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miércoles, 16 de marzo de 2011
Eto'o es una joya
Andrés Pérez | Antes incluso de que muchos aficionados se dieran cuenta, Eto'o ya había empatado la eliminatoria. Con un gol de manual, tirando el desmarque entre los dos centrales y definiendo con la pierna izquierda, el camerunés había deshecho las estadísticas: la primera, aquella que decía que el Bayern no perdía una eliminatoria cuando la comenzaba ganando en campo rival; la segunda, otra que indicaba que tan sólo una vez un equipo logró remontar un resultado adverso en casa. Corría el minuto cuatro y Eto'o, el mejor jugador del Inter, el único que ha mejorado su rendimiento exponencialmente tras la salida de Mourinho, engrandecía su leyenda.
El Inter deambula desalmado, sin el espíritu del año pasado ni la capacidad de sacrificio que impuso Mourinho. La plantilla, esencialmente idéntica a la que el año anterior se proclamara, a su modo, brillante campeona de Europa, parece sentirse huérfana. Alejada del frenesí competitivo que el entrenador luso impone a todas sus plantillas, Lúcio es una sombra de lo que fue, Diego Milito ha perdido su voracidad goleadora y Maicon apenas intimida con sus galopadas desde el carril derecho. La marcha de Mourinho ha supuesto algo más: una pérdida total del sentido defensivo, cualidad que fue el pilar fundamental de los triunfos de la temporada pasada. Anoche en el Allianz Arena, la zaga del Inter fue un espectáculo y un gozo para los delanteros del Bayern, cuya actuación merece párrafo aparte.
El Bayern, por su parte, también ha empeorado respecto al año anterior sin causa aparente. Mario Gómez ha mejorado su rendimiento en la punta de ataque. Müller sigue creciendo como jugador y es uno de los mejores segundas puntas de Europa. Robben continúa ejerciendo de nervio electrizante desde el extremo derecho. Riberý continúa demostrando porqué no son pocos los equipos europeos que un día quisieron hacerse con sus servicios. A pesar de todo ello y de mostrar una clarividencia ofensiva mucho mayor que la de su rival anoche, todos ellos fallaron en conjunto un sinfín de ocasiones que finalmente les dejaría fuera de los cuartos de final.
Tras el gol de Eto'o, el Bayern se hizo el dueño del partido. No tenía por qué hacerlo dado que la eliminatoria estaba empatada, pero un Inter perezoso, presa de sus propios miedos y sin capacidad de continuar con el ritmo martilleante del inicio del partido le invitó a ello. Un nuevo error de Julio César tras otro disparo de Robben lo aprovechó Mario Gómez para empatar el partido, y de otro cúmulo de despropósitos en el área interista se valió Müller para adelantar al Bayern en el marcador y dejar, en apariencia, sentenciada la eliminatoria. De ahí al final de la primera parte el Bayern pudo golear sin ambages: un mano a mano de Riberý vergonzosamente resuelto, una ocasión de Mario Gómez que a punto estuvo de empujar Müller, otra de Robben tras estupor general de los defensas italianos y un error fatal de Lúcio sacando el balón que pudo costarle el tercero al Inter de no ser por el mal entendimiento entre Müller y Gustavo cuando sólo restaba fusilar a Julio César.
De manera sorprendente, el partido continuó 2-1 en el descanso. El Bayern le había perdonado la vida al Inter. Como era de esperar, tal oportunidad no iba a dejarla escapar Eto'o. Su labor en la delantera, bajando a recibir, presionando cuando se antojaba necesario y buscando los espacios presumiendo de una velocidad aún hoy sorprendente sirvió para que el resto del Inter se animara. A pesar de aparentar una apatía como poco desconcertante, el caso es que el conjunto de Leonardo se volcó sobre la meta de Kraft, el joven portero alemán. Fue Eto'o en su segundo destello de la noche quien sirvió en el área a Sneijder, que llegaba desde la segunda línea, para que el holandés utilizara el guante que acostumbra a tener en la pierna derecha. Un empate que aún no expulsaba al Bayern de Europa puso de los nervios a los jugadores de Van Gaal. Resultaba que, aún después de todo, el Inter estaba vivo. Ver para creer.
El Bayern había desperdiciado un sinfín de ocasiones y ahora pagaba por ellas. El Inter no creaba excesivo peligro en la puerta de Kraft, pero en dos saques de esquina a punto estuvo de amargar la existencia del Allianz Arena. Para entonces los alemanes eran un trapo indeciso y el Inter se había puesto el mono de trabajo. Con todo lo que ello implica para jugadores como Lúcio, Cambiasso o Motta. Sin excesivos alardes, Leonardo metió en el campo a Coutinho y Eto'o y Pandev lo agradecieron en detrimento de un lento y apático Stankovic. Un balón largo final a la espalda de la defensa del Bayern lo aprovechó Eto'o, listo como nadie, para al borde del área aguantar la llegada de Pandev, de nuevo desde segunda línea, y sentenciar el partido. De un modo inverosímil, el Inter estaba en cuartos. Gracias a Eto'o, que es un diamante.
Imagen | El País | RTVE
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jueves, 22 de abril de 2010
El Bayern frente a la lógica

Andrés Pérez | El halo de mito que rodea al Bayern de Münich parece más que suficiente para que este año alcance la final de la Copa de Europa, de manera inverosímil y con un equipo plano y robusto, carente de talento pero sobrado de espíritu y de suerte. El mito juega en otro plano a la realidad. La segunda es física, el primero es psíquico: libra su batalla en la mente de quien lo teme o de quien cree en él alterando el curso de los acontecimientos.
Suena a ideal remoto pero en el fútbol el mito, bautizado por Valdano como miedo escéncio, obtiene competiciones. Es el caso del Bayern de Münich y su leyenda alemana; aquella que Lineker describió a magistralmente como el fútbol como deporte que enfrenta a once hombres frente a once hombres y en el que siempre los alemanes salen victoriosos. La victoria sobre el imposible. Olic lo certificó en el partido de ida frente al Manchester en Champions League cuando anotó en el 93' tras el tanto en el minuto 2' de Rooney.
Los últimos minutos, las gestas idílicas, aquellas que atentan contra la lógica. Supuso un golpe a la racionalidad que el Bayern, pobre y romo a la hora de practicar fútbol de alto nivel, golpeara en el mentón al Manchester. Lo hizo descaradamente pero sin estridencias: mantuvo una actitud ofensiva, obligada al ir por detrás durante los 180 minutos, pero no lanzó oleadas de fútbol, sino de entrega. Así el Manchester, de mayor talento, cayó, víctima de los errores de Ferguson y del mito del Bayern.
La lógica dice que el Bayern no debería ser finalista de esta competición. Incluso el apañado Lyon de Puel, elegante en el trato del balón y moderadamente talentoso en su línea ofensiva, es mejor equipo. El peso psicológico podrá con él. Eso y Robben. Cuando Riberý decidió abandonar el campo tras rozar lo criminal en una entrada a Lisandro, el holandés comprendió que su papel en este Bayern sobrepasa lo humano. Se ha convertido en el hombre franquicia, en quien, a pesar de ser un extremo puro, Van Gaal confía para actuar con libertad entre líneas.
Cuando ya en la segunda parte Müller se apartó a la banda izquierda y Olic dejó paso a un delantero fetiche como Mario Gómez, Robben se liberó. Y en campo abierto supo encontrar el momento de perforar la mea de Lloris. Fue con un disparo lejano y seco. Cuando estuvo a punto de certificar la victoria muniquesa con un segundo tanto, Van Gaal, temeroso de su fragilidad, le apartó del campo. Arjen se fue al banquillo entre visibles porfías y allí recriminó a su entrenador el cambio. "Yo soy este equipo", debió pensar. No le faltaba razón, en lo terrenal. En lo espiritual, el Lyon supo que sucumbió de nuevo al mito alemán.
Imagen | Qué
Suena a ideal remoto pero en el fútbol el mito, bautizado por Valdano como miedo escéncio, obtiene competiciones. Es el caso del Bayern de Münich y su leyenda alemana; aquella que Lineker describió a magistralmente como el fútbol como deporte que enfrenta a once hombres frente a once hombres y en el que siempre los alemanes salen victoriosos. La victoria sobre el imposible. Olic lo certificó en el partido de ida frente al Manchester en Champions League cuando anotó en el 93' tras el tanto en el minuto 2' de Rooney.
Los últimos minutos, las gestas idílicas, aquellas que atentan contra la lógica. Supuso un golpe a la racionalidad que el Bayern, pobre y romo a la hora de practicar fútbol de alto nivel, golpeara en el mentón al Manchester. Lo hizo descaradamente pero sin estridencias: mantuvo una actitud ofensiva, obligada al ir por detrás durante los 180 minutos, pero no lanzó oleadas de fútbol, sino de entrega. Así el Manchester, de mayor talento, cayó, víctima de los errores de Ferguson y del mito del Bayern.
La lógica dice que el Bayern no debería ser finalista de esta competición. Incluso el apañado Lyon de Puel, elegante en el trato del balón y moderadamente talentoso en su línea ofensiva, es mejor equipo. El peso psicológico podrá con él. Eso y Robben. Cuando Riberý decidió abandonar el campo tras rozar lo criminal en una entrada a Lisandro, el holandés comprendió que su papel en este Bayern sobrepasa lo humano. Se ha convertido en el hombre franquicia, en quien, a pesar de ser un extremo puro, Van Gaal confía para actuar con libertad entre líneas.
Cuando ya en la segunda parte Müller se apartó a la banda izquierda y Olic dejó paso a un delantero fetiche como Mario Gómez, Robben se liberó. Y en campo abierto supo encontrar el momento de perforar la mea de Lloris. Fue con un disparo lejano y seco. Cuando estuvo a punto de certificar la victoria muniquesa con un segundo tanto, Van Gaal, temeroso de su fragilidad, le apartó del campo. Arjen se fue al banquillo entre visibles porfías y allí recriminó a su entrenador el cambio. "Yo soy este equipo", debió pensar. No le faltaba razón, en lo terrenal. En lo espiritual, el Lyon supo que sucumbió de nuevo al mito alemán.
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