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martes, 18 de mayo de 2010

Nadie se acordó de ellos

Andrés Pérez | Cuando el árbitro señaló el final del encuento y el Camp Nou estalló en una alegría absoluta que más tarde depararía cien detenidos y las ramblas arrasadas, nadie se fijó en el Valladolid. Había descendido, pero era secundario. Probablemente la transcendencia de su descenso fuera mayor que la victoria del Barça, pero ni un sólo comentario escuché en la radio que hiciera referencia al conjunto descendido, de nuevo, seis años después, con todo lo que ello conlleva. El himno del Barça comenzó a sonar como homenaje al campeón. El fútbol en su máxima crudeza: las miradas se dirigen hacia el campeón; el perdedor se queda con la nada. Con el anonimato.

La humanidad, más bien, en su máxima crudeza. Mediada la primera parte, cuando el Barça se había sobrepuesto de su pájara inicial y se imponía por dos goles al conjunto de Clemente, observé a Diego Costa arrastrarse por la delantera, luchar en balde por una tarea imposible, y comprendí el drama que el Valladolid estaba a punto de virir. A otros nos tocó sufrirlo hace un par de años, aunque parece que fue ayer: caer de nuevo a Segunda División es tan doloroso que ni el paso de los años ahuyenta sus fantasmas. Siguen ahí. Por eso, el domingo, cuando observé a Diego Costa reclamar una falta con una cara de evidente melancolía y me fijé en el tiempo que había transcurrido, me apiadé de él como futbolista y de toda la afición del Valladolid: aún quedaban sesenta minutos.

Sesenta minutos para digerir el descenso. Sesenta minutos de zarandeo barcelonista a costa de un juguete a aquellas alturas inútil. Los futbolistas del Valladolid tendrían que seguir jugando aun a costa de conocer su destino: descender. No imagino un momento más duro para un futbolista ni para un aficionado. El drama afectó también al Tenerife, incapaz de vencer a un Valencia que no se jugaba nada por aquello del miedo escénico, la presión, o simplemente la incapacidad futbolística; y al Xerez, que no obró ningún milagro porque el Málaga había empatado y el Racing había ganado.

Su drama pasó desapercibido en las portadas del lunes y tampoco fue reflejado en las noticias del domingo por la noche. Nadie se acordó de ellos, simplemente, porque no importaban. Porque a pesar de las lágrimas derramadas, de los kilómetros recorridos en balde, de las ahora estériles y escasas victorias, de la ilusión creada o de la fe ciega, eran un anónimo equipo que volvía a Segunda División de nuevo. Nuevos protagonistas de la balanza: unos suben, otros bajan. Nadie se acordó de ellos durante la temporada, cuando la salvación se peleaba cada fin de semana, y nadie tuvo a bien acordarse de ellos cuando fue demasiado tarde.

Ni siquiera el día en que su desgracia superó la alegría de cualquier otro conjunto, fueron importantes. Así de cruel e inmisericorde es el fútbol. Así de cruel e inmisericorde es el ser humano.

Lectura recomendada | La transcendencia de un descenso (Borja Barba en Diarios de Fútbol),
Imagen | La Linterna de Ángel Velasco

lunes, 10 de mayo de 2010

Sólo podrán quedar dos

Andrés Pérez | Pocas melodías se adaptan mejor a este final de liga que la sinfonía del Nuevo Mundo, en su cuarto movimiento, de Antonín Dvorak, compositor checo del siglo XIX. La épica conjugada con el drama, el fin de nuestros tiempos, el fin como inicio, cinco equipos al borde del precipicio: a su espalda una tabla donde aferrarse económica y moralmente; enfrente, una sima abisal. El habitual drama futbolístico de cada final de liga. Cinco conjuntos —Xerez, Valladolid, Tenerife, Málaga y Racing— para dos plazas en la máxima categoría del fútbol español. A un lado, el dramático y definitivo resonar de los apocalípticos instrumentos de viento de Dvorak; al otro, el suave deslizar de sus violines, la calma tras la tempestad.

A excepción del milagroso Xerez, un equipo que durante la pre-temporada contaba con poco más de once jugadores, el resto de contendientes cuentan con 36 puntos. También el Tenerife, que empató con un gol de Nino en los últimos minutos de la pasada jornada frente al Almería en otro caprichoso desenlace del destino. Por increíble que parezca, el Xerez tiene 33 puntos y posibilidades reales de salvarse: se enfrenta al Osasuna en el Reyno de Navarra, equipo que no se juega absolutamente nada, y sólo le vale la victoria.

La carambola es tal que, avatares del destino, tan recurrido en estas situaciones, el descenso se jugará en los mismos escenarios en los que se dirimirá el título de Liga más insultante para el resto de conjuntos de Primera División de los últimos veinte años. El Barça se enfrenta al Valladolid en el Camp Nou; en Málaga, el Madrid tendrá que ganar si pretende optar aunque sea durante noventa minutos más al campeonato. Parece improbable: no ha perdido el Barça ni un sólo partido en su casa en todo el año y no es el Valladolid, a pesar de su imperiosa necesidad, el rival que más opciones pueda tener frente al conjunto de Guardiola.

En cualquier caso el fútbol depara inesperados acontecimientos. De sorprender el Valladolid con una victoria en el Camp Nou las casas de apuestas se sumirían en el caos y, lo que es más relevante, pondría en bandeja el triunfo global al Real Madrid, que tendría que ganar al Málaga. Sea como fuere, el Valladolid podría salvarse incluso perdiendo en Barcelona: de imponerse la lógica el Málaga habría de caer frente al Madrid y, sorprendente, el Tenerife ante el Valencia. Porque otro de los futuribles conjuntos de Segunda División se enfrenta al tercero de la Liga, lo cual no es especialmente relevante puesto que los de Emery tampoco se juegan gran cosa.

Así las cosas, parece el Racing —visita a un Sporting hermanado y salvado—, uno de los peores equipos de la segunda vuelta y uno de los más abatidos psicológicamente, el candidato número uno a optar a una plaza en Primera División para la temporada que viene. Abrazo la lógica una vez más: habría de ser el Tenerife el otro equipo que le acompañara en detrimento de Valladolid, Málaga y Xerez. Xerez que, eso sí, lo tiene tan cerca que no parece real: una derrota de todos los demás conjuntos frente a una victoria suya le dejarían en Primera. No es una ecuación descabellada habida cuenta de los rivales de Tenerife, Valladolid y Málaga.

Vivir para ver. El conjunto que parecía pre-destinado a descender desde el inicio de la temporada aún puede salvarse en un conjunto de casualidades tan sólo factibles en un deporte como el fútbol. Ahí, en que el Xerez aún esté vivo, reside el encanto de este deporte. Es ahí, y no en las portadas dedicadas a la absurda pugna entre Real Madrid y Barcelona por ver quién se alzará con el trofeo —ya hablaremos de ello—, donde el fútbol cobra encanto.

Imagen | Xerez.com | Marca

viernes, 7 de mayo de 2010

Los números de la emotividad

Andrés Pérez | Publica hoy el Heraldo un interesante gráfico en el cual calcula las posibilidades de los siete últimos clasificados de la Liga de descender. El Zaragoza, con la victoria frente al Depor, tiene un 0'1% de posibilidades de caer al pozo con cinco puntos por encima del descenso. Restan por disputarse seis, y parece poco probable una carambola histórica en la cual todos los equipos venzan —no cuento al Valladolid, prácticamente hundido— sus respectivos partidos y el Zaragoza no obtenga un mísero punto.

Perdió el Tenerife como era de preveer, lo hizo también el Valladolid, el Xerez finiquitó su heróica estancia en priomera y Málaga y Racing se volvieron a complicar la vida más de la cuenta. Especialmente éste último, que con un equipo plano y romo ha ido descendido progresivamente al pozo de la clasificación a pesar de Canales y todo el entorno mediático que se ha creado a su alrededor. El Sporting tiene 39 puntos y un 0'4% de posibilidades de descender; el Zaragoza, ya citado, un 0'1%; el Racing, a pesar de todo, un 18%; el Málaga un 33%; el Tenerife un 58% y el Valladolid un 91%.

Gráficos, números, estadísticas, darán igual. El fútbol no se mide por las estadísticas sino por las sensaciones, y entre todos, el equipo que cierra la zona de descenso se presenta como el más apto para lograr la salvación. Antes de su derrota ante el Barça en el Camp Nou, engañosa, el conjunto canario obtuvo nueve de nueve puntos. Todo un hito. A pesar de todo no le sirvió de gran cosa: está a un punto de Málaga y Racing. Huegla decir que el Málaga ha de medirse al Madrid, lo cual despeja la incertidumbre de un equipo que necesita ganar sus dos partidos.

El Tenerife merece salvarse. No dudo de que Málaga y Racing también hayan reunido méritos suficientes para hacerlo, pero la pugna y la energía mostrada por el Tenerife en la recta final de la Liga le hacen merecedor de la salvación; al igual que su espléndida segunda vuelta le hace al Zaragoza valedor de un nuevo billete para la máxima categoría la próxima temporada. Como digo, el fútbol es un compendio de sensaciones, no de números, y en esa batalla emocional quien más tiene que perder es el Racing, desdibujado conjunto que en ocasiones de la presente temporada quiso aspirar a más, para desligarse de su real situación.

En cualquier caso, sea como fuere, la situación para todos, exceptuando quizá Zaragoza y Sporting, es dramática. No hay que olvidar, después de todo, que cuando se habla de bajar a Segunda División, el asunto es más grave que cuando se habla de perder la Liga. Un drama de difícil explicación en el que no tanto el fútbol se impone ante la emotividad. Que se lo pregunten al Zaragoza de hace dos años. O a tantos otros que cayeron por pura psicología.

Imagen | Marca

martes, 4 de mayo de 2010

Nueve equipos, tres jornadas

Andrés Pérez | Pocas veces, a falta de tres jornadas para que finalice el campeonato, el drama por la supervivencia implicaba a tantos equipos. Se trata de un efecto colateral de la tiranía de los equipos grandes frente a los pequeños: las diferencias aumentan diferentes, no entre iguales. Así, nueve equipos se enfrentan a las tres últimas jornadas de Liga con posibilidades de caer en el pozo de segunda del que tanto cuesta salir. Entre tanto, el Madrid firma el récord de victorias históricas en una liga y el Barça ha de ser campeón con 99 puntos. "La mejor liga del mundo".

Los devenires de la temporada han derivado en una igualdad encarnizada o en un nivel paupérrimo generalizado. Más allá de cualquier otra consideración, que haya tantos equipos metidos en la lucha por no descender es sinónimo de escasez de talento. La situación debería hacer que la Liga se replanteara el reparto de los beneficios televisivos y las exageradas diferencias entre clubes ricos y clubes pobres, pero como es habitual no lo hará, ya que amén de su habitual incompetencia no tiene suficientes arrestos para restar privilegios a los grandes.

Pero centrémonos en lo meramente futbolístico. Incluso el Xerez, a falta de tres partidos para el final, tiene posibilidades matemáticas de salvarse, deshauciado como estaba a principio de temporada. Valladolid y Tenerife le acompañan hoy en las posiciones de descenso, pero se pueden salvar, especialmente los tinerfeños, a dos puntos del oxígeno. Y por encima, una pléyade de equipos arremolonados en tres puntos: Málaga, Racing, Zaragoza, Almería, Sporting y Osasuna, que perdiendo frente al Madrid se complicó al vida. Como lo lleva haciendo el Sporting toda la segunda vuelta; como, a pesar del soplo de aire fresco que supuso Lillo, lo ha hecho el Almería; como, dejándose llevar, también ha caído el Racing.

Entre tanto, Tenerife, Valladolid y Zaragoza reaccionaron a tiempo, antes de que fuera demasiado tarde y tan sólo uno de ellos pudiera salvarse. Loable es la actitud del Tenerife, que lleva tres partidos seguidos ganando; extraño es el comportamiento del Valladolid, equipo que adolecía de una falta de competitividad notable; lógica ha sido la reacción del Zaragoza: siete incorporaciones invernales que han remodelado el conjunto de la mano de José Aurelio Gay, quien a pesar de las críticas ha encaminado al equipo hacia un salvación probable por calendario pero discutible porque esto es fútbol.

Paradójico es el caso del Zaragoza, o más bien paradigmático: a pesar de haber vencido al Sevilla o al Valencia en su campo y de ser uno de los mejores equipos de la segunda vuelta no ha conseguido zafarse de las garras del lodo del pozo del descenso. Decidor, tal dato, tal vez, de la paupérrima igualdad que existe en la oscuridad del fútbol español; o, de la admirable forma de aferrarse a la supervivencia de Tenerife, Valladolid, Xerez y Zaragoza. Al tiempo que entre ellos no pudieron distanciarse, provocaron la caída de cinco conjuntos más.

Nueve equipos se juegan la vida en tres jornadas. Tan triste situación es un espectáculo de mayor atractivo que la dictadura bis a bis de Barcelona y Real Madrid. Les invito a disfrutar, si pueden, de las tres últimas jornadas por abajo. Olvídense del campeón de Liga, aquello no tiene misterio en comparación del verdadero drama.

Lectura relacionada | La gran congestión de la otra Liga (El País)
Imagen | El País

lunes, 15 de febrero de 2010

El Atlético cumple su papel

Andrés Pérez | Le corresponde al Atlético, por herencia histórica, por motivos que no alcanza a comprender la razón humana, ser la bestia negra del Barcelona. Y no importa que éste esté en un estado de forma magnífico y encadene 21 jornadas ligueras sin perder un sólo partido o que lleve seis años sin alzar un título. En cualquier circunstancia, si el Barça juega en el Calderón sucederán dos cosas: habrá goles y el Barça sufrirá gane o pierda, o, en un caso remoto, a falta de un hecho acaecerá otro. Si a todo esto le sumamos un notorio estado de forma de determinados jugadores del Atlético, una plaga de lesiones inoportuna en las filas del conjunto de Guardiola y un Calderón encendido, el resultado fue el de ayer. Que el Barça jugó su peor partido en dos años.

¿Por qué? Más allá del resultado, de la derrota, del buen planteamiento táctico del Atlético, el Barça fue débil. No practicó un fútbol brillante, anduvo ciertamente descolocado, su fútbol de toque y ruptura de las líneas rivales se convirtió en un descafeinado por inservible dominio absoluto del balón si alguna profundidad. Ibrahimovic anduvo como lleva dos meses, inútil; Messi quiso hacerlo todo ante la pasividad de sus compañeros; Iniesta estuvo inusualmente impreciso y Xavi descolocado. Lo nunca visto. Al Barça le pasó factura la presión psicológica de bajas físicas, esto es, reales. No hay que lanzar ninguna alarma en este sentido.

Perdió el Barça y esto le sirvió al Madrid para acercarse a tan sólo dos puntos. La derrota del Barcelona se explica por la conjunción de varios factores: el rival, el estadio, las bajas, la fatiga psicológica y fisiológica acumulada y un mal día. El Madrid venció al Xerez en Chapín con un Ronaldo en su línea, esto es, esencial, y con un Kaka' notable y mejorado. Imposible extraer conclusiones de buen fútbol, ordenamiento táctico y rentimiento personal de cada jugador: el rival era el colista, una victoria no es un éxito pero un empate o una derrota es un fracaso redomado.

Escasas sorpresas en el resto de la jornada. No considero el empate del Valencia en Gijón algo negativo, más bien al contrario. El Real Zaragoza empató un partido que hace un mes habría perdido con todas las de la ley y de ahí que, amén de jugarse fuera de la Romareda, el resultado frente al Valladolid sea aceptable. El Málaga confirmó su mejoría a costa de un Racing que ha pagado su intentona de llegar a la final de la Copa del Rey; el Sevilla a su ritmo sin practicar un fútbol brillante y dependiendo en gran medida de Zokora y Jesús Navas y el Villarreal quizá mejore a raíz del buen partido que jugó frente al Bilbao, que terminó exasperado tras marrar Iraola el penalti del empate.

Por cierto, la jornada aún no ha terminado. Gracias a la idea de la RFEF esta noche Mallorca y Tenerife juegan. Como dato: quien aquí escribe no podría ir al estadio, sale a las 9 de la universidad. Gracias, genios.

Vía | El País
Imagen | Marca, El Mundo

martes, 20 de octubre de 2009

Humanidad (Jornada 7)

Andrés Pérez | Hablar de humanidad en equipos cimentados en el poder del euro se antoja inverosímil. Pero aún así el fútbol admite sorpresas con las que deleitar al espectador cada jornada que pasa. Es un rayo de luz, una esperanza, pero no por ello, por etérea y circustancial, debemos dejar de aferrarnos a ella. Durante la pasada jornada el Barça empató y se mostró vulnerable ante el Valencia. No jugó bien y empató de manera mediocre, tal y como no nos tiene acostumbrados. Y el Madrid venció, 4-2 al Valladolid, pero mostró síntomas de debilidad cada vez que un jugador vestido de violeta se acercaba al área de Casillas. ¿Suficiente motivo para creer que hay vida más allá de los dos grandes? En absoluto. Pero como les digo, de esperanzas vive el hombre y en las demostraciones de humanidad de seres en teoría por encima del bien y del mal está la grandeza de un deporte que, progersivamente, camina, en España, hacia una polarización triste y degradante.

Como decía, empató el Barça en Valencia en un partido sin historia ni salsa con la que endulzarlo. Aburrieron. Y en el Barça es noticia. En el Valencia, frente al todopoderoso campeón de todo, no es una sorpresa, sino un ejemplo de cómo plantar cara a un conjunto superdotado y superlativo en todos sus sentidos, en cada jugada que trenza, en cada aproximación al área rival, en cada corte expeditivo de sus centrales. La excelencia se apaga con la ilusión, nos dicen, y debemos creer en ello, debemos asumir que por medio de los sueños se consiguen las épicas gestas. No es este un discurso destinado a lapidar al Barcelona. Nada más lejos de la realidad. Es un mero y simple relato de un aficionado harto de ver cómo su Liga se resume en dos equipos por encima del resto por el vil metal.

El Valencia pudo demostrar al mundo entero que sí, que el Barça tiene freno. Y el Valladolid hizo lo propio aunque sorprendiera menos. Es cierto, y no conviene olvidarlo, que el Madrid se llevó los tres puntos, pero no es menos certero que el conjunto de Mendilibar se acercó diez veces con peligro latente a la portería de Casillas, que lanzó diez córners y que logró evidenciar las carencias de un equipo millonario en su propio estadio. El Madrid es un equipo destinado, durante los últimos años, a la tragicomedia. Vence y sufre de una manera trágica y cómica al mismo tiempo, y parece sentirse más a gusto cuando le aprietan que cuando domina con claridad. Lo demuestran día a día, partido a partido, aunque cuesta imaginar que con tal actitud logren imponerse a equipos de mayor talla en todas sus líneas que un más que honroso Valladolid. Si alguien tiene que abandonar el partido del sábado con la cabeza baja no es el conjunto violeta. Es el once tutelado por Pellegrini. Es el club del euro presidido por Florentino. El Madrid atravesó momentos de buen juego, pero el Valladolid supo leer la descordinación absoluta de la defensa blanca. Y en tal hecho, baldío huelga decir, atisbamos otro rayo de esperanza.

Mientras tanto, con el Villarreal hecho polvo, con el Atlético hundido frente al Osasuna y con el Valencia inmerso en un mar de dudas, la Liga seguirá siendo cosa de dos. Porque el resto de equipos no da con la tecla de la excelencia adecuada para fraguar una lucha frente a semejantes titanes. Por debajo, en la mundana realidad, el Zaragoza decidió inmolarse frente a un Racing sometido, el Xerez tiró de orgullo para hundir al Villarreal, el Málaga prefirió arrancar mal, como lo lleva haciendo toda la temporada, el Athletic sucumbió ante un Sporting imperial con De las Cuevas en un estado de forma absolutamente espectacular y el Tenerife se dejó la piel frente a un Espanyol que en absoluto está tan mal como pretende parecer. ¿Humanidad? La cuarta acepción de la RAE dice lo siguiente: "Fragilidad o flaqueza propia del ser humano". Imaginen, por un momento, que la RAE está en lo cierto. Que el título del post es acertado. Imaginen y disfruten en sus sueños. Se evaporarán en la siguiente jornada, cuando los dos grandes de siempre aburran con victorias de abultado calibre.

Resultados | (pincha aquí)

Clasificación | (pincha aquí)

Resumen del Real Madrid - Valladolid |



Resumen del Osasuna - Atlético de Madrid |



Vía | YouTube, RAE, El País, Marca
Imagen | As, El País

lunes, 5 de octubre de 2009

El Sevilla alza la voz (Jornada 6)

Andrés Pérez | Y cuando todos quisimos creer que la Liga se resumía en dos equipos muy por encima de todos los demás, llegó el Sevilla. Y lo hizo por la puerta grande. Venía avisando, venía pegando fuerte, venía de atormentar cruelmente al Glasgow Rangers en Ibrox Park. Y se postró el Real Madrid ante él. Sin Ronaldo pero con Kaka', guapo él, elegante, sofisticado, millonario, de potencia desmesurada. El Madrid, claro. El Madrid, señores. Nada más y nada menos. Simplemente eso, un equipo, objetó el Sevilla. Y despreocupado, desatado, volcado hacia el área de Casillas se hizo con el poder del partido, puso a prueba la maquinaria perfecta ideada por Florentino Pérez, demostró con argumentos plausibles las carencias que el Madrid venía arrastrando desde el inicio de temporada, se aferró a Navas y a Perotti, abrió el campo, jugó al fútbol de manera vertical y descarada, deshilachó las líneas del Madrid, que, paso a paso, perdía el conocimiento noqueado. Y ganó. Y alzó la voz entre todos los demás, valiente, osado, para decir que no, caballeros, no. Esta Liga no está muerta. El Sevilla no se resigna ante la obviedad.

Porque la obviedad no lo es tal. Algunos lo intuíamos, otros lo omitían. El Madrid nunca ha jugado bien desde que dio comienzo la temporada y un equipo de nivel lo ha demostrado. Bien es cierto que tras el inicio de la segunda mitad y el gol de Pepe, el conjunto de Pellegrini dominó a su antojo y siempre dio la sensación de poder marcar antes el segundo que su inoportuno e inesperado rival, pero no es menos verídico que los errores defensivos y la ausencia total de juego colectivo dilapidaron el anhelo madridista de mantenerse, una jornada más, un equipo potente menos, delante del Barcelona, que sufrió ante el Almería. A rachas, a ráfagas. A base de cerciorarse en una actitud loable, la de la obstinación por un objetivo, el gol, el Madrid consiguió ahogar al Sevilla por puro talento, no por orden ni concierto. No fue suficiente. Recuperado de tan exhuberante demostración de atributos, el conjunto de Jiménez se valió de un nuevo disparate defensivo del Madrid para sentenciar. Para gritar al cielo.

2-1 para el Sevilla y la Liga que resucita. A costa del Madrid, a favor de todos los aficionados. Para colmo de casualidades, el Barça jugó sin energía ni fe ante el Almería. Hugo Sánchez, antaño goleador implacable, se mostró como un defensor táctico sencillamente perfecto. Un equipo limitadísimo en relación al Barcelona consiguió desquiciar a sus jugadores, apagó a Xavi a costa de una estrategia milenaria y en absoluto ilegítima, la del marcaje al hombre, y tan sólo se rindió ante Pedro, Pedrito, o como plazca llamarle, que sorprendió con un gol antológico al mexicano que, desde su banquillo, maldecía el día en que no preveyó la genialidad de un canterano que camina por senderos de gloria. Por lo demás el Barça no se encontró nunca porque no encontró a Xavi, abrumado y desconcertado ante el marcaje al hombre, invento antiguo recuperado para la causa. Para una causa loable: parar a un equipo imparable.

Críticas aparte, el Barça ganó y, no, no jugó bien, pero es líder con tres puntos de ventaja respecto al Madrid. Primer bache. Se preveen pocos y probablemente tan sólo el Sevilla, el Atlético o el Valencia supongan alguno en el camino de los dos tiranos del euro. Puede parecer mentira pero hay más liga. Por ejemplo la del Zaragoza, o la del Atlético, extraños equipos irregulares y desconcertantes. El Atlético se impuso no sin dificultad ante un Zaragoza excesivamente blando. No destaca el equipo de Marcelino, siempre bien colocado, tácticamente impecable, elegante en el diseño del juego ofensivo, por su capacidad para remachar. Partidos y jugadas, aciertos y soluciones. Quizá sea un problema de mentalidad o de rodaje, pero es el único hándicap que se le ve a un Zaragoza que dominó, lo quieran creer o no los periodistas de Madrid, a un Atlético sustendado en Jurado y Cléber, antaño defenestrados del equipo colchonero. Venció el Atlético porque Babic lanzó un penalty y Carrizo no cubrió un palo evidente. Nada más. No hay ninguna resurreción en la victoria del sábado. Ni tampoco ningún drama en la derrota del Zaragoza. Por ese camino la salvación es segura.

Por lo demás, ninguna sorpresa destacable. Se sirvió de Zigic el Valencia para doblegar a un Racing peligrosamente enfilado hacia el abismo, empataron Valladolid y Athletic en su particular Liga: ambos juegan la misma. El Getafe recuperó parte del orgullo laminado en Zaragoza a costa de un Osasuna, un año más, claro candidato a luchar por la supervivencia, por el pan suyo de cada día. El Xerez marcó gol, lo cual es noticia, y empató, lo cual también lo es. Sin embargo sus aspiracines, hoy por hoy, se reducen a eso. A marcar algún gol, disfrutar de una honrosa estancia en Primera y enfocar la vuelta a la categoría de plata. Quizá no suceda así, pero hoy, la perspectiva a tomar es esa. El Sporting sacó tres puntos de oro y goleó, para gozo de los allí presentes, a un Mallorca que no ha de sentirse preocupado por tan fragrante derrota puesto que en casa es un conjunto implacable y siempre complejo de dominar, y, finalmente, perdió el Tenerife en casa. La vuelta a la realidad tras un año siendo un equipo invencible en su feudo. El Deportivo de Guardado necesitó de un córner mal defendido. Simple y llanamente.

Clasificación | (pincha aquí)

Resultados de la jornada | (pincha aquí)

Los goles del Sevilla-Real Madrid |



Los goles del Atlético de Madrid-Real Zaragoza |



Vía | El País, YouTube, Marca, Más que Fútbol
Imagen | El Mundo