Andrés Pérez | En uno de sus primeros enfrentamientos desde que aterrizara en Madrid, Mourinho acusó al Sporting de no competir ante el Barça. Preciado, por supuesto, reaccionó con sobriedad y elegancia: «Mourinho es un canalla y un mal compañero». Las quejas del portugués rotaban en torno a la falta de competitividad que algunos equipos de la parte baja de la tabla mostraban cuando saltaban al Camp Nou: como si hubieran regalado el partido de antemano. Huelga decir que Mourinho no protestó anoche cuando Pellegrini afirmó que había saltado al Bernabéu sin ánimo alguno de vencer. Su Málaga había perdido por siete goles de diferencia.
La pregunta se planteó al inicio de la temporada y se mantiene vigente aún hoy: ¿es lícito reservar jugadores cuando se visita a un equipo ante el cual las posibilidades de victoria son nulas? En Italia tendrían clara la respuesta. En Inglaterra, posiblemente, también, aunque sería antagónica. En España Mourinho afirmaría ladinamente que sólo en función de los intereses de su equipo. A Guardiola le imaginamos loando las virtudes de la competición y relajando el tono comprometido de la pregunta. En general, hay una verdad soterrada: todos los equipos que se juegan el descenso llegan al Bernabéu o al Camp Nou con el partido perdido.
El sábado es turno del Zaragoza en Barcelona. Veleidades del destino, ya saben, Aguirre acude con jugadores como Pinter, Marco Pérez o Edmilson, desde hace días apartados de las convocatorias del equipo. Es posible que alguno de ellos sea titular. Aguirre habla de vencer en el Camp Nou pero la realidad de fondo es otra: ante la imposibilidad de vencer a las superpotencias, reservar jugadores y no arriesgar a posibles lesiones o percances de otro tipo parece la opción más inteligente. Se cierne la sospecha de la competición adulterada, pero cabe preguntarse si los equipos menos capacitados económicamente no parten de inicio también ante una competición adulterada dadas las diferencias no proporcionales en el apartado de ingresos televisivos. Es un suponer: de mediar menor diferencia económica entre ambos, quizá alguno de estos equipos se dignara a intentarlo.
Hasta entonces, cumplir el trámite, ejercer de comparsa, sale más rentable. Incluso reconocerlo en público, como Pellegrini. Ante lo que Italia o Inglaterra tendrían una respuesta predeterminada y clara, en España simplemente se asume la realidad como si tal. Ni se aplaude ni se combate: se desiste de superar los defectos.
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viernes, 4 de marzo de 2011
Competir o desistir
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jueves, 3 de marzo de 2011
Mourinho: cuando el personaje devora a la persona
Andrés Pérez | José Mourinho perdió los estribos, de verdad, por primera vez en toda la temporada en su última rueda de prensa. Más allá del enfrentamiento verbal con el excelente periodista que siempre ha sido Ladislao Moñino —al que tildó de hipócrita para luego disculparse en la misma rueda de prensa hasta tres veces—, el técnico luso habló de Manuel Pellegrini, su rival en el banquillo hoy, en los siguientes términos:
A mí no me puede pasar lo mismo que le pasó a Pellegrini. ¿Sabe por qué? Porque si el Real Madrid me echa yo no voy a entrenar al Málaga. Si me echan voy a un gran club de Inglaterra o a un gran club de Italia. No tengo ningún problema en volver a entrenar a un gran club.
En aquel momento Mourinho había atravesado la delgada línea que separa el personaje de la persona y había entrado en el terreno del delirio histriónico. El técnico luso ya no cargaba las tintas contra la prensa o la Federación, sus principales focos de arrebatos iracundos más actuados que sentidos, sino que lo hacía contra un técnico inocente ante el cual no se le conocen rencillas personales. Un técnico que, en honor a la verdad, no podría merecer menos tal agravio.
Manuel Pellegrini abandonó el Real Madrid la temporada pasada tras alcanzar la cifra récord de 96 puntos en Liga y dejar un sabor amargo en las dos competiciones coperas —ridículo histórico ante el Alcorcón incluido—. A su alrededor, el diario Marca y personalmente Eduardo Inda, se creó una campaña de acoso y derribo que traspasó los límites del periodismo y la crítica profesional: Inda y su diario cayeron en la más baja de las fórmulas periodísticas, el linchamiento. Todo parecía ser culpa de Pellegrini y todo rotaba en torno a su supuesta soberbia y altivez. Lejos de la realidad alternativa, vergonzosa y amoral que Marca pregonaba, Pellegrini no dejaba de ser el tipo sencillo y pacífico que sigue siendo.
Salió del Madrid por la puerta de atrás pese a contar con el apoyo de la afición y aún hoy se siente en la desdicha de ser criticado amarga y gratuitamente. Su aspecto melancólico y su mirada entristecida por defecto colaboran en la imagen que se puede llegar a tener de él: apaleado y maltratado por la gran bola mediática que supone el Madrid. Precisamente por eso llegan a sorprender y producir mayor repulsa las palabras de Mourinho.
También sumido en la vorágine mediática que crea el entorno del Madrid, Mourinho se ha convertido en el personaje que la prensa llegó a soñar. La persona queda olvidada y sus pequeñas cuitas con los organismos federativos sobrepasan lo justificable y entran en el campo de la sordidez; sus arrebatos sarcásticos no son tan graciosos como verdaderamente ofensivos; y, lo más importante, su equipo no arrolla. Todo ello en el Real Madrid, un club dado a magnificarlo todo. Mourinho ha sido devorado por su personaje y, de no mediar reflexión, comienza una escalada de histerismo que la «imagen» del Madrid no podrá soportar.
Lectura recomendada | Eduardo Inda o la violencia (Más que Fútbol) | Mourinho, blindado y machacado (La Libreta de Van Gaal) | Manolo el del récord (La Libreta de Van Gaal)
Imagen | Heraldo
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Aprender a vivir en las profundidades
Andrés Pérez | La vida al filo del abismo no entiende de relajaciones ni momentos de distensión. Le sucede al Zaragoza como le suceden a tantos otros equipos en Liga. Anoche sin embargo, mientras se arremangaba para remontar una vez más un marcador adverso por un infantil error defensivo, jugó en cierto modo desinhibido. Las causas de tal tranquilidad, de tal partido ganado finalmente desde un planteamiento reflexivo y no puramente emocional, pueden residir en la mano derecha de Aguirre o en la propia adaptación de los jugadores a las circunstancias de las eternas finales. El Zaragoza ha aprendido a vivir siempre bajo sospecha. Y comprenderse a uno mismo es el primer paso para salvarse.
Se adelantó el Athletic, como llevan haciéndolo infinidad de conjuntos en La Romareda esta temporada. Lo hizo mediante Llorente, único jugador brillante ayer en el adormilado y desdibujado equipo de Caparrós, tras un mal entendimiento entre Jarosik y Doblas. A partir de ahí el Zaragoza, al contrario que en otras estampas semejantes en ocasiones anteriores, agarró el balón y lo circuló en línea de tres cuartos de campo para surtir de balones a Uche, titular en un partido de talla dos años después. Entre Herrera y Boutahar anduvo el juego. De largo los dos jugadores de más talento de la plantilla, permutaron posiciones, abrieron espacios y dibujaron líneas de pase. Por detrás Ponzio barría de nuevo espléndidamente y Gabi percutía aquí y allá, todos ellos con la connivencia de un vertical Bertolo. Jugaba bien el Zaragoza y era noticia.
Llorente, eso sí, causaba terror en Contini y Jarosik cada vez que un balón volaba hacia sus dominios. En todo caso, entre ambos y Lanzaro se las arreglaron para cortarle la energía a base de doblar la marca y una defensa subterránea que terminó desesperando al delantero. El Athletic se agazapó y el Zaragoza se envalentonó: jugó más, tiró más, creó más peligro y confió más en sí mismo. Así las cosas, en la segunda parte el resultado rotó a favor del conjunto local, gol y llanto mediante de Uche. Venció finalmente el Zaragoza porque ha aprendido, como el Levante o como el Racing, a desenvolverse en el lodo. Es tal su aprendizaje que incluso ya se atreve a jugar bien al fútbol. El acompañamiento de una defensa por fin pletórica da como resultado el primer resultado remontado de la temporada y algo más de aire.
A falta de que jueguen Málaga, Almería y Racing, el Sporting vuelve a la zona de descenso tras perder en Sevilla. Deportivo y Osasuna empataron en un partido que se antojaba ya desde el inicio tedioso y el Hércules no pudo arañarle al Villarreal, como sí hicieran los espléndidos ahora Levante y Racing, un punto. Quien se juega la vida es el Almería: con 21 puntos, perder contra el Racing le deja de cualquier modo a cinco puntos de la salvación y, además, espolearía al conjunto cántabro, a un punto del Getafe, en apariencia el primer conjunto alejado de los problemas. Comienzan a abrirse brechas y si el Racing es el primero en hacerlo habrá obtenido media salvación por puro estado de ánimo.
En las alturas, el Barça jugó uno de sus peores partidos de la temporada y sin embargo ganó al Valencia. Víctima toda la temporada de sus propios errores en defensa, ayer mereció como poco el empate aunque no logró encontrar con la fluidez que hubiera requerido a Pinto. El peligro generado por el equipo de Emery fue más intuido que real, y en esa situación el Barça sufrió, pero no lo suficiente. Apenas algunos amagos de Soldado o Pablo Hernández que hicieron arquear la ceja a un cada día más pletórico Abidal. Apareció Adriano, por fin, y sirvió a Messi, que empujó a placer. Uno de los escollos más notables de aquí al final superados por el Barça. Mañana el Madrid confirmará o negará la vida del campeonato.
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miércoles, 2 de marzo de 2011
El modelo de Wenger se agota: buen fútbol, pero nada productivo
Víctor Úcar | Nadie puede discutirle a Arséne Wenger su magnífica labor como manager del Arsenal en estos últimos 15 años. A lo largo de este tiempo, el equipo londinense ha aumentado su palmarés nacional —incluyendo dos dobletes históricos—, ha disputado una final de la Champions League y ha transformado jóvenes promesas en grandes futbolistas a nivel internacional. Juventud, fútbol de toque y estrategias calculadas son las señas de identidad de los equipos que ha dirigido el técnico francés desde que llegó a este club. Sin embargo, en el mundo del fútbol lo que importa es el presente, y los equipos no pueden vivir eternamente de su historia más gloriosa. Por eso, aunque destaquen por ejercer un fútbol distinto y atractivo, nunca serán recordados si no consiguen refrendar ese estilo añadiendo títulos a sus vitrinas. Y la exigencia es todavía mayor al referirnos a uno de los clubes más importantes del fútbol británico.
Para recordar el último trofeo que levantaron los gunners tenemos que remontarnos a 2005, año en el que el Arsenal de Wenger conquistó la Copa de Inglaterra. El pasado domingo, seis años después de su última conquista, el conjunto londinense aterrizó en Wembley con el objetivo de aumentar su palmarés, en esta ocasión en una final de la Copa de la Liga Inglesa, conocida popularmente – y por motivos de patrocinio – como la Carling Cup. Un modesto Birmingham, cuyo único objetivo esta temporada es la permanencia, se antojaba un cómodo rival para refrendar la óptima temporada del club de Londres. Pero una final siempre es una final, y ningún equipo debe verse nunca como favorito, por mucho que el mundo del fútbol diga que lo sea, y por mucho que se practique un estilo de juego exquisito, de salón, pues son comentarios que jamás han asegurado nada a nadie. Únicamente al actual Barça, diría yo.
Precisamente el conjunto de Guardiola fue víctima del Arsenal hace unas semanas, aunque considero que los de Pep demostrarán en el Camp Nou que lo ocurrido en el Emirates Stadium se trató de un simple y enmendable accidente. Pero el técnico del Birmingham, Alex McLeish, tenía muy claro cuáles eran las claves para tener alguna opción de alargar la sequía de La Orquesta Sinfónica de Londres: esperar en su campo, ejercer una fuerte presión y salir al contragolpe. Además, por si eso no daba sus frutos, tenía pensado un plan B llamado Nikola Zigic. El ex jugador de Racing y Valencia se convirtió en una auténtica pesadilla para los gunners en el juego aéreo —con gol incluido—, especialmente para la joven pareja de centrales formada por Djourou y Koscielny, muy desacertados a lo largo del encuentro.
Para más inri, Rosicky no estuvo a la altura a la hora de interpretar el papel del capitán Cesc Fábregas —lesionado desde el partido contra el Barcelona—, y Wilshere, a pesar de demostrar que es la nueva perla de este Arsenal, tuvo que asumir más galones de los que hasta el momento Wenger le había adjudicado. Aún así, The Arsenal consiguió atrincherar al Birmingham en su propio campo con las embestidas de Nasri y Arshavin por las bandas. Tampoco podemos olvidarnos de la destreza y el acierto de un Van Persie que se marcharía a la ducha antes de tiempo por lesión, aunque con el mérito de ser el único gunner capaz de batir a Ben Foster, sin duda, el mejor jugador durante la final —así lo consideró también la organización de la Carling—.
El partido moría sin llegar a una resolución, y los pupilos de Wenger ganaban terreno al conjunto blue, asfixiado en su propia presión y físicamente agotado. La prórroga no era ninguna solución para el Birmingham, que observaba con sigilo las embestidas de los gunners. Seis años después, la fórmula del técnico galo se encontraba muy cerca de volver a fructificar, pero el destino quiso ser caprichoso una vez más. La fortuna se alió con los blues, y la desgracia fue a parar al bando londinense de la forma más cruel posible. Un pelotazo de Foster desde su campo que buscaba la testa de Zigic acabó en las botas del recien incorporado Martins, no sin antes contemplar la falta de experiencia y entendimiento entre Koscielny y el joven cancerbero Szczesny. Era el minuto 89, y el nigeriano no perdonó el 2-1 a puerta vacía.
Creo que es una gran noticia que en el fútbol actual sigan existiendo equipos como el Arsenal: idealistas, comprometidos con el buen juego y que apuesten por sus jóvenes valores. Sin embargo, todos esos atributos no son suficientes si al final no se logra armar un equipo capaz de competir con los más fuertes. Por eso, considero que todos aquellos que en ocasiones han comparado este Arsenal con el Barça de Guardiola por su despliegue futbolístico y la potenciación de sus jóvenes promesas, deberían reconsiderarlo, puesto que su alarmante ausencia de productividad lo condena a ser una eterna copia muy poco efectiva. Por el fútbol, ojalá que me equivoque.
Lectura recomendada | Birmingham City, cameón de la Curling Cup (Diarios de Fútbol)
Imagen | Eurosport | Sky Sports
Para recordar el último trofeo que levantaron los gunners tenemos que remontarnos a 2005, año en el que el Arsenal de Wenger conquistó la Copa de Inglaterra. El pasado domingo, seis años después de su última conquista, el conjunto londinense aterrizó en Wembley con el objetivo de aumentar su palmarés, en esta ocasión en una final de la Copa de la Liga Inglesa, conocida popularmente – y por motivos de patrocinio – como la Carling Cup. Un modesto Birmingham, cuyo único objetivo esta temporada es la permanencia, se antojaba un cómodo rival para refrendar la óptima temporada del club de Londres. Pero una final siempre es una final, y ningún equipo debe verse nunca como favorito, por mucho que el mundo del fútbol diga que lo sea, y por mucho que se practique un estilo de juego exquisito, de salón, pues son comentarios que jamás han asegurado nada a nadie. Únicamente al actual Barça, diría yo.
Precisamente el conjunto de Guardiola fue víctima del Arsenal hace unas semanas, aunque considero que los de Pep demostrarán en el Camp Nou que lo ocurrido en el Emirates Stadium se trató de un simple y enmendable accidente. Pero el técnico del Birmingham, Alex McLeish, tenía muy claro cuáles eran las claves para tener alguna opción de alargar la sequía de La Orquesta Sinfónica de Londres: esperar en su campo, ejercer una fuerte presión y salir al contragolpe. Además, por si eso no daba sus frutos, tenía pensado un plan B llamado Nikola Zigic. El ex jugador de Racing y Valencia se convirtió en una auténtica pesadilla para los gunners en el juego aéreo —con gol incluido—, especialmente para la joven pareja de centrales formada por Djourou y Koscielny, muy desacertados a lo largo del encuentro.
Para más inri, Rosicky no estuvo a la altura a la hora de interpretar el papel del capitán Cesc Fábregas —lesionado desde el partido contra el Barcelona—, y Wilshere, a pesar de demostrar que es la nueva perla de este Arsenal, tuvo que asumir más galones de los que hasta el momento Wenger le había adjudicado. Aún así, The Arsenal consiguió atrincherar al Birmingham en su propio campo con las embestidas de Nasri y Arshavin por las bandas. Tampoco podemos olvidarnos de la destreza y el acierto de un Van Persie que se marcharía a la ducha antes de tiempo por lesión, aunque con el mérito de ser el único gunner capaz de batir a Ben Foster, sin duda, el mejor jugador durante la final —así lo consideró también la organización de la Carling—.
El partido moría sin llegar a una resolución, y los pupilos de Wenger ganaban terreno al conjunto blue, asfixiado en su propia presión y físicamente agotado. La prórroga no era ninguna solución para el Birmingham, que observaba con sigilo las embestidas de los gunners. Seis años después, la fórmula del técnico galo se encontraba muy cerca de volver a fructificar, pero el destino quiso ser caprichoso una vez más. La fortuna se alió con los blues, y la desgracia fue a parar al bando londinense de la forma más cruel posible. Un pelotazo de Foster desde su campo que buscaba la testa de Zigic acabó en las botas del recien incorporado Martins, no sin antes contemplar la falta de experiencia y entendimiento entre Koscielny y el joven cancerbero Szczesny. Era el minuto 89, y el nigeriano no perdonó el 2-1 a puerta vacía.
Creo que es una gran noticia que en el fútbol actual sigan existiendo equipos como el Arsenal: idealistas, comprometidos con el buen juego y que apuesten por sus jóvenes valores. Sin embargo, todos esos atributos no son suficientes si al final no se logra armar un equipo capaz de competir con los más fuertes. Por eso, considero que todos aquellos que en ocasiones han comparado este Arsenal con el Barça de Guardiola por su despliegue futbolístico y la potenciación de sus jóvenes promesas, deberían reconsiderarlo, puesto que su alarmante ausencia de productividad lo condena a ser una eterna copia muy poco efectiva. Por el fútbol, ojalá que me equivoque.
Lectura recomendada | Birmingham City, cameón de la Curling Cup (Diarios de Fútbol)
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Andrés Pérez | No hace mucho, Canal + promocionaba la Premier League con imágenes de partidos en vertical. La sutil metáfora ejemplifica a la perfección la forma de plasmar gráficamente los estados emocionales de los equipos ingleses: a diferencia de la expresión horizontal de la selección española y el actual Barça, en Inglaterra la voracidad ofensiva se plasma en el eje de coordenadas Y, para deleite del espectador ansioso de emociones primarias alejadas de cualquier superficialidad estética. Anoche, tanto Manchester United como Chelsea intercambiaron papeles y asumieron el rol de equipo avasallador/avasallado en función de la capacidad física y psicológica de sus futbolistas.
Fue el United el primero en leer con acierto la debilidad del rival. Si el partido se resume de algún modo, es en la capacidad de ambos de oler la sangre de su adversario. El United, equipo que hace de la velocidad y la movilidad en la parcela ofensiva su forma de existir, mareó durante veinte minutos a un Chelsea apático. Ivanovic y Ramires miraban estupefactos cómo Nani y Evra reinventaban el concepto más anticuado del fútbol: tocarla y ofrecerse al espacio. Por la banda izquierda, vía Evra, llegaban las mejores ocasiones del United. Todas ellas quedaron refrendadas en el gol de Rooney, disparo raso y ajustado al borde de la frontal ante la pasividad dolorosa de la defensa del Chelsea. David Luiz, imperial anoche, incluido.
El Chelsea sucumbía como un juguete roto ante la presumible exhibición ofensiva de Chicharito, Nani, Rooney o Fletcher. No fue tal puesto que en un campo inglés la verticalidad no es una constante. Alejados de la monotonía de los conjuntos dominadores en el plano horizontal, el equipo inglés medio no entiende de constancia y funciona por tendencias. En ocasiones inclina el campo hacia la portería rival; en ocasiones hacia la propia. Así, en el filo que separa la gloria del desastre saltando por encima del centro del campo, United y Chelsea regalaron una segunda mitad vertiginosa.
Antes de ella, al final del primer tiempo, el Chelsea recuperaba sus constantes vitales de la mano de Essien y un interesado pero impotente Lampard. Ramires, jugador que necesita de sus mejores compañeros para rendir, comenzaba a carburar. Anelka corría. Torres aún no. Entre tanto, Ivanovic y Cole decidían volver a parecer futbolistas. Ya en la segunda parte todo rotó en torno a David Luiz, mejor jugador arriba y abajo del conjunto de Ancelotti y central para varios lustros: inteligente al corte, fuerte en el contacto, rápido y con buen manejo de balón, el brasileño destrozó los planes del United voleando un balón a la red dentro del área. Fue David Luiz el empuje y Drogba y Lampard los repuntes finales: uno y otro se bastaron para poner de los nervios a Vidic, que terminó expulsado. Penalty que jamás fue, Lampard que fusiló y victoria marcada por la tendencia decreciente del United y creciente, a base de tensión, del Chelsea.
Cosas del fútbol inglés, en Londres la alegría hoy es doble.
Imagen | Clarín
Fue el United el primero en leer con acierto la debilidad del rival. Si el partido se resume de algún modo, es en la capacidad de ambos de oler la sangre de su adversario. El United, equipo que hace de la velocidad y la movilidad en la parcela ofensiva su forma de existir, mareó durante veinte minutos a un Chelsea apático. Ivanovic y Ramires miraban estupefactos cómo Nani y Evra reinventaban el concepto más anticuado del fútbol: tocarla y ofrecerse al espacio. Por la banda izquierda, vía Evra, llegaban las mejores ocasiones del United. Todas ellas quedaron refrendadas en el gol de Rooney, disparo raso y ajustado al borde de la frontal ante la pasividad dolorosa de la defensa del Chelsea. David Luiz, imperial anoche, incluido.
El Chelsea sucumbía como un juguete roto ante la presumible exhibición ofensiva de Chicharito, Nani, Rooney o Fletcher. No fue tal puesto que en un campo inglés la verticalidad no es una constante. Alejados de la monotonía de los conjuntos dominadores en el plano horizontal, el equipo inglés medio no entiende de constancia y funciona por tendencias. En ocasiones inclina el campo hacia la portería rival; en ocasiones hacia la propia. Así, en el filo que separa la gloria del desastre saltando por encima del centro del campo, United y Chelsea regalaron una segunda mitad vertiginosa.
Antes de ella, al final del primer tiempo, el Chelsea recuperaba sus constantes vitales de la mano de Essien y un interesado pero impotente Lampard. Ramires, jugador que necesita de sus mejores compañeros para rendir, comenzaba a carburar. Anelka corría. Torres aún no. Entre tanto, Ivanovic y Cole decidían volver a parecer futbolistas. Ya en la segunda parte todo rotó en torno a David Luiz, mejor jugador arriba y abajo del conjunto de Ancelotti y central para varios lustros: inteligente al corte, fuerte en el contacto, rápido y con buen manejo de balón, el brasileño destrozó los planes del United voleando un balón a la red dentro del área. Fue David Luiz el empuje y Drogba y Lampard los repuntes finales: uno y otro se bastaron para poner de los nervios a Vidic, que terminó expulsado. Penalty que jamás fue, Lampard que fusiló y victoria marcada por la tendencia decreciente del United y creciente, a base de tensión, del Chelsea.
Cosas del fútbol inglés, en Londres la alegría hoy es doble.
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martes, 1 de marzo de 2011
90 minutos, la revista que todos estábamos esperando
Andrés Pérez | La semana pasada, en Barajas, en uno de esos interludios infinitos que separan la facturación del embarque, decidí pasarme por el kiosco del Duty Free en compañía de Víctor Úcar y Juandi Mora. Para sorpresa de los tres, allí, lugar al que acudíamos sin más aspiración que la de malgastar las horas, encontramos una de las mayores joyas que ha producido el periodismo deportivo del presente. La revista 90 minutos. Su leyenda dice "nunca viste el fútbol así", y créanlo: jamás lo han visto de este modo.
Una vez le echen un ojo a 90 minutos loarán el rigor periodístico de Eduardo Inda, la prosa comedida y objetiva de José Luis Carazo o la sensata y reflexiva cabeza de Tomás Roncero. Una vez hayan surcados sus páginas desearán retractarse de todas las críticas que una vez, ingorantes de todo aquello en lo que realmente podía degenerar el periodismo deportivo, vertieron sobre cualquier diario de masas. 90 minutos supera todo lo que hayan imaginado y consigue que me retracte sobre lo que dije no hace mucho:
¿Mundo Deportivo? Principiantes.
El material que ofrece la revista es tan extenso y abarca tantos temas que daría para varios posts. De hecho, La Libreta de Van Gaal podría rellenar un año tan sólo con lo escrito en un sólo número de 90 minutos. En el número que adquirimos, el undécimo, la portada por sí misma consigue dejar a la altura del amateurismo a los Manolos de Cuatro. En la misma, aparece Adebayor bajo la leyenda «Manolo & Cia» y Djibril Cissé y David Beckham con el torso desnudo junto a un letrero que reza «Cansinos del 'tatu'». En efecto, promete. Pero lo del interior es aún mejor.
Este sí es el cruce definitivo entre deporte, prensa rosa y prensa amarilla. No obstante, toda la maquetación de la revista se asemeja muy sospechosamente a la de la revista Cuore, celebrada en ciertos ámbitos por su notoria habilidad en descubrir los momentos más inesperados y mundanos de los famosos y famosas de hoy. Letras chillonas, constantes negritas, llamativas y grandes fotografías, viñetas acompañando a las mismas y un lenguaje mundano, del pueblo, en concreto de la verdulería de la esquina, mezclando tópicos sin gracia y provocación pura y dura.
Una de las especialidades de la casa es la de asociar conceptos antagónicos. Sin ningún tipo de sentido aparente, nos encontramos con «Mazinger Víctor», una doble página dedicada al portero del Barça, «Los hobbies de Talentino», otra doble página en la que se nos narran, por decir algo, los vicios y virtudes de Cassano, «Freddy Krueger Kanouté», o «Este Valencia tiene 'Tino'», en referencia a, exacto, Tino Costa. Ni Bécquer oigan.
De hecho, la revista cuenta con numerosísimos exabruptos de este tipo. Un titular para el recuerdo «El Madrid también conoce Mercadona». Una pifia que pasa desapercibida entre tal cantidad de joyas: «Como agua de marzo». Una entrevista a Gica Craioveanu que comienza del siguiente modo: «¡Gica! ¡Gica! ¡Gica! ¡Gica! ¡Gica!». ¿A que comienzan a ver con mejores ojos el villarato de Alfredo Relaño?
Así hasta el infinito, junto a la previsible y gratuita sección de mujeres semi desnudas con la excusa de su afición al fútbol. En este número —el cual, por cierto, pueden comprar aquí, ya tardan— eran las porristas mexicanas. En el siguiente podríamos encontrarnos con algunas japonesas haciendo cosplay en honor de la milenaria selección de Japón. Quién sabe, todo vale, porque en 90 minutos no hay nada prohibido y cuanta más profunda e irreverente sea la estupidez relacionada con el deporte que se pueda publicar, mejor. La máxima es la siguiente: escribe algo, léelo, piensa una cuarta parte de lo que habías pensado y vuelve a escribir.
La mayoría de los eructos verbales no están firmados, para gracia de sus redactores. Imaginamos que saben qué clase de producto facturan. La revista pertenece al Grupo V. En lo tocante al deporte, este grupo edita también Futbolista, la «revista oficial» [sic] de la NBA en español y World Tenis. También tiene muchas cosas de caza, perros, barcos de vela y coches.
Buscando brevemente en Google se puede encontrar el blog oficial del Grupo V, en el que se presentaba, el pasado 17 de septiembre, 90 minutos. Intenten no reírse:
Especial sorna condensa la aparición del término «criterio informativo». En el índice hay un fotomontaje de Torres tocándole el pecho a una animadora.
Ya lo ven, ahora sí, el periodismo deportivo ha alcanzado su último nivel, el más profundo círculo del infierno, el séptimo, el purgatorio eterno, el fondo del contenedor de basura. Roza la pura putrefacción, pero el periodismo deportivo aún tiene esperanza. Recuerden que no hace mucho el equipo de Diarios de Fútbol lanzó esta iniciativa con objeto de recuperar la dignidad perdida no ya de la profesión, sino del deporte en sí mismo, al que se asocia peligrosamente con todo lo que le rodea.
Talento y ganas de hacer algo de calidad escribiendo sobre deporte sobran. Supongo que debemos aferrarnos a ello en los tiempos que corren.
Imagen | Elaboración propia | Grupo V
Una vez le echen un ojo a 90 minutos loarán el rigor periodístico de Eduardo Inda, la prosa comedida y objetiva de José Luis Carazo o la sensata y reflexiva cabeza de Tomás Roncero. Una vez hayan surcados sus páginas desearán retractarse de todas las críticas que una vez, ingorantes de todo aquello en lo que realmente podía degenerar el periodismo deportivo, vertieron sobre cualquier diario de masas. 90 minutos supera todo lo que hayan imaginado y consigue que me retracte sobre lo que dije no hace mucho:
Mundo Deportivo puede presumir de inventar un nuevo género. Aún sin nombre, pero nuevo a fin de cuentas. Hoy, mientras repasaba en Google Reader los nuevos posts de los blogs que acostumbro a leer, he comentado dicha portada en Twitter.
¿Mundo Deportivo? Principiantes.
El material que ofrece la revista es tan extenso y abarca tantos temas que daría para varios posts. De hecho, La Libreta de Van Gaal podría rellenar un año tan sólo con lo escrito en un sólo número de 90 minutos. En el número que adquirimos, el undécimo, la portada por sí misma consigue dejar a la altura del amateurismo a los Manolos de Cuatro. En la misma, aparece Adebayor bajo la leyenda «Manolo & Cia» y Djibril Cissé y David Beckham con el torso desnudo junto a un letrero que reza «Cansinos del 'tatu'». En efecto, promete. Pero lo del interior es aún mejor.
Este sí es el cruce definitivo entre deporte, prensa rosa y prensa amarilla. No obstante, toda la maquetación de la revista se asemeja muy sospechosamente a la de la revista Cuore, celebrada en ciertos ámbitos por su notoria habilidad en descubrir los momentos más inesperados y mundanos de los famosos y famosas de hoy. Letras chillonas, constantes negritas, llamativas y grandes fotografías, viñetas acompañando a las mismas y un lenguaje mundano, del pueblo, en concreto de la verdulería de la esquina, mezclando tópicos sin gracia y provocación pura y dura.
Una de las especialidades de la casa es la de asociar conceptos antagónicos. Sin ningún tipo de sentido aparente, nos encontramos con «Mazinger Víctor», una doble página dedicada al portero del Barça, «Los hobbies de Talentino», otra doble página en la que se nos narran, por decir algo, los vicios y virtudes de Cassano, «Freddy Krueger Kanouté», o «Este Valencia tiene 'Tino'», en referencia a, exacto, Tino Costa. Ni Bécquer oigan.
De hecho, la revista cuenta con numerosísimos exabruptos de este tipo. Un titular para el recuerdo «El Madrid también conoce Mercadona». Una pifia que pasa desapercibida entre tal cantidad de joyas: «Como agua de marzo». Una entrevista a Gica Craioveanu que comienza del siguiente modo: «¡Gica! ¡Gica! ¡Gica! ¡Gica! ¡Gica!». ¿A que comienzan a ver con mejores ojos el villarato de Alfredo Relaño?
Así hasta el infinito, junto a la previsible y gratuita sección de mujeres semi desnudas con la excusa de su afición al fútbol. En este número —el cual, por cierto, pueden comprar aquí, ya tardan— eran las porristas mexicanas. En el siguiente podríamos encontrarnos con algunas japonesas haciendo cosplay en honor de la milenaria selección de Japón. Quién sabe, todo vale, porque en 90 minutos no hay nada prohibido y cuanta más profunda e irreverente sea la estupidez relacionada con el deporte que se pueda publicar, mejor. La máxima es la siguiente: escribe algo, léelo, piensa una cuarta parte de lo que habías pensado y vuelve a escribir.
La mayoría de los eructos verbales no están firmados, para gracia de sus redactores. Imaginamos que saben qué clase de producto facturan. La revista pertenece al Grupo V. En lo tocante al deporte, este grupo edita también Futbolista, la «revista oficial» [sic] de la NBA en español y World Tenis. También tiene muchas cosas de caza, perros, barcos de vela y coches.
Buscando brevemente en Google se puede encontrar el blog oficial del Grupo V, en el que se presentaba, el pasado 17 de septiembre, 90 minutos. Intenten no reírse:
Hoy 17 de septiembre llega a los quioscos 90’, un nuevo semanal de fútbol con un enfoque completamente distinto a lo que se ha visto hasta ahora. Actualidad, ironía, crítica y análisis serán sus señas de identidad. 90’ nace porque el fútbol es para que todos nos divirtamos.
Una revista semanal ligera amena y muy divertida, con gran presencia en las redes sociales, Twitter, Facebook y YouTube. Con un formato totalmente novedoso, 90 minutos va dirigida a un público fundamentalmente masculino con intención de pasar un rato de entretenimiento leyendo una revista. Entre sus páginas encontramos imágenes con criterio informativo, espectacularidad gráfica y originalidad, que informan por sí mismas. En definitiva, una visión del mundo del fútbol y todo lo que le rodea contada sin pelos en la lengua.
Especial sorna condensa la aparición del término «criterio informativo». En el índice hay un fotomontaje de Torres tocándole el pecho a una animadora.
Ya lo ven, ahora sí, el periodismo deportivo ha alcanzado su último nivel, el más profundo círculo del infierno, el séptimo, el purgatorio eterno, el fondo del contenedor de basura. Roza la pura putrefacción, pero el periodismo deportivo aún tiene esperanza. Recuerden que no hace mucho el equipo de Diarios de Fútbol lanzó esta iniciativa con objeto de recuperar la dignidad perdida no ya de la profesión, sino del deporte en sí mismo, al que se asocia peligrosamente con todo lo que le rodea.
Talento y ganas de hacer algo de calidad escribiendo sobre deporte sobran. Supongo que debemos aferrarnos a ello en los tiempos que corren.
Imagen | Elaboración propia | Grupo V
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