente a sus jugadores en las ruedas de prensa post-partido. Al Racing de poco o nada le ha servido al turbulenta llegada de un empresario indio que compró el club por la extraña relación que une a la ciudad con un banco y a dicho banco con la Fórmula 1. Hércules —cuya actual estancia en Primera debería estar como poco siendo investigada, hola, Federación—, Osasuna —en las horas más bajas que se le recuerdan desde su última estancia en Segunda y con su peor plantilla— y Sporting cuentan con equipos cuyo nivel competitivo es relativo.

Y entre todos ellos el Levante, sumido en una crisis económica que le ha llevado a la Ley Concursal, con el presupuesto más bajo de Primera y venciendo en el campo del Villarreal. Realmente la Liga presenta un panorama calificable como despropósito. Todos los equipos previamente citados atraviesan momentos duros y prácticamente todos al mismo nivel, por lo que su permanencia en Primera dependerá de quien sea capaz de cometer menos fallos. Porque cometerlos los van a cometer, fin de semana tras fin de semana. Es sin duda lo más emocionante del campeonato, pero también lo menos competitivo. La realidad de la Liga —la mejor del mundo, ya ven—, enfrascada ahora en la enésima estupidez polémica entre Ronaldo y Messi.

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lunes, 9 de agosto de 2010

Amaños en tierra de nadie

Andrés Pérez | A pesar del silencio cómplice de los medios de comunicación, muy ocupados hablando de los apasionantes, sin duda, partidos de pretemporada de los clubes españoles —hoy, por ejemplo, en El País no encontramos ningún reportaje ni noticia relacionada con el caso Brugal y el Hércules, y ni qué decir de Marca, As, Sport y otros medios, a pesar de la editorial de ayer de Relaño—, el asunto de los partidos amañados por Enrique Ortiz sigue su curso y sigue dando de que hablar.

Hace poco supimos que las declaraciones de Tote en las que afirmaba no tener nada que ver con el asunto de la compra-venta de partidos podrían ser falsas. Frente a la prensa, Tote dice que él no sabe nada. Al teléfono, hablando con su amigo y presidente Enrique Ortiz, Tote se expresa en otros términos:

Tote: ¿Qué pasa?

Ortiz: ¿Qué pasa tío?

Tote: Ya lo ves. Esto es así tío. ¿Has visto lo que tenían los demás?

Ortiz: Hombre, estos estaban primados todos.

Tote: No, no, primados no, escúchame, 300.000 [euros], 25.000 cada uno [de los jugadores], de los cuatro [equipos] de arriba. Eso para que digas que no sueltan pasta. Esto es la guerra monstruo.

Ortiz: ¿Y empatando les pagan?

Tote: La mitad. (...)

Ortiz: ¡Qué hijos de puta! (...) Bueno, no podemos fallar el próximo tiro (...) Allí tienes, allí tienes amigos, ¿no?

Tote: Sí. Lo que pasa es que yo no voy, tengo la tarjeta, este hijo de puta [por el árbitro] me ha sacado una tarjeta hoy. Pero ya lo hablaremos por otro lado.

Ortiz: No, es igual, aunque no vayas, vas.

Tote: Pero puedo encargar, lo puedo a encargar a Abraham [el segundo capitán del equipo], no hay problemas, ya hablamos esta semana.

Ortiz: No, no, no, pero haz cuenta que te vas para allá, tú y yo, los dos. ¿Van en avión, no?

Tote: Sí.

Ortiz: Pues cuenta, no te organices que nos vamos tú y yo para allá.

Tote: Bueno, vamos hablando, tranquilo.

Ortiz: Habla todo lo que tengas que hablar y aprieta, ¿vale?

Tote: Venga.

Las conversaciones publicadas por El País durante la semana pasada revelan algo que hasta el momento sólo se intuía: los jugadores, más allá de dejarse comprar por cuatro euros, participan de forma activa en la trama. Contactan con su presidente, analizan el precio de mercado que imponen otros equipos y utilizan los hilos de viejas amistades y compañías en el vestuario para alterar la competición. En fin, ya lo ven, Tote, aun pudiendo disfrutar de un día libre, prefiere acompañar a Enrique Ortiz para negociar in situ los pormenores del trato.

A pesar de las pruebas, el juez de Instrucción del juzgado número 7 de Alicante, el encargado de instruir las diligencias del caso, ha decidido no trasladar la causa a la justicia deportiva, esto es, al CSD y a la RFEF. El argumento para frenar en seco el proceso judicial es el de que, al ser conseguidas las conversaciones durante la investigación de un caso ajeno al fraude deportivo, el caso Brugal, pierden su validez ya que la legalidad de las escuchas no abarcaban ese ámbito, en teoría privado. Una excusa de mal pagador, un vericueto judicial que el juez, al que imagino vistiendo la camiseta de Farinós, utiliza para frenar la investigación.

De momento el CSD y la RFEF tienen la excusa perfecta para mantener la boca cerrada y no actuar: la justicia ordinaria no les transfiere el caso, ellos más no pueden hacer. En cualquier caso la Abogacía del Estado y la Fiscalía han recurrido la decisión del juez por lo que aún quedan posibilidades de que el asunto llegue a manos de los órganos deportivos y puedan, si consiguen demostrarlo —y si deciden procesarlo— sancionar el fraude.

No desesperen, quizá, si alguien se encarga de recordarlo, e intuyo que el Betis tomará ese camino, el 22 de diciembre se reabra un caso ahora paralizado: ese día el fraude deportivo se considerará delito, por lo que no será necesario derivar la causa a un organismo deportivo, acelerando el proceso judicial. Hasta entonces, los amaños seguirán en tierra de nadie. Como siempre.

Eso sí, tampoco tengan puestas demasiadas esperanzas. Miren, hoy, verano de 2010, año y medio después, qué sucedió con las declaraciones de Jesuli en las que primero afirmaba haberse recibido dinero para dejarse ganar por el Málaga para posteriormente desdecirse:

La federación abrió un expediente informativo, como tantos otros (nunca se ha sancionado un hecho de este tipo), y decidió enviar la documentación a la Fiscalía General del Estado, quien a su vez trasladó el expediente a la Fiscalía de Málaga por haberse producido los hechos en dicha ciudad, lo que no dio resultado porque el caso fue archivado.

Poncio Pilatos no se habría lavado las manos de mejor modo. La actitud de la Fiscalía, ahora con el caso Hércules, parece por tanto algo impostada: si en su día decidió hacer caso omiso de un futbolista que primero afirmó haber participado en un fraude deportivo y luego afirmó haber mentido es de extrañar que hoy muestre tan notable entusiasmo por buscarle las cosquillas al Hércules y a Enrique Ortiz. Mucho menos rédito merece la RFEF, que jamás ha sancionado a nadie por afirmar o dejar entrever que se ha dejado perder a cambio de una prima.

Por si acaso, el Hércules ya se ha personado en el caso para defender el honor de Enrique Ortiz, lo cual parece un gracioso oxímoron. España funciona así. Sus gentes, también. El fútbol es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de todos estos mangantes, pero siempre habrá aficionados, o supuestos periodistas, fanáticos y ciegos ante la realidad. ¿Mi equipo? Intocable. Me dan igual las pruebas, otros son peores. Vomitivo:

(...) sospecho que hay 'caso Hércules' para rato. No digo que vaya a ser por culpa de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado, pero ambos organismos están mostrando un interés extraordinario para que las grabaciones que implicarían al presidente del Hércules (...)

El fiscal jefe de la provincia, Juan Carlos López Coig, sostiene, entre otras cosas, que es inconstitucional no perseguir el 'fraude' del Hércules y que «lo que protege la norma constitucional es la comunicación y no lo comunicado». ¿Acaso no es inconstitucional tener más de cuatro millones de parados? ¿Es constitucional que miles de españoles carezcan de una vivienda digna? ¿Llevarán la Fiscalía y la Abogacía del Estado a los tribunales al Gobierno por los parados y los sin techo?

Como ven, el argumento principal de Ramón Gómez Carrión no es la inocencia de su amado equipo, sino un defecto de forma. No dice demasiado en favor del nada sospechoso Enrique Ortiz y del Hércules que sus defensores opten por resaltar la maldad de quien procesa y no la bondad del procesado. ¿Y qué dicen los jugadores? Abraham Paz, por ejemplo, no defiende la inocencia de su persona y de su club. Más bien al contrario.

Si el CSD empieza a investigar, acataremos su decisión pero habría que investigar quince años para atrás y ver cómo subieron los equipos de la pasada temporada, la de la otra o investigar todos los partidos de la última jornada de la Segunda División de la última temporada, porque a los treinta minutos había muchos equipos ganando tres y cuatro a cero. Eso hay que analizarlo también.

"Hemos hecho trampas, vale, pero ellos más. Así que no somos culpables". Así son los pozos del fútbol español —y su nivel intelectual—, y lo que nos queda por conocer. Por cierto, los amaños del Hércules se remontan, supuestamente, eso siempre, a dos años antes de esta temporada. Otra chiquillada, imagino, sin importancia que no merece empañar el impecable aspecto de nuestro fútbol, blanco nuclear, impoluto. Tan refulgente que hay que mirarlo con gafas de sol. Como en los funerales.

La corrupción del fútbol en Más que Fútbol | Otro caso de partidos amañados, pero aquí no pasa nada | Que el espectáculo no pare | Un deporte de caballeros practicado por villanos | Noticiario fúnebre
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martes, 3 de agosto de 2010

Otro caso de partidos amañados, pero aquí no pasa nada

Andrés Pérez | Ya está, aquí lo tienen: un nuevo escándalo en el fútbol español por un presunto amaño de partidos. Que el silencio imperante desde todos los estamentos conocidos del fútbol español no les lleve al engaño, vuelve a ser un pequeño borrón que, de actuar como suele hacerlo al RFEF, no llegará a ninguna parte. Como sucediera con el caso Jesuli y el supuesto ascenso fraudulento del Málaga en la temporada 2007/2008, todo lo que sabemos hasta la fecha es por escuchas al presidente de uno de los clubes implicados, aunque, en este caso, el protagonista no es indirecto, sino parte activa de la trama: Enrique Ortiz, máximo accionista del Hércules, reconoce, supuestamente claro, como todo, haber ofrecido cuantiosas cantidades de euros para que sus rivales se dejaran vencer y así facilitar el ascenso de un Hércules necesitado del mismo dada su precaria situación económica —quince millones de deuda, una losa para un equipo de Segunda División—.

Los hechos

El pasado 10 de mayo el Hércules se imponía en el Rico Pérez al Córdoba por 4-0. Un mes más tarde, el 19 de junio, el Hércules vencía a domicilio por dos goles al Real Unión de Irún y se proclamaba oficialmente equipo de Primera División en detimento del Betis, partido al que, por cierto, volveremos más tarde.

El País hoy, 3 de agosto, en su sección de Deportes, habitualmente bien dirigida y redactada, desvela ciertas conversaciones que el máximo accionista de la entidad alicantina, el previamente mencionado Enrique Ortiz, turbio personaje que aparece en los papeles de la Trama Gürtel y que ahora capitaliza el protagonismo del caso Brugal, mantiene con un interlocutor del que no se desvela la identidad. Ortiz, imaginamos que henchido de gozo y satisfacción, se expresa en los siguientes términos: "Del anterior, del último que ganamos aquí. Le di 100.000 euros... En el primer gol de Tote se tira para el lado contrario... Es que fue la hostia, macho... El cuatro a cero... 100.000 euros le había dado al portero (...) Al Salamanca le ofrecimos 150.000 euros. No quisieron y les metimos también cuatro".

El gol al que se refiere Ortiz es éste, en el que Tote abre el contador para el Hércules. El portero en cuestión atiende al nombre de Raúl Navas y, según las grabaciones, habría recibido, supuestamente, o habría recibido la oferta, supuestamente, de cien mil euros para que consumara el fraude. Según El País, en esas mismas grabaciones se desvela que el presidente del Hércules habría ofrecido 300.000 euros al Córdoba para que se dejara vencer. El asunto no queda ahí: como expresa Ortiz, el Salamanca rechazó una oferta de 150.000 para perder a propósito; también aparecen los nombres del Girona y del Recreativo de Huelva como supuestos beneficiarios de las primas de Enrique Ortiz.

Cuatro partidos bajo sospecha. Los protagonistas lo niegan todo, como es menester. Raúl Navas, el portero del Córdoba en el ojo del Huracán, dice sentirse "indignado" y que "hacer daño es muy fácil. Todo el mundo va a suponer y nadie saldrá diciendo que me he vendido, por lo que se daña mi nombre". Tote también niega cualquier relación con el asunto. Por cierto, cuando Jesuli confesó a Badiola que cada jugador del Tenerife se había dejado ganar frente al Málaga por 6.000 euros, Raúl Navas era su compañero de equipo. Vasos comunicantes.

Las suposiciones y la teoría de los vasos comunicantes

Vasos comunicantes son los que nos llevan a Iñaki Descarga, defensor que actualmente se desempeña en el Real Unión de Irún y que en su día lo hizo en el Levante. El dato no es baladí: en la temporada 2006/2007, Descarga y el presidente por aquel entonces del Levante, Julio Romero, reconocieron, y así está grabado, que los jugadores de la entidad levantina se dejaron vencer en la última jornada de aquella Liga frente al Athletic de Bilbao para que salvara la categoría. Casualmente, aquel partido lo venció el Athletic con un gol en propia puerta de un jugador del Levante.

Cosas del destino, Iñaki Descarga, en una situación semejante pero inversa por la posibilidad del ascenso y no del descenso, se marcó un gol en propia meta escandaloso en la última jornada de esta temporada frente al Hércules, que se jugaba el ascenso al todo o nada. Repasen la jugada y piensen detenidamente sobre los hechos expuestos previamente. Vasos, casuales, comunicantes.



Como es menester, en los días posteriores al gol en propia meta, Descarga se mostró muy afligido por la presión social que había de soportar, tildándole el espectador de comprado. Tal y como dice sentirse hoy Raúl Navas. En el momento de anotarse el tanto Descarga rompe a llorar desconsoladamente. Observen, una vez más, detenidamente la jugada, pero no lleven sus ojos al número 23 blanco, Descarga, el autor de tan sorprendente gol; fíjense mejor en el dorsal 11 del Hércules. Interpreten el gesto que realiza nada más observar en primera fila la acción de Descarga: manos a la cabeza de incredulidad, sí, pero también, con una interpretación más sutil, de miedo ante una acción excesivamente evidente, ante un pastel descubierto de manera fragrante.

Vasos comunicantes. Nos llevan a la RFEF, máximo estamento del fútbol español. Antes de nada: el juez de Orihuela, encargado de llevar la instrucción del caso, se inhibió por causas que desconocemos y en su lugar el juzgado de instrucción número 7 de Alicante archivó el caso en lo referente a las supuestas primas al no considerarlas delito penal, ya que no lo son. Dejarse perder en un partido de fútbol no es constituyente de delito actualmente, por lo que la responsabilidad ahora recae sobre el Consejo Superior de Deportes y la Federación cuando el juez, que a pesar de la insistencia del fiscal aún no ha movido ficha, se decida a trasladar el caso al CSD.

De no derivar la causa al CSD y a la RFEF el juzgado número 7 de Alicante tampoco deberíamos sorprendernos: en fin, hablamos de la Comunidad Valenciana. En cualquier caso, tampoco nos hagamos especiales esperanzas de ver prosperar dignamente la investigación si llega a manos de los dos máximos organismos del fútbol en este país. Por un lado está Lissavetzky, que ya demostró todo lo que tenía que demostrar con la Operación Puerto y que anda muy ocupado ahora en la creación de una imagen de candidato para optar al liderazgo del Partido Socialista de Madrid; por otro, Ángel María Villar, cuya incompetencia no se puede resumir en un post pero si en un detalle: Descarga y Julio Romero señalaron que el presidente de la RFEF sabía de aquel amaño entre el Athletic, equipo del que es seguidor, y el Levante en 2007. Vasos comunicantes. Y así hasta el infinito.

Las consecuencias

Evidentemente, hay lío. Los implicados se lo han puesto mucho más fácil esta vez que Jesuli y Badiola en su día, las pruebas —¿también debería decir aquí que son supuestas?— apuntan a un amaño de partidos que dejó al Hércules en Segunda División. Huelga decir lo siguiente: no se valora el mérito del Hércules para ostentar una plaza en la máxima categoría del fútbol español, ni el éxito de las negociaciones de su presidente para amañar los partidos, sino la intentiva. Un paralelismo válido para esta situación: el árbitro no valora que un defensa le rompa la cabeza a un delantero, sino la intención de hacerlo. Con esto sucede algo semejante, no se debe valorar el hecho de que comprara o no Enrique Ortiz los partidos sino el hecho de que lo intentara, de que ejerciera el soborno aunque no tuviera el éxito esperado.

Tan sólo por las declaraciones de Ortiz la investigación debería ser abierta y, de demostrarse todo y resultar ser cierto, el Hércules castigado. Desconozco en qué grado, pero desde luego ejemplar. Los aficionados del Hércules no tienen la culpa de nada, claro, pero tampoco los del Betis, equipo que ya ha interpuesto una queja formal en la Federación exigiendo el descenso del Hércules y el ascenso del Betis. No se trata de castigar a una afición, olvidemos ese argumento demagógico, sino de demostrar que los actos ilegales al margen de las reglas establecidas en el fútbol queden castigados. De no hacerlo, la impunidad reinará.

Aunque, bien pensado, la impunidad ya reina. ¿Alguno de ustedes recuerda qué sucedió con el caso Jesuli? Nadie, claro. Yo tampoco, y el motivo es sencillo: no sucedió nada, y hoy, apenas dos años después, pocos recuerdan aquel turbio episodio. Agua de borrajas, pelillos a la mar, hagamos como que no ha pasado, nuestro fútbol es limpio, blanco nuclear, refulgente, impenetrable por la corrupción, oasis en un país corrupto, paradigma de la época de oro y de platino y de zirconio del deporte español —Chimoeneas dixit—. Mejor no tocarlo.

"Desconozco hasta dónde llegan los amaños de partidos. Desconozco quién puede estar dentro del escándalo. Pero pondría la mano en el fuego a que ni es ni será el último caso que salga a la luz. Barrer un poco el piso no viene mal de vez en cuando. Parece que sale algo y la gente se olvida de todo el polvo que queda dentro. La cuestión es ¿cuánto polvo tenemos en casa?" - Un deporte de caballeros practicado por villanos, Más que Fútbol, 3 de diciembre de 2008.

El párrafo sigue de rabiosa actualidad.

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