
Andrés Pérez | Los menesteres del fin de semana me impiden en la actualidad presentarme con cierta regularidad en la Romareda. Eso sí, cada vez que lo hago me llevo gratas y no tan gratas sorpresas. Siento como si todo comenzara de nuevo, como si yo en realidad fuera nuevo tras ocho temporadas de alegrías y tristezas, como si todo hubiera cambiado. Empezando por mis congratulados vecinos de asiento, los cuales nunca dejarán de sorprenderme. Ayer, mientras el Castellón se asentaba dignamente en el césped del estadio y el Zaragoza jugaba a nada me dediqué a escuchar, como es habitual, los ya consabidos comentarios acerca del equipo y del fútbol en general. Lástima que para mi sorpresa se hablara de todo menos de fútbol. "¡Bien Marcelino! Por fin te has quitado el polo de Lacoste... ¿qué lleva ahora, un chaleco?" fue la primera frase que pude percibir durante los 90 minutos que duró el encuentro. Menciones honoríficas a los recogepelotas, jóvenes pero con desgana a la hora de levantarse a por los balones al parecer, a Songo'o -ídolo de ciertos jóvenes sentados ahora a mis espaldas- y un pequeño deja vú. Un hombre, de muy avanzada edad y tembloroso, tierno a primera vista y descorazonador cuando abre la boca, volvía a mi lado. A fin de cuentas todo sigue igual, me dije. Y en efecto, seguía igual.
El Zaragoza, para desgracia del aficionado medio, no jugaba absolutamente a nada. Era curioso comprobar como un equipo medianamente ordenado en defensa y rápido en las transiciones era capaz de desesperar a todo un equipo recién descendido y estrella de la categoría y a la afición consigo. Aunque pueda parecer obvio lo que a continuación voy a comentar, es el descubrimiento de mi vida tras tantos años intentando explicarme la verdadera idiosincrasia del zaragocista. En realidad lo que sucede es que la afición del Zaragoza no es ni buena ni mala. Son términos absolutos que no se pueden corresponder a una muchedumbre tan veletera, tan emocional, tan impulsiva. La Romareda es fiel espejo del equipo, y como tal, cuando el equipo es desesperante y está desesperado la grada se comporta de una manera desesperante y se desespera. Normalmente, cuando el equipo juega bien y gana con comodidad, la grada se torna en un Anfield imprevisto, llena de cánticos y elogios hacia los once jugadores que corren sobre el terreno de juego. Ya les había puesto en alerta, el razonamiento es bastante obvio, pero no dejo de maravillarme con tal descubrimiento.
La nueva teoría que acabo de elucubrar viene a colación del estado emocional en el que la mayoría de la gente se encontraba a mediados de la primera parte, ya con un gol en contra -grotesca situación vino después del mismo, tras anunciar los cárteles del estadio el autor del gol un rótulo anunciando High School Musical on Ice en Zaragoza apreció en la Romareda. Lo consideré un insulto a la inteligencia de los allí presentes, exagerado o no- fruto de la enésima pifia en defensa de un equipo que por momentos me recuerda al Real Madrid. Demoledor en ataque si tiene el día pero desordenado, sin ideas en el medio del campo y por supuesto endeble en defensa como un colista. El gol fue un horror que prefiero pasar por alto. Entre tanto la grada se impacientaba, hasta el punto de comenzar a comparar jugadores con las grandes estrellas del firmamento futbolístico. "Hidalgo no mueve nada el equipo. No como Xavi. Ese hombre coge el balón y lo zarandea por todo el campo hasta que se marca gol". Hombre, pensé para mis adentros prefiriendo callar a arrepentir, si tuviéramos a Xavi en el equipo probablemente no estaríamos en Segunda División. Dio igual. Entre pitos y maravillosos adjetivos en relación a Pino Zamorano, tan entrañable como siempre, Ewerthon consiguió empatar tras una buena jugada de Braulio, que, ya que nos ponemos a comparar, me recuerda a Higuaín. El día que meta gol quizá no pare. Lo demás lo hace relativamente bien.
Se me olvidaba mencionar el precioso momento del minuto de silencio en honor a las víctimas españolas en Afganistán tras el atentado. Silencio absoluto, en lo que supone un engrandecimiento absoluto del fútbol. Que casi treinta mil personas que por norma general acuden al estadio a proferir insultos y cualquier vocablo malsonante que conozca silencien al ritmo de una música estremecedora, dice mucho del verdadero sentido del respeto de la afición pertinente. Sea de donde sea. Por ejemplo la del Castellón, que abarrotó su sector de la Romareda y que, bufandas al viento y extendidas, mostraron una actitud ejemplar. Sigamos. Comenzó el segundo tiempo y el Zaragoza jugó sus mejores minutos, aunque, el gol nunca llegó. Por aquel entonces ya comencé a refutar mi teoría del segundo párrafo puesto que la gente comenzaba a aplaudir y a comentar por encima que sí, que estaban jugando muy bien. Las quejas se apartaron por poco tiempo. Nada se movió y mientras el Zaragoza se desesperaba y por ende los aficionados también, Pino Zamorano se llevo las críticas de cualquier honorable allí presente. Ya se sabe, cuando no hay contra quien cargar, siempre sale uno perjudicado. Lo haga bien o no.
Imagen | Marca, Heraldo de Aragón
PD: He sido incapaz de encontrar más imágenes por el momento del partido en Internet. Por lo pronto tiro de archivo para las dos últimas imágenes.
Más que Fútbol ● 2008
El Zaragoza, para desgracia del aficionado medio, no jugaba absolutamente a nada. Era curioso comprobar como un equipo medianamente ordenado en defensa y rápido en las transiciones era capaz de desesperar a todo un equipo recién descendido y estrella de la categoría y a la afición consigo. Aunque pueda parecer obvio lo que a continuación voy a comentar, es el descubrimiento de mi vida tras tantos años intentando explicarme la verdadera idiosincrasia del zaragocista. En realidad lo que sucede es que la afición del Zaragoza no es ni buena ni mala. Son términos absolutos que no se pueden corresponder a una muchedumbre tan veletera, tan emocional, tan impulsiva. La Romareda es fiel espejo del equipo, y como tal, cuando el equipo es desesperante y está desesperado la grada se comporta de una manera desesperante y se desespera. Normalmente, cuando el equipo juega bien y gana con comodidad, la grada se torna en un Anfield imprevisto, llena de cánticos y elogios hacia los once jugadores que corren sobre el terreno de juego. Ya les había puesto en alerta, el razonamiento es bastante obvio, pero no dejo de maravillarme con tal descubrimiento.
La nueva teoría que acabo de elucubrar viene a colación del estado emocional en el que la mayoría de la gente se encontraba a mediados de la primera parte, ya con un gol en contra -grotesca situación vino después del mismo, tras anunciar los cárteles del estadio el autor del gol un rótulo anunciando High School Musical on Ice en Zaragoza apreció en la Romareda. Lo consideré un insulto a la inteligencia de los allí presentes, exagerado o no- fruto de la enésima pifia en defensa de un equipo que por momentos me recuerda al Real Madrid. Demoledor en ataque si tiene el día pero desordenado, sin ideas en el medio del campo y por supuesto endeble en defensa como un colista. El gol fue un horror que prefiero pasar por alto. Entre tanto la grada se impacientaba, hasta el punto de comenzar a comparar jugadores con las grandes estrellas del firmamento futbolístico. "Hidalgo no mueve nada el equipo. No como Xavi. Ese hombre coge el balón y lo zarandea por todo el campo hasta que se marca gol". Hombre, pensé para mis adentros prefiriendo callar a arrepentir, si tuviéramos a Xavi en el equipo probablemente no estaríamos en Segunda División. Dio igual. Entre pitos y maravillosos adjetivos en relación a Pino Zamorano, tan entrañable como siempre, Ewerthon consiguió empatar tras una buena jugada de Braulio, que, ya que nos ponemos a comparar, me recuerda a Higuaín. El día que meta gol quizá no pare. Lo demás lo hace relativamente bien.
Se me olvidaba mencionar el precioso momento del minuto de silencio en honor a las víctimas españolas en Afganistán tras el atentado. Silencio absoluto, en lo que supone un engrandecimiento absoluto del fútbol. Que casi treinta mil personas que por norma general acuden al estadio a proferir insultos y cualquier vocablo malsonante que conozca silencien al ritmo de una música estremecedora, dice mucho del verdadero sentido del respeto de la afición pertinente. Sea de donde sea. Por ejemplo la del Castellón, que abarrotó su sector de la Romareda y que, bufandas al viento y extendidas, mostraron una actitud ejemplar. Sigamos. Comenzó el segundo tiempo y el Zaragoza jugó sus mejores minutos, aunque, el gol nunca llegó. Por aquel entonces ya comencé a refutar mi teoría del segundo párrafo puesto que la gente comenzaba a aplaudir y a comentar por encima que sí, que estaban jugando muy bien. Las quejas se apartaron por poco tiempo. Nada se movió y mientras el Zaragoza se desesperaba y por ende los aficionados también, Pino Zamorano se llevo las críticas de cualquier honorable allí presente. Ya se sabe, cuando no hay contra quien cargar, siempre sale uno perjudicado. Lo haga bien o no.Imagen | Marca, Heraldo de Aragón
PD: He sido incapaz de encontrar más imágenes por el momento del partido en Internet. Por lo pronto tiro de archivo para las dos últimas imágenes.
Más que Fútbol ● 2008