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martes, 19 de abril de 2011
No se puede fallar tanto
Andrés Pérez | Se puede decir, oficialmente, que el Real Zaragoza no es un equipo que merezca descender a Segunda División. Su partido de anoche ante el Villarreal así lo atesora. Si bien esta afirmación es discutible, parece claro que el Zaragoza es uno de esos equipos que-no-puede-bajar. Se trata de una expresión conocida en la mayor parte de foros futbolísticos y se suele emitir con expresión grave y dicción perfecta, entonando cada sílaba con la seguridad que otorgan los hechos, dando por sentado que cualquier otra opción es una anomalía del destino. No obstante el ser humano, y más aún el ser humano medianamente puesto en materia futbolística, es falible, y en numerosas ocasiones lo que viene después de afirmar que tal-equipo-no-puede-bajar es un descalabro de proporciones espectaculares.
La situación del Zaragoza es una incógnita. Su juego ha mejorado. Circula con fluidez y cierta rapidez en el centro del campo y cuenta ahora con Uche como referencia ofensiva, sin rapidez pero capaz de jugar de espaldas como ningún otro delantero de la plantilla. Fija a los centrales y permite que la línea de medias puntas aletee con relativo grado de libertad frente a la defensa rival. Además Aguirre ha dotado de consistencia defensiva al equipo y, en términos genéricos, ha encontrado el hilo conductor necesario en un club que camina a la deriva y en un grupo de jugadores que se hundía presa del pánico mediático generalizado en la ciudad. No es poco mérito el que cabe atribuir al mexicano y a sus jugadores. Pero en la lucha por la permanencia, una ley de la calle cruel y que se disputa a cara de perro, no es suficiente.
Para salvarse es necesario marcar goles. Pese al empeño y a las buenas intenciones demostradas en Villarreal —hola, adláteres del no hay carácter fuera de casa y con rasmia se soluciona todo— el Zaragoza fue incapaz de superar a Diego López. Uche contó con dos ocasiones inmejorables. Marró las dos. Ponzio y Gabi se adueñaron del centro del campo para desesperación de Rossi y Nilmar, quienes no se encontraban tan abastecidos como quisieran por Cani, Borja o Cazorla, excesivamente ahogados por el sistema defensivo del Zaragoza, que delegaba en uno de sus tres centrales cada carril ofensivo del conjunto amarillo para que Diogo y Obradovic colaboraran en el centro del campo construyendo diques que frenaran la habitual vorágine combinativa del Villarreal. El truco funcionó todo el partido. A pesar del gol.
Tan sólo un punto de dispersión mediada la segunda parte privó al Zaragoza del premio que se auguraba en El Madrigal. Cani y Cazorla se encontraron, y Rossi apareció por el área. Tiró un amago que se tragó Da Silva, se resbaló, se levantó, volvió a tirar un amago y llegó Ponzio arrastrando desde el piso para contactar con el pie de apoyo del italiano. Penalti. Rossi no perdonaría. El Zaragoza se hundía un día más fuera de casa para su propia desesperación. Uche repasaba sus dos ocasiones mentalmente mientras Herrera asistía aquí y allá con la ayuda cómplice de Gabi, Ponzio, Diogo, Lafita o Paredes buscando un empate que deshiciera el despropósito en que se había convertido un partido impecable. Ya al final del partido, en el tiempo de prolongación, Uche se encontró con un balón en el área de Diego López. Un primer control causó pánico en la defensa de Garrido. El segundo se le fue largo. Fue un epílogo perfecto y amargo a su noche y la del Zaragoza.
Imagen | El País
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viernes, 31 de octubre de 2008
Tirando a dar | "Que se vayan a estudiar"

Eduardo Lázaro | "'Que se vayan a estudiar' les hemos dicho, pero no ha habido nada más". Y sorprende quién lo dice, oigan. Rubén Gracia "Cani", futbolista en la actualidad del Villarreal C.F. Tras ser interpelado por un periodista acerca de los incidentes sucedidos en el entrenamiento matutino de la entidad amarilla, el intrépido aragonés se ha descalzado con estas declaraciones acerca de cómo se han tomado los jugadores de la plantilla el asunto. Y es que, tras el ridículo copero ante el Polideportivo Ejido, numerosos aficionados se han acercado al entrenamiento para increpar la actitud mostrada en el encuentro. Que se vayan a estudiar… dicho a los jóvenes -adolescentes la mayoría- allí presentes como quien dice: ¡váyanse a tomar por donde amargan los pepinos, amigos! Despectivamente, qué duda cabe. Sorprendente.
No obstante, viniendo de quien viene, lo entiendo. Y no voy a la figura de este jugador en concreto. Al menos él ha tenido la valentía de salir delante de las cámaras y expresar el sentir del equipo. Voy al colectivo de señores que componen el panorama futbolístico -más concretamente a los que se visten de corto y salen en la Play Station-. A esos señores que tienen el don de controlar bien un balón y hacer con él juego en equipo, más o menos bonito y mejor o peor. Pero lo hacen. Por este ejercicio son recompensados con cantidades desmesuradas de dinero. Mucho más dinero de el que su limitado intelecto pueda abarcar jamás. Gentes que les ha sonreído la vida y han tenido la suerte de ganarse la vida así. Pero la mayoría no la hemos tenido y, para salir adelante, o pretendes estudiar o te deslomas picando una zanja. Así que, por lo visto, para ellos, una manera despectiva de intentar abrirse camino en la vida es la de estudiar. Es más fácil ser un retrasado mental adinerado; y mucho más cómodo.
Pero lo que mas me enerva es que gente como este preciso jugador, viene de un pasado de reponedor de hipermercado -ojo, que no tengo nada contra los reponedores-. Con la Educación Secundaria Obligatoria como colofón de su carrera de estudiante. Que tuvo la suerte de pegarle decentemente patadas a un balón y ya ven; de un equipo de juveniles al Real Zaragoza. Que hizo una buena temporada en Segunda División y ya comenzó su escalada personal de reclamaciones salariales. La compra de pisos en la ciudad para especular y sacar réditos a los ingresos. El SLK gris metalizado. Otra temporada buena y ¡milagro! llega un equipo con presupuesto que ofrece algo más de dinerillo y me paso los colores que me han sacado de la mierda por el arco del triunfo. La pela es la pela y maricón el último. Y a vivir la vida que son dos días. Cambio de casa, de zonas de bares y de uniforme. A regodearse en la mediocridad y a pasar desapercibido; pero cobrando…Y chino chano llega el día que te ríes de los que estudian. Y el que te trata las lesiones ¿acaso no ha estudiado?, y el que escribe sobre ti en el periódico, ¿que puñetas ha hecho para estar ahí?. Y la mayor parte de seres que te rodea en algún momento lo ha hecho. Así que es una lástima, pero le doy la razón al amigo Ramón Calderón cuando criticó a su propia plantilla. Cabezas huecas con mucho dinero, salvo honrosas excepciones.
- ¿De qué me sorprendo yo ahora?
Vía | As, El Villarreal
Imagen | El Villarreal
Más que Fútbol ● 2008
No obstante, viniendo de quien viene, lo entiendo. Y no voy a la figura de este jugador en concreto. Al menos él ha tenido la valentía de salir delante de las cámaras y expresar el sentir del equipo. Voy al colectivo de señores que componen el panorama futbolístico -más concretamente a los que se visten de corto y salen en la Play Station-. A esos señores que tienen el don de controlar bien un balón y hacer con él juego en equipo, más o menos bonito y mejor o peor. Pero lo hacen. Por este ejercicio son recompensados con cantidades desmesuradas de dinero. Mucho más dinero de el que su limitado intelecto pueda abarcar jamás. Gentes que les ha sonreído la vida y han tenido la suerte de ganarse la vida así. Pero la mayoría no la hemos tenido y, para salir adelante, o pretendes estudiar o te deslomas picando una zanja. Así que, por lo visto, para ellos, una manera despectiva de intentar abrirse camino en la vida es la de estudiar. Es más fácil ser un retrasado mental adinerado; y mucho más cómodo.
Pero lo que mas me enerva es que gente como este preciso jugador, viene de un pasado de reponedor de hipermercado -ojo, que no tengo nada contra los reponedores-. Con la Educación Secundaria Obligatoria como colofón de su carrera de estudiante. Que tuvo la suerte de pegarle decentemente patadas a un balón y ya ven; de un equipo de juveniles al Real Zaragoza. Que hizo una buena temporada en Segunda División y ya comenzó su escalada personal de reclamaciones salariales. La compra de pisos en la ciudad para especular y sacar réditos a los ingresos. El SLK gris metalizado. Otra temporada buena y ¡milagro! llega un equipo con presupuesto que ofrece algo más de dinerillo y me paso los colores que me han sacado de la mierda por el arco del triunfo. La pela es la pela y maricón el último. Y a vivir la vida que son dos días. Cambio de casa, de zonas de bares y de uniforme. A regodearse en la mediocridad y a pasar desapercibido; pero cobrando…Y chino chano llega el día que te ríes de los que estudian. Y el que te trata las lesiones ¿acaso no ha estudiado?, y el que escribe sobre ti en el periódico, ¿que puñetas ha hecho para estar ahí?. Y la mayor parte de seres que te rodea en algún momento lo ha hecho. Así que es una lástima, pero le doy la razón al amigo Ramón Calderón cuando criticó a su propia plantilla. Cabezas huecas con mucho dinero, salvo honrosas excepciones.
- ¿De qué me sorprendo yo ahora?
Vía | As, El Villarreal
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Más que Fútbol ● 2008
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sábado, 17 de marzo de 2007
Un sentimiento


Y de repente, se levantó zaragocista. No era la primera vez, le sucedía a menudo, muchas mañanas de lunes, con el conocimiento del resultado del domingo por la tarde. Le gustaba.
Era la sensación de estar defendiendo los colores del equipo de su ciudad, de su región, de su tierra. Le gustaba sentirse afortunado, siendo de un equipo humilde, lejos de los convencionalismos del pueblo. Era muy fácil por aquél entonces hacerse del Real Madrid, fue muy fácil años atrás hacerse del Barça. Pero él, seguía fiel a sus colores, a unos colores que a buen seguro, nunca le darían la Copa de Europa, pero eran los colores que sentía.
Llegaba a su clase, y todos estaban felices. Claro, eran del Real Madrid, del de Zidane, del de Figo, del de Raúl, el que ese año ganaría la Copa de Europa con un gol antológico de Zidane. Nunca se veían caras tristes en aquellos sus compañeros. En las inmortales discusiones futbolísticas, sus argumentos no podían equiparar los de sus amigos; claro, si su súper-equipo perdía, siempre les quedaba la excusa de que iban primeros, de que tenían a los mejores, de que eran los que más títulos tenían, etc.
Y él, nunca les podía llevar la contraria. Su Zaragoza no iba primero, estaba en Segunda. Su Zaragoza no tenía a Zidane, tenía a Cani. Su Zaragoza no tenía 9 Copas de Europa, tenia 5 Copas del Rey, de las cuales el había visto sólo una.
Y a pesar de todo siguió queriendo ser zaragocista. Para él no era apoyar un equipo como hacían sus compañeros, para él era un sentimiento. Una forma de vida, una manera de entender el mundo del fútbol. Un mundo alejado de las modas, un mundo que vivía en segunda. Porque la realidad era cruda, muy cruda. Su equipo se paseaba por campos como el del Leganés o el del Terrasa, mientras el equipo de sus amigos viajaba por toda Europa, tomando las fortalezas de San Siro, Old Trafford, Olympiastadion de Munich...
Y a pesar de todo, se levantaba cada mañana zaragocista, y se sentía de verdad zaragocista los lunes después de la victoria de su equipo. Llegaba a su clase con la sonrisa nueva, con una cara que emanaba felicidad. El ascenso más cerca, mientras ellos, aquellos que prefirieron el camino fácil, levantaban su novena Copa de Europa.
Los años pasaban, y volvió a ver un partido del Zaragoza en primera, en La Romareda. Él, que había empezado a visitarla cuando tenía 10 años, el año que el Zaragoza ganó la quinta; él, que había viajado a Leganés con la esperanza de un ascenso seguro, a 40 ºC a la sombra.
No tardó en sufrir. Un equipo de jóvenes promesas, que estuvo toda la temporada luchando por no descender, era su equipo.
Hasta que llegó ese día. El día de la Final de la Copa del Rey 2004. Era el Real Madrid el rival, el Real Madrid de sus compañeros, el Real Madrid que practicaba el fútbol antológico y fantasioso que enamoró a toda Europa.
Sus amigos se rieron. Asumieron que el gran Madrid ganaría la Copa. Le instaron a resignarse a las marsellesas de Zidane. No lo hizo. Tuvo que aguantar todo tipo de burlas y bromas, todo tipo de porras dolorosas en las que siempre se incluía una goleada cuando no un gol en propia meta de Toledo.
Lo que ellos no sabían, es que la fuerza de un pueblo, la fuerza de un sentimiento, empujaba al equipo de su ciudad. El sí lo sabía. Por eso hizo oídos sordos. Por eso no quiso mirar la clasificación, ni las eliminatorias de la Champions. Ni siquiera leyó el periódico en los días previos. Cada mañana previa a la final se levantaba más zaragocista que nunca, su sentimiento inundaba su corazón, que en la víspera era blanco y azul.
Descontaba las horas para que empezara el partido. Como siempre, Carrusel, palomitas, patatas, aperitivos variados, para vivir a su equipo. Para que él y el Zaragoza fueran uno sólo.
Concentró toda su energía en su equipo. Deseaba que ganara, ahora no importaba lo que dijeran, ahora importaba que su equipo venciera para sentirse feliz. Pero la cosa empezó mal: Beckham era el mejor lanzando faltas. Jarro de agua fría. Se imaginó como sus colegas al día siguiente se reirían de su ingenuidad. Pero vió el partido. Y estaba para remotarlo. Que importaban ya las Copas de Europa, o los Zidanes, en el campo eran uno contra otro.
Primero Dani, luego Villa, y su rabia, su alegría contenida, se desbordó. Por unos momentos fue el chico más feliz del mundo. Luego llegaría la segunda parte y el gol de Roberto Carlos.
La prórroga, las uñas acabadas, la comida también, no se podía sentar, daba vueltas y se enfurecía con cualquier decisión arbitral. Y ahí llegó Galletti.
Fue como una explosión. Perdió la noción del tiempo. Sólo oía la voz de Manolo Lama gritar gol, sólo veía a la grada en Montjuic celebrando el golazo. Celebrando el triunfo. Ni siquiera gritó. Se quedó sentado, perplejo, casi sin creérselo. Lo celebró por dentro. No tenía fuerzas para expresar lo que sentía. Fue ahí, sentado en el sofá de su casa, con la cara de un padre que acaba de ver a su hijo recién nacido, cuando se sintió feliz. Cuando se sintió zaragocista de arriba abajo.
Al día siguiente sus amigos se excusarían con los títulos y la Liga. Él sabía, que se lo perderían, que nunca sabrían lo que es ganar un título al mejor equipo del mundo cuando eres humilde. Por eso nunca serán tan felices con el fútbol, de como lo será él con cada título de su equipo.
Se fue a la cama, al día siguiente no importaría nada. Esa noche, soñó con Galletti, Villa, Movilla, Milito, Álvaro, Láinez, Savio...

Estamos de cumpleaños: El Real Zaragoza hace 75 (de ahí el post), y MQF hace 50 post desde que comenzó en la Blogsfera. Decir, que sin vosotros nunca habría llegado a esa cifra, sin vuestros comentarios y sin vuestras casi 10000 visitas.
Gracias por estar ahí, a todos. Que sean otros 50.
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