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miércoles, 7 de julio de 2010

Capítulo 22 | Holanda regresa a una final

Andrés Pérez | El fútbol fue cruel con Holanda, o Países Bajos, o como gusten: en 1974 y con uno de los mejores conjuntos de la historia del fútbol, la Alemania de Vogts, Beckenbauer y Müller consiguió lo que parecía imposible, frenar al conjunto total, al inventor del fútbol moderno y al comandado por uno de los jugadores más revolucionarios y geniales de todos los tiempos, Johann Cruijff. Cuatro años más tarde, en el frío y crudo invierno argentino, la misma generación de jugadores holandeses se plantó en otra final, perdiéndola agónicamente y lamentando un disparo al palo que nunca entró. Entre confetis y papeles esparcidos por el césped del Monumental, Holanda se dejaba su Copa del Mundo en ninguna parte.

Hoy, 2010, Sudáfrica, 32 años después de aquella final frente a la Argentina de Kempes, Holanda, una Holanda prosaica y limitada en el centro del campo pero activa e inspirada en la delantera, es de nuevo finalista de una Copa del Mundo. Lo es con una generación de futbolistas de menor tallaje que la de los setenta, pero quizá más apta, por sus dotes de competitividad, para alzarse con el trofeo. Arrastró durante años Holanda el peso de su leyenda negra, de su fatal resolución de finales, "La historia le debe un Mundial", pero hoy esos fantasmas, o esas losas, han desaparecido. De lo que consiga en la final dependerá en gran medida que lo hagan de modo definitivo.

Sin grandes alardes y dejando a un lado la constante y absurda comparación con la Naranja Mecánica de los setenta, Holanda está en la final porque ha ganado todos sus partidos. Esto parece una perogrullada pero no lo es: ni Alemania ni España lo han conseguido, así que con números en la mano no es ninguna barbarie decir que Holanda es el mejor conjunto del campeonato hasta la fecha y por eficiencia el principal candidato a levantar el trofeo el próximo domingo. Su juego es otra historia: con un medio campo escaso en creación y una defensa que parece volverse enclenque cuando se le aprieta, Holanda depende de Sneijder y Robben, dos jugadores que ya han hecho historia y una de las mejores temporadas que servidor recuerda.

Tanto el uno como el otro habrán disputado todo lo disputable este año hasta el final. Y, de ganar el campeonato, Sneijder lo habrá ganado todo. En Madrid alguien debe estar arrepintiéndose profundamente. Depende el resto de su selección de la clarividencia de uno y de la agresividad incontrolabñe de otro. Sneijder es el liderazgo y la inteligencia en el despliegue ofensivo holandés; Robben el factor imprevisto, el huracán de cristal, el recurso definitivo, el todo o nada. Entre los dos consiguen que Van Persie parezca delantero o que Kuyt brille más allá de su trabajo.

Holanda no es la misma que la que alcanzó dos finales durante los setenta. No al menos en su juego. Está por ver si, tras expulsar a una sorprendente y meritoria Uruguay del Mundial, la Historia se decide a darle ese campeonato que le debe.

Resultados de la vigésimoprimera jornada:

Holanda 3 - 2 Uruguay

Más Mundial | Holanda, en la cima tras 32 años (Cayetano Ros en El País)
Imagen | El País

viernes, 4 de abril de 2008

Beckenbauer descubre al Getafe (Bayern Münich 1 - 1 Getafe)


Fíjense en el detalle. Riberý, fichaje estrella del Bayern este verano, costó 22 millones de euros. El presupuesto del Getafe es de 32 millones de euros, euro arriba euro abajo. Y a pesar de ello, hoy, el equipo azulón del barrio de Madrid ha podido dar una lección de humildad a Beckenbauer. Sabido es por todos que es el mejor líbre de la historia y uno de los 6 mejores jugadores de la historia del fútbol. Sabido es también que es alemán y que como buen teutón el ego por delante. De ahí que soltara una perla para el Getafe. Hacía alusión Beckenbauer, ignoro si realmente o irónicamente, a su desconocimiento del Getafe, un club bastante humilde situado en la duodécima plaza de la Primera División española. Ante su poderoso Bayern, el mismo que el año pasado hizo el ridículo en la Bundesliga, aparentemente es pequeño el aval que ofrece el Getafe, que se clasificó al ser finalista (ni siquiera vencedor, debe pensar Franz) de la Copa local. ¿Y qué ha pasado? Qué el Getafe le ha empatado al Bayern en su propia casa cuando el partido yacía bajo la nieve de Münich. Golpe de humildad.


No quiero extenderme demasiado en el partido que anoche firmó el Getafe. Ni en los detalles técnicos ni en los tácticos, ni en la actuación de De la Red ni en la torpeza de Toni cuando pudo sentenciar el partido. El partido de anoche me supuso una extraña paradoja mental. Pensé: "¿Habrá un doceavo puesto en alguna de las grandes Ligas tan bueno como el Getafe?" Pero acto seguido me planteé: "¿Del doceavo al primero de la Liga Española, hay alguno capaz de toserle al Bayern de Münich?" Lo dudo, me autorrespondí en mi propio diálogo. Quizá la realidad de nuestra Liga sea que el futuro es la cantera y los jugadores buenos pero de nivel medio. A lo mejor Madrid y Barça neceitan nuevas reestructuraciones basadas en más humildad y menos ego-jugadores en forma de estrellas mediáticas. Sorprendente o no, lo más lógico de esta ilógica Liga es el Getafe. Doceavo pero en cuartos de final de la UEFA.


Quien dice en cuartos de final dice en semifinales. Lo del Getafe es espectacular. Hay que decirlo alto y claro porque hoy por hoy es lo único de lo que debemos sentirnos orgullosos en Europa. Equipo humilde, sin estrellones y formado a base de buen trabajo le empata al Bayern en su propia casa y si aguanta en su propio campo con todo a favor pasa a semifinales. No hay mejor titular para la historia. Un equipo como el Getafe se lo merece, el orgullo de los pequeños, de los humildes. El equipo quele dió un golpe de humildad a Beckenbauer. Que lo oigan en Münich. Esta noche tendrán pesadillas con el Getafe.

Noticias Relacionadas | El Kaiser ya conoce al Geta (As), "Bávaros, sereis estúpidos" (Marca)
Vía | Deportista Digital
Imagen | Marca

Más que Fútbol ● 2008

viernes, 4 de mayo de 2007

En Liverpool no todos aprendieron a tocar la guitarra (II)


Corría el año 1976 y el Liverpool, reciente ganador de la copa de la UEFA, se había metido entre los grandes de Europa. Clasificado para la Copa de Europa. Eran tiempos en los que los teutones dominaban en Europa, 3 años antes, el Bayern de Munich había conseguido alzar la orejuda consecutivamente, conducidos por Beckenbauer y rematados por Müller.
El dominio alemán, incontestable en clubs y selección (campeona del mundo en 1974), empezó a resentirse de la edad de sus estrellas, la mayoría en la recta final de sus carreras. Era año de Eurocopa, y como mandaba la tradición, Alemania Federal estaba en la final. Pero enfrente estaba la Checoslovaquia de Nehoda y Panenka, y el resto de la historia la conocemos todos.

Así que nuestro Liverpool, ante tanto teutón, se presentó con los avales de haber conseguido la UEFA y la Liga doméstica. No era un equipo eminentemente ofensivo, tan sólo marcó 66 goles en 42 partidos, la cifra más baja para un equipo inglés desde la Segunda Guerra Mundial. No importaba. Era una plantilla equilibrada la creada por Bill Shankly y continuada por Bob Pasiley, entre los que destacaba por encima de todos el ídolo de The Kop, el niño genio de Anfield: Kevin Keegan.


Este sería el gran inicio del mítico Liverpool. aquí sí que empezaría su época dorada, la suya y la de toda Inglaterra, porque no sólo los del Merseyde consiguieron copas de Europa (3). El Nottinghan Forest (ya habrá tiempo de hablar de este) y el Aston Villa se coronarían como campeones de Europa, dos y una veces respectivamente.
Pero es el momento de hablar del Liverpool. En sus inicios lo tuvo bastante fácil. Las dos primeras eliminatorias las saldó sin problemas, primero ante los irlandeses del Crusauders y más tarde ante los turcos del Trabzonspor. Estaban arrasando. Acompañados por el ambiente infernal de Anfield y por su excelente plantilla sólo recibieron un gol en contra por 10 a favor.

Europa vivía tiempos confusos. El Madrid, estuvo a punto de no jugar esta edición de la Copa de Europa, ya que un año antes el 'Loco del Bernabeú' casi había dejado sin mentón a Gerd Müller y al árbitro del encuentro Real Madrid - Bayern de Münich.
Además, se estaba produciendo un cambio generacional entre los equipos que aspiraban al trono. El Ajax había sido borrado por completo de la escena, el Milan también, de los equipos campeones sólo el Benfica, el Real Madrid y el Bayern de Münich estaban en las rondas eliminatorias. Era el apogeo de nuevos equipos, tales como el Torino (el segundo mejor Torino de la historia), el Brujas, el Saint Ettiene, el Zúrich, el Borussia Mönchengladbach o el gran Dinamo de Kiev de Blokhin. Tiempos de cambio.


Los grandes además, fueron cayendo poco a poco. Primero el Madrid, de manos del Brujas y posteriormente el mítico Bayern, de manos del Dinamo de Kiev. El Liverpool eliminó al Saint Ettiene y para completar los semifinalistas se unió el Zúrich.
Ya había semifinales. The Kop lo sabía, y estaba exultante, pletórica. Vivió como nunca la noche de la remontada frente al Saint Ettiene y explotó cuando Fairclough marcó el gol de la clasificación.
El pueblo de nuevo era feliz. Su equipo, el Liverpool iba camino de convertirse en el equipo más grande de Europa. El cielo, estaba cada vez más cerca.

Pero para alcanzarlo, había que pasar por el correoso Zúrich. No era un equipo excesivamente brillante, simplemente era un equipo. Un equipo que en ningún momento presentó batalla. En la ida, un 1-3 finiquitó la eliminatoria, y en la vuelta Anfield disfrutó con el 3-0 que daba paso a la final. Además, los jugadores crecían y crecían. Conducidos por Bob Paisley, entrenador y leyenda del Liverpool, no sólo Keegan y Toshak eran ya 'los buenos', Heighway, Phil Neal, Kennedy, Mc Dermott, todos ellos multiplicaron sus prestaciones ante el reto de ser campeones.


Un reto, que pasaba por ganar el Borussia Mönchengladbach. De nuevo. Ambos equipos se veían las caras otra vez desde la final de 1973 en la que el Liverpool (a ida y vuelta) se impusó agónicamente a un equipazo, que estaba dispuesto a mantener la hegemonía babárica en Europa. El Bayern había caído, pero ellos seguían vivos y coleando. Alemania quería continuar su reinado.
El problema para ellos, es que no era el tiempo de las salchichas, sino el del té a media tarde y el del 'fish and cheaps'.

El 25 de Mayo de 1977 se citaron en Roma ambos equipos. El entrenador del Mönchengladbach sabía del peligro de Keegan y puso a su particular perro de presa a marcarlo. Ese era Vogts. Defensa nato, de un carácter indomable, había apagado ya el fuego de Cruijff en la final del mundial del 74 y el de Blokhin en semifinales de este mismo año. Pero Keegan pudo con él, el niño prodigio de The Kop no pudo ser contenido por Vogts, que vió como una y otra vez se marchaba de su marcaje al hombre.
Mc Dermott adelantó al Liverpool, pero Simonssen empató en el 48'. Todo por delante y nada por decidir.


Era el momento de uno de esos guiños del destino que tanto han acompañado al Liverpool a lo largo de la historia. Tommy Smith, fue en las dos UEFA del Liverpool el capitán. Su veteranía, le había relegado a la suplencia, pero la lesión de Thompson le abrió un hueco en el once titular y... Marcó el 2-1. La locura, quedaban 25 minutos pero los aficionados se vinieron arriba. El cielo estaba a escasos centímetros.

Y como no podía ser de otra manera, esos centrímetos los completo Keegan. Terminó de bailar a Vogts, que harto de la indolencia del inglés que tanto atentaba contra su orgullo alemán, le derribó dentro del área. Phil Neal convirtió desde los once metros. Era el 84'. El cielo, ya se empezaba a teñir de rojo y los ángeles comenzaban a cantaban el 'You´ll never walk alone'. Pero el cielo sólo había empezado a teñirse...

Continuará...

Os dejo la final de la FA Cup del 77 entre el Liverpool y el Man U, el 7 de blanco es Keegan.



Vía | Más que Fútbol, Wikipedia
Fotos | De archivo, Toffs, WBLSC, Liverweb

sábado, 16 de diciembre de 2006

Historia del Fútbol: los Bayern-Madrid (I)



La vida está llena de amores y odios. El fútbol es vida. El fútbol está lleno de amores y odios, es decir: de duelos.

No hay que caer en la suculenta tentación que supone relaccionar duelo con partido. Un partido es un enfrentamiento entre dos equipos luchando por llevarse la victoria, y con ese objetivo como meta única, el partido se juega en campos normales, con aficionados normales, con motivación normal, con equipos normales.
El duelo es diferente. Transciende más allá del simple partido de fútbol, llega a el alma de aficionados y equipos, consigue un ambiente único y maravilloso por el cual todo el mundo desea que empiece cuanto antes. Esa sensación que tienes las horas anteriores al duelo, deseando que empiece la hora (20.45) planificandote el día hasta esa hora, abandonándo cualquier tarea para ver el partido, sea cual sea (la tarea). Y sobre todo, esa sensación al verlo de estar presenciando cada minuto un partido histórico, de esos que se te quedan grabados en la memoria, de esos de los que hablaras al día siguiente con tus colegas tratándolo como si fuera una épica historia de Homero.
Eso es el duelo.
Los duelos son entre selecciones, clubes nacionales, clubes internacionales, equipos de barrio, patio del recreo o casados contra solteros. Pero siempre tienen ese ambiente especial. El día y la hora señalados, sabes que a esa hora no existe otra cosa que no sea el duelo.

No hay mejor duelo entre clubes internacionales que el Madrid-Bayern, Bayern-Madrid, no importa el orden de los factores, el producto siempre es el mismo: Fútbol. Y por fútbol no hablo de juego desplegado, sino de sensaciones, de rivalidad histórica, de la Copa de Europa. Más de treinta años a la gresca entre Munich y Madrid, han conseguido que cada vez que se enfrentan todo el mundo esté atento. En Munich celebran cualquier derrota del Madrid sea contra quién sea y siempre están atentos a lo que los merengues hacen. En Madrid siempre desean lo peor para su rival y nunca dejan de mirar la clasificación alemana para comprobar el estado de su rival, ante el que tarde o temprano se verá las caras. Porque no habrá cuatro años sin un Madrid-Bayern decente. Es como el Almendro por Navidad: siemrpe vuelve.
Y no importa que sea Champions, UEFA, Supercopa, o amistoso, a ninguno deja indiferente el duelo.
¿Y porqué ésta rivalidad? Quizá porque sean (junto con el Milan y Liverpool) los dos mejores equipos de la historia Europea, ninguno tiene tantas Copas de Europa como ellos (13 entre los dos).

El primer enfrentamiento fue el 31-3-1976 en el Santiago Bernabeú. LLegaba el Súper-Bayern a la capital española tras haber conseguido dos Copas de Europa en ediciones anteriores y tras eliminar a un Benfica lejos de lo que fue. Eran las semifinales y una buena oportunidad para que el Madrid volviera a ganar la Copa de Europa tantos años después. Era un Bayern espectacular, uno de los mejores equipos de la historia plagado de estrellas que hacía dos años que se habían proclamado campeones del mundo y que en ese mismo año perderían la Eurocopa en la final, Müller, Maier, Rummenigge, Hoeness y sobre todo Beckenbauer.
El partido acabó 1-1, pero eso no fue lo destacado. Finalizado el partido un individuo "El loco del Bernabeú" saltó al campo y Müller y Linemayer (árbitro) acabaron en el suelo golpeados por él. En un principio la UEFA sancionó al Madrid con un año fuera de Europa pero finalmente se quedó el castigo en tres partidos fuera del Bernabeú.
En la vuelta el Bayern venció 2-0, dos goles de Müller. Amancio cabreado e impotente ante lo que fue su último partido en la Copa de Europa, le pegó un patadón a un balón que pasaba por allí y que no estaba en juego, y al tener una amarilla se fue a la calle expulsado.

En 1980 y en lo que se puede considerar una de las derrotas más dolorosas del Madrid, el Bayern le endosó 9 (¡!) goles a los blancos. Cierto es, era pretemporada, pero nueve goles en pretemporada o en Copa de Europa siguen siendo nueve goles. Al terminar Boskov, entrenador del Madrid, dejó su histórica frase: "Prefiero perder un partido por nueve goles a perder nueve por un gol".
Tardaron un tiempo en volver a verse las caras, solo alterado por el Trofeo Santiago
Bernabeú en 1981, cuando el Bayern plantó al Madrid en el campo por creer injusta la expulsión de Rummenigge a manos de Pes Pérez... Siempre tozudos los alemanes.

Pasaron los años, y el 8-4-1987 el Madrid visitaba el Olympiastadion de Munich. Allí esperaba el Bayern de Pfaff, Brehme, Matthäus, y los incombustibles Rummenigge y Hoeness, que estuvieron presentes en la mitad de los duelos.
El Bayern le endosó un soberano 4-1 a un Real, desesperado. Y claro, Juanito desesperado es mucha testosterona y poco cerebro: Para recriminar a Matthäus una entrada a Chendo, en vez de dialogar, prefirió optar por la vía rápida y pisar la cabeza del teutón. Expulsado, cinco años de sanción y la última vez que jugó un partido de Copa de Europa... y ya van dos igual.
El veintidós de ese mismo mes se jugaba la vuelta. Un milagro necesitaba el Madrid del Buitre para pasar las semifinales (otra vez). No lo hubo, y gracias a Pfaff, que paró TODO, y fue de nuevo la bestia negra de un equipo español. Y como estaba siendo un Madrid-Bayern demasiado normal Augenthaler agredió a Hugo Sánchez, y cuando iba de camino a los vestuarios expulsado, le saco los cuernos al Bernabeú, con su follón correspondiente.

Al año siguiente se enfrentaron otra vez en Cuartos, y esta vez pasó el Madrid, tras remontar un 3-2 de la ida en Munich, ganando 2-0 en casa. Complejos fuera para un Madrid que necesitaba una Copa de Europa pronto como el comer, eran demasaidos años en semifinales, y sería uno más...

Y así entramos en la época más moderna, de partidos que yo he visto. Siguiente post.