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martes, 25 de mayo de 2010

Tirando a dar | La importancia del "otro" fútbol

Eduardo Lázaro | Si bien son ya conocidas las clasificaciones finales de las máximas categorías del fútbol europeo y es fácil conocer con exactitud no menos de cuatro equipos campeones en sus respectivos campeonatos domésticos a lo largo y ancho del continente, convendría cada cierto tiempo volver la vista a ese fútbol que está fuera de los focos, aislado de los medios. Ese fútbol viril y poco virtuoso en el cuál ponen sus ilusiones aquellas ciudades tan grandes de espíritu como las que más, pero tan cortas de recursos institucionales que quedan al margen reiteradamente del pastel que otros se reparten con sospechosa alegría.

Hablaba de la conveniencia de volver la vista hacia este "otro" deporte en un momento en el que nuestra región, Aragón, regresa a la 2ª B. Que el fútbol en general anda tocado es vox populi, que el fútbol en Aragón está de capa caída es una realidad confirmada por los años de ausencia de equipos nuestros en la categoría de bronce —y no digamos en la categoría de plata hasta la llegada de la SD Huesca—. El domingo, el CD Teruel cogió diligente el primer tren que salía hacia la 2ª B y, La Muela, consiguió avanzar firme en la fila de la ventanilla de billetes para el siguiente convoy.

¿Que veinte años no son nada? Pregúntenle al aficionado de Teruel. Veinte años en los que la tercera capital de Aragón se ha ausentado de la categoría en la que siempre debiera militar. ¿Quién no querría que, al menos, cada capital de provincia se situara por orden de jerarquía en las tres primeras categorías del fútbol nacional? Una vez conseguido, creo que será el momento de asentar proyectos. De construir un Real Zaragoza sólido en la Liga BBVA, una SD Huesca luchadora por sobrevivir en la siempre complicada Liga Adelante y un CD Teruel que haga de la 2ª B su lugar natural sin renunciar a cotas más ambiciosas.

Ahora mismo estamos así. Presentes en las tres primeras categorías; que no es poco. ¿Cuánto durará? No lo sabemos. Pero de lo que sí estoy seguro es que de todos nosotros depende que Aragón esté año tras año en el principal mapa futbolístico. Recordemos todos que no sólo existe un equipo, si no que en cada uno de nuestros pueblos, y en cada ciudad, la gente se deja las rodillas y algo más por una pasión. El balompié —en otros lugares, conocido como Football-Business—.

Mientras piensan en lo dicho, sigan desvelándose por el futuro de Mourinho, luego nos quejamos de lo que tenemos.

Enhorabuena al CD Teruel.

Lectura recomendada | Historias del infrafútbol II (Enrique Ballester en Diarios de Fútbol)
Imagen | Álvaro 13

lunes, 11 de mayo de 2009

Desde segunda con amor (De paja y vigas)


Andrés Pérez | Escribía el domingo Javier Monsón en el As, a propósito del Huesca - Zaragoza:

(...) creo que Zaragoza, la Zaragoza deportiva y futbolística, se ha equivocado lamentablemente en su enfoque. Se equivocó no queriendo venir a El Alcoraz y haciendo que el club devolviese las entradas. Se equivocó planteando el derbi desde un extraño victimismo paternalista (...) El Zaragoza no ha demostrado nada, fue un Barcelona favorecido arbitralmente ante un Chelsea que perdonó en su más clara ocasión, que en la primera parte fue superior y que no tuvo fortuna (...) ¿El Zaragoza? Ójala suba... bien lejos."

Dice el refrán que hay quienes tienen la extraña virtud de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Supongo que Javier Monsón, un columnista más de la redacción As en Aragón, es uno de ellos. Como lo deben ser tantos y tantos aficionados del Huesca —que me disculpen quienes no den cabida en su ser a estos sentimientos— que tan visceral odio destilan por cada esquina cada vez que la palabra Zaragoza se escucha. Entran en estado de ebullición de inmediato. Como si del diablo se tratara.

Desconozco el porqué. Da la casualidad que, desgracias del destino, el Zaragoza cuajó el año pasado una temporada deplorable y se vió exiliado un año más a la Segunda División, al tiempo que el Huesca vencía en cierto campo de Écija y se ganaba con todo el merecimiento de este desdichado mundo un billete al paraíso. Universos paralelos. Como lo llevaban siendo años y años. No en vano hacía más de cincuenta años que sendos equipos aragoneses no se enfrentaban entre ellos. La rivalidad, huelga decirlo, es inexistente desde Zaragoza puesto que dado su ostracismo en el fútbol español, el Huesca ha sido siempre un actor desconocido desde la capital de la comunidad. Sin embargo, he aquí la sorpresa, descubre la afición blanquilla que en Huesca, ese club del que tantos se alegraron el día de su ascenso —servidor, iluso, incluído—, la mayor parte de su visceral población no sólo no festeja las remotas y nostálgicas victorias zaragocistas sino que odian con toda la fuerza de su corazón cualquier aspecto cotidiano que rezume colores blancos y azules y tenga el león por bandera.

Pardiez, farfulla la afición maña. Somos una especie de anticristo en ciernes. Comprendo que la afición del Zaragoza no sea considerada como la mejor del mundo, de hecho yo mismo reconozco que La Romareda es un campo destinado a que cada hombre y mujer de esta bendita ciudad descargue su frustración contra los jugadores, directivos y entrenadores del conjunto blanquillo, cumplan con su labor o no. Hasta ahí lo comprendo. Comprendo que nadie del Huesca haya de celebrar un gol de Ewerthon puesto que cada uno es muy libre de elegir el equipo al que seguir, llorar, criticar u obviar con la más insultante indiferencia. Todo ello cabe en mi mente. Lo que no alcanzo a comprender, quizá porque aún la radicalidad no corre por mis venas o porque el universo en el que yo resido de mente y espíritu es por completo antagónico al de tantos personajes, es el profundo desprecio que destilan la mayor parte de aficionados del equipo oscense hacia el Zaragoza.

Verbigracia. El mismo sábado se escucharon gritos de ánimo hacia el Hércules, ese club hermanado históricamente con el Huesca; berridos contra la Virgen del Pilar como si mancillando el nombre de una estatua su equipo se acercara más a la meta rival y, como no podía ser de otro modo, continuas alusiones a la estancia del Real Zaragoza, un conjunto al que presuponemos grande dentro de esta enorme piel de toro llamada España, en segunda división. Reconozco que ésto último debió ser hilarante para cualquier aficionado del Huesca, quien, si se precia medianamente, odiaría hasta un punto respetable de cara a la opinión pública oscense al conjunto vecino. Toda una lección de elegancia. Temo recordar que Zapater aún guarda con cariño y ahínco el amado escupitajo, repleto de clase y estilo, que un oscense dedicó con toda la amistad que en su corazón pudiera residir a su zamarra del Zaragoza. No negaré la mayor. La afición del Zaragoza es un buen ejemplo de sociedad escatológica. Por el contrario, la oscense, a tenor de las sabias palabras de Monsón y de las imágenes que aún mi retina guarda en la memoria, es el civismo personificado. Y, una vez he reflexionado, desmiento y me desdigo el título de este clarividente post. De paja y vigas nada. El Zaragoza, que no contento con robar el encuentro ha de difamar sobre la elegante afición de Huesca.

Vía | Más que Fútbol
Imagen | Diario del Alto Aragón

Más que Fútbol ● 2009